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CPPs – La privatización encubierta de nuestros bienes y servicios públicos

News from Attac Spain - Fri, 15/11/2019 - 12:23

Colaboracion publico privada

El próximo 10 de noviembre, elegiremos un nuevo gobierno que tendrá que afrontar problemas pendientes y dar respuestas a muchos procesos clave. La pérdida de lo público y la corrupción en la contratación pública es indudablemente uno de estos retos urgentes. Las futuras políticas afectaran a la actual y siguientes generaciones y la calidad de nuestros servicios y bienes públicos.

Tras las advertencias de la UE sobre las deficiencias del Estado español en la supervisión y regulación de este tipo de contratos, primero el gobierno del PP creó la Oficina Nacional de Evaluación (ONE) -que no produjo ningún resultado-, y luego el gobierno del PSOE, en junio de 2018, puso en marcha de la Oficina Independiente de Regulación y Supervisión de la Contratación Pública (OIReScon), cuya misión es velar por la correcta aplicación de la legislación y, en particular, promover la concurrencia y combatir las ilegalidades y corruptelas en la contratación pública. A fecha de hoy, todavía no se ha publicado un calendario para la elaboración de informes de supervisión con los incumplimientos detectados, las aplicaciones incorrectas de la legislación o con casos de fraude y corrupción, mientras los escándalos no cesan: el pelotazo del proyecto Castor, el cartel de Adif y el reabierto cartel de la basura o las vergonzosas condiciones laborales de personas con discapacidad en el Palacio Real Todos estos casos además, tienen protagonistas recurrentes; entre ellos ACS y su entramado corporativo.

Las CPPs son fórmulas contractuales entre una autoridad pública y el sector privado (como concesiones, gestión interesada, sociedad mixta o contrato de servicios), para que el socio privado construya y gestione un servicio tradicionalmente público, como hospitales, escuelas, carreteras, vías férreas, agua, saneamiento y energía. Pero el peligro está en que la receta CPP está convirtiéndose en la solución casi única para financiar y/o gestionar nuestros bienes y servicios públicos.

Nacieron en 1992 en el Reino Unido como una treta contable para esquivar las restricciones del gobierno sobre el endeudamiento público, y desde entonces se ha experimentado un auge de este modelo en todo el mundo, promocionado por instituciones internacionales como el Banco Mundial, el FMI, la OCDE y gobiernos tanto del Norte como del Sur Global. A medida que en Europa, y el resto del mundo, se comenzó a limitar el endeudamiento público con la aplicación de medidas de austeridad, -especialmente tras la crisis financiera de 2008-, también se disparó la utilización de las CPPs como un componente de la política de privatizaciones y una forma de equilibrar los presupuestos mediante la ocultación del endeudamiento. Hablando en plata; son privatizaciones encubiertas. Las prácticas contables de las CPPs permiten a gobiernos mantener estos proyectos fuera de sus cuentas (no son transparentes ni auditables), ya que es el sector privado -y no el gobierno- el titular del préstamo que financia el proyecto. Una maniobra de contabilidad creativa, donde el coste real de un proyecto queda escondido, hasta que algo falla y todo revierte sobre lo público, o sobre los bolsillos de la ciudadanía.

Este gran empuje de las CPPs también viene enmarcado en la creciente demanda por parte de grandes inversores del mundo, con trillones de dólares, y que están buscando una cartera diversificada de inversiones en infraestructura con atractivos rendimientos. Estos grupos han ejercido presión para abrir fondos especializados en infraestructuras, contribuyendo así a la «financiarización» de nuestra infraestructura, y poniendo en tela de juicio la necesidad real de muchas de estas inversiones más allá de los beneficios corporativos.

Ante este escenario, es urgente una estricta regulación, supervisión, control democrático y transparencia del modelo CPP, mientras se transita hacia un modelo 100% público y público-comunitario. El Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), en colaboración con La Hidra Cooperativa y Audita Sanidad, ha publicado el informe “Las colaboraciones público-privadas (CPPs) como herramientas de privatización» que apunta a la falta de regulación específica para proyectos CPPs en el Estado español y a la ausencia de una autoridad a cargo de estos proyectos que sea operativa, estudiando el marco legislativo de estos contratos y profundizando en el caso de las infraestructuras (con el caso de la autopista de peaje del Mediterráneo AP7 y el conflicto entre Abertis y el Estado), la sanidad (con Quirónsalud) y la educación (concertada).

La opacidad y la corrupción afectan a la calidad de los servicios ofrecidos, dañan las arcas públicas, tienen un grave impacto sobre las condiciones laborales de las personas trabajadoras, y afectan a los derechos económicos, culturales, ambientales y de género de la ciudadanía. Este estudio se suma a estudios de casos de todo el mundo que continúan demostrando que cuando gobiernos optan por la inversión privada para la construcción y la prestación de servicios en la salud, el transporte, la educación o la energía, el acceso a servicios esenciales se ve restringido y las desigualdades tienden a aumentar.

El consenso en torno a los beneficios de la expansión de los instrumentos de financiación privada, como es el caso de las CPPs, parece desmontarse. El rechazo público aumenta a medida que sus efectos se vuelven más evidentes con el tiempo. Algunos países europeos ya están empezando a poner límites, como es el caso de Francia, donde en marzo de 2018 la Ministra de Justicia, Nicole Belloubet, anunció el abandono de las CPPs para la futura construcción de prisiones y tribunales. Su argumento principal fue que consideraba esta opción «demasiado cara». El mismo mes, el Tribunal de Cuentas Europeo publicó un informe especial que expone el fracaso de las CPPs y critica el apoyo de la Unión Europea a este modelo a través del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y fondos de la UE a través del Plan Juncker y sus «project bonds«. El Tribunal declaró que las CPPs «no siempre se gestionan eficazmente y no proporcionan una relación calidad-precio adecuada».

Con este panorama, esperamos que el nuevo gobierno inicie un proceso de reflexión y acción sobre las prioridades a la hora de gestionar nuestros bienes y servicios públicos. La salud, la educación, el transporte o la infraestructura, entre otros, son servicios y bienes comunes de toda la población. Derechos que deben estar blindados en la Constitución como fundamentales y protegidos ante los intereses privados.

Publicado en Observatorio de la deuda en la globalización.

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Gegen Amazon und seine Welt

News from Attac Austria - Fri, 15/11/2019 - 09:57
Die Zufriedenheit der Kunden ist das erklärte Ziel von Jeff Bezos, Chef von Amazon. Die Strategie: "in einem Tag", d.h. die Maximierung des Tempos der Paketvorbereitung, um dank Drohnen in weniger als einem Tag, weniger als einer Stunde und vielleicht weniger als einer halben Stunde zu liefern. Sein Ziel ist es ein komplettes Ökosystem mit verbundenen Häusern, E-Books, Musik, Serien, Filmen etc. zu schaffen, um immer mehr Aufträge für seine Produkte zu niedrigen Preisen zu generieren. Aber hinter dem Helden des Neoliberalismus 2.0 steht eine Vision der Welt, die wir bekämpfen müssen. Trotz Jeff Bezos' jüngsten Versprechungen über erneuerbare Energien oder die Kompensation seiner Emissionen bleibt die Welt von Amazon eine ökologische Katastrophe. Der multinationale Konzern verkaufte im vergangenen Jahr mehr als 11 Milliarden Produkte. Die niedrigen Preise, die täglichen Werbeaktionen treiben den Überverbrauch an und tragen zum Anstieg der CO2-Emissionen bei, indem sie die Ressourcengewinnung und den Transport per Boot, Flugzeug oder LKW erhöhen. Amazon Web Services (AWS) ist auch weltweit führend in der Cloud und seine Rechenzentren erzeugten 2018 so viele Treibhausgase wie Portugal. AWS erbringt seine Dienstleistungen für Palantir, ein Konzern, der Donald Trump dabei unterstützt, Migranten zu identifizieren und zu verhaften, die die Grenze illegal überschreiten. Eine Welt ohne Arbeitsplätze Es wird geschätzt, dass für jeden von Jeff Bezos' Firma geschaffenen Arbeitsplatz zwei Arbeitsplätze im gewerblichen Bereich verloren gehen. Amazon-Mitarbeiter, von denen viele Zeitarbeiter sind, führen Aufgaben aus, die von den Algorithmen in ihren Scannern getaktet werden. In den neuen Lagern werden sie zur Unterstützung von 100.000 Robotern eingesetzt. Und bald werden die bereits zahlreich zu überfliegenden Zusteller durch Drohnen ersetzt werden können. Eine Welt ohne Steuern und Demokratie Die Flucht vor Steuern und rechtlichen Regulierungen ist für den Liberalen Jeff Bezos eine echte Obsession. Als guter multinationaler Konzern verschiebt Amazon seine Gewinne künstlich in Steuersümpfen wie Luxemburg in Europa oder Delaware in den Vereinigten Staaten. In Frankreich kündigte Amazon einseitig an, die niedrige Digitalsteuer an seine Lieferanten weiterzugeben. In Seattle, dem Hauptsitz von Amazon, wurde eine Steuer auf multinationale Konzerne zugunsten der Obdachlosen gestrichen, obwohl sie vom Stadtrat einstimmig angenommen wurde. Zwölf Jahre nach der Eröffnung des ersten französischen Lagers in Saran (Loiret) weihte Amazon in Anwesenheit des Staatssekretärs für Digitaltechnik Cédric O ein riesiges Lager mit 4.000 Robotern in Brétigny-sur-Orge in Essonne ein. In Fournès im Gard und bei Metz in der Mosel sollen neue Standorte entstehen. Wir mobilisieren nicht gegen die 7.500 Mitarbeiter von Amazon, die schlechten Arbeitsbedingungen und niedrigen Löhnen ausgesetzt sind um für Amazon die Kosten zu senken (und die Gewinne zu erhöhen). Aber die von Amazon versprochenen Arbeitsplätze führen zur Blindheit von Politiker*innen. Sie durschneiden lieber Eröffnungsbänder als sich über das Verschwinden von Tausenden von lokalen Unternehmen zu wundern, die Arbeitsplätze und soziale Bindungen in ganz Frankreich schaffen. Diese Welt zeigt sich jedes Jahr am sogenannten „Black Friday“, heuer am Freitag, den 29. November. Vorbereitet mit massiver Werbung ermutigt dieser Tag Verbraucher*innen, zu Millionen von Produkten zu greifen, die sie nicht unbedingt benötigen. Der Schwarze Freitag ist einer der wichtigsten Faktoren der Strategie des Preisdumpings, der es Amazon ermöglicht hat, der größte Händler für Textilien und Elektronik in Frankreich zu werden. Diese Weltsicht steht im völligen Widerspruch zu dem tiefen Streben nach einem menschenwürdigen Leben auf einem lebenswerten Planeten, das vor allem durch Gelbwesten oder Klimabewegung zum Ausdruck kommt. Es ist dringend nötig, den Bau neuer Infrastrukturen bei Amazon und anderen E-Commerce-Unternehmen zu stoppen und für die Entwicklung einer lokalen Wirtschaft zu mobilisieren, die Arbeitsplätze schafft, sozialen Zusammenhalt stärkt und mit der Klimakrise vereinbar ist. Um diese Forderung zu bekräftigen und Amazon nicht länger soziale und ökologische Rechte unterminieren zu lassen, fordern wir, dass der Black Friday 2019 in einen "Schwarzen Freitag für Amazon" umgewandelt wird. Am 29. November werden wir in ganz Frankreich zivilrechtliche Maßnahmen ergreifen, um die Geschäfte von Amazon zu stören und Alternativen zu fördern, um immer mehr Menschen aus ihrem schädlichen Einfluss zu befreien. Quelle:  www.stop-amazon.fr/ Veröffentlicht in der Le Monde: https://www.lemonde.fr/idees/article/2019/11/15/amazon-derriere-le-heros-du-neoliberalisme-2-0-se-cache-une-vision-du-monde-que-nous-devons-combattre_6019227_3232.html Erstunterzeichner*innen:
  • Nayla Ajaltouni (coordinatrice du collectif Éthique sur l’étiquette)
  • Christophe Alévêque (humoriste)
  • Alice Brauns et François Dubreuil (Unis pour le climat)
  • Jean-Christophe Angaut (philosophe et traducteur)
  • Sara Angeli Aguiton (sociologue CNRS)
  • Geneviève Azam (économiste)
  • Marie-Hélène Bacqué (Professeure des universités)
  • Ingrid Balazard et Marie Hermann (éditrices pour les éditions Hors d’atteinte)
  • Jacques Baujard et Fred Giacomoni (librairie Quilombo)
  • Jean-Paul Barriolade (éditions Libre & Solidaire)
  • Miguel Benasayag (philosophe)
  • Dominique Bourg (philosophe)
  • Alexandra Casenave-Camgasto (librairie des Éditeurs associés)
  • Eric Beynel et Cécile Gondard-Lalanne (porte-paroles de l’Union syndicale Solidaires)
  • Manuel Cervera-Marzal (sociologue)
  • Michèle Chadeisson (librairie Texture)
  • Patrick Chamoiseau (écrivain)
  • Maxime Combes, Raphaël Pradeau & Aurélie Trouvé (porte-paroles d’Attac France)
  • Sandra Cossart (directrice de Sherpa)
  • Marin Cousin (présidente de Résistance à l’agression publicitaire)
  • Thomas Coutrot (économiste)
  • Stéphane Cuttaïa (co-fondateur de Gilets Verts)
  • Alain Damasio (écrivain)
  • Laurence De Cock (historienne)
  • Carlo De Sacco (chanteur de Grèn Sémé)
  • Laurent Degousée (co-délégué de SUD Commerce)
  • Antoine Deltour (lanceur d’alerte)
  • Olivier Dubuquoy (géographe documentariste)
  • Cédric Durand (économiste)
  • Margot Duvivier (présidente du REFEDD)
  • Jean-Baptiste Eyraud (porte-parole de Droit au logement)
  • Guillaume Faburel (enseignant-chercheur)
  • Olivier Favier (journaliste indépendant)
  • Maya Flandin (vice-président du Syndicat de la librairie française / librairie Vivement dimanche)
  • Fabrice Flipo (philosophe)
  • Eric Floury, Hervé Floury & Chloë Bénéteau (librairie Floury-Toulouse)
  • Pascal Franchet (président du CADTM France)
  • Jean-Baptiste Fressoz (historien)
  • Iris Frey (chargée de campagne pour Attac Autriche)
  • Bruno Gaccio (auteur)
  • Khaled Gaiji (président des Amis de la Terre)
  • Guillaume Gandelot (librairie La Friche et président de l’INFL)
  • François Gemenne (chercheur en sciences politiques)
  • Susan George (écrivain)
  • Nicolas Girod (porte-parole de la Confédération paysanne)
  • Barbara Glowczewski (directrice de recherche au CNRS)
  • Pierre-Henri Gouyon (professeur au Muséum National d’Histoire Naturelle Paris)
  • Anahita Grisoni (sociologue et urbaniste)
  • Victoire Guillonneau (organisatrice pour 350.org)
  • Kaddour Hadadi (artiste)
  • Anaïs Henneguelle (maîtresse de conférences en économie à l’université de Rennes 2)
  • Mathilde Houlès (librairie la Friche)
  • François Jarrige (historien)
  • Kévin Jean (président de Sciences Citoyennes)
  • Marie Antonelle Joubert (coordinatrice de l’Alliance Mondiale pour la Justice Fiscale)
  • Jean-François Julliard (directeur de Greenpeace France)
  • Stéphen Kerckohve (délégué général d’Agir pour l’environnement)
  • Marie-Pierre Lajot (éditrice)
  • Mathilde Larrère (historienne)
  • Sonia Larue (réalisatrice)
  • Paul Laverty (scénariste)
  • Stéphane Lavignotte (théologien protestant et militant écologiste)
  • Yvan Le Bolloc’h (chanteur comédien)
  • Nicolas Lefort (librairie Les Guetteurs de Vent)
  • Geneviève Legay (porte-parole d’Attac 06)
  • Elliot Lepers (directeur exécutif de l’ONG - Le Mouvement)
  • Les Ogres de Barback (musiciens)
  • Li-Cam (autrice de science-fiction)
  • Ken Loach (réalisateur)
  • Joëlle Losfeld (éditrice)
  • Priscillia Ludosky (gilet jaune)
  • Josépha Mariotti et Pauline Fousse (éditions Passager Clandestin)
  • Dominique Méda (sociologue)
  • Cécile Menanteau et Géraldine Schiano de Colella (librairie-café Les bien-aimés)
  • Fabrice Michaud (secrétaire général FNST / CGT)
  • Xavier Moni (président du Syndicat de la librairie française / librairie Comme un roman )
  • Gérard Mordillat (écrivain et cinéaste)
  • Corinne Morel-Darleux (autrice)
  • Tatiana Moroni & Amandine Guichon (librairie Les villes invisibles)
  • Mr Mondialisation (journaliste indépendant)
  • Philippe N’go (éditions Moltogone)
  • Claire Nouvian (fondatrice de BLOOM)
  • Rebecca O’Brien’s (producteur)
  • Sandy Olivar Calvo (ANV-COP21)
  • Maxime Ollivier (La Bascule)
  • Yves Pagès (écrivain & éditeur aux éditions Verticales)
  • Emmanuel Poilane (président du CRID)
  • Thomas Porcher (économiste)
  • Julie Potier (directrice générale de Bio Consom’Acteurs)
  • Lison Rehbinder (coordinatrice de la plateforme Paradis Fiscaux et Judiciaires)
  • Cécilia Rinaudo Cécilia (coordinatrice générale de Notre Affaire à Tous)
  • Marie-Monique Robin (documentariste et écrivaine)
  • Jérôme Rodrigues (gilet jaune)
  • Roland Nivet & Edith Boulanger (porte-paroles du Mouvement de la Paix)
  • Olivier Rouard (directeur de la librairie Charlemagne à Toulon et Vice-Président du Syndicat de la librairie française)
  • Christel Rouma (coordination de Bizi !)
  • Liliane Rovere (actrice)
  • Samuel Sauvage (président de l’association Halte à l’Obsolescence Programmée)
  • Agnès Sinaï (enseignante à Sciences Po)
  • Yves Sintomer (politologue)
  • Sylvain Steer (La Quadrature du Net)
  • Bernard Stephan (directeur des éditions de l’Atelier)
  • Henri Sterdyniak (membre des Économistes Atterrés)
  • Jacques Testart (biologiste et écrivain)
  • Alexandra Tobelaim (metteure en scène)
  • Sezin Torçu (chercheuse au CNRS)
  • Usul (youtubeur)
  • Alain V. (Décroissance IDF)
  • Paco Vallat (librairie Terre des livres)
  • Victor Vauquois (Il est encore temps)
  • Léa Vavasseur (Alternatiba)
  • Vincent Verzat (Partager c’est sympa)
  • Denis Vicherat (co-président éditions Utopia)
  • Patrick Viveret (essayiste philosophe)
  • Peter Wahl (Attac Allemagne)
  • Youth For Climate (groupe locaux de Grenoble Lyon Paris/IDF et Saint-Quentin-en-Yvelines)
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RÉGIMEN DEL 78 – El Estado que dejó de ser feliz

