News from Attac Spain
Todos contra todos
Pepe Escobar – Rebelión
París.– Amantes del turbo-neoliberalismo, alegraos. Y llevad vuestras botellas de Moet a un asiento de primera fila cercano al ring; no habrá este verano un combate más sucio de todos contra todos que los rounds de apertura que oponen a dos gigantes occidentales. Olvidad el “pivoteo” del Pentágono hacia Asia sin abandonar el Medio Oriente; nada es comparables a este viaje a las entrañas del turbo-capitalismo, digno de un neo-Balzac.
Hablamos de un nuevo Santo Grial, un trato de libre mercado entre EE.UU. y la Unión Europea; la llegada de un gigantesco mercado interno transatlántico (25% de las exportaciones globales, 31% de las importaciones globales, 57% de las inversiones extranjeras), en el cual los bienes y servicios (pero no la gente) circularán “libremente”, lo que en teoría sacará a Europa de su actual “mieditis”.
El problema es que para llegar a ese mundo feliz presidido por el “Dios Mercado”, Europa tendrá que renunciar a algunas de sus complejas normas jurídicas, ecológicas, culturales y sanitarias.
En ese kafkiano/orwelliano paraíso burocrático también conocido como Bruselas, hordas de anónimos clones de los hombres con bombines de los cuadros de Magritte se quejan abiertamente de esta “aventura”; existe un consenso creciente de que Europa tiene poco que ganar y todo que perder en el asunto, en contraste con los ridiculizados enemigos de la integración europea, así como los fanáticos de una Europa “pro estadounidense” y “ultraliberal”.
Y de nuevo el peligro amarillo
La cosa se pone cada vez más curiosa cuando se observa que la mayor parte de las naciones europeas realmente desean un acuerdo de libre mercado desde hace bastante tiempo, a diferencia de EE.UU., mucho más proteccionista. A estas alturas, por lo menos oficialmente, ni una sola nación de la UE se opone al acuerdo. Y la razón extraoficial es que nadie puede permitirse que lo califiquen de enemigo de EE.UU.
La Comisión Europea (CE) estima que el crecimiento del Producto Iinterno Bruto de la UE, en conjunto, aumentará un 0,5%, lo que no es exactamente un objetivo chino. Los estadounidenses, por otra parte, están mucho más excitados; el Senado de EE.UU. estima que sin aranceles las exportaciones de EE.UU. a Europa aumentarán casi un 20%.
El meollo del asunto al cerrar el acuerdo será la armonización de las reglas a las que se culpa de bloquear la cacareada circulación de bienes totalmente libre. “Armonizar” significa diluir las reglas europeas. Y ese es el problema: Washington no quiere solamente un acuerdo transatlántico. La cuenta regresiva final es crear una inalterable libre competencia global que posteriormente se impondrá por doquier; el código para abrir totalmente el mercado chino, sin ninguna restricción en absoluto, a las corporaciones occidentales.
El Fondo Marshall Alemán de EE.UU. va directamente al grano; el capitalismo occidental debe seguir siendo la norma universal, contra la “amenaza” del capitalismo chino dirigido por el Estado. La ironía de que el capitalismo chino ha sido –y seguirá siendo– el salvador de la crisis masiva y continua del capitalismo occidental, queda reducida a cenizas.
También se supone que el trato entre Estados Unidos y la Unión Europea será la guinda de un pastel de acuerdos que ya han sido cerrados por EE.UU. con naciones individuales en Asia. No cabe ninguna duda de qué lado es el más fuerte. El Presidente de EE.UU. Barack Obama ya lleva a cabo relaciones públicas de alto riesgo, declarando en toda ocasión posible que Europa ha tenido problemas para encontrar una receta para el crecimiento. Y EE.UU. puede contar con elementos de quinta columna como el Comisionado Europeo de Comercio, Karel De Gucht, para quien los franceses –que defienden numerosas excepciones– ya están aislados.
Que no quepa la menor duda: Washington apostará todo, al estilo de Iron Man 3, como la destrucción de las normas europeas sanitarias y fitosanitarias y la “liberalización” de los alimentos, todo lo genéticamente modificado desde la carne realzada con hormonas al pollo con cloro. Las molestas reglas establecidas por los hombres anónimos de Bruselas se ridiculizan rutinariamente en Washington como “no científicas”, a diferencia de las inexistentes reglas estadounidenses.
El definitivo hombre del bombín
Los ciudadanos europeos sorprendidos, recién comienzan a comprender que la UE propuso el acuerdo a EE.UU., no al revés. Unión Europea, en este caso, quiere decir Comisión Europea. Y ese es el punto importante; todo tiene que ver con la ambición de un individuo (un portugués) contra el orgullo de todo un país (Francia).
Combinado con el hecho de que la negociación recibió la luz verde personal de Obama, y con la interferencia a todos los niveles del Congreso de EE.UU., el resultado final es que para los estadounidenses “todo está sobre la mesa”, término clave que significa “queremos todo y no estamos dispuestos a ceder en nada”.
Francia –apoyada ya por los ministros de cultura de 12 naciones– quiere que la industria audiovisual se excluya de las negociaciones en nombre de la apreciada “excepción cultural”. Es uno de los pocos países del mundo –China es completamente distinta– que no está totalmente inundado de productos de Hollywood.
Si no fuera así, París vetará todo. Incluso aunque extraoficialmente los funcionarios franceses admiten que no tienen poder para vetar nada; el mundo empresarial francés también desea fervorosamente el acuerdo.
Sin embargo París luchará por todo, desde la “excepción cultural” a las más cruciales normas sanitarias/ecológicas. Italia se sumará en muchos frentes; ya existe una revuelta abierta en la sublime Italia artesanal con respecto a un futuro frío y sombrío en el que la gente de todo el mundo consumirá queso parmesano, jamón de Parma y vinos Brunello “Made in USA”.
En un frente diferente, es seguro que Washington no abrirá los mercados estadounidenses a los servicios financieros o al transporte marítimo europeo. Solo es un ejemplo de cuánto puede perder Europa mientras prácticamente no tiene nada que ganar.
Para terminar, todo tiene que ver con la ambición ciega de un funcionario de carrera europeo sorprendentemente mediocre, el jefe portugués de la Comisión Europea Jose Manuel Barroso, quien espera obtener un mandato para negociar en nombre de todos los Estados miembros el 14 de junio. Y espera que las negociaciones terminen antes de que termine su mandato en noviembre de 2014.
Algunos diplomáticos de la UE claramente furiosos confirmaron extraoficialmente a Asia Times Online que Barroso montó esta formidable operación prácticamente por solo esperando una hermosa recompensa futura de sus amos, ¿de Bruselas? Olvidadlo. De Washington. Barroso quiere convertirse en secretario general de las Naciones Unidas o de la OTAN. Ninguno de esos puestos se puede conseguir sin la luz verde de Washington.
Eso explicaría que el jefe de gabinete de Barroso haya sido nombrado embajador de la UE en Washington, cabildeando furiosamente a los estadounidenses junto al embajador de Portugal en EE.UU. y el embajador de Portugal en la UE.
No hay nada imposible respecto al vencedor de esta monstruosa lucha de todos contra todos. Los Estados miembros de la UE pueden votar contra sus propios intereses; pero otra cosa muy diferente sería una abrumadora erupción de cólera de los ya asediados ciudadanos europeos. Esta nueva saga del turbo-capitalismo occidental tiene todos los elementos para ser, bueno, bastante revolucionaria.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su libro más reciente es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009).
.Asia Times Online (Copyright 2013 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved
Fuente: http://www.atimes.com/atimes/World/WOR-01-170513.html
El desembarco
Gustavo Duch – Consejo Científico de ATTAC España
Al tomar el avión que conecta Johannesburgo (República de Sudáfrica) con Maputo (Mozambique) se quedó impresionado. En su trayectoria profesional apoyando movimientos campesinos y gestionando programas de cooperación internacional, Fernando, que hace ya dos décadas que viaja por muchos países del mundo, nunca antes se había encontrado en una situación como aquélla. Todos los asientos del avión, desde la primera hasta la última fila, estaban ocupados por “hombres de negocios”. Su aspecto les delataba.
Y es que África se está convirtiendo en un goloso pastel para las grandes empresas planetarias en su incesante y despiadada búsqueda del lucro, ahora que otros continentes están agotados –la deuda que afrontan es la señal de colapso más evidente–. Si antaño los exploradores gustaban de viajar a destinos nunca antes explorados, ahora estas corporaciones de la explotación buscan lugares nunca antes explotados.
Las empresas de los agronegocios, es decir las semilleras, las comercializadoras de grano, las suministradoras de insumos como plaguicidas o fertilizantes, etcétera, también se encuentran en esta situación y están preparando un desembarco de mayúsculas dimensiones. Sin embargo, necesitan encubrirse. Esas corbatas y caros zapatos de piel pueden ser contraproducentes a sus intenciones y cuando les piden el pasaporte declaran con mucha naturalidad que son embajadores de la lucha contra el hambre.
El maquillaje solidario corre a cuenta de la complicidad del grupo de países más ricos del mundo. Con el nombre artístico de La Nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y la Nutrición, el G-8 apoya con una doble estrategia el desembarco de estas multinacionales de la agricultura en África. Por un lado, cual Reina Católica, financia algunas de estas carabelas de la agroindustria utilizando partidas de los presupuestos de ayuda internacional. Por el otro, cual Celestina, trama amorosas relaciones entre dichas empresas y algunos gobiernos de África.
Como informa la organización GRAIN, empresas como Monsanto, Syngenta, Cargill, Diageo, Unilever, Yara, Bunge y DuPont han firmado “cartas de intención” para participar en la Nueva Alianza, y seis gobiernos africanos (Burkina Faso, Côte d’Ivoire, Etiopía, Ghana, Mozambique y Tanzania) ya han accedido a llevar a cabo las reformas políticas que permitan las actividades de dichas empresas trasnacionales. Se espera que otros cuatro países (Benin, Malawi, Nigeria y Senegal) se asocien a la Nueva Alianza en los próximos meses.
Dicen estas oenegés agroindustriales que llegan para luchar contra el hambre, pero en realidad lo hacen para saciar su hambre de negocios en una terrible combinación: acaparamiento de las mejores tierras campesinas e indígenas y expulsión de millones de personas de sus espacios vitales, para dar cabida a modelos productivos industriales que contaminan y destruyen la fertilidad de la tierra, sustituyen los cultivos alimentarios tradicionales por cultivos para la exportación, imponiendo la siembra de cultivos transgénicos y patentados, acabando con las semillas locales, base de la soberanía alimentaria de estas poblaciones.
Cambiemos los lemas.
Rechacemos la lucha contra el hambre. Se ha convertido en dar de comer a la agroindustria y a los especuladores financieros.
Estamos contra el hambre de lucro. Y por la Soberanía Alimentaria de los pueblos africanos. Y del mundo.
Artículo publicado en La Jornada.
http://gustavoduch.wordpress.com/
Reformar la política económica
Julio Rodríguez López – Consejo Científico de ATTAC España
La prolongada debilidad de la economía española y de la de los países periféricos de la Eurozona puede provocar que dichas economías pasen, desde la “gran recesión” posterior a 2007, a una autentica depresión. El impacto negativo sobre la actividad productiva y sobre el empleo de dicha evolución explica buena parte de las abundantes tensiones sociales aparecidas. Cada día que pasa de 2013 resulta más evidente que hay que exigir más contenido y ambición a la política económica.
En el primer trimestre de 2013 el PIB de la economía española, tras cinco años de crisis, se situó en un nivel inferior en un 7% al correspondiente al mismo periodo de 2008. El citado nivel del PIB de 2013 resulta inferior en un 20% al que se habría alcanzado de haber persistido la tendencia de crecimiento de la economía entre 1990 y 2012. El descenso citado de la actividad desde el primer trimestre de 2008 ha estado acompañado de un retroceso relativo mayor del empleo, el 18,5%, correspondiente a una pérdida de casi 3,8 millones de puestos de trabajo.
El 43% de la caída total del empleo en España ha correspondido al sector de la construcción. Sumando a dicho descenso directo el de las industrias productoras de materiales de construcción resulta que el impacto del sector citado sobre la disminución total del empleo se aproxima al 50%. Los ocupados ahora en la construcción no llegan al 40% del nivel de hace cinco años. El aumento del desempleo en más de cuatro millones en los cinco años citados se debe en su mayor parte a la caída del empleo y, en menor proporción, al aumento de la población activa.
El persistente y elevado desempleo reduce el PIB potencial de la economía y la participación de la población en el mercado de trabajo. Además, el retroceso del empleo se extiende a las afiliaciones a la seguridad social, lo que origina una complicación adicional. Las pensiones se financian en España básicamente a partir de las cotizaciones de los afiliados. Un retroceso continuado del total de afiliaciones pondría en peligro, pues, el mantenimiento del actual sistema de pensiones.
Resulta, pues, evidente el alcance del problema que está generando la persistente caída del empleo y de la actividad en el conjunto de la economía española. Frente a dicha situación, la política económica actual parece limitarse a un amplio conjunto de recortes del gasto público (prestaciones sociales e inversión pública) acompañados de las denominadas “reformas estructurales”. Estas últimas aparecen en bastantes ocasiones como destinadas a deshacer o minimizar derechos sociales logrados en mucho tiempo.
El afán privatizador de la gestión de los servicios públicos de algunos gobiernos autonómicos añade una complicación más a la reducción de los flujos de prestaciones sociales que provoca la menor recaudación fiscal asociada con la caída de la actividad y el empleo. No es de recibo privatizar un hospital y que al poco tiempo el político privatizador ocupe un puesto relevante en la empresa que ha pasado a prestar el servicio público privatizado en la gestión.
La política económica debe de aspirar ahora sobre todo a recuperar el crecimiento y el nivel de empleo, sin agravar más las desigualdades. Reestructurar la economía no es desregular. La política económica actual se presenta como algo inevitable, pero la austeridad no conduce a la recuperación del crecimiento. El soporte aportado a la recuperación de la economía española desde la política económica ha sido muy débil.
Esta última vuelve a insistir en las viejas recetas que han conducido a la penosa situación presente. Esto lo confirma el contenido pro-ladrillo que conlleva la nueva Ley de Costas y las ventajas de todo tipo que se están preparando para dar paso al modelo de Las Vegas en la periferia de Madrid (Eurovegas).
.
Insistir ante el continuo descenso del empleo que el remedio consiste en flexibilizar mas el mercado de trabajo no puede ser el resultado de un análisis económico riguroso, sino que responde a una ideología interesada. Si desde el Eurogrupo y la Comisión de la UE defienden mantener dicha línea de política económica es porque el gobierno presenta en Europa dicha opción como la mejor alternativa.
Un problema adicional de la presente situación es el de la dificultad de conseguir financiación crediticia. Por un lado, el mercado de vivienda se encuentra limitado en su evolución por el hecho de que los bancos en la práctica solo prestan para la compra de vivienda si se adquiere una propiedad que tienen en su poder. Por otra parte, las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, encuentran serias dificultades para la financiación normal del circulante y para la realización de inversiones imprescindibles para el desarrollo del negocio.
El sistema financiero ha sufrido en poco tiempo un sustancial proceso de concentración en España. De unos 50 grupos bancarios existentes en 2007, se ha pasado a poco más de diez en 2013. Las cajas de ahorros han desaparecido en la práctica como tales entidades de crédito. En la mayoría de los casos, las cajas de ahorros son ahora entidades con una participación, minoritaria, por lo general, en un banco de nueva creación. Sería deseable que con dicha concentración en un número reducido de bancos no retornase la exclusión bancaria que en su tiempo justificó la creación de las cajas de ahorros.
La unión bancaria dista de ser una realidad en la Eurozona. No habrá recuperación si no retorna un nivel más normal de crédito bancario. Las encuestas de crédito a Pymes del Banco Central Europeo revelan que las empresas españolas sufren un endurecimiento crediticio superior al del resto de dicha área económica, situación que debe de paliarse o superarse en 2013.
La recuperación de las exportaciones aparece ahora como el elemento más dinámico de la economía española. Sin embargo, sin negar lo positivo de dicha evolución, España y el conjunto de la Eurozona no pueden esperar que baste con la mejora de las exportaciones para lograr una recuperación solida, como la que logró Alemania en la primera década del presente siglo. España y buena parte de la Eurozona no tienen la “formidable industria de manufacturas orientadas hacia la exportación” de Alemania. Cuando esto se entienda se reforzarán las presiones para cambiar el enfoque “alemán” de la actual política económica del Eurogrupo (Martin Wolf, “The German model is not for export”, Financial Times, 8 de mayo de 2013).
Otra farsa: la reforma local
Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España
La crisis se ha convertido en la excusa para que los Gobiernos lleven a cabo reformas que ni tienen que ver con sus causas ni ayudan a salir de ella.
