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Justicia económica global
Aktualisiert: vor 5 Stunden 51 Minuten

Los puertos siguen en lucha. Los estibadores merecen nuestro apoyo

vor 13 Stunden 12 Minuten

Carlos Martínez – Consejo Científico de ATTAC España

Los estibadores portuarios han desconvocado su huelga en todos los puertos del estado español. Pero siguen vigilantes y han convocado otras ya, por si el Gobierno sigue exigiendo la desaparición de las sociedades obreras de estiba y organización del trabajo portuario a las que las empresas deben contratar obligatoriamente el personal que carga y descarga los buques y camiones en los muelles.

¿Qué ha ocurrido? Pues muy sencillo han derrotado al Gobierno, la UE y la patronal. Aunque de sobra saben los estibadores, que es solo una victoria temporal. Pero prosiguen su lucha mediante asambleas y trabajando de forma responsable, cumpliendo todos los requisitos de seguridad y de reglamento portuario. Por cierto las navieras y consignatarias están notando y mucho, esa forma “tan correcta de trabajar”.

Fieles a su tradición sindical y de lucha, que les ha hecho conseguir muchas victorias y buenos salarios en un sector que por cierto mueve mucho dinero y está además en alza, como es el transporte marítimo, “las manos” o collas de estibadores realizan un trabajo cada vez más especializado e importante. Las empresas, el gobierno y la UE que actúa como siempre impulsando la privatización. Los obreros portuarios están defendiendo lo público, nuestros puertos.

Ya conté que fui trabajador portuario, también militante sindicalista y conozco sus métodos de lucha, que además siempre utilizan. Ellos y ellas se saben hacer valer. Recuerdo con simpatía al coixo, al pardaliste, el fadrí, gallineta… Estaba con ellos en los muelles, contando palos o sacos, eran mi familia y éramos del sindicato. Tienen razón ellos y no los gerentes de las consignatarias o los cargos públicos del gobierno central que sacan en la TV.

El objetivo central de las empresas y el gobierno, es eliminar el registro de trabajadores y de esta forma poder contratar mediante ETTs a los estibadores. Sabéis de sobra las personas jóvenes precarias lo que son las ETT; la peor plaga contra el trabajo digno. Unos chupasangres que se quedan con una parte del sueldo de los trabajadores y trabajadoras. Antes a los que por su cuenta hacía esa función les llamábamos “pistoleros”. Pues bien, eso se quiere que los “pistoleros del precariado” pobre vuelvan a los muelles. No lo podemos consentir.

Los estibadores nunca nos han fallado en las huelgas generales, siempre han estado los primeros y han parado al 100%. Las navieras y consignatarias, la UE, el PP y la gran patronal quieren liquidar uno de los últimos espacios del estado español, donde el precariado no ha entrado todavía, insisto una vez más.

Mientras tanto los estibadores ya han dicho que defenderán sus justos derechos laborales si hace falta con sus vidas. Es por eso que hay que estar con ellos de forma clara y decidida. Esto no se solucionará mediante la cesión que proponen con la boca chica muchos partidos, no, no hay ya nada que negociar. La lucha de clases en los puertos está defendiendo el trabajo digno de todas y todos y el derecho y la justicia que la Unión Europea desea liquidar. La lucha sindical y obrera renace con ellos, en un momento de desmovilización provocada. Es por eso mucho de agradecer su actitud y sobre todo es muy grafíticamente comprobar como un importante y fuerte sector de la clase obrera, los míticos portuarios, luchan contra los gigantes de la Unión Europea, las grandes y poderosas navieras y el Gobierno de la derecha. Pero si les pediría que no escucharan cantos de sirena que defendiendo la negociación, buscan su claudicación.

Carlos Martínez es de Alternativa Socialista y de Unión SOCIALISTAS.

Ex portuario y politólogo

www.cli-as.es

 

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Trump da su primera orden ‘reaganiana’: ¡A desmantelar la regulación financiera!

vor 15 Stunden 12 Minuten

Diego HerranzPúblico.es

La banca se adapta a los acontecimientos políticos. Siempre ha sido así. Aunque, por norma general, se sienta más cómoda con gobiernos a la derecha del espectro político. O, para ser más precisos. Con aquellos gabinetes que defiendan, si puede ser a ultranza, la doctrina neoliberal. El presidente estadounidense, Donald Trump, parece tener en mente una política económica asentada sobre la vieja teoría del libre mercado sin tapujos de los Chicago boys. Los discípulos de Milton Friedman. Cuyas recomendaciones anti-keynessianas siguió a pies juntillas el también republicano Ronald Reagan, a finales de los noventa.

La devoción de Trump por Reagan está fuera de toda sospecha. De ahí que no sorprenda que una de sus primeras órdenes haya sido encargar a su secretario del Tesoro, Stephen T. Mnuchin -hasta su asunción del cargo de superministro de Economía y Finanzas, gestor de fondos de inversión y ejecutivo de Goldman Sachs- que desmantele la Dodd-Frank Act. Ley que Barack Obama incorporó precipitadamente tras el estallido de la quiebra de Lehman Brothers para devolver la estabilidad al sistema, reforzar sus mecanismos de control desde la Reserva Federal -el organismo de fiscalización de la arquitectura financiera americana- y aplicar reglas claras y transparentes que restablecieran los niveles de liquidez y solvencia necesarios para eludir futuras crisis (en el caso de los bancos) y reforzaran la protección de los consumidores. Que así llama el segundo apellido de la norma legal.

Mnuchin, presto a la petición de Trump, ya ha comentado que “matará” y “enterrará” elementos de la Dodd-Frank. Además de determinados preceptos de la Volcker Rule, su complemento ideal -diseñada por el que fuera presidente de la Fed, de perfil republicano, Paul Volcker, durante los mandatos de Jimmy Carter y Ronald Reagan- porque empezó a restringir la capacidad de autonomía de los bancos para confeccionar productos de inversión especulativos. Unos activos que se tornaron tóxicos durante los años previos a 2008 dentro de los balances bancarios. Hasta alcanzar unos cálculos multibillonarios, según admitieron entonces el FMI y la OCDE. Casi del triple del valor del PIB español. Y cuya toxicidad tuvo mucho que ver con la rebaja fiscal decretada por George W. Bush en 2003 por la que concedió 350.000 millones de dólares (suma equivalente a las economías argentina y chilena) a los bolsillos del 5% de los ciudadanos más pudientes de EEUU. Porque gran parte de esta riqueza extra en manos de multimillonarios se invirtió en instrumentos de alto riesgo financiero; esencialmente, estructurados, derivados y swaps.

Pero nada de esto parece preocupar a Trump. Porque, a su juicio, la “Dodd-Frank es un desastre”. Aunque, entre otras exigencias, estipule la obligación de que las entidades bancarias de EEUU se sometan a pruebas de resistencia (stress test) y haya logrado, en sus seis años de vida, que las firmas de inversión transformaran sus áreas de negocios, separaran sus divisiones comerciales minoristas de su banca de inversión y mejoraran sus protocolos de información a sus clientes.

A buen seguro, Trump cederá ante las presiones de Wall Street para desfigurar los actuales mecanismos de control. A imagen de lo que hizo en el pasado Reagan. Sin tener en cuenta que su antecesor republicano en la Casa Blanca, Bush hijo, tuvo que reforzar el papel de la SEC (la CNMV estadounidense) para afrontar el escándalo Enron y los movimientos bursátiles especulativos que condujeron al pinchazo de la burbuja de las punto.com; amén de pasar a la historia como el único presidente bajo cuyo doble mandato se registraron dos recesiones. Dará mayor credibilidad a los cientos de miles de dólares que la industria -dicen los responsables de la banca- ha tenido que desembolsar en este último decenio para sufragar la multiplicidad de requerimientos y exigencias que dictamina la ley, y a la necesidad de insuflar crédito al sistema productivo; sobre todo las PYMES.

Tampoco parece importarle al nuevo inquilino del Despacho Oval que la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, apoyara públicamente la “seguridad y solidez” de la regulación financiera de EEUU que, en su opinión, “goza de buena salud”. O de que, incluso, enfatizara que “no quería ver el reloj retrasarse de nuevo”; en alusión a una marcha atrás hacia las normativas permisivas que condujeron a la crisis de 2008. Ni la respuesta que su invectiva provocó en Europa. Mario Draghi, como su homóloga de la Fed, precisó que “lo último que se necesita en este momento es una relajación regulatoria”. Toda una declaración de intenciones del presidente del BCE que, en este caso, parece convencido del peligro de la iniciativa de Trump, en una fase en la que, en Europa, se ha tejido normas hacia la unión bancaria y la disciplina financiera. “Francamente, no veo razón alguna para devaluar un entramado normativo que ha reconducido la fortaleza de los bancos y de los servicios financieros a cotas mucho más elevadas de las que tenían antes de la crisis”, precisó Draghi.

Sobre todo, porque en esta reconversión de la banca, todavía quedan importantes asuntos por resolver, como los serios problemas de solvencia que acechan sobre los sistemas bancarios de Italia y Francia o la incógnita que genera el alto riesgo sistémico que transmite el poderoso Deutsche Bank. Sin olvidar la compleja desconexión del Brexit y la batalla por qué ciudad se erigirá en gran centro financiero europeo, o la tensión que supone para el Viejo Continente la combinación de varias citas electorales, con la irrupción del nacionalismo de derecha, y la benevolencia que este desarme regulatorio -que reducirá costes a la banca- creará a bancos americanos y, presumiblemente británicos, que verán elevar su ventaja competitiva en relación a la europea. En pleno tramo final para la entrada en vigor de la MiFID II, en 2018. Tan sólo un par de años después de que el BCE asumiera la supervisión global del modelo bancario de la zona del euro.

Esta directiva está confeccionada para perfeccionar, con guías y normas financieras, las fórmulas de comercialización de los productos bancarios y ahondar en las garantías a clientes e inversores. Y de Basilea IV, la batería regulatoria que prepara el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB) del Banco Internacional de Pagos (BIS, según sus siglas en inglés), dirigidas a reforzar la supervisión y el control de las entidades bancarias, la industria financiera y el sector asegurador, y que podrían tener un impacto significativo sobre los requisitos mínimos de capital (es decir, de solvencia) de los bancos. Pero de cuyas reuniones, paradójicamente, se van a ausentar los delegados de EEUU hasta que conozcan los pormenores de la reforma de Trump.

El problema, según los analistas del mercado, reside en que economías anglosajonas y, en especial, la británica, podrían seguir la estela marcada desde Washington. Sólo la industria financiera de Reino Unido mueve 8,6 billones en gestión de activos. El triple del PIB del país. Y no parece que se vayan a quedar con los brazos cruzados y comprobar cómo los mastodónticos bancos de inversión americanos, con Goldman Sachs (GS) y sus largos tentáculos con el poder político americano a la cabeza, les quitan una parte suculenta del pastel.

Porque GS no sólo ha sido el gran vencedor de esta crisis. Siempre se ha jactado de haber sido el catalizador de los intereses de Wall Street. En EEUU y el resto del mundo desde su nacimiento, a mediados del siglo XIX. Sólo así se explica que tanto altos ejecutivos de este banco de inversión hayan recalado en el Tesoro norteamericano. Desde Henry Fowler, bajo el mandato de Lyndon B. Johnson, hasta Mnuchin, pasando por Robert Rubin, con Clinton, Henry Paulson, con Bush hijo. Sin mencionar una larga decena de jerarcas de GS que han ocupado otros puestos de relevancia en el área económica de los últimos gabinetes presidenciales. Como Jay Clayton, abogado de la firma, al que Trump ha colocado al frente de la SEC. Ni los que fueron llamados a resolver la crisis en Europa. Entre ellos, el propio Draghi o los primeros ministros italiano, Mario Monti, y griego, Lucas Papademos -éste en medio de la guerra con sus socios europeos por el excesivo endeudamiento del país- después de gobernar el Banco de Grecia. Incluso el titular de Economía español, Luis de Guindos, regentó Lehman Brothers en España antes de su quiebra, banco cuyas cenizas fueron a parar a GS. O los que acaban de aterrizar, como el ex presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Barroso. Una puerta giratoria que no ha llevado implícita sanción alguna por las autoridades de la UE.

Esta lectura soterrada de cómo se ejerce la influencia financiera desde la gran banca es, en el fondo, un dolor de cabeza para las autoridades monetarias. Además de una fórmula de presión para que otras economías sigan las pautas previstas por EEUU. No por casualidad, Trump quiso enviar otros mensajes subrepticios a Europa. Entre otros, la depreciación del euro, que achaca al interés alemán por mantener su superávit comercial pero que, en el fondo, trunca su decisión de devolver al dólar la hegemonía perdida en el último decenio. Un billete verde fuerte resulta de sumo interés no sólo para su estrategia de proteccionismo comercial. También para forzar a que la Fed acelere las subidas de tipos de interés que emprendió el pasado año.

El esperado dinamismo inmediato que sus medidas de mayor gasto en infraestructuras y rebajas de impuestos espoleará a medio plazo la inflación favorecen inicialmente su idea de encarecer el precio del dinero. Pero, a medio plazo, si los desequilibrios económicos de mayor déficit y descompensación de la balanza de pagos por el riesgo de recesión en un ciclo que ya supera la media de ocho años de crecimiento -y sobre el que pesan malos augurios como la caída de beneficios empresariales-, se tornan en realidad, el descenso de los tipos hasta un punto de equilibrio bajo será demasiado drástica. De ahí las apelaciones a la prudencia de Yellen, con las que ha saludado la agenda económica de Trump, tienen demasiado sentido.

Igual que en la órbita europea. Draghi es consciente de que debe dar por finalizada su estrategia de compra de deuda de socios del euro. Con presiones cambiarias y unas economías, las europeas, que no acaban de entrar en velocidad de crucero desde la recesión post-crisis. Y que conoce a la perfección los sobreesfuerzos de acomodar con retardo el precio del dinero a los niveles que marca la Reserva Federal. Sobre todo, porque los estatutos de la Fed, a diferencia de los del BCE, no tienen el mandato exclusivo de combatir la inflación bajo una cota rigurosa, la del 2%. Sino que designa los tipos de interés en función, también, del dinamismo económico y de la creación de empleo. Para más inri, con leyes tributarias y laborales homogéneas. En este sentido, cualquier movimiento precipitado de más carestía del dinero en Europa redundará de manera negativa en el ritmo de crecimiento a medio plazo.

Sumarios:

Mnuchin ya admite que “matará” reglas de la Dodd-Frank, ley de Obama que exigió mayores ratios de solvencia y transparencia a la industria financiera, y de la Volcker Rule, que restringió el uso de productos de inversión especulativos.

La desregulación financiera de Trump cuenta con el visto bueno de Wall Street, que pretende suprimir buena parte de los costes que la banca ha tenido que asumir para cumplir con los requerimientos legales para ganar competitividad.

La intención de la Casa Blanca también lleva implícita la tarea de diluir los actuales controles de supervisión de los bancos y, para ello, dispone de talentos procedentes de Goldman Sachs, como el propio secretario del Tesoro.

Las reticencias a este fervor desregulador proceden de las dos máximas autoridades monetarias; Yellen no quiere que “el reloj vuelva atrás”, a los años previos a la crisis, y Draghi no ve “razón alguna” para desproteger al sector.

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Los dilemas de los movimientos sociales en la lucha antineoliberal

Mo, 20/02/2017 - 09:00

Emir Sader - Público.es

En Bolivia y en Ecuador los movimientos sociales se han cansado de tumbar a gobiernos neoliberales y han decidido, finalmente, fundar sus propios partidos y lanzar candidatos a la presidencia de la nación. Mientras tanto, en el marco del Forum Social Mundial, o al lado de él, ONGs, algunos movimientos sociales e intelectuales de Europa y América Latina se oponían a esa vía y proponían la “autonomía de los movimientos sociales”. Esto es, no deberían meterse en política, ni con el Estado, menos todavía con política.

En Argentina, frente a la peor crisis económica, política y social de su historia, movimientos han renunciado a lanzar candidaturas a la presidencia de la República, con el slogan: “Que se vayan todos”. Resultado: Menem ganó en la primera vuelta, prometiendo que iría dolarizando definitivamente a la economía argentina, con lo que llevaría a la ruina sin retorno no solo a la Argentina, sino a todos los procesos de integración latino-americana.

La ilusión despolitizada y corporativa del “Que se vayan todos” dejaría el campo libre para esa monstruosa operación menemista, con los efectos negativos en toda la región. La ilusión era la de que ellos se irían, sin que se los hiciera irse, sin que fueran derrotados con un proyecto superador del neoliberalismo. Felizmente apareció Nestor Kirchner, quien asumió la presidencia del país, para iniciar el rescate más espectacular que Argentina había conocido de su economía, de los derechos sociales de los trabajadores, del prestigio del Estado.

Mientras tanto, algunos movimientos que se habían adherido a la tesis de la autonomía de los movimientos sociales, como los piqueteros argentinos, simplemente han desaparecido. En México, después del enorme prestigio que habían tenido, al asumir una posición semejante – “Cambiar el mundo sin tomar el poder”, de John Holloway y Toni Negri, quien condenaba a los Estados como superados instrumentos conservadores -, los zapatistas han desaparecido de la escena política nacional, recluidos en Chiapas, el estado más pobre de México. Más de 20 años después, ni Chiapas, ni México fueron transformados sin tomar el poder, hasta que los zapatistas decidieron lanzar a  una dirigente indígena a la presidencia del país. Sin decir que van a transformar el país con una victoria electoral, salieron de su aislamiento en Chiapas para volver a participar de la vida política nacional de México, abandonado sus posiciones de simple denuncia de las elecciones y de abstención.