News from Attac Spain - Fri, 15/11/2019 - 08:03

elsaltodiario
Pablo Elorduy

ocas horas después de lanzarlo, España Global —el artefacto político-propagandístico antes conocido como Marca España— se veía obligada a retirar de circulación un vídeo animado con el que pretendía defender, de cara a la opinión pública internacional, la sentencia del Tribunal Supremo sobre los hechos del 1 de octubre de 2017. Al margen de la imagen de un trasunto de Oriol Junqueras disfrazado de ‘caco’, el vídeo, publicado el 23 de octubre, concluía con un mensaje con subtexto desesperado: “In Spain there is justice. In Spain democracy works” (En España hay justicia. En España la democracia funciona). Simbólicamente, un vídeo realizado para explicar que todo va como tiene que ir en España fue retirado porque “hería sensibilidades”.

Las imágenes de represión durante la tercera semana de octubre son una ruptura con el imaginario de un país feliz y moderno que fue diseñado para “impresionar al mundo” en la fecha clave de 1992, en Barcelona, y de la mano del abanderado de la selección olímpica, el hoy rey Felipe VI. Los esfuerzos de los deportistas Marca España se topan con la difusión viral de imágenes de policías y mossos cargando contra masas o individuos aislados. “Everybody’s land”, la campaña publicitaria diseñada por España Global para atenuar el impacto de la sentencia del Tribunal Supremo, contrasta con la evidencia de que el delito de sedición encaja como un zapato en una tubería en el ordenamiento jurídico internacional y con el hecho de que al Supremo le será difícil defender en Estrasburgo aspectos como la condena a nueve años de cárcel por la convocatoria de una manifestación pacífica.

Pero además, como alguien señaló en Twitter —donde se volcó la campaña de España Global— era todo un ejercicio de agudeza visual encontrar en el anuncio a una persona “que gane menos de 50.000 pavos al año”.

Una década después del comienzo oficial de la crisis, el número de millonarios se ha multiplicado por siete. Hay 807.000 nuevos ricos —y son ya casi un millón— y, consecuentemente, ha aumentado la cifra de personas en riesgo de pobreza. Los objetivos marcados por la Comisión Europea para 2020 establecen que en el próximo año debe haber “solo” 9,3 millones de personas en situación de pobreza y exclusión. Actualmente hay más de doce millones. La encuesta de calidad de vida, que el INE publicó el 22 de octubre, muestra que un 35% de la población es incapaz de asumir gastos imprevistos. Al comienzo de la crisis el porcentaje era el 29%.

El conjunto de la población, salvo las 800.000 personas que han devenido millonarios a raíz de la crisis, tiene motivos materiales para sentirse menos feliz que en 2008. “Lo que pensábamos que era una crisis se ha convertido en sistema”, afirma la escritora Edurne Portela. “Cada poco tiempo salen noticias de que la riqueza de los ricos ha aumentado a niveles inauditos, mientras que las personas en situación de pobreza o extrema pobreza no varía o, si lo hace, es a peor. Nos hemos quedado estancados en este sistema y creo que, entre las personas que llevan años en situación precaria o de pobreza, se empieza a extender la creencia de que no hay salida, la sensación de desesperanza”, añade.

 

ESPAÑA GLOBAL

Teresa Vilarós es autora de El mono del desencanto, un ensayo escrito en los 90 y reeditado el año pasado al calor del cuestionamiento general que introdujo el movimiento 15M. Para Vilarós, la crisis de 2008 “se llevó por delante todas las aparentes bonanzas económicas a las que nos había acostumbrado el Estado biopolítico del bienestar y el consumismo”. Sin embargo, matiza, la aparición del shock en 2008 no lo convierte en “causante” del caos en el que estamos, sino que es el resultado de un estado de cosas anterior.

 

La profesora de Estudios Peninsulares Contemporáneos en la Universidad de Columbia Ana Fernández-Cebrián sitúa también en esa fecha de 1992 el inicio de un proceso cuya cara amable está hoy encarnada por España Global. El éxito del 92 y del Estado en su empeño de resucitar un orgullo patriótico por la vía de la incipiente Marca España —al principio fue el lema Spain is different— introdujo también la semilla del momento de quiebra. En su momento de mayor expansión funciono como lo que Fernández-Cebrián relata como una idea de nación que habría que “proteger” de las criticas de una supuesta “leyenda negra”.

Las intervenciones en clave internacional de los líderes de los partidos llamados constitucionalistas en el debate electoral del lunes 4 de noviembre, y muy especialmente el argumentario en torno a Latinoamérica —Albert Rivera llegó a hablar de España como matriz de la “patria” iberoamericana— indican hasta qué punto la retórica de la soberanía española sigue siendo en clave colonial. En uno de esos chascarrillos de la historia, la persona designada para comisariar las celebraciones del quinto centenario de la colonización de América en 1992, Manuel Prado y Colón de Carvajal, amigo y administrador privado del rey emérito, terminó en la cárcel por corrupción.

 

Fernández-Cebrián denomina “desarrollismo expandido” a ese proyecto que tuvo su cénit en el 92, “en la medida en que supuso una continuidad y una expansión del modelo económico ‘modernizador’ que el franquismo implementó exitosamente desde finales de los años 50 y en el cual seguimos viviendo en su vertiente neoliberal”. Para su proyección es imprescindible, explica esta profesora, la “construcción de ficciones”, algunas de ellas tan peligrosas como la defensa de la “forma política imperio”.

Solo ETA alteró un plan político y económico que, incluso pese a la banda armada, configuró una idea de España como un país en una transición modélica que fue exportada por todo el mundo a través de campañas de imagen. Una visión moldeada por el Partido Socialista, cuya secretaria de Igualdad, Carmen Calvo, resumió el relato oficial de este tiempo: “Salimos de la dictadura a la democracia sin un solo roce de violencia, salvo ETA”.

Vilarós cree que la entrada en la era de la virtualización —de la “administración de la mente”, cuyo máximo exponente es el capitalismo de Google o Amazon— está haciendo tambalearse “las estructuras que hacían posible la política de la democracia”

 

Portela recuerda que ella creció en un contexto en el que, “aparte del problema gravísimo de ETA y de la guerra sucia por parte del Estado”, la bonanza no era más que parte de otra campaña. “Lo que afectaba directamente a las familias del lugar donde nací yo (la margen izquierda) era sobre todo el proceso de desindustrialización, lo que desde Madrid llamaban ‘reconversión industrial’, que acabó con la forma de vida de muchas familias y un paro juvenil del 50%”.

 

Esta escritora ve algunos paralelismos entre el desencanto que arrojó a buena parte de la juventud a distintas y peligrosas vías de escape en los 80 y lo que sucede hoy con un amplio sector del pueblo catalán: “El desencanto ante las políticas que vienen del Estado español es complejo, no lo podemos achacar solo a un motivo, pero entonces uno de los motivos tuvo que ver con esa crisis y cómo el Estado la gestionó. El caso es que cuando hablamos de ‘desencanto’ hablamos de un sentimiento, de una sensación de desengaño. Y yo creo que algo de eso hay también en el auge del nacionalismo en Cataluña”.