Así ocurre con la financiera. Dicen que busca aflorar el crédito pero solo conseguirá que cuatro o cinco bancos controlen el mercado. O con la laboral, de la que se aseguró que crearía empleo y que solo ha logrado abaratar aún más la mano de obra y dar nuevo poder al gran empresariado. Por no hablar de las que se han realizado en sanidad, educación o en pensiones, a fin de cuentas para dar entrada al interés privado, incluso a costa de mayor gasto en el conjunto de la economía. Y algo parecido es lo que esconde la reforma local que pretende llevar a cabo el ministro Montoro, aunque en este caso su doble juego resultó tan escandaloso que la tuvo que posponer. Quizá por poco tiempo si la inmediata visita de los inspectores de la troika obliga a sacarla de nuevo del cajón.
La reforma, como las de otros servicios públicos, se justifica asegurando que los Ayuntamientos cuestan mucho dinero, que gastan en exceso realizando actividades que no le son propias y que generan demasiada deuda, lo que lleva al Gobierno a imponer un procedimiento contundente y directo para quitarle competencias, privatizar servicios e incluso para hacer que muchos desaparezcan.
Abordar la reforma de un ámbito tan importante y determinante del bienestar y la eficiencia económica persiguiendo solamente que los Ayuntamientos gasten menos ya es algo irracional. Sobre todo, si no se ponen previamente sobre la mesa su inveterada carencia de recursos, la ausencia de un planteamiento de fondo sobre su marco competencial y la debilidad de nuestro Estado de bienestar, que son las verdaderas causas de que en los últimos años, y esto sí que es cierto, la función local se haya desnaturalizado considerablemente, al menos en muchos casos.
Pero ni siquiera así se justifican los planes del Gobierno. Lo cierto es que el peso del gasto municipal en el PIB español sigue siendo más o menos el mismo que en 1981 y que la deuda de los Ayuntamientos es una parte muy pequeña (alrededor del 3%) de toda la deuda pública, y eso teniendo en cuenta que la generada por el PP en Madrid (7.429,6 millones de euros a finales de 2012) representa el 21% de la de todos los Ayuntamientos españoles, más elevada incluso que la que tienen todos los de Andalucía juntos.
Sobre la existencia de duplicidades en la prestación de servicios no se tienen datos rigurosos para toda España, pero allí donde se han estudiado en serio resulta que los Ayuntamientos son los menos responsables de ello. Y, en todo caso, el procedimiento ideado por el Gobierno para resolverlas, establecer desde Madrid un coste estándar para todos los Ayuntamientos y servicios municipales e impedir que quienes no los ofrezcan por debajo los cedan a las diputaciones o privaticen la gestión, es seguro que va a crear otras deficiencias y costes aún mayores, que quizá ni siquiera permitan que al final se ahorre. Entre otras cosas, porque la aparente solución se basa en un supuesto falso: que a mayor centralización y tamaño en los proveedores de servicios, mayor economía de escala; algo que solo se da en servicios (como los de recogida de basuras) que tienen grandes costes fijos y que en la mayoría de los casos ya están mancomunados.
La reforma del Gobierno es otra farsa. No refuerza la autonomía local, ni procura que los Ayuntamientos dispongan (con la austeridad auténtica a que obliga el manejo de dinero público) de los recursos necesarios, ni garantiza que se utilicen con honradez y eficacia. Lo que se hace de nuevo es abrir paso a las grandes empresas con un daño grande, particularmente en Andalucía, a las pymes y a las de economía social. Y tratando así a la Administración local, como una simple unidad de gasto, se destruye un espacio básico de la convivencia e identidad colectivas y una instancia esencial para la participación ciudadana y la democracia.
Artículo publicado en El País.
www.juantorreslopez.com
¿Y qué fue del 15-M?
Marcos Roitman Rosenmann – Consejo Científico de ATTAC España
Han pasado dos años desde la emergencia del 15-M en la vida política de España. Satanizado por unos, ensalzado por otros, no sobran las interpretaciones academicistas para definir a quienes integran la plataforma, porque el 15-M es una plataforma para la acción, mucho más que acampasol o las convocatorias en plazas, universidades o centros de actividad ciudadana. Si esa fuese la medida para comprender y valorar el 15-M, la respuesta inclinaría la balanza hacia un pesimismo ramplón. La realidad desmiente tópicos.
En estos dos años se ha producido una decantación de sus miembros. Al inicio, explosivo, con miles de personas secundando sus convocatorias, le siguió una batalla de ideas, un proceso de clarificar su encaje político, más allá de la coyuntura. Aquellos que se dejaron llevar por la emoción pronto abandonaron. Para este grupo, el 15-M poco o nada ha cambiado la vida política del país. Querían la revolución de hoy para mañana. Pero se toparon con un proceso autogestionario, horizontal y escasamente jerarquizado. La frustración verticalista tomó nombre de conspiración. Si no se quiere hacer la revolución, están infiltrados y manipulados por los servicios de inteligencia. Esta opinión llega incluso a permear dirigentes del PSOE.
Durante el periodo constituyente del 15M engrosaron sus filas académicos, personajes públicos e intelectuales inorgánicos. Ellos vitorearon y se sintieron rejuvenecer. Acudían a las asambleas, se presentaban a título personal, buscaban asesorar, dar pautas y ganar protagonismo. Salir en la foto. Como siempre, excepciones, baste señalar a José Luis Sampedro y muchos que siguen en la brecha de manera anónima, sin llamar la atención ni apropiarse de su historia. Los otros están cansados, se alejan, lo miran con desdén o directamente lo ignoran. Para no seguir bregando, justifican su alejamiento argumentando que el 15-M presenta claros síntomas de agotamiento, pérdida de horizonte político y autocomplacencia.
Bajo estos parámetros, podría decirse que el 15-M ha dejado de ser noticia. No ocupa la portada de los periódicos ni levanta pasiones. La derecha mediática los castiga y menosprecia, etiquetándolos de antisistema y proterroristas. Así provee al gobierno de los argumentos necesarios para desacreditarlos. Sus acciones apostillan, no tienen valor democrático y, por ende, son contrarias al orden constitucional. Sólo cabe aplicarles el código penal; su conducta es delictiva. Los miembros del 15-M han sido criminalizados, perseguidos, detenidos y padecido la violencia del Estado. Contra ellos se actúa sin miramientos. Cualquier excusa es buena para multarlos por alterar el orden público. Por ejemplo, manifestarse a las puertas de parlamentos regionales y ayuntamientos increpando a sus señorías por vivir de espaldas al sufrimiento de la ciudadanía. Alcaldes, concejales o diputados señalan que no los dejan vivir en paz, que les impiden el acceso a sus curules.
El gobierno del Partido Popular utiliza la estrategia de la descalificación, la mofa y el desprecio. El PSOE no ha llegado tan lejos, pero tampoco se queda atrás. Los tacha de idealistas, chavales con buenas intenciones, pero fuera de la realidad. En otras palabras, no tienen cabida en el escenario político de medio y largo plazos. Son testimoniales, presentan arrebatos coléricos y, aunque han tenido ideas, se dejan llevar por la pasión. Su emergencia, apuntan, está ligada a las políticas de austeridad, el desempleo, la corrupción y cierta pérdida de confianza en los partidos políticos y sindicatos. Una vez que la recesión se aleje, las aguas volverán a su cauce. Lentamente tenderá a desaparecer. En un futuro será efeméride de coyuntura.
Sin embargo, el 15-M se muestra testarudo. Ha llegado para quedarse. La plataforma se ha convertido en una escuela de hacer ciudadanía política. Más allá de las comisiones que lo integran y las asambleas, sus miembros son reconocidos por los colectivos que participan de las redes ciudadanas de resistencia. Se han acoplado e impulsan las luchas contra la privatización de la sanidad, la educación, el agua y las cajas de ahorro. Se convierten en una voz calificada para combatir las políticas involucionistas, como la futura ley del aborto y el ataque de la iglesia al Estado aconfesional y los derechos de gay y lesbianas. Son parte viva de los colectivos afectados por los recortes que han dejado sin prestaciones a los ancianos, a desempleados, migrantes sin papeles, estudiantes que abandonan sus estudios por falta de becas o familias sin techo, sin comida, sin vivienda, sin sanidad. Con propuestas concretas, su trabajo es respetado por los movimientos sociales populares de más larga data. Tienen presencia activa y nada testimonial en las asociaciones de barrio, vecinales y movimientos sociales. Se manifiestan en los escraches, los desahucios, en las aulas y centros de trabajo. Han logrado, sin transformase en un partido político u ONG, crear una estructura operativa capaz de abrir la acción política, hasta ahora restringida a partidos y sindicatos en el marco institucional. Convocan a charlas y debaten sobre la crisis del capitalismo y ecológica, las políticas de austeridad, el desempleo y el futuro de la juventud, las torturas en las cárceles y los centros de confinamiento para extranjeros. Se muestran solidarios con los procesos políticos de cambio, en especial con América Latina. Denuncian el genocidio del pueblo palestino, la esclavización de niños realizada por las grandes marcas de ropa en África y Asia. Son una escuela de aprendizaje ciudadano, de cooperación entre iguales. Sus acciones han logrado, en común con la plataforma contra los desahucios y otros colectivos, poner nervioso al poder y coordinar tareas en el marco de un proyecto y alternativa democrática. Se manifiestan testarudos en denunciar la corrupción política, la pérdida de derechos laborales, sociales y culturales de las clases trabajadoras, en una amplia acepción. No renuncian a llevar a cabo su programa fundacional de regenerar la vida política del país, cambiar la ley electoral, exigir transparencia en los mecanismos de financiamiento de los partidos, solicitar una vivienda digna, sanidad pública gratuita y universal, recuperar la memoria histórica, implementar una reforma fiscal que grave las grandes fortunas, reducir el gasto militar, recuperar la soberanía nacional frente a la troika, una educación laica, recuperar las empresas públicas privatizadas, la dación en pago. Son un verdadero peligro para el poder constituido y por eso se le combate en todos los frentes. Pero el 15-M persevera. No tendrá tanta visibilidad mediática ni se le llamará indignados para etiquetarlos. Ahora, con escasos dos años, es ya una plataforma con experiencia y vida propia. Gracias a su emergencia se han destapado las inconsistencias de una transición corrupta, las mentiras que protegían a la Corona y la escasa o ninguna dignidad de gran parte de la clase política ¡Qué más se puede pedir! Si que se disuelvan por destapar las vergüenzas del poder de arriba.
Artículo publicado en La Jornada.
Paraísos sin salir de casa
Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC España
Lo de la lucha contra los paraísos fiscales se está convirtiendo en una cantinela periódica de gobiernos y organismos internacionales, más o menos como la lucha contra el hambre o contra el cambio climático: cada poco tiempo convocan reuniones, anuncian planes, prometen objetivos, y luego todo se olvida. Hasta que, un par de años después, como todo sigue igual (o peor), vuelven a convocar reuniones, anunciar nuevos planes y prometer renovados objetivos. Ya digo, igual que el hambre o el cambio climático.
Este mes toca otra vez guerra contra los paraísos fiscales. La Unión Europea celebra mañana una cumbre sobre evasión fiscal de la que saldrán nuevas promesas sobre secreto bancario. El G-8 y el G-20 también se comprometen a abordar el asunto en sus próximas cumbres de junio y septiembre. Y el primer ministro británico, David Cameron, que de paraísos sabe algo, ha pedido a diez territorios de ultramar pertenecientes a la corona británica que se porten bien, que es el momento de “ poner la casa en orden”.
Con este ambientazo, solo falta que la ONU organice un gran concierto contra los paraísos fiscales dirigido por Bono (el de U2, no el nuestro), y que Al Gore ruede un documental sobre el tema, y ya estamos todos.
Para emocionarse con el asunto y no tomarse a cachondeo las promesas de unos y otros, es aconsejable no tener memoria, ni revisar hemerotecas. Porque la historia reciente de la “lucha” contra los paraísos fiscales suena a recochineo. Hace solo cuatro años, en pleno calentón del estallido de la crisis financiera, cuando los líderes mundiales prometían una refundación del capitalismo con valores, el G-20 declaró la guerra contra los paraísos. Fue en la cumbre de Londres, en abril de 2009.
En aquella ocasión, el más guerrero fue el entonces presidente francés, Sarkozy, que salió de la reunión y anunció, hinchando el pecho: “La época del secreto bancario se ha terminado”. Vean el vídeo, porque lo dice dos veces y muy despacito, y si se está aguantando la risa, lo disimula bien. A continuación salió el primer ministro británico, Gordon Brown, que matizó las palabras del francés: “Más bien es el principio del fin del secreto bancario”. Buen chiste.
El principio del fin acabó siendo el fin del principio. Todo quedó en una “lista negra” de paraísos fiscales. ¿Adivinan cuántos países había en esa lista? Ninguno. La temible lista negra nació vacía. Bastó que los paraísos fiscales se comprometiesen de palabra a realizar intercambios de información fiscal, para que saliesen de la lista y fuesen apuntados en una segunda lista, de color gris, que ya no era tan mala. En un primer momento hubo cuatro países que, despistados, quedaron en la negra, pero veinticuatro horas después ya estaban en la gris.
No hubo medidas que tomar contra ningún paraíso fiscal, porque todos cumplieron la condición de firmar acuerdos bilaterales con al menos una docena de países. Aparte de la poca efectividad de unos acuerdos que de por sí fueron rebajados en exigencias, hubo paraísos que firmaron acuerdos con otros paraísos. Y así fue como terminó la época del secreto bancario. Aplausos.
¿En serio alguien quiere acabar con los paraísos fiscales, el secreto bancario y la evasión a gran escala? O dicho de otra manera: ¿podría sobrevivir el capitalismo, en su actual fase financiera, sin paraísos y secretos?
Acabar con los paraísos fiscales es facilísimo, tan fácil que nunca lo harán. No hacen falta grandes cumbres ni tratados internacionales: si los gobiernos quieren perseguir la evasión fiscal, no tienen ni que salir de su territorio. Podemos empezar por preguntar a cualquier banco o gran empresa española, pues la mayoría tienen filiales en varios de estos territorios, pero nunca dan información de las operaciones que realizan en ellos, ni el Estado se la pide.
Pasa como con los otros paraísos del capitalismo, los paraísos “patronales”, esos países donde las empresas deslocalizan sus fábricas para producir barato y sin derechos laborales. Para acabar con esas formas de capitalismo salvaje no hace falta ir a Bangladesh, sino a la sede española de las empresas textiles que fabrican allí. Pues lo mismo con los paraísos fiscales: no vayan a Jersey, Bahamas o Suiza a rescatar el dinero. Empiecen por el IBEX-35, y acabamos antes.
Artículo publicado en El Diario.
Hombres de negro: el crimen del dinero organizado
Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España
El próximo martes, 28 de mayo, llegarán a España los llamados hombres de negro, los inspectores de la troika que vienen a dilucidar si todo marcha como se debe para que los bancos españoles puedan seguir recuperándose en beneficio final de los de Alemania y de otros países europeos.
Revisten su visita como una evaluación del ajuste que precisa nuestra economía a través de las reformas que, como ya es bien sabido, consisten en dar facilidades y ayudas a la banca, en salarios y pensiones más bajos, gasto social más reducido y privatizaciones de servicios públicos. La crisis es la excusa, y como con esas medidas será imposible que salgamos de ella, ya lo estamos viendo, dirán que las medidas adoptadas van por el buen camino pero que son aún insuficientes y que hay que seguir profundizando en ellas. Más de lo mismo para conseguir lo de siempre, que ganen los de arriba a costa de casi todos.
Actúan al unísono y siempre que hablan concitan el aplauso y el apoyo de las grandes patronales y de los banqueros. Es lo normal, cada uno son una cosa pero todos ellos vienen a ser lo mismo: el dinero organizado. De quien dijo el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, que no era precisamente un izquierdista, que estar gobernado por él era más peligroso que estarlo por el crimen organizado.
Y llevaba razón, como podemos comprobar fácilmente en nuestros días contemplando lo que las autoridades europeas están llevando a cabo entre nosotros, un verdadero crimen del dinero organizado contra los pueblos.
¿Cómo calificar de otro modo, por ejemplo, a permitir que bancos privados como Citigroup, Morgan Stanley, Merrill Lynch, Bank of America, Barclays PLC, Bear Sterns, Goldman Sachs, Royal Bank of Scotland, JP Morgan Chase, Deutsche Bank, UBS, Credit Suisse, Lehman Brothers, Bank of Scotland, BNP Paribas, Santander, BBVA…, entre otros, pudieran llegar a financiarse cuando estaban en dificultades al 0,01% mientras que los países se arruinan porque sus gobiernos tienen que hacerlo incluso al 50%, es decir, con intereses 5.000 veces más caros?
No exagero. La Reserva Federal de Estados Unidos llegó a proporcionar en secreto, entre el 1 de Diciembre de 2007 y el 21 de Julio de 2010, 1,2 billones de dólares (digo bien, 1,2 millones de millones) al 0,01% a algunos de los principales bancos del mundo. Y al 50% tuvo que colocar Grecia deuda pública a dos años en septiembre de 2011.
Incluso con tipos más reducidos la desproporción es abismal.