Mientras tanto, Bolivia y Ecuador, rompiendo con esa visión estrecha de restringir los movimientos sociales solamente a la resistencia al neoliberalismo, han fundado partidos – Mas en Bolivia, Alianza País en Ecuador -, presentaron candidatos a la presidencia de la República – Evo Morales y Rafael Correa -, han triunfado y pusieron en practica los procesos de mayor éxito en la trasformación económica, social, política y cultural de América Latina en el siglo XXI. Han refundado sus Estados nacionales, impuesto el desarrollo económico con distribución de renta, se han aliado a los procesos de integración regional, al mismo tiempo que han integrado las más amplias capas del pueblo a los procesos de democratización política.

Al contrario del fracaso de las tesis de la autonomía de los movimientos sociales, que han renunciado a la disputa por la hegemonía alternativa a nivel nacional y de lucha por la construcción concreto de alternativas al neo liberalismo, bajo la dirección de Evo Morales y de Rafael Correa, Bolivia y Ecuador han demostrado como solamente la articulación entre la lucha social y la lucha política, entre los movimientos sociales y los partidos políticos, es posible construir bloques de fuerza capaces de avanzar decisivamente en la superación del neoliberalismo.

Las tesis de Toni Negri sobre el fin del imperialismo y de los Estados nacionales fueron rotundamente desmentidas ya desde la acción imperialista después de las acciones del 2001. Los gobiernos sudamericanos han demostrado que solamente con el rescate del Estado es posible implementar políticas antineoliberales, como el desarrollo económico con distribución de la renta. La pobreza persistente en Chiapas puede ser comparada con los avances espectaculares realizados, por ejemplo, en todas las provincias de Bolivia, para demostrar, también por las vías de hecho, como la acción desde abajo tiene que ser combinada con la acción de los Estados, si queremos efectivamente transformar al mundo.

Otra de las tesis, como las de varias ONGS o de Boaventura de Sousa Santos, opta por una “sociedad civil” en la lucha en contra del Estado. Ésta no puede presentar ningún ejemplo concreto de resultados positivos, a pesar de las ambiguas alianzas con fuerzas neoliberales y de derecha, que también se oponen al Estado y  se alían con ONGs y con intelectuales para oponerse a gobiernos como los de Evo Morales y de Rafael Correa, pero también se sitúan en contra de otros gobiernos progresistas en América Latina.Las alianzas con ONGs y con intelectuales para oponerse a gobiernos como los de Evo Morales y Rafael Correa, pero también contra otros gobiernos progresistas en América Latina tienen en común la visión liberal del mundo.

Ademas del fracaso teórico de las tesis de la autonomía de los movimientos sociales, se les puede contraponer los extraordinarios avances económicos, sociales y políticos, en países como Argentina, Brasil, Venezuela, Uruguay. Además de los ya mencionados, como pruebas de la verdad de las tesis de la lucha antineoliberal como la lucha central de nuestro tiempo.

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La escandalosa complicidad de la banca privada y el estado: el caso de las cláusulas suelo

Mo, 20/02/2017 - 07:00

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

Desde que me reintegré de nuevo al mundo académico de España, he escrito extensamente sobre el excesivo poder que la banca privada tiene sobre las instituciones representativas del Estado (incluidos los partidos políticos) y sobre su desmesurada influencia en los medios de información, todos ellos, por cierto, profundamente endeudados con la banca privada, que utiliza los préstamos a los medios y a los partidos como manera de ejercer presión. En ninguno de los países en los que he vivido o trabajado durante mi largo exilio la banca tiene tanto poder como en este país, un poder que debilita y corrompe la ya muy insuficiente y limitada democracia española. Tal influencia se extiende a casi todas las instituciones reproductoras de valores, incluidas, por cierto, las universitarias, donde la banca privada ejerce su gran influencia a base de financiar grupos de investigación y centros académicos que predeciblemente siempre sesgan sus estudios para favorecer sus intereses (pero nunca financian a economistas críticos). El dominio del pensamiento liberal y del dogma económico neoliberal en la cultura económica y mediática de España es un claro indicador de ello.

El Banco de España es un lobby de la banca

La complicidad entre la banca y el Estado alcanza su máxima expresión en el Banco de España, la institución que debería supervisar y regular la banca privada, habiéndose convertido, en su lugar, en el mayor lobby de dicha banca. Y si no se lo cree, entérese de lo que ha pasado con las cláusulas suelo, que son ni más ni menos que el pago de una cantidad extra por parte de la persona que pide un préstamo hipotecario para garantizar que el banco nunca perderá dinero. Cuando usted pide una hipoteca, el banco le pide unos intereses que pueden variar según el precio del dinero, pero los intereses que terminará pagando no siempre seguirán las reglas del mercado, ya que según las mismas reglas del mercado, si los intereses bajaran mucho, ello debería verlo usted reflejado, pero el banco no tendrá esto en cuenta y continuará cobrando unos intereses más altos que los que el mercado indique, pues lo último que el banco desea es perder dinero. Esta regla –la cláusula suelo– quiere decir que el banco nunca perderá dinero, digan lo que digan las llamadas reglas del mercado.

Como usted es probable que sepa, los economistas y políticos liberales siempre hablan de la supremacía del mercado. Pero lo que nunca dicen es que, como acabo de decirle, raramente lo que ellos definen como mercado funciona, en realidad, como un mercado. En un mercado –según los libros de texto– debe haber ganadores y perdedores. Pues bien, las cláusulas suelo son el pago extra que hace el prestatario (es decir, el que toma dinero a préstamo) para asegurar al banco que nunca perderá. Es una práctica desconocida en la mayoría de países (que son muchos) en los que viví o trabajé durante muchos años. En realidad, es conocido fuera de España que la banca española goza de muchísimos privilegios que la banca no tiene en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte, EEUU y Canadá, por un lado, y la UE por el otro.

Es por esta excepcionalidad (resultado del poder de la banca privada sobre las instituciones políticas y sus partidos –la mayoría financiados por ella–) que el tribunal de justicia más importante de la UE, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), ordenó que se eliminara tal privilegio de la banca, exigiendo que devolviera a los ciudadanos el dinero que pagaron como consecuencia de dichas cláusulas desde el momento que estas cláusulas se incluyeron en el contrato entre el prestamista (es decir, la banca) y el ciudadano (el que contrata una hipoteca).

Las voces aliadas de la banca

El coro de protesta a favor de la banca y en contra de la instrucción del TJUE ha sido extenso. Una de las primeras voces de este coro fue, predeciblemente, el gobierno del PP (al cual, por su enorme proximidad con la banca privada, debería llamarse “la banca en las Cortes”), que inmediatamente indicó que tenía que limitarse la devolución del dinero a la población que se consideraba afectada (1 millón y medio de clientes, un número probablemente inferior al real) pues de no ser así los bancos colapsarían, a no ser que, de nuevo, el Estado (es decir, usted, lector) los ayudara financieramente.

Otra voz fue el Banco de España (que como he dicho antes es un lobby de la banca), que indicó que tal pago de la banca privada a la población afectada “crearía graves trastornos en la estabilidad financiera de España”, el mismo argumento que tal Banco y el gobierno español siempre utilizaron para ayudar a la banca privada cuando estuvo a punto de colapsar debido a sus inversiones especulativas, creando la burbuja inmobiliaria. El Banco de España y los gobiernos españoles justifican la ayuda escandalosa a la banca utilizando una narrativa aparentemente más neutra, refiriéndose a la necesidad de “mantener la estabilidad financiera”, que, en realidad, se basa en una explotación cruda y grosera de la ciudadanía, una explotación, en este caso de cláusulas suelo, de nada menos que de casi 10.000 millones de euros, y ello sin contar con los millones de españoles que ni siquiera son conscientes de que tienen cláusulas suelo en sus contratos. En realidad, la estrategia de la banca ha sido tratar de ocultar al máximo la situación profundamente injusta pero legal (como consecuencia de su poder político) que esta ha estado imponiendo a la ciudadanía, con la complicidad del gobierno del Estado y del Banco de España.

En realidad, la respuesta de tales instituciones a la sentencia del TJUE que se devuelva el dinero obtenido a través de tales cláusulas suelo al cliente del banco, restituyéndolo al prestatario, ha sido la de retrasar y dificultar tal recuperación del dinero por parte del ciudadano. El Real Decreto del gobierno (aprobado también, además del PP, predeciblemente por el PSOE y Ciudadanos, y por el PNV y Coalición Canaria) concedió un plazo de tres meses para que los bancos negocien acuerdos con los clientes abusados y estafados (que habían sido forzados a pagar una cantidad extra que en otros países no se paga). Tal como está redactado parece, pues, asumir que la cantidad que el banco privado debe pagar es negociable, es decir, que tiene que negociarse con el cliente, lo cual no tiene por qué ser el caso. Como bien ha indicado la diputada de Podemos (de los pocos partidos que no reciben ninguna ayuda o préstamo de la banca) en el Congreso de los Diputados, la Sra. Lucía Martín, no hay nada que negociar. La cantidad que tiene que pagarse es conocida, y hay que ayudar a la ciudadanía frente a los bancos para que estos paguen. No hay que negociar nada y los bancos deben hacer inmediatamente el pago. Y ahí está la situación escandalosa desde el punto de vista democrático, pues el Real Decreto no obliga a los bancos a comunicar a los que tienen hipotecas si tienen una cláusula suelo en sus contratos. En realidad, la asociación de consumidores de Asturias ha hecho una encuesta y ha podido comprobar que casi la mitad de las personas que tenían tales cláusulas suelo en sus hipotecas no eran conscientes de ello. Y los bancos lo saben y se callan. En realidad solo un 10% de los afectados reclama.

El Banco de España, una de las instituciones más reaccionarias de España

La evidencia es clara y contundente. El Banco de España ha apoyado continuamente las políticas públicas más reaccionarias del país, que dañan sistemáticamente el bienestar y la calidad de vida de las clases populares. Tal banco ha apoyado las reformas laborales que han disminuido los salarios y aumentado espectacularmente la precariedad en el mercado laboral; ha apoyado la reducción del gasto público y muy en particular de los servicios públicos del Estado del Bienestar; ha promovido siempre el aumento de la edad de jubilación, añadiendo siempre tres o cuatro años más a la vigente, sea esta la que sea; ha favorecido los planes privados de pensiones (cuya eficiencia, por cierto, es mucho menor que la del aseguramiento público); y así constantemente. Todos estos temas, en los que participa activamente, son, por cierto, temas que el Banco de España no tiene autoridad para comentar, pues caen fuera de su jurisdicción, que es única y exclusivamente regular el sector bancario, tarea en la que ha mostrado una notable dejadez, incompetencia y sesgo probancario que alcanza niveles criminales.

La necesidad de cambiar 180º esta institución pública, el Banco de España

El sistema financiero español está excesivamente sesgado a favor de los banqueros, cuyas elevadas remuneraciones (de las más altas de la UE) no pueden justificarse a la vista de su escaso y muy limitado servicio a la ciudadanía, discriminando sistemáticamente a las clases populares, que son las que sufren más las consecuencias de su comportamiento claramente antidemocrático. Según la Autoridad Bancaria Europea, los 125 ejecutivos españoles mejor pagados del sector financiero consiguieron, como promedio, unos ingresos anuales de alrededor de 2,4 millones de euros por ejecutivo en 2011, los más altos de la Unión Europea. Mientras, el usuario del sistema bancario español es el que recibe más abusos y peores servicios entre los usuarios de los sistemas financieros europeos (ver “El maridaje entre la banca, el Estado español y las autoridades europeas”, Sistema digital, 04.04.14).

Y una institución clave dentro de tal sistema es el Banco de España, que, como indiqué antes, es más un lobby de la banca privada que una institución reguladora que trabaje a favor de la ciudadanía (que es la que paga y sostiene su existencia) y muy en particular de la mayoría de la ciudadanía –que son las clases populares–.

Este sesgo del Estado favorable a la banca privada, que aparece con gran claridad en el comportamiento del Banco de España, explica la masiva inyección de fondos públicos a la banca, siendo el sector bancario español el que ha recibido más ayuda de fondos públicos en la UE. Frente a esta realidad, los cambios necesarios son profundos. La gran cantidad de estos fondos públicos no deberían haber ido a ayudar a la banca privada, sino a agrandar el sector público bancario (que es uno de los más reducidos de la UE). España tiene un sector bancario privado hipertrofiado, muy poco eficiente y con una nula vocación de servicio público. En realidad, la banca privada debería realizar una función pública, sin la cual no tendría derecho a su existencia. Función pública no quiere decir nacionalizarla, sino que significa establecer unas normas y comportamientos de servicio público (de la misma manera que los taxis son privados pero realizan un servicio público). El profesor Juan Torres y yo planteamos esta medida en nuestra propuesta económica que preparamos a petición de Podemos. Tal medida no debería excluir, sin embargo, las nacionalizaciones, como debería haberse hecho con Bankia, en lugar de privatizarla. Lo que sí está claro es que el sistema bancario, tal como está hoy constituido, está dificultando el desarrollo económico del país y el bienestar de la población. Así de claro.

 Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona Publicado en Público.es vnavarro.org
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La sopa de agua

So, 19/02/2017 - 09:00

Gustavo Duch - Consejo Científico de ATTAC España

“Un verano hice una suplencia de vacaciones en un geriátrico -me explica una cocinera profesional-, y todavía no me rehago del primer encargo que recibí. Se trataba de hacer caldo para 40 personas con los siguientes ingredientes: un minitrozo de hueso de jamón, dos carcasas de pollo, 4 zanahorias, 1 cebolla y 2 patatas”. Cómo dice ella, “¡el agua quedó muy buena!”

Esta situación puede parecer anecdótica o puntual pero, como sabemos todas las personas que tenemos la suerte de cuidar de nuestra gente mayor cuando por problemas de salud o de dependencia residen en centros donde se preparan comidas para colectividades -como los geriátricos, centros de día u hospitales-, lo que les traen en las bandejas no es mucho mejor que esta sopa de agua. De hecho, con productos como el panga del Vietnam, verduras congeladas o embutido de mar (un tubo de plástico rellenado con trozos de merluza de Namibia que se corta en porciones) es muy complicado hacer una buena comida.

¿Pensamos que esto es lo que se merecen estas personas en su último tramo de la vida? Aunque los nutrientes puedan ser científicamente los correctos y aporten las 2.200 kcal/día aconsejadas, ¿no es fundamental la calidad de los ingredientes y, evidentemente, la preparación amorosa y sabrosa del plato? ¿No somos conscientes que para la gente mayor la cuestión cotidiana más importante de su día a día es disfrutar de una buena comida y hacer de este acto un gran momento? Podríamos añadir más cuestiones, como por ejemplo que parece que olvidamos que muchas de estas personas son de una generación acostumbrada a una comida con ingredientes locales y de temporada, y ahora lo que se encuentran en el plato son inescrutables purés o bolitas enharinadas que quieren hacerse pasar por buñuelos de bacalao. Efectivamente, si hablamos de la calidad de nuestros servicios sanitarios, la comida de los centros para la gente mayor es una deficiencia a corregir, porque es muy evidente que comer suficiente, sano y bueno es un factor de salud decisivo.

Al mismo ritmo que se ha impuesto una agricultura industrializada que ha acabado con el campesinado han ido desapareciendo las cocinas, los cocineros y las cocineras de nuestros centros sociosanitarios, sustituidos por los monsantos o nestlés del catering. En el caso de la restauración colectiva, que en el estado español mueve la cifra global de 4.000 millones de euros anuales, de los cuales un 51% corresponden al sector sociosanitario, la empresa líder es Serunion, que con las otras cinco del podio controla un 40% de la cuota de mercado. Serunion, Eurest, Aramark, Serhs y la mayoría de grandes empresas de catering trabajan cada vez más con el que se conoce como línea fría, donde la comida llega totalmente elaborada desde cocinas centrales -a veces a 600 km de distancia- preparadas para trabajar en una velocidad de 1.000 menús por hora. La comida sólo hace falta recalentarla o, como dicen técnicamente, “completarla mediante un proceso de retermalización”.

Aunque desde el 2008 ya venimos hablando de la problemática del panga en nuestras dietas, no fue hasta este 2 de febrero que, por ejemplo, Serunion retiró este pescado de sus dietas por la fuerte presión actual. Pero esta no es la cuestión. Pienso que hay que replantear un modelo que, con esta industrialización del servicio de cocinas, acaba comportando que una única empresa sea responsable de servir más de 462.000 menús diarios.

Desde hace unos cinco años la preocupación por la comida en las colectividades se está abordado en un escenario parecido: los comedores escolares. Ya son muchas las experiencias para transitar de la comida de catering con productos del agroindustria globalizada a una comida ecológica, local y de temporada preparado in situ por cocineros y cocineras. Asociaciones como por ejemplo Menjadorsecologics.cat asesoran para facilitar estos cambios, señalando -porque esto es el que ustedes se deben de estar preguntando ahora- que esto se puede conseguir sin que se produzca un incremento del coste. De hecho, la experiencia de Copenhague es muy contundente. El año 2007 el gobierno de esta ciudad danesa se marcó como objetivo servir un 90% de comer ecológico a sus escuelas y centros para la gente mayor, y este 2016 ya pueden garantizar que el 88% de toda la comida en los establecimientos públicos lo es. Lo han conseguido sin cambios en la asignación presupuestaria porque, aunque la comida ecológica y local pueda resultar más cara, comprar productos de temporada, disminuir el consumo abusivo de proteína animal y reducir el derroche lo hace posible.