DESENCANTO O SHOCK

 

Vilarós cree que la entrada en la era de la virtualización —de la “administración de la mente”, cuyo máximo exponente es el capitalismo de Google o Amazon— está haciendo tambalearse “las estructuras que hacían posible la política de la democracia”. No hay una posible vuelta atrás, opina, y menos a través de la fuerza, apelando a estructuras de Estado “antiguas y anteriores”. En el caso del Estado español, defiende esta catedrática de la Texas A&M University, “se intenta aplicar una presión tremenda sobre los deseos de arreglo, de recolocación, que tiene la gente”, especialmente en el caso de Catalunya, donde una parte de la población ha encontrado en la demanda republicana una vía —quizá de forma algo ingenua— para la “refundación” de esas estructuras en crisis.

Portela cree que lo que hay en España es un problema político y territorial: “No es solo un ‘problema catalán’ o un ‘problema vasco’, es un problema de todo el Estado español y de la forma en la que se gestiona su pluralidad. Mientras no se abra un debate profundo sobre esto, seguirá habiendo tensión, incomprensión, choque de trenes e incluso violencia. Y llevamos ya demasiadas décadas así”, explica a El Salto.

Frente a las “ficciones del Estado” en forma de España Global o Marca España, considera Fernández, es imprescindible poner “todas nuestras energías” en recorrer el hilo de esa ‘otra historia’, que ha atravesado subterráneamente la historia de los pueblos de España y no ha desaparecido pese a la victoria de la “ley del mercado”.

Para Fernández “una de las mejores cosas del ciclo 2011/2014, del 15M, de las asambleas y de las Mareas es que habilitaron la creación de espacios transgeneracionales que son más necesarios que nunca para que no se produzcan cortes o cesuras de memoria en la transmisión de esos saberes, prácticas y experiencias comunitarias”. Esta profesora cree que, en la actualidad, “tanto el feminismo como los movimientos contra el cambio climático son ‘zonas de obra’ donde esos intercambios y nuevas formas de sociabilidad son todavía posibles a día de hoy”.

“Si el 15M fue la revuelta de quienes veían sus expectativas amenazadas, esta lo es de quienes han crecido sin más expectativa que la precariedad, el hastío y la represión. No reconocen ni necesitan líderes ni directrices, su propio malestar les mueve”; esto escribía en El Salto Joaquim Martínez sobre los disturbios en Catalunya. Portela teme que la sensación de que no hay futuro “no sólo afecta a una generación, sino que hay muchos jóvenes que están llegando a la adolescencia que se han criado ya en familias desahuciadas por la crisis; también a quienes afectó cuando entonces tenían 18 o 20 años; han llegado a la edad adulta sin ningún tipo de perspectiva ni esperanza”.

Qué implicaciones tiene esto?, la autora de Mejor la Ausencia, responde “que hay una gran masa social joven que está perdiendo la ilusión de construirse un futuro, que no puede imaginarse en una situación de normalidad económica que les permita hacer planes, proyectarse. Por supuesto esto afecta a la autoestima y a la forma en la que construimos lazos íntimos y sociales. Me parece una situación tremenda y totalmente abandonada por parte del debate político”.

Una década después de la llegada de la crisis, una nueva generación emerge desde el pesimismo: en su mayoría no tienen un mito fundacional colectivo y feliz al que agarrarse al margen de los éxitos deportivos de la Marca España.

 

PROCESO RECONSTITUYENTE

“Cómo es posible que una gran victoria de la democracia como la exhumación y el fin del mausoleo al dictador algunos en la izquierda la sufran como si fuera una derrota”. Así hablaba Pedro Sánchez el 24 de octubre, el día de la exhumación del cadáver de Francisco Franco y su traslado desde el monumento fascista del Valle de los Caídos a un cementerio público en la localidad madrileña de El Pardo. Confiado en el golpe de efecto conseguido por el traslado del féretro del dictador, Sánchez se dibujaba de nuevo en el centro de un paisaje mental victorioso frente a la oscura atracción hacia el derrotismo que achaca al espacio de la “extrema izquierda”.

 

El primer signo de vida inteligente del anterior jefe del Estado fue en la revista estadounidense Newsweek. En abril de 1976, Juan Carlos I deslizaba su decepción con Carlos Arias Navarro, entonces presidente del Gobierno, que pocas semanas más tarde sería la primera pieza de “El Pardo” sacrificada por el sistema superador del franquismo. El borbón ponía la primera piedra de la “modernización” que Barcelona mostraría al mundo al ritmo del All my loving de Los Manolos y del paso firme del entonces príncipe Felipe.

 

El primer acto significativo del reinado de Felipe VI fue el discurso del 3 de octubre de 2017. Una proclama a la defensiva, el mismo día de la huelga general que paralizó Catalunya dos días después del referéndum simbólico del 1 de octubre. Un cierre de filas al que debe contribuir —así lo esperan las distintas familias del poder— la reconstitución del bipartidismo que se espera como resultado de las elecciones generales de mañana, 10 de noviembre. Fue también un discurso de calado histórico, el comienzo del fin del mito de la España feliz.

 

Para Portela, es fundamental el papel de la cultura para “ayudarnos a imaginar al ‘otro’ fuera de las lógicas de la exclusión”. De este modo, concluye Portela, la “exclusión y la conformación del ‘otro’ como enemigo es una de los grandes peligros de todo nacionalismo (español, vasco, catalán, lo que sea) contamina nuestra imaginación, la radicaliza y llega incluso a justificar la violencia contra aquel que no considero que forma parte de mi comunidad idílica deseada. Eso sólo se cambia transformando la imaginación y los afectos de las personas, haciendo ver que ninguna comunidad puede estar centrada en identidades fijas y mucho menos identidades etnicistas”.

Pero ese ‘otro’ es mucho más tangible, cercano y sobre todo funcional que el gran ‘otro’ que ha emergido desde la crisis de 2008 y que se sitúa como el objeto de conflicto fundamental de las sociedades globalizadas. Vilarós define este tiempo aludiendo a la estupefacción ante el final de las certezas y el auge de la informática: “No es casualidad que la crisis del 2008 acompañe la aparición de los teléfonos inteligentes. De la biopolítica anterior en la que se amparaban los estados del bienestar occidentales hemos pasado a la aparición de la nootecnología (un neologismo que define la dimensión “espiritual” de la tecnología y su capacidad de intervención material) en nuestro mundo de hoy y que arrasa con todo lo anterior, incluida la tierra misma”. La autora de El mono del desencanto sigue al psicoanalista Jacques Lacan para definir como un “enigma” a ese otro —un monstruo o un fantasma— ante el que estamos “aterrados, desnudos y precarios”, explica. “Pedimos al monstruo que se nos aparezca en forma de políticos reales, corporaciones amables, naciones estables, democracias habitables”, pero el monstruo no está ahí para conceder deseos; su sola presencia nos desestabiliza y nos pone en crisis.

Tras diez días de incendio político y social en Catalunya, el presidente en funciones lanzaba con la exhumación del cadáver de Franco un mensaje emocional, destinado a esa que se ha llamado “mayoría cautelosa” que, se espera, reaccione buscando los referentes conocidos. Una mayoría que opte por el ensueño de la recolocación en el espacio de lo que pudo ser una “España feliz”. Con el vuelo en helicóptero del féretro del dictador, Sánchez completaba con perfecto timing —en campaña electoral— el relato —o storytelling— de que en España hay justicia y la democracia funciona. Pero, rodeando como una sombra el aparato de la España Global y sus campañas publicitarias, aparece el mismo fantasma que recorre el mundo, que hasta ahora se comporta enigmáticamente y que genera, aquí y allá, situaciones explosivas que amenazan con terminar con todo lo anterior y arrojarnos a un futuro del que no sabemos nada.

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El manual para resistir contra los abusos del capitalismo de vigilancia: más regulación y participación ciudadana

News from Attac Spain - Thu, 14/11/2019 - 20:02

eldiario.es
Aldo Mas

Cuando la autora estadounidense Shoshana Zuboff publicó su último libro The Age of Surveillance Capitalism o ”La edad del capitalismo de vigilancia” (Ed. Public Affairs & Profile Books, 2019), esta profesora emérita de la prestigiosa Harvard Law Business School pensaba que la promoción de su obra duraría tres o cuatro semanas. No podía estar más equivocada.

Su libro se ha convertido en un superventas global. De ahí que lleve ya once meses dando la vuelta al mundo protagonizando actos como el que esta semana le traía a Berlín. Zuboff aceptó la invitación del Instituto para Internet y la Sociedad Alexander von Humboldt (HIIG, por sus siglas en alemán) de Berlín para presentar en la capital alemana las principales tesis de su libro, un concienzudo análisis de 700 páginas sobre la deriva que ha tomado el capitalismo de la mano de empresas como Google o Facebook.

Pero, en Berlín, Zuboff también ofreció ideas básicas de resistencia ante ese “nuevo orden económico en el que se reivindica que las experiencias humanas son materia prima para prácticas comerciales ocultas, la predicción y las ventas”. Esa es la primera de las definiciones de capitalismo de vigilancia que ofrece Zuboff en su libro. En él, hay hasta ocho acepciones. Ninguna es positiva.

Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Harvard Law Business School y autora del libro 'The Age of Surveillance Capitalism'. Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Harvard Law Business School y autora del libro ‘The Age of Surveillance Capitalism’. PUBLIC AFFAIRS & PROFILE BOOKS

Esa primera definición toca un tema que vertebra todo el trabajo de Zuboff a cuenta de esta nueva forma de capitalismo. Gracias a sus smartphones y al tiempo que pasan online, los usuarios producen datos, información sobre sus “experiencias humanas” que recopilan, analizan y compra-venden los actores tecnológicos. El estudio de esos datos incluye un conocimiento en profundidad de los comportamientos de los usuarios. “Inventado en Google a principios de siglo, el capitalismo de vigilancia comienza con el robo secreto de las experiencias privadas humanas, ahora declaradas como una materia prima para su transformación en información sobre el comportamiento”, explicaba Zuboff en la tribuna que el HIIG le había preparado en la mayor sala de la Sociedad Científica Urania de Berlín.

Grosso modo, los datos sobre privacidad que ceden los usuarios a las firmas que construyen aplicaciones informáticas tienen un uso comercial. Suele decirse que “si la app es gratis, es que tú eres el producto”. Sin embargo, Zuboff va más allá. “Tú no eres el producto, tú eres el cadáver abandonado. El ‘producto’ se deriva del excedente que se arranca de tu vida”, escribe Zuboff en su libro, aludiendo a los datos que se extraen de las vidas privadas de los usuarios a través del uso de servicios como los que pueden ofrecer Google o Facebook.

Hay un peligro asociado a este proceso de extracción de información que las empresas del sector tecnológico terminan monetizando. Lo recordaba Zuboff en Berlín: en experimentos realizados en 2012 y 2014, investigadores de Facebook demostraron en estudios que la empresa puede “manipular mensajes subliminales y dinámicas sociales comparadas en páginas de Facebook para cambiar comportamientos y emociones reales” y, todo ello, sin que el usuario se dé cuenta. Zuboff citaba en este punto de su intervención a investigadores a cargo de la empresa de Mark Zuckerberg.

La ley y los usuarios, en contra

La profesora emérita de la Harvard Law Business School denuncia los negocios millonarios que se hacen con predicciones relativas al comportamiento de los usuarios. Una lucha económica de la que parece no hablarse lo suficiente y que el trabajo de Zuboff pone sobre la mesa. Las grandes corporaciones tecnológicas compiten a día de hoy, entre otras cosas, por “mejorar la calidad de esas predicciones” que esas empresas ofrecen a sus clientes.

Frente a este negocio, la autora de The Age of Surveillance Capitalism, pedía en Berlín “nuevas formas de acción colectiva”. Entre ellas, una nueva legislación es a todas luces necesaria. De ahí que Zuboff rompiera una lanza a favor de “interrumpir el suministro” de información con el que los actores del sector tecnológico hacen dinero e “interrumpir la demanda” de esa información. En este momento de su intervención, desarrollada ante varios centenares de personas, Zuboff arrancó un aplauso unánime.

Portada del libro 'The Age of Surveillance Capitalism', de Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Harvard Law Business School. Portada del libro ‘The Age of Surveillance Capitalism’, de Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Harvard Law Business School. PUBLIC AFFAIRS & PROFILE BOOKS

“Para encontrar remedios, tenemos que mirar a una única fuente: la democracia, o sea, la ley y nuevos paradigmas reguladores”, comenzaba una Zuboff que se decía “optimista” ante las posibilidades de cambio. “La toma ilegítima, secreta y unilateral de la de las experiencias humanas para transformarlas en datos debe ser ilegal. Los capitalistas de vigilancia pensaron que podían tomar nuestras caras cuando querían, por ejemplo, para acabar en sus sistemas de reconocimiento facial que luego se convierten en datos y después se venden para llevar a cabo operaciones militares, incluyendo las que se producen para encarcelar a la minoría uigur en China”, explicaba Zuboff, aludiendo a “la interrupción del suministro”.

Además, tenemos que interrumpir la demanda, es decir, eliminar los incentivos para vender predicciones de comportamiento humano. ¿Cómo hacemos eso? “Haciendo ilegal los mercados donde se comercia con las predicciones del futuro de los humanos”, abundaba Zuboff. Para ella, la prohibición no tiene por qué ser problemática. “Otros mercados son ilegales. Los mercados con órganos humanos son ilegales porque se tienen consecuencias destructivas predecibles para la gente y para la democracia”, decía Zuboff. Otros mercados apuntados en Berlín por la autora The Age of Surveillance Capitalism  que se encuentran en la misma situación son, por ejemplo, el de esclavos y el de bebés humanos.

