TESTIMONIO DE NICOLAS HAERINGER DE UNA DETENCIÓN EN COPENHAGUE
13 actos de racionalización de la represión
13 actos ¿para cuántas brechas abiertas en las libertades públicas?
Relato de una detención (entre otras) en Dinamarca
Nicolas Haeringer
El 16 de diciembre éramos probablemente más de cinco mil, quizá diez mil, manifestándonos bajo la consigna “Reclaim Power”. Una manifestación autorizada por las autoridades danesas, luego perfectamente legal. Formamos el “bloque azul”, y tenemos que unirnos a los delegados en la COP15 que deben abandonar el Bella Center, para protestar contra el acuerdo que se está dibujando, y poner a la luz las soluciones llevadas por la red Climate Justice Now!, las organizaciones participantes en el Klima Forum, etc.
En el mismo momento, algunos centenares de activistas se reúnen un poco más al Oeste, con el objetivo de aproximarse todo lo posible al Bella Center. Finalmente, el Bike Bloc se supone que crea diversión un poco por todas partes en el barrio, y así mantiene ocupada a la policía, para dar más oportunidades a los demás bloques.
Para el Bloque azul, la cita es en la estación de Tarnby, al sureste del Bella Center, hacia el cual debemos marchar. A la llegada, poca gente, y aprovecho junto con otros militantes de las redes Climate Justice Now!, para ajustar los últimos detalles. Hay que arreglar no pocas cosas, tanto como se retrase el camión del sonido. Sobre todo, el temor a las detenciones pone a todo el mundo un poco receloso. La banderola de cabeza tiene que ser llevada por algunos militantes internacionales. Y justo después, un bloque compacto de militantes bregados en la acción directa no-violenta se encarga de garantizar la seguridad de la comitiva, enteramente rodeada de un cordón de militantes, para evitar que la policía pueda penetrar.
Pues hay que asegurarse de que cada uno esté en su lugar al principio de la manifa, y mantenerse en contacto permanente, o casi, con los delegados que están dentro del Bella Center, para que salgan en el momento en que nosotros lleguemos. En breve, toques de teléfono, correr de una punta para la otra de la manifa, idas y venidas. Nada muy malo, solo lo clásico. Y además la cosa va bien, tengo un móvil danés y otro francés.
Al cabo de una horita me alejo algunos metros de la comitiva, para mirar el mapa de la ciudad en una parada de autobús, cosa de saber dónde estamos, y dar a los compañeros del interior del Bella indicaciones un poco más precisas sobre el momento en que deben salir.
La escena siguiente no dura más que algunos segundos (cf. foto más arriba). Comienza con un empujón y termina en un jardín. Me levantan del suelo, veo capuchas, porras telescópicas, y la calle que desfila sin que yo camine ni corra. Pánico durante un instante: ¿y si fueran militantes de extrema derecha que se me llevan, así, para machacar al izquierdista? Solamente un instante: oigo los primeros “policía, policía”. Nunca hubiera creído sentirme aliviado por estar en manos de polis, pero esa es casi la situación en este momento. Policías de paisano, entonces. Son cinco o seis, y me lanzan al suelo de un furgón, que arranca inmediatamente, en tromba. Me da tiempo justo para decirles “I won’t resist, you don’t need to hurt me”. Quedo sujeto por dos polis, que me sostienen de las axilas. Los polis se informan: “you understand English?”, luego me informan: “you have been arrested by the danish police, because we consider that you are a threat to the public order. You have the right to remain silent. We will bring you to the climate jail, you know what it is?”. “Pensamos que es usted una amenaza”. Todo está pues en ese “pensamos”. Suputaciones y ninguna presunción de inocencia. Nos paramos, la puerta lateral se abre sobre un seto, que se abre sobre un jardín, y una celda. Mala película: ¿y si me parten la boca ahí detrás?
