Agrégateur de flux
Declaración de la Asamblea de Movimientos Sociales, Porto Alegre (RS), Brasil
Declaración de Principios de ATTAC - Argentina
Amanece que no es poco - Programa 3
Petitorio a los Señores Ministros de Finanzas y Presidentes de Bancos Centrales de los países de la UNASUR
Tribunal Popular Cordón Industrial
El G20, símbolo del fracaso de un sistema
Taller Deuda Externa
AUDITORÍAS DE LA DEUDA
CAMINO HACIA LA VERDAD Y LA JUSTICIA
ALTERNATIVAS POSIBLES
NUEVA ARQUITECTURA FINANCIERA
El debate económico se concentra en el precio del dólar
EL G-20 NADA VA A CAMBIAR
Hacia el G20 en Cannes 2011
La austeridad como receta y otras falacias neoliberales
Xavier Caño Tamayo – ATTAC Acordem
La violación de derechos que es la política de austeridad se basa en embustes. Falsedades repetidas por medios de comunicación y voceros del poder financiero siguiendo al nazi Goebbels: una mentira repetida mil veces, al final se convierte en verdad.
Las dos principales falsedades neoliberales son que la ciudadanía ha vivido por encima de sus posibilidades y ahora ha de pagar. Y que la austeridad de los presupuestos públicos es el único modo de salir del agujero.
Las ciudadanías europeas recurrieron al crédito para adquirir bienes de consumo.
Cierto. Pero no fue un despilfarro, como pretenden. Lo que fue el crédito fue gran negocio para los bancos, aseguró un crecimiento que aumentaba los beneficios empresariales y contribuyó a contener los salarios durante decenios, como ha explicado Fernando Luengo.
Comprar una vivienda, cuando apenas había mercado de alquiler, no es vivir por encima de las posibilidades. Adquirir algunos electrodomésticos y teléfonos celulares no es vivir por encima de las posibilidades. Viajar en vacaciones una vez al año no es vivir por encima de las posibilidades… Porque a eso se reduce lo que ha hecho gran parte de la ciudadanía. Hasta la crisis y ni siquiera todos.
Pero la minoría privilegiada sí se lanzó a especular, creando una economía de humo, irreal (hasta lograr que estallara la crisis), mientras se embarcaba en una orgía de derroche con sus obscenos beneficios, como indican, por ejemplo, las remuneraciones y planes de pensiones de las cúpulas dirigentes, así como las tasas de crecimiento del sector de lujo para el que no hay crisis.
Y en Europa, como escribe Juan Torres, “Alemania colonizaba las economías del sur europeo, adquiriendo activos, convirtiendo esos países en importadores masivos de sus productos y financiando su endeudamiento. Teoría e historia económicas nos enseñan que una potencia exportadora, como Alemania, solo es posible si, al tiempo que exporta, financia. En el marco cerrado de la economía europea, para que unos tengan superávit otros han de tener déficit; déficits que financian quienes tienen excedentes a su costa”.
Pero ahora, Alemania teme que esos países no paguen. De ahí la exigencia de austeridad. Mal llamada austeridad, porque, como recuerda también Torres, “solo se recortan los gastos vinculados al bienestar social para abrir la puerta a su privatización”.
Esa implacable exigencia de austeridad busca que los Estados tengan fondos para pagar sus deudas, pero sobre todo para que puedan proporcionar liquidez a los bancos y éstos puedan pagar sus privadas deudas. Porque la deuda grande es la privada, de empresas y bancos. En realidad, la crisis es lo dicho por uno de los hombres más ricos del mundo, Warren Buffet: “Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esa lucha. Y vamos ganando”.
La segunda mentira neoliberal es que la austeridad impuesta nos hará salir de la crisis. Paul Krugman se pregunta si no hemos aprendido nada sobre gestión económica en los últimos ochenta años y recuerda que cualquier universitario que estudie la Economía de Samuelson sabe que la austeridad, cuando hay riesgo de recesión, es una pésima idea. Reino Unido, Italia y España, que aplican una austeridad implacable, no se recuperan y demuestran el fracaso de la austeridad en Europa.
Heiner Flassbeck, economista jefe de Comercio y Desarrollo de la ONU denuncia que “con las orgías de recortes en toda Europa, estamos destruyendo nuestro propio mercado. De seguir así, el hundimiento será descomunal”. Y Christine Lagarde, directora gerente del FMI, afirma que los europeos van en dirección contraria al camino de final del túnel que empezó a verse en la primera mitad de 2011.
El FMI ahora rectifica y pide plazos flexibles para la reducción de déficits, porque no es posible el gran esfuerzo fiscal que se exige, además de que conduce sin remedio a una recesión profunda (tal vez depresión) con menos crecimiento, menos consumo, menos inversión y más paro. La austeridad solo lleva al desastre.
Si la austeridad impuesta con gravísimo perjuicio de nuestros derechos se basa en mentiras, es ilegitima. No sólo cabe promover el gran movimiento cívico para no pagar deuda pública alguna cuya legitimidad no sea clara, sino que habrá que empezar a ejercer la desobediencia civil con los gobiernos que acepten reducir a la incertidumbre y a la pobreza a millones de ciudadanas y ciudadanos por el interés de unos pocos.
Un sistema indiscutiblemente inestable
José Manuel Naredo – Consejo Científico de ATTAC España
A medida que la crisis económica fue mudando en depresión, se fue apagando la voluntad de nuestros gobernantes de corregir el statu quo financiero que la motivó. Durante la crisis de principios de los setenta había más voluntad de cambiar el sistema monetario internacional que ahora, que sufrimos una crisis mucho más grave, fruto de la descontrolada creación de liquidez y de la desregulación financiera que dicho sistema ha propiciado. Se hablaba entonces de cambiar el sistema vigente, gobernado por el dólar, para dar paso a otro más neutral, que sometiera a todos los países a las mismas reglas de financiación y controlara la creación de liquidez atendiendo al interés general. Sin embargo, el dólar sigue mandando, y las reuniones del G-20 celebradas tras el inicio de la crisis, en vez de abrir camino hacia un nuevo sistema monetario internacional más justo, trataron de revitalizar el antiguo. Y en vez de controlar consensuadamente la creación monetaria, EEUU optó unilateralmente por acrecentarla para acometer millonarias operaciones de estímulo y salvamento. Y esta es la hora en la que ni la UE, ensimismada en la defensa del euro, ni los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), beneficiados por la subida especulativa de las materias primas alimentada por la trepidante creación de liquidez, llegaron a plantear cambios profundos.