‘La resistencia’ en ‘la casa de Google’

“Los mercados que comercian con futuros de los humanos deberían ser ilegales porque son los enemigos de la autonomía humana y porque producen asimetrías de conocimiento”, según Zuboff. Esa asimetría surge del espionaje al que se somete al usuario online, que no es consciente de la extracción de sus experiencias. Entre las nuevas formas de acción colectiva necesarias para enfrentarse a la arquitectura del capitalismo de vigilancia figuran, junto a la ley, los propios usuarios.

“Los capitalistas de vigilancia son ricos y poderosos, pero tienen un talón de Aquiles: tienen miedo de la ley, temen a legisladores que no están confundidos ni intimidados y, en último término, os tienen miedo”, afirmaba Zuboff señalando a su público. “Tienen miedo a ciudadanos que estén listos a pedir un futuro digital que podamos llamar nuestra casa”, abundaba.

El presente digital, según lo describe Zuboff, es más bien el hogar de las grandes corporaciones. Sabiendo que incluso instituciones como el HIIG están cofinanciadas por Google, da la impresión de que los grandes capitalistas de la vigilancia son, hoy por hoy, tan poderosos que se permiten invitar a su casa a la “resistencia”, representada por Zuboff y sus seguidores. Preguntada tras su intervención en Berlín sobre si veía problemática esta “participación” del gigante tecnológico estadounidense en el evento que ella protagonizaba, Zuboff reconocía: “lo es, absolutamente”.

“Google está ahí fuera limpiando su imagen de cualquier manera imaginable”, según Zuboff. Ella es responsable de una mancha de impacto global para empresas como la del famoso buscador. Tiene 700 páginas y se titula The Age of Surveillance Capitalism.

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Emergencia climática y transición hidrológica

News from Attac Spain - Sat, 09/11/2019 - 10:25

Alberto Fraguas coordinador del Observatorio de Ecología Política de Attac
lapenultima

Como es bien conocido, el cambio climático tiene unos efectos indirectos en los distintos vectores ambientales cuya gravedad en muchos casos no es bien conocida. Uno de los que mayores implicaciones ecológicas y sociales lo es sobre el agua en cuanto a soporte ecosistémico y como factor vital para las poblaciones humanas y muy especialmente en Europa en países del arco mediterráneo como España.

La gestión del agua en nuestro país siempre ha estado teñida de prejuicios ilusorios que dominaron los siglos pasados en cuanto a que con infraestructuras que «lleven el agua a donde se necesite» se resuelve el problema olvidando que hay dos condiciones previas que aunque obvias deben ser recordadas: que, en efecto, haya agua disponible como recurso para llevar, y otra que en múltiples ocasiones se olvida, sea realmente necesaria, medida esta necesidad en términos de eficiencia.

Parecen dos cuestiones de perogrullo… pero sin embargo son trascendentales para orientar la política hidrológica y más ahora en tiempos de crisis climática con próximos procesos de nuevas e intensas sequías. En principio hay que empezar a eliminar ese cliché de que el agua es un recurso renovable tal y como hasta ahora se ha pensado. Las crecientes pérdidas en la cantidad de precipitaciones y escorrentías que llegan a los cauces superficiales y acuíferos, y el descenso de la calidad del agua, hace que debamos considerar el recurso hídrico cada vez como más escaso, y por tanto planificar su uso en función de demandas concretas que lo hagan sostenible.

Todo ello es imprescindible en una nueva lógica cual es que la dependencia de unas infraestructuras cuyo uso queda a la natural incertidumbre de si hay o no recurso hídrico genera evidente inseguridad. Así en los últimos años; embalses, trasvases, canalizaciones, etc… se han visto infrautilizados (en algunos casos inutilizados) por falta de previsión operativa que ha implicado en la falta de garantías de disponibilidad a pesar de los enormes impactos ambientales que su construcción conllevó.

El Cambio Climático crea nuevos paradigmas en la gestión del agua, haciendo derivar la mirada a la eficiencia de la misma, al para qué el agua, a la gestión desde la demanda. El informe de Diciembre del pasado 2018, presentado en el Parlamento español por la Subcomisión de Cambio Climático y Agua, recoge las observaciones de decenas de expertos de nuestro país al respecto de las tendencias que tendrá el clima y sus repercusiones en un recurso tan esencial vital, económica y ecológicamente como es el agua.

Todas las simulaciones y previsiones apuntan, de forma consistente, a notables incrementos de la temperatura media, que dependen del nivel de emisiones que se produzca en el futuro, pero respecto a las precipitaciones, las expectativas en espacios mediterráneos prevén una importante tendencia recesiva que se acentúa en horizontes de finales de siglo y en escenarios pesimistas, en los que se incumplen los acuerdos de París referentes a la lucha contra el Cambio Climático. La conclusión es que, se prevé una reducción de caudales medios, desde 2010 a finales de siglo del orden del 24%, que puede llegar a situarse entre el 30 y el 40% en las zonas más sensibles (Este y Sureste de la península ibérica).

Esta situación hace que deba extremarse la eficiencia en la gestión del agua, y que esta mejora esté basada en optimizar las técnicas de gestión y gobernanza, a los que nos aboca este nuevo escenario creado por el calentamiento global, en base a una evidencia: no se pueden cumplir los nuevos retos con viejos principios y obsoletas herramientas.

La naturaleza nos está marcando los pasos a dar instando a la necesidad de una profunda revisión de nuestro modelo económico y con él, como parte esencial, nuestro modelo convivencial y de uso seguro y justo (sostenible decíamos hace años) de los recursos naturales; en especial el agua. Negar esta situación es engañar a la ciudadanía y arriesgarnos a colapsos sociales y ecológicos que crearán mayores fracturas económicas y más desigualdades. Las políticas basadas en la sostenibilidad no son ni más ni menos políticas tendentes a la seguridad global y este hecho es palmariamente evidente en cuanto al agua.

La Ecología nos ha enseñado en las capacidades homeostáticas, de equilibrio, de los sistemas. La apelación a la autosuficiencia hídrica (usos/recursos en equilibrio dependiente) es la única forma de minimizar riesgos al sistema global creando las garantías necesarias de equidad social y equilibrio económico.

En política hídrica llevamos demasiado tiempo creando dependencias que excluían otras alternativas de gestión y planificación. Quizás para ello sea necesario desmitificar la utilidad de las falsas soluciones infraestructurales o económicas. La naturaleza está dando ya claras señales de alerta ante políticas hídricas (y en general de uso de recursos naturales) que ahondan en desequilibrios territoriales y económicos y debemos atender a estas señales por la propia cohesión social, por nuestra propia seguridad.

Necesitamos conocer para comprender y necesitamos comprender para tomar decisiones. La base esencial de una nueva orientación de la gestión hídrica a la que nos empuja el Cambio Climático, es revisar muy bien si lo que sabemos es suficiente, auditar lo que conocemos sin «hacernos trampas a nosotros mismos» y ser conscientes de las carencias informativas y por tanto que cualquier decisión que tomemos asentados o a pesar de esas carencias, nos llevará al camino equivocado. En este sentido es imprescindible replantear los procesos de planificación hidrológica en marcha pues en ellos se plantean actuaciones que vienen siendo reivindicadas desde hace años (en algún caso décadas) y cuya puesta en marcha no solo es muy cuestionable en sí (regadíos) sino que podría tener efectos derivados de alto impacto en las garantías de suministro a poblaciones y en el mantenimiento de caudales ecológicos.

La transición hidrológica se debe iniciar desde ahí; revisando y redefiniendo todo lo hecho, huyendo de prejuicios forzados por intereses privativos o incluso societarios o personales inerciales, donde la función pública y sus gestores deben también hacer un esfuerzo para afrontar los nuevos retos, saliendo del inmovilismo y de los hechos consumados que se alejan del aseguramiento del bien común. Para garantizarlo en este proceso de nueva gobernanza del agua la ciudadanía debe ocupar un papel relevante instando a los poderes públicos a que cumplan su función de dotar de seguridad al sistema ante los nuevos desafíos.

Por tanto, los nuevos paradigmas de transición hidrológica y de nueva gobernanza deben partir de un autoexamen objetivo y solo así se puede construir el discurso necesario para adaptarnos al cambio global. Un nuevo Diagnóstico basado en una necesaria nueva información que nos lleve a una gestión del Derecho Humano al Agua como una herramienta de bien común donde la renovabilidad de los ecosistemas hídricos marque las pautas a seguir, considerando la gestión del agua como un Servicio Público que como tal debe primar sobre cualquier otra consideración mercantil y refrendar todo ello en un nuevo marco regulatorio que aporte homogeneidad y garantías de seguridad a la ciudadanía y a los ecosistemas.

Pilares esenciales de la transición hidrológica son, pues, en resumen:

  • La resiliencia ante el cambio climático implica reorientarla planificación hidrológica y las decisiones sobre necesidades infraestructurales. Sobre esta base debe orientarse una cohesión social y sostenida en el tiempo y sostenible en lo ambiental, aportando la necesaria seguridad en ambos aspectos. La revisión de la información existente en cuanto a calibrar los usos y presiones sobre el medio hídrico se hace urgente, integrando en la misma nuevas metodologías y criterios (servicios ecológicos).
  • Esta situación hace que debamos adaptarnos a los principios marcados por la naturaleza, acoplar nuestros objetivos a sus ciclos integrales de renovación de materiales (ciclo en su globalidad). En suma, buscar en materia de agua la autosuficiencia en la relación uso/recurso e invertir en infraestructuras «verdes» que coadyuven en esta política de transición hídrica, entre ellas actuaciones ligadas a restauración de riberas e hidrológicoforestales y de drenaje sostenible.
  • La priorización del agua de consumo humano en cantidad y calidad debe garantizarse en todos sus términos sin afección o riesgo alguno obviamente sobre la salud. La deficiente calidad existente de las aguas sea por mala gestión del territorio y los ecosistemas o falta de depuración debe ser un reto ineludible.
  • La coordinación de las políticas sectoriales (energética, agraria, territorial, …) con la hidrológica, se revela como un aspecto central en el nuevo escenario. La falta de integración es uno de los más claros retos pendientes.
  • La nueva gobernanza implica por una parte mejorar la coordinación administrativa a los tres niveles (AGE, Autonómico y Local) pero también integrar más decididamente la participación ciudadana (y por tanto la transparencia y rendición de cuentas) en las decisiones.
  • Para todo ello, es imprescindible avanzar en el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas al ciclo del agua en sus distintos estudios: desde la incentivación de la regeneración, reutilización, desalación, control de calidad, teledetección, TICs para optimización de gestión y control de concesiones, etc… Asimismo, el uso de energías renovables en la gestión del agua es otro elemento básico para abaratar costes de gestión y minimizar el cambio climático.

Sabemos pues lo que hacer. Ahora toca voluntad para hacerlo …y cada vez queda menos tiempo.

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Latinoamérica, más progresista

News from Attac Spain - Fri, 08/11/2019 - 17:21

publico
Alfredo Serrano  director CELAG

Ni en las urnas ni en las calles. Ni fin de época ni fin de ciclo. Ni tampoco hegemonía conservadora. Los análisis al calor de la coyuntura suelen padecer de una notable miopía: no ven más allá de lo que ocurre en el cortísimo plazo. Definitivamente, el progresismo no murió con el triunfo en las urnas de Macri en 2015.

Muchos creyeron que la victoria electoral de la propuesta conservadora en Argentina era el punto de inflexión definitivo e irreversible en el rumbo ideológico de Latinoamérica. Ese éxito electoral era muy diferente a lo que había ocurrido en la región. ¿Por qué? Porque las interrupciones del ciclo progresista en Honduras, Paraguay y Brasil no se lograron desde un inicio con votos, sino que se tuvo que acudir a vías no electorales: golpe militar, juicio político, lawfare… Ni siquiera en Ecuador el neoliberalismo ganó en las urnas: en su momento, Lenín Moreno fue elegido como la opción correísta, con un programa progresista.

Sin embargo, en Argentina, el macrismo sí había logrado llegar a ser gobierno siendo electo. Y eso es, precisamente, lo que le hizo ser el referente de todo lo que acontecía en la región. El suceso argentino se convertía, así, en el ejemplo conservador para llegar a ser gobierno, derrotando a un proyecto progresista. Incluso fue usado como regla general, eclipsando lo expuesto anteriormente: el resto de propuestas conservadoras sólo habían logrado derrotar a gobiernos progresistas por medio de interrupciones no electorales.

Sin embargo, el triunfo electoral de la propuesta neoliberal en Argentina menospreció dos aspectos que seguramente ahora explican, en parte, la reciente debacle electoral de Macri. Por un lado, la victoria tuvo lugar en un contexto caracterizado por condiciones particulares: Cristina no era la contrincante, el candidato elegido no fue el mejor y había división en el resto de fuerzas. A pesar de todo ello, Macri sólo ganó por algo menos de 3 puntos y en segunda vuelta.