La escena siguiente va a durar siete horas. Bajo al jardín. Cacheo de mi persona, de mis cosas, y primera anotación de identidad. En mi bolso algunas pegatinas “strip the cops” (desvistan a los polis, COP se refiere también a la Conference of Parties de la ONU). Y la cosa comienza a dar vueltas: visto que me detienen por un disturbio que todavía no he cometido pero que ellos piensan que voy a cometer, sin duda tienen el espíritu bastante retorcido como para pensar que estos stickers son una llamada a la violencia contra agentes depositarios de la autoridad pública. De hecho, desvestir a un poli no es fácil, y con este frío, seguro que sería criminal. Pero los polis son más bien joviales y correctos. Sensación rara, es un poco como si anunciaran, con una amplia sonrisa: “No se preocupe, todo va a salir bien. Puede que usted vaya a terminar en prisión preventiva, o pasar a comparecencia inmediata. Pero no es tan grave. Por cierto ¿quiere un vaso de agua? Perdón, pero tenemos que esposarlo, es el procedimiento”. Bueno, no me dijeron exactamente esto, pero ese es el espíritu, y me pusieron pulseras rislan.
El jardín no es contiguo a una comisaría secreta. Estamos en la propiedad de un danés que sale de su casa intrigado, y visiblemente un poco molesto, quizá temeroso también (ahora que no veo sólo sus rangers, sus capuchas y sus porras, les veo una pinta un poquito “Ya Basta!”, pero la impresión “milicia de extrema derecha” es tenaz). Agradezco al propietario por acogernos así, y lanzo una ojeada hacia la calle. “Don’t even try to run” me dice uno de los polis: “with you arms locked, you would fall on the ground”. Visto que él es más bien grandullón le digo que de todas formas es más o menos seguro que corro menos rápido que él”. El cacheo ha terminado, me hacen señal de volver al furgón. Me aseguro de que no me han perdido nada: pasaporte, cartera, teléfono: “yes, we have your two cell phones”, con cara de entendido. Les pregunto si puedo orinar: “I guess this is my last opportunity for the next hours”. Me aseguran que no. Como no estoy en mi jardín ni en su comisaría, no insisto.
Me hacen subir a la furgoneta, y me señalan la parte de atrás: “sit down here”. Hago ademán de sentarmen en el asiento del fondo. “No, sit on the ground”. La furgoneta tiene los asientos justos para los polis, no es cosa de esperar que me cedan el suyo. Y ahí, a esperar. Bromean, comen golosinas, que se pasan unos a otros delante de mis narices. Si no estuviera sentado en el suelo dentro de un furgón de la policía danesa, y si los tipos de alrededor no fueran polis de paisano que acaban de detenerme, el momento sería casi agradable. La cosa siempre vira un poco. Tadzio Muller ha sido detenido la víspera, por polis de paisano, en condiciones similares: una detención selectiva, en medio de la multitud. Después ha sido inculpado por incitación a la violencia. ¿Mismo escenario? Sin tiempo para pensar demasiado, el furgón sale. Solamente algunos metros. El tiempo para que otro camión nos alcance. Soy tranferido de un furgón al otro, y cambio de equipo. Los de paisano vuelven probablemente a la manifa, con su furgón. Racionalización de la represión, primer acto.
Antes de subir al otro vehículo, me sacan una foto con uno de los polis que me han detenido. Dado que él había hecho un gesto acerca de mis tarjetas de visita, le pregunto “would you mind sending me the picture, you’ve got my email?”. Ningún recibo, pero todo llegará. La foto es impresa, la pegan a mi bolso: racionalización de la represión, segundo acto.
Subo, tengo un asiento para mí, y hasta un cinturón de seguridad. Ya no son más que dos para ocuparse de mí: racionalización de la represión, tercer acto.
Y salimos. ¿En dirección a la climate jail? No, en dirección a un tercer furgón, ahora un celular. Racionalización de la represión, cuarto acto.