Además, ni siquiera han llegado a puerto las promesas más tímidas manifestadas en las primeras reuniones del G-20 de mejorar la regulación y la vigilancia de las entidades y los mercados financieros. Estas promesas apuntaban, sobre todo, a controlar o desactivar los “fondos especulativos de importancia sistémica”, las operaciones bancarias realizadas “fuera de balance” o “en la sombra” (shadow banking) para escapar a la normativa, y los “paraísos fiscales”. Pero los paraísos fiscales siguen funcionando y dos recientes informes del Banco de Pagos Internacionales indican que la expansión de los productos financieros derivados y de la banca en la sombra se han multiplicado enormemente a lo largo de 2011. La opción está clara: o se modifican las reglas del juego, o seguirá imperando un sistema que induce cada vez más a transformar prosperidad en bancarrota, a base de encadenar burbujas especulativas.
Artículo publicado en Público.
Mercados financieros: los señores del universo
Ángel Luis del Castillo – ATTAC Madrid
Raro es el día que no escuchemos algo relacionado con los mercados: Las preguntas “¿cómo fueron los mercados?”, “¿cómo están hoy?”, “¿qué se espera para mañana?” resuenan con voz propia dentro del vendaval de información y opinión .En general la ciudadanía asiste a este hecho, con una doble percepción. Por un lado siguen viendo a los mercados como aquella vieja creación humana situada en determinados lugares físicos, de ámbito territorial diferente,-(local, regional, nacional o internacional)-, en donde se intercambian diversos bienes y servicios que dan lugar a múltiples operaciones que permiten engrasar la circulación económica y para que esta sea segura y fluida históricamente se hallan sometidos a unas reglas o condiciones que tienen que cumplir.
Pero la historia reciente muestra, frente a nuestra antigua percepción, que los mercados, concretamente los mercados financieros constituyen un haz oscuro derivado tanto de la jerga que utilizan en la que incluyen conceptos difícilmente explicables para la mayoría, -hablan de productos sintéticos potencialmente tóxicos, opciones y futuros etc.,- solo accesible, como dicen los castizos, para enterados. A su vez llama la atención su comportamiento, pues aunque los movimientos de precios que se producen dentro de ellos puedan derivarse de informaciones que puedan generar temores a los actuantes en el mercado, por ejemplo la posibilidad o realidad de una mayor debilidad en el crecimiento futuro o presente, o la quiebra total o parcial de algún país etc.- existen , a veces, violentos movimientos de alzas y bajas de cotización que parecen injustificables por no haber nuevas informaciones que presagien los mismos. Por último preocupa a la ciudadanía las señales que emiten que parecen desprender un “torrente de lava” que de no controlarla pudieran convertirse en un fuego que arrasara el edificio, o al menos parte de él, sobre el que se asienta la estructura socio-económica vigente y su permanencia en el futuro en los distintos países. Como buenos bomberos los Estados, a nivel individual o coordinado con otros, corren a apagar, total o parcialmente el incendio, con el fin, señala, de preservar el edificio socio-económico que, con mayor menor a cierto o con mayor o menor profundidad, se ha construido como cobijo de sus ciudadanos.
La pregunta que se plantea es ¿Cuál ha sido la dinámica que ha llevado a dotar de un papel primordial a los mercados financieros en el funcionamiento de la economía? Hacia su comprensión vamos a bucear a continuación.
Sistema Económico y Mercados financieros
Los mercados, esa vieja creación humana, son un componente más del sistema económico en el que se insertan cumpliendo dentro del mismo una determinada labor. Funcionalmente los mercados financieros, en teoría, deben prioritariamente responder a la movilización del ahorro,-captándolo, canalizándolo y asignándolo- , es decir actuando como lubricante del sistema económico facilitando a su vez el comercio; e intermediar ahorro y riesgos económicos, esto es gestionar la acumulación o excedentes, entre agentes a cambio de una remuneración.
En la práctica una mirada a los datos nos pone de manifiesto que se ha producido una deriva hacia la creación de riqueza financiera, el dinero por el dinero, con el peligro de que las ineficiencias que se produzcan en los mercados financieros, repercutan en la obtención de recursos para el funcionamiento de la economía real como ha ocurrido últimamente. Este peso excesivo de la economía financiera sobre la real es la consecuencia del peligroso coctel que se ha producido como consecuencia de las posibilidades de actuación en el campo de las finanzas derivado de la interacción entre factores institucionales, como la liberalización y desregulación financiera y la aplicación de las nuevas tecnologías de información y comunicación a las finanzas.
Por otro lado la distorsión en favor de la función de creación de riqueza financiera tiene su base operativa en el marco de una creciente mundialización o globalización que no es más que la expresión del nuevo mercado mundial que caracteriza el sistema económico actual. En definitiva el funcionamiento del mercado globalizado supone una posibilidad de intensas relaciones económico-financieras a las que refuerzan y dan cobertura las nuevas tecnologías, medios informáticos etc.
Institucionalmente el predominio ideológico de lo privado sobre lo público, la creencia teórica de una mayor eficiencia de los mercados y un mundo globalizado, se ha traducido operativamente en la búsqueda de un mercado financiero mundial donde todos los agentes puedan intercambiar todo tipo de títulos a cualquier tipo de plazo. Produciéndose a su vez una renuncia explícita e implícita de los gobiernos al control de las transacciones financieras y pasando a jugar un papel decisivo las grandes instituciones privadas, bancarias o fondos de inversión con una influencia cada vez mayor sobre las entidades no incluidas en la red financiera.
Por su parte los avances tecnológicos han posibilitado la confluencia de la comunicación en el ámbito temporal y territorial. La aplicación de las posibilidades tecnológicas se ha convertido en un elemento decisivo en los mercados financieros hasta el punto de hay numerosos autores señalan que las maquinas han tomado el poder. Desde luego si uno piensa que la Bolsa de Paris, asociada con la de Nueva York, tiene instalados ordenadores en Basildon, una ciudad a50 kilómetros de Londres, y que los mismos los alquila a unas cuarenta sociedades que practican el negocio de alta frecuencia nos podemos dar idea del poder que la tecnología en el campo de los mercados financieros.