Hace unos días, el Tesoro español colocó en el mercado títulos al 4,45%. Un interés que ahora se considera bajo pero que, incluso así, es 445 veces más elevado que el 0,01% mencionado o 9 veces más caro que el 0,5% al que el Banco Central Europeo da actualmente a los bancos privados todo el dinero que le pidan.
¿Cómo no va a ser astronómica la deuda pública de gobiernos que se tienen que financiar a esos intereses tan elevados?
¿Y cómo calificar, sino como un crimen, que se les obligue a hacerlo llevándolos a la ruina, cuando podrían financiarse, al menos, en igualdad de condiciones que los bancos privados?
Si dicen que la deuda pública es tan perjudicial ¿por qué dejan que suba y suba a base de añadir intereses y de más deuda para pagarlos, cuando los déficits primarios (es decir, la diferencia entre ingresos y gastos del estado sin los intereses) son realmente reducidos, si es que se registran?
¿Cómo no calificar de crimen las sanciones y medidas que condenan a la miseria a países que han visto subir por las nubes su deuda pública simplemente por el hecho de tener que pagar intereses mucho más elevados que los bancos privados, y al mismo tiempo regalarle el dinero a éstos, que son los que provocaron la crisis que hundió los ingresos de los estados?
Acabemos ya con las mentiras y engaños y hablemos claro. La deuda pública no es el resultado de los gastos excesivos que obliga a recortarlos para poder hacerle frente y purgar nuestros excesos, al haber vivido por encima de nuestras posibilidades, como nos vienen diciendo.
Si los saldos presupuestarios primarios de los países europeos se hubieran venido financiando con la misma generosidad con que se financia a los bancos privados la deuda pública sería hoy día mínima y no supondría problema alguno para casi ningún país. Ha crecido tanto solo y exclusivamente por la cuantía de los intereses financieros que hay que pagar desde que los gobiernos dejaron de ser financiados por los bancos centrales a interés nulo o minúsculo.
La deuda pública de ahora en Europa (como antes en otros pueblos), no es sino el crimen contra los pueblos cometido por el dinero organizado del que hablaba Roosevelt. Se acordó que los gobiernos no se financiaran por los bancos centrales (que podrían financiarlos a interés prácticamente nulo como a la banca privada) para que poco a poco estallara la deuda pública, justificando las privatizaciones, al mismo tiempo que los bancos privados hacían el agosto prestando a los estados (reciben actualmente en concepto de intereses más de 350.000 millones de euros anuales en Europa).
Para cubrir las espaldas de esa estafa, los economistas neoliberales afirman que si los bancos centrales hubieran seguido financiando sin coste a los gobiernos la inflación se hubiera disparado. Un juicio sin fundamento. Equivale a decir que una deuda del 90% del PIB, o mucho más, al 5% o incluso a tipos más elevados no crea inflación y otra del 5% del PIB (la que tendría ahora Francia si se hubiera seguido financiando por su banco central desde 1973) o del 15% del PIB (la que tendría España si desde 1989 lo hubiera hecho al 1%) sí la genera. Una patraña.
Financiando sin interés, o al interés reducido al que se presta a la banca privada, la deuda pública sería hoy minúscula incluso con el mal gasto que hayan podido realizar los gobiernos. Y lo sería mucho menor si, además, se gastase todo lo bien que se debe y sin ningún tipo de despilfarro. Y mientras que el crecimiento del gasto primario se mantuviese dentro de los márgenes del crecimiento de las economías y se asegurase demanda efectiva suficiente, no tendría que llevar consigo inflación. No hay, pues, nada que impida financiar sin interés a los gobiernos, una vez establecidas medidas elementales de cautela muy diferentes de las establecidas en la Unión Europea para justificar el status actual de la banca privada. Nada, salvo el querer mantener el privilegio que tiene ésta última.
Por eso es claro que seguir obligando a que los estados se financien con intereses elevados solo es una estrategia destinada a justificar el control salarial, la privatización progresiva de los servicios públicos y, en suma, a esclavizar a los pueblos. Es un proyecto perfectamente urdido para aumentar artificialmente la deuda que destroza sociedades y acaba con miles de vidas humanas. Un auténtico crimen organizado que perpetran, entre otros, los hombres de negro que pronto nos visitarán.
Artículo publicado en Público.es
Ganas de Escribir
La obsesión del PP por regresar a los 70´
Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España
Contra viento y marea el tertuliano Wert ha sacado adelante su ley de “mejora” –dice- de la educación, LOMCE. Quiere acabar con el fracaso escolar –nos repite todo el corifeo gubernamental- y para ello entre los puntos sobresaliente de la ley está volver a considerar la religión católica tan importante y decisiva como las matemáticas. Evalúa y computa lo mismo y hasta sirve para conseguir becas. En un estado aconfesional. Es decir que en su peregrina idea, el fracaso escolar podría acabarse… rezando, como ya nos adelantaba el telediario de TVE para lograr el sosiego por la desastrosa situación económica a la que nos ha llevado el gobierno del PP, agravando con creces la que “heredó”.
Hablaremos más despacio y muchas más veces de esta terrible norma que nos retrotrae a la época predemocrática. En mi libro Salmones contra Percebes anoto las “novedades” que se apuntaban y que van mucho más allá de imponer la religión. Trata, en definitiva, de evadir aún más el razonamiento y el pensamiento crítico. Esa educación percebe de la derecha española más ultramontana que tanto añora todo el gobierno en pleno y a su cabeza, Rajoy. Resulta bastante molesto que su infinita mediocridad le libre de ser considerado responsable de los hechos que se están produciendo y que obedecen también a su mezquindad y al mando que él imprime.
Aún nos falta la otra pata de la involución ideológica: Gallardón y sus leyes de reforma del Código Penal y del aborto, por las que también batalla duro.
Acabo de leer que Luis del Olmo regresa a RNE para ver si palia su estrepitosa caída de audiencia. Un gran profesional sin duda pero el hecho de que triunfara también en los 70´ en la radio pública da idea de esa añoranza del PP de hoy por la “época de extraordinaria placidez del franquismo” que, según estamos viendo, nunca quiso abandonar. No sé si porque la impunidad a la corrupción de entonces es también algo a añorar.
Quería hoy traer tres grandes artículos que hablan de lo que implica la ley werteliana. Comienzo con Juan González Bedoya que titula “Se han salido con la suya” y del que destaca “Hasta ahora, ningún Gobierno, tampoco el de Aznar, había legislado a satisfacción plena de los obispos”:
“La toma de poder ha sido ocupación preferida de las jerarquías cristianas desde que Constantino hizo del Cristianismo la religión oficial del imperio a cambio de servirle para doblegar a revoltosos. En premio, el emperador se empleó a fondo (y con fuerza bruta) para derrotar al obispo Arrio e imponer la idea de que Jesús era hijo de Dios y él mismo Dios. Modernamente, tras perder el poder terrenal salvo el minúsculo Estado del Vaticano, que fue un regalo del dictador Mussolini —a cambio, hubo también servidumbres, no la menor la de alabar Pío XI al líder fascista como “un enviado a nosotros por la Divisa Providencia”—, la jerarquía católica actúa mediante un método que los trotskistas popularizaron como entrismo, es decir, formando a minorías selectas destinadas a dirigir la vida pública entrando en los grupos que detentan el poder”.
El segundo es de Lolo Rico, la autora de la Bola de Cristal, aquel programa mítico de TVE. Conviene leerlo entero porque sigue un cuidado razonamiento. Destaco de su “Gritando y leyendo” esto por ejemplo:
“El ministro basa su razonamiento en el fracaso escolar pero parece desconocer que para saber hay que estudiar y para estudiar hay que leer. La falta del hábito lector imposibilita el enfrentarse con éxito a libros de texto. Se considera que se aprende a leer cuando se conoce el alfabeto y se sabe que la ‘m’ con la ‘a’ es ‘ma’, pero no es así; si no se adquiere el habito de la lectura uno esta destinado a ser un analfabeto funcional. Es decir, que leerá y escribirá pero apenas entenderá lo que lee y escribirá siempre mal. El analfabetismo funcional está mucho más extendido de lo que podemos pensar y se esconde detrás de la mayoría de la frustración escolar. Si no entienden lo que leen ni pueden leer con agilidad, con soltura y, en consecuencia, con interés aquellos libros que deberían producirles placer por ser de entretenimiento, mucho menos los que exigen un esfuerzo de concentración y se les cae de las manos de puro aburrimiento. Sin embargo, el precio de los libros no esta al alcance de todas las economías pero no me consta que se subvencionen editoriales y librerías y que se apoyen las bibliotecas publicas y, muy especialmente las de las escuelas. O sea se aísla y el libro y a los lectores del conocimiento y de la cultura, palabra que no figura entre las que utiliza el ministro.
Por otra parte, el momento por el que atraviesa la gran mayoría de niños y niñas que no gozan de una situación económicamente desahogada, es de pesadilla: padres y madres sin trabajo y en riesgo de un inminente desahucio. Según las encuestas, un millón de niños vive en situaciones de pobreza. ¿Se puede estudiar cuando todo lo que te rodea es tan angustioso? ¿Están esas familias en condiciones de ayudar a los niños en su desarrollo intelectual, de darles ánimos, de leer con ellos? Incluso los que trabajan llegan a casa después de jornadas de explotación impuesta por empresarios sin escrúpulos. ¿Se dan cuenta estas criaturas de que cuestan muy caros sus estudios, que escasamente sus padres los pueden pagar, que el porcentaje de becas concedidas ha descendido de manera drástica? ¿Se sienten una carga?, ¿De dónde pueden sacar los libros escolares si no se los pagan? ¿Si la escuela publica, gracias a Wert, ni siquiera les puede dar de comer?”
Y por último, Paco Altemir. ¿Qué quiere decir Rajoy cuando habla de paciencia? Solo el comienzo es así de contundente, os invito a leer el resto en el enlace también. Define a la perfección el percebismo puro.
“Se le nota a Rajoy que no ha olvidado los consejos que le daba su preparador para las oposiciones a registrador pues las repite constantemente: perseverancia y paciencia. Que las iniciales coincidan con las siglas de su partido político parece una premonición pero lo que es una realidad es que, con esas “virtudes”, el obediente opositor llegó a registrador para convertirse, con el tiempo, en presidente del gobierno de España. Por eso nos recomienda que seamos pacientes (más bien enfermos) de la dura enfermedad que nos ha inoculado mediante la austeridad, recomendada por algunos economistas ineptos y descerebrados, como me comenta todos los días mi panadera cuando ve que aumenta la ingesta de pan mientras cierran otras tiendas por esa enfermedad que elimina el consumo.
Me permito dudar acerca de la extendida creencia de que la obediencia, la paciencia y la perseverancia sean “virtudes”. Mas bien opino que son antivalores que nos han inoculado para que seamos mansos, dóciles y sumisos.
La educación debería buscar, ante todo, liberar al hombre de los prejuicios y del pensamiento único y permitir resistir a la presión que ejercen las fuerzas del estado y de la sociedad por medio de la publicidad y la propaganda”…
Estamos de luto por estos enormes atropellos que va a costar generaciones reparar. Cada día que pasa es peor y más difícil, porque además no van a cejar en el empeño de devolvernos a su querido mundo predemocrático, mientras, encima, se les hunde la economía que fue por lo que al parecer buena parte de los incautos votantes les dieron su confianza. Pero no es, no puede ser, un luto resignado por lo que ha muerto sin remedio. Estamos vivos. Nos aqueja un mal perverso, pero no es irremediable. Lo sería si la mayoría sigue engullendo todo esto.
Criminalización de la ciudadanía indignada e insumisa
Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid
Aumenta la represión en Europa. El Gobierno de Grecia decreta la movilización forzosa (militarización, en realidad) del profesorado para evitar la huelga contra los recortes salariales y la pérdida de derechos. En el Reino de España, hay encarcelamientos arbitrarios e injustos por manifestarse desde el nacimiento del 15-M hace dos años, y manifestantes elegidos aleatoriamente son multados sistemáticamente por el Gobierno. En Portugal, una gran manifestación contra los recortes gubernamentales finalizó con once heridos. En Italia son reprimidas con dureza inusitada las manifestaciones de estudiantes. En Reino Unido, encarcelan con seis meses de prisión a quienes ocupen edificios vacíos y deshabitados… Los gobiernos reprimen a la ciudadanía más consciente y activa en Europa… La represión crece a medida que aumenta la conciencia crítica ciudadana. La criminalización de la protesta ciudadana crece con falsas acusaciones de vandalismo callejero que, perpetrado por reducidos y sospechosos grupos, se insinúa (o dice directamente) que forman parte del movimiento ciudadano. Responsables políticos de la policía se refieren de modo malévolo, sin contexto ni matiz, a los hechos violentos que en ocasiones se dan al final de pacíficas concentraciones y manifestaciones, atribuyéndolos al movimiento ciudadano. Unos hechos violentos cuya autoría recae a menudo sobre agentes infiltrados de la policía o provocadores más o menos dirigidos. Miembros del Gobierno o del partido que lo sostiene en el Reino de España insultan a la ciudadanía llamando nazis o terroristas etarras a quienes protestan en paz y con eficacia y revelan sus canalladas políticas dejándolos sin argumentos. El Gobierno responde al aumento de conciencia crítica ciudadana con más antidisturbios, cámaras de vigilancia en espacios públicos e incitación a la delación de presuntos “antisistema”. Antisistema es el saco donde meten toda denuncia y resistencia contra el saqueo que es la crisis y el vaciado de la democracia. El Gobierno y sus aliados cambian la normativa de reunión y seguridad pública y convierten las faltas penales en delitos para poder aplicar la prisión preventiva. Faltas como las acometidas y destrozos del mobiliario urbano. También se tipifican nuevos delitos para reprimir a la ciudadanía más activa. Como difundir por Internet convocatorias de manifestaciones que pudieran derivar en alteraciones del orden público. O, en un desquiciado rizo del rizo, convertir la resistencia pasiva pacífica en atentado contra la autoridad, penado con años de cárcel. Una muestra de ese fascismo soterrado creciente de la actuación policial contra manifestantes en Europa es una declaración del mando de una unidad anti-disturbios española. Aseguró que incluso Gandhi en actitud de resistencia pasiva se hubiera llevado algún porrazo que otro de sus hombres. Ya en el inicio del 15 M, más de doscientos intelectuales, artistas, profesores universitarios y dirigentes sociales salieron al paso de la persecución y criminalización del movimiento, denunciando la represión y arbitrariedad policial y política al detener y encarcelar a manifestantes pacíficos. Por desgracia, esa situación no solo se mantiene sino que empeora. Para los más viejos del lugar, que sufrieron la dictadura franquista, lo expuesto huele cada vez más a rancio fascismo. Con la visible diferencia de que esos fascistas o fascistoides de hoy no recurren a mascaradas ni concentración de disfraces y banderas. Al revisar la actuación de buena parte de gobiernos y policías de países europeos, cuyas ciudadanías exigen sus derechos con firmeza, se comprueba que hay una deriva cada vez más autoritaria de buena parte de esta Europa sometida al poder financiero y las corporaciones empresariales. Lo resume con lucidez el magistrado Carlos Doménech al exponer que las nuevas medidas penales en el Reino de España son pasos hacia un estado policial. Que va bien encaminado lo muestra el hecho de que el Consejo de Poder Judicial cuestiona la constitucionalidad de esa pretendida reforma penal que es la tipificación de nuevos delitos para neutralizar a la ciudadanía pacífica activa y la aplicación de penas mucho más severas. Buena parte de gobiernos europeos han olvidado que la soberanía nacional reside en la ciudadanía, de la que emanan todos los poderes del Estado; el poder que ellos tienen sin ir más lejos. Xavier Caño Tamayo es periodistaArtículo publicado en ALAI, América Latina en movimiento
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), España. ccs@solidarios.org.es
Nueva dieta: escarabajos, chinches, moscas… y esclavitud
Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España
Escarabajos, orugas, abejas, hormigas, grillos, cigarras, saltamontes, libélulas, chinches o moscas. La FAO ha encontrado una solución al hambre en el mundo: comer insectos. Estima esta organización de Naciones Unidas que muchas especies tienen tantas proteínas como la carne y que su producción es barata. Anima a su consumo, tanto por seres humanos como por animales. Muchos países con gran parte de población sin apenas recursos ya los utilizan y el informe imagina un futuro aún más prometedor: “En los países en desarrollo, los miembros más pobres de la sociedad [nótese que este menú "tan saludable y nutritivo" no es para ricos] pueden participar en la recolección, el cultivo, el procesamiento y la venta de insectos. Estas actividades pueden mejorar directamente sus propias dietas y proporcionar ingresos en efectivo a través de la venta de los excedentes de producción”, dicen.
Seguramente la FAO tiene razón, la dieta humana ha incorporado muchas especies a su alimentación a lo largo del tiempo y los insectos, como la más prolífica y extendida, representan una fuente inagotable. Aún. Porque no hemos de olvidar que también se trafica y especula con la necesidad humana de comer. Incluso cotiza en bolsa. En concreto y más que en ninguna otra en la de Comercio de Chicago, CBT (Chicago Board of Trade) especializada desde 1848 en “negociación de contratos en el comercio de bienes básicos agrícolas”. Tampoco se libran los alimentos de “productos financieros” de esos que compran y venden sin recibir mercancía alguna.
