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Venezuela después de Chávez: reinvención de la revolución e involución de la oposición
Juan Carlos Monedero – Consejo Científico de ATTAC España
Dice la ciencia política que uno de los ejemplos más claros de profecía autocumplida tiene que ver con las encuestas y los resultados electorales. Si dices que votar a un partido es inútil, termina siendo inútil porque nadie lo vota. Un escenario contrario -wishfull thinking- tiene que ver con el optimismo desmedido que no ayuda a hacer buenos análisis. Si afirmas que vas “sobrado”, ¿para qué tomarse la molestia de ir a votar? El chavismo se ha confiado, mientras que la oposición ha sido capaz de recuperarse de la depresión de octubre (cuando Chávez sacó 11 puntos al ahora de nuevo derrotado líder de la oposición Henrique Capriles) y de diciembre (donde el chavismo ganó 20 de las 23 gobernaciones del país).
Los resultados electorales no confirmaron las encuestas (que daban una horquilla al candidato chavista entre 8 y 15 puntos y una fuerte bajada en la participación), pero han dado la victoria a Nicolás Maduro. Siete millones y medio de venezolanas y venezolanos han apoyado una candidatura claramente comprometida con la transición al socialismo. 275.000 votos más que los recibidos por la derecha, una ventaja de 1,8 puntos. Con dos modelos radicalmente confrontados. Sin medias tintas. Con todo lo que eso significa.
Después de 14 años de gobierno (y el desgaste que eso siempre conlleva), con problemas aún por resolver y con una ofensiva de la derecha en todos los frentes (incluidos los sabotajes eléctricos y el desabastecimiento, que tan terriblemente conoció el Chile de Salvador Allende). Los tristes medios de la derecha mundial -prácticamente todos los diarios en papel- apostaron por la victoria de Capriles. ¿De dónde la sacaban? En verdad, de ninguna fuente fiable, pero parecía más importante desanimar al “chavismo” o, incluso, sembrar sospechas de un posible fraude cuando se anunciara el resultado. La honestidad y la objetividad se la cambiaron los medios a un buhonero por unas acciones en la bolsa. Hace tiempo que, en el mundo occidental, ni los tomates tienen sabor, ni los programas electorales se cumplen ni los medios dicen la verdad.
El regreso de la oposición a los fueros golpistas de 2002
Por eso tampoco extraña el no reconocimiento por parte de la oposición de la victoria de Maduro. La llamada Mesa de la Unidad está compuesta por 27 partidos, unidos solamente por el objetivo de sacar el chavismo del Palacio de Miraflores. Malviven ahí partidos de izquierda marxistas (bandera roja) con posiciones de corte neoliberal y autoritario (Primero Justicia, el diario El Nacional, María Corina Machado), sin faltar los emblemáticos partidos que hundieron en los ochenta y noventa a Venezuela (AD y COPEI).
La negativa a reconocer la victoria de Maduro fue acompañada inicialmente sólo por dos países (curiosamente, los mismos que reconocieron al golpista Carmona en 2002), aunque ante las amenazas a la posición económica de empresas como Repsol, el Gobierno del Partido Popular del Reino de España dio de inmediato marcha atrás, dejando en solitario al gobierno golpista norteamericano (¿tenemos que recordar el papel de EEUU en Honduras?).
Sin embargo, la estrategia de Capriles tenía buena música: ¿qué problema hay en contar todas las papeletas si hay evidencias de fraude? En realidad, dos problemas. Primero, las evidencias de fraude son falsas, al menos las más publicitadas por Capriles. En la más emblemática (la votación en una pequeña ciudad, Cuica), mostró el dirigente opositor ante los medios una totalización donde habría 700 votos y tan sólo 500 votantes. Claro caso de fraude, dijo Capriles sin que le temblara la voz. Salvo que el mentiroso líder de la derecha no decía que en esa población había dos mesas -no una- con 500 electores cada una de ellas. Esto es, 1000 electores. Por tanto, los 700 votantes lejos de invalidar ningún resultado mostraban la consistencia del dato.
Igualmente cuando mostraron fotos de la supuesta destrucción de material electoral (incluso en la portada de un diario), lo que soliviantó los ánimos de los votantes de la oposición. Con la salvedad de que la foto era de destrucción de material realizada en 2010. Igual cuando el periodista Bocaranda apuntó en twitter que en un Centro de Diagnóstico Integral (CDI) se estaban escondiendo y destruyendo urnas y papeletas (el CDI fue asaltado y los médicos golpeados). Sinvergüenzas. O mercenarios. Porque eso no es un error.
El 100% de la observación internacional ha validado el resultado. El Centro Carter ha dicho que el sistema electoral venezolano es el más fiable del mundo. Sin embargo, Capriles quiere regresar al conteo manual, precisamente el que superó la Constitución bolivariana de 1999 porque era ahí donde se pervertían las elecciones y donde la experticia en el fraude de AD y COPEI consolidaba el reparto del poder en Venezuela en un turnismo de truhanes. Además, Capriles hizo la petición en los medios de comunicación, no presentando el recurso pertinente donde correspondía.
Más ruido. ¿Cómo iba a responder el Tribunal Supremo -su sala electoral- o el Consejo Nacional Electoral (CNE) si no había recurso? Capriles sólo estaba interesado en el ruido y la furia. Finalmente presentó la petición y el CNE aceptó una auditoría del 100% (ya se había hecho, por ley, del 54%). Auditoría, que no el conteo manual que deslegitimaría indirectamente el modelo consagrado en la Constitución. El resultado va a ser el mismo. Pero el ruido ya está hecho, aún más con la miserable colaboración de los medios de comunicación de todo el mundo que han ayudado a confundir a las gentes de bien.
Además, la irresponsable actitud de Capriles llamando a sus seguidores a la calle ha dejado a ocho chavistas asesinados, varios Centros de Diagnóstico Integral devastados, asedios a medios de comunicación, palizas a militantes de partidos chavistas, destrucción de sedes del PSUV. La piel de cordero mostrada durante las elecciones se cayó pronto y se mostró el mismo rostro fascista -autoritario, violento, excluyente, racistas y clasista- que esos mismos actores políticos que hoy dirigen la oposición venezolana mostraron durante los breves días del golpe en 2002. No han conseguido sus propósitos, han reforzado a Nicolás Maduro, han asustado a muchos de sus votantes (tirando a la basura el mejor resultado conseguido nunca por la oposición) y han demostrado que los descontentos con el chavismo todavía tienen que hacer un esfuerzo más para encontrar la dirigencia que los represente con algo más de dignidad. Lo que los lectores de cada país hagan con los medios que los han engañado ya corresponde a otro negociado.
El recuerdo de Chávez y su reconocimiento póstumo
Las elecciones han estado marcadas por el recuerdo del Presidente Hugo Chávez y su petición del 8 de octubre pasado, antes de partir a su última y fatal operación en Cuba, de que el pueblo apoyara, llegado el caso, a Nicolás Maduro. Algunas encuestas apuntaron que en torno al 48% de los que iban a votar a Maduro lo harían por la continuidad del proceso. El 37% porque así lo había pedido Chávez. La derecha apuntaba a que, desaparecido el “Comandante”, desaparecía la V República. Una buena parte de los analistas -muy poco analíticos, por cierto- estaban igualmente convencidos de que la Venezuela bolivariana era la aventura de una persona. Si la verdad no se parece a sus teorías, peor para la verdad.
El pueblo de Venezuela ha dado una gran lección: el amor por Chávez tenía mucho que ver con su persona, pero no menos con un proyecto. Maduro ganó las elecciones de este 14 de abril con un margen superior o similar al que sacó Kennedy a Nixon, Calderón a López Obrador o Aznar a Felipe González. Cierto que la oposición ha sacado su mejor resultado. Pero ha perdido. Y, como en tantas otras ocasiones, se niega a reconocer el resultado. ¿Qué ocurriría si el resultado hubiera sido al revés?
Chávez tenía que morirse para que muchos venezolanos entendieran quién fue su Presidente. En Caracas se convirtió en un lugar común en estos días de elecciones–repetido por muchos observadores- encontrarse gente contraria al Presidente Chávez, que nunca votó por él y que, sin embargo, manifestaban sentirse estafados por la oposición por haberles negado la posibilidad de haber conocido mejor al líder de la revolución bolivariana. En conclusión, iban a votar por Nicolás Maduro. Ciudadanos normales a los que se les abrieron los ojos con el espectáculo de diez días con centenares de miles de compatriotas haciendo interminables colas para despedir al Comandante. Con países, algunos supuestamente enemigos, declarando luto por la muerte del dirigente de otro país. Con la ONU o la OEA celebrando exequias. Con las portadas del mundo abriendo con el Presidente Chávez y desplazando del centro de atención al Papa y su cónclave. Es verdad que este hecho ocultaba otro no menos real: la existencia de gente cansada de los errores de los Gobiernos bolivarianos. Y otro que ha sido una constante: los sabotajes eléctricos, la colaboración empresarial en el desabastecimiento y la voluntad especuladora que hay detrás de la inflación. La Venezuela chavista se confió pensando que bastaba el dolor hacia Chávez para triunfar sobrados en las elecciones.
El legado de Chávez
Con el cadáver aún caliente del Presidente, surgió la pregunta acerca del legado de Chávez y el futuro de Venezuela. Un debate urgido, además, por la cabriola hecha por el candidato de la oposición, Capriles Radonski –derrotado contundentemente en octubre por Chávez- declarándose chavista desde chiquitito y pidiendo el voto para su persona “para que Maduro no eche a perder lo que hemos ganado estos 14 años”. Sin que le temblara una pestaña. Si en las campañas electorales no es normal sacar lo mejor de cada uno, Capriles quizá haya exagerado en esta ocasión.
Maduro ha sido, en el tremendo reto de sustituir a Chávez, él mismo. Un trabajador -conductor de autobús- formado en veinte años de trabajo político. Capriles, una marioneta de quienes le trazan su destino. La victoria de Maduro es la garantía de orden en la región. Chávez puso su inteligencia política en señalar a quien mejor podía continuar su tarea. Más de la mitad ha estado de acuerdo. Casi la otra, ha preferido optar por Capriles. 14 años parecen ser pocos para que un pueblo cambie su mentalidad rentista. Sin olvidar algo que bien entendió la finada Margaret Thatcher: aunque hagas a alguien propietario, no le estás generando conciencia social solidaria.
El amor y el odio por Chávez queda marcado en la propia República. Tiene que ver con su coherencia desde 1992, cuando se levantó en armas contra la IV República y asumió toda la responsabilidad del alzamiento. También por su apuesta por los pobres cuando la desaparición de la URSS parecía mandar a la izquierda al basurero de la historia. Y en no menor causa, por el coraje de no temer enfrentarse a los Estados Unidos y sus empleados en las sucursales nacionales que condenaron a América Latina a un par de siglos de soledad.
Por las consecuencias de todo eso –donde brilla la más intensa integración latinoamericana del continente que nunca ha habido- Chávez ha sido, seguramente, el más importante estadista del continente en los últimos 50 años. ¿Quién si no podría impulsar UNASUR, la CELAC y el ALBA? ¿Quién podría impulsar un proceso de paz en otro país, como está ocurriendo con las FARC y el gobierno colombiano? ¿Quién podría devolver a América Latina el orgullo y la soberanía de la patria grande? ¿Quién podría devolver al continente el Caribe, expulsado a las tinieblas de la periferia en lenguas ajenas al común de a zona? Y así lo han entendido en muchos lugares. Sobre todo en Venezuela. Chávez ya pertenece al mundo del mito. Y ese mito va a acompañar la gestión de Maduro a partir del día 15 de abril.
El chavismo: una gramática construida en la práctica
El pensamiento de Chávez lo construyeron sus enemigos. Al menos, como decíamos, desde 1992, cuando se levanta contra el gobierno corrupto y represor de Carlos Andrés Pérez. En la memoria, el Caracazo, la represión militar del pueblo desesperado. Hambre y represión. En un situación similar ¿no tendría incluso la ordenada Europa sus Chávez? A partir de 2005, Chávez entendió que la solución a los problemas de Venezuela era el socialismo. Curioso “Caudillo” que renuncia a la orientación personal –a diferencia de lo que hizo Perón- y orienta a su país en una senda ideológica que apunta al capitalismo como el principal problema. Podrían existir chavistas de derechas y de izquierdas, pero no caben socialistas de derechas. Se arriesgó a reducir su base de apoyo prefiriendo reforzar la clarificación ideológica. Las elecciones del domingo demuestran que Chávez dejó a un pueblo que, además de seguirle a él, sigue a un proyecto. Un pueblo consciente que no presta tampoco su apoyo sin más.
El socialismo en Venezuela -que configura el corazón del futuro gobierno de Nicolás Maduro-, se sustantiva como socialismo y se adjetiva como bolivariano. Este socialismo bolivariano pretende asumir todos los logros de la izquierda durante el siglo XX –lo mejor de las sociedades occidentales es un fruto de las luchas de la izquierda-, pero entiende que debe ir más allá de sus errores. Repasando el Programa de Gobierno 2013-2019, y escuchando los discursos electorales del ya Presidente Maduro, podemos resumir el socialismo bolivariano en ocho rasgos: está en contra del imperialismo y de cualquier colonización económica o cultural; quiere superar el marco capitalista y sus valores (la mercantilización de la vida), y no solamente solventar sus excesos neoliberales (de ahí que Maduro, con contundencia, haya avisado que no cabe ningún acuerdo con “la burguesía”); apuesta por el respeto al medioambiente –herencia de la Pachamama indígena que contrasta vivamente en un país petrolero- y por la mujer, entendiendo su triple jornada (laboral, familiar y de activismo político); es pacífico pero armado –para evitar otro 11 de septiembre como el que derribó a Allende-; ha aprendido que socializar no es sinónimo de estatalizar y confía en formas populares de gestión económica; entiende que el Estado es solución y problema, de manera que el aparato estatal se pone al servicio de la entrega de capacidad de autogestión al pueblo organizado. Esto implica, apostar por la participación popular directa y superar las limitaciones de la democracia representativa. Es el gran reto de la futura Venezuela: construir el Estado comunal.
El populismo y sus retos
Lo que se llama despectivamente “populismo” en Venezuela es el intento de reconstruir lo político devastado por el neoliberalismo. Su indefinición tiene que ver con que se mueve entre un momento destituyente que no ha terminado su tarea y un momento constituyente que todavía no ha triunfado. He ahí otro reto para Maduro. Ahondar en ambas direcciones. En esa indefinición, el papel del liderazgo cobra su esencialidad (fuerte para armar el nuevo sistema, pero con voluntad de entregar poder al pueblo). En el caso de Chávez, un líder fuerte con un pueblo detrás empoderándose. En el caso de Maduro, un liderazgo más colectivo e, igualmente, con un pueblo que ha aprendido que “todos somos Chávez”. Y con una misma certeza: la revolución, para poder ser, no puede detenerse.
La inseguridad, la corrupción, la ineficiencia son retos pendientes para Maduro -retos del proceso- que han regalado a Capriles el mejor resultado de la derecha.
La victoria entrega a la revolución bolivariana un nuevo desafío. Maduro no ha heredado de Chávez sus resultados electorales. Quizá eso sea positivo. Los procesos que no se renuevan no avanzan. Y un resultado muy holgado, difícilmente hubiera entregado el revulsivo que necesita la democracia venezolana en su intento de superar no solo el neoliberalismo sino el propio capitalismo.