Cómo vamos insistiendo, conjuntamente con 120 ayuntamientos de todo el mundo, varias ciudades del Estado firmaron el 15 de octubre del 2015 el Pacto de Políticas Alimentarias de Milán para conseguir que las ciudades desarrollen sistemas alimentarios sostenibles. Es decir, tenemos todos los astros alineados -compromisos políticos y sensibilidad ciudadana- para promover experiencias reproducibles también en el ámbito sociosanitario. No me gustaría que el presidente de Serunion, Antoni Llorens, tuviera razón cuando afirmó que “la restauración colectiva alimenta las personas desde que nacen hasta que mueren”.

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Publicat en Diari ARA. 14 de febrer de 2017

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La izquierda alemana sueña con dar por acabada la era Merkel

So, 19/02/2017 - 07:00

Philip Oltermanneldiario.es

Si todo va como desea Johanna Uekermann, el 25 de septiembre se despertará con la noticia de que Angela Merkel ha perdido las elecciones alemanas. “La era de las medidas de austeridad ‘a la Merkel’ (y a la Wolfgang Schäuble, el ministro de Hacienda del país) puede finalmente ser cosa del pasado”, indica esta joven de 29 años, líder de la JuSos, la organización juvenil del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

“Y si en Francia también ganara un socialista”, dice, “eso supondría que dos presidentes de izquierdas y proeuropeos estarían al frente de dos de las grandes potencias económicas de la UE y mandarían un potente mensaje en contra de las tendencias nacionalistas que vemos en el Reino Unido y en otros países de la Unión Europea, así como en Estados Unidos”.

Incluso los progresistas más convencidos podrían pensar que este escenario es bastante utópico, especialmente si tenemos en cuenta que la única esperanza realista de la izquierda francesa es un candidato ( Emmanuel Macron)  que asegura que no es ni de derechas ni de izquierdas y que se ha desmarcado del Partido Socialista.

Sin embargo, desde la semana pasada, políticos, activistas y miembros del Partido Socialdemócrata vuelven a soñar con una posible victoria. Desde que en enero se anunció que Martin Schultz, el expresidente del Parlamento Europeo, sería el candidato del partido en las elecciones presidenciales, el SPD no ha hecho más que subir en las encuestas.

Por segunda semana consecutiva, una encuesta publicada este miércoles por el Instituto Forsa da al SPD los mejores resultados de los últimos cinco años, con el 31% de los votos, solo tres puntos por detrás del Partido Democratacristiano (CDU) de Merkel.

Otra encuesta, también de Forsa, indica que en el supuesto, teórico, de que el voto fuera directo, Schultz obtendría el 37% de los votos y Merkel el 38%. Otra encuesta publicada la semana pasada prevé que el partido de Schultz se convertirá en el partido más importante del país, por delante de los conservadores.

“Estamos viendo muestras de un optimismo increíble en reuniones y en los actos de campaña”, indica Uekermann. “Para algunos, Martin Schulz representa la

vanguardia federalista, pero para nuestra generación sus puntos de vista son normales”.

Bajo el predecesor de Schultz, Sigmar Gabriel, los socialdemócratas entraron en el Gobierno a través de una gran coalición pero a menudo les costó atribuirse el mérito de las iniciativas que impulsaron, como la introducción del salario mínimo en 2015.

Para muchos, Schulz no es casta

Schulz no ha participado en la política nacional desde que fue elegido europarlamentario y el hecho de no ser considerado un miembro del establishment política de Berlín juega a su favor.

Exalcalde de Würselen, una localidad situada cerca de la frontera con Holanda, Schultz parece un tipo con los pies en la tierra. El periódico Bild no ha dudado en compararlo con el responsable de un supermercado de pueblo.

Muchos expertos creen que su historia de superación personal –dejó los estudios por un problema con el alcohol y el sueño roto de convertirse en futbolista profesional, que luego se recuperó para terminar trabajando como librero– puede atraer a los votantes de clase trabajadora que se desilusionaron con su viejo partido.

“Lo que podemos afirmar con bastante seguridad es que el Partido Socialdemócrata ha dejado atrás una era en la que presentaban a un candidato sabiendo de antemano, antes de que la campaña empezara, que iba a perder ante Merkel”, indica Werner Patzelt, profesor de ciencias políticas de la Universidad Politécnica de Dresde. Después de 12 años de Merkel, muchos se han cansado de su estilo prudente y reactivo, y Schulz parece una alternativa real”.

La entrada en escena de un presidente de Estados Unidos que critica abiertamente las políticas económicas y sociales de Alemania ha hecho que muchos quieran que el gobierno muestre una actitud mucho más firme frente al gobierno de Trump. Hasta la fecha, Merkel ha optado por mantener una actitud distante pero no lo ha criticado abiertamente. En una entrevista en el último número de Der Spiegel, Schultz afirmó que Trump representa una “profunda” amenaza a los valores democráticos y que “ha estado jugando con la seguridad de Occidente”.

Schulz contra Trump

Cuando le preguntaron sobre qué relación tendría con Trump si es nombrado canciller de Alemania, Schultz elogió la Constitución liberal de Alemania: “Como líder del país, debo mostrar una actitud combativa hacia todo aquel que cuestione nuestro modelo social libre, abierto y tolerante”.

Sin embargo, muchos, incluso en la izquierda alemana, creen que los resultados de las encuestas deben ser examinados con cautela. La amplia mayoría de izquierdas de las elecciones de 2013, que dio al Partido Socialdemócrata, a Los Verdes y al partido de Die Linke (La Izquierda) un 42,7% de los votos se ha desmoronado.

Las encuestas más recientes muestran que los verdes y Die Linke han caído al 8% cada uno, lo que significa que la llamada coalición R2G (roja, roja y verde) no obtendría el 50% necesario para formar un gobierno con mayoría.

Tampoco está claro que Schulz pueda lograr que las bases de clase trabajadora del SPD perdonen al partido por haber impulsado la Agenda 2010, una reforma del mercado laboral impulsada por el gobierno de Gerhardt Schröder a principios de la década de 2000.

Si bien en declaraciones a Der Spiegel reconoció que había sido un error no vincular la liberalización del mercado laboral al salario mínimo y a una subida de impuestos para los más ricos, no concretó si crearía un impuesto sobre el patrimonio o si subiría el salario mínimo.

Tras pasar más de 20 años en Bruselas y Estrasburgo, al político de 61 años se le cuestiona si tiene suficientes conocimientos de política nacional, ya que deberá lidiar con un amplio abanico de cuestiones, desde las políticas de asilo a la videovigilancia.

Su apoyo a los eurobonos, títulos de deuda pública emitidos por todos los países de la zona euro, lo aisló, incluso dentro de su propio partido. Si la crisis de la deuda soberana griega vuelve a ocupar titulares antes de las elecciones, podría convertirse en su talón de Aquiles.

En lo relativo a las percepciones en torno a la competencia de los partidos políticos alemanes, el Partido Socialdemócrata se sitúa por detrás del Partido Democristiano de Merkel. “Este punto es clave”, indica el encuestador Manfred Güllner a la revista Stern: “Esto tendrá que cambiar en las próximas semanas si quieren propiciar el estado de animo necesario para un cambio”.

 

Traducido por Emma Reverter

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Políticas mundiales de Trump: los dos puntos álgidos

Sa, 18/02/2017 - 09:03

Immanuel Wallerstein – La Jornada

El presidente Donald Trump ha dejado claro que su presidencia tendrá una posición sobre todo y en todas partes. También dejó claro que él solo tomará la decisión final sobre las políticas que seguirá su gobierno. Él ha escogido dos áreas prioritarias para implementar sus políticas: México y Siria/Irak, que es la zona de fuerza del Califato o Estado Islámico (EI). Podríamos llamar a estas dos áreas puntos álgidos (hotspots), donde el magnate está actuando en su modo más provocador.

Se suponía que México fue el principal asunto de toda su campaña, primero en su nominación republicana y luego durante la elección presidencial. Es probable que sus incesantes comentarios ásperos hacia el país y los mexicanos le hayan ganado más apoyo popular que cualquier otro tema, y por tanto le dieron la presidencia.

Trump se da cuenta correctamente de que si no hubiera priorizado realizar acciones contra México arriesgaba la rápida y seria desilusión de sus más ardientes simpatizantes. Así que eso hizo.

En sus primeros días en el cargo, ha reiterado que construirá un muro. Ha asegurado que busca una revisión importante del TLCAN, y que si eso falla repudiará el tratado. Y ha repetido su intención de hacer que México pague por el muro instituyendo un impuesto a todas las importaciones mexicanas a Estados Unidos.

¿Puede realmente hacer todo eso? Hay problemas legales y políticos para que implemente el programa. Los obstáculos legales, de acuerdo con las leyes estadounidenses e internacionales, probablemente no son tan grandes, pese a que pudiera acusarse a Estados Unidos de estar violando previsiones de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Si eso fuera a suceder, Trump probablemente estaría dispuesto a retirar a Estados Unidos de la OMC.

Hay obstáculos políticos más serios, que hacen menos posible que pueda llevar a cabo su programa pronto y totalmente. Hay seria oposición en Estados Unidos al proyecto, sobre bases tanto morales como pragmáticas. La objeción pragmática es que un muro sería ineficaz para reducir la entrada de trabajadores indocumentados y meramente incrementará el costo y el riesgo para los individuos que crucen la frontera. Es interesante que las objeciones pragmáticas las estén expresando aun los rancheros texanos, que son de sus más fuertes simpatizantes. Y, por supuesto, hay muchas empresas estadunidenses que dependen de los trabajadores indocumentados y que serían grandes perdedoras. Ellos constituirán una fuerza de presión en el Congreso para debilitar dicha política.

Tampoco es claro que pueda transferir el costo de construir el muro a los exportadores mexicanos. Ya hay muchos análisis que argumentan que, vía el aumento en el costo de las importaciones, eventualmente el costo terminará pesando sobre los consumidores estadounidenses también, o en sustitución de los exportadores mexicanos.

En el lado mexicano, el presidente Enrique Peña Nieto inicialmente hizo el esfuerzo de negociar los asuntos fronterizos con el presidente Trump. Envió a dos secretarios de Estado a Washington a comenzar las discusiones preliminares. Le dio la bienvenida a México y anunció que viajaría a visitarlo personalmente. Esta suave respuesta a las declaraciones de Trump resultó muy impopular en México. Y Peña es atacado en casa por muchos otros asuntos ya desde hace tiempo.

El evidente desinterés del mandatario estadounidense por acomodar algo con su homólogo mexicano fue la gota que derramó el vaso. En México fue considerado humillante. Peña canceló su viaje y asumió una postura de desafío a Washington. Haciendo esto ha logrado que muchos de sus críticos internos se reúnan en torno suyo, reivindicando el orgullo nacional.

Pregunto de nuevo: ¿puede Trump hacer que México se doble a su voluntad? A muy corto plazo, puede parecer que logra cumplir sus promesas de campaña. A mediano plazo, sin embargo, no es nada seguro que Trump emerja de este punto álgido con un récord de logros.

Siria/Irak es un punto álgido aún más difícil. Trump ha dicho que tiene el plan secreto para eliminar al Estado Islámico. Típicamente le dio al Pentágono 30 días para que concrete propuestas. Sólo entonces anunciará su decisión.

Hay ya una serie de problemas para Trump. Ahora Rusia parece el actor político individual más fuerte en la región. Ha avanzado por el camino de crear un proceso de paz política que incluye al gobierno de Bashar al-Assad, a la principal fuerza de oposición en Siria, a Turquía e Irán (junto con Hezbolá). Estados Unidos, Europa occidental y Arabia Saudita están todos excluidos.

Tal exclusión es intolerable para el mandatario estadounidense, que ya habla ahora de enviar tropas terrestres para golpear a Isis. Pero, ¿con quién se aliarán dichas tropas en Siria o Irak? Si lo hacen con el gobierno dominado por los chíitas, impedirán el apoyo de las fuerzas tribales sunitas que Estados Unidos había estado cultivando pese al respaldo que alguna vez otorgaron a Saddam Hussein. Si se alían con los peshmerga turcos, antagonizarán más aún con los gobiernos turcos e iraquíes. Si se junta con las fuerzas iraníes, habrá gritos en el Congreso estadunidense y en Israel, tanto como en Arabia Saudita.

Si a pesar de esto Trump envía tropas, se encontrará con que será muy difícil extraerlas, como le pasó a George W Bush y a Barack Obama. Pero con las inevitables bajas estadunidenses puede desaparecer el respaldo en casa. Entonces recibirá aplausos de más corto plazo que en el caso de México, y probablemente más frustraciones de mediano plazo. Tarde o temprano, tanto él como sus simpatizantes aprenderán la amarga verdad sobre los límites del poderío geopolítico estadunidense y, como tal, sobre los límites del poderío mundial de Trump.

¿Qué ocurrirá entonces? ¿Explotará y cometerá actos peligrosos? Esto es lo que casi todo el mundo teme; un Estados Unidos demasiado débil en poder real y muy fuerte en armamento. Trump tendrá que decidir entre dos opciones: utilizar las armas con que cuenta, lo cual es fútil, pero terrible, o retirarse calladamente de la geopolítica hacia la Fortaleza América, admitiendo implícitamente su fracaso. En cualquier caso, será una decisión muy poco confortable para él.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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¿La renta básica universal punto cero en la superación de la relación capital-trabajo?

Sa, 18/02/2017 - 07:02

Gustavo Hernández Sánchez – Rebelión

Releyendo algunos textos de Silvia Federici no he podido pasar por alto poner en relación la demanda de salario por el trabajo reproductivo con el debate actual acerca de la propuesta del establecimiento de una “renta básica universal”, salvando las distancias. Ésta se presenta desde algunos colectivos como una herramienta para socavar la relación capital-trabajo; relación mediante la cual nuestras vidas, las vidas de la clase trabajadora o de las clases subalternas, se subordinan -en todas sus dimensiones, tanto subjetivas como materiales-, a las necesidades del capital en su afán de seguir obteniendo beneficio en un contexto atravesado por la crisis económica iniciada en 2007-2008.

Federici plantea esta demanda en su obra Revolución en punto cero (2013) como una forma de desenterrar “‹el secreto de la acumulación primitiva›” (Federici: 2013, p. 24), así como una manera de establecer nuevas formas de estrategia y de subversión política de esta relación, la de capital-trabajo, la cual determina la explotación y subordinación de las personas que formamos parte de estas “clases subalternas [1] . Y concluye que, incluso aunque no sea el único punto cero para la revolución (o superación de la relación capital-trabajo):

“Es a través de las actividades cotidianas por las que producimos nuestra existencia que podemos desarrollar nuestra capacidad de cooperar, y no solo resistir la deshumanización sino aprender a reconstruir el mundo como espacio de crianza, creatividad y cuidado” (Ibídem, p. 20)

Y con esta nota, quiero indicar como primer punto de mi reflexión que la demanda por una “renta básica universal” no sería excluyente de otras demandas que se entienden como similares o parejas, tal y como puede ser la propuesta de “trabajo garantizado”. De hecho, considero que es uno de los debates más interesantes que mantienen como diferencia en la actualidad Izquierda Unida respecto a Podemos y una de las cuestiones más apremiantes que deben ocuparnos a sus militantes en la articulación de estrategias de lucha(s) colectiva(s). A pesar de ser militante de Izquierda Unida, soy un firme partidario de la Unidad Popular, representada en la coalición de Unidos Podemos. En este caso, defenderé la propuesta de Podemos sobre la demanda de dicha “renta básica universal”, puesto que me parece una de sus propuestas más interesantes.

Recientemente Eduardo Garzón esbozaba en el diario digital lamarea.com una serie de “Críticas a la Renta Básica Universal desde la izquierda” (30 enero 2017), que se complementa con otras realizadas anteriormente y en los que se defiende más abiertamente la propuesta programática de Izquierda Unida, me refiero a su otro texto “Siete argumentos contra la Renta Básica Universal y a favor del Trabajo Garantizado”, publicado en el mismo diario (13 agosto 2014). Eduardo Garzón basa su argumento en una cuestión pragmática, esto es, de posibilidad de llevar a cabo dicha propuesta o no en términos macroeconómicos y señala el riesgo de generar tensiones inflacionistas como uno de sus principales defectos. No soy economista. En todo caso entiendo que, del mismo modo que expertos como él defienden la imposibilidad -o dificultades- de llevarla a cabo, hay otros que opinan lo contrario como Vincenç Navarro (véase su artículo “¿Qué renta básica?” en el diario Público, 20 agosto 2013), por un lado (más hacia la derecha socialdemócrata, por así decirlo) o Carlos Taibo, por otro (más hacia la izquierda libertaria, para que nos entendamos); quien, este último, a pesar de no ser economista en el sentido estricto, aboga por una “renta básica universal” como lanzadera para su propuesta de “decrecimiento”, esto es, interpretada como una fórmula de transición [2] . Me sumo, por tanto, con estos autores a considerar la propuesta de una “renta básica universal” como herramienta para transformar la relación capital-trabajo, y no como un fin en sí mismo [3] .

Eduardo Garzón señalaba además en estos artículos que “la RB [Renta Básica] se canaliza a través del mercado capitalista”; y nosotros nos preguntamos: ¿Es que su propuesta se orienta hacia otra forma de mercado? Estoy con él en que un modelo socialista de reparto de la riqueza tal vez fuese lo más adecuado, y en esa línea entiendo que va su propuesta, pero… ¿No estaremos corriendo demasiado? Se trata de solucionar problemas que son muy cercanos y muy cotidianos, no de debatir futuribles poco probables de acuerdo con el contexto político actual. Y, en este sentido, considero que la propuesta de una “renta básica” puede ser una buena solución ante la situación de emergencia social que atraviesan tantísimas personas en nuestro país. ¿Por qué planteo esto?, es decir: ¿Por qué la asignación de una “renta básica universal” podría ser un incentivo para socavar la relación capital-trabajo?

