El Factor Obama
Pittsburgh no va a ofrecer ni el jueves ni el viernes imágenes como las inmensas protestas que tuvieron lugar en 1999 en Seattle con motivo de la Conferencia de la OMC. Entonces, más de 50.000 personas bloquearon el acto inicial de la Conferencia de la Organización Mundial de Comercio.
Seguramente, suceda más bien lo que algunos oradores y oradoras decían el domingo en la manifestación: que aquí se vislumbran los comienzos de un movimiento contra la pobreza, el desempleo, la falta de hogar y contra sus causas, las cuales no pueden ser eliminadas con un par de proyectos estrella.
Los movimientos sociales no tienen fortaleza en la actualidad. He hablado con muchos activistas y les he preguntado por las causas. Algunas de las causas importantes se pueden resumir con el término “Efecto Obama”:
Mucha gente ha trabajado durante meses con mucha energía por la elección de Obama. Ahora, ha sido elegido y una mezcla de agotamiento y expectación por ver lo que va a conseguir reduce considerablemente la capacidad de movilización de la gente.
Desde este punto de vista, la situación de las protestas contra el G20 tiene similitudes con la situación del movimiento contra la energía nuclear en Alemania después de 1998. Con la toma del poder por parte de la coalición socialdemócrata-verde (con el apoyo y la energía de muchas personas), ese gobierno prometió con claridad el fin de la energía nuclear, lo que hizo que muchos activistas por un viraje en la política energética se mantuvieran a la espera en un primer momento. Cuando más tarde se puso sobre la mesa el dudoso “consenso” para una “salida”, a mucha gente no le gustó nada, pero no fue todavía posible volver a sacar a aquéllos a la calle que confiaban en sus representantes en el Parlamento.
Actualmente, Obama no se encuentra ante la siguiente confrontación electoral, pero a pesar de eso, incluso los activistas que esperan poco de Obama no quieren perjudicarle. En su opinión, cada debilidad se aprovecha de forma masiva por los republicanos y, sobre todo, por los racistas. Cuande hace poco Obama les infundió ánimo a los alumnos con motivo del comienzo del curso escolar (algo que hacen todos los presidentes desde hace años) hubo muchos padres horrorizados que no querían que un negro hablarara a sus pequeños de una forma tan directa. Las personas del movimiento “Bail-out-people” no se manifiestan contra Obama y creen que también otros están a la expectativa en vez de salir a la calle.
Un desempleado de Pittsburgh me dice en la parada de autobús: “¡Sí, si la cumbre del G20 hubiera tenido lugar hace un año con Bush como presidente, aquí habría habido lío! Pero ahora la gente no se interesa por la política. Tiene sus propias preocupaciones. Hubiera sido mejor que la cumbre tuviera lugar en otro sitio”.
Después de comer, estamos con un grupo de campamentistas. Están de acuerdo con la reflexión sobre Obama. Pero dicen que lo que también constituye un problema es que muchos americanos y americanas, sobre todo los más jovenes, creen que un Ipod es más importante que la política. Y que las personas a las que les va todo realmente mal no van necesariamente a una gran manifestación. “Para algunos, la policía también es un motivo para pensarse dos veces la participación”, dice un joven anarquista. Y una organizadora de Nueva York sabe que hubiera podido venir con más personas si éstas no hubieran temido los costes adicionales de este viaje.
Y además también están los verdaderos fans de Obama. Un grafitero de Pittsburgh llamado “Pizza” me lleva en su coche al comienzo de la siguiente manifestación. El cree que el mundo les mira con mejores ojos a los americanos desde que tienen a este presidente y que eso también cuenta.
Por el camino, los niños nos aclaman saludando con los brazos: “¡Obama, Obama!”. De todas formas, Pizza dice que en el garaje guarda otro motor para el caso de que un día no pueda seguir compartiendo la política de Obama.
(traducción Inigo Valdenebro, Coorditrad)

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