El escenario presentado por la oposición al chavismo durante la breve campaña ha tenido tintes apocalípticos: catorce años de Gobierno (con casi dos generaciones que sólo han conocido gobiernos chavistas), la muerte del carismático líder y su sustitución por alguien que no es Chávez (algo, por otro lado, evidente), apagones eléctricos y problemas de abastecimiento (cierto que provocados por sabotajes, aunque esto no lo decían), una delincuencia en niveles muy altos, subidas de precios (donde hay mucha responsabilidad de acaparadores y especuladores, cosa que tampoco se enuncia), corrupción en la administración… Y, sin embargo, Nicolás Maduro ha ganado las elecciones. Con un resultado al que no estaba acostumbrado el chavismo (siempre sacando dos dígitos a sus adversarios), pero que no está lejos, como decíamos, del de otros Presidentes (Calderón, Bush, Kennedy). Maduro ha ganado las elecciones y la oposición, como ha venido siendo la norma desde 1998, desconoce el resultado. La derecha siempre piensa que el poder le pertenece.
Superar los cuellos de botella de la modernidad
Para entender la victoria de Nicolás Maduro haría falta dejar de lado la agotada ciencia política y leer un poco de literatura (por ejemplo, Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier). Se vería así que los ritmos del mar, de los ríos infinitos y de la tierra no son los de las fábricas y las autopistas. Ayudaría también entender la lógica de las telenovelas -donde se reinventa constantemente el mito de la Cenicienta, ahora con jueces y herencias de por medio- o el porqué de la necesidad popular de santos cotidianos, esos que dan fuerza a los que se levantan a las cuatro de la madrugada para ir a un trabajo donde se demorarán toda la jornada y recibirán un salario que no alcanza para ir a Disneyworld.
Ayudaría también entender la humillación acumulada del pueblo frente a los mantuanos y los extranjeros y la dignidad recuperada gracias a alguien que era de los suyos (piensen en Los santos inocentes de Miguel Delibes, multiplíquenlo por diez, metan el racismo histórico hacia los negros y los indios, y aderécenlo con penetración imperial norteamericana; entonces se aproximarán a lo que ha sido la historia de América Latina durante dos siglos). En una asamblea comunal, una mujer venezolana le dice a otra: “¡Chica, es que hablas como Chávez!”. Y ella le contesta: “No. Es que Chávez habla como nosotros”. No hay niños desnutridos en las calles de Venezuela y en las escuelas se entregan libros y ordenadores. El último año se repartieron 200.000 viviendas. Además, a los venezolanos ya no les da vergüenza ser venezolanos. En el editorial de un periódico global y desubicado se decía: el populista Chávez se gasta el dinero del petróleo en educación, en sanidad, en pensiones, en vivienda social. Claro, así cualquiera gana elecciones.
¿Por qué la izquierda avanza en América Latina y se despeña en Europa? Pudiera ser porque Europa insiste en despreciar lo que ignora. De nada sirve toda la escuela de Frankfurt advirtiendo frente a la torpeza moderna a la hora de usar la racionalidad de otra manera que no fuera mera instrumentalidad -vaya, que no fuera como Terminator-. Tampoco le ha servido al bueno de Baumann su apuesta por lo líquido y su advertencia de que hay una línea casi recta entre el pensamiento de la Modernidad y los crematorios de Auschwitz. Europa sigue cometiendo “epistemicidios”, haciendo del pensamiento lineal un camino a ninguna parte, midiendo el mundo con la vara arbitraria de su saber eurocéntrico.
La Venezuela bolivariana sigue pareciéndole a lo discípulos de las brumas filosóficas demasiado frívola. ¿Un Presidente que canta? ¿Un líder que se ríe con su pueblo? ¿Un dirigente que se la pasa manchado de barro y con los sectores más humildes? Y por si fuera poco ¡ahora un Presidente conductor de autobús! Si entendieran la emocionalidad de este proceso, sabrían que no se puede derrotar al sueño de los pobres con un burguesito que ayer decía que iba a echar a los médicos cubanos y hoy promete darles la nacionalidad, que ayer quería encarcelar o inhabilitar a Chávez y hoy se declara su más ferviente discípulo, que ayer insultaba a las misiones y hoy dice que las va a potenciar. Y lo dice rodeado de personas de plástico -como cantaba Rubén Blades- a las que se les nota a la legua que les molesta todo lo que sepa, huela o se vea como pueblo. Claro que Capriles ha sacado un buen resultado. Pero no por méritos propios, sino por acumulación de los errores del chavismo. Llegado el momento, Capriles y su combo demostraron su apuesta por las misiones quemando varios Centros de Diagnóstico Integral.
Venezuela: un país donde entras de conductor de autobús y llegas a Presidente
Nicolás Maduro, un conductor de autobús que ha hecho su grado y su postrado en la política (cuidado con los elitistas: ¿cuántos licenciados y doctores no han arruinado países?), tiene la experiencia suficiente como para continuar el proceso e, incluso, superar los cuellos de botella en los que se ha detenido. Como sindicalista, como diputado, como Presidente de la Asamblea, como Canciller, como Vicepresidente. Si Chávez lo escogió entre un gran abanico de posibilidades no fue por capricho. El Presidente fallecido tardó demasiado en pensar en su sucesión. Pero cuando la enfermedad le puso en la urgente tesitura de hacerlo, la formación de Maduro ya era un hecho. En su intervención el día de las elecciones desde su colegio electoral, Maduro demostró que ya estaba preparado. Los tics de emulación de su maestro quedaron atrás. Apareció, de pronto, él mismo. Algo tarde, pero un Maduro completo ya estaba ahí. Sus gestos, su discurso, su temperamento, su tranquilidad. Él, como la mayoría del pueblo, “le ha cumplido a Chávez”. Ahora ya puede continuar solo. El gran reto de suplir a un Presidente “gigante” -es lo que ha sido Chávez, pese a los errores y todo lo pendiente- lo ha sabido hacer con bien. No parecer que se renunciaba a su legado; no parecer un simple clon del Comandante. Y el pueblo de Venezuela ha sido claro: acompañábamos a Chávez, pero también acompañábamos un proyecto. Cierto que la oposición ha sacado su mejor resultado. Pero Maduro, como venimos insistiendo, ha sacado 275.000 votos más.
Los retos de la revolución bolivariana
Los retos de Maduro y de la revolución bolivariana son grandes. Cuando en el mitin de cierre de campaña se hizo acompañar de todo su tren ministerial estaba lanzando un primer mensaje claro: somos un equipo. El carisma de Chávez va a ser sustituido por política. El segundo mensaje no era menos contundente: desde el día después de las elecciones, Maduro va a recorrer el país durante dos semanas, escuchando al pueblo, sus quejas, sus necesidades, sus deseos de colaboración. Casi el 50% de los electores no ha entendido la propuesta de Maduro. Corresponde, pues, explicarla. Y, al tiempo, construyendo los nuevos acuerdos que permiten gobernar un país.
Maduro heredó de Chávez su señalamiento como la persona encargada de continuar la revolución bolivariana, pero con ese legado no venía incluido el acuerdo que trenzó Chávez en estos catorce años. Le corresponde al nuevo equipo de Gobierno construir el nuevo bloque y lograr hegemonía gracias a la incorporación de grupos, sensibilidades, profesiones, partidos, ámbitos geográficos, etc. Es aquí donde existe más riesgo de fractura en cualquier proceso de cambio, de manera que la voluntad demostrada de hilar todos estos asuntos indica sensibilidad política y buen tino.
El tercer mensaje es igualmente contundente: ningún acuerdo con la “burguesía” (es decir, con quienes apuesten por aprovecharse del trabajo de los demás) ni con el imperio (los vecinos del norte, siempre conspirando para desestabilizar a los desobedientes, pero también las empresas transnacionales, que creen que cualquier territorio es un mercado y les pertenece). Lo cual no implica la falta de diálogo con la oposición. Pero el programa con le que han ganado las elecciones es claro y busca la transición al socialismo. Pero hay asuntos que no tienen que ver con la ideología.
Maduro sabe, como miembro de diferentes Gobiernos de Chávez, que hay tres problemas urgentes: la inseguridad, la corrupción y la ineficiencia. Tres problemas estructurales, históricos, de muy difícil solución pero donde el proceso se juega su credibilidad popular una vez que todos los demás logros pronto se verán ya como derechos adquiridos. La crisis económica mundial terminará llegando a América Latina, y en ese escenario es esencial que el entendimiento entre el pueblo y el gobierno sea total. Para ello, la transparencia y la probidad del comportamiento gubernamental son condición sine qua non.
Todo esto sólo se podrá lograr con la participación popular y con una apertura inmensa a la crítica y a la autocrítica. La desaparición física de una figura tan presente como la de Chávez, abre mucho espacio para muchas cosas. En un mundo sin modelos, la frase de Simón Rodríguez “inventamos o erramos” sigue siendo radicalmente válida. El vivencialismo o experimentalismo es más relevante que la repetición de modelos que han demostrado su invalidez. Por eso, el proceso bolivariano necesita tener mucha cintura para escuchar todos los mensajes que le vengan desde todos los ángulos afines al proceso. De la misma manera que tiene que aprender a compartir desde el Estado cuotas de poder que deberán ser entregadas al poder comunal. De lo contrario, el Estado se irá burocratizando cada vez más, y la crítica quedará en manos de los enemigos del proceso. En ambos casos, la consecuencia será la imposibilidad de construir una nueva hegemonía.
Venezuela ha tenido éxito, a diferencia de lo que ha sido la norma en la izquierda latinoamericana, por cinco razones. La transformación ha venido acompañada de redistribución de la renta (posibilitada por el alto precio del petróleo y la voluntad de repartirlo), ha sido democrática, tanto en términos electorales como de democracia participativa, ha venido en forma de ola regional, ha gozado de las posibilidades que brindan las nuevas formas de comunicación y no ha generado un rechazo extremo como ocurrió con el comunismo en los años 20 y 30. Pero al ser una “revolución” electoral, siempre se la juega en el último embate. Este último quizá haya sido el más difícil, al estar marcado por la ausencia del fundador de la V República. También ha sido superado. Europa seguirá, en cualquier caso, criticando a Venezuela. Igual hará esa “izquierda caviar” que no termina de entender ni su propia realidad -sea en América Latina, sea en Europa- ni la de otros lugares.
Algo siempre más socorrido que ver las miserias propias. Mientras tanto, la revolución bolivariana sigue su rumbo.
El autor es profesor titular de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid y fue asesor del gobierno de Hugo Chávez.
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Artículo publicado en La Marea
Una transformación profunda, un cambio histórico
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Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid
De aquellos polvos, estos lodos. Desde los setenta se gestó el capitalismo neoliberal. Hayek, uno de sus padres, abogó por un Estado mínimo, democracia limitada, ninguna intervención social y económica del Estado, desregulación total, reducción (o supresión) de la seguridad social y privatización de lo público. Además de declararse partidario de la dictadura liberal (es decir, neoliberal). Hizo escuela. Otro neoliberal, Milton Friedman, colaboró estrechamente con implacables dictaduras, como Indonesia y Chile.
Será por esa obcecada alucinación que es el neoliberalismo que éste y democracia no casan bien. Además de fracasar económicamente. En Chile, por ejemplo, la férrea aplicación del dogma neoliberal en la dictadura de Pinochet hizo que la economía retrocediera 15% el primer año y que la tasa de paro aumentara hasta el 20%, cuando era 3% en el gobierno de Allende. Tras quince años de dictadura pinochetista neoliberal, el 45% de chilenos vivía bajo el umbral de la pobreza.
Como ha recordado David Val, la dura situación que se vive hoy es la inevitable consecuencia de las actuaciones de los gendarmes del neoliberalismo (FMI, Banco Mundial, OMC, Unión Europea…) que han extorsionado países diferentes en tiempos diferentes. Ahora toca a España, Portugal, Grecia, Irlanda, Italia, Bulgaria… Como ya sufrieron chilenos, argentinos, colombianos, mexicanos… Siempre hacía abajo, hacia la desigualdad y la pobreza, pero los ricos son más ricos.
Y ahora la minoría dominante pretende que la ciudadanía maltratada, pobres y excluidos, acepten como inevitable y natural la pobreza y una vida peor. En la grave crisis de valores y principios que se inició mucho antes del estallido financiero, no es ajena a la crisis-estafa la severa disminución de la solidaridad y de la fraternidad frente al individualismo destructor que propugna el credo neoliberal.
¿Y qué decir de esa deuda global que no se puede pagar? Modo de extorsión para imponer austeridades y atacar sistemáticamente derechos sociales y económicos de la ciudadanía, mientras la recesión lleva camino de ser endémica. Y crecen los beneficios desorbitados de las élites, la evasión y fraude fiscal institucionalizados (gracias a impunes e intocables paraísos fiscales), el saqueo de servicios públicos… Un panorama desolador que, para el presidente del IFO alemán, Hans Werner Sinn, es la única vía de salida cuando predice que a España le faltan diez años más de crisis (es decir, de devastación) para lograr una devaluación interna del 30%. Como deben hacer también Portugal, Grecia, Irlanda… Es decir, hasta que las clases trabajadoras pierdan un tercio de sus rentas transferidas a la minoría rica dominante.
¿Qué quedará de los países tras el empobrecimiento, retroceso social, creciente desigualdad, recesión crónica, vaciado democrático, corrupción entronizada y el estado exhausto? Mientras lenta, pero implacablemente, ya se impide el derecho a manifestarse, se recortan libertades, cercenan el derecho de reunión… Y se criminaliza cualquier tipo de protesta y oposición a este cataclismo neoliberal que nos lleva a la miseria.
Por supuesto, la ciudadanía reacciona, se organiza, defiende sus derechos y el acervo común. Por eso es preciso que el objetivo de la ciudadanía y de las clases trabajadoras para salir de la crisis-estafa no sea regresar a la situación de 2006, al mundo más amable anterior a la crisis (por lo menos en Occidente); ni a los años sesenta y ochenta del siglo XX, que es a lo que parecen aspirar los grandes sindicatos de Europa y la denominada izquierda institucional o parlamentaria. No podemos ir hacia una pax socialdemócrata, porque ya no es real. Ni posible.
La crisis es total, por ser financiera, económica, social, de derechos humanos y de democracia. Gracias a la codicia institucionalizada de una minoría muy menor (más sus cómplices y encubridores) que no renuncia a beneficios sin límite.
Tan total es la crisis que solo cabe ir hacia una transformación profunda, un cambio histórico; lo que la historia denomina revolución. Porque, de mantenerse como objetivo confesado o implícito regresar a la Europa del llamado estado de bienestar, nos alejaremos de la solución global más decente, justa y democrática de verdad. Por no hablar de la exigencia vital de respetar la Tierra, porque es finita y finitos son los recursos que nos brinda. Cuestión de solidaridad intergeneracional.
Hay que cambiar este sistema de crecimiento depredador, esta democracia que no lo es, este modo de producción y también muchos modelos productivos. Y nosotros mismos. O no habrá cambio alguno.
Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), España.
Ignacio Ramonet: “Ha llegado la hora de reinventar la política y el mundo”
Ex director de la edición francesa de ‘Le Monde diplomatique’ y profesor de Teoría de la Comunicación, es uno de los observadores más lúcidos de la realidad política.