En un mundo en el que sobra y se desperdicia la comida, la primera gran crisis alimentaria –tras décadas de suaves descensos- estalla en 2008, pocos meses antes de la gran crisis financiera. Y se reproduce con dureza en 2010, cuando la FAO refleja un 39% de subida en sólo un año, con mayor incidencia en cereales, aceites y grasas, que superaron el 71%. Como los tsunamis siempre se organizan en un punto y luego se extienden –aunque la conciencia popular lo obvie- este enorme saqueo social fue uno de los detonantes de la revolución en la primavera árabe.
Por tanto, cuantos más productos ofrezcamos “al mercado”, más “oportunidades de negocio”. Habrá que ser más imaginativos. Aunque púdicos y políticamente correctos ojos no puedan seguir leyendo. El problema es acuciante. ¿Que hay que buscarse chinches en el pelo para freírlas con patatas o cazar moscas en todos los lunes al sol? Antes que no comer, cualquier cosa, dirán muchos. También estamos brindando a la usura el empleo porque igualmente antes que morirse de hambre sin trabajo preferible es… morirse de hambre trabajando. Uno está más entretenido, que es de lo que se trata.
Esto viene de lejos y se reproduce siempre que la ciudadanía hace dejación de su dignidad consintiendo la codicia de unos pocos. En 1729, sí, siglo XVIII, el escritor irlandés Jonathan Swift escribió su “ Modesta proposición”… para acabar con el hambre en Irlanda. Su propuesta –irónicamente trágica- conmocionó a la sociedad de la época muy alarmada porque desgranaba cómo los niños podían ser un alimento de lo más rentable, una solución al problema: “ Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout”.
No, niños no, pobrecitos, aunque ya lo sean y hayan dejado de considerarse fetos a proteger. Pero mientras llega hasta bañarnos los pies la ola de la avaricia extrema podemos ir pensando en nuevos productos destinados al consumo. Hay uno del que todos disponemos –en mayor o menor medida- según la ingesta de alimentos: la mierda. Yo creo que convenientemente procesada –por empresas privadas naturalmente- se puede reciclar también. Es asequible, muy eficiente y susceptible de ahorro general. No resulta tan descabellado, IKEA –esa gran pionera- ya se adelantó al incluirla en sus tartas de chocolate.
O podemos comernos unos a otros. Otro escritor, el estadounidense conocido como Harry Harrison, publicó en 1966 la novela que daría origen a la película (de 1973) Soylent Green. Imaginaba en ella un futuro -entonces lejano- que hoy encontramos asombrosamente cerca: 2022. Un Nueva York atestado de mendigos hacinados. Sólo la élite minoritaria –como siempre- tiene acceso a alimentos básicos y nutritivos como la carne y las verduras. A la mayoría les reparten Soylent Green –hecho de ese plancton que comen sin esfuerzo los percebes – y Soylent Red… que un día llegarán a saber, estupefactos, de qué se compone. Sí, todo se recicla. Es más productivo.
Llevamos los 5 años de la crisis advirtiendo, desgañitándonos, de un futuro que se cumple inexorable. La UE acaba de decretarnos “austeridad” hasta final de la década en sus nuevos presupuestos. A todos, pero más a los países “malos”, como el nuestro. No nos faltaba más que alimentarnos de insectos como solución. Su captura y elaboración en las nuevas granjas de la miseria. En España los dirigentes actuales se están comiendo también… el Estado (con auténtica saña sus Servicios Públicos), la gallina de todos los huevos. ¿Todavía seguirán soñando algunos que la crisis se resuelve así? ¿Aún espera alguien que los depredadores devuelvan y repartan su botín?
La crudeza del momento exige reflejar esta amarga realidad tal cual es. Pero también sus soluciones. Nada fáciles, insisto. No tan “fáciles” como abrir la boca y que entren las moscas por todo alimento. Ni siquiera tan “difíciles” como seguir aguantando, resistiendo, los atropellos de esta inconmensurable estafa. Hay que echar a la Europa azul de sus mayorías en la UE. Con los votos. Eso no representa un enorme esfuerzo físico. Y a los dirigentes de cada país que desean, amparan y ejecutan estas políticas. Y, posiblemente, juzgarlos, para que sean ellos los que atrapen moscas “a la sombra”. No hay más. Es cuestión de supervivencia. ¿Y no habla de eso la FAO? Ingerir justicia, cordura y valor, en lugar de cucarachas.
Artículo publicado en El Diario.
http://rosamariaartal.com/
¿Comer insectos para acabar con el hambre?
Esther Vivas - Consejo Científico de ATTAC España
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, ha publicado esta semana un informe que ha despertado cierto revuelo: Insectos comestibles. Perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y la alimentación, y donde recomienda el consumo de insectos para dar de comer a un número cada vez mayor de personas. Pero, ¿acabar con el hambre en el mundo pasa por empezar a consumir insectos o hacer accesible la comida a la gente? Yo me decanto por la segunda opción.
No tengo nada en contra el consumo de “bichos”, que en otras latitudes está plenamente extendido. Según la FAO, hoy en el planeta al menos dos mil millones de personas los ingieren regularmente: escarabajos, orugas, abejas, hormigas, saltamontes, langostas y un largo etcétera. Un total de 1.900 especies que se comen en países de África, Asia y, también, América Latina. Y, según dicho informe tienen un alto contenido en proteínas, materias grasas y minerales. Aquí, pero, la sola idea de llevarnos a la boca dichos insectos no nos produce sino asco.
Las tertulias y debates que estos días han girado alrededor de la propuesta de la FAO en medios de comunicación variopintos, lo han hecho con una clara mirada etnocéntrica de lo que comemos. Asociando el consumo de insectos a un comportamiento primitivo, como si nosotros tuviésemos la verdad absoluta sobre qué se puede y qué no se puede comer. Me pregunto, ¿qué pensarán en otros países de los caracoles en salsa, del conejo asado o, para rizar el rizo, de la paella de arroz y conejo con caracoles? Creo que más de un centro europeo no aguantaría ni dos minutos en la mesa, imaginando su conejo mascota cocinado como un bistec y rodeado de moluscos babosos.
Pero, más allá de consideraciones culturales, creo que el problema del hambre tiene que abordarse desde otra perspectiva. No se trata, como solución mágica, de apostar por la ingesta de insectos, independientemente de las virtudes nutritivas que estos puedan tener, sino el kid de la cuestión está en preguntarnos cómo en un mundo de la abundancia de alimentos hay tantas personas que no tienen qué comer. Hoy el problema del hambre no radica en la producción sino en la distribución. No se trata de producir más, o buscar nuevos comestibles, sino de distribuir aquellos que ya existen y hacerlos accesibles a la gente.
Según la FAO, en la actualidad, se cultiva suficiente como para alimentar a 12 mil millones de personas, y en planeta somos 7 mil millones. Hay comida. El problema radica en manos de quién está. Los alimentos se han convertido en un instrumento de negocio por parte de unas pocas multinacionales de la agroindustria, que priorizan sus intereses empresariales a las necesidades alimentarias de las personas. De este modo, si no tienes dinero para pagar el precio cada día más caro de la comida o acceso a los medios de producción, como tierra, agua y semillas, no comes.
Acabar con el hambre pasa por exigir justicia y democracia en las políticas agrícolas y alimentarias. Y devolver a los pueblos la soberanía alimentaria, la capacidad de decidir sobre qué y cómo se produce, distribuye y se consume. Anteponer derechos a privilegios. Y apostar por otro modelo de agricultura y alimentación: de proximidad, campesina, agroecológica… Sólo así todo el mundo podrá comer.
Artículo publicado en Público
www.esthervivas.com
¿Qué es el 15M? definición a la luz de una vela
Juan Carlos Monedero – Consejo Científico de ATTAC España
¿Quién define a un movimiento que celebra su aniversario no cuando corresponde sino cuando decide que le hace falta? ¿Quién se atreve a definir la libertad? ¿Quién acierta a decir en qué lugar del río —en la fuente, en el mar, en el cauce, en los afluentes—, está su esencia? ¿Quién pone nombres a lo material sin querer quedarse con ello? ¿Quién encierra con palabras una manera de hacer las cosas que nadie puede robar pero que cualquiera puede apropiarse de ella? ¿Quién que no haya reído con el 15M puede explicarlo? ¿Quién al que el 15M haya hecho llorar puede desenredarlo?
El 15M es un hecho: gente que acampó en la ciudad, primero en la Puerta del Sol, luego en todas las plazas de España, para mostrar su descontento con los políticos, con su gestión de una economía impune servida por matones financieros. Como hecho real novedoso, nacido de coordenadas novedosas, es heterogéneo, plural, contradictorio, abierto. Como la vida cuando no se la quiere leer ni con categorías de hormiga soldado ni desde el pétalo flotante de una margarita de plástico.
— ¿Pero acaso es posible definir el 15M? Se sabe que quien pregunta ya conoce la mitad de la respuesta…
El 15M es una pancarta ingenua y desconcertante en su sencillez. Que decía, como lo dice un niño o un joven, que el rey estaba desnudo, que los cortesanos trabajaban para potencias extranjeras y que al dragón lo alimentaban los mismos que mandaban a héroes a matarlo. Una pancarta que también, como en el barrio y menos ingenua, decía: “¿qué te crees, que soy gilipollas?” o, llegado, el caso “que te he dicho que no me toques. Y a mi amigo tampoco”. El 15M es una metáfora. La del desencanto ante el incumplimiento de todas las promesas que construían la legitimidad de nuestra sociedad. El 15M es la expresión del fin de los consensos sociales de una Transición que hay que contar, de otra manera, a los padres. Del consenso acerca de la propia Transición, leída ahora como una transacción. Donde se presentó con colores pastel lo vulgar y se ocultó, con premeditación, el verdadero ADN republicano de la democracia; fin del consenso acerca del bipartidismo, juego entre dos grandes corporaciones políticas más parecidas que diferentes; fin del consenso acerca de la aceptación de las desigualdades sociales siempre que caigan migajas de la mesa de los ricos; fin del consenso acerca de la bondad de las instituciones, empezando por la monarquía católica, apostólica, romana y dolosa, siguiendo por los Parlamentos, pasando por los partidos políticos y terminando con los jueces. Fin del consenso que asumía que lo que decían los medios de comunicación era verdad, incluido que no estábamos maduros para cambiar nuestra Constitución o para cuestionar “a los expertos”. Fin del consenso subordinado acerca de la sabiduría democrática de una Europa que entiende mejor que nosotros lo que nos conviene. Fin del consenso franquista del “no metas en política”, del consenso de la Transición del “quédate en el desencanto que mientras yo gobierno”, del consenso de la democracia del “ya somos europeos así que las cosas ni se cambian ni se mejoran”. En definitiva, el fin del consenso sobre la pasividad que sembró el consenso.
El 15M es una pregunta. Con dos interlocutores. La democracia representativa que no representa al demos que lleva en el nombre, y la economía capitalista que hace de los seres humanos mercancías y material de derribo o acopio de los grandes capitales. Una pregunta que dice: ¿por qué no servís a quien debéis servir? Como pregunta, no se acaba hasta que sea respondida. El 15M es un gran impacto que se opone a la doctrina del choque.
-Hmmm… demasiadas cosas….
El 15M es una corriente de información que genera la politización de una sociedad que se creía satisfecha. Politizar es inyectar conflicto. Una sociedad politizada es una sociedad que recupera la voluntad de enfrentamiento. El 15M es una corriente de información que se convierte en la palanca para identificar los conflictos de nuestra sociedad.
El 15M es barrer la historia a contrapelo para que salten las briznas escondidas en la alfombra. El 15M es una bofetada indignada, llena de razón, en la cara dura de las principales instituciones del país. Las que habían dejado de ocuparse de los intereses colectivos y andaban enredadas en un orden del día autorreferenciado. Las que justificaban su labor saturada de viajes, dietas, ocio, comisiones absurdas, falsas preocupaciones y cosmética mercadotécnica. A veces también en burdeles y en cacerías. Nunca en un andamio. El 15M es un cruce de caminos entre los que querían pedir a los políticos que estuvieran a la altura y los que sabían que no podían estar a la altura, entre los que llevan lustros luchando por una sociedad más digna y los que con la crisis empezaron a preguntarse por los descosidos de las sociedades occidentales, entre los que sabían de los parches cosidos con la piel del Sur de todo el planeta y los que empezaron a darse cuenta de que la piel de los próximos cinturones iba a ser la suya. Y que estar en Europa ya no era un salvoconducto.
El 15M es la declaración alegre de que el ratoncito Pérez no existe, de que los reyes son los padres y de que los hijos van a tener difícil repetir las mentiras de sus progenitores. Por eso, el 15M es la antesala de la desobediencia, que vendrá cuando los cuentos, desenmascarados, dejen de hacer gracia y no sirvan para conciliar el sueño.
El 15M es una amable película de zombies que saca afuera y cuelga de los tendederos de las plazas las vísceras derramadas de muertos vivientes que adelantan los brazos hacia las víctimas. Que saca a la luz todo lo que debía estar escondido para que el asco no permitiera que el sistema se desplomara. Una pantalla callejera donde se ven los intestinos colgando de esos aterradores cadáveres insaciables que quieren terminar de devorarnos. Con un casting de probados profesionales: políticos, banqueros, técnicos internacionales, académicos, actores principales de una película de terror donde se camean a sí mismos logrando un terror más real de lo pensable.
El 15M es un aprender de política sobre la marcha, que experimenta sobre su propia inexperiencia los egos, las camarillas, la manipulación, los picos de oro, los intereses de grupos consistentes, las envidias, los celos, los diferentes tiempos libres de la gente, los humores variables, el alcohol y los porros, a los anarquistas y su autoritarismo horizontal, a los comunistas y su autoritarismo vertical, a los falangistas y su autoritarismo autoritario, a los inmigrantes desesperanzados, a los sin techo, a los borrachines sin fondo. Experimentar también la desesperación, el hastío, los expertos que han leído todo, los ignorantes que no quieren leer, los que se repiten, los que nunca hablan, los frikis, los partidos de fútbol desertizadores, otra vez los frikis, y también y contra todo pronóstico, como una vacuna imperecedera, la lucha compartida, la inteligencia colectiva, la complementariedad, solidaridades y amistades que nunca nadie había pronosticado y que tenían que ver con adaptarse al ritmo de los más rezagados.
-¿No será que no sabes de qué hablas?
El 15M es el optimismo de la ilusión compartida, que estalla cuando se piensa que todo lo que nos hace mejores es posible porque decenas de miles también están de acuerdo.
El 15M es una bebida energizante que da coraje para decirle a los poderosos que nos hemos quedado con su cara sólo porque ellos se han quedado con nuestra cartera. Y que la queremos de vuelta. Y que no les tenemos miedo. El 15M es la resaca de toda una generación que empezó a despertarse de una borrachera donde todo se podía comprar, donde el sur no era sino un lugar de vacaciones, la universidad un salvoconducto para un salario alto, el ladrillo una tarjeta bancaria de barro, el medio ambiente una mercancía, el futuro un enorme y surtido supermercado, la política un voto cada cuatro años y los políticos unos empleados a usar y despreciar a los que pagábamos y tolerábamos, los hijos una proyección optimista de nosotros mismos, la televisión una excusa para sentirnos mejores, Europa una oficina aburrida que brindaba seguridad, África y las catástrofes una ocasión puntual para sentirnos solidarios con muy poco y el dinero un pasaporte para la felicidad.
El 15M es una llamada a la puerta a las dos de la madrugada y contar con que no sea el lechero porque no son horas. Es saber que es verdad que es madrugada pero que no hay puerta porque estás durmiendo en una plaza en una tienda de campaña. Y te ríes y vuelves a dormirte.
El 15M es la mano izquierda invisible que une la espontaneidad de la multitud cuando en vez de guiarse por el egoísmo lo hace por la generosidad y envuelve a la sociedad de virtudes públicas.
El 15M es un silencioso guardián del fuego de la indignación que abre huecos en edificios imponentes ungidos por el tiempo, el dinero, las leyes y el dios único y verdadero. Un hueco por donde se cuela el viento que aviva las brasas y funde los cimientos. El 15M es un mural con un mensaje que sólo se desvela cuando se terminan de colgar todas las reivindicaciones. El cuaderno de quejas de los que aun no sabiendo lo que quieren saben perfectamente lo que no quieren.
El 15M es resultado del reflejo de la lógica del mecanismo de la multiplicidad de la conspiración de las expresiones de los conflictos de las relaciones de la repetición de los intereses de la recurrencia de los efectos de, y por fin ya voy entendiéndolo, la lucha de clases. La lucha de clases. Esa que, como dijo una de las principales fortunas del mundo, van ganando, con diferencia, ellos. Las principales fortunas del mundo.