Ya hay gente dentro, alemanes. En mi célula, Fred (nombre cambiado). Ha sido detenido cuando intentaba franquear las rejas que protegen el Bella Center, como todo el green bloc. Volvemos a salir. Después de algunos minutos, distinguimos, a través de las ventanillas, inmuebles y gente llevando perros a la izquierda, un edificio blanco muy feo y rejas a la izquierda. Debemos de haber llegado a la climate jail. La puerta se abre y entra Aneke (nombre modificado también). Las celdas del furgón son mixtas. No lo ideal para la intimidad (los tipos de al lado llevan dentro largo tiempo, sin acceso a retretes). Limitación humillante. Racionalización de la represión, quinto acto.
De hecho Aneke acaba de ser arrestada. Estamos en la zona roja, el edificio feo es el Bella Center. Ella ha entrado sin problemas, pero ha tenido miedo de los perros y ha preferido dejarse detener: “UN security, se entra más facilmente que se sale. Aprovechamos para informarnos de lo que ha pasado. Aparentemente una parte del bike bloc no está lejos. O sea que buenas noticias.
Y volvemos a salir. En dirección a la climate jail, esta vez de verdad. Nueva apertura de la puerta “Nicolet?” pregunta un poli abriendo la primera puerta, y cogiendo mi bolso. La ventaja de la foto, pegada con adhesivo por el segundo equipo de polis que se encargó de mí, el poli se da cuenta él solo de que, una, busca a un Nicolas más bien que a un Nicolet, y dos, no es el alemán que se disponía a hacer bajar . Racionalización de la represión, sexto acto.
Luego tengo que bajarme y entrar en el hangar. Ahumadero infernal en el interior, registro “No justice, no peace, fuck the police” : no soy el único que sido detenido. En el hangar, varios mostradores, ambiente de taquilla de embarque de una compañía aérea. Racionalización de la represión, séptimo acto.
Un poli me coge mis cosas, las examina de nuevo, mientras otro me lleva hacia una especie de pizarra blanca. Con rotulador borrable, un número, un nombre y una fecha de nacimiento, que enseguida borra y reemplaza por los míos, antes de sacarme una foto de frente, perfil derecho, de espaldas, perfil izquierdo. Soy el número 056, del panel nº 3, hay una decena larga de ellos. Racionalización de la represión, octavo acto.
Me quitan las pulseras rislan. Vuelta a la taquilla. Pregunto si puedo quedarme mis tapones para los oídos. Es mi lado pequeño-burgués. El ruido me impide dormir. Y en el caso de pasar la noche ahí dentro, al menos dormitar un poco, cosa de estar en forma si, por el mayor de los azares, tuviera que pasar delante de un juez al día siguiente. Uno de los tres polis acepta. Pone los tapones sobre la mesa. Uno de sus compañeros vuelve a meterlos en la caja donde están mis cosas. El poli simpático las pone de nuevo sobre la mesa, y dice algo en danés al malo. Como de costumbre entre los polis, el malo es el que gana: los tapones vuelven a la caja. Peor para el juez y para mi comodidad pequeño-burguesa.
Me hacen quitarme los zapatos, y coger mi caja de plástico, después me llevan al hangar contiguo. La foto (cf. más abajo) que circula desde el principio de la COP15, y lo que cuentan los compañeros detenidos la semana pasada era verdad: jaulas, una junto a otra, dos metros de alto, tres de ancho y nueve de largo. Estoy en la jaula 25. Hay al menos 40. En el centro, remolques, que sirven como aseos. Se encuentran los mismos en Cristiania. Racionalización de la represión, noveno acto.
Las voces de la racionalización son a veces impenetrables: en mi jaula estamos dos. En la de al lado son siete, y continuarán llenándola hasta doce. Todos, o casi, alemanes, todos o casi, detenidos en el green-bloc, todos o casi, más bien tendencia black-bloc. Mis compañeros de furgón celular llegan una buena hora y media más tarde. Se vocifera en todos los sentidos contra los polis. No es el mejor medio de asegurarse una estancia tan breve como agradable en esta prisión o en otra, pero verdaderamente no me atrevo a decirle a mi vecino que los insultos surgen de una táctica política cuya efectividad se me escapa.