No podemos también olvidar que uniendo tecnología y desregulación aparece la fórmula ideal para dar cobertura a la opacidad de muchas de las operaciones que se desarrollan desde los paraísos fiscales. Cada vez es más difícil saber quién está detrás de la órdenes que se reciben desde los mismos esto es si proceden de fondos de pensiones americanos, fondos soberanos del medio-oriente o gestores de las grandes fortunas suizas etc.
Nuevos instrumentos financieros y nuevos agentes
El marco reseñado ha influenciado al conjunto de componentes del sistema financiero que han experimentado profundos y notables cambios. Si pasamos revista a los diferentes instrumentos financieros que se intercambian en los mercados nos encontramos que frente a los títulos de deuda- bien líquidos (dinero y divisas emitidas por los Estados), de corto plazo (pagarés etc.) Y a medio plazo (bonos, cédulas etc.)- y de propiedad-bien acciones o participaciones- han experimentado un espectacular desarrollo los denominados títulos derivados, llamados así porque su valor proviene de los activos financieros que soportan dichos títulos y que operativamente se utilizan tanto como protección ante posibles impagos pero que tienen a su vez una gran potencialidad para obtener altas ganancias y grandes pérdidas mediante operaciones especulativas. Quizás la frase del millonario Warren Buffet: “los derivados son armas de destrucción masiva” resuma su actual potencial pero debemos pensar que un arma no se dispara sola y son precisamente los sujetos que la utilizan especulativamente los que marcan su actividad.
A su vez las trasformaciones derivadas de las reformas legales como por los nuevos avances tecnológicos y los nuevos instrumentos financieros vienen incorporando a nuevos agentes que a su vez han visto reforzado su papel por la apelación a la financiación vía mercados frente a la financiación vías entidades financieras. Así junto a los grandes bancos, comerciales y de inversión, hoy el ámbito de los inversores institucionales acoge a Fondos de Inversión, Fondos de Pensiones; Fondos Soberanos; Fondos de inversión libre(Hedge Found); Fondos de Capital Riesgo (Privaty Equity) y Aseguradoras como decisivos actuantes tanto en el ámbito doméstico como internacional.
La lógica del control del riesgo debería de estar en todas y cada una de las actuaciones con los instrumentos y por los distintos agentes sin embargo su naturaleza y uso han desencadenado diversas crisis de la que la actual es su exponente más significativo.
Necesidades de financiación públicas y mercados financieros
Una de las cuestiones que más preocupan a los ciudadanos relaciona las necesidades de financiación pública y los mercados financieros. El cambio que supuso para las administraciones públicas el paso de la disponibilidad de monetizar el déficit público,- popularmente darle a la maquinita-, a tener que financiar sus déficits mediante la emisión de deuda ha supuesto la necesidad de apelar a los mercados pasando estos a cumplir un papel decisivo en relación a la independencia fiscal de los países. Los mercados financieros, en definitiva, presionan y bajo su manto se han hecho y se han justificado muchas actuaciones.
Son muchos los países que emiten deuda pública y de forma general realizan la venta de sus títulos mediante el sistema de subastas en la que se reflejan los precios y la rentabilidad… Posteriormente a su emisión pasan a ser negociados en los mercado secundarios en donde los agentes operadores buscan obtener la máxima rentabilidad y no dudan realizar operaciones especulativas que favorezcan sus intereses lo que puede afectar de forma negativa a los precios e intereses asociados a la deuda que se emite.
Mirando al futuro
Las diferentes crisis financieras a lo largo del siglo pasado pusieron a la estabilidad financiera como uno de los objetivos prioritarios en los organismos reguladores de las finanzas, tanto bancos centrales como instituciones financiaras internacionales, pero la realidad es que la crisis actual ha puesto en el tapete la necesidad de rearmarnos y de potenciar a nuestros gendarmes frente a los señores del mundo de hoy: los mercados financieros.
Artículo publicado en la revista “Temas para el debate”.
Nuestras tres A: Auditoría, Acción, Anulación
Damien Millet y Eric Toussaint – ATTAC Francia y CADTM
AAA… Estas tres letras que resuenan como una risa sarcástica designan la nota máxima concedida por las agencias de calificación. Una empresa o un Estado con nota AAA inspira confianza a los prestamistas y a los especuladores, y le permite pedir préstamos a menor coste. Pero para obtener —o conservar— esta nota emblemática, los gobiernos europeos se aprestan a todo, y aplican políticas de rigor que no hacen más que someter sus economías a lo dictado por los acreedores. Detrás de estas AAA se esconden fuertes regresiones sociales, violaciones de derechos humanos, sangre y lágrimas para las poblaciones más frágiles.
AAA…es la risita de las hienas — los acreedores— cuando los derechos de los pueblos son sacrificados con la complicidad activa de los dirigentes de los países europeos, de la Comisión Europea, del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Central Europeo (BCE). Prestamistas y especuladores se arriesgaron en forma insensata, seguros que las autoridades públicas irían a rescatarlos en caso de crisis. Hasta aquí tuvieron razón. Se pusieron en marcha planes de rescate de bancos, los Estados aportaron garantías por millares de millones de euros, los deseos de los acreedores fueron satisfechos. Los Estados gastaron sumas colosales para salvar los bancos antes de imponer planes de austeridad masivos. Y contra estos planes, los pueblos se alzan a menudo con determinación. Manifestaciones, huelgas generales, movimiento de indignados, luchas sociales son portadoras de esperanzas cuando consiguen federarse a escala europea. ¡Pueblos de Europa, unámonos!
Desde hace tres décadas, las políticas neoliberales elevaron el endeudamiento a un nivel insoportable para las clases medias y modestas sobre quienes pesa lo esencial del reembolso. La deuda pública de los países europeos tiene dos causas fundamentales: por una parte la contrarrevolución fiscal comenzada en los años 1980 que favoreció a los más ricos, y por otra las respuestas dadas por el Estado a la crisis actual, causada por las inversiones desbocadas de banqueros y de fondos especulativos. La desregulación financiera suprimió las indispensables barreras, permitiendo la creación de productos financieros cada vez más complejos que condujeron a graves excesos y a una crisis económica y financiera mundial.