Parece evidente que la asignación monetaria incondicional a todas las personas que pudiesen acreditar su condición de ciudadanos o de ciudadanas de un país (definición de “renta básica universal”), ayudaría a solucionar cuestiones muy inminentes: ayudaría, en primer lugar, a comprar comida y a pagar los recibos, siendo un revulsivo en la lucha contra la pobreza (y sus variantes más sangrantes como puede ser la pobreza energética, la cual se está cobrando ya no pocas vidas en nuestro país). Es decir, que no entenderíamos la asignación de dicha “renta básica universal” tanto como una cuestión de fomentar el consumo para reactivar la economía, tal y como lo ve cierto sector de la socialdemocracia (y de ahí, sin duda, la crítica de Garzón a que no transforma los elementos tradicionales de la organización del mercado capitalista, fundamentalmente del mercado de trabajo), sino más bien como una herramienta de lucha por unos salarios dignos, los cuales se regulan a través del mercado de empleo o de trabajo (o del desempleo, si tenemos en cuenta la nefasta situación actual). Nos ayudaría, en segundo lugar, a muchos jóvenes en situación de precariedad en la actualidad a no aceptar cualquier puesto de trabajo, y probablemente a no vernos forzados a emigrar, tal y como ya hicieron nuestros abuelos y nuestras abuelas (otra de las cuestiones tradicionales que sirve al capital para regular-se en situaciones de crisis). Se tratan estos de dos problemas gravemente presentes en nuestra realidad que cualquier programa político debe tratar de solucionar como una prioridad; hablo de la fuga de capital humano, asociado a un progresivo envejecimiento de la población y a fenómenos de despoblación y condena secular de atraso de muchas de las regiones de nuestro país (Castilla y León, en concreto -donde yo vivo-, sería un ejemplo muy práctico en este sentido). Obligaría, en tercer lugar, a las empresas, si quieren seguir utilizándonos para obtener beneficios, a ofrecernos mejores salarios y, en este sentido, sí se reincentivaría la economía en beneficio de la clase trabajadora.

Es una cuestión ampliamente aceptada en la actualidad que el desempleo (como cuestión estructural dentro de la economía capitalista) sirve para regular los salarios, generalmente a la baja, en beneficio del capital frente al trabajo (si no me equivoco, esta es una de las tesis centrales que defiende Fredric Jameson en su obra Representing capital. El desempleo: una lectura de El Capital, 2011 [4] ). Pero… ¿Qué pasaría si ya no dependiésemos de estar empleados y empleadas para poder subsistir? Estoy seguro de que el mercado laboral se transformaría, y de que esta transformación probablemente beneficiase a la clase trabajadora (independientemente de que también beneficie a las empresas -eso me importa menos). Pero además, todas esas relaciones que no forman parte directamente del mercado de trabajo y que constituyen la relación capital-trabajo entendida desde un punto de vista tradicional también pasarían a ser reconocidas a través de la asignación de una “renta básica universal”. ¿O es que cuidar de nuestras casas y de nuestros hijos e hijas no es un trabajo? ¿Es que el trabajo que desempeñan muchas personas mayores en el cuidado de sus familias no debe de ser remunerado? ¿Acaso pre-ocuparnos de que los niños y de que las niñas puedan seguir siéndolo independientemente de la condición socioprofesional y el nivel de ingresos de sus familias no es un derecho? Considero que todas estas cuestiones están incluidas en la propuesta de la asignación de una “renta básica universal”, quizá de una mejor manera de la que lo están incluidas en la propuesta de un trabajo garantizado o, en todo caso, de una manera mucho más práctica.

Desde mi punto de vista, la propuesta no sólo de Eduardo Garzón en particular, sino de Izquierda Unida en general, se basa en una concepción demasiado tradicional de la relación capital-trabajo. Y con esto no quiero que se entienda que los efectos de la misma no se dejan sentir en la actualidad por parte de la clase trabajadora, sino todo lo contrario: en un contexto de crisis esta se agudiza. A lo que me refiero es a que, de acuerdo con cierta concepción antropológica del materialismo histórico, el trabajo es el elemento central en función del cual se articula todo lo demás, y, por lo que a nosotros nos interesa en este breve texto, fundamentalmente el conflicto obrero. Esta concepción generalmente se hilvana con la centralidad de la lucha de clases como motor de la historia. El sujeto del cambio, el proletariado, del que se habla en el Manifiesto comunista (1848) como una “clase universal” sería el sujeto del cambio -nos recuerda César Rendueles en un texto reciente de gran interés (Rendueles: 2016, p. 104). No se nos malinterprete. Estamos muy de acuerdo con este planteamiento. Las dificultades estriban a día de hoy en ponernos de acuerdo sobre qué entendemos por proletariado y si todos y todas entendemos lo mismo cuando nos referimos a este colectivo. Eso daría pie a otro debate que no creemos oportuno reproducir en esta ocasión, pero que también serviría enormemente en la elaboración de propuestas programáticas conjuntas. Para ello entiendo que se creó la coalición de Unidos Podemos.

Del mismo modo que las feministas desde los años setenta hasta la actualidad nos han recordado que no todo el trabajo es trabajo productivo, sino que existen otras esferas de la producción (como la reproducción de la fuerza de trabajo -trabajo reproductivo), algunas de las cuales -o muchas de ellas- no aparecen remuneradas a través del salario por el que se regula la relación capital-trabajo, en la actualidad existen nuevos sujetos que también sufren las consecuencias de la actual división del trabajo (aunque se trate porque se encuentran excluidos de ésta) y susceptibles de demandar derechos; el primero de ellos, el derecho a una vida digna. Me parece por tanto que, a falta de propuestas mejores, no debemos de entender la de una “renta básica universal” como desechable, un primer paso en la transformación de la relación capital-trabajo y una forma de incluir a todas esas personas pertenecientes a las “clases subalternas”, tal y como las entendíamos al principio de este texto, y hacia las que debemos orientar nuestro programa.

Bibliografía

FEDERICI, Silvia. Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Madrid: Traficantes de Sueños, 2013.

HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, Gustavo. “Tan cerca y tan lejos…” en http://grupoeculturalesagramsci.blogspot.com.es/2016/04/tan-cerca-y-tan-lejos.html

GARZÓN, Eduardo. “Críticas a la Renta Básica Universal desde la izquierda” (30 enero 2017) en lamarea.com

GARZÓN, Eduardo. “Siete argumentos contra la Renta Básica Universal y a favor del Trabajo Garantizado” (13 agosto 2014), en lamarea.com

JAMESON, Fredric. Representing capital. El desempleo: una lectura de El Capital. Madrid: Lengua de Trapo, 2011.

MORUNO, Jorge. La fábrica del emprendedor. Trabajo y política en la empresa-mundo. Madrid: Akal, 2015.

NAVARRO, Vincenç Navarro. “¿Qué renta básica?” (20 agosto 2013) en diario Público.

RENDUELES, César. En bruto. Una reivindicación del materialismo histórico. Madrid: La Catarata, 2016.

TAIBO, Carlos. “Seis observaciones de Carlos Taibo” en https://teoriadeldecrecimiento.jimdo.com/qui%C3%A9n/te%C3%B3ricos/carlos-taibo/

Notas:

[1] Empleamos este término para diferenciarlo del de “clase trabajadora” en un sentido más amplio, de la forma en que lo entendía Antonio Gramsci, ya que consideramos que englobaría a toda esa mayoría de la población que está sometida a distintas relaciones de subordinación no sólo en términos materiales, sino también simbólicos y de poder, como pueden ser las mujeres, las personas dependientes, etc. así como, por supuesto, las personas trabajadoras (que formarían parte de la “clase trabajadora” en la que se incluye de manera directa dicha relación capital-trabajo). Incluye, por tanto, las desigualdades basadas no sólo en términos de clase social, sino también de raza, género, edad, condición personal o el origen geográfico de las personas.

[2] Véanse, por ejemplo, las “Seis observaciones de Carlos Taibo” en https://teoriadeldecrecimiento.jimdo.com/qui%C3%A9n/te%C3%B3ricos/carlos-taibo/

[3] En Podemos, es quizá Jorge Moruno uno de los más firmes partidarios de la “renta básica universal”, véase el último capítulo de su libro La fábrica del emprendedor (2015) y la reseña que sobre el mismo hicimos en “Tan cerca y tan lejos…” en http://grupoeculturalesagramsci.blogspot.com.es/2016/04/tan-cerca-y-tan-lejos.html

[4] De acuerdo con Jameson “el desempleo” sería una de las cuestiones centrales de la gran obra de Marx, El Capital (1867, tomo I.; 1885-1894, tomos II y III., editados por Engels). En función de esta interpretación, se estaría instrumentalizando la pobreza como incentivo al trabajo, sirviendo la “presencia espectral del desempleado” como herramienta que permite a los empresarios “manipular a placer las condiciones laborales de sus asalariados y reprimir cualquier atisbo de rebeldía” (Jameson: 2011, pp. X-XI)

 

Gustavo Hernández Sánchez, departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea. USAL

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Robots, «ciborgs» e inteligencia artificial

Fr, 17/02/2017 - 13:00

Albino Prada – Comisión JUFFIGLO de ATTAC España

Desde que en el Foro de Davos lanzaron la amenaza de los robots, el tema no deja de generar titulares preocupantes. No veo yo el porqué. Además, el asunto no se limita a máquinas, más o menos automatizadas, con aspecto humano que hacen cosas materiales. Incluye todo proceso de automatización material o inmaterial combinado o no con la digitalización y con un eventual aprendizaje sobre la experiencia previa. Para entendernos: desde una orquesta hasta un conductor, pasando por un piloto, pueden ser virtuales.

Sería absurdo oponerse a tales sustituciones siempre que los riesgos y las incertidumbres a ellas asociados estén bajo control o bajo el principio de precaución pero, hecho esto, no veo yo el problema de que a escala mundial el trabajo humano directo necesario (muchas veces nada agradable) para cubrir nuestras necesidades sea cada vez menor.

Si la riqueza generada es mayor, y el trabajo necesario es menor, lo único que sucede es que el trabajo directo aplicado no debe ser ya el criterio de reparto de las rentas y del bienestar social.

Para empezar, porque buena parte de esas posibilidades de suplir trabajo humano por automatismos son producto del conocimiento científico y tecnológico que es patrimonio colectivo de la humanidad, y su apropiación por los dueños del capital (financiero o industrial de determinados países) es un asunto más que discutible.

A continuación porque de no variar el criterio de distribución de riqueza tendremos a una minoría ultraenriquecida (que es propietaria de los aparatos o que sabe manejarlos o diseñarlos), pero que será incapaz de generar demanda suficiente para la producción posible. Por muchos criados inmigrantes baratos que contraten como nuevos siervos. Estos sí, claro, humanos.

En tercer lugar porque de no hacerlo generaremos una creciente parte de la sociedad excluida (de empleos manufactureros y de empleos en los servicios automatizables) que ante el autismo fiscal de aquella minoría romperá la cohesión nacional. De esto saben mucho en los Estados Unidos de Trump.

De manera que va a ser mejor redistribuir entre todos el (menor) tiempo de trabajo humano necesario para labores productivas y hacerlo estimulando la implicación creciente (en horas y personas) en tareas colectivas que andan muy desmejoradas (ambientales, cuidados personales, médicos, ayuda al desarrollo, culturales, servicios locales, rurales …), actividades que son el tiempo de la vida misma, tiempo que no tiene un precio al que pueda ser vendido o comprado.

No se trata de garantizar un ingreso (renta mínima) inferior al mínimo vital para así caer bajo la patronal de los negreros, la opción neoliberal. Por el contrario, la renta mínima deberá ser una subvención del no trabajo, de una reducción de la jornada que nos permita liberar a una parte de la sociedad de ser ejército laboral de reserva. Un ejército que amenaza a la baja al resto de los pluriempleados, hasta el final de sus vidas.

Publicado en La Voz de Galicia

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¿Es Irán la bestia negra de Donald Trump?

Fr, 17/02/2017 - 09:00

Germán Gorraiz López - ATTAC Navarra-Nafarroa

El libro “El Arte de la Guerra” del general, estratega y filósofo chino Sun Tzu (considerado el mejor libro de estrategia de todos los tiempos y libro de cabecera de estadistas como Maquiavelo, Napoléon o Mao Tse Tung), es un tratado que enseña la estrategia suprema de aplicar con sabiduría el conocimiento de la naturaleza humana en los momentos de confrontación. La doctrina geopolítica de Obama diseñada por Zbigniew Brzezinski sería en gran parte deudora de dicho manual pues intenta desentrañar las raíces de un conflicto y buscar una solución, aplicando la máxima de Sun Tzu “la mejor victoria es vencer sin combatir y esa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”, con lo que se adelantaría casi 2.500 años al desenlace del contencioso nuclear iraní. Así, tras 21 meses de negociaciones , Irán y los países del Grupo 5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia y Alemania) alcanzaron un acuerdo por el que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) e Irán acuerdan un calendario de actividades para poder certificar «todos los asuntos pasados y presentes pendientes, que todavía no han sido resueltos por el OIEA e Irán». Dicho acuerdo incluiría el beneplácito de Washington para que Teherán enriquezca su uranio y lo transforme en combustible para el reactor iraní, (siempre bajo control de la OIEA), lo que permitiría un mejor control del stock de uranio enriquecido de Irán y fuente de inquietud entre los occidentales e Israel, que temen que Teherán lo pueda emplear para fabricar armas atómicas, (acusaciones que Irán ha desmentido siempre categóricamente) y en el supuesto de restablecerse las relaciones diplomáticas entre ambos países, Rowhani conseguiría su objetivo de que se reconozca el papel de Irán como potencia regional logrando de paso el incremento de cooperación irano-estadounidense y la resolución del avispero sirio e iraquí.

La teoría del “caos constructivo”

La Doctrina Carter inspirada por Brzezinski (1980), tenía como objetivo la implementación en Oriente Próximo y Medio del llamado “caos constructivo”, concepto que se basaría en la máxima atribuida al emperador romano Julio César “divide et impera”, para lograr la instauración de un campo de inestabilidad y violencia en la zona (balcanización) y originar un caos que se extendería desde Líbano, Palestina y Siria a Iraq y desde Irán y Afganistán hasta Pakistán y Anatolia (Asia Menor). Recordar que Oriente Medio y Próximo presentan un paralelismo sorprendente con los Balcanes y la Europa centro-oriental de los años que provocó la Primera Guerra Mundial, tras la que los vencedores procedieron a rediseñar las inestables fronteras de de dicha zona dibujando unas fronteras virtuales que provocaron un extenso periodo de agitación, de violencia y de conflictos en la zona como consecuencia de los conflictos étnicos derivadas de unas fronteras artificiales amén del choque de intereses económicos de las principales potencias europeas en la zona. Así, el ex-presidente de Egipto, Hosni Mubarak, (derrocado por su negativa a la instalación de bases norteamericanas en suelo egipcio), reveló en una entrevista al diario egipcio El-Fagr la existencia del presunto plan para dividir a toda la región de Medio Oriente, consistente en la instauración del citado “caos constructivo” mediante la sucesiva destrucción de los regímenes autocráticos de Irak, Libia, Sudán, Siria e Irán y reservando para Jordania el rol de “nueva patria del pueblo palestino”, para lo cual ,EEUU se serviría de los grupos takfiríes (especie de hidra cuya cabeza primigenia sería Al Qaeda), para mediante sus acciones terroristas destruir la imagen pacífica del Islam e impedir el enaltecimiento político del mundo musulmán, por lo que el presidente de la Asamblea Consultiva Islámica de Irán, Ali Lariyani ha acusado a los grupos terroristas y al wahabismo de crear una “catástrofe” para el mundo musulmán” y ha asegurado que los wahabíes saudíes incitan a los takfiríes (que considera infieles a quienes no siguen sus enseñanzas) a enfrentarse contra los chiíes y otras sectas musulmanas. Dicha proceso de balcanización de la zona estaría ya en marcha y tendría su plasmación en países como Irak , devenido en Estado fallido y desangrado por la reavivación de la guerra civil chií-suní y la aparición del EI, en la endémica división palestina entre las facciones de Hamás y la OLP; en la anarquía reinante en Libia con el wahhabísmo salafista instaurado en Trípoli mientras grupos takfiríes (satélites de Al-Qaeda) dominan tribalmente el interior de Libia y en la aplicación de la yihad suní contra el régimen laico de Al Assad y sus aliados chiíes, Irán y Hezbolá que por efecto mimético habría convertido ya al Líbano en un país dividido y presto para ser fagocitado por Israel, quedando el régimen teocrático chíita del Líder Supremo Ayatolah Jamenei como única zona todavía impermeable a la estrategia balcanizadora de Brzezinski.

Implementación del Plan Biden

El Plan Biden-Gelb, aprobado por el Senado de EEUU en el 2007 y rechazado por Condolezza Rice, Secretaria de Estado con George W. Bush, preveía la instauración en Irak de un sistema federal con el fin de evitar el colapso en el país tras la retirada de las tropas estadounidenses y proponía separar Irak en entidades kurdas, chiíes y sunitas, bajo un gobierno federal en Bagdad encargado del cuidado de las fronteras y de la administración de los ingresos por el petróleo. Así, asistiríamos a la aparición del Kurdistán Libre presidido por Masoud Barzani con capital en Kirkust y que incluiría zonas anexionadas aprovechando el vacío de poder dejado por el Ejército iraquí como Sinkar o Rabia en la provincia de Ninive, Kirkuk y Diyala así como todas las ciudades de etnia kurda de Siria (excepto Hasaka y Qamishli) ocupadas por la insurgencia kurda del BDP. El nuevo Kurdistán contará con las bendiciones de EEUU y dispondría de autonomía financiera al poseer el 20% de las explotaciones del total del crudo iraquí con la “conditio sine qua non” de abastecer a Turquía, Israel y Europa Oriental del petróleo kurdo a través del oleoducto de Kirkust que desemboca en el puerto turco de Ceyhan . De otra parte, el Sunistán que abarcaría las ciudades suníes de Ramadi, Faluya, Mosul, Tal Afar y Baquba ( triángulo suní), con fuertes conexiones con Arabia Saudí y Emiratos Árabes y que derivará posteriormente hacia un radical movimiento panislamista que utilizará el arma del petróleo para estrangular las economías occidentales en el horizonte del próximo quinquenio. Finalmente, como tercera pata del trípode, tendríamos al Irak chíi con capital en Bagdad que ejercería de contrapeso al wahabismo saudí y que gravitaría en la órbita de influencia de Irán, lo que convertiría Irán en gran potencia regional en clara pugna con sus enemigos acérrimos (Israel y Arabia Saudí).