El 15M es una red que se tensa, sin previsión posible, en diferentes lugares, haciendo que los nudos se inclinen cada vez hacia un lugar. Luego, cuando la tensión desaparece, recupera la horizontalidad y todos vuelven a mirarse a los ojos. Tiene todas las ventajas de la red (flexibilidad, compromiso, extensión), y también todos sus problemas. Los mismos nudos que trenzan tantas responsabilidades son los que construyen los huecos por donde se escapan pequeños tesoros importantes o se abren sin consistencia para dejar paso a los hambrientos tiburones.
El 15M es una gran conversación, donde la gramática del movimiento se escribe en cada diálogo. Una conversación donde hablan los nativos de la generación perdida —con máster y sin noticia de la política—, con los nativos de las mil revueltas perdidas; hablan los paisanos del perro y de la flauta con los politizados del antiguo paraíso de la fábrica, el empleo fijo y la pensión; hablan los que han vivido en sus hijos su mundo anhelado y los vástagos a los que les han cambiado las preguntas cuando apenas estaban empezando a pensar si no habría que cambiar las respuestas.
-¿Vas a seguir? Dale, dale…
El 15M es una caja de herramientas, donde hay un martillo que rompe la pasividad de la democracia satisfecha, un destornillador que afloja los andamios de la democracia de baja intensidad, una llave inglesa que, como no podía ser de otra manera, dice #spanish revolution. No menos es una jornada de puertas abiertas de la democracia real, una vitrina donde lo invisible se hace visible, una sección de delicatessen de un supermercado social donde el dolor particular de colectivos escondidos se ofrece para ser compartido por gourmets de la democracia.
El 15M es un blog con un marco pero sin un dueño, una referencia abierta, en construcción, donde se intuye lo que cabe y lo que no cabe, una escritura, línea a línea encaminada a un fin pero carente de un faro inmóvil en la costa, una “selección de contenidos” que recupera la desobediencia civil, esa que escribe con diferentes manos “no soy violento”, esa que escribe con diferentes manos “no quiero volarlo todo”, que escribe “tan solo, de momento, quiero recuperar lo bueno que tuvimos”, hasta que se vaya dando cuenta de que no es posible y que tiene que atreverse a crecer. Un aire de familia que escribe con diferentes manos “no voy a convertirme, pese a vuestras provocaciones en uno de vosotros”. Pero que sabe, con Gandhi, que la violencia más infame es la del que no hace nada para defender a un compañero.
El 15M es la invitación a entender que una buena parte de los agravios están conectados. Es una “sintonía sobrevenida entre sujetos”, es el salón de costura de los vínculos escondidos que sospechábamos. Es la posibilidad de pensar que le puedes decir al Ministro: “está usted despedido”, que le puedes decir a tu jefe: “si no viene a la huelga, no venga a trabajar el viernes”; que le puedes decir al profesor: “no tiene ni idea de lo que está contando”, que le puedes decir al policía “circule, que me estoy manifestando”.
El 15M es un coitus interruptus que va de la pasión del primer encuentro al miedo en la mañana de descubrir al otro, del impulso inicial que llevó a arrancar la ropa del amado, a la prudencia de preocuparse sobre las obligaciones que se asumirán después del sueño, del deslumbramiento de la primera mirada al escrutinio de las verdaderas intenciones, de un encuentro fortuito, sin compromisos, urgente y nocturno, a las reticencias de una relación de más largo aliento, con más cargas, menos frívola y más llena de proyecto a largo plazo. Es la alegría de quien, impaciente, cree haber logrado huir y tiene espasmos de alegría y quien después de haber sorteado las paredes de la celda se encuentra delante otro muro más alto y sólido que el que ha dejado atrás.
El 15M es un desorden del orden, que ordena al tiempo que desordena. Por eso mismo es un desorden amable con el orden y es un orden amable con el desorden. Esto no es un juego de palabras hueco. Las instituciones existentes hacen las paredes y luego llenan la sociedad de agujeros. Por ahí se coló el 15M. Por el agujero del propio sistema. El 15M se sirve de todo aquello del orden existente que le permite tomar impulso. Y desde el sistema hace fuerza para dar el salto. Puede ser condescendiente con el diferente porque no enmienda a nadie a la totalidad. Invita a peleas concretas. Desconecta lo que impide nuevas conexiones. En vez de cavar trincheras hace pasos endebles con maderas de los contenedores. Vive en los intersticios y le da pánico construir demasiado pronto nuevos cimientos. Desespera a los que ven el conjunto, a los que quieren instalar guillotinas en las plazas porque saben perfectamente quiénes son los culpables, a los mellados y tuertos del ojo por ojo y diente por diente. Tiene sus plazos y lo único que negocia es una metodología que dice: “espera, vamos a hablarlo más despacio”.
El 15M es un espejismo que aísla del mundo estructuralmente violento que habita fuera de su burbuja. Un espejismo que se puede tocar cada vez que tocas a los demás que viven en el oasis. Una casa de los padres sin horario ni reconvenciones. Una carpa de circo donde se representa la función que cada cual imagina. Una escuela de arte popular donde puedes atreverte de nuevo a coger los pinceles y los lápices de colores. Una reconstrucción de la realidad donde lo feo queda fuera o le has puesto un cartel que dice “realidad desagradable”. Una experiencia de la que se vuelve con una mirada de asco hacia el desierto del mundo real.
-¿Y aún te parece que faltan cosas?
El 15M es partícula cuando los partidos se ven en la obligación de hablar de él, cuando los medios intentan definirlo, cuando los científicos sociales le ponen sus electrodos para convertirlo en estadística y regresiones; pero es onda cuando nadie lo mira, cuando, invisible para los que sólo ven unidades, se desliza por una dimensión que aún no hemos explorado lo suficiente. El 15M es la partícula que desafía a las partículas políticas de la democracia representativa y es la onda, el flujo que atiende a lo común que permite nuestra existencia, el aire, el lenguaje, el arte, las calles, el alimento y el agua. Es valor de cambio para huir de la individualidad del mercado liberal y valor de uso para reencontrar la comunidad que sabe que el todo es más que la suma de las partes. Es una dinámica para contar un escenario que se relataba desde una cámara fija.
El 15M es la continuidad recurrentemente dormida y recurrentemente renacida del “No se puede servir a dos señores” de Jesucristo, el “Pienso que las entidades bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que todos los ejércitos listos para el combate” de Jefferson, el “¿Qué es robar un banco en comparación con fundarlo?” de Bertold Brecht, el “debajo de los adoquines está la playa” del mayo del 68 y que llega a hoy para decir con menos brillantez pero con más contundencia: “no es una crisis: es una estafa”.
El 15M es una cosa en Madrid y otra en Valencia, una en Getafe y otra en Marinaleda, una en Santiago y otra en Badajoz, una en Sevilla y otra en Cádiz. No es igual en Bilbao que en Barcelona. En Sant Boix que en Almansa. Es una en Burgos y otra en Guadalajara.
Una en Ciudad Rodrigo y otra en Santa Margalida. El 15M toma sus contornos de lo que había antes del movimiento. Si hay mucha representación crítica con el sistema (es el caso del país vasco), el 15M se diluye o se concentra en las carencias de lo que existe (por ejemplo, insistiendo en la necesidad de respuestas no violentas al sistema). Si hay poca, el 15M se acrecienta, con las dificultades que significa cubrir tantos frentes (¡Cómo no llenar el 15M de comisiones y subcomisiones cuando hay tantas vías de agua en el barco!).
El 15M se articula también en virtud de las fuerzas de cada ciudad y de cada pueblo, de los grupos que lo sostienen, de los que se quedan y de los que se van. De la capacidad de los grupos existentes de hacerse con el movimiento y de la capacidad de los grupos emergentes de mantener la independencia. Si todavía en muchos lugares de España hay rescoldos asociativos vinculados al paso por allí de un cura dinamizador, la existencia del 15M, en cualquier caso, cubre ese espacio desaparecido.
El 15M es el espejo que no te permite hacer lo que normalmente haces porque nadie te está viendo. Es el “mamá estoy en esta plaza haciendo lo que me has enseñado”. Es tu conciencia dormida. Es la mentira que dinamita la complacencia de creer que si a los cuarenta años ya no tienes corazón es porque tienes cabeza. Es la pregunta repetida de “¿dónde está todo aquello en lo que alguna vez creíste?
El 15M es un sentimiento a la búsqueda de una idea. O muchos sentimientos a la búsqueda de muchas ideas. Pero el sentimiento, que es lo difícil, ya está ahí. El sentimiento de gente que no sabía que era clase obrera y se lo anunciaron de golpe, el de gente que lo sabía y se lo volvieron a recordar, el de gente que trabaja precaria y necesitaba decir que ni su trabajo ni su salario ni sus expectativas pueden compararse con las de sus mayores.
-¡Ve terminando por favor!
El 15M ha sido una ventana al escepticismo en el tiempo de las verdades inconmovibles, hijas del cacareado “fin de la historia”; ha sido una gramática parda que ha permitido darle la vuelta a las frases hechas del supuesto “único mundo posible”; ha sido el deja vú de los que habían sido víctimas de la abolición de la memoria.
El 15M es la caracola que te da derecho a hablar en El señor de las moscas; es la lanza de Don Quijote contra los molinos de viento y el bálsamo contra los dolores de cada fracaso; es el mensaje de Craxio a Espartaco cuando le dice al oído que una vez acabó con amos y soldados, fue libre y vivió en comuna; es el detective loco del Misterio de la cripta embrujada que no para de hablar y hablar porque no quiere volver al manicomio; es el movimiento perpetuo del conejo de Alicia y es quien le quita el hacha a la reina de corazones para que deje de cortar cabezas; es el hambre de autenticidad de Ulises que le invita a seguir su Odisea renunciando al olvido feliz de la isla de Calypso; también el coraje y la astucia para derrotar al gigante Polifemo y a los mediocres burócratas que gobiernan Itaca; es la lámpara de Aladino que cuando se la acaricia sale un genio; es una carta traducida del chino en Seda, la carta que debiera escribir Madame Bovary en vez de quitarse la vida, las miles de cartas pidiendo ayuda que leyó Bartleby el escribiente y que nunca llegaron a sus destinatarios; es el poema del Cartero de Neruda que usa quien lo necesita y es el violín rojo, el Winchester 73 o el viejo traje que ruedan y ruedan quedándose un rato en cada necesidad; es el Sur rodeado de mares y un tatuaje para no olvidar las promesas de amor que no terminan de ser convincentes; es ropa tendida en los alambres que rodean los barracones de Auschwitz y te obliga preguntarte Si esto es un hombre. Es el rumor que permite seguir con vida en los campos de concentración de Vida y destino y son Luces de bohemia, el vía crucis de Max Estrella, la verdad deformada en callejones mentirosos y también la deformada verdad ante las mentiras de la prensa canalla, la autenticidad de un anarquista al que le aplican la ley de fugas y la de una prostituta adolescente que huele a nardos. Es la ira ante los mercaderes de Venecia y la posibilidad de justicia colectiva en una Fuenteovejuna antineoliberal. Es cada una de las ciudades invisibles que narró Marco Polo a Gengis Kahn y cada uno de los cuentos que inventó Sehrezade para salvar la vida. Y sólo por eso, por que es cada una de las calles de cada una de las ciudades y cada una de las historias de cada noche, ayuda a diferenciar lo que es infierno de lo que no es infierno. Es, en definitiva, el nombre escondido de las Historias de Terramar que da poder a quien lo conoce y miedo a quien no se atreve a nombrarlo. Pero también, en su multiplicidad, es un poema dadaísta que sólo entiende quien lo ha hecho, es la mujer que se arroja con sus libros al fuego en Farenheit 451, es el agente Smiley que derrota a su archienemigo Karla usando las mismas armas (y la misma indignidad que le justificaba como diferente); es Wilson cayendo víctima del gran hermano al que ha ayudado y de la neolengua que ha utilizado. Es Zapata, ya Presidente, preguntándole a un campesino rebelde e irreverente por su nombre para ponerlo en una lista negra. Es la pureza de Hamlet que le lleva a la locura o la intransigencia de Bernarda Alba que lleva al suicidio de su hija. Es la Malinche traduciéndole al imperialista Cortés para hacer comprensible su lenguaje y que termina traicionando a su propio pueblo. Es el mal cura que reza un réquiem por un campesino español al que ha traicionado y es el capitán Achab que arrastra a toda su tripulación al abismo porque quiere acabar con Moby Dick, la ballena asesina. La lista la puede completar cada interrogado. Porque la vida también se parece al arte. Y porque el 15M, que ya tiene los actores, aún tiene pendiente su propio guión, sus directores, la estructura de su novela y el plan de rodaje de su roadmovie. Mientras, a su alrededor, se cae el mundo y la vieja Europa de las clases medias vuelve a los escenarios de los años treinta que hicieron a Hemingway poner a tocar sin pausa las campanas y a Thomas Mann subir a la montaña mágica. A no ser que el 15M, único héroe con fuerza de esta triste historia, se arme del valor que aún anda esperándole y convierta su pregunta en un proyecto de respuesta que empiece a andar cuando los viejos actores apenas pueden sostener sus muletas.
(Capítulo 9 del libro: Dormíamos y despertamos: el 15M y la reinvención de la democracia, Madrid, Nueva Utopía, 2012)
Artículo publicado en Público.es
Cómo los promotores de austeridad responden a las críticas
Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España
Este artículo analiza las diferencias en la manera como los medios de información en España y en Estados Unidos han respondido a las críticas hechas a los trabajos de los profesores Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff de la Harvard University, autores de los trabajos que han sostenido el ideario de austeridad llevado a cabo por la Troika y la mayoría de gobiernos de la Eurozona.
Durante estos años de profunda crisis económica y financiera se han justificado las políticas de austeridad de gasto público, incluyendo gasto público social (que han tomado lugar a base de recortes, recortes y más recortes de tal gasto) con el argumento de que el crecimiento del déficit y de la deuda pública (situaciones referidas como falta de disciplina fiscal) dificulta y obstaculiza el crecimiento económico, atribuyendo la recesión actual al excesivo nivel de la deuda pública en los países en recesión. De ahí que además de recortarlo, se desaliente y desaconseje el aumento de tal gasto público con el objetivo de estimular la economía.
Este argumento se ha reproducido constantemente en los medios de mayor difusión, refiriéndose a la supuesta evidencia que lo apoya, proveída primordialmente por los trabajos de dos economistas de la Harvard University, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, que señalaron, con todo un aparato estadístico, que cuando la deuda pública de un país superaba el nivel del 90%, el crecimiento económico caía en picado. Tales trabajos han sido muy citados, no sólo por las autoridades de la Comisión Europea, como su Vicepresidente Olli Rehn (uno de los máximos promotores de las políticas de austeridad en la Eurozona), y el Sr. Draghi, presidente del Banco Central Europeo, sino por una larga lista de ministros de Hacienda o de Economía de tal área monetaria, así como un largo número de gurús neoliberales que dominan la cultura económica dominante y que la promueven en las fundaciones de investigación económica y fórums mediáticos, próximos a su pensamiento (que son la mayoría).
Tales estudios fueron cuestionados desde su aparición por autores críticos de la sabiduría convencional –como economistas de la Union of Radical Political Economists (URPE), en EEUU- sin que tales críticas adquiriesen ninguna visibilidad mediática, consecuencia de que el establishment financiero (la banca y otras instituciones financieras) que promueven las políticas de austeridad, tienen un control abusivo de los fórums y medios donde la sabiduría económica convencional (de clara orientación neoliberal) se reproduce.
Ahora bien, el desastre (y no hay otra manera de definirlo) que las políticas neoliberales (incluyendo las políticas de austeridad) están creando, está haciendo cada vez más y más difícil sostener el dogma neoliberal que las promueve. De ahí que la dilución de su credibilidad haya hecho más posible que trabajos críticos más recientes de tal dogma adquieran la visibilidad que hasta ahora se les había denegado. Y el más importante es el trabajo de los expertos en economía política de la Universidad de Massachussets, Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin, que en su artículo “Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Grouth? A Critique of Reinhart and Rogoff” (15.04.13), muestran los múltiples errores (cuando no manipulaciones) que los economistas de Harvard habían hecho para alcanzar sus conclusiones. Este trabajo y sus autores han tenido, por fin, gran visibilidad, habiendo aparecido en los mayores medios de difusión de los dos lados del Atlántico Norte (ver mi artículo “Las falsedades y los errores de la sabiduría económica convencional (SEC)”, Sistema Digital, 12.04.03). Como era de esperar, tal crítica devastadora ha generado inmediatamente una enorme respuesta de los economistas y medios de información de sensibilidad neoliberal, respuesta llena de insultos y sarcasmos. Es importante destacar esta respuesta, incluyendo notas comparativas entre la naturaleza de esta respuesta en EEUU y en España.
1.El New York Times publicó un artículo de Reinhart y Rogoff (a partir de ahora RR) en el que respondían a las criticas de Herdnon, Ash y Pollin (a partir de ahora HAP). Y días después, el mismo rotativo publicó un artículo de HAP respondiendo a RR. Los mayores rotativos españoles publicaron el artículo de RR, pero ninguno de ellos publicó la respuesta de HAP a la defensa que RR habían hecho de sus trabajos. Al dar la última palabra a los autores de la tesis de austeridad, tales medios tomaban partido a favor de la continuación de tales políticas de recortes en España.