Por otro lado, ganar una cita electoral no significa que se modifique inmediatamente la matriz de valores de una sociedad a favor de la propuesta vencedora. Luego de años de un Gobierno nacional y popular, existe un proceso de sedimentación de un conjunto de sentidos comunes progresistas que perduran más allá del vaivén electoral y que no admite retrocesos económicos ni sociales de la noche a la mañana. Por ejemplo, según la encuesta CELAG, el 76,4% de los argentinos piensan que el Estado debe intervenir en la economía para disminuir injusticias sociales; más de la mitad de la población considera que los planes sociales son imprescindibles para dignificar la vida de los pobres; dos tercios creen que hay que promover la industria nacional y el consumo interno frente a abrirse al mundo en base al libre comercio.

Con esas debilidades de partida, luego le llegaba la tarea de gobernar un país. Y entonces, Macri y su equipo demostraron su incapacidad. Confundieron el ejercicio de gestionar con una campaña comunicacional permanente. Cuando el relato se disocia de la cotidianeidad, la fecha de caducidad del proyecto se precipita.

Y así fue. En las pasadas elecciones el Frente de Todos obtuvo una victoria holgada en primera vuelta, derrotando en las urnas a la propuesta neoliberal. Esta vez, al contrario de lo que ocurriera hace cuatro años con la victoria de Macri, el triunfo no aconteció en soledad, no fue un hecho aislado. La victoria progresista argentina ha venido acompañada de otros tres resultados electorales que están en sintonía: la que logró Evo Morales en primera vuelta en Bolivia hace unos días; la derrota del uribismo en las elecciones seccionales colombianas, en las que una propuesta de centro-izquierda se quedó con la capital; y, por último, a falta de lo que suceda en la segunda vuelta en Uruguay, por ahora, el Frente Amplio, la fuerza progresista, es la que más votos obtuvo, con una diferencia de 10 puntos respecto a la segunda opción.

A ese escenario hay que sumarle México, con una política exterior cada vez más latinoamericanista, que permite conformar un polo geopolítico progresista sólido con capacidad de contrarrestar al gigante Brasil mientras éste sea gobernado por Bolsonaro.

Y, además, hay que tener en cuenta que el neoliberalismo en la región no pasa por su mejor momento. En Chile la inestabilidad llega a su extremo; en Ecuador la gente no permitió que el FMI gobernara; en Perú, sin Congreso, el país está entrampado en sus propias reglas; e incluso en Paraguay, Mario Abdo está con serios problemas de gobernabilidad con apenas algo más de un año de mandato.

Mientras tanto, el Grupo de Lima se desvanece al mismo tiempo que Nicolás Maduro continúa ejerciendo su cargo como presidente constitucional de Venezuela.

Así está, grosso modo, el tablero regional, con un neoliberalismo en relativa dificultad para garantizar estabilidad y un progresismo in crescendo en sus múltiples variantes y que se acopla a sus nuevos desafíos. La región sigue en disputa. Siempre lo estuvo y lo estará. Y en este péndulo, a día de hoy, Latinoamérica es más progresista que ayer.

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La corrosión de las clases medias en España

News from Attac Spain - Thu, 07/11/2019 - 09:37

infolibre
Albino Prada

La disputa por el centro del espectro político y la defensa o representación de las clases medias son objetivos de cabecera para muchos gurús y sociólogos. Se ofrece una escalera social y el presunto retorno a un país de la infancia con crecientes clases medias. Y, sin embargo, …

La punta del iceberg: un 20% de excluidos

Según el muy consolidado Informe FOESSA, la integración social en España lleva demasiados años (tanto con crecimiento económico ahora, como antes con recesión) gozando de mala salud. El informe analiza con detalle lo que denomina exclusión social total y exclusión social severa. Entre 2007 (el último año previo a la Gran Recesión) y 2018 (ya en recuperación y con un PIB real superior al de 2007), la población excluida en España pasó de 7,5 millones a 8,5 millones; la que sufre exclusión severa de menos de tres millones a más de cuatro millones de personas (página 215). España es ya hoy, cuando se habla del lobo de una nueva recesión, un país con una exclusión social mayor que hace once años. La crisis de 2008, si acaso y en consecuencia, habría quedado atrás para otros.

También se nos informa (página 231) de que el porcentaje de hogares sin ingresos es en 2018 casi el doble que en 2007, o de que la población en riesgo de pobreza (páginas 162 y 288) habría crecido mucho más en España que en el conjunto de la Unión Europea entre esas dos fechas. Reitero: más exclusión y pobreza mientras España ha recuperado los niveles de producción  y riqueza previos a la crisis.

No debiera extrañar que entre esas dos mismas fechas algunas carencias hayan reforzado su presencia entre nosotros (página 236): así la de la población que no puede comer carne o pescado con cierta regularidad, la que no puede mantener una temperatura adecuada de su vivienda, o la que no puede cambiar de ropa o tener más de un par de zapatos.

La base del iceberg: un 60% de devaluados

El agravamiento de la situación de los excluidos entre 2007 y 2018 contrasta con la aparente estabilidad que el informe recoge (en su página 213) en la población con integración plena (casi el 49%) y con integración social precaria (el 34%). Aunque en este caso se nos informa de que entre ambos años los precarios habrían disminuido en favor tanto de los excluidos como de los muy integrados.

Para aclarar la situación de aparente estabilidad de este 80% de población más o menos integrado o acomodado (que incluiría las clases altas y las llamadas clases medias, lo que en el informe llaman sociedad de las oportunidades) conviene consultar fuentes alternativas dado que FOESSA centra su atención y análisis en aquél 20% de excluidos.

Y contestar así a estas preguntas: ¿qué está sucediendo dentro del otro 80% de más o menos acomodados además de un cierto drenaje hacia los excluidos? ¿Cuál es el grado de precarización de esa mayoría social respecto a 2007?

Un claro indicador, a mi juicio, de dicha precarización lo tenemos en que a tenor de las estadísticas de nuestro Ministerio de Hacienda, con base en las declaraciones del IRPF, en el año 2017 más de doce millones de declaraciones (nada menos que el 62 % del total) anotaban una base imponible por debajo de los 21.000 euros. Un porcentaje y una cifra de declaraciones muy semejantes al de diez años antes.

Claro que debe enfatizarse que mantener en diez años los mismos contribuyentes por debajo de dicho listón, es una muy mala noticia si tenemos en cuenta que el deterioro del umbral de 21.000 euros de 2017, a causa de la inflación anotada a lo largo de esos diez años, los hace equivalentes a 18.500 euros de 2007. Lo que supone toda una precarización y devaluación de la base imponible real de casi un 60% de los declarantes del IRPF. Estamos hablando de un porcentaje de población, y un listón de renta, que va mucho más allá del 20% de población considerada excluida en el informe FOESSA (excluidos que, en general, no está obligado a presentar dicha declaración).

Es este un claro síntoma del proceso de corrosión de la clase media en España, que coincide con el deterioro comprobado recientemente por los expertos Olga Cantó y Luis Ayala como uno de los más intensos en Europa, y que nos sitúa muy cerca del nivel de polarización social de los Estados Unidos. Para la mitad de la población española ha sido continua su recesión social a lo largo de esta última década.

Final: dos relatos

En este contexto de corrosión de las clases medias, según los autores del informe FOESSA, los que “están en una situación acomodada, creen tener la razón en sus ideas y en sus prácticas cotidianas… suelen echar en cara, a los excluidos, su desafección y su responsabilidad por estar en esa situación y, a los inseguros, que manifiesten su malestar de forma airada”. Toda una narrativa o relato como ahora se dice.

Los que hablan en nombre del sector acomodado (ni de los excluidos, ni de los devaluados) se autodefinen como “cautelosos”, “coherentes”, “centrocampistas”, “estables” (tal como predica el gurú de La Moncloa Iván Redondo, frente a airados y radicales) y ofrecen un virtual proyecto para un resurgir de las clases medias.

Pero lo cierto es que el incontestable incremento de los excluidos y de los precarizados entre 2007 y 2018 en España (cuando en el país se genera ya una mayor riqueza) no parece que sea responsabilidad de ellos mismos por pasiva o por activa. Sí lo es responsabilidad de patriotas xenófobos que con una mano contratan como negreros a los mismos inmigrantes que quieren expulsar con la otra.

No deja de parecerme curioso que en una estructura social cada vez más polarizada como la española se venda el centrismo como posición determinante, a no ser que se trate de un ideologema, un oxímoron, al servicio de la abducción neoliberal de la izquierda en combinación con otros trucos como la cibernética económica con la que algunos confiesan dormir de maravilla. Serían los ofuscadores, inventores de subterfugios, charlatanes mistificadores y manipuladores de jerigonza (A. Césaire, 1950), bien pagados y que, año tras año, no hacen más que multiplicarse a través de las más diversas tertulias, columnas y comentaristas.

Sin embargo, como en la llamada recuperación, y en este hipercapitalismo global, ese retorno de la escalera social y de la ampliación de las clases medias, no está en el horizonte de lo esperable en los próximos años, me parece crucial plantear una redistribución del trabajo y de la riqueza en un nuevo contrato social del siglo XXI. Algo que no sucederá, como  demuestra la historia, sin una rotunda movilización social desde posiciones de izquierda.

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Dos debates actuales: empleo y desigualdades territoriales

News from Attac Spain - Wed, 06/11/2019 - 09:33

mientrastanto
Albert Recio Andreu

 

Este mes me ha salido una nota deslavazada, fruto de la variedad de espacios en los que me tengo que mover. En un momento convulso y donde el análisis frío es más necesario que nunca. Por esto voy a meterme en dos cuestiones dispares: el comentario de la última EPA y el debate sobre la dinámica territorial.

Una EPA preocupante: ¿Recesión o agotamiento del modelo?

La publicación de la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre del año ha ofrecido un dato preocupante, que se suma a las incertidumbres que vamos advirtiendo en los últimos meses.

Tradicionalmente el tercer trimestre es el mejor en términos de empleo. Algo que se explica por la enorme estacionalidad de la economía española. Especialmente por la importancia de la actividad turística (que incumbe a una variada gama de sectores: hostelería, transporte, comercio, actividades artísticas y recreativas), a lo que se suma el empleo generado en las sustituciones por el período vacacional. Es un empleo temporal, de corta duración, pero para mucha gente supone el único período del año que le permite ganar alguna renta.

Este año se ha vuelto a generar empleo (69.400 empleos netos). Lo preocupante es que se trata de la peor cifra desde 2012, en plena recesión, cuando el crecimiento del empleo en el mismo trimestre fue exactamente de la misma cantidad. Cabe señalar además que la cifra total de empleo alcanzada sigue siendo inferior a la de 2008, cuando empezó la crisis (en concreto, 682.000 empleos menos). Ello indica que podemos estar ante un máximo sustancialmente insuficiente y que si el ciclo continúa vamos a experimentar un aumento del desempleo en los próximos meses.

Cuando se aborda un problema de empleo hay dos tipos de formas de hacerlo. Una, la que más prolífera, es considerarlo como resultado de un ciclo o de vaivenes generales de la actividad económica. Más o menos como el oleaje. Hay razones para entender que estos ciclos son habituales en las economías capitalistas, fruto sobre todo del complejo mecanismo de la inversión privada, la rentabilidad y su interacción con el sistema financiero. Entender la situación como un ciclo temporal proporciona algún alivio. A una fase descendente le sucederá una recuperación, por tanto el mal trago del desempleo será temporal. Y además la situación puede paliarse mediante políticas macroeconómicas adecuadas. Otra cosa es que las recetas ortodoxas practicadas en los últimos años sean las mejores o simplemente hayan contribuido a empeorar la situación. Pero si el problema sólo fuera éste se trataría simplemente de encontrar la respuesta macroeconómica correcta para minimizar el ciclo económico negativo.

Pero hay otra forma de analizar la situación. Y es la de ver si la estructura económica local tiene problemas que profundizan los riesgos y dificultan las respuestas a corto plazo. En una economía altamente globalizada se ha producido un grado de especialización territorial que sitúa a determinados países en situaciones de mayor debilidad que otros. De hecho, esto se conoce desde hace mucho tiempo: los países en desarrollo superespecializados en el monocultivo agrícola o en la monoextracción de algún mineral han experimentado numerosos sobresaltos cuando su producto básico ha experimentado una variación significativa. Por ello, también las áreas metropolitanas más densas y variadas en actividades suelen capear mejor los temporales que las regiones periféricas habitualmente más especializadas.

Las peores crisis suelen crearse cuando en un territorio confluyen una recesión, o un ciclo negativo global, con el agotamiento de su particular modelo de especialización.  Esto es lo que ocurrió en España en 2008, cuando gran parte del desarrollo estaba basado en la expansión de la construcción, tanto en su vertiente inmobiliaria como en la inversión pública. El final de la burbuja inmobiliaria arrastró al  abismo al conjunto de la actividad.

Si ahora la situación vuelve a ser preocupante es debido a que el análisis del desarrollo actual muestra que ha sido el turismo el principal impulsor del crecimiento. Excepto el sector de sanidad y servicios sociales, impulsado por el envejecimiento de la población, ningún sector ha creado tanto empleo como el de hostelería. Y como he comentado anteriormente, el impacto del turismo alcanza a otras muchas actividades. No ha habido de hecho un cambio estructural importante, sino el aprovechamiento de un ciclo turístico que solo los insensatos podían esperar que fuera indefinido. España seguirá siendo un destino turístico mientras no cambien radicalmente el coste de los transportes u otras condiciones. Pero es impensable que pueda mantener un crecimiento continuado. El cambio en las condiciones políticas ha permitido renacer a alguno de los destinos competidores, y la propia recesión y lo que resulte del Brexit afectará a la demanda. Como en 2008, volvemos a estar ante el peligro de que se combinen en un mismo período una recesión general y el agotamiento del modelo.