Manuel Fernández-Cuesta – eldiario.es
Ignacio Ramonet: sociólogo semiólogo, especialista en geopolítica y profesor de Teoría de la Comunicación
Ignacio Ramonet (Redondela, 1943), es uno de los pensadores más lúcidos de los últimos tiempos. Instalado en París desde 1972, sociólogo y semiólogo, especialista en geopolítica, profesor de Teoría de la Comunicación, sagaz periodista, su forma de mirar e interpretar la modernidad y, por extensión, la globalización, hace de sus ideas un punto de inflexión necesario contra el pensamiento dominante. Diario Kafka ha hablado con él sobre la actualidad política, la crisis y los emergentes movimientos sociales, Europa y el porvenir.
Diario Kafka: ¿Asistimos a un renacimiento de los movimientos de protesta ciudadana?
Ignacio Ramonet: Desde que estalló la actual crisis financiero-económica, en 2008, estamos asistiendo a una multiplicación de los movimientos de protesta ciudadana. En primer lugar, en los países más afectados (Irlanda, Grecia, Portugal, España), los ciudadanos –cívicamente– apostaron por apoyar, con sus votos, a la oposición, pensando que esta aportaría un cambio de política tendente a menos austeridad y menos ajuste. Pero cuando todos estos países cambiaron de Gobierno, pasando de la izquierda o centro-izquierda a la derecha o centro-derecha, la estupefacción fue completa, ya que los nuevos Gobiernos conservadores radicalizaron aún más las políticas restrictivas y exigieron más sacrificios, más sangre y más lagrimas a los ciudadanos. Ahí es cuando empiezan las protestas. Sobre todo porque los ciudadanos tienen ante sus ojos los ejemplos de dos protestas con éxito: la del pueblo unido en Islandia y la de los contestatarios que tumban las dictaduras en Túnez y Egipto. Además, destaca el hecho de que las redes sociales están facilitando formas de la organización espontánea de las masas sin necesidad de líder, de organización política, ni de programa. Todo está listo entonces para que surjan, en mayo de 2011, los indignados españoles, y que su ejemplo se imite de un modo u otro en toda la Europa del sur.
DK: ¿Por qué los partidos políticos de la izquierda son mal comprendidos por estos movimientos?
IR: Porque lo que los medios califican de “partidos políticos de la izquierda” tienen, en opinión de esos movimientos y de las mayorías exasperadas, muy poco de izquierda. No hay que olvidar, además, que estos partidos están comprometidos con esta misma política conservadora que ellos fueron los primeros en aplicar, sin anestesia. Recuérdese lo que ocurrió en España cuando, de pronto, en mayo de 2011, Rodríguez Zapatero, sin avisar ni explicar, decidió aplicar un brutal plan de ajuste ultraliberal que era exactamente lo contrario del ADN del socialismo.
DK. ¿Cuál fue el pecado original de Mayo del 68? ¿Son los movimientos de hoy hijos tardíos del 68? ¿Cree que pueden realmente construir contrapoder político, alternativa real de Gobierno, o son más bien movimientos emocionales?
IR: No se pueden comparar las dos épocas. Mayo del 68 era una crisis contra un país en expansión (nacimiento de la sociedad de consumo, crecimiento alto, pleno empleo), que seguía siendo profundamente conservador y hasta arcaico en materia de costumbres. Hoy sabemos que fue menos una crisis política que una crisis cultural. El movimiento del 15M, sin embargo, es el reflejo del derrumbe general de todas las instituciones (Corona, justicia, Gobierno, oposición, Iglesia, autonomías…). En ese sentido, es lo más positivo que ha ocurrido en la política española desde el final del franquismo. Lo más fresco e innovador. Aunque no se ha traducido en movimiento político con perspectivas de conquistar el poder, revela un sentimiento profundo de hartura de la sociedad española golpeada por la crisis y por las brutales medidas de austeridad del Gobierno de Mariano Rajoy. Se podría decir que los movimientos de protesta son una buena noticia ya que demuestran que las sociedades europeas, y en particular su juventud tan castigada por la crisis social, está expresando su descontento general hacia la situación que se está viviendo y hacia el tipo de solución neoliberal que los Gobiernos y la Unión Europea están aplicando contra la crisis. Es más, estos movimientos rechazan la adopción de medidas de austeridad extremadamente serias, de ajuste económico, en una Europa del sur donde más del 20% de los jóvenes menores de treinta años se encuentra en paro. Curiosamente, esta juventud se expresa de una manera pacífica, no violenta, inspirándose en varios movimientos generales.
DK: ¿Qué otros efectos está produciendo esta crisis en Europa?
IR: La crisis se está traduciendo también en un aumento del miedo y del resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida del empleo, los choques tecnológicos, las biotecnologías, las catástrofes naturales, la inseguridad generalizada. Todo ello es un desafío para las democracias, porque ese “terror difuso” se transforma a veces en odio y repudio. En varios países europeos, ese odio se dirige hoy contra el extranjero, el inmigrante, el diferente, los otros (musulmanes, gitanos, subsaharianos, sin papeles…) y crecen los partidos xenófobos, racistas y de extrema derecha.
DK: ¿Son los movimientos sociales y políticos actuales, culminando en el 15M, capaces superar a los partidos políticos tradicionales de la izquierda?
IR: No sabemos hacer política sin partidos políticos. Lo que reclaman los contestatarios, los indignados en casi toda Europa del sur, es cambiar las reglas del juego: desmontar el truco. Nuevas reglas supondrían, por ejemplo en España, una nueva Constitución como reclama un número cada vez mayor de ciudadanos. Una Constitución que dé más poder a los ciudadanos, que garantice más justicia social y que sancione a los responsables del actual naufragio. Un naufragio que no puede sorprender a nadie. El escándalo de las hipotecas basura era sabido por todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Nadie se inmutaba, porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo. En la historia larga de la economía, el Estado ha sido siempre un actor central. Solo desde hace treinta años –o sea, nada en una historia de siglos–, el mercado ha querido expulsar al Estado del campo de la economía. Hay que volver al sentido común, a un keynesianismo razonable: tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea indispensable. La prueba evidente del fracaso del sistema neoliberal actual son los ajustes y rescates que demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace ahora pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, ¡con empobrecerlos aún más! ¿Se producirá un incendio social? No es imposible. Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres. Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Londres y Atenas, de Nicosia a Roma, una ola de indignación levanta a la juventud. Añádase, además, que en la actualidad, las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las está abandonando al borde del camino. En España, una parte se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal de la Unión Europea y del Gobierno. “No nos representan”, dijeron todos los indignados.
DK: ¿Cómo ve Europa y el proyecto común europeo dominado, estos años, por Alemania y su política de austeridad?
IR: El curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento. El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora podría ir en la dirección contraria. Ha llegado la hora de reinventar la política y el mundo. Todas las sociedades del sur de Europa se han vuelto furiosamente anti alemanas puesto que Alemania, sin que nadie le haya otorgado ese derecho, se ha erigido en jefe –autoproclamado – de la Unión Europea enarbolando un programa de sadismo económico. Europa es ahora, para millones de ciudadanos, sinónimo de castigo y sufrimiento: una utopía negativa.
DK: ¿Hay alternativas frente al abandono del campo de batalla de la socialdemocracia tradicional?
IR: La socialdemocracia ha fracasado porque ella misma ha participado en la liquidación del Estado de bienestar, que era su principal conquista y su gran seña de identidad. De ahí el desarraigo de muchos ciudadanos que pasan de la política absteniéndose, limitándose a protestar o votando por Beppe Grillo (que es una manera de preferir un payaso auténtico en lugar de sus hipócritas copias). Otros han decidido votar a la extrema derecha, que sube espectacularmente en todas partes, o en menor grado, optar por la izquierda de la izquierda que encarna hoy el único discurso progresista audible. Así estaban también en América Latina hace poco más de un decenio, cuando las protestas derrocaban Gobiernos democráticamente elegidos (en Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú…), que aplicaban con saña los ajustes dictados por el FMI. Hasta que los movimientos sociales de protesta convergieron con una generación de nuevos líderes políticos (Chávez, Morales, Correa, Kirchner, Lula, Lugo…) que canalizaron la poderosa energía transformadora y la condujeron a votar en las urnas programas de refundación política (constituyente), de reconquista económica (nacionalizaciones, keynesianismo) y de regeneración social. En ese sentido, se observa cómo a una Europa desorientada y grogui, América Latina le está indicando el camino.
Ignacio Ramonet es miembro del Consejo Científico de ATTAC España
La Sra. Cospedal, el nazismo y la democracia en España
Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España
La Secretaria General del Partido Popular, el partido gobernante en España, la Sra. María Dolores de Cospedal, ha acusado nada menos que de ser nazis a las personas que protestan por los desahucios manifestándose frente a los domicilios de las autoridades del partido político responsable del veto de las Cortes Españolas a las medidas propuestas por el movimiento social más popular hoy existente en España, la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). Lo que es preocupante y alarmante es que tal autoridad haya basado dicha grave acusación (en realidad, insulto) en que –según ella- estos manifestantes “no aceptan el voto”, es decir, que no respetan la mayoría parlamentaria, mayoría que –según ella- es resultado del mandato popular expresado por las urnas. Éstas, es decir, los votos, asignan al gobierno las responsabilidades de tomar decisiones, sean éstas las que sean, que deben acatarse por parte de la población, independientemente de que se esté en desacuerdo con ellas.
Tal interpretación de lo que es democracia, por una personalidad del nivel de la Sra. Cospedal, es alarmante. Y puesto que esta interpretación está ampliamente extendida en España, merece una respuesta. Esta percepción tan generalizada de lo que es democracia suele presentarse en un argumentario más elaborado, indicando que la democracia es un sistema de leyes que deben obedecerse, y por lo tanto, todo comportamiento que no siga tales leyes es considerado antidemocrático. Esto es lo que en realidad está diciendo la Sra. Cospedal, en un estilo y narrativa mucho más vulgar y directo, llamando nada menos que nazis a aquellos que protestan por la aplicación de las leyes, a pesar de que son manifestaciones no violentas que denuncian a los gobernantes que aplican tales leyes, estén éstos donde estén.
Lo que tal argumento deliberadamente olvida es que la soberanía popular procede de la ciudadanía, y que la expresión de tal soberanía ocurre a través de las instituciones llamadas representativas que en España están extremadamente limitadas debido al enorme dominio que las fuerzas ultraconservadoras, herederas de la dictadura, tuvieron sobre el proceso de Transición, al cual se le define erróneamente como modélico. El enorme desequilibrio de fuerzas entre los herederos de los vencedores y los herederos de los vencidos de la Guerra Civil en el proceso de Transición dio lugar a un proceso muy sesgado, con unas instituciones representativas muy poco democráticas. Y lo que está ocurriendo, reflejado en las declaraciones de la Sra. Cospedal, es un claro ejemplo de ello. Veamos los datos.
Dentro de esta democracia sumamente limitada, sólo el 28% de la población adulta que podía votar, votó al Partido Popular, lo cual no fue obstáculo para que tal minoría alcanzara una enorme mayoría parlamentaria, mayoría totalmente desproporcionada en su tamaño y que no se correspondía con el voto real. En realidad, la gran mayoría (72%) de la población que podía votar, no votó al PP. La mayoría en las Cortes no representa, pues, a la mayoría de la población. Si el sistema hubiera sido proporcional, tal partido no hubiera estado en mayoría. Esta claro, pues, que el PP se benefició de unas leyes electorales que le favorecían, pero que no respondían numéricamente a un mandato mayoritario.
Pero la cosa es incluso peor, pues la elección de la minoría que votó al PP (28%) se basó en un programa electoral que el PP se comprometía a realizar, en caso de ser elegido, cosa que no ha hecho. Promesa electoral tras promesa electoral ha sido desatendida. La evidencia de ello es abrumadora. Como también es abrumadora que la élite dirigente del PP sabía que no la cumpliría, mintiendo a la ciudadanía. La rapidez con la que actuó, ignorando sus promesas, era el mejor indicador que sus acciones reales (muchas de ellas opuestas a su programa electoral) estaban ya programadas en la época pre-electoral.
Es obvio, pues, que gran número de políticas que el gobierno PP está realizando (desde las políticas de recortes de gasto público social, que contrastan con el gran apoyo a la banca, hasta el veto a la propuesta altamente popular de la PAH) carecen de mandato popular, entendiendo como tal el deseo por parte de la mayoría de la población de que las políticas que el gobierno aplique son las deseadas por tal población. Incluso entre sus votantes, la mayoría no eligió al PP para que llevara a cabo políticas opuestas
a las que prometió durante el periodo electoral. Y la impopularidad de tales políticas, incluso entre sus votantes, es la mejor prueba de ello.
Pero lo que la Sra. Cospedal ignora es que tales políticas que el gobierno PP está implementando, contrarias al deseo de la mayoría, no sólo son altamente impopulares, sino que deslegitiman al gobierno y a la democracia, pues lo que el gobierno está haciendo no es llevar a cabo las políticas expresadas por la mayoría de la población, sino que las está imponiendo en ausencia de un mandato popular. La respuesta de la ciudadanía ante esta situación es la protesta pública en defensa de la democracia mediante cualquier medio (utilizando medios no violentos) pues está intentando salvar la democracia en España frente a una violencia legal que es inasumible. El echar a una familia a la calle, sin techo, es enormemente violento y toca las dimensiones más íntimas de la persona. Cuando, además, estas políticas, aún siendo legales, no son legítimas –al carecer de mandato popular- es injusto y traduce una prepotencia y arrogancia exigir que los responsables de tal situación tengan un trato distinto, que definen como civilizado, opuesto al incivilizado que están imponiendo.
La respuesta de las fuerzas conservadoras (incluidas las de algunas voces de las izquierdas ex gobernantes) es que la manera de responder democráticamente es esperar al voto hasta dentro de cuatro años, en un sistema que tampoco refleja el deseo popular. Ahí está el triunfo de las fuerzas conservadoras, escrito en piedra en sus leyes y en la Carta Magna, la Constitución. La continua defensa de la Constitución como intento de legitimar toda una serie de políticas sin mandato popular es parte de la defensa de los intereses de aquellos que dominaron el proceso de Transición, que eran, a su vez, los herederos de los que ganaron la Guerra Civil. A la Sra. Cospedal parece escapársele la incoherencia de acusar a sus adversarios de nazismo, cuando ella está donde está, repito, como consecuencia de la historia de este país en los últimos setenta y cinco años, donde el enorme poder de las fuerzas ultraconservadoras, incluyendo su partido político, sobre los aparatos del Estado ha determinado la configuración de las instituciones políticas, siendo el punto de origen de su poder el golpe militar del General Franco apoyado precisamente por el nazismo alemán y el fascismo italiano, apoyo sin el cual la democracia no hubiera sido derrotada en España.
Si España tuviera un Estado auténticamente democrático, además de tener leyes electorales más representativas, habría referéndums decisorios, que podrían debatirse (en unos medios más plurales que los que hoy existen en España), siendo tal debate las bases para la decisión popular. Y no hay duda, según los resultados de las encuestas, de que las políticas decididas por referéndums (incluidas las propuestas del PAH) serían mucho más mayoritarias que las decididas por las Cortes, mostrando que las Cortes Españolas hoy, en su mayoría, no representan a la mayoría de la población española, incluido, por cierto, el votante y ex votante del PP.
Artículo publicado en Público.es
Europa, la mayor crisis social de la década
Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España
Bruselas acaba de hacer público un balance que demuestra las consecuencias que para la sociedad está acarreando la caótica política de la Unión Europea. Habla de “situación crítica”, de “consecuencias graves” o de hitos de desigualdad y pobreza jamás alcanzados en anteriores crisis.
Menos empleo y más paro. Peores condiciones de vida para la población tras el aumento de impuestos y los recortes de los presupuestos públicos. Ese es el diagnóstico para toda la UE del «Estudio Trimestral sobre el Empleo y la Situación Social en la UE» de la Comisión Europea.