2.En lugar de publicar la respuesta de HAP a RR, en muchos de tales rotativos españoles se invitó a conocidos economistas neoliberales españoles, promotores de las políticas de austeridad (muchos de ellos en Fedea), a tener la última palabra. Éstos, en lugar de responder a las críticas, intentaron infravalorarlas y trivializarlas, indicando que en el artículo original de RR había sólo un error (y no varios), error muy menor que no alteraba su conclusión, es decir, que había de bajarse la deuda pública, responsable –según ellos- de la crisis actual (ignorando que cuando la crisis se inició en España, la deuda pública española era mucho menor que la de Alemania, y estaba muy por debajo del promedio de la Eurozona) (ver mi artículo “Más sobre el fraude fiscal en el pensamiento neoliberal”, Sistema Digital, 26.04.13).
3.En su artículo en The New York Times RR negaron que hubieran recomendado las políticas de austeridad que se estaban siguiendo. Adoptando una postura de supuesta neutralidad subrayaron que ellos sólo analizaron unas correlaciones entre el crecimiento de la deuda pública y el decrecimiento económico, sin llegar a ninguna recomendación sobre las políticas públicas que deberían seguirse. Como bien ha mostrado Andrew Watt en su artículo “Reading Reinhart-Rogoff on Reinhart-Rogoff”, esta supuesta neutralidad queda falseada leyendo los escritos de estos autores. Un ejemplo es el artículo de RR, nada menos titulado “Demasiada Deuda Pública quiere decir que la Economía no puede crecer” (“Too much Debt means the Economy Can’t Grow”), donde se escribe:
“Nuestra investigación sobre la historia de las crisis financieras y la relación existente entre crecimiento económico y deuda pública apoya el punto de vista de que el crecimiento de la deuda pública que está ocurriendo representa un riesgo y obstáculo para el crecimiento económico, habiéndose ya alcanzado el límite del 90% de PIB en muchas economías avanzadas”.
Y más adelante, RR concluyen, por si no fuera suficientemente claro) que “el mayor riesgo de los países avanzados es que su deuda pública ya haya alcanzado el nivel permisible para permitir su crecimiento económico”.
Éstos y muchos otros segmentos de sus trabajos no les permiten ahora lavarse las manos y mostrar inocencia, acusando a los políticos neoliberales, como los de la Comisión Europea (que son la mayoría) de haber malinterpretado su trabajo.
4.En realidad, y tal como he señalado en mis artículos anteriores sobre RR, los errores de tales autores son incluso mayores que los señalados por HAP, pues son errores no sólo metodológicos sino también conceptuales, debidos en parte a su limitado conocimiento de Políticas Públicas y Economía Política (tales economistas han estado trabajando en el Fondo Monetario Internacional, derivando sus estudios de la experiencia en tal institución). Ambos economistas toman la deuda como un concepto constante (lo cual se hace, por cierto, con excesiva frecuencia). Y asumen que un país con la deuda pública A tiene un problema menor que un país cuya deuda pública B es mayor que la de A. Pero este supuesto es una enorme simplificación, puesto que un país tenga problemas en pagar su deuda no depende del tamaño de la deuda, sino de la habilidad de aquel país en pagarla. EEUU tiene una deuda elevada, pero los intereses de su deuda son los más bajos del mundo debido a la percepción que existe, avalada por al realidad, que el gobierno federal no tiene ningún problema en poder pagarla.
El gobierno federal tiene enormes recursos con los cuales pagar su deuda pública. Entre otros, tiene más de cuarenta trillones (americanos) de dólares en tierras de propiedad federal. Vendiendo un porcentaje relativamente menor de tales tierras, la deuda pública podría disminuir en un 30%.
Otro error conceptual es que RR, en su homogeneización del concepto de deuda, no tienen en cuenta la propiedad de tal deuda. No es lo mismo la deuda pública poseída por el Estado, como por ejemplo la Seguridad Social (al cierre del 2012 el 97% de los fondos de la reserva de las pensiones estaba invertido en la deuda pública de España), que la deuda poseída por el DeutscheBank (de la que puede deshacerse en cualquier momento). Y así un largo etcétera.
Tal como he señalado en otros textos, la excesiva dependencia de modelos matemáticos (que dan una sensación falsa de seriedad) y su protagonismo a costa de “estudios de caso”, con orientación histórica y análisis político de cada caso, lleva inevitablemente a estos problemas, no sólo metodológicos, sino conceptuales. Así, el escaso crecimiento económico que ocurrió en EEUU y en Europa inmediatamente después de la II Guerra Mundial, no se debió, como erróneamente asumen RR, a la elevada deuda pública (que había financiado la guerra), sino a la desmovilización después de la guerra, con un descenso de la población ocupada resultado del descenso del personal militar al haber terminado el conflicto, y también al abandono de puestos de trabajo por parte de las mujeres que dejaron las fábricas y otros lugares de trabajo para volver a sus tareas familiares (ver Dean Baker “Logic Deficit: Why Were Reinhart-Rogoff ever Taken Seriously?”)
5.RR y sus seguidores adoptan un tono de víctimas en su respuesta, que resulta paradójico, pues tal victimismo procede de personalidades que han sido atendidos durante muchos años con gran mimo por las instituciones financieras que dominan las políticas públicas responsables de la enorme austeridad impuesta a las clases populares de los países que la sufren. La crítica a sus estudios se ha hecho con el estilo propio del mundo académico. Conozco personalmente a uno de los autores, Robert Pollin (director del Programa de Economía de la Universidad de Massachussets) al que me une una amistad (habiendo dado clases en el programa de Políticas Públicas y Sociales de la UPF que yo dirijo). Y tanto en su tono como en su estilo, Robert es una persona de gran calidad, además del rigor que destilan sus trabajos. Invito al lector a que lea su artículo al que hago referencia. De ahí que me parezca absurda la acusación hecha en el Financial Times por parte de un economista ultraliberal sueco, Anders Aslund (amigo de otro economista ultraliberal sueco, Assar Lindbeck, que dirigió por muchos años el comité encargado de dar los Premios Nobel de Economía, financiados por la Banca, y que explica que durante muchos años los galardonados fueran entregados a economistas muy ultraliberales) acusando a las críticas de HAP, refiriéndose a ellas como “ataques viciosos”, acusación también hecha a Krugman por sus críticas a RR (ver Paul Krugman “In the Austerity Debate. Reputation Trumps Reason”). Tal comportamiento habla más de los autores y de sus amigos que de sus críticos. Durante años han dominado y continúan dominando la cultura económica, y cuando se muestran sus errores y falsedades, se movilizan por todos los medios para desacreditar a los críticos con insultos, sarcasmos y otras características que denotan su inseguridad y falta de disposición al debate. Así responde el poder cuando se le muestra desnudo.
Artículo publicado en la revista digital Sistema
Estar contra el progreso
Gustavo Duch Guillot – Consejo Científico de ATTAC España
Podría ser una habitual conversación del vermut en una mañana de domingo en Viladecans, Sant Boi o El Prat. «Carles, lo que pasa es que tú siempre estás en contra de cualquier progreso. Recuerdo perfectamente cuando hace unos años cuestionabas la ampliación del Aeropuerto del Prat de Barcelona; todo el año pasado te lo pasaste en campañas y acciones contra la llegada de Eurovegas a la zona del Parque Agrario y; ahora que nos hablan de un gran complejo de tiendas de ropa outlet, también lo criticas. ¿Cómo crees que saldremos de esta crisis? Eres un tiquismiquis y un cabezota. ¿Cómo quieres que crezca nuestra economía?»
Pero no es que Carles sea tozudo, el verdadero mantra insoportable es repetir y repetir este tipo de pregunta convertida en dogma de fe. Lo que mantiene firme a Carles en sus convicciones, y a muchas personas como él, es impugnar la pregunta en sí misma.
Ciertamente, pienso, nos equivocamos cuando dedicamos tantos esfuerzos a debatir cuál es la mejor fórmula, o la menos mala, para que las cifras económicas repunten. La nueva propuesta de un gran Outlet en Viladecans, es un buen ejemplo para entender qué el error se comete ya desde la casilla de salida, pues una economía de crecimiento perpetuo, además de físicamente imposible en un Planeta limitado, es nefasta.
Imaginamos que se pone en marcha el nuevo centro comercial. ¿Compraremos las personas de la provincia de Barcelona más ropa? Seguramente compraremos la misma, sólo que la novedad y la mucha publicidad que se dedique, hará que el gasto se traslade de los tradicionales comercios de estas poblaciones al nuevo paraíso textil. ¿Se generarán más puestos de trabajo? Pues seguramente los mismos que surjan para cubrir las plazas del Outlet serán los que se destruyan con el cierre de estos pequeños comercios o negocios familiares. ¿Activaremos otras industrias relacionadas con el sector textil? Por supuesto no las de nuestra economía local, pues una de las características de este modelo de negocio, de estas empresas multinacionales del low cost, es importar la ropa de terceros países.
Es decir, la tesis del crecer para crecer, producirá cifras positivas en el balance global pero también traerá lo que se denominan, eufemísticamente, externalidades.
En primer lugar, traerá la destrucción de una parte del tejido comercial independiente, pequeño y familiar, que pasará a unas muy pocas corporaciones. En segundo lugar, con la situación cercana al monopolio que en este sector tienen estas empresas (en todas partes encontramos las mismas tiendas y las mismas marcas), los nuevos puestos de trabajo obtenidos serán de peor condición que los puestos de trabajo destruidos. Y, en tercer lugar, saldrán victoriosas unas empresas –y lo hemos visto y denunciado con el derrumbe de la fábrica textil en Bangladesh y sus más de 400 víctimas- que en su busca para minimizar los costes de producción hacen ojos ciegos a los mínimos derechos laborales de quienes fabrican o cosen sus piezas ‘globalizadas’.
La especulación urbanística asociada a este proyecto o similares, también contabilizará en positivo en el balance contable general, y parecerá que crecemos y que esto es bueno. Pero de nuevo nos faltará una visión más global pues en realidad, el contable encargado de sumar y restar, no podrá valorizar –pues es intangible- cuánto sufrieron las y los pageses que hace veinte años fueron expropiados de sus masías; no sabrá calcular –porque es incalculable- cuánto suma la pérdida de biodiversidad y naturaleza que estos proyectos arrastran o cuánto representa para el mantenimiento de la vida la fotosíntesis de las plantas o el papel de las abejas; y no proyectará –por falta de clarividencia- todo lo que en los próximos años [con un declive en la extracción del petróleo, con el clima cada vez más alterado y severo y con menos tierras y agua disponibles para la agricultura] puede representar tener más zonas agrícolas junto a Barcelona, ofreciendo puestos de trabajo necesarios para proveer de alimentos sanos a la población, a la vez que preservando un paisaje donde, por ejemplo, todavía podemos encontrar 22 especies de orquídeas.
Carles no quiere volver a las cavernas, Carles dice que es una cuestión de saber qué gafas utilizas para mirar el mundo. Cuando unos, con las gafas del crecimiento económico como obsesión, observan que el 60% de las fértiles tierras del Delta del Llobregat están cubiertas de hormigón y cemento, imaginan que no pasará nada si destrozan 6 hectáreas más del suelo agrícola. Con las gafas de la equidad y sostenibilidad, Carles también hace cuentas y dice que hemos sobrepasado los límites. Que el cemento no genera vida, y que bajo el asfalto hay una huerta.
Artículo publicado en DIARI ARA
¿Vuelve la temporada de tormentas?
Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC España
El final de la primavera marca el arranque de la temporada veraniega de tormentas. Sube la temperatura, y cuando menos te lo esperas, un cielo tranquilo se cubre de nubes negras, estallan truenos y rayos, cae granizo y sálvese quien pueda. Y así todo el verano, con el susto en el cuerpo. ¿Meteorología? Qué va. Estoy hablando de economía. De la española, que en los últimos años se enciende cuando llegan estas fechas y nos aboca a un verano tormentoso. Hagamos memoria:
Año 2010: la primavera parecía tranquila, hasta que en el mes de mayo se desataron las primeras tormentas. Ataques de los mercados a los países del sur, Grecia pide el rescate, Zapatero da un giro a su política, las agencias de calificación van quitando peldaños y la prima supera por primera vez los 200 puntos. La temporada eléctrica nos dejó los primeros recortes sociales y una reforma laboral.
Año 2011: la temporada de tormentas se adelanta a abril, con los problemas de Portugal, que acaba rescatada. En mayo regresan los malvados mercados, que no nos darán tregua en todo el verano, llevando la prima a los 400 puntos. La temporada eléctrica concluye con la reforma constitucional pactada entre PSOE y PP.
Año 2012: aunque tras la victoria del PP se nos prometía una temporada de lluvias moderadas, en mayo estalló el vendaval de Bankia, y ya fue un no parar que subió la prima hasta más de 600 puntos ese verano, y que nos dejó un rescate bancario.
Evolución de la prima de riesgo 2012. / Sebastián Lavezzolo
Y llegamos a este 2013. No hace ni dos semanas que Rajoy y sus ministros sacaban pecho: lo peor había pasado, habían salvado a España de un rescate mayor, la confianza regresaba y, aunque ellos mismos empeoraban las previsiones, en adelante todo iría mejor. Hoy esos mismos optimistas deben de estar buscando las botas de agua, chubasqueros y pararrayos, porque en el horizonte empieza a asomar otro verano eléctrico.
Tras los rumores de los últimos días sobre una posible ampliación del rescate bancario, y la alarma lanzada desde la prensa británica sobre la solvencia de España, todo parece indicar que en los próximos días subirá la temperatura y aparecerán nubarrones.
La semana que viene nos visita la Troika, que no se cree que los bancos estén tan sanos como dice De Guindos, y tampoco se fía de que el gobierno haya cumplido su parte del acuerdo, ni que ese invento del banco malo vaya por buen camino. Todos sospechan que los bancos están ocultando mucho crédito dudoso para el que exigirán nuevas provisiones, que obligarían a nuevas ayudas públicas, y la ampliación del rescate.
Una semana después de la visita de la Troika, el 29 de mayo, oiremos las recomendaciones de Bruselas, que tampoco está muy contenta con la marcha de las reformas. Por aquí tocan madera para que no nos abran un expediente por desequilibrios excesivos, y dan por descontado que nos pondrán nuevos deberes, que incluirían otra vuelta de tuerca en pensiones y mercado laboral.
A partir de ahí, el verano puede seguir calentándose por toda Europa: un posible rescate a otro pequeño país ( Eslovenia), las malas previsiones para otros grandes (Francia, Holanda), y los problemas en general de la banca europea que no se han resuelto por muchas ayudas, rescates y dinero barato que le hayamos dado.
Yo ya me estoy preparando para otro verano de sobresaltos como los anteriores, con gritos de “los mercados atacan a España”, la prima disparada, Rajoy escondido, la prensa internacional señalándonos otra vez, y más de un rayo que nos puede alcanzar.
En definitiva, otra temporada de tormentas. Pero vuelvo al principio: no hablo de meteorología, sino de economía. Es decir, política. Si nos golpea otra tempestad este verano, tengamos claro que no se trata de un fenómeno natural incontrolable, no vale resignarse y abrir el paraguas. Si todo eso ocurre es porque hay gobernantes que quieren que ocurra, o cuando menos no hacen nada por impedirlo, y prefieren esperar a ver si escampa.
Artículo publicado en El Diario.
Recrisis
Vicente Soria Díaz – ATTAC – País Valencià
Hace unos días, el economista crítico Eduardo Garzón Espinosa, miembro del comité científico de ATTAC, ofreció un post en Facebook que decía: Ya hay que empezar a distinguir los costes de la crisis de los costes provocados por la respuesta a la crisis (recortes y “reformas”).
Esta sugerente afirmación puede dar pie a una profunda reflexión entorno a la necesidad de elevar a un rango mayor la crítica a la austeridad. El vehículo para conseguirlo podría ser una nueva palabra, que permita recolocar, en el mapa conceptual del entendimiento de crisis, algunos de sus elementos que han quedado anclados en su sentido y que por ello no permitirían progresar en una identificación clara de los mismos.
Dicha palabra, forma escrita de la nueva reconceptualización, podría ser “recrisis”. El prefijo “re” quizá no sea el más preciso, pero dado su uso generalizado aportaría un significado comprensible de lo que se quiere implicar.
Desde el comienzo de la crisis en España entre los años 2007-2008 y hasta día de hoy (mayo del 2013), ha habido fundamentalmente dos grandes tesis en torno a sus orígenes o causas. Por un lado, el discurso neoliberal apuntaba a la excesiva deuda, al manido “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, etc. A día de hoy aún mantienen en la esencia de su identificación de las causas de la crisis, la deuda pública excesiva, o la “herencia recibida” por unas políticas supuestamente diferentes a las del actual PP.
En el otro lado, tenemos a quienes apuntaban a causas probablemente más certeras del inicio de la crisis, como la caída de la demanda o la restricción del crédito. En este lado, a medida que fueron avanzando los meses, se empezó también a apuntar hacia el hecho de que la austeridad agudizaría las consecuencias negativas derivadas de la crisis primaria, es decir, aquellas consecuencias que empezaron a darse como consecuencia directa de la crisis, antes de empezar a aplicar las políticas de austeridad.