Ahora, las políticas aplicadas protegen a los responsables de la crisis y hacen pagar el precio a los pueblos víctimas. Es por eso que esta deuda es ampliamente ilegítima. Mientras dure la lógica actual, la dictadura de los acreedores podrá imponer incesantes retrocesos a las poblaciones. Una Auditoría ciudadana de la deuda pública, acompañada de una moratoria sin penalización del pago, es la única solución para poder determinar la parte ilegítima, incluso odiosa de la deuda. Es evidente que se debe llegar a la Anulación sin condiciones de esa parte ilegítima. Pero para que esto pueda suceder, los pueblos deben continuar con su movilización. Mediante la Acción, deben imponer otra política, que sea respetuosa de los derechos fundamentales y del planeta.
Esta Acción nos debe conducir a una Europa construida en base a la solidaridad y la cooperación que dé la espalda a la competencia y a la competitividad. La lógica neoliberal condujo a la crisis y ha revelado su fracaso. Esta lógica, que subyace en todos los textos fundadores de la Unión Europea, con el Pacto de Estabilidad y el Mecanismo Europeo de Estabilidad a la cabeza, debe ser derrotada. No hay que uniformizar las políticas presupuestarias y fiscales puesto que las economías europeas presentan fuertes diferencias, pero deben coordinarse para conseguir que surja una solución que promueva «hacia arriba» esas políticas. Europa debe también terminar radicalmente con su política de fortaleza asediada frente a los candidatos a la inmigración, para convertirse en un socio igualitario y verdaderamente solidario respecto a los pueblos del Sur. El primer paso debe consistir en anular la deuda del Tercer Mundo de manera incondicional. Como es evidente, es necesario derogar los actuales tratados europeos y reemplazarlos por nuevos, en el marco de un verdadero proceso constituyente democrático, que permita echar las bases de «Otra Europa».
Auditoría, Acción, Anulación, son las AAA que deseamos, la de los pueblos y no las de las agencias de calificación. Ponemos esta reivindicación en el centro del debate público para afirmar con fuerza que otras opciones políticas, económicas y financieras son posibles. Pero solamente unas potentes luchas sociales permitirán el triunfo de las AAA de los pueblos, y un cambio radical de lógica que esté a la altura de los desafíos planteados.
Traducido por Griselda Pinero.
Petition: pay your taxes, Facebook
Citizens for Tax Justice has a great article looking at outrageous tax dodging by Facebook. And the New York Times quotes Senator Carl Levin:"Facebook may not pay any corporate income taxes on its profits for a generation"
Now sign the petition: Pay Your Taxes, Facebook
Time for the Cut Unjustified Loopholes (CUT) Act.
New York Times demands no compromise in battle against Swiss banks
"Almost three years after UBS, Switzerland’s biggest bank, paid a $780 million fine for helping Americans evade taxes and agreed to hand over the names of more than 4,500 American account holders, the Swiss banking industry refuses to exit the business of tax evasion. And the Swiss government still insists on protecting it from scrutiny. The United States should not compromise in pursuing the data it needs on American tax cheats."
Who, apart from criminal tax evaders and the bankers who profit from flogging banking secrecy, would disagree? This is time for governments of all democratic countries to rid the world of banking secrecy. The US government should press home its advantage. As the NYT rightly points out, the Swiss banks are totally vulnerable here, and if they persist in defending the indefensible the US government can take strong counter-meaures:
"There is no need for the United States to accept this sort of arrangement. If Switzerland stonewalls, the Justice Department can indict banks that benefit from tax evasion and seize their assets in the United States, moves that could put them out of business. At some point, the Swiss government will find that result a lot more costly than handing over information on American tax cheats. "
Read the full editorial here.
The Economist is also running a good article about the travails of Swiss banking, citing TJN research and TJN staffers. Read all about it here.
One of the things The Economist notes is crucial: the chance in the public mood in Switzerland
When Philipp Hildebrand, the central-bank boss, resigned in January over a currency trade by his wife, public concern centred on his possible lapse of judgment, not the privacy breach that revealed it (the trade was leaked by an employee at a private bank). In years past, it would have been the other way round.That is admittedly just an anecdote - but a telling and significant one. As we have taken to saying recently, the times they are a-changin'.
La marea negra de los recortes
Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC España
En las aguas revueltas que vivimos, abundan las mareas de colores, cada una agrupada en una causa: la marea verde por la educación pública, la marea blanca por la sanidad pública, la marea violeta contra los recortes en igualdad, o la marea amarilla de los bibliotecarios.
Pero por desgracia, el color de moda es otro: el negro. Para marea, la marea negra que tiñe comunidades autónomas y ayuntamientos y que amenaza con cubrir de chapapote todo lo público, a base de reducciones presupuestarias y de personal, cierre de servicios, deterioro de la calidad y privatizaciones. Una marea pegajosa que no respeta nada, que ennegrece las líneas que antes eran rojas y se lleva por delante todo aquello que creíamos intocable.
¿En qué momento lo público pasó a ser parte del problema? Porque si no recuerdo mal, en el origen de la crisis no estaba el sector público, ni mucho menos estaban la sanidad o la educación públicas. Antes bien, los problemas presupuestarios de las administraciones no son causa, sino consecuencia de la crisis, debido a la caída de la actividad económica, la consiguiente reducción de ingresos, y el esfuerzo hecho por los estados para rescatar el sector financiero y la economía tras el estallido.
A partir de ahí, los ideólogos del shock han hecho de la necesidad virtud, y están aprovechando la crisis –y el pánico colectivo por la misma- para llevarse por delante un Estado de Bienestar que, en el caso de España, aún no había remontando su retraso histórico cuando ha empezado a ser desguazado.
Por ahora, la defensa de lo público la estamos dejando en manos de sus trabajadores, que sostienen las mareas de colores frente al empuje de la marea negra. Pero lo público es –hay que recordarlo, por obvio que parezca- cosa de todos, no sólo de sus trabajadores. Estos días se suceden las convocatorias de protesta. Esta tarde salen a la calle los trabajadores públicos en Madrid, el sábado la comunidad educativa catalana, y muchos más. La única forma de levantar un dique contra la marea negra es sumarnos todos: padres, alumnos, pacientes, usuarios, ciudadanos.
Artículo publicado en Público.