El desempleo ha seguido aumentando en enero de 2013 hasta alcanzar los 26,2 millones en toda la UE y los 19 millones en la zona del euro, es decir, el 10,8 % y el 11,9 %, respectivamente, de la población activa. No hay precedentes de unas diferencias tan grandes entre el sur o la periferia y el norte de la zona euro, que en 2012 alcanzaron los 10 puntos porcentuales.
“Nunca ha habido tantos jóvenes desempleados o inactivos. El desempleo juvenil no sólo ha alcanzado un nuevo máximo en todos los Estados miembros de la UE (en enero de 2013 estaban desempleados el 23,6 % de los jóvenes activos), sino que, además, los períodos de desempleo tienden a ser mucho más largos entre los jóvenes. Durante el tercer trimestre de 2012 llevaban desempleados más de un año el 7,1 % de los jóvenes activos frente al 6,3 % del año anterior. Esta tendencia entraña el grave riesgo de que los jóvenes se desentiendan del mercado laboral y de la sociedad en su conjunto. El número cada vez mayor de jóvenes menores de 25 años sin estudios, trabajo ni formación asciende actualmente a unos 8 millones y ello es motivo de gran preocupación”.
En el cuarto trimestre de 2012, por otro lado, el PIB de la UE se contrajo un 0,5 %, la mayor caída desde principios de 2009.
Los cambios introducidos en los regímenes fiscales y en las prestaciones sociales y los recortes realizados en el sector público, sigue explicando el Estudio, han generado importantes caídas del nivel de renta real de las economías domésticas y, especialmente, del nivel de vida de las rentas más bajas. Los recortes del gasto y el aumento de fiscalidad están influyendo de muy distinta manera en las rentas altas y en las bajas. El porcentaje de población de la UE que está pasando dificultades económicas está muy por encima de los niveles jamás observados durante la última década y ya afecta a más de una de cada cuatro economías domésticas con un bajo nivel de renta.
La reducción del gasto social es mucho mayor que la que se ha producido en anteriores recesiones, dice el Estudio, añadiendo con gran empecinamiento en el error: “lo que demuestra la excepcional necesidad de llevar a cabo un saneamiento de las cuentas públicas mientras dure la crisis del euro”. En numerosos Estados miembros la caída del gasto social, añade, ha neutralizado la función de estabilizador económico que tienen los sistemas de protección social y “es posible que ello haya contribuido a agravar la recesión, al menos a corto plazo”, concluye imbuido de ese “optimismo” de la actual UE que suelen luego contradecir los hechos. No es imaginable que quien, a sabiendas, ha empobrecido de tal forma a la población, se decida a devolver lo rapiñado.
Nos esperan las mismas políticas, los mismos errores, con su carga acumulativa. La mayor crisis social de la década. De esta década ¿cuántas más quedan por este camino?
Artículo publicado en El Mercurio Digital
Más trampas del Banco Central Europeo para cubrir a Merkel
Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España
Hace unos días publiqué un artículo mostrando cómo el presidente del Banco Central Europeo había presentado a los líderes europeos unos datos sobre la evolución de la productividad y los salarios en diferentes países que o estaban manipulados o manifestaban un desconocimiento tremendo de cuestiones económicas básicas (Las trampas de Draghi para bajar salarios). Califiqué ese hecho como una trampa porque de esa forma se confundía a la gente para poder sacar adelante propuestas que no tienen otro fundamento que la ideología neoliberal de quien las propone.
Ahora de nuevo hay que denunciar otra publicación del Banco Central Europeo cuyos resultados confunden a la población y que se difunden para ayudar a la política reaccionaria de la señora Merkel y su gobierno, empeñados en justificar su guerra económica contra Europa diciendo a sus conciudadanos que la desidia de los países del sur de Europa obliga a que las familias alemanas, que son las más pobres, paguen sus excesos.
Diversos medios de comunicación tan influyentes como The Wall Street Journal, Financial Times o Frankfurter Allgemeine se han hecho eco en los últimos días de un trabajo publicado por el Banco Central Europeo en la revista Statistics Paper (“The Eurosystem Household Finance and Consumption Survey, Results from the First Wave”) en la que se cuantifica la riqueza de las familias de los países europeos mostrando que la de las alemanas es menor que las de otros países de la periferia europea.
Los titulares de esos medios son significativos: “Ricos chipriotas, pobres alemanes”Reiche Zyprer, arme Deutsche) en Frankfurter Allgemeine, “¿Los más pobres de Europa? Mire al Norte” (Europe’s Poorest? Look North) en The Wall Street Journal, o “Los pobres alemanes cansados de rescatar a la eurozona” (Poor Germans tire of bailing out eurozone) en Financial Times.
Pero ese estudio que sirve para proclamar a los cuatro vientos lo injusto que resulta que sean precisamente los alemanes quienes paguen la deuda de esos países con familias más ricas, tiene truco. Como acaban de demostrar los investigadores Paul de Grauwe y Juemey Ji en un artículo publicado en Social Europe Journal (Are Germans Really Poorer Than Spaniards, Italians And Greeks?) de los datos que el Banco Central Europeo proporciona en ese estudio no se pueden extraer semejantes conclusiones porque se refieren a la riqueza mediana de las familias estudiadas y no a la riqueza media.
Para quienes no estén habituados a estos conceptos, mostraré su diferente significado con un sencillo ejemplo.
Supongamos que se trata de comparar la riqueza de las familias de dos países A y B, que la riqueza de las cinco familias del país A es 12,13,14,15,16 y la de las familias del país B de 7,8,9,10,71.
La mediana es el valor de la variable que tiene por debajo y por encima el mismo número de observaciones. Por tanto, en el país A la riqueza mediana sería 14 y en el país B sería 9.
Pues bien, veamos por qué es muy incorrecto decir que las familias del País A son más ricas que las del B, o que el país A es más rico, por esa razón que el B.
Si en lugar de tomar la mediana tomamos la media (que es el promedio de la observaciones, es decir el resultado de dividir su valor total entre el número de familias, en este caso) resulta que la riqueza media de las familias del país A es de 14, mientras que la de las familias del país B es de 21.
Lo que ha ocurrido es lógico: la mediana ha “ocultado” la gran riqueza que se acumula, sobre todo, en la quinta familia del país B.
Este simple ejemplo permite comprobar, por lo tanto, que lo relevante no es la mediana (en este caso de la riqueza) sino tener en cuenta la diferencia que hay entre la mediana y la media porque esa diferencia es la que indica el grado de desigualdad que existe entre las variables observadas.
En el ejemplo se ve claramente que el País B que aparece como más pobre si la riqueza se mide por la mediana es en realidad bastante más rico.
En su comentario al estudio del BCE, de Grauwe y Ji muestran que si se toma en cuenta la desigualdad los resultados a los que se llegan son otros. Así, comprueban que la diferencia entre la riqueza del 20% de las familias más ricas y el 20% de las más pobres es de 149 a 1 en Alemania, una desigualdad entre diez y quince veces mayor que la que se registra en España, Italia, Grecia o Portugal, por ejemplo.
Por tanto, no se puede afirmar, como se está haciendo, que las familias alemanas como un todo sean más pobres que las de los demás países. Al decir esto, se oculta que lo que pasa en Alemania es que la riqueza familiar está mucho más concentrada que en los demás países y que allí una parte pequeña de las familias, las muy ricas, se quedan con la mayor parte de la riqueza.
Además, de Grauwe y Ji indican que contemplar solo la riqueza de las familias a la hora de sacar conclusiones sobre lo injusto de que un país rescate a otro es también muy inadecuado. Afirman con razón que habría que tener en cuenta, además de la riqueza de las familias, la que tienen las empresas y el gobierno.
Y ahí resulta también que lo que ocurre en Alemania es que la parte de la riqueza total que le corresponde a las familias, en relación con la de empresas y sector público, es más reducida que en otros países europeos.
Si se contempla la riqueza en su conjunto, y no solo la familiar, por ejemplo a través del stock de capital per capita, resulta que la que hay en Alemania es casi el doble que la que corresponde a países como España, Grecia, Portugal, Irlanda o incluso Italia.
En definitiva, otra vez hace trampas el Banco Central Europeo difundiendo una visión parcial de la realidad que es utilizada por los grandes medios de comunicación para apoyar la estrategia del gobierno alemán orientada a favorecer cada día más a sus grandes empresas y bancos.
El BCE es un instrumento de los grandes grupos de poder empresarial y financiero europeo cuyo mejor representante político es el actual gobierno alemán y en esta ocasión lo demuestra ayudando a que se oculte que lo que ocurre en Alemania no es que el país en su conjunto, o la totalidad de sus familias, se esté empobreciendo por culpa de los países del sur. Es otra cosa: allí hay cada vez más familias alemanas que se empobrecen pero porque la riqueza se concentra en cada vez menos ricos alemanes. Ricos alemanes que también lo son gracias al expolio que sus empresas y bancos, con la inestimable ayuda del Banco Central Europeo, están produciendo en los países del sur.
Merkel y su gobierno no solo son el enemigo número uno de Europa sino también de la inmensa mayoría de los alemanes.
Artículo publicado en Público.es
“Hay dinero de sobra, solo hay que legislar para traerlo”
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Entrevista – Ángeles Lucas
Carlos Martínez – ATTAC Andalucía
En los últimos años les han repetido más de 40 veces que podrían tener razón. “Incluso políticos, académicos, y personas de relevancia social. Gente que antes se burlaba de nosotros y nos llamaba catastrofistas ahora dice que el sistema capitalista y el neoliberalismo traen la ruina, tesis que venimos defendiendo desde hace más de 11 años en España”. Habla Carlos Martínez García (Valencia, 1952), presidente en Andalucía de ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones Cambiarias para apoyar a los Ciudadanos), que nació en Francia en 1998 y ahora cuenta con una importante presencia internacional. En Andalucía abandera proyectos de democracia participativa, banca pública, y garantía de derechos sociales y públicos. Martínez fue asesor de Hugo Chávez, presidente de ATTAC en España, y es politólogo y urbanista. De izquierdas, sindicalista y republicano. Cuenta que ha sufrido despidos por hacer huelga y por enfrentamientos ideológicos.
Pregunta. ¿Cómo sienta que les den la razón a sus ideas diez años después?
Respuesta. Y no solo eso, también utilizan ahora nuestro discurso, que nos parece bien porque para eso está. Aunque personalmente he tenido que llegar a soportar respuestas hirientes al exponer unas ideas que están escritas y que preveían esta crisis. Pero también es de justicia reconocer que en Andalucía siempre se nos ha escuchado, incluso en periodos anteriores.
P. ¿Dónde marcan el hito de esta crisis financiera?
R. En el periodo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Incluso en la época de Richard Nixon. Ahora no estamos sufriendo más que una de sus fases más virulentas. Pero el origen está ahí, es la consecuencia del triunfo del neoliberalismo.
P. ¿Qué ha dejado de herencia Hugo Chávez?
R. Sus ideas no han muerto. Hay países en Latinoamérica, África y Asia que siguen su estela. Y Venezuela, con sus problemas y sus defectos está emergiendo mientras España y Europa están en recesión, en decadencia. Si yo fuera presidente del Gobierno pediría unirme a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, nos iría mejor… (risas). También admiro a Lula da Silva y a Dilma Rousseff. De ella es la frase ‘No estamos sufriendo lo mismo que Europa porque hacemos justamente lo contrario a ellos’. Me encanta.
Había un plan de acabar con el estado social, y efectivamente está siendo ejecutado, debilitado
P. ATTAC es prácticamente sinónimo de alternativas. ¿Qué proponen?
R. Pues eso. Hacer precisamente lo contrario de lo que se está haciendo. No nos podemos dejar engañar. Hay dinero. Hay dinero de sobra, pero está en paraísos fiscales. Habría que suprimirlos, planificar una economía de impuestos progresivos. Debería conocerse el dinero ilegal del fraude, el proxenetismo, del tráfico de drogas… y revertirlo en los estados que se hayan generado. Con un impuesto recaudatorio y de control como la tasa Tobin se puede saber el origen de los gastos. Todas las potencias emergentes, con Brasil a la cabeza, tienen impuestos sobre el movimiento del capital. El problema es que en Europa no quieren que su dinero pague y sea controlado.
P. ¿Qué otras medidas podría destacar?
R. Es necesario acabar con las Sicav, utilizan subterfugios legales para no pagar a Hacienda; deberíamos diseñar una banca pública al servicio de los ciudadanos que no sea Bankia, que ha entrado por la puerta falsa. Incluso Alemania, que tanto daño nos está haciendo, tiene una banca pública; también es un error eliminar el empleo público, eso crea movimiento económico, habría que incrementarlo. Son recetas básicas, pero en lo simple y lo sencillo se esconde lo real.
P. No coinciden demasiado con las del Gobierno…
R. Había un plan de acabar con el estado social, y efectivamente está siendo ejecutado, debilitado. Era un plan diseñado por parte de los poderes financieros y se está cumpliendo.
P. ¿Y pierde poder el Estado?
R. El Estado tiene más capacidad de lo que creemos. Está teniendo fuerza para desmontarse a sí mismo, para agredir y legislar en favor de lo que creen. Lo que pasa es que en estos momentos su capacidad es destructiva. Hay que cambiar la correlación de fuerzas con los mercados.
P. Se pierde entonces valor en la democracia…
R. Desde que cayó el muro de Berlín, al capitalismo le sobra la democracia, no le hace falta. En España se consiguió un triunfo social importante, pero también un fracaso político. La democracia formal no funciona, no sirve, y es el germen de la corrupción que florece en todos los partidos.
P. ¿Los ciudadanos están preparados para implicarse en una democracia más participativa, como proponen?
R. Lo primero que tenemos que impedir es que nos roben la esperanza. El ciudadano lleva años sufriendo una propaganda constante para no estar informado. Pero por suerte, desde hace tres años, la sociedad está volviendo a interesarse y a luchar en la calle. Lo vemos también en que se está rompiendo por fin el bipartidismo en España.
P. Aunque las encuestas revelan que el PP volvería a ganar.
R. Es que hay valores de derechas como estar en contra del aborto, el autoritarismo o la religión. Eso, al votante del PP no le cambia en su decisión del voto, aunque exista el caso Bárcenas.
P. Otra de sus líneas de actuación es la refundación de la izquierda. ¿Qué necesita?
R. Hace tiempo que ATTAC plantea el empoderamiento de la ciudadanía de forma participativa, que se tomen las riendas desde la sociedad por encima de lo económico. Y personalmente creo que es imprescindible un movimiento de recuperación del socialismo. Que alguien me diga que es socialista y monárquico es como un cristiano practicante y ateo. A la izquierda le hacen falta valores y valor para transformarnos hacia un socialismo más parecido al de Venezuela.
Potencial andaluz en la bancaEl presidente de ATTAC en Andalucía, Carlos Martínez, forma parte de un grupo de trabajo para la redacción de un documento para la creación de una banca pública en Andalucía. “Hay que inventar un sistema financiero andaluz que sea abierto, democrático y participativo. Es escandalosa la desaparición de las cajas andaluzas. Es una tragedia”, considera Martínez, que ve en Andalucía un potencial importante en la economía social, la capacidad de agroindustria, las energías renovables y la formación y cualificación de sus ciudadanos. “La Unión Europea nos ha destinado a ser el solarium del Europa, al ladrillo y al turismo. Pero tenemos que cambiar de paradigma económico, si no, iremos por un camino errático y sin rumbo. Desde Andalucía se pueden plantear alternativas”, destaca.