Así, fue con Zapatero en mayo del 2010 que se empezaron a fraguar las evidencias del error de estas medidas. A día de hoy, hasta el propio FMI ha reconocido en varias ocasiones que podría ser que la austeridad no era lo más indicado en un periodo de recesión. Esto se hizo patente cuando en otoño del 2012 reconocieron la desviación que podría haber al aplicar su multiplicador fiscal (variando de 0.9 a 1.7 del PIB).
En este sentido, el episodio más reciente que refuerza la crítica a las políticas de austeridad, ha sido el protagonizado por los investigadores de Harvard Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, cuyo trabajo quedó en entredicho el pasado abril cuando el estudiante de doctorado en economía, Thomas Herndon, publicó junto a Michael Ash y Robert Pollin un documento titulado “Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogoff”, donde se evidenciaban errores (incluyendo el uso de una tabla Excel erróneamente elaborada) y manipulación consciente, para obtener unos resultados concretos que justificaran la aplicación de dichas medidas de austeridad, sobre todo allí donde la deuda pública superaba el 90% del PIB.
La crítica a las consecuencias de la austeridad viene siendo cada vez más marcada. Cabría preguntarse pues si no sería útil o deseable empezar a distinguir entre las consecuencias originales de la crisis inicial, de aquellas derivadas de dichas políticas depresivas.
Algunos elementos se solapan, otros no (o puede que no directamente) o son una continuidad de los mismos.
Es esta continuidad la que sería un obstáculo para identificar el punto en el tiempo en el que, con la supuesta aplicación de un modelo alternativo para atajar la crisis, las consecuencias negativas de la crisis inicial habrían cesado o desaparecido.
Podría ser que el sistema se está aprovechando de esta falta de concreción a la hora de identificar una barrera o un límite. Puede que esto esté siendo explotado por la estrategia mediática y discursiva neoliberal. Ello puede que se haga patente cuando todavía hoy, como hemos comentado, hacen referencia a la “herencia recibida”, o que ellos harán políticas distintas de las que “nos han traído hasta aquí”.
Por todo esto quizá convendría empezar a utilizar este concepto de “recrisis”
Con ello se habilitaría, entre otras cosas, el uso de un nuevo marco conceptual para apuntar a otro origen, distinto de la crisis inicial, para los efectos negativos que son cada vez más evidentes.
Ello serviría también para aniquilar algunos de los mantras que aún sostiene la población en general, tales como el clásico “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “que sobran funcionarios”, que “las autonomías y ayuntamientos se han endeudado excesivamente”, que “hemos disfrutado de un estado de bienestar sobredimensionado” etc. a que se estaría señalando directamente, como responsables, a la Troika y al gobierno vasallo del PP como los sujetos ejecutores de tal austeridad.
Al mismo tiempo, la utilización de este concepto inhibe la posibilidad de utilizar de nuevo la austeridad como solución a las consecuencias negativas de la recrisis, ya que es el origen de estas.
Cabría incluso considerar una eventual escisión con el mismo concepto de “crisis” o proponer un menor uso del mismo, ya que las consecuencias directas y originales de ésta han sido “renovadas” o “alimentadas” por la “recrisis” de austeridad. De hecho podríamos estar hablando, por ejemplo, de nuevos elementos tales como parados, dependientes, enfermos y demás, víctimas, no de la crisis, sino de la “recrisis” , y esto sería extensible a otros elementos (consecuencias negativas) que no se hubieran reproducido o no hubieran ni siquiera aparecido, si estas medidas de austeridad no se hubieran implementado.
La identificación de las variables que interrumpirían uno y otro proceso no sería del todo necesaria para justificar la utilidad del uso de este nuevo concepto.
Así, por ejemplo, el dicho de “hay culpables, hay alternativas” se aplicaría, pues, de forma distinta, ya que los culpables de la “recrisis” (es decir, la actual, la nueva crisis, derivada de la anterior y original) sería la Troika, y sus ejecutores el PP. En este sentido el origen de las consecuencias que padece la ciudadanía ya no sería el sistema financiero desbocado, por ejemplo, concepto que por otra parte dificulta (como ha ocurrido) la identificación por parte de la inmensa mayoría del “sujeto visible”.
El nivel de gravedad que está provocando la austeridad casi fuerza al uso de este concepto, o la búsqueda de uno similar.
No deberíamos permitir que la aplicación de la doctrina neoliberal avanzara más rápidamente que la adaptación de un discurso que se enfrente eficazmente a ella.
La lucha desde el propio lenguaje con la aplicación de nuevos marcos conceptuales, puede llegar a ser una poderosa herramienta contra los grandes medios de comunicación neoliberales, cuya omnipresencia se hace patente en muchas de las conversaciones de la calle, convirtiendo a sus mismos interlocutores en víctimas inconscientes del propio discurso que utilizan.
Elaboremos pues un discurso, con nuevos conceptos, que nos ayude a categorizar y a identificar eficazmente los elementos y dinámicas que operan en esta gran estafa.
Vicente Soria es responsable de EducATTAC-PV.
¿A dónde va el 15M? Viento en las velas del movimiento
Juan Carlos Monedero – Consejo Científico de ATTAC España
A todas y todos los que han visto empeorar sus condiciones de vida en estos dos años. A los que han perdido la vida desesperados por la ruina de estos dos años (años acumulados a los anteriores). A los que ven con amargura que al “nos has fallado” de Zapatero le ha sucedido un insultante “os he mentido” de Rajoy. Sabemos que aún no estamos a la altura.Pero las fuerzas se van acumulando. Nada de lo que pasa va al olvido.
La recuperación del coraje democrático
El 15M es, sin duda, lo mejor que le ha pasado a la democracia desde que se murió Franco. Si no parece mucho, será porque tampoco hemos ganado mucho desde que salimos de la dictadura. O será que lo que ganamos lo hemos perdido con la misma vertiginosidad. El que mira siempre está lleno de los propios reflejos.
El 15M es la devolución -con acuse de recibo- a los partidos de la izquierda y también a los sindicatos de la orden de abandonar las calles que dieron en 1977, cuando, con ocasión de los mentirosos Pactos de la Moncloa, nos dijeron que volviéramos al trabajo y a las aulas para que nos consintieran la democracia. El 15M es la devolución a los partidos de la derecha de la orden histórica de interiorizar la ausencia de alternativas a lo existente, para volver a resignarnos como en la larga noche del franquismo o como en el turnismo del siglo XIX. Es también la devolución a Europa de la orden de asumir una Constitución demediada y a un rey socializado en el Palacio del Pardo y en la frivolidad, devolverles a los burócratas europeos el sentimiento de inferioridad sembrado en nuestro país y la exigencia de una inserción en la economía comunitaria que pasa por perpetuarnos como los camareros y los cuidadores de los pudientes y jubilados del continente. Es la devolución a la patronal de sus órdenes de irnos a trabajar a Laponia o a poner copas a Londres, de la pretensión de empresarios sobrados de recuperar el derecho sobre nuestras vidas y, ya de paso, de nuestros cuerpos. De devolver su exigencia de que la enseñanza sea un negocio financiado por todos donde paguemos por lograr en el futuro un trabajo basura y, además, donde nos lobotomicen la capacidad crítica con incienso y, si es menester, alguna que otra hostia. Es la devolución a la iglesia y a la monarquía de la confianza que nunca se ganaron, de su privilegio anclado en tradiciones arcaicas, de su abuso ideológico y de su terrorismo intelectual, de su negación, en suma, a aceptar que los tiempos reclaman un Estado laico y republicano donde la ciudadanía se haga cargo de las riendas de su futuro político -sin dioses, reyes ni tribunos-, malbaratado por unas cúpulas que repitieron demasiado pronto las mañas que dijeron venir a solventar.
El atraso secular de España
El 15M es la expresión del retraso con el que, tradicionalmente, España se ha incorporado a los procesos económicos europeos y mundiales. Su sabiduría ha sido su ignorancia. Y su ignorancia es la que ha permitido lograr cosas que, supuestamente, eran “imposibles”. Ese retraso está detrás del 15M. Es el que ha permitido una respuesta ciudadana ante la pérdida de un bienestar que llegó tarde, que era más débil que el de nuestro entorno y que se fue demasiado pronto. Al tiempo, ha demostrado, con su pie cambiado, la deriva autoritaria y excluyente de Europa, haciendo ver al resto de la ciudadanía del continente que le estaban dando gato neofascista por liebre democrática. Salvo a Alemania, que ya ponía directamente el gato que ya no viste de gris porque lo que ayer se conseguía con los panzer hoy se logra con los préstamos y la troika (aunque en Alemania ya hay disidentes como los hubo en los años treinta). La guerra civil española –donde se juntó la polémica aún pendiente con el antiguo régimen con el auge de los fascismos ante el surgimiento de la URSS y la crisis de 1929 – sirvió en su día para que Europa vislumbrara dónde se encontraba. De la misma manera, el 15M ha sido un espejo donde Europa ha visto todo lo que ha perdido, tanto en términos políticos como económicos. Y, principalmente, todo lo que puede perder. Cuando se deja de redistribuir la renta, la cesión de la gestión política a las cúpulas de los partidos estalla como algo negativo, aún más cuando el desarrollo de Internet ha generado un funcionamiento horizontal que enseña esa metodología al resto de ámbitos sociales. Las crisis del capitalismo se gestionan más fácilmente en pueblos analfabetos y sin capacidad de comunicarse.
El 15M surgió porque el modelo neoliberal agravó las condiciones de los sectores más débiles y, al tiempo -porque ya no bastaba con los excluidos de siempre- expulsó de los derechos de ciudadanía a las clases medias. Esta novedad histórica permitió que se encontraran los beneficiados del Estado social con sectores tradicionalmente subordinados, construyendo una ventana de oportunidad política que construye una potencial alianza con posibilidades reales de cambiar las cosas. La sociedad se proletarizó, y trasladó su condición de clase media –con estudios, familiaridad con las nuevas tecnologías, pacifismo, experiencia viajera e idiomas- a esa nueva situación de empobrecimiento y mal trato que le generó una alta indignación.
Las contradicciones insolubles del modelo (o de la corrupción como consecuencia de la crisis económica)
El modelo neoliberal genera, como diría el clásico, sus propios sepultureros. La internacionalización del capital, la desregulación financiera, la deslocalización, el poder de las grandes empresas multinacionales –los 35 empresarios hispánicos que entrega una carta al rey para que, a su vez, se la entregue al presidente del gobierno- y el mantenimiento de la tasa de ganancia de las empresas sostenido sobre los hombres de las mayorías –en forma de desposesión de bienes y derechos sociales, de robo de la vivienda, de abaratamiento de la mano de obra o de rescates públicos- necesariamente expulsa, cuando menos, a un tercio de la población, que ve en un plazo muy breve cómo su calidad de vida se ve radicalmente cuestionada (aunque si sumamos al 26% de desempleo, la emigración y la gente que ya está fuera de las estadísticas, el porcentaje aumenta).
En tiempos de recortes y pérdida de calidad de vida, la vida desahogada de las élites políticas pasa a primer plano. Las necesidades generalizadas invitan a la delación, pues la avidez crece y la discriminación aumenta. Es entonces que la corrupción política aparece en todo su esplendor. No porque haya más que en otros momentos –la corrupción es el lubricante del sistema-, sino porque, al haber menos para repartir, los que se quedan fuera denuncian, al tiempo que los que siempre han estado fuera y antes toleraban ahora se indignan y dejan de hacer la vista gorda. El hombre nuevo es el hombre viejo en nuevas circunstancias. Y ésas todavía no han llegado.
La crisis económica ha abierto los ojos a la crisis política. De pronto, todas las peleas puntuales parecen unirse en un hilo rojo donde, como siempre en la historia de este país llamado reino de España, una amplia mayoría está en un lado, reclamando la emancipación, y una minoría, en el otro, reclamando resignación y, en su caso, mano dura. ¿Las dos Españas? Una mentira mil veces repetida. En un lado, el grueso del país. En el otro, los publicistas (ahora, los medios de comunicación y sus columnistas y tertulianos), la cúpula de la iglesia y sus soldados catecúmenos, la monarquía, los banqueros, los terratenientes (ahora constructores e inmobiliarias) y los grandes empresarios. También los jueces, los notarios y los registradores de la propiedad, junto a sectores de la alta oficialidad del ejército y de la policía. No faltará algún que otro catedrático de universidad y alguna tonadillera, los consabidos mercenarios extranjeros y las familias reales europeas.
Las renuncias tácticas como renuncias estratégicas
Hubo un tiempo, durante la transición, que la izquierda quiso participar, como fuera, del aparato del Estado (me refiero al Partido Comunista). Creía que, desde ahí, iba a conquistar pasos esenciales hacia el socialismo. Por eso asumió la monarquía, la bandera, los políticos franquistas, la renuncia al castigo a los golpistas (como acaban de hacer en Guatemala con Ríos Mont), las bases norteamericanas, el papel de la iglesia, una Constitución donde los derechos sociales estaban impedidos y donde la democracia participativa estaba ausente. Hoy sabemos que eso era una ingenuidad. Al igual que, hoy, sería algo peor que una ingenuidad que el 15M se convirtiera en un partido político. Durante la transición, las exigencias de Santiago Carrillo pudrieron no pocos desarrollos. ¿Y hoy, quién exige?
Medir mal los tiempos es igual que equivocarse. Nunca los cambios han nacido como una alternativa directa al poder. Primero precisan agotar el momento destituyente, demostrar que las instituciones vigentes han agotado su ciclo, demostrar la inanidad de esas personas que aplauden que la Pantoja no entre en la cárcel o que la Infanta Cristina no vaya, por ahora, a juicio. Convencer a esas personas que votan al PP porque ya no pueden votar al PSOE y que están esperando a ver si pueden votar al PSOE porque ya no pueden votar al PP. Hacer ver a la gente que la nueva formación política que nazca no quiere asumir responsabilidades para ofrecer lo que ya no pueden otorgar ni el PSOE ni el PP con sus apoyos puntuales en CiU y el PNV o, llegado el caso, UPYD. Antes de crear un partido político hay que crear el movimiento social que necesite un nuevo partido político. Y el instrumento para convencer a la gente no es, precisamente, un partido político.
El 15M como repolitización en una democracia de baja intensidad
El 15M vino para ayudarnos a pensar, justo cuando habíamos hecho nuestro el lema que la Universidad de Cervera mandara a Fernando VII (“Lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir”). El 15M no era una respuesta, sino una pregunta. Una pregunta a la democracia representativa, tan poco democrática ella (“Qué tontos los ingleses –decía Rousseau en El contrato social- que creen que son libres porque votan cuando sólo son libres una vez cada cuatro años”). Y una pregunta a un modelo económico que nos volvía a convertir en mercancías, ahora de la mano de banqueros y de sus empleados en el gobierno y en las cúpulas de los partidos políticos. El 15 M vino a politizarnos. Y politizar es inyectar conflicto. Y aquí estamos, conflictivos, desobedientes, indignados, sabiendo que, de pronto y sin avisar, el hielo se va a resquebrajar y debe encontrarnos organizados. En esas andamos. Sin saber lo que queremos pero sabiendo lo que no queremos.
El 15M no ha ganado ninguna guerra, pero ha ayudado en todas las batallas. Igual que el mercado es una poderosísima herramienta que asigna recursos y precios de manera vertiginosa, el 15M asigna conciencias y brazos a todas las posible peleas de la emancipación. El sistema puede prever dónde se moverá la indignación pero no podrá hacer gran cosa para impedirlo, pues ese espacio está construido por todas las teselas de insatisfacción que, juntas, conforman el mosaico de la alternativa.
Es el sistema el que cava su trinchera. Tiene la ventaja de que la proporción de “norte” que nos ha correspondido hace a una parte de la población conservadora de su pequeño privilegio. No es tiempo de pesimismos, pero tampoco de optimismos. Es tiempo de optimismos trágicos o de pesimismos esperanzados. No es fácil, pero errar promete el infierno y acertar, cuando menos el purgatorio. El 15M va a seguir impulsando todas las protestas que no puedan ser usurpadas por una lógica partidista. No está escrito, sin embargo, que su éxito esté garantizado. Es el necesario pesimismo. A dos años del 15M, el incremento de conciencia, a día de hoy, ha dejado más espacio libre a los indigentes intelectuales y morales de la derecha que nos gobiernan. De nada servirá esta explosión de dignidad popular si no se canaliza hacia posibilidades de cambio. En 2011, el 15M tuvo éxito porque carecía de liderazgo, de programa y de estructura. Ahora corresponde impulsar “liderazgos” (en plural) que rebajen incertidumbre y generen credibilidad ciudadana (el caso de la PAH es evidente en ese aspecto). Toca construir un programa de mínimos compartido que demuestre la irrelevancia del régimen de 1978. Y es hora de articular alguna forma de organización que haga las labores de sutura entre la democracia representativa –inevitable en el corto plazo- y las exigencias de participación popular. Adelantar un partido es un gran error, pues no tiene sentido un partido si todavía no se ha logrado convertir en sentido común la decadencia del régimen de la transición. Las carreras aquí son tropiezos prometidos desde ya. Es tiempo de resistencias que exacerben las contradicciones del sistema. De formas de organización alternativas que demuestren la virtud de otras maneras de hacer las cosas. De reflexión y debate camino del nuevo régimen que sustituya al caduco y lacerante que ahora padecemos. Un proceso constituyente, que devuelva al pueblo su condición de soberano, parece que va en la dirección correcta.