¿Irán en la diana de la Administración Trump?

Irán adquirió una dimensión de potencia regional gracias a la política errática de Estados Unidos en Iraq, (fruto de la miopía política de la Administración Busch obsesionada con el Eje del Mal ) al eliminar a sus rivales ideológicos, los radicales talibanes suníes y a Sadam Husein con el subsiguiente vacío de poder en la zona, por lo que ha reafirmado su derecho inalienable a la nuclearización, pero tras la elección de Hasan Rowhani como nuevo Presidente electo de Irán se abrió un escenario nuevo y una oportunidad para la resolución del contencioso nuclear EEUU-Israel-Irán. Por otra parte, el acuerdo de cooperación energética del 2010 entre Irak, Irán y Siria para la construcción de un gasoducto South Pars a Homms que conectaría el Golfo Pérsico con el Mar Mediterráneo relativizaría la importancia estratégica de las vías energéticas turcas lo que aunado con que un posible bloqueo del estrecho de Ormuz (por el que pasa un tercio del tráfico energético mundial) podría agravar la recesión económica mundial y debilitar profundamente todo el sistema político internacional, obligará a EEUU a reconsiderar el papel de Irán como potencia regional y posible árbitro en la contienda siria, pues tras la resolución del contencioso nuclear de EEUU-Irán si se lograra el restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre ambos países , Rowhani conseguiría su objetivo de que se reconozca el papel de Irán como potencia regional, logrando de paso el incremento de cooperación irano-estadounidense relativa a la seguridad en Iraq y Afganistán y la resolución del avispero sirio.

Sin embargo, tras la aprobación por el Congreso y Senado de EEUU de una declaración preparada por el senador republicano Lindsey Graham y el democráta Robert Menéndez que señala con rotundidad que “si Israel se ve obligado a defenderse y emprender una acción (contra Irán), EEUU estará a su lado para apoyarlo de forma militar y diplomáticamente”, previsiblemente, con la Administración Trump asistiremos al aumento de la presión del lobby pro-israelí de EEUU ( AIPAC) para proceder a la desestabilización de Siria e Irán por métodos expeditivos. Así,el Senado de EE.UU. renovó de forma unánime hasta el 2.026 la Ley de Sanciones contra Irán (ISA por sus siglas en inglés) y tras el lanzamiento de un nuevo misil balístico por Irán, Trump estudia incrementar las sanciones contra varias empresas iraníes relacionadas con los misiles balísticos sin violar el Acuerdo Nuclear firmado entre el G+5 e Irán en 2.015 , conocido como Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA por sus siglas en inglés), aunque todo ello tan sólo serían simples fuegos de artificio para distraer la atención del maquiavélico Plan esbozado por la Alianza anglo-judía en 1960.Así, Siria, Líbano e Irak serían tan sólo el cebo para atraer tanto a Rusia como a China y tras desencadenar una concatenación de conflictos locales (Yemen, Gaza y Líbano), desembocar en un gran conflicto regional que marcará el devenir de la zona en los próximos años con el objetivo inequívoco de implementar el Gran Israel (“ Eretz Israel”). Dicha guerra será un nuevo episodio local que se enmarcaría en el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría EEUU-Rusia e involucrará a ambas superpotencias teniendo como colabores necesarios a las potencias regionales (Israel, Egipto, Arabia Saudí e Irán), abarcando el espacio geográfico que se extiende desde el arco mediterráneo (Libia , Siria y Líbano) hasta Yemen y Somalia y teniendo a Irak como epicentro ( rememorando la Guerra de Vietnam con Lindon B. Johnson (1963-1.969)

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Un sistema gangsteril

Fr, 17/02/2017 - 07:00

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

Un tal Luis de Miguel, ‘cerebro’ financiero de una de las mayores mafias de corrupción en el Reino de España (la trama Gürtel), presumió en el juicio contra los individuos de esa trama de haber logrado que la multinacional Alcampo no pagara impuestos durante 20 años, pese a sus considerables beneficios, gracias a sus planes de elusión. Fraude y elusión fiscales de grandes empresas son norma, no excepción. Suponen mucha menos recaudación para educación, sanidad, atención social; significa menos hospitales, menos escuelas, menos actuaciones sociales, menos apoyo al desempleo, más pobreza, más desigualdad…

No satisfechas con no pagar buena parte de impuestos, grandes empresas españolas consiguieron además considerables ayudas fiscales con el pretexto de su expansión internacional. Pero recién el Tribunal de Justicia Europeo anuló una sentencia favorable a esas empresas, justificando esa reducción fiscal.

Evasión de impuestos, trato fiscal de favor y corrupción van de la mano. La corrupción en España, por ejemplo, cuesta 90.000 millones de euros anuales según la Cámara Nacional de Mercados y Competencia. Casi 48.000 millones de euros perdidos son sobrecostes por ausencia de control del cumplimiento de contratas de administraciones públicas por empresas privadas. Las otras decenas de miles de millones son corrupción pura y dura, la de sobres y maletines bajo mano para pagar comisiones por adjudicar contratas públicas a empresas privadas. Corrupción que no cesa. Cada mes se destapan unos diez casos nuevos y, si en 2010 se arrestó a 389 presuntos corruptos en España, el año pasado fueron más de 2.400 los corruptores o corrompidos detenidos según el ministerio de Interior.

Otra prueba de inequívoca podredumbre del sistema es que aumentan las filiales de grandes empresas españolas en paraísos fiscales. ¿Para qué querrán las grandes empresas estar en esos  mal llamadas paraísos si no es para perpetrar tranquilamente el delito de no pagar impuestos? En 2013 y 2014, las filiales de grandes empresas del Ibex 35 en esas cloacas fiscales aumentaron un 10% hasta ser 891, según denuncia Oxfam Intermón en su informe ¿Beneficios para quién?

Para probar que la putrefacción es bastante general se ha sabido hace poco que el Banco de España escondió la morosidad bancaria que crecía al aumentar los créditos por la expansión de la burbuja inmobiliaria. Un Comité Técnico de Coordinación del Banco aleccionó a los inspectores de esta entidad reguladora para que fueran comprensivos y no pretendieran el total cumplimiento de la legalidad en la refinanciación de préstamos hipotecarios, por ejemplo.

Otro sí, en los últimos 15 años el flujo de dinero desde paraísos fiscales se ha multiplicado por cuatro y España no es una excepción. En 2015 el dinero de paraísos fiscales a España aumentó un 27% respecto al año anterior. Sin embargo, que aumente la inversión y beneficios en España por esa vía no ha incrementado los ingresos del Estado. Porque el gobierno determinó que los beneficios de empresas españolas en el extranjero casi no tributen aquí. Esa reducción de recaudación pública por evasión o elusión de impuestos es global. Según varios estudios, entre los que destaca el de Oxfam Intermón, la Unión Europea deja de recaudar cada año por evasión y elusión fiscales cientos de miles de millones de euros. Porque los gobiernos no se proponen de verdad acabar con la lacra del impago de impuestos. En realidad, lo favorecen y ahí están para demostrarlo los acuerdos secretos de algunos gobiernos europeos, como el de Luxemburgo, con  cientos de multinacionales.

No es cuestión baladí, pues en América Latina, por ejemplo, la delincuencia fiscal de grandes empresas cuesta más de 100.000 millones de dólares anuales a los países empobrecidos; esos que desde Occidente con increíble desfachatez denominan ‘países en desarrollo’. La recaudación evadida de gravar capitales (que los ricos latinoamericanos esconden en paraísos fiscales) sería suficiente para que más de 30 millones de latinoamericanos salieran de la pobreza. Por su parte, África pierde 50.000 millones de dólares anuales por movimientos ilegales de capital y con esa  evasión de impuestos, por ejemplo, Chad tardará más de cien años en reducir 2/3 partes la mortalidad infantil en la infancia hasta cinco años, pero lo lograría en 12 si esos impuestos se pagaran cuando y cuanto se debe.

Evasión de impuestos, trato fiscal de favor, favor y ayuda a delincuentes (los que provocaron la crisis), corrupción a mansalva, desposesión de la ciudadanía… Definitivamente éste es un sistema gangsteril. Y hay que enfrentarse a él, problema a problema, delito a delito.

¡Por razones!
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El nuevo orden mundial tras la llegada de Trump

Do, 16/02/2017 - 09:00

Cristina Cifuentes - La Tercera ( Chile )

Las políticas que Donald Trump quiere aplicar han avivado las preocupaciones sobre un cambio del orden internacional imperante hasta ahora. China y Rusia surgen como actores clave y Europa vive una severa crisis. Es el “viejo orden” versus “el nuevo orden” planetario.

Las advertencias comenzaron a llegar desde distintos sectores. Mientras la destacada historiadora estadounidense Anne Applebaum advirtió recientemente -en una entrevista con el semanario Der Spiegel- que “el orden mundial que hemos conocido desde el fin de la Guerra Fría ha sido radicalmente transformado”, el ex ministro de Exteriores alemán, Joschka Fischer, aseguró que se acerca “el fin de Occidente tal como lo conocemos”.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha despertado una serie de preocupaciones sobre el orden mundial que se había mantenido prácticamente intacto desde la Segunda Guerra Mundial, con Estados Unidos como la mayor potencia económica y militar. Algo que se acrecentó con la caída de la Unión Soviética en 1991. “Las economías en todo el mundo se han desacelerado. La supuesta conexión entre gran prosperidad y política democrática ha fracasado en materializarse. La desilusión democrática ha ido en paralelo a la decepción económica. Se ha desprestigiado la globalización y el comercio, acusados de reducir los ingresos y los trabajos. Con el envejecimiento de la población, los gobiernos han contraído excesivas cargas financieras. La opinión pública, en vez de fortalecer los ideales democráticos, ha girado hacia el populismo económico y el nacionalismo. Hola Brexit y Donald Trump”, escribió el columnista Robert J. Samuelson en el diario The Washington Post.

Samuelson añade que Trump tiene sus propias ideas sobre el debilitamiento del orden internacional y lo ha hecho en el campo del comercio, lo que podría iniciar una guerra comercial.

Mientras que el ex secretario de Estado Henry Kissinger lo advirtió en su libro World Order de 2014. A su juicio, el mundo se encuentra en su mayor riesgo cuando el orden internacional se mueve de un sistema a otro. “El caos sigue hasta que un nuevo sistema de orden se establece”, concluye.

Unas de las primeras señales de este nuevo orden la dio Trump el viernes 27 de enero pasado cuando firmó la orden ejecutiva sobre migración. En ella se cancela el programa de refugiados por 120 días y se prohíbe la entrada a personas provenientes de siete países de mayoría musulmana. El mandatario daba, de esta forma, un giro a la tradicional política estadounidense de acogida de inmigrantes. Las consecuencias no sólo fueron el repudio de la comunidad internacional, sino que incluso tuvo un impasse con el primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, luego que el acuerdo de refugiados de ambos países -por el que Camberra trasladaría 1.250 refugiados a EE.UU.- quedara en la incertidumbre.

1 Crisis en la UE

Trump asumió el poder coincidentemente en un momento complejo para Europa en general. Por un lado, la Unión Europea está siendo desafiada por la salida de Reino Unido del bloque, cuyo proceso debería comenzar en marzo y concluir en 2019. El continente está viviendo una ola de populismo de extrema derecha, que amenaza con romper los pilares fundamentales del bloque. La actual crisis sumada a las políticas de la administración Trump -que respalda el Brexit, por ejemplo- amenaza con romper la alianza que por más de 60 años Europa y Washington han mantenido. Según Der Spiegel, “Trump cuenta con la desintegración de Europa”.

Es por eso que, teniendo en cuenta las declaraciones que Trump realizó tanto en la campaña como durante la transición, muchos analistas han señalado que ahora Europa se verá obligada a impulsar su defensa común.

“La Unión Europea (UE) debería tomar la llegada de Donald Trump como un importante llamado de atención para mejorar su política de exterior y de seguridad”, sostuvieron los analistas Stefan Lehne y Heather Grabbe, en un artículo del centro de estudios Carnegie Europe.

En ese sentido, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo la semana pasada que “el cambio en Washington pone a la UE en una situación difícil; parece que la nueva Administración cuestiona los últimos 70 años de política exterior norteamericana”.

Y las fichas ya se están moviendo, Trump ya se reunió con la primera ministra británica, Theresa May, en Washington. Mientras que la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, ya han hecho llamados a la unidad del eje franco-alemán en defensa de la Unión Europea. De hecho, en la última cumbre de Malta del viernes pasado, los líderes europeos respaldaron la idea de una Unión más cercana.

2 Futuro de la OTAN

En una reciente entrevista conjunta con el diario inglés The Times y el alemán Bild, Trump señaló que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) era “obsoleta”. Esto desató una serie de críticas sobre el rol que iba a jugar Estados Unidos en este bloque. Aunque sus declaraciones se matizaron tras la reunión con May, en la que ambos mandatarios reafirmaron su compromiso con la Alianza Atlántica.

La OTAN enfrenta un complejo panorama, porque a la incertidumbre planteada por Trump, se suma no sólo la política expansionista de Rusia, sino también Turquía -que ingresó en 1952 – que ahora tiene alianzas con Moscú. En agosto del año pasado, el Presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, fortalecieron su “sociedad estratégica” mediante acuerdos económicos, y en diciembre se unieron por la paz en Siria. “El sueño de Putin sería romper la alianza de la OTAN, y Turquía es uno de esos vínculos débiles”, dijo a la revista Foreign Policy, Michael Reynolds, profesor de historia rusa y otomana en la Universidad de Princeton.

3 Medio Oriente

Las reservas energéticas de la región despertaron el interés de Estados Unidos ya en la década del 30: quien tuviera el control de la zona tendría influencia en todos los asuntos mundiales. De hecho, en 1945 el Departamento de Estado describía a Arabia Saudita como “una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los mayores premios materiales en la historia del mundo”. El dominio de Estados Unidos se mantuvo durante décadas y uno de los puntos de inflexión ha sido la guerra en Siria, que se ha extendido por casi seis años, que dio paso al predominio ruso. “Las relaciones entre Rusia e Irán alcanzaron un apogeo sin precedentes, gatillado por la cooperación militar en Siria y su visión compartida del orden global y críticas mutuas a la política occidental en Medio Oriente”, señalaron en un artículo los analistas Ellie Geranmayeh y Kadri Liik, del centro de estudios European Council and Foreign Relations. A juicio de los expertos, a Moscú y Teherán los une su oposición al unilateralismo de Estados Unidos. Algo que otros expertos advierten se puede exacerbar con Trump.

Por otro lado, el mandatario se ha mostrado crítico con Teherán, régimen al cual aplicó nuevas sanciones. Según los analistas, esta postura ha sido apreciada por países como Arabia Saudita.

Respecto del conflicto palestino-israelí, Trump no ha adoptado una posición oficial. Sin embargo, la semana pasada la Casa Blanca señaló que “la construcción de nuevos asentamientos o la expansión de los existentes más allá de sus límites actuales puede no ser de ayuda para lograr la paz”.

4 El nuevo rol de China

La política proteccionista de Trump, que se tradujo con la decisión de retirar a EE.UU. del Acuerdo Transpacífico (TPP), dejó la vía libre a China, según los analistas. La agencia Bloomberg calificó la medida como un “regalo de Trump para China” y la cadena CNN afirmó que “matar” el acuerdo eran “malas noticias para los estadounidenses, pero muy buenas para China”. Al Presidente chino Xi Jinping podría resultarle más fácil presentar a Beijing como el abanderado del comercio libre y los chinos podrían incluso plantear un pacto alternativo. “Es probable que China tenga un papel mucho más importante en el comercio de Asia y el Pacífico”, afirmó Rajiv Biswas, del IHS Markit, en un informe.

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El Imperio contraataca

Do, 16/02/2017 - 07:00

Carlos Tortín – ALAI, América Latina en Movimiento

El desastre financiero desencadenado el año 2008, confirmó una vez más que la economía y el destino de los seres humanos no se pueden dejar en manos de corporaciones privadas. El capitalismo globalizado, a partir de esa crisis, tuvo el momento oportuno para introducir cambios, o al menos poner en movimiento algunos mecanismos de control. Sin embargo, el poder e influencia de esas corporaciones demostraron tener una dimensión superior a la imaginada.

La cumbre del G20, realizada en Londres a comienzos abril del 2009, reunió a jefes de Estado y de gobiernos, para concretar lo tratado en el encuentro preliminar de noviembre 2008 en Washington. Era de suponer que se adoptarían cambios indispensables y urgentes que permitieran poner barreras de contención al capitalismo salvaje, recomponer el rol de los Estados, aunque fuera parcialmente.

Opinaban algunos especialistas que la alternativa lógica era, en ese momento, desenterrar a John Maynard Keynes y sus teorías económicas, tomando de estas las que fueran útiles frente a la emergencia, y sepultar definitivamente a Milton Friedman y sus recetas ultraliberales.

