¡Pittsburgh, aquí estamos!
Por fin partimos con el ferrocarril dirección Oeste a Pittsburgh Agnes, que está sentada junto a mí y está escribiendo su primera entrada en el blog, y yo. Hemos dejado la Gran Manzana tras nosotros y ahora estamos saliendo al campo, por así decirlo.
Pasar nueve horas en el tren para recorrer 500 kilómetros es algo exagerado, pero también tiene algo bueno: hay suficientes oportunidades para analizar las declaraciones oficiales del G20 sobre las reformas anunciadas de los mercados financieros. Al fin y al cabo, la arquitectura financiera va a ser un tema a tratar en la cumbre, siempre y cuando la discusión sobre los sueldos de los altos ejecutivos deje espacio para ello.
El que conozca este tipo de declaraciones sabe que éstas son obra de literatos. "The challenges posed by the crisis have highlighted the need to improve our multilateral cooperation in order to further promote global financial stability, foster sustainable development and lift the lives of the poorest from poverty." es mi frase preferida, contenida en un escrito enviado por Washington al resto del mundo.
En realidad, no suena tan mal, pero, ¿qué hay detrás de ello? ¿Un boicot consecuente de los insolidarios paraisos fiscales? ¿Un impuesto internacional sobre transacciones financieras? ¿Una brillante supervisión financiera internacional? ¿Una nueva moneda de reserva? ¿Una fiscalización internacional de los patrimonios que hayan crecido con una fuerza sin proporciones?
Parece que no. En base a los informes oficiales, las propuestas de reforma abarcan o bien estrategias conocidas desde hace tiempo, o declaraciones populistas para la galería por parte de políticos y políticas en campaña: de esta forma, se supone que el fortalecimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI), la evaluación de los sueldos de los altos ejecutivos y una supervisión financiera internacional que pueda hablar, pero no actuar, deben traer una nueva establidad; según el G20, la mejor forma de crear crecimiento y reducir la pobreza es mediante una política fiscal de disciplina presupuestaria, más desregulación de los mercados de trabajo y la expansión del libre comercio. Ni siquiera se habla de impuestos sobre las transacciones de capital y de una fiscalización de los más ricos entre los más ricos.
¡Pero lo último que muere es la esperanza! ¡Quizás las protestas coloristas que se están produciendo en Pittsburgh puedan cambiar algo!
(traducción Inigo Valdenebro, Coorditrad)

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