El ocaso de las ideas
Carlos Martínez – ATTAC Andalucía
El Congreso del PSOE que acaba de tener lugar en Sevilla hará correr ríos de tinta, interpretando sus propuestas, criticándolas, o simplemente arrimando el ascua a su sardina en los medios corporativos empresariales. No es esa mi intención. Seguir discutiendo a estas alturas si el PSOE es o no de izquierdas, o si es socialista todavía, no vale la pena. En cualquier caso, me quedo con la mayor, pues el PSOE hace tiempo que abandonó el corpus doctrinal y teórico del socialismo, de origen marxista, y sus escuelas herederas incluidas las más moderadas. Por tanto -y por sus hechos los conoceréis- los dirigentes del PSOE se han movido entre una voluntad reformista social y de bienestar, con barnices socialdemócratas, hasta unas posiciones liberales de cierta radicalidad democrática, pero sin voluntad de intervenir claramente en la economía capitalista, tal y como pretende la socialdemocracia clásica.
No poseen además desde la II República los pesoistas a ningún -ni ninguna- intelectual que teorice sobre el socialismo-liberal o la nueva socialdemocracia-socioliberal, e incluso el constitucionalismo social, como por ejemplo pudiera ser los casos –muy distintos entre sí- de Habermas o de Guidens. Se han limitado a seguir corrientes alemanas, francesas o británicas y a leer intelectuales estadounidenses sin ninguna base socialista o socialdemócrata.
La ruptura del PSOE con su pasado tuvo en Felipe González su principal adalid. Este mentor de Rubalcaba fue el primer socialista español en romper públicamente con el marxismo- y Zapatero, que leyó -pero mal- a Petit, afirmó ser republicano como coartada teórica para justificar su nadería ideológica. El republicanismo cívico posee en su elenco a personas como Maquiavelo, Kant o Rousseau, pero también a Carlos Marx y, si tiene origen en la filosofía griega clásica, no deja de ser una corriente transformadora y claramente opuesta a la dominación de unos hombres sobre otros. Luego un republicano cívico jamás iría a Davos a agachar la testuz ante los dictadores de los mercados.
En el PSOE, desde el felipismo, lo que los textos congresuales digan da igual. Lo único importante es su secretario general primero, y algunas caras de su dirección después. Lo demás no cuenta. Nunca contó. Además el papel es muy sufrido. La única ponencia que luego se medio respeta es la de los estatutos. Es un partido fuertemente verticalista y cada cual en su territorio -me refiero a cada secretario o secretaria, local, provincial, comunitario o federal, eso sí, respetando a la dirección- ejecuta según su olfato político. Por tanto, una vez electo nadie lee ya las resoluciones, luego el afirmar ahora que se está por la tasa Tobin -igual que Sarkozy- o a favor de la banca pública y por la eliminación de las SICAV, es papel mojado.
El domingo 5 de Febrero, el editorial de El País, conocido partidario e inspirador del neofelipismo vigente y partidario declarado de Alfredo Pérez Rubalcaba, dice claramente que se alegra y felicita pues este dirigente se hace con el partido sin haber cedido a tentaciones izquierdizantes o haber radicalizado sus propuestas económicas. Hace poco Cristina Narbona afirmó en público que Pérez Rubalcaba se había manifestado contrario a la banca pública, afirmando que la gente “no apoyaba tal propuesta” ¿Cómo sabía Rubalcaba que las pymes, asfixiadas por falta de crédito, los hipotecados o las y los estafados ciudadanos, no quieren la banca pública? Ahora el Congreso del PSOE ha aprobado una enmienda que la defiende y Rubalcaba, estando en contra, acepta ser el secretario general. ¿Por qué? Pues porque da lo mismo.
El problema es que, sin embargo, en el PSOE todavía quedan gentes de izquierdas y honradas que le dan cierta credibilidad y coartada. Otras gentes, pocas, que desean trabajar por retornar a postulados socialistas marxianos y de clase, e indudablemente votantes de izquierdas.
También otra fuerza de izquierdas, IU en este caso, tendrá que preguntarse porque no logra hacerse con el electorado que sigue siendo socialista de izquierdas y votando PSOE.
En primer lugar, y esa es la razón principal, porque hay un espacio socialista muy consolidado desde finales del siglo XIX, y con tradición e innegables triunfos sociales que nace en el movimiento obrero. En segundo lugar, porque también, y por desgracia, la izquierda se rompe fatalmente en los años veinte del siglo pasado y se producen terribles enfrentamientos y persecuciones en su seno, injustificables de todo punto y lugar. El sectarismo hace mucho daño.
En tercer lugar, el Sistema desde la guerra fría del siglo pasado coopta a la socialdemocracia que, salvo disgustos como los propinados por el inolvidable Olof Palme, la alinean con el bloque occidental y anticomunista. Excepción hecha de alianzas puntuales social-comunistas en Italia, Francia e incluso España, en determinadas circunstancias, insisto.
Por tanto, pasemos a ver la situación actual: la Internacional Socialista es una realidad europea casi exclusivamente y sus partidos afines en otros continentes, o bien son vergonzosos como el Laborista israelí, o los partidos de Mubarak o Ben Alí -expulsados de la IS cuando las revoluciones populares habían destituido ya a los dictadores- o están aliados con sus oligarquías nacionales contra los socialistas de sus repúblicas -como es el caso de AD en Venezuela- o bien son muy pequeños y casi simbólicos, excepción hecha de Australia y Nueva Zelanda.
El Partido Socialista de tiempos de Salvador Allende no estaba en la Internacional Socialista, tampoco lo está el PT de Lula, o el MAS de Evo Morales, por ejemplo. Los nuevos partidos socialistas como Die Linke en Alemania o el Parti de la Gauche en Francia, el PSUV de Venezuela, son adversarios de los socios locales de dicha internacional, siendo socialistas y de izquierdas en estos tres casos.
Así pues, la primera conclusión es que el hábito no hace al monje. La atlantista y pro-norteamericana IS no es socialista. Sus miembros más izquierdistas como mucho son socialdemócratas, en el mejor de los casos.
Un socialismo democrático, cívico y enraizado entre las clases populares es imprescindible. Un socialismo que construya y defienda el estado del bienestar, defienda lo público, potencie la banca pública y la nacionalice, la privada que no sea ética. Apoye los servicios públicos e incremente la protección social. Intervenga y regule la economía y nacionalice todos los sectores estratégicos del estado es imprescindible. Además que sea republicano, favorezca una nueva Constitución, y defienda las libertades individuales y públicas nos es esencial. Un socialismo que tenga en el sindicalismo de clase un aliado, pero también en los pequeños productores y autónomos, es muy útil.