El  problema territorial: datos para el debate

Esta mañana he mantenido un pequeño debate con un cualificado dirigente independentista donde me trataba de justificar su posicionamiento. Su argumento fundamental es que en los últimos veinte o treinta años las élites españolas han organizado una dinámica política y económica orientada a convertir a Madrid en una especie de estado autónomo a costa de la periferia. Madrid crecía a costa del resto. Y por tanto la única posibilidad de salirse de esta dinámica era de la independencia.

Al llegar a casa he optado por lo que considero más racional. Ver en qué medida los datos aguantan el argumento. Y esto en una doble perspectiva: la de Madrid respecto al resto de comunidades autónomas en general y respecto a Catalunya en particular.  Para ello he acudido a los datos de renta regional que pueden consultarse fácilmente en la página del INE (www.ine.es), donde se ofrece información sobre el PIB y el PIB per capita, las medidas más aproximadas que tenemos.

Antes de entrar en los datos, vale la pena hacer algunos comentarios. El primero, sobre la bondad del PIB para medir el nivel de actividad. Como el PIB es una medida de magnitudes monetarias y se construye aplicando una larga variedad de convenciones contables, no está claro que en algunos casos las rentas de una u otra región puedan estar sub o sobre valoradas en función de cómo se calculen algunas cuestiones (por ejemplo es posible que allí donde hay sedes centrales de empresas se contabilicen ingresos que tienen lugar en otras zonas). En segundo lugar, lo mismo es aplicable con mayor medida en el PIB per capita, donde se divide el PIB territorial por la población censada en el territorio, lo que puede llevar a sobrevalorar el PIB per capita en regiones donde acude estacionalmente una gran masa de personas a trabajar en temporada alta (algo que se ha puesto de manifiesto en el caso de Baleares). En tercer lugar, aun dando por buenas las cifras del PIB, sus variaciones a lo largo del tiempo pueden obedecer a diversas causas. Para aceptar el argumento independentista habría que probar que efectivamente esta evolución es el resultado de opciones políticas conscientemente diseñadas o por el contrario obedecen a otro tipo de causas. En todas partes el capitalismo globalizado está provocando una concentración de la actividad económica en unas pocas áreas metropolitanas centrales. Y al mismo tiempo existe una larga experiencia de regiones o países que experimentan un importante declive cuando colapsa la actividad en la que se han especializado. Una de las ventajas de las metrópolis es que son áreas más diversificadas, con un mayor tamaño de mercado, y por tanto son menos proclives a experimentar estos derrumbes.

Con todas estas prevenciones pasemos a analizar los datos. He tomado los de toda la serie que ofrece el INE 2000-2018 (a partir de 2014 los datos son provisionales), considerando 3 sub-periodos: 2000-2008 (fase expansiva),  2008-2014 (crisis) y 2014-2018, para ver si los cambios tienen que ver con cuestiones sustantivas —especialmente de índole económica y de gestión política—.

PIB

La evolución del peso de cada región en el PIB da alguna credibilidad a la tesis “centralista”. La Comunidad de Madrid ha visto aumentar su peso en el conjunto de la economía española en 1,3 puntos. Si esto es un cambio estructural o tiene una importancia menor es algo más discutible y que sale de las posibilidades de esta nota. Catalunya también ha crecido, de forma mucho más moderada pero mostrando que la lógica del capitalismo actual es básicamente de concentración metropolitana. Hay que señalar además que la evolución de cada región puede explicarse por su particular situación. Castilla y León es la comunidad que pierde más peso, en gran parte por el declive demográfico agravado por el hundimiento de la minería del carbón y de la vieja industria tradicional. En otros casos, la caída en el período de crisis se explica en gran parte por el hundimiento de la construcción que constituía el sector estratégico en algunas comunidades. En el período de recuperación los cambios son mucho más suaves y en todo caso se mantiene el crecimiento del papel de Madrid y Catalunya.

Tabla 1  Peso de cada CA en el PIB español (2000-2018)

Fuente: INE. PIB regional y elaboración propia

PIB regional per capita

Cuando analizamos los datos del PIB per capita emerge una historia diferente. Vale señalar que los datos que ofrecemos son datos relativos: reflejan el PIB per capita de la comunidad respecto al PIB per capita medio de España. O sea una comunidad cuyo nivel sea de 110 indica que su PIB per capita es un 10% superior al de la media, mientras que un nivel 90 indicaría que es un 10% inferior a la media. Cabe señalar también que, en la medida que el PIB per capita es un cociente entre PIB y volumen de población, su variación puede estar afectada tanto por cambios en el nivel de producción como por variaciones demográficas en otra dirección. Los casos más espectaculares en la serie son los de las dos comunidades insulares, que experimentan una fuerte caída de su PIB per capita. Dado que se trata de comunidades que han experimentado fuertes incrementos demográficos, puede ser que una parte de esta caída se deba simplemente a que antes no se contabilizaba parte de la población que realmente trabajaba en la comunidad (migrantes temporales residentes en otras comunidades) y que un creciente asentamiento de los mismos haya provocado un cambio en los indicadores.

Tabla 2  PIB per capita relativo de las CCAA (2000-2018)

Fuente: INE. Renta regional de Espana, elaboración propia

En todo caso, de esta Tabla 2 emergen algunos resultados interesantes. El primero y bien conocido es el elevado nivel de desigualdad territorial, con unas comunidades ricas (Madrid, Euskadi, Navarra, Catalunya,…) y otras pobres (Extremadura, Andalucia…). En segundo lugar, las pautas de variación no obedecen claramente al modelo centralista discutido sino que reflejan una pauta más compleja y que merece ser estudiada. Los principales ganadores son territorios tan dispares como Euskadi, Aragón, Asturias y Extremadura, espacios con muy dispar realidad económica y demográfica. Los principales perdedores son los ya comentados territorios insulares y Navarra, con realidades bien diferentes entre sí. En tercer lugar, la mayor variación se produce en el período de expansión 2000-2008, de gran dinamismo demográfico y productivo. En la fase de crisis la pauta dominante es que ésta empeoró relativamente la situación de las regiones pobres mientras que las ricas consiguieron sobrevivir mejor, de lo que deriva que ganaran peso relativo. Y por último, el período expansivo reequilibra en algunos casos la situación. Y algunos de los “ganadores” en tiempos de crisis, como Madrid y Navarra, vuelven a experimentar una cierta moderación (quizás ligado al modelo de crecimiento experimentado en los últimos años).

En todo caso la tesis de un Madrid acaparador de rentas y desarrollo resulta mucho más matizada. Hay ciertamente fuertes desequilibrios territoriales, pero estos no perjudican especialmente a las comunidades ricas ni justifican que sea el eje Madrid/periferia el que deba vertebrar el debate sobre el modelo económico. En todo caso, la periferia no está, en términos económicos, ni en Catalunya ni en Euskadi.  Podemos discutir el modelo territorial, pero lo que los datos indican es que estamos en dinámicas complejas que para ser entendidas escapan de explicaciones simplistas.

Un comentario final

Empleo, estructura económica y desigualdades territoriales muestran la existencia de problemas muy graves en nuestra base económica. Si a ello añadimos los ecológicos, el balance es que estamos ante una realidad desastrosa. Diez años de crisis no han servido para ni siquiera abrir un debate sobre la realidad que condiciona nuestras vidas y nuestro futuro. Estamos dominados por gurús insensatos que reducen todos los problemas a sus sesgadas visiones de la realidad. No sólo por los independentistas que pretenden resolverlo todo con meros ajustes de fronteras. También por los tecnológicos que prometen el paraíso digital o los economistas ortodoxos que todo lo dejan al mercado. Estamos ante problemas graves, que obedecen a causas complejas y que no tienen soluciones fáciles. Que exigen una enorme participación social, un debate tranquilo y mucha mediación social. Ésta debería ser la primera exigencia que la población debería hacer a todos los que quieren liderarnos.

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El preocupante adelgazamiento de la clase media

News from Attac Spain - Tue, 05/11/2019 - 09:30

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CARLOS VACAS SORIANO

España es el tercer país de la UE donde esta clase es más pequeña (54%), solo por delante de Lituania y Bulgaria. El motivo es la notable desigualdad en las rentas disponibles de los hogares LA BOCA DEL LOGO Los países europeos son sociedades de clases medias: la mayoría de sus ciudadanos pertenecen a ella y tiene una importancia fundamental para el desarrollo económico y la estabilidad política y social. Una clase media robusta y creciente es reflejo de un importante desarrollo económico, al que esta contribuye a su vez con un consumo estable. Las rentas del trabajo son la principal fuente de ingreso de las personas que pertenecen a ella, generalmente con un nivel de formación alto, tales como gerentes, profesionales liberales o funcionarios. Es también clave para contribuir a sociedades estables, pues generan gran parte de los impuestos recaudados para financiar los estados del bienestar, se sienten integrados en sus comunidades y actúan de contrapeso moderador cuando se tensionan los sistemas políticos.

Las ciencias sociales ofrecen diversas formas de concebir y medir el tamaño de la clase media. La más comúnmente usada por la economía consiste en establecer la pertenencia a una clase social dependiendo de si la renta disponible de las familias se encuentra dentro de unos umbrales prefijados. Una segunda aproximación más sociológica la definiría la pertenencia a ciertas profesiones o categorías de puestos de trabajo, de forma que, además de la renta, se incluyan otros factores como la estabilidad y seguridad económica, las perspectivas de carrera o el estatus social del trabajo. Otras aproximaciones consideran directamente la percepción de las personas sobre cuál es su posición relativa en la estructura social.

La primera aproximación según el nivel de renta es la que se usa aquí y es la más habitual pues es más fácil de usar dada la limitada disponibilidad de datos comparativos para los países europeos. Este artículo presenta los resultados del estudio recientemente publicado por Eurofound “Recent developments in the state of the middle classes”. El gráfico 1 muestra el porcentaje de población que pertenece a una de las tres clases sociales (divididas entre alta, media y baja) en cada país europeo, dependiendo del nivel de la renta disponible de sus hogares.

Gráfico 1. Tamaño de las clases sociales en los países europeos (porcentaje de la población, %).

 

 

Nota: En cada país, la clase media incluye a las personas en hogares cuya renta disponible se encuentre entre 75% y el 200% de la mediana. Los países están ordenados de mayor a menor tamaño de la clase media. Fuente: EU-SILC, último año disponible (2016).

La clase media es claramente la mayoritaria en todos los países de la Unión Europea (UE). Sin embargo, emergen importantes diferencias entre los diferentes países: representa alrededor del 70% en Eslovaquia, la República Checa, Eslovenia y en los países escandinavos, pero menos del 60% en los países Bálticos y en los del Mediterráneo. España es el tercer país donde esta clase es más pequeña (54%), solo por delante de Lituania y Bulgaria. Ello se debe a que en España hay una notable desigualdad en las rentas disponibles de los hogares, con muchos hogares alejados de las rentas medias donde se suelen concentrar más hogares, lo que explica que las clases de rentas más altas y más bajas tengan un peso relativamente grande (11% y 34%, respectivamente).

La reciente contracción de las clases medias

La crisis económica ha causado un adelgazamiento de este grupo en la mayoría de los países de la UE y muy notablemente en España. El gráfico 2 muestra la evolución del tamaño de la clase media durante la última década en los países europeos más grandes y también para la media de la UE. Dos hechos claros emergen.

En primer lugar, la crisis marca un punto de inflexión. Como refleja la evolución para la media de la UE, estas clases se estaban expandiendo en la mayoría de países europeos hasta el año 2009 coincidiendo con los años de bonanza económica. En cambio, los efectos de la crisis cambiaron la dinámica y ocasionaron una pérdida de su tamaño en casi la totalidad de los países de la UE.

Gráfico 2.  Evolución del tamaño de las clases medias en la última década (porcentaje de la población, %)

 

Fuente: EU-SILC.

En segundo lugar, la crisis y sus efectos sobre este segmento social han sido más duros y duraderos en España que en otros países. Los datos para el conjunto de la UE muestran que el tamaño de este grupo empieza a remontar a partir del 2014 (y antes en Francia y el Reino Unido), mientras que su adelgazamiento ha sido muy notable en el caso de España y además todavía no se observa una recuperación clara con los datos disponibles (algo que también ocurre en Italia y Alemania, además durante el conjunto del periodo).

Los cambios en el tamaño de este grupo se deben sobre todo a la evolución de las rentas del trabajo, que son su principal fuente de ingresos. Es por ello que el gran aumento del desempleo durante los años de la crisis económica es el principal factor que explica su reciente adelgazamiento en Europa, algo que ha ocurrido con especial intensidad en aquellos países que han sufrido una mayor destrucción de empleo como España. El incremento de las desigualdades ha ido de la mano de la erosión de las clases medias, lo que se ha traducido en un aumento del tamaño de la clase alta y, en mayor medida, de la baja.