Entrevista publicada en El País
Una crisis transgénica
Gustavo Duch — Consejo Científico de ATTAC España
José Miguel y Juan Carlos discuten en el campo sobre un tema ya habitual.
– Pero Juan Carlos, ¡los transgénicos pueden ayudar a terminar con el hambre en el mundo!
Juan Carlos, agricultor de siempre, mira a su alrededor los campos de maíz modificados genéticamente que han invadido su tierra, Aragón, y piensa, cansado del mismo debate con el compañero ingeniero y entusiasta de las tecnologías, “curioso combatir el hambre con cultivos que solo come la ganadería de los países ricos”.
– Además, amigo, los transgénicos son más productivos- continúa José Miguel. Y el agricultor, rascándose la barbilla pronunciada que esconde su barba quijotesca, piensa en el trabajo de los compañeros de la cooperativa de Binéfar, que demuestra más bien lo contrario.
– Con los transgénicos ya no se usarán pesticidas-. Y el agricultor, sabiendo que el uso de tales venenos no ha decaído, se lleva instintivamente la mano a la nariz pues andan cerca de un campo cultivado de maíz transgénico, lo huele. En su finca de los mil y un cultivos y ningún veneno, hasta los insectos ayudan en las tareas agrícolas y las llamadas malas hierbas son buenísimas como abono de la tierra. Pero no pierde la paciencia y sigue atento a los comentarios del biotecnólogo.
– Y en cualquier caso-, insiste José Miguel, -si no te gustan los transgénicos no hay problema, no los cultives-. Y calla de nuevo el agricultor, sólo para sus adentros pronuncia su rabia. Cuántos campesinos y campesinas en el mundo -a todos los siente hermanos de profesión- han visto que sus cosechas con semillas nativas y a veces cultivadas ecológicamente, han sido contaminadas por polen de variedades transgénicas, perdiendo todo su valor y vulnerada su soberanía. En Aragón mismo no puede ya cultivarse otro maíz que no sea el transgénico. ¿Qué pensarían sus predecesores campesinos que guardaron tantos tipos de semillas durante generaciones? Porque finalmente de eso se trata,–y como podremos escuchar en el próximo encuentro del 19 de Abril en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza- los cultivos transgénicos no son más que una imposición y un ataque a la soberanía de quienes producen alimentos y de quienes los consumimos.
El campo, al perder soberanía, ha quedado sujeto a los mercados internacionales, a las imposiciones de las grandes corporaciones y a modelos productivos muy exigentes en insumos. Los resultados del trabajo en una finca, con el esfuerzo de las manos campesinas, se deciden en movimientos especulativos de la Bolsa de cereales en Chicago o en los despachos de Bruselas ocupados por personas muy condescendientes con los intereses de la agroindustria. El agricultor o agricultora, sin soberanía, han pasado de ser las personas encargadas de proveernos de alimentos a ser una pieza ninguneada en una larguísima cadena alimentaria.
Y todo esto a la ciudadanía no nos resulta ni lejano ni ajeno. Porque la crisis que tenemos encima puede perfectamente entenderse como una crisis de soberanías. Este sistema capitalista neoliberal se sustenta -aunque parezca lo contrario- en un hurto de nuestras libertades y nuestra capacidad de decidir. La democracia ha sido secuestrada por una clase política que no sirve a los pueblos sino a los poderes financieros, que son los bancos y también las grandes corporaciones. E igual que ocurre en el campo, nuestro futuro ya no depende de nosotros mismos, hasta eso nos robaron, y somos una pieza que se compra y vende en el “monopoly global”. Ni tirar los dados podemos.
Por eso, la lucha contra los transgénicos sigue siendo -con la crisis como protagonista en el escenario- un buen ejercicio colectivo que agrupa múltiples sensibilidades: la ecologista, la campesina, la consumidora, pero sobretodo llama a la ciudadanía que, abanderando la agricultura campesina a pequeña escala, las cooperativas de consumo, la banca ética, la colectivización de bienes naturales, las monedas locales o las fórmulas de economía solidaria, está luchando por recuperar las soberanías como elemento central para hacer de la crisis el cambio a una nueva sociedad. Quienes resistieron en el campo con la agricultura de siempre, como Juan Carlos, y quienes vuelven hoy a él para llenarlo de vida ejerciendo el derecho a producir alimentos sanos, ya están en marcha en este camino, que tiene una meta irrenunciable: construir y recuperar escenarios donde el disfrutar, reír y gozar sin explotar a las personas ni a la Tierra, pueda reproducirse.
– José Miguel, -dice Juan Carlos -con semillas estériles sólo las injusticias se reproducen.
Obama y Latinoamérica
Vicenç Navarro — Consejo Científico de ATTAC España
Una de las áreas del mundo donde la política exterior de EEUU ha decepcionado más a las fuerzas progresistas de América (Norte, Centro y Sur) ha sido en Latinoamérica. La falta de cambio ha sido una constante. Casi inmediatamente después de su primera elección, la Administración Obama mostró un silencio ensordecedor frente al atentado al presidente Correa, de Ecuador, cuando, en septiembre de 2010, hubo un intento golpista. Vimos también el mismo silencio durante el golpe de Estado contra el presidente legalmente elegido, Fernando Lugo, que fue destituido por la oligarquía que ha dominado Paraguay durante la mayoría de su historia. El Departamento de Estado de EEUU no denunció tal golpe.
Pero el caso más flagrante fue la aceptación del golpe militar de Honduras, cuando un presidente democráticamente elegido, el presidente Manuel Zelaya, fue detenido y expulsado del país, instaurándose uno de los regimenes más represivos en aquel continente. El asesinato político de sus oponentes es práctica común en aquel país. 83 miembros del Congreso de EEUU enviaron una carta a la entonces Ministra de Asuntos Exteriores de EEUU, la Sra. Hillary Clinton, pidiendo que se denuncie la situación represiva existente en Honduras. El presidente Obama, no sólo no rechazó el golpe militar, sino que lo apoyó, indicando que las elecciones (fraudulentas) que tuvieron lugar después del golpe habían legitimado al nuevo gobierno.
Tal situación de brutal represión apenas aparece en los medios de mayor difusión de EEUU y de Europa. Mientras que tales medios han ido mostrando una enorme hostilidad al gobierno venezolano presidido hasta hace poco por el gobierno Chávez, que intenta alcanzar el socialismo utilizando la vía democrática (hay mayor diversidad ideológica con los mayores medios de difusión en Venezuela que en España), han mantenido un silencio ensordecedor frente a las atrocidades y asesinatos políticos cometidos por un gobierno cuyo partido pertenece a la Internacional Liberal, a la cual pertenecen muchos partidos europeos, incluido el partido gobernante en Catalunya, el CDC). Según la International Federation for Human Rights (que ha preparado un informe para el International Criminal Court) basada en París, en 2012 se cometieron más de 100 asesinatos políticos (en contra de sindicalistas, periodistas y campesinos, entre otros) con un número mayor de desaparecidos, detenciones ilegales, torturas y violaciones, represión dirigida a crear temor entre la población, según tal informe. Figúrense, por un momento si tales hechos hubieran ocurrido en Venezuela bajo el gobierno del Sr. Chávez. El escándalo internacional hubiera sido enorme. En lugar de ello, un silencio sepulcral que detecta y muestra una complicidad además de hipocresía.
Pero lo que es todavía peor, desde el punto de vista de la Administración Obama, no es su silencio, sino su apoyo a tales atrocidades. En realidad existe evidencia, mostrada y documentada por el miembro del Senado de EEUU, el senador Patrick Leahy, de que tales asesinatos son realizados por la policía del gobierno hondureño (dirigido por Juan Carlos Bonilla) a la cual el gobierno federal de EEUU ha estado asesorando y financiando (Ver Mark Weisbrot, “Will Obama’s Legacy Be a Death Squad Government in Honduras?” The Guardian 30.03.13). En realidad, y tal como denuncia el senador Leahy, tal ayuda es ilegal en EEUU, pues la ley federal de aquel país prohíbe la ayuda militar o policial que policías o ejércitos que han cometido actos de violación de derechos humanos que han permanecido inmunes.
Como concluye Weisbrot, Obama ha vuelto a los estándares de brutalidad que caracterizó la política del Presidente Reagan, el guru de los neoliberales, que hoy han reavivado su brutalidad y opresión que permanece oculta en los medios de mayor difusión en tales países.
Artículo publicado en Público.es
vnavarro.org
Neoliberales en penitencia por la autopista
Isaac Rosa — Comité de Apoyo de ATTAC España
A los que insisten en defender la eficiencia y ahorro de lo privado frente a lo público, yo les pondría como penitencia que recorriesen a pie todos los kilómetros de autopista que en las próximas semanas nos vamos a comer con patatas. ¿Consejero autonómico que propone privatizar hospitales? Una radial entera de rodillas. ¿Dirigente empresarial que alaba el sistema de concesiones? La autopista Cartagena-Vera, descalzo y con cruz al hombro. ¿Tertuliano de firmes convicciones neoliberales? La AP-41 a la pata coja. A ver si así se les quitan las tonterías.
Pocas demostraciones tan escandalosas del timo de la “colaboración público-privada” como el caso de las autopistas de peaje que tan alegremente se concedieron en los años de la burbuja. Un pozo sin fondo donde se han enterrado miles de millones, y que para variar ahora toca nacionalizar.
El cuento de las autopistas es largo, y da risa por no llorar. Una historia de final cantado, que recoge lo peor de nuestro “modelo productivo” en alianza con las decisiones políticas más nefastas. Un país de vieja querencia por el asfalto (al que se decidió dar prioridad frente al tren por intereses empresariales), donde las constructoras son un poder con mayúsculas, y que llegado el momento de la expansión burbujil encuentra en los kilómetros de asfalto otra oportunidad de pelotazo.
Y allá fueron, de la mano, ministros de Fomento, consejeros autonómicos, constructoras amigas (algunas en los papeles de Bárcenas) y por supuesto las cajas de ahorro, que no se perdían una fiesta. Juntos se sentaron a la mesa y organizaron un negocio redondo: construir costosísimas infraestructuras (que por el camino dejan enormes sobrecostes y suculentas comisiones), con crédito alegre de las cajas y avalado por el Estado, con contratos al gusto de la concesionaria, y lo más importante: con red, que es como se hacen en España los grandes negocios. Si sale bien, se lo lleva crudo la empresa; si sale mal, nos lo comemos nosotros.
Pasaron los años, y se cumplió todo lo que avisaban los aguafiestas que en su día alertaron de la inviabilidad de tanta autopista. No se construyeron, como sería lógico, para llegar a algún sitio pasando por el camino por otros sitios. No, no había lugar al que llegar ni por el que pasar, porque era la propia autopista la que iba a generar esos lugares. Se hicieron estimaciones de utilización fantásticas, basadas en esos lugares que no existían, y que surgirían espontáneamente por la propia existencia de las autopistas. Algunas no han llegado ni al 10% del tráfico estimado.
Y lo más cómico: se calcularon unos costes de expropiación de los terrenos que al final se multiplicaron por seis. Según la patronal de las constructoras, Seopan, pensaban pagar 427 millones por los terrenos, y acabaron obligados a soltar 2.267 millones, porque la propia autopista revalorizaba los terrenos, los “no lugares” que sin autopista valían cuatro duros, y con ella multiplicaban su precio.
Pero lo más importante era, por supuesto, la red de seguridad habitual en este tipo de funambulismo empresarial: las constructoras no corrían mucho riesgo, porque en caso de caerse del alambre, el Estado estaba en el suelo con los brazos abiertos para recogerlas. El Estado, es decir, nosotros, estamos pillados por créditos participativos, avales, compensaciones comprometidas, y la propiedad, que en el fondo sigue siendo nuestra. Todo conduce de cabeza al rescate, y si hay alguna posibilidad de evitarlo, ya se tirará de cabeza un gobierno siempre dispuesto a rescatar a los suyos.
Ya digo, una estafa monumental, otra más, que acumula una deuda de 3.500 millones que ahora pagaremos entre todos, y que de regalo nos deja con unas cuantas vías duplicadas y sin uso, que no sirven para nada, y que son irreversibles, no se pueden desmontar. Incluyamos ahí otro daño, incalculable: el destrozo ambiental y paisajístico, que una autopista no es una vieja vía de tren que ahora conviertes en vía verde para bicicletas.
En el pufo de las autopistas están implicadas las grandes del ladrillo: ACS, Abertis, Sacyr, Acciona, OHL. A sus consejos de administración los ponía yo a acompañar a los ministros y consejeros en la penitencia.
Artículo publicado en Zona Crítica, eldiario.es
La sanidad pública (privatizada) reclamo turístico en la almoneda de los derechos
Àngels Martínez i Castells – Consejo Científico de ATTAC España
“Los servicios privados aumentan en los hospitales públicos”. Un gran (y muy útil) reportaje de Antía Castedo para la edición de Catalunya de El Pais que explica el canibalismo en el sector de la sanidad y cómo empeoran las condiciones de vida y trabajo de sus profesionales mientras se configura el doble nivel sanitario: una sanidad pobre, para pobres, y otra sanidad con mayores recursos y sin listas de espera para quienes puedan pagar que la sanidad es ya una mercancía y no un derecho universal. La sanidad pública de Catalunya convertida en un “atractivo” turístico más, como las obras de Gaudí o las Ramblas de Barcelona, todo ello muy bien justificado por los bonzos del neoliberalismo que nos condenan a listas de espera imposibles, o a pagar las cuotas de una mútua o una factura inasequible para la mayoría de bolsillos si queremos ser atendidos. Nunca debería poderse llevar a cabo la mercantilización de una necesidad tan básica, que concierne nuestra salud y nuestra vida, si nos respetáramos como sociedad civilizada. Estamos retrocediendo a los tiempos de la beneficiencia mientras nos venden (nos mienten) que eso es la modernidad. Estamos arrojando al abismo nuestra sanidad pública, siguiendo los pasos del sistema USA (que incluso los dirigentes más sensibles del Partido Demócrata abominan). Y en un gobierno de culpables, Boi Ruiz destaca por su empeño y compromiso en convertir lo que es un bien público de calidad, un servicio fundamental, en un atractivo de feria. Puede ser que los jueces no acepten una querella contra él… pero desde el sentido común más básico, desde el más elemental sentimiento de justicia, su política tiene mucho delito. Y más temprano que tarde, tendrá que rendir cuentas (con todos los saqueadores de la salud) por lo que nos están haciendo.
En las ferias de turismo de países exóticos ya no solo se promocionan hoteles, operadores y destinos. También lo hacen los hospitales públicos catalanes. Es el caso del Hospital de Palamós —presidido por la alcaldesa de la localidad, la socialista Teresa Ferrés— cuyos directivos acudieron recientemente “de prospección” a un certamen de Moscú.
Aunque no hay datos oficiales, las fuentes consultadas coinciden en que cada vez más hospitales financiados por la Generalitat se apuntan al carro de la atención privada. La doble puerta de entrada se extiende al abrigo de los recortes, que mantienen plantas y quirófanos cerrados a pesar de las dolorosas listas de espera del Servicio Catalán de la Salud (CatSalut). Estos recursos “infrautilizados” se venden ahora al que lo paga de su bolsillo.