Sin embargo, la lógica aparente fue sobrepasada, dejando en claro que los gobiernos no son los amos exclusivos, ni los portadores de atribuciones soberanas. La conclusión resultante fue la puesta en marcha de contramedidas, que obligan a las instituciones financieras a crear y mantener, desde esa fecha, un fondo de emergencia y dan a los Estados atribuciones limitadas para poner en marcha políticas de control.

Impusieron a los Estados la tarea de hacerse cargo del desastre, a utilizar los recursos públicos para salvar de la quiebra a los bancos privados, disparando de paso la deuda pública a niveles escandalosos y aumentando los índices de pobreza. Países como España e Irlanda, entre otros, que tenían un holgado nivel de reservas, se vieron de un momento a otro sobre endeudados, insolventes, y debieron endeudarse más para mantenerse en pie. Una vez más, se impuso la criminal política de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.

Europa, que había desarrollado políticas sociales en décadas anteriores, combinando capitalismo de Estado con inversión privada bajo el modelo socialdemócrata, sometió a partir de ese momento a la población a nuevas políticas de ajuste. Austeridad para los pueblos, holgura para los capitalistas.

Los recursos para financiar guerras lejos de las fronteras siguen disponibles, pero no los hay para seguir pagando las pensiones al nivel actual, ni para reajustar los salarios. Esconden el hecho que el Producto Interno Bruto ha tenido un crecimiento muy superior a las nuevas exigencias generacionales. Y también el hecho que los trabajadores han creado mucha riqueza desde el fin de la Segunda Guerra, lo que permitió, precisamente, financiar los Estados de Bienestar.

El problema es que los capitales y la riqueza creada se han desplazado desde las arcas fiscales hacia las empresas privadas. Esos Estados de Bienestar europeos, destinados a demostrar que el capitalismo era mejor que el socialismo impulsado desde el otro lado del muro, viven su etapa de desmantelamiento.

Desde 1989-1990, en efecto, ante el fracaso de los procesos dirigidos por los partidos comunistas, en la Unión Soviética y países del Este europeo, los liberales de occidente pasaron a la ofensiva. Han llegado a ser dominantes en el control de parlamentos y gobiernos, conscientes y haciendo conciencia dentro de su clase social que ya no hace falta mostrar que el capitalismo europeo es mejor que el socialismo soviético.

Hoy tenemos una Europa liderada por liberales de diferentes signos, por empresas multinacionales y sus lobistas, y gobernada por instituciones burocráticas como la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Banco Central Europeo. La democracia liberal va asumiendo camufladamente formas dictatoriales, aunque formalmente se mantienen vigentes los mecanismos tradicionales de la democracia burguesa occidental.

La población ejerce el derecho a voto, pero no elije ni decide. De todas las instituciones de la Unión, solamente el Parlamento Europeo es elegido por la población; sin embargo, sus atribuciones y competencias son consultivas y cada vez menos legislativas.

Sin embargo, este proceso autoritario no está exento de contradicciones.

No es novedad el surgimiento de movimientos nacionalistas. Pero llama la atención que son los movimientos socialdemócratas, verdes, cristianodemócratas y liberales quienes mantienen su fidelidad con el proyecto de la Europa liberal, dejando que el descontento sea canalizado a través de movimientos ultraderechistas, nacionalistas y racistas. A lo que se suma la ausencia de una alternativa popular capaz de modificar la correlación de fuerzas.

Los partidos de izquierda son débiles frente al liberalismo socialdemócrata y de derecha, y los movimientos sociales hacen intentos de mantenerse a flote y resistir la ofensiva patronal. La actual Unión Europea neoliberal aleja progresivamente de la mente colectiva el concepto de bienestar social.

No es novedad el Brexit. Este responde a, y se corresponde con, los intereses políticos y económicos de un sector del capitalismo británico. Para imponer esta alternativa, han creado en la población la sensación colectiva de defensa de la soberanía y de independencia frente a un poder europeo centralizado y autoritario. El Reino Unido necesita del mercado europeo, pero no necesita someterse a las reglas burocráticas de la UE.

Pronto, apenas completen las formalidades del divorcio, abrirán sin duda negociaciones bilaterales para un nuevo acuerdo comercial, de inversión y de aranceles. A fecha de hoy, comienzo de febrero de 2017, la declaración de intenciones está hecha, orientada a mantener abiertas las fronteras para la libre circulación de capitales y mercancías, pero cerradas para la libre circulación de personas.

Tampoco es novedad que las potencias dominantes dentro de la UE no hayan usado la amenaza ni el boicot contra el separatismo británico. El Reino Unido es un hermano mayor y es tratado como tal. Muy diferente al tratamiento dado a los hermanos pobres de la Unión, especialmente a Grecia, que en un momento crítico quiso hacer uso del soberano derecho de decidir sobre su política interna. Su osadía despertó a los pueblos europeos, que creyeron llegado el día para soñar despiertos. El desenlace ha dejado una sensación de frustración continental. Ha sido aplastado y enterrado un sueño compartido por millones de personas: que otra Europa era posible.

El caso griego, en efecto, sigue teniendo actualidad política y académica, en la medida que constata que la democracia burocrática europea tiene dos parámetros para tratar casos similares, pudiendo ser autoritaria a conveniencia.

El gobierno de Alexis Tsipras quiso recuperar soberanía, y poner en práctica un programa social que entró en choque frontal con la política de austeridad de la UE. Esa confrontación, y su desenlace, es lo que sigue siendo materia de estudio y debate.

Es posible afirmar que el gobierno de Tsipras no tuvo la entereza necesaria para mantenerse firme frente a la agresividad imperial. Un gobernante, aparte de líder político, debe ser al mismo tiempo un estratega. Ser consciente, por tanto, que en una confrontación internacional puede estar involucrada el uso de la fuerza, o la amenaza de usarla, sea esta militar o económica. Quien se arma está dispuesto a combatir.

Pues bien, en el momento de mayor tensión, el gobierno de Alexis Tsipras mostró frente al mundo entero un arma poderosa y no fue capaz de usarla. O no pudo. No la usó. El referéndum nacional, con más del 60% de aprobación, mostró que la población griega estaba dispuesta a pasar pellejerías junto a su gobierno, que colectivamente las penurias son menos dolorosas, y que en algunos años remontarían; que el sacrificio bien valía la pena. Sin embargo, vino la rendición. Quedó instalado un sentimiento amargo. Y la duda de si el combate pudo llevarse más lejos, sin retirarse antes de dar batalla.

Si cambiamos de continente, cabe preguntarse si fue una novedad, o más bien una sorpresa, la elección del nuevo presidente de los Estados Unidos. Pues sí que lo ha sido. No era esperable el triunfo de una política proteccionista en la cabeza del imperio ultra liberal. Los dioses del libre mercado sacan a relucir un nuevo catecismo. Aunque la tendencia se abrió con el Brexit, dando a los países de Europa los primeros indicios, ha sido excesiva la sorpresa, el anuncio que declara obsoleto el actual andamiaje.

Las burguesías europeas no imaginaban ni deseaban un cambio de curso, a tal punto que hasta en las escuelas primarias hicieron propaganda política, señalando a los niños que la señora Clinton era mejor que el señor Trump. Las grandes coaliciones, los tratados de libre comercio, la Otan y otras instancias internacionales, entran en suspenso.

A pesar de los gigantescos poderes interesados en darle larga vida al modelo vigente, en el propio nido de la gran burguesía de Estados Unidos ha surgido la urgencia de adaptar su estrategia ahora, antes que sea demasiado tarde, antes de pasar de superpotencia hegemónica a un segundo plano. En concreto, su alternativa señala que la expansión imperial a través de las guerras de agresión ha cerrado su ciclo.

No es el abandono de su política guerrera, más bien una precisión, que ponga freno a las aparentes victorias que solamente han servido para esconder desastres. Tal como hicieron los británicos para convencer a la población sobre la conveniencia del Brexit, los magnates estadounidenses convencen a su población de la conveniencia de fortalecer al imperio a través de una estrategia que contemple “mayor desarrollo interno y menos desastres externos”.

Donald Trump no es ningún genio, pero sí un representante genuino de esa clase social. Su discurso aglutinador entusiasma a los trabajadores empobrecidos, que fueron la carta de triunfo en esta primera etapa. No pasará mucho tiempo para saber la verdad y conocer las medidas concretas. Si el plan del nuevo gobierno contempla la repatriación de empresas y capitales deslocalizados en países de bajos salarios, sin duda les darán incentivos para hacerlo.

Los incentivos infaltables son dos: disminución de impuestos y bajos salarios. Los europeos han avanzado bastante en esta área, disminuyendo las cotizaciones sociales patronales, disminuyendo el monto de capital en la formación del salario; eliminando una serie de impuestos indirectos, y congelando los salarios. De esta manera, las burguesías europeas han pretendido convencer a la población que habrá incentivo a la creación de empleo, maniobra destinada a sofocar el descontento y la protesta social.

El plan norteamericano, sin excusa, deberá garantizar la creación de empleo, de lo contrario todo será un fracaso. Los Estados Unidos tienen demasiadas empresas deslocalizadas. Las necesita instaladas en territorio propio, al menos una parte, para acrecentar la recaudación de impuestos, para multiplicar las cotizaciones sociales, y para aumentar el consumo interno de la población. Pilares básicos de una economía proteccionista, y de un Estado fuerte, que en su despliegue pretenderá debilitar las economías de países como China y la India, en primer lugar, y otros productores de bienes industriales de alto consumo.

A la alta burguesía estadounidense no le es indiferente el hecho que China ha pasado a ser la primera potencia comercial del planeta. La burguesía comunista china ha mantenido un sistema económico mixto, dentro de un capitalismo de Estado que centraliza las empresas estratégicas, privatiza sectores de la industria y servicios y facilita una apertura controlada a los capitales extranjeros. Sus cifras de crecimiento económico son la envidia de otras potencias, aunque nuestro planeta sienta ganas de llorar, porque a ese nivel de exigencia económica se hace indispensable destruir ecosistemas para obtener materias primas a gran escala.

Tampoco le es indiferente que Rusia haya sido capaz de pararse frente a ellos en Medio Oriente, y les haya llevado a dos derrotas claras en los últimos tiempos. Este país ha ido superando la recesión económica interna y sobreponiéndose al boicot internacional (que de paso ha dañado más a las economías europeas, especialmente a los exportadores agrícolas, quienes han popularizado un lienzo que todavía se puede leer al borde de una carretera belga: “Políticos, ¡devuélvannos a los Rusos!”

La gran burguesía estadounidense ha podido ver cómo Rusia ha puesto en marcha una diversificación de su política comercial, sobretodo a través de un acuerdo estratégico con China y otros países asiáticos. Y sin recurrir a la guerra como medio de expansión económica. Lo que no impide que refuercen su poderío tecnológico-militar, ni que desplieguen fuerzas militares en zonas estratégicas.

Luego, ha puesto especial atención al proceso de crecimiento hacia adentro, a través de una política planificada de exploración, inversión y explotación de recursos energéticos y mineros en regiones vírgenes o poco explotadas. Y a nivel político-estratégico, Rusia deja en evidencia que la dominación a nivel planetario no puede seguir siendo unipolar.

No es casualidad que en estos momentos se negocie el fin de la guerra en Siria, sin participación de la “coalición occidental”, excepto Turquía, miembro de la OTAN, que ha llegado a ser protagonista con “certificado de legitimidad” a partir de agosto del 2016, invitada por la coalición opositora siria, una de las fuerzas beligerantes reconocidas.

Los movimientos de piezas en el tablero mundial contienen tendencias más o menos previsibles. El efecto sorpresa demuestra simplemente que no existe un movimiento consensuado ni menos coordinado a nivel global. Aparece más bien con perspectivas de conflicto intra-imperial.

Estas maniobras estratégicas unilaterales pretenden superar deficiencias estructurales , fortalecer las fuerzas propias, en este momento de Estados Unidos y el Reino Unido, debilitar a competidores y rivales, sin descartar ataques destructores contra “enemigos inmediatos”, para pasar posteriormente a una etapa de recomposición de alianzas.

En lo inmediato, el gobierno del señor Trump ha declarado la guerra total contra el Estado Islámico y el jihadismo musulmán. Sin duda para cerrar un capítulo trágico que ellos abrieron. Mucho se ha escrito y mucho es conocido en relación con este tema. Baste, en esta crónica, destacar la declaración de un alto funcionario de la seguridad francesa, indicando que sus investigaciones son secretas, sin embargo, públicamente puede decir que han llegado a la conclusión de que “el Estado Islámico tiene muy poco de Estado y de islámico menos”.

Y podemos agregar lo ocurrido luego de la reconquista de Alepo, donde fueron tomados prisioneros compañías completas de oficiales norteamericanos, europeos y agentes y militares israelíes.

Para concluir, se puede afirmar que dentro del imperialismo ha comenzado un proceso de repliegue, abriendo una etapa de reordenamiento de fuerzas con perspectivas todavía inciertas, en la medida que esta estrategia se impone en sus inicios sin un amplio consenso. La interrogante inmediata es si el conjunto de las fuerzas políticas, sociales y poderes económicos de la burguesía estadounidense estará disponible para “dejar hacer”, hasta las siguientes elecciones; o para abrir un periodo de confrontación interburguesa.

Y la otra interrogante es si el nuevo esquema estratégico se corresponde con un proyecto realizable, habida cuenta que surge en una etapa que difícilmente se puede caracterizar de crisis de desarrollo.

Crónica de Flandes

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Comunicado de la Campaña no al TTIP

Mi, 15/02/2017 - 15:39

 

Nota de prensa

15 de febrero de 2017

 

La campaña No al TTIP, CETA y TiSA lamenta que hoy se haya ratificado en el Parlamento Europeo el CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement), el acuerdo comercial firmado por Canadá y la UE el pasado 30 de octubre. Lo han refrendado los votos de conservadores, socialdemócratas y liberales y han votado en contra la Izquierda Unitaria, los Verdes y algunos socialdemócratas. En total 408 votos a favor, 254 en contra y 33 abstenciones.

“Cuando todos los demás argumentos fracasan, lo único que les ha quedado decir es que existen valores compartidos con Canadá o que lo contrario a un acuerdo como el CETA sería apoyar a Trump – pero las personas nos hemos vuelto mucho más inteligentes en lo que se refiere al comercio y es una vergüenza reducir el debate a algo tan simplista” denuncian miembros de la campaña No al TTIP.

Las organizaciones sociales, ambientales, sindicatos y otros sectores profesionales recuerdan que aunque el CETA haya sido aprobado en la eurocámara, es ahora el momento de los parlamentos estatales de bloquear el proceso de ratificación. No podemos permitir que un tratado de comercio e inversiones dictamine nuestras normas sociales, ambientales o laborales. Ahora más que nunca urge la organización social para hacer frente un modelo de globalización fracasado que únicamente aumenta las brechas de la desigualdad y acelera el cambio climático, provocando descontento social y dando paso a populimos de la derecha que intentan capitalizar el descontento social a su favor.

Los defensores del CETA – incluyendo el Partido Popular, Ciudadanos y el Partido Socialista – han seguido presentándolo hasta el último momento como un gran acuerdo que mejorará el intercambio de bienes y servicios entre partes, creando riqueza y facilitando la creación de empleo – a pesar de que la comisión parlamentaria de Empleo y Asuntos Sociales haya aprobado una opinión en contra del CETA.

“Aquellos que han votado a favor del CETA cargan una gran responsabilidad histórica a sus espaldas – tenemos que parar la concentración del poder industrial y financiero” recuerda el vicepresidente del grupo europeo de la Izquierda Unitaria Patrick Le Hyaric.

En la votación de hoy lo que se ha dirimido en el Parlamento Europeo es algo más que una votación sobre un acuerdo comercial, se ha votado el modelo socioeconómico que puede imperar en Europa en las próximas décadas, muy en la línea de las políticas de austeridad y recortes que están sufriendo las clases populares desde el inicio de la mal llamada crisis económica.

La campaña No al TTIP recuerda que a pesar del resultado de la votación ninguna lucha está perdida. El acuerdo con Canadá tiene un obligado paso por los parlamentos estatales y algunos regionales, su tramitación puede deparar algunas sorpresas. En ese proceso se encontraría una oportunidad de acabar definitivamente con él, dado que algunos países muestran serias dudas sobre la idoneidad de su implantación.

“Votar por el CETA es comprar gato por liebre” recuerda la eurodiputada socialista belga Marie Arenas quien afirma que seguirá abogando por buscar el voto en contra en la ratificación estatal.

La campaña NoalTTIP que ha impulsado desde hace meses acciones y movilizaciones en contra del CETA se reafirma en su posicionamiento no solo contra este tratado sino también contra otros como el TTIP y el TiSA, manifestando su intención de seguir trabajando – frente al silencio de los grandes medios de comunicación – para informar a la población de los impactos que estos suponen en nuestras vidas cotidianas y sobre nuestros derechos.

 

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Duelo en la eurozona: Trump y Alemania

Mi, 15/02/2017 - 13:00

Alejandro Nadal – Consejo Científico de ATTAC España

Una de las personas más influyentes en el gabinete de Trump es el economista Peter Navarro, hoy director del recién creado Consejo Nacional de Comercio. Es autor del libro intitulado Muerte por China, en el que acusa al gigante asiático de ser el factor determinante en la desindustrialización de Estados Unidos y, además, de manipular constantemente el tipo de cambio para promover sus exportaciones.

Pero el blanco del primer ataque de Navarro no ha sido Pekín, sino Alemania. Ya en su nuevo puesto, el economista señaló en una entrevista que el marco alemán implícito está fuertemente subvaluado. Según él, Alemania se ha visto beneficiada de manera injustificada por la subvaluación del euro. En 2015 el euro perdió más de 12 por ciento de su valor frente al dólar. Por su parte, el valor de la divisa estadounidense (comparado con una canasta de divisas) se incrementó 25 por ciento, lo que encareció las exportaciones estadounidenses y abarató las de sus competidores como Alemania.