La importancia de recuperar las clases medias

Es de esperar que este grupo vuelva a fortalecerse a medida que las tasas de empleo anteriores a la crisis vayan recuperándose, como ya se ha empezado a ver en los años más recientes en muchos países. En el caso de España, esta recuperación está siendo débil y prolongada pues los niveles de empleo sólo empezaron a crecer a partir de 2014 y aún se encuentran muy lejos de recuperar sus niveles anteriores a la crisis (la tasa de desempleo española es de casi el 14%, sólo por debajo de la griega, según los últimos datos de agosto de 2019). El crecimiento de los salarios también será importante para empujar la recuperación de las clases medias, y una medida en línea con esta necesidad es la reciente adopción del nuevo salario mínimo de 900 euros mensuales, que puede beneficiar a muchos trabajadores jóvenes y repercutir positivamente en las rentas de sus familias.

Sin embargo, no debe asumirse que la mejora de este grupo sea automática y se vuelta a una situación idéntica a la que existía antes de la crisis, pues los estudios especializados identifican muchos factores que afectan a la clase media. En relación con el mercado laboral, una mayor participación de la mujer en el empleo o sectores públicos sólidos y estables se han asociado positivamente a una clase media fuerte, mientras que la proliferación de formas no estándar de empleo (como temporal o a tiempo parcial), la desregulación y el desmantelamiento de instituciones laborales y de diálogo social y los cortes salariales en algunas profesiones típicamente vinculadas a las clases medias se relacionan con su erosión. Más allá del mercado de trabajo, también influyen los cambios en la distribución funcional de la renta (donde el trabajo viene perdiendo peso respecto al capital desde hace décadas) y decisiones en materia de impuestos, educación  protección social.

Es vital recordar que la fortaleza de las clases medias es una característica esencial de nuestras sociedades y que ha emergido como consecuencia no solo de décadas de desarrollo económico sino también de políticas públicas de redistribución de rentas entre diferentes sectores de la sociedad. Este bucle negativo que estamos experimentando actualmente, donde una fuerte crisis económica desencadena posteriormente una crisis política y social, donde un aumento de las desigualdades genera un cuestionamiento de las instituciones, ya se ha observado en el pasado. Y sabemos que una reducción de las desigualdades y la fortaleza de la clase media será clave para superarlo, por lo que es esencial que los poderes públicos tomen las medidas adecuadas para ayudar a su recuperación tras los efectos de la reciente crisis.

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Carlos Vacas Soriano es investigador de la Fundación europea para la mejora de las condiciones de vida y trabajo (Eurofound) y doctorado en economía aplicada por la Universidad de Salamanca.

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La misión suicida del mundo industrializado

News from Attac Spain - Mon, 04/11/2019 - 21:28

DAVID WALLACE-WELLS
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El planeta ha pasado de una aparente estabilidad a estar al borde de la catástrofe en los años que dura una sola vida humana. Emitimos CO2 a una velocidad cien veces superior al de cualquier otro momento de la historia

Es peor, mucho peor, de lo que imaginas. La lentitud del cambio climático es un cuento de hadas tan pernicioso quizá como el que afirma que no se está produciendo en absoluto, que nos llega agrupado con otros en una antología de patrañas tranquilizadoras: que el calentamiento global es una saga ártica que se desarrolla en lugares remotos; que se trata más que nada de una cuestión de niveles del mar y litorales, y no de una crisis envolvente que no deja lugar intacto ni vida sin deformar; que es una crisis del mundo «natural», no del mundo humano; que estos son dos mundos distintos, y que hoy en día vivimos en cierto modo fuera de la naturaleza, o más allá, o como mínimo protegidos de ella, y no ineludiblemente en su seno, y literalmente desbordados por ella; que la riqueza puede servir de escudo contra la devastación del calentamiento; que la quema de combustibles fósiles es el precio de un crecimiento económico continuado; que este, y la tecnología que produce, inevitablemente encontrará el mecanismo para evitar el desastre medioambiental; que hay en el largo devenir de la historia humana algún parangón para la escala o el alcance de esta amenaza, algo capaz de infundirnos confianza a la hora de hacerle frente.

EN LA ATMÓSFERA YA HAY UN TERCIO MÁS DE CO2 QUE EN CUALQUIER OTRO INSTANTE DE LOS ÚLTIMOS 800.000 AÑOS, QUIZÁ INCLUSO DE LOS ÚLTIMOS 15 MILLONES DE AÑOS

Nada de eso es cierto. Pero empecemos por la velocidad del cambio. La Tierra ha experimentado cinco extinciones masivas antes de la que estamos viviendo hoy, cada una de las cuales supuso un borrado tan completo del registro fósil que funcionó como un reinicio evolutivo; el árbol filogenético del planeta se expandió y se contrajo a intervalos, como un pulmón: un 86 por ciento de las especies murieron hace 450 millones de años; 70 millones de años después, un 75 por ciento; 125 millones de años más tarde, un 96 por ciento; transcurridos otros 50 millones de años, el 80 por ciento; y 135 millones después, de nuevo el 75 por ciento. A menos que seas adolescente, probablemente leíste en tus libros de texto del instituto que estas extinciones fueron consecuencia del impacto de asteroides. En realidad, en todas ellas, salvo en la que acabó con los dinosaurios, intervino el cambio climático producido por gases de efecto invernadero. La más notoria tuvo lugar hace 250 millones de años; comenzó cuando el dióxido de carbono (CO2) aumentó la temperatura del planeta cinco grados centígrados, se aceleró cuando ese calentamiento desencadenó la emisión de metano, otro gas de efecto invernadero, y acabó con casi toda la vida sobre la Tierra. Actualmente, estamos emitiendo CO2 a la atmósfera a una velocidad bastante mayor; según la mayoría de las estimaciones, al menos diez veces más rápido. Ese ritmo es cien veces superior al de cualquier otro momento de la historia humana previo al comienzo de la industrialización. Y en la atmósfera ya hay un tercio más de CO2 que en cualquier otro instante de los últimos 800.000 años, quizá incluso de los últimos 15 millones de años. Entonces no había humanos. El nivel del mar era más de treinta metros más alto.

Mucha gente percibe el calentamiento global como una especie de deuda moral y económica, acumulada desde el comienzo de la Revolución industrial y que vence ahora, al cabo de varios siglos. De hecho, más de la mitad del CO2 expulsado a la atmósfera debido a la quema de combustibles fósiles se ha emitido en las tres últimas décadas. Lo que significa que hemos infligido más daño al devenir del planeta y a su capacidad para soportar la vida y la civilización humanas desde que Al Gore publicó su primer libro sobre el clima que en todos los siglos —todos los milenios— anteriores. Naciones Unidas estableció su marco sobre cambio climático en 1992, y al hacerlo dio a conocer inequívocamente el consenso científico al mundo entero, lo que significa que ya hemos generado tanta devastación a sabiendas como en nuestra ignorancia. El calentamiento global puede parecer una fábula que se desarrolla a lo largo de varios siglos e infligirá un castigo propio del Antiguo Testamento a los tataranietos de los responsables, ya que fue la quema de carbón en la Inglaterra del siglo XVIII la que prendió la mecha de todo lo que vino después. Pero ese es un cuento sobre villanía histórica que absuelve, injustamente, a los que viven ahora. La mayor parte de la quema se ha producido a partir del estreno de Seinfeld. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el porcentaje asciende hasta alrededor del 85 %. La historia de la misión suicida del mundo industrializado es una que dura lo que una sola vida humana: el planeta pasó de una aparente estabilidad a estar al filo de la catástrofe en los años que separan un bautizo o un bar mitzvá de un funeral.

Todos conocemos esos periodos vitales. Cuando nació mi padre, en 1938 —entre sus primeros recuerdos, las noticias de Pearl Harbor y las míticas fuerzas aéreas de las películas de propaganda que llegaron a continuación—, el sistema climático parecía, para la mayoría de los observadores, estable. Desde hace tres cuartos de siglo, los científicos entienden el efecto invernadero, entienden cómo el CO2 generado al quemar madera, carbón y petróleo recalienta el planeta y desquicia todo lo que sucede en él. Pero todavía no habían visto el efecto, no de manera fehaciente, aún no, lo que hacía de ello, más que un hecho palpable, una oscura profecía que no se cumpliría hasta un futuro muy remoto, quizá nunca. Cuando mi padre murió, en 2016, semanas después de la firma agónica del Acuerdo de París, el sistema climático amenazaba con despeñarse hacia la desolación, al superar un umbral de concentración de CO2 —400 partes por millón en la atmósfera terrestre, en el lenguaje desazonante y banal de la climatología— que había sido durante años la marcada línea roja que los ambientólogos habían trazado ante el rostro devastador de la industria moderna, como diciendo: «Prohibido el paso». Por descontado, hicimos caso omiso: apenas dos años después, alcanzamos un promedio mensual de 411, y nuestra culpa satura el aire del planeta tanto como el CO2, aunque hemos decidido creer que no la respiramos.

Ese único periodo vital es también el de mi madre: nacida en 1945, hija de judíos alemanes que huían de las chimeneas en las que incineraron a sus familiares, ahora disfruta su septuagésimo tercer año en el paraíso del confort estadounidense, un paraíso sustentado por las fábricas de un mundo en vías de desarrollo que, también en el transcurso de una vida humana y gracias a la producción de bienes, ha ascendido a la clase media global, con todas las tentaciones de consumo y todos los privilegios de combustibles fósiles que ese ascenso conlleva: electricidad, coches privados, viajes en avión, carne roja. Mi madre ha fumado durante cincuenta y ocho de esos años, siempre sin filtro, y ahora encarga sus cigarrillos por cartones desde China.

Es también el periodo vital de muchos de los primeros científicos que han dado públicamente la voz de alarma sobre el cambio climático, algunos de los cuales, por increíble que parezca, siguen en activo: tal es la velocidad con la que hemos alcanzado este promontorio. Algunos de estos científicos incluso llevaron a cabo su investigación con financiación de Exxon, una compañía que ahora es objeto de un gran número de demandas que buscan juzgar a los responsables del régimen de emisiones continuadas que, hoy en día y salvo que se produzca un cambio de rumbo en cuanto a los combustibles fósiles, amenaza con hacer, para finales de este siglo, más o menos invivibles para los humanos diversas zonas del planeta. Esa es la senda por la que vamos despreocupadamente lanzados: hacia los más de cuatro grados centígrados de calentamiento para el año 2100. Según algunas estimaciones, esto implicaría que regiones enteras de África, Australia y Estados Unidos, y partes de América Latina al norte de la Patagonia, y de Asia al sur de Siberia se volverían inhabitables debido al calor directo, la desertificación y las inundaciones. En el mejor de los casos, todas esas regiones —y muchas más— serían inhóspitas para el ser humano. Este es nuestro itinerario, nuestro punto de partida. Lo que significa que, si el planeta se llevó al borde de la catástrofe climática en el transcurso de una sola generación, la responsabilidad de evitarla recae también sobre una única generación. Y todos sabemos qué generación es esa: la nuestra.

REGIONES ENTERAS DE ÁFRICA, AUSTRALIA Y ESTADOS UNIDOS, Y PARTES DE AMÉRICA LATINA AL NORTE DE LA PATAGONIA, Y DE ASIA AL SUR DE SIBERIA SE VOLVERÍAN INHABITABLES

No soy ecologista, y ni siquiera me considero alguien muy apegado a la naturaleza. He vivido toda mi vida en ciudades, disfrutando de dispositivos fabricados mediante cadenas industriales de suministro sobre las que apenas me paro a pensar. Nunca he ido de acampada, al menos no por voluntad propia, y aunque siempre he pensado que era básicamente una buena idea mantener limpios los ríos y el aire, también he aceptado el planteamiento según el cual existe un tira y afloja entre el crecimiento económico y el coste para la naturaleza; y me decía que, bueno, en la mayoría de las situaciones me inclinaría por el crecimiento. Yo no voy a matar una vaca con mis manos para comer una hamburguesa, pero tampoco voy a hacerme vegano. Normalmente pienso que, cuando uno ocupa la cúspide de la cadena trófica, no hay nada de malo en hacer alarde de ello, porque no me supone ninguna dificultad trazar una frontera moral entre nosotros y los demás animales, y de hecho me parece ofensivo para con las mujeres y las personas de otras razas que de pronto se hable tanto de extender a chimpancés, simios y pulpos una protección legal análoga a los derechos humanos, apenas una o dos generaciones después de que acabásemos por fin con el monopolio que el hombre blanco había tenido sobre el concepto legal de persona. En estos aspectos —en muchos de ellos, al menos— soy como cualquier otro estadounidense que ha pasado su vida mortalmente satisfecho, y voluntariamente engañado, sobre el cambio climático, que no es solo la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la vida humana en el planeta, sino una amenaza de una categoría y una escala por completo diferentes; a saber: la escala de la propia vida humana.

Hace unos años, empecé a recopilar historias sobre el cambio climático, muchas de ellas aterradoras, absorbentes e inquietantes. Las de menor escala casi podían leerse como fábulas: un grupo de científicos del Ártico que quedó atrapado cuando el deshielo aisló su centro de investigación en una isla también habitada por osos polares; un niño ruso que murió víctima del carbunco liberado al descongelarse el cadáver de un reno que había pasado décadas atrapado en el permafrost. Al principio, parecía como si las noticias estuviesen creando un nuevo género de alegoría. Pero, por supuesto, el cambio climático no es ninguna alegoría.