Pero ese partido, es decir ese grupo de ciudadanas y ciudadanos, juntos en pie de igualdad y participación, sin jerarquías y coordinados -que no teledirigidos- no existe, al menos en el estado español.
El PSOE en la transición rompió con su tradición. Se olvidó, al menos su dirigencia, de sus miles y miles de fusilados y encarcelados y se hizo amigo -sus cúpulas dirigentes- de la monarquía y de la banca. De esos polvos estos lodos.
Hoy, rechazado por mucha gente joven, satanizado por el 15M que lo equipara al PP y derrotado electoralmente por lo que fueron sus propios votantes, ha decidido “mantenella y no enmendalla” en Sevilla.
Ahora para las y los socialistas de sangre roja y a los que el corazón les late a la izquierda, les quedan dos opciones: o bien seguir apoyando a una casta profesional y despolitizada, simplemente gestora de los espacios que el sistema les permite. O bien refundar el Socialismo en el estado español. Todo lo demás, en mi opinión, son excusas o bien aferrarse a un pasado que ya no existe. Ejemplos los hay.
Politólogo, ex Presidente de Attac España y miembro de las Mesas de Convergencia
Pactos asimétricos: El II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, y la política sindical
Albert Recio – Consejo Científico de ATTAC España
I
El anuncio de un nuevo acuerdo entre patronal y sindicatos mayoritarios se presenta como el preludio de una nueva reforma laboral. Para CC.OO. y UGT se plantea sobre todo como un medio para evitar una reforma radical de la legislación laboral. De mostrar que también a la patronal le conviene más una negociación realista que optar por una política unilateral de desmantelamiento de derechos. Que ellos, CC.OO. y UGT, son interlocutores serios que defienden derechos pero que también conocen los condicionantes de la economía y los problemas de la otra parte y están dispuestos a asumir la cuota de sacrificios necesaria.
El principal elemento positivo del pacto es el reconocimiento de que hay que mantener una negociación articulada, a escala nacional, autonómica o provincial y que los ajustes de cada empresa deben aplicarse mediante un procedimiento consensuado y con presencia sindical. Se trata de evitar una reforma que limitara la negociación al nivel de empresa y, por consiguiente, desmantelara gran parte de derechos laborales obtenidos en la negociación colectiva (por encima de la ley), ampliara al máximo las desigualdades salariales y creara espacios laborales sin ningún tipo de cobertura sindical. Si realmente se consigue mantener una negociación colectiva articulada y capaz de garantizar derechos comunes a amplios colectivos laborales, el acuerdo permitiría elevar una línea de defensa frente a los embates de la reforma laboral. Pondré un ejemplo que sirve para entender la importancia de la negociación colectiva sectorial: en diversos sectores de servicios (hostelería, limpieza, servicios sociales…) existen pactos estatales que incluyen la cláusula de subrogación. Se trata de una norma pensada para sectores en los que es frecuente que la empresa que gestiona el servicio cambie cada cierto tiempo (lo que suele suceder cuando las administraciones sacan a subasta un determinado servicio). Su aplicación obliga a la nueva empresa concesionaria a absorber en las mismas condiciones a los empleados de la antigua, lo que garantiza su estabilidad laboral. Esta es una de las muchas medidas que desaparecerían con una negociación limitada a la empresa.
Pero esta salvaguarda de derechos esenciales se ha conseguido a costa de incluir un buen paquete de las exigencias de la patronal: aceptación de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, introducción de cláusulas forzosas de flexibilidad temporal, funcional y salarial, mayor facilidad a las medidas de descuelgue. Sobre el papel, el acuerdo introduce mecanismos de cautela y negociación para la aplicación de estas medidas, pero la débil implantación sindical en muchas pequeñas y medianas empresas y la ausencia de limitaciones claras a la aplicación de estas políticas hace temer que el acuerdo facilite una mayor dispersión de condiciones de trabajo, una mayor discrecionalidad laboral y, en suma, un aumento de las desigualdades.
II
Cualquier acuerdo es siempre discutible. Los líderes sindicales pueden argumentar que su opción es el resultado de una lectura atenta de la correlación real de fuerzas, que han sacrificado piezas en aras a un objetivo superior, que realmente hay avances en algunos campos… Y es cierto que muchas veces les llegan críticas de gente que nunca está en la pelea y el trabajo cotidiano, que no parten de una evaluación realista de lo que se puede hacer. Pero creo que el actual acuerdo incluye demasiadas cosas discutibles que merecen cuando menos una seria reflexión sindical.
La primera cuestión discutible es el análisis económico que sustenta el documento y que justifica sobre todo la aceptación de una nueva caída de los salarios reales. Una justificación que contradice anteriores documentos sindicales en los que se consideraba, adecuadamente, que un aumento salarial constituía un buen elemento para dinamizar la demanda y evitar más destrucción de empleo. El análisis que introduce el documento es una mera plasmación de la lógica de la deflación competitiva. Se basa en suma en fiar el relanzamiento económico en el aumento de las exportaciones basándose en la moderación de salarios. Es la política que llevan años predicando muchos economistas liberales. Es una política que deprime la economía global y no garantiza buenos resultados. El éxito exportador de un país descansa en la derrota de otros (la competencia comercial tiene más de guerra o de competición deportiva con unos pocos ganadores que de desarrollo económico armónico). Pero si todos aplican la misma política de potenciar las exportaciones (sea bajando salarios o devaluando) el resultado final puede ser una caída de la demanda global y un empeoramiento para todos. En el caso español, la reducción de salarios no parece que sea una gran medida para potenciar las exportaciones debido al tipo de especialización productiva de las empresas españolas y al hecho de que nuestra moneda sea el euro. De hecho, el documento aboga por una reducción también de las rentas del capital con objeto de moderar los precios, pero no introduce ninguna medida explícita para traducirla en la práctica. A ello me refiero cuando hablo de asimetría: los acuerdos sociales en la práctica sólo atan realmente a los asalariados, mientras que el poder empresarial queda intacto. No hay ninguna garantía de que el aumento de beneficios que garantiza la moderación salarial se traduzca en empleo, en inversiones, ni en caída de precios. Es, en suma, un sacrificio donde sólo se espera buena voluntad de la contraparte.