Aunque no el primero, el ejemplo más conocido es el del Hospital Clínic, un centro de referencia internacional que abrió en el año 2000 Barnaclínic, empresa de asistencia privada que utiliza instalaciones y profesionales del hospital. En 2008, Barnaclínic facturó 12 millones de euros. De ellos, ocho revirtieron de nuevo en las arcas del hospital. Pero los directivos del centro, menos reticentes en otros tiempos, se han negado ahora explicar el funcionamiento de la doble vía de atención. Lo mismo ha ocurrido con cerca de otra decena de hospitales consultados —muchos presididos por cargos públicos— que eluden dar explicaciones, algunos con el argumento de que se trata de un tema sensible sobre el que no hay que “hacer demagogia”.
Sin embargo, la preocupación sobre si estas nuevas iniciativas pueden afectar a la equidad va pareja con el auge de las mismas. “El conflicto de intereses es claro si los mismos médicos que atienden en la pública también cobran de la privada”, afirma Carme Borrell, doctora en Salud Pública y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (Ciberesp). El Hospital de Sant Pau, que ha empezado a atender a pacientes por la privada, ha operado ya de varices a al menos dos personas que se han saltado, previo pago, los 8,4 meses de espera media para esta dolencia que marcan los datos del CatSalut. Los portavoces del hospital argumentan que, en tiempos de recortes, es necesario buscar “nuevas vías de financiación”.
El interés por abrir esta puerta no es nuevo –algunos concertados llevan décadas atendiendo a pacientes privados o mutuas— pero sí ha resurgido en los últimos tiempos. A pesar de los interrogantes que suscita, esta convivencia público-privada no está regulada, más allá de lo que establece la Ley General de Sanidad: “Las normas de utilización serán iguales para todos”. Solo hay códigos éticos y recomendaciones voluntarias de las propias entidades.
Uno de ellos es el elaborado por el ente público que actúa como patronal Consorcio de Salud y Social de Cataluña (CSC), que creó hace meses un grupo de trabajo con gerentes de una quincena de sus asociados. Entre los hospitales financiados por la Generalitat hay entidades privadas sin ánimo de lucro, de titularidad municipal y empresas públicas y consorcios participados por la Administración catalana. El resultado fue un documento consensuado de recomendaciones en el que se establece que los “recursos adicionales” generados por la actividad privada deben reinvertirse en la institución; el acceso y la priorización de las listas de espera deben ser transparentes; los circuitos deben diferenciarse de los de la prestación pública y los precios de los servicios deben incluir la parte correspondiente a los costes de amortización de las instalaciones y equipos.
El propio CSC ha implantado esta vía en el Centro Integral de Salud Cotxeres. El gerente, Josep Serrat, cree que el modelo “no es cuestionable”, aunque reconoce que no es fácil controlar su funcionamiento, entre otras razones porque “dentro de la consulta no se pueden poner cámaras”. En el código ético del centro se acepta que los médicos podrán informar de la opción privada “en el contexto de su actividad asistencial pública”.
Los incentivos para derivar a los pacientes a la vía de pago no son desdeñables. Un cirujano cardiovascular cobra poco más de 200 euros si opera para la sanidad pública fuera de su jornada laboral, mientras que se puede embolsar miles de euros si lo hace para la sanidad privada, reconoce José Luis Pomar, cirujano cardiovascular del Clínic. “Antes de los recortes era fácil en la pública programar intervenciones y encontrar huecos, pero ahora no puedo meter a nadie hasta septiembre si no es muy urgente”, explica.
Los sindicatos creen que el nuevo escenario acabará perjudicando todavía más al paciente público que no pueda pagar la privada. “Si abres esta posibilidad, nunca se invertirá en mejorar los hospitales públicos. Se está creando una sanidad para ricos y otra para pobres”, critica Carme Navarro, secretaria de Sanidad de Comisiones Obreras.
“Se cierran camas para luego contratar los servicios con los privados”, asegura Àngels Castells, economista de Dempeus por la Salud Pública. “¿Cómo puede ser que haya listas de espera y al mismo tiempo recursos infrautilizados?”, se pregunta. Una respuesta posible es la de Guillem López Casasnovas, catedrático de Economía de la UPF y miembro del Centro de Investigación en Economía y Salud. En un informe de la Fundación Víctor Grífols de 2006 elaborado por Casasnovas, Victòria Camps y Àngel Puyol, los autores afirman que el problema es de oferta, no de demanda. Si las fundaciones y consorcios no rentabilizan su actividad, acabarán incurriendo en déficit. Los porcentajes de penetración de la sanidad privada en los hospitales financiados mayoritariamente por el CatSalut son, de momento, modestos. La que más factura es la Fundación Puigvert y esta vía no alcanza el 20% del total de sus ingresos. Pero el nuevo escenario ya ha generado duras críticas de la patronal de hospitales privados (ACES), que se queja de competencia desleal. La otra patronal concertada, La Unió, que ha propuesto que la cartera de servicios públicos se reduzca a lo básico, también es favorable a la actividad privada.
Casasnovas cree que lo importante es que la Administración ejerza un control efectivo y que haya transparencia. Josep Vendrell, de ICV, duda de que esto sea posible en las condiciones actuales. “Lo que no puede ser es que el CatSalut se limite a pagar y no intervenga”, critica Vendrell. ICV ve urgente que está cuestión se regule y se fijen unos criterios obligatorios. Para ello, prepara una propuesta que presentará en el Parlament.
“Renunciar” a la lista de espera
El documento de recomendaciones del Consorcio de Salud y Social de Cataluña (CSC) elaborado por consenso por una quincena de sus asociados contiene al final un anexo con dos plantillas para entregar a los pacientes que decidan entrar por la puerta de la privada en vez de por la pública. El paciente, al firmar el documento, “solicita su baja voluntaria de la lista de espera” pública para la misma intervención. Varios hospitales utilizan documentos similares, que hacen firmar a los pacientes antes de ser intervenidos o tratados.
En el caso de los procedimientos médicos, el paciente se compromete a que, si por alguna razón decide al final ser atendido en la pública, “los criterios de accesibilidad serán los vigentes en el momento de la solicitud del nuevo cambio”. Es decir, que se incorpora a la lista por la cola. La idea, según una fuente del sector, es “defenderse si hay acusaciones de lista de espera doble”.
Según una portavoz de CSC, el documento de recomendaciones parte de que “la actividad privada no puede ser una forma” de saltarse la lista de espera. “El acceso a la vía privada se puede iniciar de forma espontánea o porque la persona que está inscrita en la lista de espera decide tratarse de forma privada y, consecuentemente, sale de la lista”, afirma esta portavoz. El Hospital de Olot es uno de los que utiliza este mecanismo. “De las últimas 10 intervenciones privadas, solo dos pacientes estaban en lista de espera”, explican en el centro.
Si una persona está incluida en la lista del CatSalut, lo que debe hacer para ahorrarse la espera es firmar ese documento y pagar la intervención por la vía privada dentro del hospital público. Todavía le queda otra opción: recurrir a un hospital privado, donde no le harán firmar ningún documento.
“Tengo el corazón mirando al sur”
Federico Mayor Zaragoza – Comité de Apoyo de ATTAC España
Es la letra de uno de los tangos más bellos e inolvidables… Y hoy es, además, una realidad plena de tensión humana, de solícita inquietud, de resuelta actitud de amparo.
Al sur, en general, donde hoy hallamos ya más soluciones que problemas.
Y al sur de Europa, en particular, que los últimos estertores del neoliberalismo globalizador está intentando aniquilar. Los “mercados” –del norte, sobre todo los de la Norteamérica republicana- están asolando a Grecia, Portugal, Italia, España… Primero sustituyeron los principios democráticos por las leyes mercantiles y, acto seguido, las Naciones Unidas, expresión aún con todos sus defectos, de la democracia a escala mundial, por grupos plutocráticos de 6, 7, 8 o 20 Estados.
Y luego, aprovechando que la Unión Europea carecía de liderazgo y había cometido el inmenso error de establecer una unión monetaria sin una unión política y económica previa, arremetieron contra Grecia, desgarrando su tejido social, cargando el fardo de la incompetencia de las instituciones financieras sobre los ciudadanos de los segmentos de población más vulnerables… Llegando, en el colmo de su despropósito, a nombrar, en la cuna de la democracia, a un gobierno sin elecciones.
Y así, el tsunami del “austericidio” ha recorrido el sur… y Portugal, Chipre, España, Italia se han ido sometiendo a sus designios.
Ha llegado el momento, lo he repetido en múltiples ocasiones y ahora es ya apremiante, de plantarse. De recomponer la Unión Europea mediante los Tratados pertinentes. De realizar las reformas estructurales y legales (constitucionales incluidas) que se requieren en nuestro país. Y detener, con el poder ciudadano en completo ejercicio, esta debacle.
El sur de Europa podría ahora “inspirarse” -¡cómo cambian los tiempos!- en América del Sur.
Y España, también, en el sur de España.
Tengo el corazón mirando al sur.
Artículo publicado en El Mercurio Digital
http://federicomayor.blogspot.com.es/
España. Mayo del 2013: sin espacios para el disenso
Carlos Carnicero – El Mercurio Digital
Como era previsible, el conjunto de medidas impuestas por la Unión Europea y aplicadas por el Gobierno, no solo no han mejorado la situación económica, sino que la han agravado. La respuesta, instalada en la tozudez, es más dosis de una medicina inicua que agravará la situación del paciente, de la mayoría de los ciudadanos. La Unión Europea exige a Rajoy más impuestos y nuevos recortes. Y el estado de indignación de la sociedad entenderá esos nuevos sacrificios como una provocación.
Mayo tiene, desde el 68, un sello de rebeldía. Es un mes carismático y adecuado a la explosión social. Y los disensos de la sociedad con las imposiciones del poder no encuentran vías de manifestación que dibujen un camino hacia un nuevo consenso social.
Una sociedad arrinconada termina por reventar; cuando se empuja contra un muro, la salida, en la estrategia militar, convoca a la rendición o a la lucha desesperada. Y en esas estamos. Los llamados escraches son la válvula de escape para acercarse a unos dirigentes que se han blindado frente a las legítimas protestas de los ciudadanos. Y la solución que se plantea no es atajar la raíz de los problemas sino nuevas medidas coercitivas para cerrar y arrinconar cualquier vía de protesta.
Ni los partidos ni los sindicatos han abierto caminos para que transiten los reclamos ciudadanos. Y como corresponde, la sociedad busca sus propios vericuetos.
Multar a los que protestan, detenerlos, ponerlos en la picota pública porque “molestan” a los responsables de esta situación en el entorno de sus familias, solo convocará nuevas vías de protesta. Y si se cierran todos los caminos, la fuerza de los hechos promoverán una explosión social.
El PSOE, al fin, ha entendido que tiene que acercarse a los reclamos de los ciudadanos. La derecha, inmediatamente ha establecido que el PSOE se radicaliza. Porque pretende una sociedad sumisa que acepte con resignación los azotes que se le profieren. El PSOE se ha dado cuenta de que la inacción es su final. Y se ha empezado a mover sin que se tengan claros cuales son los riesgos que está dispuesto a asumir.
Mientras tanto, la infanta Cristina está pendiente de comparecer ante los tribunales. La fiscalía y la abogacía del estado actúan como defensa de la infanta y no como acusación pública. El hijo de Jordi Pujol soporta el conocimiento público de que tiene 32 millones de Euros en paraísos fiscales. Igual que Luis Bárcenas. El Gobierno de Zapatero indultó al banquero Sáenz y el de Rajoy cepilla sus antecedentes penales para que siga siendo el número dos del Banco Santander. Y la lista de desigualdades sería interminable.
Esta contraposición de situaciones, de distintas varas de medidas en función del poder de los ciudadanos es un escaparate refractario de la desigualdad que no se puede soportar. Ajustes para los débiles y blindaje para los poderosos.
El Gobierno, la señora Merkel y los poderes financieros debieran ser conscientes de que el cinturón que se aprieta a los ciudadanos ya no tiene más agujeros.
En la ciencia militar es norma básica que arrinconar al enemigo, sin ninguna salida, provoca una resistencia numantina. En eso estamos.
La difícil construcción del socialismo en Venezuela
Juan Carlos Monedero – Consejo Científico de ATTAC España
El escenario presentado por la oposición al chavismo durante la breve campaña ha tenido tintes apocalípticos: catorce años de Gobierno (con casi dos generaciones que sólo han conocido gobiernos chavistas), la muerte del carismático líder y su sustitución por alguien que no es Chávez (algo, por otro lado, evidente), apagones eléctricos y problemas de abastecimiento (cierto que provocados por sabotajes, aunque esto no lo decían), una delincuencia en niveles muy altos, subidas de precios (donde hay mucha responsabilidad de acaparadores y especuladores, cosa que tampoco se enuncia), corrupción en la administración… Y, sin embargo, Nicolás Maduro ha ganado las elecciones. Con un resultado al que no estaba acostumbrado el chavismo (siempre sacando dos dígitos a sus adversarios), pero que no está lejos del de otros presidentes (Calderón, Bush). Maduro ha ganado las elecciones y la oposición, como ha venido siendo la norma desde 1998, desconoce el resultado. La derecha siempre piensa que el poder le pertenece.
Para entender la victoria de Nicolás Maduro haría falta dejar de lado la agotada ciencia política y leer un poco de literatura (por ejemplo, Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier). Se vería así que los ritmos del mar, de los ríos infinitos y de la tierra no son los de las fábricas y las autopistas. Ayudaría también entender la lógica de las telenovelas —donde se reinventa constantemente el mito de la Cenicienta, ahora con jueces y herencias de por medio— o el porqué de la necesidad popular de santos cotidianos, esos que dan fuerza a los que se levantan a las cuatro de la madrugada para ir a un trabajo donde se demorarán toda la jornada y recibirán un salario que no alcanza para ir a Disneyworld. Ayudaría también entender la humillación acumulada del pueblo frente a los mantuanos y los extranjeros y la dignidad recuperada gracias a alguien que era de los suyos (piensen en Los santos inocentes de Miguel Delibes, multiplíquenlo por diez, metan el racismo histórico hacia los negros y los indios, y aderécenlo con penetración imperial norteamericana; entonces se aproximarán a lo que ha sido la historia de América Latina durante dos siglos). En una asamblea comunal, una mujer venezolana le dice a otra: “¡Chica, es que hablas como Chávez!”. Y ella le contesta: “No. Es que Chávez habla como nosotros”. No hay niños desnutridos en las calles de Venezuela y en las escuelas se entregan libros y ordenadores. El último año se repartieron 200.000 viviendas. Además, a los venezolanos ya no les da vergüenza ser venezolanos. En el editorial de un periódico global y desubicado se decía: el populista Chávez se gasta el dinero del petróleo en educación, en sanidad, en pensiones, en vivienda social. Claro, así cualquiera gana elecciones.
¿Por qué la izquierda avanza en América Latina y se despeña en Europa? Pudiera ser porque Europa insiste en despreciar lo que ignora. De nada sirve toda la escuela de Frankfurt advirtiendo frente a la torpeza moderna a la hora de usar la racionalidad de otra manera que no fuera mera instrumentalidad —vaya, que no fuera como Terminator—. Tampoco le ha servido al bueno de Baumann su apuesta por lo líquido y su advertencia de que hay una línea casi recta entre el pensamiento de la Modernidad y los crematorios de Auschwitz. Europa sigue cometiendo “epistemicidios”, haciendo del pensamiento lineal un camino a ninguna parte, midiendo el mundo con la vara arbitraria de su saber eurocéntrico.