Alemania tiene hoy el superávit en cuenta corriente más grande del mundo, superior a 9 por ciento de su PIB. Su excedente se mantiene desde 2011 y con eso basta para hacerse acreedora a las multas estipuladas en las reglas sobre estabilidad macroeconómica de la eurozona. Pero el órgano encargado de aplicar esas sanciones, la Comisión Europea, sólo ha sido capaz de amonestar a Berlín cada año.

El superávit alemán es uno de los desequilibrios más importantes en la economía global. Pero son varios factores los que explican este descomunal superávit: desde una deprimida norma salarial que incrementó la competitividad de las empresas del sector exportador, hasta la mezcla de productos de alta tecnología que constituyen la parte más importante de las exportaciones alemanas y para las cuales la subvaluación del euro no es un factor determinante.

Hay que reconocer que la combinación de políticas macroeconómicas a nivel de la eurozona y al interior de Alemania también explican el abultado superávit alemán. Por una parte, es bien sabido que Berlín impuso una regla de austeridad fiscal en la eurozona, lo que ha contribuido de manera decisiva a profundizar la crisis en Europa. Por otra, al mantener una política de presupuesto balanceado las autoridades en Berlín han impedido absorber el superávit del sector privado a través de un déficit del sector público. Esta combinación ha contribuido fuertemente al monumental excedente en la cuenta corriente de Alemania.

Aun así, no es evidente que Berlín pueda ser catalogado como país manipulador de la paridad cambiaria. La ley estadunidense fija cuatro condiciones para colocar a un país en esa categoría. Primero, debe tratarse de un socio comercial mayor de Estados Unidos (con un volumen comercial superior a 55 mil millones de dólares, mmdd). Segundo, ese país debe mantener un superávit comercial frente a Estados Unidos superior a los 20 mmdd. Tercero, debe tratarse de un país con un saldo positivo en la cuenta corriente superior a 3 por ciento del PIB. Cuarto requisito: dicho país debe intervenir de manera persistente y unilateral en los mercados de divisas para mantener la subvaluación.

Alemania cumple los primeros tres requisitos, pero no el cuarto. Por eso, en su respuesta a las declaraciones de Navarro, Ángela Merkel afirma sin pestañear que Berlín no influye en las decisiones del Banco Central Europeo (BCE).

Es cierto que la debilidad del euro ha sido impulsada por la política expansionista que ha seguido el BCE para reactivar la economía de la eurozona. No hay que olvidar que ese instituto también ha mantenido en cero su tasa de interés y ha aplicado su propia versión de la flexibilización cuantitativa (QE por sus siglas en inglés). En enero 2015 el BCE inició su programa de compras de títulos de los sectores público y privado que hoy se mantiene en 60 mil millones de euros (mmde) mensuales. Sin embargo, a la fecha los precios siguen en estado letárgico, con una tasa de inflación prevista para 2017 de sólo 1.3 por ciento. Es decir, el riesgo de deflación se mantiene latente y la recuperación sigue siendo peor que mediocre, con proyecciones de crecimiento de 1.7 por ciento para la eurozona en su conjunto. Pero los débiles resultados de la política monetaria no convencional del BCE no es lo que importa a Peter Navarro. Sólo le preocupa el tema del impacto sobre el tipo de cambio.

Al igual que la versión aplicada por la Reserva Federal, la postura del BCE apoya la especulación, fomenta la creación de burbujas y aumenta la desigualdad. Por eso esa política debe ser remplazada por una que incida sobre el nivel de actividad de la economía real y no sólo del sector financiero. Y ese cambio debe venir acompañado de una nueva visión para la política fiscal que hoy sigue secuestrada por los fanáticos de la austeridad. Sin duda, todo eso requiere redibujar el paisaje político en la eurozona para hacerlo más racional, algo que no se ve fácil y que además no interesa al nuevo ocupante de la Casa Blanca.

Publicado en La Jornada

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¿Por qué el neoliberalismo sobrevive?

Mi, 15/02/2017 - 09:00

Emir Sader – Público.es

El surgimiento el modelo neoliberal trajo promesas atrayentes. Antes de todo, contuvo los gastos excesivos del Estado, diagnosticados con la fuente de la inflación. Por otra parte, permitía imponer a la economía el dinamismo centrado en las empresas privadas y en el mercado. El discurso liberal que lo acompañaba fortalecía  a la sociedad civil y la ciudadanía, libres de las trabas y de la opresión del Estado.

No fue lo que pasó pero, por lo menos,en algunos casos, y por algún tiempo, hubo un control de la inflación, que multiplicó la deuda pública. Cuando los  efectos positivos se habían agotado, vino el discurso de que, si era el mejor modelo o si era el único posible en la era de la globalización.

Hoy, cuando la crisis regresiva se perpetua en Europa, desde 2008, y mientras que ese efecto se arrastra a por toda la economía internacional, ya no se ven rasgos positivos y tampoco, es obligatorio mantener el modelo neoliberal, eje de la crisis a nivel nacional e internacional. Los partidos tradicionales, conservadores y social demócratas, que han asumido la política de austeridad – la forma que asume el neoliberalismo en ese continente – se ven castigados por los electores y cada elección se vuelve una desesperación para esos partidos.

En ningún lado la aplicación de los duros ajustes fiscales ,eje de los modelos neoliberales, cumplió con sus promesas. Ni el control de las cuentas publicas y de la inflación, menos todavía retomada del desarrollo económico. Su desempeño es globalmente considerado un fracaso, responsable de  la perpretación de la recesión en la economía mundial.

En América Latina esto es igualmente evidente. Comparecen las economías de Argentina y de Brasil en los gobiernos antineoliberales y en el retorno del modelo neoliberal, y el resultado es escandalosamente claro a favor de los primeros. Hay que mirar todo lo que han mejorado países como Ecuador, Bolivia, Brasil, en comparación con la situación de México, o de Perú.

Pero, ¿por qué, a pesar del espectacular fracaso del neoliberalismo, ese modelo sigue vigente en grande parte del mundo, incluyendo EEUU, Europa, Japón, la mayoría de los países de América Latina, de Asia y de África?

En primer lugar, porque ese modelo refleja los intereses del capital financiero, que es el hegemónico a nivel económico, en el estado actual del proceso de acumulación del capital.

Hay fuertes intereses económicos en la preservación de ese modelo, que sólo incrementa la riqueza y el poder del capital financiero.

En segundo lugar, porque el propio capitalismo no posee alternativas. Llegado a su etapa actual, no lograría retornar a formas de regulación económica, que le permitirían no estar sometido a las presiones recesivas del capital financiero.

En tercer lugar, porque las fuerzas que se oponen al neoliberalismo no han logrado,hasta ahora, en la gran mayoría de los países,comprender que la lucha fundamental en el período histórico actual es por la superación del modelo neoliberal y que con ello logran así construir una alternativa concreta a ese modelo, congregando a las fuerzas sociales y políticas necesarias.

Después del surgimiento con fuerza, el modelo neoliberal pasó a su fase de supervivencia, una fase marcada por la recesión económica y por una gigantesca crisis social, así como por una inmensa crisis hegemónica que apunta hacia su agotamiento y la búsqueda de alternativas de superación.

 

Emir Sader es profesor universitario brasileiro, autor, entre otros, de ‘El nuevo topo – Los caminos de la izquierda latinoamericana’ (Ed. El Viejo Topo).

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Únete a la Universidad Europea de Verano de los Movimientos Sociales

Mi, 15/02/2017 - 07:00

Iniciativa de la Red Europea de ATTAC

Toulouse, Francia-23-27 de agosto de 2017

Estamos viviendo una era de crisis entrelazadas.  El mundo ha entrado en un periodo de extraordinaria inseguridad. La globalización neoliberal ha revelado su verdadera cara – un desastre para cientos de millones de ciudadanos y ciudadanas del mundo.

¡Los desafíos  son enormes pero otro mundo es posible!

Poderosos movimientos sociales permanecen activos alrededor del mundo, llevando una esperanza de cambio.  La gente está de pie y luchando. La movilización contra el TTIP  y CETA ha visto millones de ciudadanos de la UE manifestarse contra el poder corporativo, con el TTIP prácticamente abandonado como resultado. En varios países del Mediterráneo la oposición a la austeridad ha ganado apoyo masivo. Movimientos de base están experimentando formas alternativas de funcionamiento de nuestra economía y nuestra sociedad, creando solidaridad y allanando el camino para un mundo sostenible y democrático. Sí, podemos tomar nuestro destino en nuestras manos.

La Universidad de verano de Toulouse es parte de estos esfuerzos. Por supuesto, no existen respuestas sencillas ni soluciones rápidas. Pero juntos somos más fuertes.  Únete a nosotros para estudiar, para aprender unos de otros, para desarrollar alternativas y preparar juntos nuestros próximos movimientos sobre temas cruciales:

  • El capitalismo financiero no ha sido desarmado después de su  caída en 2008. Detrás de la fachada de calma, el sistema de casino ha resurgido, alimentado con  experimentos desesperados de los bancos centrales para estabilizar los mercados a través de la expansión cuantitativa y las tasas de interés cero. Al mismo tiempo el sistema bancario está en riesgo  en varios países de la UE y los  crecientes niveles de deuda siguen siendo una bomba de relojería.
  • Las políticas neoliberales sobre comercio  continúan aplicándose socavando la democracia y la equidad social y erosionando nuestros servicios públicos. Después del TTIP y CETA el acuerdo de comercio  de servicios (TISA) amenaza con ser un plan de privatización global.
  • La desigualdad está aumentando pues los ricos son más  ricos y cada vez más alejados de la gran mayoría. La dura  austeridad, los  ataques a los derechos sociales, los recortes en servicios públicos y las exenciones de impuestos para los ricos y las multinacionales amenazan nuestras sociedades y economías. El trabajo precario se está convirtiendo en la norma. El desempleo, concretamente el desempleo juvenil, está  a niveles insoportables en varios países de la UE.
  • Los refugiados y emigrantes están muriendo a miles en el Mediterráneo; los  países europeos imponen la exclusión de personas que huyen  de la guerra y la pobreza extrema. Los populistas de extrema derecha están alimentando  el racismo ya que culpan a los inmigrantes de los problemas causados por la crisis neoliberal, lo que nos plantea la cuestión de cómo construir un movimiento alternativo hacia una sociedad multicultural y acogedora.
  • La democracia está amenazada por el autoritarismo, la xenofobia, el racismo y el aumento de las fuerzas de extrema derecha. La social democracia se está derrumbando como consecuencia de su aceptación de las reformas neoliberales. En muchos casos, los partidos de derecha están llenando el vacío.
  • El cambio climático y la destrucción de la naturaleza están desenfrenados. El modesto progreso que supuso el acuerdo de París es frágil y totalmente insuficiente. Incluso se están acelerando la pérdida de la biodiversidad y la contaminación del suelo, el agua y los océanos.
  • La Guerra y el terror están de vuelta. La represión de los levantamientos democráticos populares  por sus regímenes en el Oriente y las ilegales intervenciones militares en Afganistán, Irak, Libia y Siria son la leña que genera violaciones masivas de los derechos humanos, desestabilización de toda la región, terrorismo yihadista y una enorme afluencia de refugiados. Después de que la guerra de la OTAN en Yugoslavia haya allanado el camino para la guerra en suelo europeo, ahora hay un nuevo conflicto armado en Ucrania. El aumento de la militarización y el espectro de una nueva guerra fría inquietan al continente. Al mismo tiempo, 500 años de dominación de Estados Unidos y Europa está llegando a su fin. Estamos entrando en el terreno desconocido de un mundo multipolar.
  • La UE se ha quedado atascada en una crisis existencial. Continuar con los negocios como si nada hubiera pasado ya no es posible. Si bien deben evitarse estallidos caóticos, es necesario diseñar nuevas estrategias y conceptos para el futuro de todo el continente.

A pesar de este oscuro contexto, las luchas y la resistencia de millones de personas en toda Europa y la construcción de sociedades más justas nos dan una buena razón para seguir trabajando por otro mundo.

¡Reunámonos  en Toulouse en agosto!

La Universidad Europea de verano de ATTAC será un espacio para el activismo, pero es al mismo tiempo un encuentro amistoso y festivo. A través de debates, conciertos, actividades culturales, visitas y reuniones con activistas de Europa y el mundo, compartiremos  y aprenderemos  unos de otros. Esta Universidad de verano incluirá talleres, seminarios y espacios de experimentación directa – y acción concreta incluso – y por supuesto de fiesta también.

Para más información   : contact@esu2017.org

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Es hora de decir que sí hay alternativas

Di, 14/02/2017 - 14:10

Cuca Hernández – Vice Coordinadora de ATTAC Madrid

Desde que Margaret Thatcher pronunció su famoso TINA ‘There is no alternative’ las élites que gobiernan el planeta se pusieron a trabajar con empeño para llevarnos a un callejón sin salida. El libre mercado, es decir la libre circulación de capital, se convirtió en la única libertad defendible, y no importaba que dictadores sojuzgasen a la ciudadanía siempre que al capital no le pusieran trabas. Así, el capital abrió nichos de negocio en Asia, África y América Latina. Y si la democracia ponía límites a sus ambiciones, se crean campañas de difamación y se financia a la oposición para sustituir al gobernante por alguien más dócil a los intereses del inversor. Eso es el libre mercado.

Estos días ha circulado un chiste por las redes que es el resumen de lo que es esta globalización neoliberal: “Año 2021: Sacyr termina el muro entre EE. UU.  y México, Trump se niega a pagar, el PP rescata a Sacyr. Pagamos el muro”.

Es lo que Harvey denomina “acumulación por desposesión”, esta estrategia del capitalismo que desde los años 70 del siglo XX, mediante privatizaciones de servicios públicos o bienes comunales, financiarización, o manipulación de las crisis, están logrando el objetivo de mantener el sistema neoliberal actual, repercutiendo la crisis de sobreacumulación del capital en los sectores empobrecidos.

Los tratados del mal llamado ‘libre comercio’ han sido la herramienta de la que se han servido las multinacionales y las élites políticas y económicas para afianzar esta globalización de las desigualdades y de la injusticia. Es una estrategia bien pergeñada para traspasar los costes y las perdidas a la mayoría social mientras se afianzan los beneficios de los inversores.

Casi todos los tratados de libre comercio e inversión firmados y por firmar contienen los mecanismos de protección de los inversores con más garantías que la defensa de los derechos humanos o la protección del medio ambiente. Por ejemplo el CETA, el tratado entra la UE y Canadá, hace referencias generales al respeto a los derechos humanos y la sostenibilidad ambiental, pero no incluye ningún compromiso de cumplimiento de los acuerdo del COP22 firmado en París en 2015, o mecanismos de sanción a las empresas que incumplan la ley o violen los derechos humanos.

Con los tratados de libre comercio e inversión las empresas e inversores se convierten en objeto de derecho sin ninguna obligación. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que es voluntaria, es su único compromiso social frente a los derechos que adquieren. Mientras tanto, cualquier acto soberano de un Estado puede ser cuestionado si entorpece las aspiraciones inversoras o las expectativas de beneficio.

Ahora que el triunfo de Trump nos ha alarmado, conviene revisar qué ha ocurrido con el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) después de más de veinte años de su firma. El resultado nos muestra cómo el libre comercio, mientras producía pingües beneficios a las élites, maltrató a la ciudadanía de Canadá, México y Estados Unidos. El NAFTA provocó la pérdida un millón de puestos de trabajo y bajadas salariales en EE. UU. ,de las que no se ha vuelto a recuperar; cerca de 100.000 granjas quebradas en Canadá; o la desaparición de las explotaciones de maíz en México mientras que se importa maíz transgénico y subvencionado de EE. UU. , además de crear una zona de maquilas en la frontera norte donde se explota a trabajadoras en régimen de  semiesclavitud.

Las promesas de Trump de renegociar el NAFTA, de no ratificar el Tratado Transpacífico, o de paralizar las negociaciones del TTIP no producen ninguna tranquilidad en los ciudadanos y ciudadanas que están denunciando el libre comercio. De hecho, ya han comenzado movimientos de organizaciones ciudadanas de los tres países firmantes del NAFTA solicitando el replanteamiento de las condiciones del tratado.

El triunfo de Trump, y de otros muchos líderes ultraderechistas, es el del capitalismo más autoritario. El neoliberalismo ya no engaña a nadie, no ha repartido su riqueza, y los desheredados del capitalismo, desilusionados, aceptan propuestas que les señalan a falsos culpables. Y eso es consecuencia del famoso TINA de Thacher que dejaba a la sociedad sin alternativas.

Por eso, este es el momento de decir que sí hay alternativas. Es el momento de generar y afianzar nuevos compromisos globales, como el Tratado Vinculante de la ONU -apoyado por cientos de organizaciones sociales- para hacer cumplir los Derechos Humanos a las multinacionales y crear mecanismos que las sancione en caso su vulneración. También acuerdos como el Cop22 deben de incluir mecanismos sancionadores a quienes provoquen catástrofes ambientales /o simplemente no reduzcan su contaminación.

La globalización también ha servido para que la sociedad civil se organice  en el planeta y pueda desarrollar estas y otras alternativas, como el Tratado de los Pueblos, que propone otra forma de hacer comercio allí donde la libertad del capital no sea la única posible.