Una segunda cuestión preocupante es el aumento de las desigualdades que puede propiciar la política que se deriva de estos acuerdos. En una economía y un mercado laboral ya de por sí caracterizado por un nivel indecente de desigualdades. En parte reflejo de toda nuestra historia pasada y de la propia incapacidad de nuestro modelo de negociación colectiva para reducirlas. En los últimos años hemos asistido a un crecimiento de las mismas mediante políticas empresariales de externalización (que permiten aplicar convenios colectivos de nivel inferior) y de incentivación personal, y sacando de convenio a los niveles superiores de la jerarquía laboral. Un acuerdo de sacrificios solidarios creíble debería incluir indefectiblemente mecanismos de reducción de las desigualdades, protegiendo y elevando la posición social de los peor situados, y limitando las rentas de los más favorecidos o privilegiados. Debería acotar las rentas de quienes están fuera de convenio, cuando no limitar la propagación de esta figura. Nada de ello hay en el acuerdo, especialmente en lo que se refiere a política de rentas. Por un lado porque los privilegios fuera de convenio, la no acotación de las rentas superiores, forma parte de las prerrogativas capitalistas que los sindicatos han dejado de impugnar en serio. De otra, porque hace tiempo que el sindicalismo español (el mayoritario y también el radical que limita su campo de acción a la lucha en unas pocas grandes empresas) ha dejado de reflexionar y plantear una verdadera lucha en pro de la reducción de las desigualdades salariales. Y en un contexto en el que se congela el salario mínimo y se exigen sacrificios, esta ausencia de planteamiento es simplemente una omisión inaceptable.
En tercer lugar, el acuerdo sacraliza la flexibilidad, como un mero ajuste a las necesidades o imperativos de la empresa. Es cierto que la vida real, fuera y dentro del trabajo mercantil, nos exige mucha capacidad de adaptación. Y que los ajustes de las empresas no obedecen solo a una obcecada búsqueda del beneficio o a un mero capricho patronal. Pero es también cierto que la flexibilidad tiene serios impactos negativos sobre las condiciones de vida de las clases trabajadoras, sobre personas individuales. Y que en la prosecución de una “economía flexible” hay mucho de injusticia, despilfarro e ineficiencia social. La asunción acrítica de la flexibilidad por parte sindical es endémica y con ello lo único que se ha conseguido es dejar de discutirle al capital su hegemonía social. Por no perder de vista el impacto negativo de la proliferación del empleo a tiempo parcial, a menudo una forma de camuflar el subempleo y de perpetuar las desigualdades de género. Tampoco en este acuerdo se vislumbra ninguna novedad sustancial, más bien la apertura de nuevas prerrogativas patronales. Por poner un ejemplo, cualquier política de fijación de salarios en función de resultados sólo tiene posibilidades de seriedad si los representantes de los trabajadores tienen acceso y control de los mecanismos de evaluación contable de las empresas. En suma, si consiguen avanzar en el control de la misma, en fijar los criterios de evaluación y de revisión salarial.
III
Más allá de los resultados tangibles, de las concesiones más o menos acertadas, hay una cuestión de fondo que atraviesa la debilidad social que padece el movimiento sindical, al menos en Europa (y que se expresa con crudeza en muchas encuestas de opinión). Para mí el hecho relevante es que los sindicatos llevan tiempo instalados en la política de “evitar lo peor”, de la que este acuerdo (y otros mucho peores firmados en otros países, como el reciente caso de la UGT portuguesa) es un ejemplo. Es posible que realmente muchos de estos acuerdos hayan servido para ese objetivo. Pero es dudoso que con ello consigan desarrollar una elevada penetración social. Ningún movimiento social se desarrolla bajo esta clave meramente defensiva, conformista, de que nada puede hacerse excepto evitar mayores males. Una aceptación que, directa o indirectamente, es percibida por la sociedad como la inexistencia de alternativas a la lógica del poder capitalista.
Un movimiento social vivo exige objetivos alternativos, propuestas que impacten en el discurso cultural del oponente, que generen debate y hegemonía social. Exige crear cohesión y valores en el propio grupo. Nada de esto se encuentra en la ausencia de discusión de fondo de las lógicas de acumulación del capital. A diferencia de lo que hace siempre la patronal, planteando sus propias demandas o apoyándose en las opiniones de los think tanks que ella misma financia. Es cierto que en algunos casos la acción sindical evita lo peor. Pero también que ha sido incapaz de desarrollar políticas que moderen, alteren, reduzcan el cúmulo de desigualdades, de desastres sociales y de irracionalidad generados por el capitalismo neoliberal. Tampoco se ha preocupado mucho de contar con fuentes de opinión alternativa que den argumentos a favor de demandas de mayor calado. En un momento en que la crisis muestra la incapacidad del modelo para desarrollar respuestas satisfactorias a las necesidades sociales mayoritarias, limitarse a la política del “evitar lo peor”, como se hace en el pacto comentado, sólo sirve para reforzar la sensación de desamparo en la que vive una inmensa mayoría de población trabajadora. La adaptación acrítica a lo real forma parte de la política de sumisión social. Y lo que el momento exige es amplitud de miras transformadoras.
Artículo publicado en Mientras Tanto Electrónico.
La política económica de los serios
Albert Recio – Consejo Científico de ATTAC España
I
Mariano Rajoy no se cansó de tildar al anterior Gobierno de insensato, reclamando una política económica seria. Su derrotado oponente también apeló a la seriedad y el compromiso para aceptar el giro económico que consiguió descalabrar a su partido. Merkel y Sarkozy exigen seriedad a sus aliados. Y no digamos las ideas que emanan de los informes de instituciones serias como el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional.
La seriedad se traduce en dos únicas cuestiones: ajustes del presupuesto público y reformas estructurales (laborales y privatizadoras, por supuesto). Por ello, cuando Rajoy ha llegado a la Moncloa no ha dudado en aplicar una drástica línea de ajuste fiscal en forma de aumento de impuestos y tasas, y recortes presupuestarios. Y en anunciar una serie de reformas iniciada con la ley de Estabilidad, que no es más que una forma de institucionalizar el ajuste fiscal perpetuo.