El 15M sabe su lado. El 1% también. Falta que el otro 90% decida dónde poner su esfuerzo. Hay viento en las velas. Se trata ahora de orientarlas.
Dos años después
Luis García Montero – Comité de Apoyo de ATTAC España
La discusión política tiene hoy rumor de plaza. Hace dos años una multitud, sobre todo joven, pero con el aplauso de muchas edades, salió a la calle y acampó en la Puerta del Sol. Quiso llevar la protesta y la solidaridad a un lugar público. Los sentimientos pasaron del salón de estar a la plaza. Y ese fue un paso importante para humanizar la política.
En la tradición española, la palabra familia tiende a identificarse con el pensamiento tradicionalista. El Ministerio de Justicia, en su empeño de cambiar el Estado social por un Estado penal, resulta hoy un buen ejemplo. La familia parece conducirnos a las viejas ideas clericales sobre el sexo, la maternidad, la educación y el papel doméstico de las mujeres. Pero la crisis ha marcado un sentido distinto para la familia. Ahora destaca la solidaridad necesaria en los tiempos difíciles. Se trata de jóvenes que viven con la pensión de los abuelos, de abuelos que llegan a fin de mes con la ayuda de los jóvenes, de gente capaz de sentir al otro con una vocación de fraternidad. Este proceso se puso en marcha en las salas de estar. Y de pronto un día se convirtió en acontecimiento, salió a la calle y ocupó las plazas.
Todo se quedó viejo y pálido, porque la política rejuveneció de golpe. Son posibles muchas interpretaciones del 15-M, cada partidario y cada crítico tiene la suya. Pero creo que conviene reconocer unos hechos objetivos que han calado en la opinión pública. Lo que antes vivía en pensamientos alternativos, hoy se ha generalizado en las discusiones configurando una nueva mayoría en el criterio, un sentido común diferente. Dos años después, quiero destacar 5 cosas que le debemos al 15-M.
1.- La exigencia de una democracia real. La libertad supone algo más que el rito de una jornada electoral cada 4 años. Si las instituciones se separan de los ciudadanos, si la España oficial se desentiende de la España real, la democracia enferma de frío. La exigencia de una democracia participativa, transparente, no secuestrada por las cúpulas de los partidos, se extendió por la polis y se hizo política.
2.- La denuncia de la rutina bipartidista, o el pido en la oposición lo que olvido en el Gobierno y tiro porque me toca. El bipartidismo se había acomodado no ya en una ley electoral falsificadora, sino en el poder judicial, en los medios de comunicación, en las discusiones de bar y en el supermercado de las corruptelas. Hablar de política no fue después del 15-M la escenificación de la pelea y el tú más entre el PSOE y el PP. Empezamos a hablar de otras cosas. Por ejemplo, de una ley hipotecaria despiadada y de una fiscalidad al servicio de las grandes fortuna y de los ingenieros del fraude.
3.- La reivindicación de la política. Quiero decir, la reivindicación de una política no privatizada por los Bancos y los poderes financieros. La denuncia de un sistema agresivo llamó la atención sobre los culpables. La inercia de arremeter contra Zapatero o Rajoy fue menos importante que el deseo de fotografiar a los banqueros y a los especuladores con las manos en la masa. Exigimos una política que detenga los desmanes de la economía.
4.- La pérdida del miedo. El Estado penal, heredero de la amenaza franquista, tiende a criminalizar a las víctimas. Convierte a los ciudadanos en sospechosos mientras les roba todos sus derechos. El 15-M se negó al miedo y al silencio, no aceptó la criminalización. Nos ha recordado que la lucha da frutos cuando se levanta en marea, cuando activa la conciencia pública. Desde los años finales del franquismo no se vivía en España una movilización tan importante contra las injusticias del poder.
5.- La puesta en duda del ciclo histórico de la Transición. El cuento de hadas que perpetuó la oligarquía financiera y empresarial del franquismo está quedando socialmente deslegitimado. La caricatura de los jóvenes como habitantes del botellón había sido un síntoma más de una forma muy interesada de leer la historia. El cuento era este: los jóvenes de España se habían dedicado a la política cuando el país sufría los problemas del subdesarrollo. Conseguida la democracia formal y la integración en el capitalismo europeo avanzado, se acabaron los problemas y los jóvenes se dedicaron a consumir y pasar… Otra mentira. No se habían acabado los problemas, la debilidad democrática de la Transición pasó factura, el cielo se llenó de nubes negras con poco pan y mucho chorizo.
La plaza dejó de ser el territorio del botellón, volvió la ilusión política, se perdió el miedo. Se denuncio un sistema económico injusto, la democracia degradada y la privatización de la política.
Aquellos que proclaman ahora la muerte del 15-M no hacen más que despeñarse en las encuestas. Hoy no sabemos si surgirá una nueva voz, una alternativa electoral, un horizonte distinto. Lo que sí se sabe es que nuestra mermada política tradicional ya no nos sirve. Necesita por dentro y por fuera una mano de pintura, a ser posible de luz enrojecida como el color del cielo de Madrid en los amaneceres y los atardeceres de la Puerta del Sol.
Artículo publicado en Diario Público.
Imaginando un ingreso garantizado para todos
José A. Pérez — ATTAC Madrid
Un ingreso garantizado es la solución social a la precariedad y la pobreza creadas por el desempleo. Máxime cuando tenemos un Gobierno que ha reconocido que sus políticas de recorte y regalo de dinero público a la banca conducirán a mucha más gente al paro.
Sobre la conveniencia y oportunidad de un ingreso universal garantizado, comúnmente denominado Renta Básica de Ciudadanía, hemos hablado con frecuencia en esta bitácora. Rescatando de la memoria la figura de Thomas Paine, que fue el primero en sentar los principios de filosofía política que sustentan la propuesta.
Para escuchar otras voces a favor de este tipo de renta, nada mejor que leer el número de mayo de Le Monde diplomatique. Bajo el sugestivo título “Imaginar un ingreso garantizado para todos”, la revista incluye un amplio dossier al respecto.
La Renta Básica no figuraba entre las inquietudes de Karl Marx, al que traigo a colación por la aguda observación que nos dejó en la undécima de sus Tesis sobre Feuerbach y que en la germánica lengua dice así: Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kömmt drauf an, sie zu verändern. Lo que, traducido para quienes no hablan el alemán ni siguiera en la intimidad viene a decir: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”
Así que apliquémonos el cuento y empecemos a transformar el mundo por lo más cercano. Un ingreso garantizado es la solución social a la precariedad y la pobreza creadas por el paro. Sobre el empleo, ese artefacto que canaliza socialmente el trabajo —potencial de energía y capacidad creadora de la persona— que inventen ellos. Los que degradaron ese potencial y lo convirtieron en campo de dominación de los empleadores sobre los desempleados.
Mientras ustedes se lo piensan, un servidor coge su mochila y se larga al monte. Como ya expliqué en su día, hay vida más allá del empleo.
Desabastecimiento en Venezuela: ¿de productos, ideas o decisiones?
Juan Carlos Monedero – Consejo Científico de ATTAC España
Los que conocen América Latina saben que la noticia en el continente no es que los ciudadanos hagan cola en los supermercados para adquirir pollo o azúcar y que la ausencia de papel higiénico no es un drama que convoque a un concierto de solidaridad en Lima. Desgraciadamente, el problema es que la gente no ha tenido nunca posibilidad siquiera de acercarse masivamente a los supermercados. Una parte importante del continente sabe de las compresas, a lo sumo, por los anuncios de las televisiones privadas, no porque haya tenido nunca capacidad adquisitiva para alcanzar ese espacio de comodidad y seguridad femeninas. Lo digo porque uno de los videos que airea la oposición ha escogido el tema de la falta de compresas como señal evidente de los males del “comunismo” (de dónde saca la oposición venezolana dinero para hacer tantos anuncios tan caros, sigue siendo un misterio). Los problemas en América Latina, aun siendo un avance sustancial tener acceso a todos los productos de higiene necesarios, siguen siendo, desgraciadamente, más urgentes. Como dijo en su día Lula, la revolución en América Latina significa comer tres veces al día. Cuando tienes resueltos los elementos esenciales de la supervivencia viene el resto. Es una buena noticia que la ciudadanía venezolana proteste reclamando los avances que va logrando.
Hoy, cuando los estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid están encerrados en el Rectorado porque van a ser expulsados por no poder hacer frente al último pago de la matrícula, volvemos a encontrarnos con noticias catastrofistas acerca del “desabastecimiento” en Venezuela. Cierto que allí los estudiantes universitarios no protestan (Venezuela tiene el segundo mayor número de estudiantes universitarios de toda América Latina), pero a los medios españoles les parece conveniente reseñar noticias de aquel país antes que del nuestro. ¿Acaso no es más relevante carecer de suficiente papel higiénico en comparación con tener a uno de cada dos jóvenes en paro? ¿No es más instructiva la foto de la gente haciendo cola en un supermercado caraqueño que la de un nuevo desahuciado que se quita la vida en Murcia? Pero que nadie se engañe: lo importante de que haya problemas con algunos productos en Venezuela tiene sentido solo si los medios de comunicación de Europa lo reseñan a bombo y platillo. Hay una parte de todo esto que es una estrategia. Recuerda demasiado al desabastecimiento en el Chile de Allende previo al golpe de Estado.
Que en el país caribeño y petrolero hay cuellos de botella puntuales en el acceso a algunos bienes no es una novedad, especialmente cuando una parte importante de la población ha subido de nivel social y tiene la posibilidad de alimentarse como no lo había hecho en los últimos cuarenta o cincuenta años. Dicho esto, es igualmente cierto que no hay ninguna razón de peso para que determinados productos no estén en los estantes de los supermercados de un país que no tiene problemas económicos (recordemos que Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo). ¿Qué está pasando entonces?
Tres asuntos están detrás de los problemas que ha habido estos días con la harina, el aceite, el azúcar, el pollo o algunos productos higiénicos. En primer lugar, es evidente que el desabastecimiento forma parte de la estrategia de desconocimiento del resultado electoral del 14 de abril por parte de la derecha venezolana. Son los mismos que no reconocen al Presidente Maduro –pese a que toda la comunidad internacional, salvo EEUU, lo ha hecho, y pese a que la auditoría del CNE demuestra una coincidencia del 99,98% en los datos- quienes están colaborando en crear esa ausencia de productos con una triple intención: debilitar al gobierno, subir los precios regulados de algunos bienes y arrancarle más dólares subvencionados que les permita seguir importando bienes que luego ponen en el mercado venezolano a precios desorbitados (estas dos últimas cosas ya las han conseguido en estos dos últimos días). La condición importadora de Venezuela, herencia de su condición de país rentista, sigue dando un peso desorbitado a los grandes empresarios de la distribución.
En segundo lugar, el clima de zozobra creado por la oposición (que, recordemos, ha sacado un altísimo resultado electoral), aireado hasta el paroxismo por los medios de comunicación (más del 80% de los medios de comunicación en Venezuela están en manos privadas), genera una situación de inquietud que invita a compras muy por encima de las necesidades incluso mensuales. Si mañana todos los españoles fuéramos a comprar la leche que consumimos en un mes, es bastante probable que hubiera unos días con desabastecimiento en las tiendas. Los medios llevan dos meses creando un clima que pareciera de guerra civil –que en absoluto se corresponde con la realidad- pero que lleva a mucha gente a acaparar por culpa del miedo que se genera.
Hay una tercera razón, no menos relevante, cuya responsabilidad corresponde enteramente al gobierno bolivariano. Es un problema acumulado en los 14 años de “revolución” y que reclama una solución urgente si no se quiere poner en peligro un proceso que se juega en cada elección avanzar o fracasar. El aumento de la capacidad de consumo de los venezolanos (en estos años, la pobreza se ha reducido a la mitad) no ha venido acompañado del incremento de la capacidad productiva interior suficiente para cubrirlo (pese a que se han intervenido 7 millones de hectáreas para hacerlas productivas). Esto ha determinado que ese incremento del consumo ha sido en buena medida importado. Mientras el consumo per cápita creció en promedio 3.7%, la producción ha aumentado solamente el 0,8%. Igual ocurre con el crecimiento de la agricultura, muy por debajo en su participación en el PIB de lo que debiera (está en el 4’5% cuando debiera llegar, cuando menos, al 12%).
Desde 2003 existe en Venezuela un control de cambios que lleva a que sea el gobierno quien entregue los dólares necesarios para la importación. Esta medida fue tomada por Chávez durante el paro patronal debido a la salida masiva de capitales del país que lo amenazaban con su hundimiento (los ricos siempre tienen esas herramientas al margen de las urnas). Hay consenso en Venezuela de que el control de cambios ya no es útil, entre otras razones porque el gobierno entrega dólares a 6,30 bolívares y los importadores luego etiquetan los productos importados como si los hubieran pagado a 25 o 30 bolívares (el precio que alcanza el dólar en el mercado negro). El precio del dólar oficial es papel mojado para los especuladores en Venezuela. Al mismo tiempo, una ineficiente burocracia es incapaz de frenar los abusos de los especuladores, sin contar con que también existen sectores corruptos en la administración contra los que no se termina de actuar contundentemente.
Igualmente hay un control de precios finales, que ha intentado frenar la inflación y la especulación, pero tampoco han funcionado pues de nada sirve fijar el precio final de un producto si no se fijan también los precios de las materias primas, de la maquinaria y demás insumos (lo que puede desembocar, como ha ocurrido en no pocas ocasiones, en que no era rentable producir, fomentándose las importaciones). La ineficiencia no solamente es la que está detrás de la corrupción, sino también detrás de comportamientos que a veces hacen inútil el esfuerzo económico encaminado a pagar la deuda social que padeen aún los sectores más humildes.
Los empresarios presionan para que la entrega de dólares que otorga el gobierno fluya más deprisa (el negocio del siglo en Venezuela: aunque importaran contenedores de piedras se enriquecerían desmesuradamente) y para que desaparezcan los controles de precios (lo que dispararía la inflación aún más). En definitiva, el gobierno “rumbo al socialismo” está financiando a los empresarios importadores y a los especuladores, es decir, está enriqueciendo al sector menos productivo de la economía venezolana.
El apretado resultado que alcanzó el Presidente Maduro después del duro golpe que supuso la desaparición de Hugo Chávez exige al gobierno bolivariano respuestas decididas. Es difícil sentar las bases de la transición al socialismo con las armas melladas de una economía rentista y sometida a los estímulos desmesurados de la corrupción y la especulación. En España, la disciplina fiscal empezó cuando apareció en los periódicos Lola Flores esposada por defraudar a hacienda. Venezuela necesita mano dura contra los acaparadores, contra los especuladores y contra los corruptos. Necesita activar de manera más decidida los controles populares para frenar los comportamientos económicos lesivos para el conjunto, en primer lugar la inflación (mucho más problemática que la ausencia de papel higiénico). Y necesita poner en marcha una política económica que, al tiempo que garantiza el crecimiento del PIB (como ha sido el caso de estos años), logra que ese crecimiento sea “de calidad” (en expresión del economista Víctor Álvarez), fomentando la producción interna y dejando de subsidiar las importaciones. Y para ello, la política fiscal, estimulando un tipo de comportamientos y castigando otros, es esencial, como bien sabemos para nuestra desgracia en la Europa de la austeridad.
Todos los logros sociales que está alcanzando Venezuela, tanto dentro del país como en forma de impulso político en el continente, no pueden ponerse en almoneda por una mala gestión económica de no tan difícil solución. La Venezuela bolivariana necesita una gestión más sensata. Hace falta un esfuerzo decidido en la formación de servidores públicos capaces, concienciados y estables (¿por qué sigue vigente en “revolución” esa costumbre insalubre de cambiar todos los cuadros de una institución cuando cambia el titular, aun siendo del mismo signo político?). Un gobierno cohesionado y un cuerpo de funcionarios que ejecuten ese Plan de la patria 2013-2019 aprobado en dos elecciones. Venezuela sigue teniendo pendiente hacer gestores socialistas y hacer socialistas a los gestores. El socialismo también reclama eficiencia. Y la eficiencia hoy es tan revolucionaria como ayer lo era el asalto al palacio de invierno. El socialismo del siglo XXI necesita ser austero, pero no quiere tener nada que ver con ninguna escasez que no decidan los pueblos. Y el pueblo de Venezuela, a día de hoy, aún no ha decidido en esa dirección.
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
- 6
- 7
- 8
- 9
- …
- nächste Seite ›
- letzte Seite »