Los polis llevan agua a algunas jaulas. Yo la pido, repuesta “yes, but you’ll have to wait a little, we are very busy”. Seguro que a fuerza de multiplicar las detenciones arbitrarias, por muchos que sean, enseguida quedan faltos de personal.
Desde que un poli viene a buscar a alguien, se dirige sin dudar hacia la jaula en cuestión, y, gracias a las fotos pegadas a las cajas, localiza la cabeza que corresponde al nombre que le han dado. Racionalización de la represión, décimo acto.
Tres oficiales vienen a buscarme. “We’re to the station, where you will be questioned”. Volvemos a las pulseras rislan. Ladito pequeño-burgués, segundo acto: “not too tight, please”, les pido. “Are you going to resist?” me responde un oficial. “Well, I guess you’re stronger than me, so I won’t”, le devuelvo, por medio de lo cual la cosa estará menos apretada, de modo que es inútil. Salimos por la puerta de atrás, camioneta banalizada. Y mi cajita, con mi foto encima, todavía me sigue. Racionalización de la represión, undécimo acto.
Esta vez sin sirena. Llegamos a un parking subterráneo, al fondo del cual se abre un portal, tras el cual se halla otro parking, lleno de vehículos banalizados. La puerta del vehículo no se abre. El poli que está detrás intenta abrirla, sin éxito. “I guess you’re under arrest too”, le digo. “Yes probably” responde. “So tell me, what have you done”. Duda: “well, I don’t know, bad behavior probably”. ¿Una detención preventiva más? No, finalmente la puerta se desliza. Por suerte para el poli, y peor para mí. Una puertecita se abre en el parking. Detrás, cinco polis. Amplias sonrisas de circunstancias. Y mi caja, siempre, siguiéndome hasta la puerta de mi celda. De cemento, la celda, esta vez individual, con un colchón ‘de verdad’, y frigorífico. Me llevan una manta y fruta, y pronto un compañero. Estaba en la jaula al lado de la mía, y cree haber sido transferido aquí porque se ha rebelado. “Cree”, porque no sabemos nada. Cuando pregunto a mis chóferes qué va a pasar, me dicen “We don’t know. We’re just doing the transport”. La división del trabajo es una buena forma de ahogar la información, y de mantenernos en la incertidumbre. Además, no hay reloj en ninguna parte. Imposible saber después cuánto tiempo he estado detenido. Eso no ayuda a hacer valer los derechos. Racionalización de la represión, duodécimo acto.
Al cabo de un momento, dos oficiales llegan, y me preguntan si los autorizo a recuperar datos de mis dos teléfonos. Respondo que deseo hablar primero con un abogado, les recuerdo que es mi derecho, y que todavía no he podido hacer mi llamada telefónica. Su respuesta: su situación depende de de lo que encontremos en sus teléfonos, “Si encontramos cosas, usted podrá llamar a un abogado”. Gran golpe de cansancio: son muy amables, responden a cada petición diciendo que la cosa va a ir rápido, y al final ya no sé cuánto hace ¿5 horas? ¿6 horas? ¿7 horas? Ya no sé nada. De todas formas, los autorice a tocar mis teléfonos o no, probablemente lo harán. Puesto que no hay nada sensible, sólo número públicos, acepto. No muy glorioso, todo esto. Lado pequeño burgués, tercer acto. Se me anuncia entonces que volverán para interrogarme más tarde.
Dos horas después, me liberan. No queda ningun cargo contra mí. Al final ¿por qué he sido víctima de una detención selectiva y “preventiva”? ¿Porque había sido identificado como uno de los coordinadores de la manifa, por otra parte permitida por las autoridades? ¿Por qué conozco a militantes y activistas internacionales?
¿Y cuál es la infracción, o el crimen, lo que la detención supuestamente prevenía? He pasado al menos 6 horas en arresto, sin haber podido hacer la llamada a que tenía derecho, y que he solicitado poder hacer cada 30 minutos. No he tenido ninguna información sobre lo que pasaba, a no ser “ lo vamos a llevar de aquí para allá”. Pero no he tratado más que con polis amables, correctos. Sólo les ha faltado acompañarme hasta la estación, para asegurarse de que no me perdiera al volver.