La Venezuela bolivariana sigue pareciéndole a lo discípulos de las brumas filosóficas demasiado frívola. ¿Un Presidente que canta? ¿Un líder que se ríe con su pueblo? ¿Un dirigente que se la pasa manchado de barro y con los sectores más humildes? Y por si fuera poco ¡ahora un Presidente conductor de autobús! Si entendieran la emocionalidad de este proceso, sabrían que no se puede derrotar al sueño de los pobres con un burguesito que ayer decía que iba a echar a los médicos cubanos y hoy promete darles la nacionalidad, que ayer quería encarcelar o inhabilitar a Chávez y hoy se declara su más ferviente discípulo, que ayer insultaba a las misiones y hoy dice que las va a potenciar. Y lo dice rodeado de personas de plástico —como cantaba Rubén Blades— a las que se les nota a la legua que les molesta todo lo que sepa, huela o se vea como pueblo. Claro que Capriles ha sacado un buen resultado. Pero no por méritos propios, sino por acumulación de los errores del chavismo.
Nicolás Maduro, un conductor de autobús que ha hecho su grado y su posgrado en la política (cuidado con los elitistas: ¿cuántos licenciados y doctores no han arruinado países?), tiene la experiencia suficiente como para continuar el proceso e, incluso, superar los cuellos de botella en los que se ha detenido. Como sindicalista, como diputado, como Presidente de la Asamblea, como Canciller, como Vicepresidente. Si Chávez lo escogió entre un gran abanico de posibilidades no fue por capricho. El Presidente fallecido tardó demasiado en pensar en su sucesión. Pero cuando la enfermedad le puso en la urgente tesitura de hacerlo, la formación de Maduro ya era un hecho. En su intervención el día de las elecciones desde su colegio electoral, Maduro demostró que ya estaba preparado. Los tics de emulación de su maestro quedaron atrás. Apareció, de pronto, él mismo. Algo tarde, pero un Maduro completo ya estaba ahí. Sus gestos, su discurso, su temperamento, su tranquilidad. Él, como la mayoría del pueblo, “le ha cumplido a Chávez”. Ahora ya puede continuar solo. El gran reto de suplir a un Presidente “gigante” -es lo que ha sido Chávez, pese a los errores y todo lo pendiente- lo ha sabido hacer con bien. No parecer que se renunciaba a su legado; no parecer un simple clon del Comandante. Y el pueblo de Venezuela ha sido claro: acompañábamos a Chávez, pero también acompañábamos un proyecto. Cierto que la oposición ha sacado su mejor resultado. Pero Maduro ha sacado 300.000 votos más.
Los retos de Maduro son grandes. Cuando en el mitin de cierre de campaña se hizo acompañar de todo su tren ministerial estaba lanzando un primer mensaje claro: somos un equipo. El carisma de Chávez va a ser sustituido por política. El segundo mensaje no era menos contundente: desde el día después de las elecciones, Maduro va a recorrer el país durante dos semanas, escuchando al pueblo, sus quejas, sus necesidades, sus deseos de colaboración. Casi el 50% de los electores no ha entendido la propuesta de Maduro. Corresponde, pues, explicarla. Y, al tiempo, construyendo los nuevos acuerdos que permiten gobernar un país.
Maduro heredó de Chávez su señalamiento como la persona encargada de continuar la revolución bolivariana, pero con ese legado no venía incluido el acuerdo que trenzó Chávez en estos catorce años. Le corresponde al nuevo equipo de Gobierno construir el nuevo bloque y lograr hegemonía gracias a la incorporación de grupos, sensibilidades, profesiones, partidos, ámbitos geográficos, etc. Es aquí donde existe más riesgo de fractura en cualquier proceso de cambio, de manera que la voluntad demostrada de hilar todos estos asuntos indica sensibilidad política y buen tino. El tercer mensaje es igualmente contundente: ningún acuerdo con la “burguesía” (es decir, con quienes apuesten por aprovecharse del trabajo de los demás) ni con el imperio (los vecinos del norte, siempre conspirando para desestabilizar a los desobedientes, pero también las empresas transnacionales, que creen que cualquier territorio es un mercado y les pertenece). En cuanto al programa, Maduro sabe, como miembro de diferentes Gobiernos de Chávez, que hay tres problemas urgentes: la inseguridad, la corrupción y la ineficiencia. Tres problemas estructurales, históricos, de muy difícil solución pero donde el proceso se juega su credibilidad popular una vez que todos los demás logros pronto se verán ya como derechos adquiridos. La crisis económica mundial terminará llegando a América Latina, y en ese escenario es esencial que el entendimiento entre el pueblo y el gobierno sea total. Para ello, la transparencia y la probidad del comportamiento gubernamental son condición sine qua non.
Todo esto sólo se podrá lograr con la participación popular y con una apertura inmensa a la crítica y a la autocrítica. La desaparición física de una figura tan presente como la de Chávez, abre mucho espacio para muchas cosas. En un mundo sin modelos, la frase de Simón Rodríguez “inventamos o erramos” sigue siendo radicalmente válida. El vivencialismo o experimentalismo es más relevante que la repetición de modelos que han demostrado su invalidez. Por eso, el proceso bolivariano necesita tener mucha cintura para escuchar todos los mensajes que le vengan desde todos los ángulos afines al proceso. De la misma manera que tiene que aprender a compartir desde el Estado cuotas de poder que deberán ser entregadas al poder comunal. De lo contrario, el Estado se irá burocratizando cada vez más, y la crítica quedará en manos de los enemigos del proceso. En ambos casos, la consecuencia será la imposibilidad de construir una nueva hegemonía.
Venezuela ha tenido éxito, a diferencia de lo que ha sido la norma en la izquierda latinoamericana, por cinco razones. La transformación ha venido acompañada de redistribución de la renta (posibilitada por el alto precio del petróleo y la voluntad de repartirlo), ha sido democrática, tanto en términos electorales como de democracia participativa, ha venido en forma de ola regional, ha gozado de las posibilidades que brindan las nuevas formas de comunicación y no ha generado un rechazo extremo como ocurrió con el comunismo en los años 20 y 30. Pero al ser una “revolución” electoral, siempre se la juega en el último embate. Este último quizá haya sido el más difícil, al estar marcado por la ausencia del fundador de la V República. También ha sido superado. Europa seguirá, en cualquier caso, criticando a Venezuela. Algo siempre más socorrido que ver las miserias propias.
Artículo publicado en Publico.es
www.comiendotierra.es
Sobre la teoría monetaria moderna
Entrevista a Jorge Amar, coordinador de la Comisión de Justicia Fiscal Global de ATTAC España
Las creencias arraigadas sobre el dinero en nuestras sociedades monetizadas distan mucho de la realidad de lo que es este, como se crea, que le da valor y las políticas económicas que rigen sobre el mismo, en especial la política monetaria y la fiscal. Desde una perspectiva Neocartalista, que la investigación histórica avala, el dinero es un producto del estado y en nuestros tiempos modernos, tras el fin de las monedas convertibles y la instauración de tipos de cambio flotantes, permite a las naciones soberanas monetariamente eliminar la restricción presupuestaria sobre el gasto del Estado, lo que permite al mismo hacer uso de los déficits para alcanzar el pleno empleo y la estabilidad de precios, justo el camino contrario a la llamada “contracción expansiva” o “austeridad” que sufrimos sin perspectivas de mejora.
Puedes escuchar la entrevista a Jorge Amar realizada por los compañeros/as del programa Lliure Directe de Radio Klara en el siguiente enlace
Otra mirada a la sanidad pública
Àngels Martínez i Castells – Consejo Científico de ATTAC España
Cuando te diagnostican una enfermedad grave tiembla el suelo. Por más que barruntaras lo que se confirma, el impacto exige estabilidades no siempre disponibles: los apoyos externos (gente que te quiere, amistades fundamentales) son recursos necesarios, polivalentes absolutos: cinturones de seguridad que abrazan, muletas que equilibran, multivitamínicos que reponen fuerzas, y ansiolíticos que devuelven a la respiración el ritmo compatible con el esfuerzo físico y mental que se te exige.
De repente añades una nueva residencia a tu vida. Una distorsión muy de base te transporta a un universo sujeto a fuertes tensiones y ambiciones, a la arena de un proceso privatizador que ahoga en tiempo y medios a los profesionales y les impone un “sálvese quien pueda” que deja demasiadas víctimas… seguramente entre los mejores. La caricatura de un olimpo de dioses de bata blanca (tanto si puedes darte cuenta como si no, con heroicas y dignísimas excepciones) se desdibuja y distorsiona con mandamientos gerenciales, de un zafio mercantilismo. Quienes más lo sufren son, como siempre, los de abajo. En un ejercicio de alienación forzado quieren alejar la sanidad pública de sus objetivos nucleares, la realidad que le da sentido, bajo consigna de cumplir cifras de déficits absurdos, conseguir “ahorros” que significan precariedad, e imponer recortes durísimos que limitan con la capacidad de subsistencia. En vez de fomentar la investigación, y curar y cuidar a las personas enfermas (con su dolor y miedo incluido) los bonzos que se mueven por los sobres de los laboratorios y los fondos de inversión que colonizan la sanidad pública, quieren conseguir otra cosa: (¿rentabilidad, eficiencia, mejora de ratios?) No, más bien un saqueo impune.
Quienes pasan ahora a frecuentar (por necesidad y por derecho) hospitales públicos, entran en un medio “sanitario” mucho más hostil, donde batallas más duras que nunca también se libran en la cumbre, y donde los pacientes (impacientes o no) son cada vez más los figurantes necesarios, los extras de una gran superproducción a la Cecil B. De Mille, camino del peor de los óptimos gerenciales en los que prácticamente desaparecerían como personas, desfigurados sus perfiles por protocolos y rutinas, en un caos progresivo y quizás nada inocente. La única defensa, sumarse a la desconcertada resistencia de quienes todavía creen (numantinamente) en su vocación, de quienes defienden que, en contra de lo establecido, no hay enfermedades sino personas enfermas, seres conscientes que pueden entender mucho más de lo que se supone si se les pide razón además de confianza. Y a los que nunca se debería exigir fe en algo en lo que las ciencias (las ciencias de la salud) juegan un papel tan importante. Sólo si se opta por la colaboración y no por el sometimiento, si se trasciende la pasividad de consentimiento firmado sin derecho real a elegir (incluida la muerte digna asistida), si el respeto al profesional sigue, sin distorsión, en el respeto a las personas enfermas, la sanidad pública de Catalunya podría ocupar de nuevo un lugar destacado, envidiable y ejemplar, en el mundo.
Para el profesional de la sanidad pública supone aceptar que quien tiene enfrente, pese a padecer una enfermedad, debe ser tratado como un posible (o seguro) aliado racional en la defensa de sus derechos laborales y profesionales porque refuerzan los imprescindibles derechos de ciudadanía. Los derechos no coliden, sino que se refuerzan, y esta sinergia básica es fundamental para que empiecen también a desmoronarse desigualdades arbitrarias y abismos absurdos entre el personal de la sanidad y las personas enfermas. Un buen tratamiento empieza también porque la persona enferma entienda y acompañe todas las facetas de su enfermedad sin que su dignidad se diluya. Sólo así podrá vivir también el proceso de su enfermedad como parte fundamental de la defensa de la sanidad pública. Porque no se aparcan los derechos por estar enfermo, por necesitar tratamiento, por ser dependiente o tener una enfermedad crónica.
El sistema sanitario público también está enfermando. Y para su mejoría debe combatir los dogmas merkelianos y demás elementos extraños, anti-sociales, inoculados desde las altas escuelas de negocios en contra de su propia razón de ser. Hay que echar al basurero de la historia en común a los viciosos de las puertas giratorias, erradicar a los adictos a las corruptelas que malvenden (o se llenan los bolsillos) con la sanidad de todos. Y, en un plano más personal, apearse también del pedestal y librarse de la autocompasión para que la lucha continúe, dé frutos, triunfe. Por el bien común, que quiere decir, por la salud y una vida digna para la inmensa mayoría.
Cospedal y los escraches de la PAH
Antonio Aramayona – ATTAC CHEG Aragón
La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, calificó el pasado 13 de abril a los escraches de las víctimas de los desahucios de “nazismo puro”, reflejo de “un espíritu totalitario y sectario” propio de los años treinta (referido a la Segunda República Española, tan poco dilecta en las filas del PP) y un intento de “tratar de violentar el voto” y las reglas de la representatividad democrática. La número dos del Partido Popular señala como punto común de sus críticas la supuesta violencia utilizada en sus escraches por los miembros y socios de la Plataforma de Afectados por el Desahucio (PAH).
Desde hace unas semanas o unos meses tengo el placer y el honor de asistir activamente a las protestas por los desahucios y las subastas de las viviendas de mis conciudadanos y conciudadanas. Mi vivienda no está desahuciada ni tengo problemas vinculados con esa problemática, pero me resultaría difícil conciliar el sueño sabiendo, por ejemplo, que al día siguiente –es un caso real, entre muchos otros- una abuela llena de vida va a ser desahuciada de su piso, donde ahora viven también su hija y dos nietos con muy escasos recursos. Y es que para luchar contra el cáncer no es preciso padecer un tumor maligno, como tampoco es condición estar enamorado para escribir un libro sobre el amor y el desamor. Desde su recuerdo y su ejemplo de solidaridad, vayan aquí unas cuantas reflexiones sobre el asunto:
ESCRACHES. A Cospedal, a los miembros de su partido y a otros dirigentes más de otros grupos políticos les parece particularmente condenables los escraches efectuados en la cercanía de los domicilios de políticos relacionados con el tratamiento y la votación parlamentarios de la ILP presentada en el Congreso por la PAH (con un millón y medio de firmas de ciudadanas y ciudadanos que respaldan y apoyan sus reivindicaciones, principalmente, la dación en pago retroactiva, el alquiler social y la moratoria de desahucio. A los afectados por los desahucios apenas les queda otra alternativa que esa ILP. Sin embargo, el PP ha tumbado prácticamente las reivindicaciones de PAH, ofreciendo una contrapartida roma y rácana, que raya en el escarnio. Los miembros de PAH poco pueden negociar o aguantar, pues sus viviendas y el futuro propio y de sus familias bordean en muchos casos el acabamiento final. ¿Qué más les cabe hacer o esperar? Sería ya demasiado grotesco repetir el mismo timo político perpetrado contra una considerable porción del pueblo vasco: a) si queréis independencia, renunciad a la violencia y escoged vías democráticas para ello; b) si obtenéis mayoría independentista en unas elecciones y decidís hacer un referéndum de autodeterminación, os lo negaremos porque va contra lo ordenado en la Constitución; c) luego, os pongáis como os pongáis, no vais a ser independientes. Al desesperado y a la vez consciente de sus derechos no se le puede ni se le debe tomar el pelo.
VIOLENTAR EL VOTO. Ahora hacen hincapié en que los diputados y diputadas no deben sufrir presiones a la hora de ejercer su voto en el Parlamento o en las Cortes. Mueve a risa el argumento solo al pensar cuándo o dónde o quién de algún partido político ha votado alguna vez en contra o al margen del voto global de su grupo político/parlamentario, que le dicta en cada caso el sentido de su voto con una simple señal de “sí, “no”, “abstención”. Me viene a la cabeza, eso sí, el caso excepcional del “tamayazo”, por el que dos diputados socialistas hicieron con su abstención que Esperanza Aguirre consiguiese la Presidencia de Madrid (con sospechas más que fundadas de corrupción). No hay un voto menos libre que el que se da en los parlamentos nacionales y autonómicos, y en los plenos municipales de las grandes ciudades. Muy posiblemente, un escrache violenta muy poco el voto, y en cambio lo pone públicamente en evidencia.