Cabe señalar que en este caso que sí ha habido una sorpresa en la política del Gobierno en forma de aumento del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Algo que violenta su programa electoral pero que era de alguna forma obligado. Si todo el ajuste se aplicaba al Gasto el descalabro social sería insoportable. En todo caso muchos esperábamos que el aumento de impuestos se aplicara a través del IVA, puesto que los tipos impositivos españoles están por debajo de la mayoría de países europeos. Si el aumento se ha aplicado al IRPF seguramente es porque se han tenido en cuenta dos cuestiones. La primera es que los aumentos del IVA se transmiten a los precios y con ello a la inflación (de hecho parte de la inflación diferencial de España se explica por el aumento de los impuestos especiales al tabaco y al alcohol aplicados en años recientes), y ya se sabe que la inflación es el otro tema tabú de la seriedad neoliberal. La segunda es una cuestión de marketing político: como el IRPF es un impuesto con tipos progresivos, aumentarlo permite presentar el ajuste como socialmente justo. Sería cierto si no supiéramos que las rentas del capital siguen tratadas con mucha más benevolencia que las del trabajo, si no existieran los mil y un mecanismos para desgravarse impuestos que tienen los ricos, si el control de las rentas fuera efectivo para todas ellas. Pero sabemos que el IRPF es sustancialmente un impuesto sobre las rentas salariales y que por tanto, en ausencia de otras medidas, va a ser sobre los asalariados sobre los que va a recaer el aumento de la carga fiscal. Y sabemos también que la regresividad social de este nuevo plan de ajuste se encuentra en otras muchas de las medidas, empezando por la congelación del Salario Mínimo Interprofesional y el IPREM, los dos elementos que tienen más influencia sobre las rentas más bajas, y continuando por la caída real de las pensiones y los ajustes presupuestarios… Lejos de lo que proclama el gobierno, el ajuste no es un sacrificio compartido, sino un nuevo ataque a las condiciones de vida de los asalariados en general y de los asalariados pobres y parados en particular.
II
Pero lo que explica que este ataque directo a las condiciones de vida de la mayoría de la población no provoque un rechazo radical de la misma, ni genere una amplia respuesta de resistencia, es que se presenta dentro del discurso de la seriedad y el rigor. Un discurso que se genera en los diferentes niveles institucionales en los que hoy se produce la política económica (organismos supranacionales, Unión Europea, gobiernos, centros de opinión económica). En todos se genera un discurso único en el que se combinan lo inevitable —hemos gastado por encima de nuestras posibilidades, el endeudamiento excesivo no es tolerable, los mercados imponen el ajuste— con lo épico —el sacrificio nos permitirá salir del mal paso—. Un discurso que se legitima con un aparente aparato técnico.
El problema de este discurso es doble. De una parte resulta evidente que los acreedores nos fuerzan al ajuste. Pero no está claro cómo el mismo va a permitir solventar los problemas en el largo plazo. De entrada los ajustes agravan los problemas al añadir nuevos parados (como muestra la nueva entrega de la EPA) y recortar las rentas de mucha gente. Con menos renta no está claro cómo salir del endeudamiento. Y nadie explica qué fuerzas van a impulsar una recuperación vigorosa en el futuro con salarios a la baja (que representan cuando menos 2/3 de la demanda global). De otra, nadie explica qué transformaciones productivas van a permitir cambiar la situación en el futuro. Muchos de los países con más problemas han llegado a ellos básicamente por una senda de especialización productiva que se ha mostrado insostenible. Es el caso español, donde el hiperdesarrollo de la actividad constructora fue la otra cara de una fuerte dependencia exterior en materias primas y productos industriales. Sin alterar esta estructura productiva no hay forma de eludir los problemas macroeconómicos del país (y seguramente ésta es también la situación en muchos de los países con mayores dificultades). Además de todo esto, los ajustes actuales ignoran por completo los problemas cada vez más acuciantes que plantea la crisis ecológica (energía, calentamiento, y problemas agrícolas, agua, etc.) y que exigen cambios importantes en las formas de vida. Cambios que deben ser cuidadosamente organizados y orientados si se quiere evitar un desastre social. Ninguna de las “políticas serias” plantea respuestas en ninguno de estos sectores. Simplemente confían en la magia de la iniciativa privada que una vez liberada de la crisis fiscal y de las trabas responderá, se supone, con nuevas iniciativas que traerán el bienestar. Como si el desastre financiero, las burbujas inmobiliarias y la depredación del planeta no fueran, precisamente, el resultado de las iniciativas privadas que el neoliberalismo alentó.
Hay que insistir. Nuestros responsables políticos y económicos no tienen ningún plan claro de salida de la crisis. Abogan por el ajuste por la presión de los acreedores (que ellos mismos han contribuido a reforzar) y por sus propios tics ideológicos, pero no cuentan con ningún modelo creíble que explique una ruta transitable hacia el bienestar. Nos piden sacrificios por nada y en cambio no nos preparan ante los desafíos de la crisis ecológica. Su seriedad es la de los histriones de los malos teatros, no la de unos líderes responsables.
III
Mientras la población esté sometida al síndrome de “es la única vía posible” o “no hay otra alternativa”, los responsables de las políticas de ajuste seguirán apareciendo como políticos responsables o, cuando menos, inevitables. Y la hegemonía de las ideas dominantes se sostendrá sobre la base de la conformidad, el fatalismo y la sensación de impotencia de la mayoría de la población. Por ello es tan necesario que quienes queremos transformar la situación seamos capaces de elaborar otra propuesta de ruta alternativa. No sólo basada en denunciar el papel de los intereses dominantes sino sustentada en una valoración realista de la situación y orientada a promover otra ruta de evolución social. Reconocer que efectivamente esta sociedad requiere un ajuste y una reorientación hacia un modelo productivo más sostenible: un ajuste que requiere tanto de cambios importantes en las formas de vida y en la distribución de la renta como en las instituciones que regulan la vida económica; un ajuste que se centre en eliminar privilegios y despilfarros intolerables y en cubrir necesidades básicas, en promover un modelo social cooperativo, y en recomponer el peso de la acción pública y la democracia.
No es tarea ni sencilla ni inmediata. Cualquiera de nosotros que trate de plantear en su entorno una alternativa percibirá lo arraigado de las viejas ideas. No sólo entre los principales beneficiarios del actual orden social, sino también en muchos de los que lo sufren. Pero reconstruir una hoja de ruta alternativa es hoy tan urgente como tratar de movilizar a la sociedad contra cada una de las dentelladas que propinan estos políticos, técnicos y empresarios con ínfulas de seriedad.
Artículo publicado en Mientras Tanto Electrónico.