 

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La “batalla de Stalingrado” se librará en Ecuador

Di, 14/02/2017 - 09:00

Atilio A. Boron 

El domingo 19 de Febrero un hermoso y entrañable país de Sudamérica será el escenario de una decisiva “batalla de Stalingrado”. Como se recordará, la que tuvo lugar en aquella ciudad rusa fue la que produjo el vuelco de la Segunda Guerra Mundial. Si Stalingrado caía los aliados serían despedazados por el ejército nazi; si, en cambio, la ciudad resistía el asedio, como lo hizo, las tropas hitlerianas jamás repondrían fuerzas y se encaminarían hacia su inexorable derrota. La propaganda norteamericana dice que este punto de inflexión en la guerra se produjo con el desembarco de Normandía, pero eso es un invento de Hollywood que no resiste la confrontación con los datos duros de la historia. La Segunda Guerra Mundial se decidió en aquella ciudad rusa, misma que puso en marcha la contraofensiva del Ejército Rojo que llegó hasta el corazón mismo del régimen nazi: Berlín.

Conscientes de que con una derrota de Alianza País en el Ecuador la derecha continental tendría las manos libres para asfixiar a Bolivia y provocar una nueva versión de la “revolución de colores” en Venezuela-al estilo de los sangrientos episodios desencadenados en Libia y Ucrania- sus personeros, lenguaraces y activistas se dejaron caer con todas su fuerzas en Ecuador para librar la guerra de la desinformación, propalar mentiras, lanzar tremebundas acusaciones contra el gobierno e infundir la sospecha y el desencanto en la población. El objetivo excluyente: impedir que Lenin Moreno, el candidato presidencial de AP, pueda alcanzar el 40 % de los votos y, de ese modo, con una diferencia mayor al 10 % en relación a su perseguidor, ser ungido como nuevo presidente. Para satisfacer este turbio designio Washington y Madrid despacharon al Ecuador un ejército de pseudo-periodistas, una ponzoñosa canalla mediática que ha venido desempeñando idéntico papel en las recientes elecciones en Argentina, Bolivia, Colombia y que, con sus patrañas, pavimentaron el camino hacia la ilegal destitución de Dilma Rousseff en Brasil. Esos sujetos ocultan su verdadera condición de militantes rentados de la derecha (¡espléndidamente remunerados, por cierto, porque no trabajan gratis!) y su inescrupulosidad y desfachatez no tiene límites. En su revelador libro el ex agente de la CIA, John Perkins, habla de la absoluta frialdad con que se planeaban y ejecutaban los más atroces crímenes obedeciendo sin ninguna clase de reparo moral las instrucciones procedentes de Langley.[1] Del mismo modo, los crímenes comunicacionales de la canalla mediática con aún más grave, porque son verdaderas armas de destrucción masiva. Los killers de la CIA matan selectivamente, a uno, dos o tres; el terrorismo mediático hiere mortalmente la conciencia de millones y los induce, con sus mentiras y sofisticadas manipulaciones, a elegir gobiernos que a poco andar practicarán un lento, silencioso pero eficaz genocidio de los pobres, los indígenas, los viejos, los jóvenes privados de educación y trabajo. En suma, acabar con toda esa población “excedente” que según nuestras clases dominantes son la lacra que impidió que los países latinoamericanos o caribeños sean como Suiza, Alemania o mismo los Estados Unidos. En tiempos de la última dictadura cívico-militar argentina sus voceros declaraban, sin disimulo, que en ese país sobraban por lo menos diez millones de habitantes; esa convicción también está presente en el gobierno actual, sólo que no se lo declara abiertamente y que el número de los sobrantes, probablemente, sea todavía mayor. Y lo mismo hemos escuchado en Brasil, en Colombia y en tantos otros países de Nuestra América. Lo que la canalla mediática hizo en todos estos países contraría todas las normas de la ética, no sólo periodística. En el caso argentino mintieron alevosamente asegurando que el hecho de que el candidato Mauricio Macri estuviese procesado por haber solicitado “escuchas ilegales” para nada ensuciaba su buen nombre y honor o lo inhabilitaba para su postulación presidencial. Y ya instalado en la Casa Rosada potenciaron su inmoralidad al blindarlo mediáticamente a pesar de estar involucrado en numerosas empresas denunciadas en los Panamá Papers y en los archivos de las Bahamas, lo que en otras latitudes ocasionó la renuncia de varios jefes de estado y altos funcionarios acusados de evasión fiscal y lavado de dinero.

Esa plaga está subrepticiamente actuando en Ecuador, ocultando sus verdaderos designios detrás de una supuesta condición de “periodista independiente.”  Gentes entrenadas en Washington (los famosos cursos de “buenas prácticas”), habilísimas en formular preguntas capciosas, sembrar el desánimo y potenciar hasta el infinito los problemas con que tropieza la gestión del gobierno de Rafael Correa que, como cualquier otro, tiene un mix de aciertos y desaciertos. Todo esto tiene su génesis en la radical transformación involutiva de la naturaleza y función del periodismo. Su naturaleza: por el tránsito del pluralismo de medios a los fenomenales niveles de concentración existentes hoy día. Su función: si en el pasado era ser el dispositivo que permitía diseminar información en la naciente sociedad de masas, con la crisis de la dominación capitalista producida por la irrupción de vigorosas fuerzas contestatarias –movimientos obreros, campesinos, indígenas, estudiantes, mujeres, jóvenes, ecologistas, organizaciones defensoras de derechos humanos, etcétera- su función cambió radicalmente. En ausencia -o ante la debilidad- de partidos de derecha competitivos (acostumbrados a encumbrarse en el gobierno de la mano de los golpes militares) los medios de comunicación hegemónicos pasaron a ocupar ese lugar, fenómeno éste precozmente detectado por Antonio Gramsci en sus escritos desde la cárcel. En ausencia de tales partidos, los medios toman su lugar y cumplen la función que les es propia: organizan, “educan”, movilizan a amplios sectores de nuestras sociedades, siempre detrás de un programa conservador convenientemente edulcorado, pero sin despertar las sospechas que suscita el activismo partidario porque en el imaginario popular la prensa es “independiente” e inmune a los intereses y las intrigas políticas. Que esos medios se convirtieron en un arma formidable de dominación burguesa lo atestiguó, hace algunos años, un militar de alto rango del Pentágono cuando, en una audiencia ante el Senado de los Estados Unidos, lanzó una fatídica advertencia: “en nuestros días –dijo- la lucha antisubversiva se libra en los medios, no en las selvas o en los suburbios decadentes del Tercer Mundo.” Y los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina, aun los más moderados, son todos percibidos como ladinos y arteros instrumentos de la subversión.

Por eso estamos en guerra, Ecuador está en guerra. Una guerra silenciosa pero cargada de violencia; una guerra de desinformación, de ocultamiento, de mentiras hábilmente maquilladas y que son vendidas bajo la apariencia de verdades objetivas e irrefutables. La meta que persigue es distorsionar la percepción de la realidad para generar una respuesta inconsciente de la ciudadanía que estigmatice al candidato de AP y descalifique los diez años del gobierno de Rafael Correa. Ocultar o, cuando esto no fuese posible, minimizar todo lo bueno que ha sido hecho y agigantar y machacar a diario, hora tras  hora, minuto tras minuto, sobre  los supuestos “fracasos” del gobierno saliente, sus problemas o sus desaciertos. Que omita hacer alusión al devastador impacto que sobre la conducción  macroeconómica ocasiona la inexistencia de una moneda propia en el Ecuador, privando al gobierno de poder apelar a un instrumento como la política monetaria. Esta queda en manos de Washington, que devalúa o revalúa el dólar sin reparar en sus consecuencias para países que, como Ecuador y El Salvador, gobiernos antipatrióticos y entreguistas adoptaron el signo monetario  estadounidense. O despreciando lo que significa que un país como el Ecuador tenga un perfil exportador semejante al de sus vecinos Colombia y Perú, ambos convertidos en piezas dóciles de los intereses imperiales a los cuales están formalmente vinculados por sendos TLCs, y que coloca objetivamente al Ecuador en desventaja en los mercados internacionales. O escamoteando ante los ojos de la opinión pública el demoledor impacto del derrumbe de los precios de las commodities, fatalidad ante la cual ningún gobierno cuenta con mecanismos para revertir. Todas estas consideraciones, que una información periodística rigurosa debería exponer con objetividad a su audiencia, son maliciosamente desechadas y en su lugar proliferan las calumnias y las difamaciones. Ya no importa la verdad sino la “posverdad”, eufemismo gestado por los poderes mediáticos para justificar sus mentiras y los efectos que con ellas se persiguen. La reciente denuncia en contra del candidato a la vicepresidencia de AP, Jorge Glas, es un ejemplo contundente de lo que venimos diciendo. Es una operación que en América Latina se ha repetido hasta el cansancio en los últimos tiempos, con adaptaciones locales para darles una cierta verosimilitud. Este tipo de mentiras y falsedades se utilizaron masivamente en la campaña presidencial de la Argentina en el 2015 y en contra de Evo Morales en el referendo boliviano del 2016. Y es moneda corriente en el ataque al gobierno de Nicolás Maduro en los últimos tres años. Nada nuevo. Es lo que en la jerga de la CIA se conoce como “SOP” (standard operating procedures) a la hora de desestabilizar un gobierno o desprestigiar un candidato o una fórmula que es vista como una amenaza  a los intereses de los Estados Unidos y la derecha vernácula. Esta carroña mediática es digna heredera de Joseph Goebbels, quien fuera Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del régimen nazi. Con un atenuante: por lo menos el alemán declaraba explícitamente que lo suyo era hacer propaganda; sus émulos actuales, en cambio, posan de “periodistas objetivos e independientes” pero lo que hacen es mentir, difamar y manchar la dignidad de las víctimas de su labor. Mediante esta guerra de desinformación se trata de presentar a la oposición como democrática e, inclusive, “progresista” para engañar al electorado y acabar con la obra iniciada hace una década y que cambiara, para bien, la fisonomía social del Ecuador. Si estos agentes del engaño y la mentira llegaran a salirse con la suya y lograran que el pueblo le abriera las puertas a la derecha, el retroceso social, económico y cultural que sufriría este país sudamericano sería inmenso. A esta involución se le agregaría un ejemplar escarmiento, para que nunca más a las ecuatorianas y los ecuatorianos se les vuelva a ocurrir tener un gobierno como el de Rafael Correa. Un gobierno que todavía hoy rechaza con valores humanistas y con patriotismo las intensas presiones del imperio para que le ponga fin al asilo diplomático concedido a  un personaje como Julian Assange, quien con sus revelaciones a través del Wikileaks permitió que el mundo viera como Washington nos miente, vigila y extorsiona a nuestros gobiernos a través de miles de tentáculos. Si la Alianza País fuese derrotada nadie daría un centavo por la vida de ese valiente luchador que junto con Edward Snowden y Chelsea Manning descorrieron el telón que ocultaba las manipulaciones y los crímenes del imperio. Y tras cartón la base de Manta volvería a ser ocupada por las tropas estadounidenses.

Para los escépticos, para quienes crean que estamos exagerando, basta con examinar lo ocurrido en la Argentina, en donde este engaño inducido por el “periodismo independiente” hizo posible el triunfo del actual gobierno y el desencadenamiento de la debacle económica actual: caída del PIB, inflación descontrolada, brutal deterioro del salario, cierre de fábricas y comercios, despidos masivos,  aumento del desempleo e incrementos exorbitantes de los precios de la electricidad, el gas, el agua y el transporte La oligarquía mediática fue un instrumento poderosísimo al servicio de los monopolios y los sectores adinerados y del privilegio. Por eso insistimos en la urgente necesidad de que los ecuatorianos se pongan en guardia ante el canto de sirena de esos “pseudos periodistas”, hagan oídos sordos a sus prédicas de la necesidad de un cambio y miren al Sur, vean lo que está ocurriendo en la Argentina y lo que se esconde bajo la inocente invocación de que cambiemos. En su ingenuidad y falta de conciencia política millones en la Argentina creyeron en el cambio prometido -sin preguntarse cambiar qué, cómo, en qué dirección, bajo qué liderazgo- para encontrarse, de la noche a la mañana, en medio de un naufragio. El gobierno de Rafael Correa puede haber incurrido en yerros y desaciertos, como cualquier otro en este mundo. En medio siglo de profesión como politólogo jamás pude encontrar un solo gobierno que estuviera exento de defectos, equivocaciones e inclusive de variables niveles de corrupción. Si según el Papa Francisco estos problemas atribulan inclusive al Vaticano -que como recordaba mordazmente Maquiavelo era lo más parecido a un estado perfecto porque gozaba de la protección directa de Dios- sería absurdo pensar que el Ecuador podría estar libre de esos vicios. La diferencia es que en este país es el propio gobierno quien los denuncia penalmente, mientras que en otros países sudamericanos los gobiernos encubren y le brindan protección judicial y mediática a los corruptos. El caso de Brasil es de una elocuencia inigualable al respecto. Para concluir: hecho el balance que cada ciudadana y ciudadano debe efectuar concluirá sin duda que los aciertos del gobierno ecuatoriano en los últimos diez años, tanto en el plano nacional como en el internacional superan con creces los desaciertos en que haya incurrido. Y ese es el quid de la cuestión y la razón por la que, en toda América Latina, esperamos que el pueblo ecuatoriano vote por la continuidad del gobierno de la Alianza País y se abstenga de dar un salto al vacío como el que dieran los argentinos inducidos por la malignidad de la plaga mediática que hoy devasta al Ecuador.

[1] Confesiones de un gangster económico. La cara oculta del imperialismo norteamericano (Barcelona: Ediciones Urano, 2005)

atilioboron

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Hay que darle la vuelta al calcetín o nos estrellamos

Di, 14/02/2017 - 07:00

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

El gobierno del Partido Popular no cesa en su cansino autobombo de lo bien que lo han hecho, cuanto empleo crean y como el país ha superado la crisis y se ha recuperado con largueza. Nada que ver con la realidad, porque esa pretendida recuperación económica no llega a la gente. No significa una vida mejor para la ciudadanía ni tampoco la reducción de la pobreza ni la disminución de la creciente desigualdad. Al contrario, según el último informe de Oxfam Intermón aumentan desigualdad y pobreza . La presunta recuperación solo alcanza a unos pocos.

La recuperación suele asociarse al crecimiento y la historia reciente está plagada de casos de países con buen crecimiento económico y pauperación progresiva de amplias capas de población. Ahí están los casos paradigmáticos de Brasil o México en el siglo pasado con excentes tasas de crecimiento y cada vez más pobres. Hoy, España es el segundo país de la Unión Europea donde más ha crecido la desigualdad. Por tanto, no hablemos de recuperación en tanto no beneficie a la mayor parte de población. Que no es el caso. Como botón de muestra, en España más de tres millones de pensionistas perciben menos de 600 euros, lo que significa que están en el umbral de la pobreza.

Que haya siete mil nuevos millonarios en este Reino es prueba de recuperación para el Partido Popular. Pero esos nuevos ricos son unas gotas de agua en un vasto océano de más de 46 millones de habitantes entre los que avanza implacable la desigualdad. Es tanta esa desigualdad que, según Oxfam, solo tres personas (Amancio Ortega, su hija y Joan Roig, dueño de Mercadona) suman tanta riqueza como 14 millones de personas que constituyen el tercio de población más pobre del país.

Oxfam explica además que de 2008 a 2014 los salarios más bajos bajaron un 28% más, una de cada cinco personas en edad de trabajar no encuentra empleo y, si lo encuentra, es precario con un salario 9% menos que en 2008. Lo más grave es que este desconsolador panorama para la gente común puede empeorar. Así lo escribe Alejandro Inurrieta quien afirma que 2017 será un mal año para una parte considerable de la población. Pues, a pesar de los ditirambos triunfalistas del gobierno del Partido Popular, no se han abordado los verdaderos problemas del Reino de España: debilidad del tejido productivo, escasa tecnología avanzada en las empresas, políticas económicas caciquiles y de amiguetes, incesante corrupción que resta riqueza a las admistraciones pública, floja demanda interna… El empleo no mejorará este año, los salarios no permitirán vivir con dignidad a gran parte de la población y habrá más familias al borde de la exclusión. Situación agravada con el más que previsible aumento de la inflación, según varios indicadores (como la inestabillidad de los precios del petróleo) que podría ser del 2%, tras tres años de tasas negativas.

España continúa siendo un país de trabajadores mal pagados (que se traduce en floja demanda interior), muchas empresas demasiado pequeñas y poco eficaces y un gobierno al servicio de una minoría. A lo que añadir un sistema fiscal regresivo y nada redistributivo que hace de España uno de los países europeos con menor capacidad para reducir desigualdades. En desigualdad solo nos ganan Letonia, Bulgaria, Estonia y Lituania, los últimos de la fila europea.

Que el actual sistema de impuestos es injusto y regresivo lo demuestra que, aún con desempleo crónico, bajos salarios y precariedad laboral, son las familias quienes aportan la mayor parte de ingresos al Estado: 84% de la recaudación, en tanto que las empresas solo abonan un 13%. Con el agravante de que el gobierno y el partido que lo sostiene no tienen la menor voluntad política de acabar con el agujero de los ingresos del Estado para poder redistribuir la riqueza con algo más de justicia. Sin olvidar que es probable una desaceleración de la actividad económica en 2017 porque turismo y exportaciones serán más flojos por factores externos. Y eso ocurre con una patronal que cree que solo se puede reducir el paro creando “empleo de baja calidad”. Así lo ha dicho sin el menor rubor el presidente de la Comisión de Economía y Política Financiera de la CEOE, José Luis Feito. De lo que cabe concluir sin temor a errar que con tales empresarios estamos bien apañados en pobreza y desigualdad.

No va a ser facil, ciertamente, pero la situación es tan vulnerable que, si no se le da la vuelta al calcetín, esto no hay quien lo salve.

Xavier Caño es periodista ¡Por razones!
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