VIOLENTAR LA REPRESENTATIVIDAD DEMOCRÁTICA. Democracia es el sistema de representación y de gobierno proveniente y fundamentado en el pueblo (demos). Desde la reforma social de Clístenes en Atenas, los ciudadanos son iguales ante la ley (isonomía) y la razón de la ciudadanía no se basa en la riqueza, la sangre o los privilegios, sino en la vecindad de unas personas con otras dentro de una determinada “polis”, ciudad-estado. La democracia ateniense era imperfecta (mujeres, extranjeros y esclavos estaban excluidos de ella), pero inició un modo nuevo de convivir entre iguales. Ahora el PP se aferra con uñas y dientes a que la representatividad procedente de las urnas cada cuatro años concede carta blanca para hacer y deshacer programas, planes, promesas, derechos y servicios en detrimento del pueblo y en beneficio de los amos del dinero. La política del PP y el sistema representativo existente en España tienen que ver cada vez menos con una democracia formal, en lugar de con una verdadera democracia (gobierno del y para el pueblo). Uno de los sectores de la ciudadanía más perjudicados hoy está constituida por quienes han sido privados del derecho fundamental que todo ser humano tiene a una vivienda digna y adecuada. La política de vivienda y la legislación sobre desahucio mantenidas desde el acabamiento de la dictadura de Franco hasta nuestros días por PP y PSOE supone una grave amenaza y deterioro de ese derecho. Invocar el derecho a la propiedad privada en detrimento del derecho a una vivienda digna y adecuada es, como poco, fraudulento.
“NAZISMO PURO”, REFLEJO DE “UN ESPÍRITU TOTALITARIO Y SECTARIO”. Demasiado insultantes y obscenas las palabras de Cospedal como para detenerse un solo minuto en ellas (pringan tanto que se corre el riesgo de terminar embadurnado de tanto detrito). Solo una breve sentencia medieval: “quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur”, que, traducido libremente, viene a decir que la realidad es percibida según el modo de pensar y de ser de quien la percibe. Quizá sea esta la explicación de por qué Cospedal saca a relucir el nazismo y el totalitarismo.
Solidaridad con el pueblo humilde y trabajador y los socialistas de Venezuela
Carlos Martínez – ATTAC Andalucía
No me gustan los panegíricos, no me gusta adular. Pero no soporto la violencia fascista y racista de la oligarquía venezolana.
Tampoco soporto las mentiras de sus amigos los grupos de presión, comunicación y la derecha y extrema derecha española, que sin excepción están silenciando los asesinatos y violencia del caprilismo y la derecha venezolana.
Las elecciones han demostrado que Maduro y el PSUV, tienen mucho trabajo por delante y que además, muchos sociólogos y politólogos coincidimos en que se ha diseñado una mala campaña. Maduro tenía que haber sido más, él mismo y no la sombra de Chávez. El presidente Chávez, es irrepetible y único. Ahora sigue el proceso y el tránsito hacía el socialismo. Ahora es un proceso colectivo y claro eso es más difícil.
El Presidente Maduro, tiene potencial, pero lo debe desarrollar y demostrar. Nunca un cambio y más si es frente a los poderosos es fácil. Recordemos a Salvador Allende o a la II República Española.
Las socialdemocracias europeas, nunca han molestado a las oligarquías por eso han tenido gobiernos más tranquilos. E incluso a pesar de ello, por ejemplo en el Reino de España se han gastado muchos millones en derribarlas. Pero si algo está demostrando la oligarquía venezolana es que es fascista y que ya tenía preparada de antemano esa reacción. No triunfarán a pesar de sus algaradas y crímenes.
Cuando lo que se cuestiona es el poder y el poder económico, es decir la democracia económica y avanzar hacía el reparto, entonces las burguesías amenazadas reaccionan con violencia y dan golpes de estado si hace falta. En Venezuela había uno preparado, pero ha fracasado. Una Venezuela gobernada por socialistas es una garantía para los pobres del mundo, por eso todas las derechas y oligarquías se han volcado en EE.UU y en Europa a defender a la derecha pro-imperialista venezolana. Pero qué pueden hacer un grupo de potencias decadentes y con una profundísima crisis capitalista, además de causar dolor? Nada ya, mal que les pese.
Por todo esto, todas las izquierdas mundiales deben apoyar con decisión a sus hermanos y hermanas venezolanas.Esto también es una lección en el Estado español, para los que afirman que ya no existen las izquierdas y las derechas. Esa falacia la han desmontado del todo siete crímenes en Venezuela. Siete personas asesinadas por ser socialistas eso sí, socialistas, no socioliberales, ni terceras-vías ni otras zarandajas.- también ha demostrado que las oligarquías harán cualquier cosa por defender sus privilegios de casta y de clase. Esto forma parte de la lucha de clases mundial.
Lo que nos hace falta es recuperar en nuestro Estado español, la esperanza, la ilusión por el cambio, los valores y crear una amplia convergencia de los de abajo.
En Venezuela, las clases altas desprecian a los humildes a los de abajo- hasta limites insospechados. La mayor parte de los periódicos y canales de televisión son privados y antichavistas: que se deje ya mentir, pues esa es la fuerza de la oligarquía incluso por allí. Televisiones y periódicos de la oposición capitalista que intoxican diariamente y a pasar de ello, de no estar ya el llorado Chávez, Maduro ha ganado.
En Europa, en el Reino de España también nos desprecian. Nos roban y agreden. Pero también hay personas humildes, pobres que votan a las derechas y se creen sus mentiras, por miedo, por ignorancia, por sumisión, aunque también por falta de alternativas y de mensajes claros, comprensibles e ilusionantes.
Mirad la que están liando con los escraches. Son pacíficos, pero no soportan a la chusma ante sus casas cómodas y calientes, sin amenaza de desahucios o con una hipoteca que les pagamos entre todas y todos. Pues si eso pasa con los escraches, cuando los de abajo, los progresistas, las izquierdas, los y las socialistas que lo son y creen en el reparto y están dispuestos a enfrentarse a los bancos, ganemos las elecciones y gobernemos, el camino también será duro, difícil y complicado. Por eso las izquierdas transformadoras políticas y sociales del sur de Europa nos hemos de unir y coordinar para las luchas y para alcanzar los gobiernos.
Mi solidaridad con el pueblo trabajador y bolivariano de Venezuela. Mi solidaridad con la democracia y el socialismo venezolanos. Mi deseo de que Nicolás Maduro, sea, él mismo. Los hijos de Chávez somos todos, por lo cual le pido fuerza, reparto, afianzamiento del poder popular y participativo y de un proceso de cambio colectivo.
Socialismo o Barbarie
En paraísos fiscales, obras son amores y no buenas razones
Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid
Desde lo más de setenta de paraísos fiscales existentes se opera en todo el mundo sin desvelar jamás el titular de empresas, fortunas o fondos de inversión que en ellos radican. Para evadir impuestos, ocultar patrimonio o blanquear el dinero más negro que haya.
La crisis y el fraude fiscal de grandes fortunas, multinacionales y corporaciones han aumentado el negocio de los paraísos fiscales. Como asegura Juan Hernández Vigueras con rotundidad, los activos financieros en paraísos han crecido con la crisis. Aumentaron más del 2% en 2011 y, según Tax Justice Network, en los paraísos fiscales ya se esconden de 28 a 32 billones de dólares. La cuarta parte de la riqueza mundial.
Mientras las grandes fortunas personales, corporativas o empresariales evaden impuestos por medio de los paraísos, en Europa la ciudadanía paga más y soporta recortes, disminución de rentas salariales y violación de derechos sociales por la esa misma crisis que FMI, BCE y Comisión Europea pretenden afrontar con una austeridad suicida. Y por el aumento del fraude fiscal que resta ingresos a los estados, pretexto para la austeridad.
Es fácil evadir impuestos con los paraísos. En 2011, por ejemplo, Google montó una sociedad pantalla en Bermudas, transfirió a esa empresa ficticia casi 10.000 millones de dólares y evadió así el pago de 2.000. Práctica habitual de multinacionales con filiales en paraísos. En España, por ejemplo, 30 grandes empresas de las 35 del Ibex tienen sucursales en paraísos fiscales; en 2009, solo 18 tenían delegaciones en tales lugares. Hoy, buena parte de grandes empresas del mundo tienen filiales en paraísos fiscales, sus aliados estratégicos, porque optan por la evasión fiscal para aumentar beneficios. Por eso les va tan bien a los paraísos en la crisis y tan mal a la ciudadanía. De modo análogo a la materia, que ni se crea ni destruye, solo se transforma; el dinero es un todo y cuando una minoría defrauda, lo paga la mayoría. De un modo u otro.
El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ha desvelado nombres y apellidos de 130.000 personas multimillonarias que ocultan sus fortunas en paraísos fiscales. En Alemania, la revista Focus ha denunciado también que más de 100.000 ricos de ese país usan paraísos fiscales para evadir impuestos. Pero hay más, muchos más defraudadores fiscales. Gracias a los paraísos.
Los medios cacarean que tales descubrimientos forzarán al intercambio de información fiscal entre países contra los evasores de impuestos. Y citan que el paraíso fiscal Luxemburgo acepta flexibilizar el secreto bancario y proporcionar información fiscal sobre depósitos de extranjeros en sus bancos. Pero en otro paraíso fiscal europeo, Austria, su ministra de finanzas asegura que “luchará como una leona por mantener el secreto bancario”.
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, por su parte, dice que las investigaciones citadas “refuerzan la necesidad de presionar la evasión fiscal internacionalmente”. Y a su portavoz, Martin Kotthaus, le parecería mucho mejor que saber el nombre de los defraudadores que se persiguiera a esos evasores de impuestos. ¿Acaso no ha de perseguirlos el Estado?
Parloteo. Es la táctica de las élites en el debate de qué hacer con los paraísos fiscales. ¿Acaso no dijeron en el G20 de 2009 en Londres que regularían el sector financiero? ¿Que la era de los paraísos tocaba a su fin? Pero solo fueron palabras, porque no decidieron ni hicieron nada. Nada.
¿Pero no han sido implacables FMI y Unión Europea al imponer la austeridad? Pues bien, cuando veamos la cuarta parte de voluntad política utilizada para implantar la austeridad fiscal en una actuación contra los paraísos fiscales, entonces creeremos que quieren poner de verdad algún límite a esos estados delictivos que son los paraísos. Para convencernos podrían hacer algo con los paraísos en Europa. Gibraltar, islas Guernsey y Jersey en el canal de la Mancha, Malta, isla de Man, Liechtenstein, Austria, Mónaco, San Marino… O el Vaticano que, según Réseau Voltaire, es una de las diez principales plazas financieras utilizadas para blanquear dinero sucio, por delante de Bahamas, Suiza o Liechtenstein.
Si no se toman medidas drásticas contra el secreto bancario y la opacidad financiera (pues eso es ir contra los paraísos fiscales), nada se resolverá. Y el fraude fiscal se eternizará.
Obras son amores y no buenas razones. Y hasta hoy no se ha hecho ni propuesto nada contra paraísos fiscales que cuestione mínimamente la existencia de esas plazas de fraude fiscal y blanqueo.
Publicado en alainet.org
Qué hace un ciudadano como tú en un escrache como éste
Isaac Rosa — Comité de Apoyo de ATTAC España
Ayer estuve en mi primer escrache: el que la PAH de Madrid hizo ante el domicilio de la diputada del PP Beatriz Rodríguez Salmones, en el barrio de Chamartín. Es decir, estuve intimidando y acosando, con violencia, de forma ilegal y antidemocrática, y todo muy nazi.
Bueno, nazi, lo que se dice muy nazi, no me pareció, la verdad. No recuerdo yo que los nazis pusiesen pegatinas y luego se marchasen. De hecho, diría que hasta me aburrí un poco, es lo que tienen las expectativas: uno va esperando una batalla campal, y luego se encuentra gente que camina por las aceras, padres con niños y hasta alguna señora que pasea al perro aprovechando el escrache. Y no, tampoco parecía un perro nazi, si es lo que están pensando.
Arrancamos desde la Plaza de Castilla, una vez la policía terminó de identificarnos. Recorrimos uno de los barrios más ricos de Madrid, cantando pareados, poniendo pegatinas y repartiendo información a vecinos y comerciantes, y a los muchos porteros, que se mostraban cómplices. Ni siquiera cortamos el tráfico, eso se lo dejamos a las decenas de antidisturbios que nos escoltaban por el asfalto. Al llegar al portal de la diputada, la policía nos empujó hasta la acera contraria, donde un portavoz leyó un mensaje, y después de cantar unos minutos más, nos fuimos juntos.
No sé, a lo mejor cuando me metí en el metro, una vez marchados los muchos periodistas (incluida alguna tele extranjera), los activistas volvieron y tiraron piedras y cócteles molotov, pero mucha pinta no tenían. La gente iba tranquila, la policía también parecía relajada, y no vi miedo, ni siquiera a que en cualquier momento apareciese un ex diputado del PP enloquecido y te arrancase la cabeza por perroflauta. En resumen: fui al escrache sin decirle nada a mi madre, para no preocuparla; y una vez visto, pienso invitarla al próximo.
Ya lo he dicho alguna vez, pero repito: los gobernantes y los medios afines deberían felicitarse de la calma y el civismo que estamos demostrando los ciudadanos. Viendo la manera en que los ciudadanos están siendo maltratados y humillados, con familias asaltadas por el balcón y echadas a rastras, y miles de ahorradores estafados con descaro, es admirable lo pacíficos que seguimos.
Y sin embargo, algunos parecen empeñados en echar leña al fuego, a ver si consiguen que alguien sufra un calentón y acabe pasando algo, para así hacer buena la profecía de autocumplimiento que suelen aplicar a las protestas: los manifestantes son violentos, así que los criminalizo y reprimo, hasta que al final acaban siendo violentos y puedo presumir de “ya lo decía yo”.
Pero me temo que esta vez han pinchado en hueso, porque la campaña de escraches está siendo una perfecta demostración de la inteligencia colectiva de unos y la necedad orgánica de otros.
Inteligencia colectiva la de la PAH, que ha desbordado a la clase gobernante con una forma de protesta eficaz y muy hábil: llevar a las casas de los diputados la protesta enmarca la acción y su respuesta en el ámbito del domicilio, ese que algunos consideran sagrado salvo cuando te desahucian. Las repetidas imágenes de familias, niños incluidas, echadas a la fuerza a la calle con lo puesto, están tan presentes para los ciudadanos que cualquier pataleta apelando a la inviolabilidad del domicilio y la protección de los niños se diluye como azucarillo. Los escraches serían inaceptables para la mayoría hace cuatro años; hoy en cambio cuentan con un apoyo masivo.
Necedad orgánica, la de la clase gobernante, totalmente descolocada y con una cintura de granito. Desbordada por formas de protesta imaginativas, que rompen el clásico “manifestación autorizada”, y ante las que solo tiene una respuesta que ofrecer: más policía, más blindaje, más multas, más criminalización, más miedo.
Cuando crean que han acabado con los escraches, se verán otra vez desbordados por esa inteligencia colectiva que ya tendrá pensado el siguiente paso. Y esa inteligencia está siendo el mejor fruto de este tiempo terrible: la capacidad de los ciudadanos para organizarse, convocarse, reapropiarse del espacio público, protegerse, burlar la represión, ser autónomos, ser eficaces, construir comunidad. No todo son malas noticias.
Artículo publicado en Zona Crítica, eldiario.es