Ser educados, afables y sonrientes: ¿un paso más hacia la humanización de la represión? En absoluto, racionalización, décimotercero y último acto: una forma de ahogar el pescado, de no dar información sino a cuentagotas, y de pasear a la gente bajo arresto a su antojo. En la “climate jail” ponen tres páginas a la vista de cada retenido, con los derechos de las personas detenidas, en su lengua materna (lo tienen al menos en danés, francés, inglés y alemán) ¿Transparencia? No está tan claro: así “el arresto no deberá exceder de seis horas, si es posible”. Y en el caso de una detención con ocasión de una reunión colectiva (por ejemplo una manifestación) el arresto no deberá exceder de doce horas, si es posible”. Todo está en el si es posible, dejado a la apreciación de la gigantesca máquina policial, desplegada por Dinamarca. “Si es posible”. Uno se creería en la COP: reduciremos los gases de efecto invernadero “si es posible”.
Una máquina bien engrasada, racionalizada al extremo, en la cual el militante detenido no es más que un objeto, el mismo que incluso hay que gestionar con la máxima eficacia posible. Es decir, entre otras cosas, sin comunicarle la información sobre lo que le ocurre. Por la simple y sencilla razón de que lo que le ocurre es el absurdo, lo arbitrario, y que decírselo, reconocerlo, emtraría en contradicción total con la racionalización de los procedimientos de represión previstos por leyes especialmente votadas antes de la COP15. Leyes que sin duda nunca serán abolidas … y en adelante se aplicarán a toda manifestación organizada en Dinamarca.
Tadzio, Styne y Britain están, al lado de una decena larga de activistas, mantenido-a-s en las cárceles danesas. Lo-a-s tres han sido detenidos por agentes de paisano. Styne y Tina estaban en el camión que transportaba el equipo de sonido del bloque azul. Manifa autorizada, incluido el camión. Ellos/ellas serán juzgado-a-s próximamente, y están inculpado-a-s de incitación a la violencia: lo arbitrario no siempre dura sólo seis o siete horas. En su caso, si ellos y ellas son condenado-a-s, podría muy bien ser para varios años.
La petición para demandar la liberación de los activistas detenidos se encuentra aquí:
http://www.petition.com/Tadzio/petition.html
Traducción: Mercedes Menéndez Viejo, Coorditrad

Petición
Estimados, mi solidaridad con todos los activistas que luchan por un mundo mejor.
Quise firmar la petición, pero en link para firmar la petición no aparece nada.
Saludos cordiales
Andrés J. Señoráns
FIRMA DEL PETITORIO
MUCHAS GRACIAS!!! Y UN GUSTO ESTA ES LA PAGINA WEB DONDE SE PUEDE FIRMAR, UN ABRAZO DESDE ARGENTINA
http://www.tueco-logica.com.ar/index.php?option=com_joomlapetition&catid=1&func=sign
FALTAN BUENOS LÍDERES
NO TIENEN NI IDEA DE DONDE ESTÁN PARADOS Y SON MENOS LÚCIDOS QUE UN MOSQUITO, DEL DENGUE, QUE SON DE LOS QUE ATACAN POR ESTAS LATITUDES, GRACIAS AL CALENTAMIENTO GLOBAL, Y COMO NO TIENEN IDEAS USAN LA VIOLENCIA PARA EXPRESARSE, TENEMOS QUE FIJARNOS BIEN A LA HORA DE DARLES PESO POLÍTICO A ESTOS MAMARRACHOS MI SOLIDARIDAD CON LOS HOMBRES Y MUJERES DE BIEN QUE ESTÁN TRATANDO DE ORADAR LA ROCA MENTAL DE ESTOS "LÍDERES" Y EL MÁS ROTUNDO DESPRECIO POR LAS REPRESIONES.
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