Desde 2011, en torno a un millón de refugiados sirios se vieron empujados hacia Europa por una guerra civil que el cambio climático y la sequía han agravado (y, en un sentido muy real, gran parte del «momento populista» que todo Occidente está atravesando es el resultado del pánico generado por esa llegada). La probable anegación de Bangladés amenaza con crear una cantidad diez veces superior de inmigrantes, o incluso mayor, que serán recibidos por un mundo aún más desestabilizado a causa del caos climático (y —cabe sospechar— menos receptivo cuanto más oscura sea la tez de los necesitados). También estarán los refugiados procedentes del África subsahariana, de Latinoamérica y del resto del sudeste asiático: unos 140 millones en 2050, según estimaciones del Banco Mundial; esto es, más de cien veces la «crisis» siria en Europa.

Las proyecciones de la ONU son aún más sombrías: 200 millones de refugiados climáticos en 2050. Esos eran todos los habitantes del planeta durante el apogeo del Imperio romano: imaginemos que todas y cada una de las personas vivas por aquel entonces, en cualquier rincón del globo, se quedasen sin hogar y se viesen obligadas a vagar por territorios hostiles en busca de uno nuevo. Según Naciones Unidas, el extremo superior de lo que es posible en los próximos treinta años es considerablemente peor: «hasta 1.000 millones, o más, de personas pobres y vulnerables con escasas opciones más allá de la lucha o la huida». 1.000 millones o más. El conjunto de la población mundial en fecha tan reciente como 1820, cuando la Revolución industrial estaba ya muy avanzada. Lo cual sugiere que quizá sería preferible entender la historia no como el lento paso del tiempo, sino como un globo de crecimiento demográfico que se expande, haciendo que la humanidad se extienda a su vez por el planeta casi hasta un eclipse total. Uno de los motivos por los que las emisiones de CO2 se han acelerado tanto en la última generación sirve también para explicar por qué da la impresión de que la historia se desarrolla a una velocidad mucho mayor, de que suceden muchas más cosas, en todas partes, cada año: esto es lo que ocurre cuando hay tantísimos humanos. Se calcula que el 15 % de toda la experiencia humana acumulada a lo largo de historia corresponde a personas que están vivas actualmente, que caminan por el mundo dejando su huella de carbono.

LAS PROYECCIONES DE LA ONU VATICINAN 200 MILLONES DE REFUGIADOS CLIMÁTICOS EN 2050

Esas cifras de refugiados son las estimaciones más elevadas, producidas hace años por grupos de investigación diseñados para llamar la atención sobre tal o cual causa o cruzada; con toda probabilidad, los números reales no alcanzarán valores tan altos, y la mayoría de los científicos se inclinan por previsiones del orden de las decenas —no centenares— de millones de personas. Pero que esas cifras sean solo el máximo de lo que entra dentro de lo posible no debería hacer que nos confiásemos demasiado: cuando descartamos la peor de las posibilidades, se distorsiona nuestra percepción de las situaciones futuras más probables, que pasamos a considerar como escenarios extremos para los que no es necesario prepararse tan concienzudamente. Los cálculos más altos marcan los límites de lo posible, dentro de los cuales podremos imaginar mejor lo que es probable. Y quizá incluso resulten ser una referencia más fiable, si tenemos en cuenta que, en el medio siglo de angustia climática que ya hemos padecido, los optimistas nunca han acertado.

Mi recopilación de historias iba aumentando cada día, pero muy pocos de los recortes, incluso los sacados de investigaciones nuevas publicadas en las revistas científicas más prestigiosas, se reflejaban en la cobertura sobre el cambio climático que el país veía en la televisión y leía en sus periódicos. Estos informaban sobre el cambio climático, por supuesto, y lo hacían incluso con cierto toque alarmista, pero la discusión sobre sus posibles consecuencias estaba engañosa- mente acotada, y se limitaba de un modo casi invariable a la cuestión de la subida del nivel del mar. Igual de preocupante era el hecho de que, habida cuenta de la situación, la cobertura era optimista. En fecha tan reciente como 1997, cuando se firmó el emblemático Protocolo de Kioto, dos grados centígrados de calentamiento global se consideraban el umbral para la catástrofe: ciudades inundadas, devastadoras sequías y olas de calor, un planeta sacudido a diario por huracanes y monzones que antes llamábamos «desastres naturales», pero pronto normalizaremos tan solo como «mal tiempo». Más recientemente, el ministro de Asuntos Exteriores de las islas Marshall propuso otro nombre para ese grado de calentamiento: «genocidio».

Ese escenario es casi inevitable. En la práctica, el Protocolo de Kioto no logró nada: en los veinte años transcurridos desde su aprobación, a pesar de todo el activismo y la legislación en torno al clima y de los avances en energías verdes, hemos generado más emisiones que en los veinte años anteriores. En 2016, los acuerdos de París establecieron dos grados como objetivo global, y, según los periódicos, ese nivel de calentamiento sigue siendo algo así como el escenario más aterrador que es razonable considerar; apenas unos años después, sin que ninguno de los países industrializados estén en vías de cumplir con sus compromisos de París, un aumento de dos grados parece más bien la mejor situación posible, difícil de creer hoy en día, con toda una campana de Gauss de posibilidades más horribles que se extienden más allá y, aun así, se mantienen con cuidado lejos del escrutinio público.

Para quienes relatan sucesos sobre el clima, contemplar tan espantosas posibilidades —y el hecho de que hemos desperdiciado nuestra oportunidad de acabar en algún punto de la mitad buena de esa campana— se convirtió por algún motivo en algo indecoroso. Las razones son casi demasiadas como para enumerarlas, y tan vagas que quizá sería preferible llamarlas impulsos. Optamos por no hablar de un mundo cuya temperatura ha aumentado más de dos grados quizá por pudor; o por puro temor; o por miedo a ser agoreros; o por una fe tecnocrática, que en realidad es fe en el mercado; o por deferencia con los debates partidistas, o incluso a las prioridades ideológicas; o por un escepticismo respecto a la izquierda ecologista como el que yo había sentido desde siempre; o por desinterés por los destinos de ecosistemas remotos, como el que también había experimentado toda mi vida. Sentíamos confusión sobre la ciencia y sus muchos términos técnicos y sus cifras difíciles de interpretar, o al menos intuíamos que todo ello confundiría a los demás fácilmente. Nos vimos lastrados por nuestra parsimonia a la hora de comprender la velocidad del cambio, o por una confianza semiconspirativa en la responsabilidad de las élites globales y sus instituciones, o por una obediencia a ellas, con independencia de nuestra opinión al respecto. Quizá fuera simplemente que nos sentíamos incapaces de dar crédito a las previsiones más terroríficas porque apenas acabábamos de oír hablar del calentamiento, y nos decíamos que las cosas no podían haber empeorado tantísimo desde la primera entrega de Una verdad incómoda; o porque nos gustaba desplazarnos en coche, comer ternera y vivir tal y como lo habíamos hecho hasta entonces, y no queríamos darle demasiadas vueltas al asunto; o porque nos sentíamos tan «posindustriales» que no podíamos creer que aún estuviésemos extrayendo aliento material de los hornos de combustibles fósiles. Quizá fuera por nuestra facilidad sociopática para incorporar las malas noticias a la noción enfermiza y variable de lo que se consideraba «normal», o porque echábamos un vistazo al exterior y parecía que las cosas seguían en su sitio. Porque estábamos aburridos de escribir, o de leer, la misma historia una y otra vez, porque el clima eran algo tan global —y por tanto no tribal— que inspiraba solo las políticas más sensibleras, porque aún no éramos del todo conscientes de hasta qué punto devastaría nuestras vidas, y porque, egoístamente, nos daba igual destruir el planeta en perjuicio de aquellos que vivían en otros lugares, o de quienes aún no habían nacido pero lo heredarían de nosotros, indignados. Y porque habíamos depositado una fe excesiva en la forma teleológica de la historia y en la flecha del progreso humano para contemplar la posibilidad de que el arco histórico tendiese hacia otra cosa que no fuera la justicia ambiental. Porque, si éramos del todo sinceros con nosotros mismos, ya veíamos el mundo como una competición de suma cero por los recursos y creíamos que, ocurriese lo que ocurriese, probablemente seguiríamos siendo los vencedores, al menos en términos relativos, habida cuenta de los privilegios de clase y de nuestra fortuna en la lotería del nacimiento. Quizá temíamos demasiado por nuestros propios puestos de trabajo e industrias como para preocuparnos por el futuro del trabajo y la industria; o puede que también tuviésemos verdadero pavor a los robots, o estuviésemos demasiado ocupados mirando nuestros flamantes teléfonos; o quizá, por fácil que nos resultase ceder al reflejo apocalíptico en nuestra cultura y a la vía hacia el pánico en nuestra política, de verdad sufríamos de un sesgo favorable a las buenas noticias a la hora de abordar la situación general; o, en realidad, quién sabe por qué: son tantas las facetas del caleidoscopio climático que transforman nuestras intuiciones sobre la devastación medioambiental en una asombrosa despreocupación, que es difícil poner en perspectiva el panorama completo de la distorsión climática. Pero sencillamente no quisimos, o no pudimos, o en cualquier caso no afrontamos lo que la ciencia nos estaba diciendo.

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Este artículo corresponde al primer capítulo de El Planeta inhóspito (editorial Debate).

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Estadísticas oficiales y rastreo de móviles: quo vadis economía de la vigilancia

News from Attac Spain - Sun, 03/11/2019 - 12:58

eldiario.es
Carlos Fernandez Barbudo

Este martes, El País informaba de que el Instituto Nacional de Estadística ha cerrado un acuerdo con las principales empresas de telefonía móvil del país para llevar a cabo un estudio inédito: trazar la movilidad geográfica de la población española durante ochos días, del 18 al 21 de noviembre, el 24 de noviembre, el 25 de diciembre, el 20 de julio y el 15 de agosto. El objetivo no sería otro que conocer cómo nos desplazamos en esas fechas y así poder ofrecer una información más detalladas a los responsables políticos de cara a la mejora de la infraestructura de transportes.

La reciente sensibilidad que hemos desarrollado por la privacidad, impensable tan sólo hace unos pocos años, hizo que las redes ardieran ante esta información y el ruido se apoderara de la conversación. No quedaba claro cómo se llevaría a cabo el estudio ni a qué información tendría acceso el INE, lo cual llevó a que la AEPD se pronunciase y anunciara que pediría al organismo estadístico detalles sobre los protocolos con los que llevará a cabo el tratamiento de los datos. La preocupación social ante las capacidades tecnológicas que el Estado desarrolla en materia de vigilancia y control sobre la población están plenamente justificadas. No en vano, ha sido gracias a este tipo de polémicas que hoy contamos con avanzadas legislaciones, muy difíciles de hacer cumplir, en materia de protección de datos de carácter personal. Sin el caso SAFARI, por ejemplo, Francia no contaría hoy con la Comisión Nacional de la Informática y las Libertades.

Ahora bien, que el INE utilice datos sobre millones de españoles para saber qué hacemos y cómo nos comportamos no es algo nuevo, de hecho es la razón de ser de un organismo estadístico. El problema está en que no sabemos exactamente qué información van a facilitar las telecos y, por tanto, si el principio de proporcionalidad al que está sujeto el INE por la Ley 12/1980 se cumplirá. Esto no es una cuestión menor, ya que el volumen de información disponible es clave para saber si los datos serán auténticamente anónimos: múltiples estudios han avisado de que una información correctamente anonimizada puede dejar de serlo si se cruza con otras fuentes de información; y eso es algo relativamente sencillo en la época del Big Data.

La polémica se ha centrado demasiado en el papel del INE y eso está haciendo que pase desapercibido el núcleo del problema: las empresas de telecomunicaciones llevan años haciendo negocio con la venta de datos sobre el comportamiento de sus clientes. Por ejemplo, Telefónica a través de su unidad de datos, LUCA, ofrece a las administraciones públicas un servicio de “turismo inteligente” cuyo fin es, precisamente, la venta de datos estadísticos sobre cómo se desplazan por el territorio los turistas, conocer cuál es su perfil socioeconómico, descubrir sus patrones de comportamiento e incluso medir el impacto económico de un evento concreto.

La publicidad ha sido históricamente la industria que mayor interés ha tenido por conocer cuáles son los gustos de la población. A más información, mayor capacidad para acertar mejor con sus mensajes. No es casual, por tanto, que las principales empresas que dominan el sector de Internet hayan basado su modelo de negocio en el desarrollo de una economía de la vigilancia orientada a la extracción de datos sobre el comportamiento de los usuarios. Al fin y al cabo, Google, Facebook y Twitter son empresas que viven de la venta de publicidad, y su ventaja competitiva es que pueden ofrecer a los anunciantes herramientas muy precisas para definir el público de sus anuncios. Sus servicios no son gratuitos para los usuarios, les estamos pagando con nuestros datos.

Ahora que las telecos se han sumado a la economía de la vigilancia cabría preguntarnos qué va a ser de nuestra privacidad. Si ya era preocupante la cantidad de información que almacenan las plataformas digitales sobre nosotros, ¿qué podremos esperar de unas empresas que tienen la capacidad de observar todo nuestro tráfico de datos y voz, y que pueden geolocalizarnos a través de los repetidores de telefonía móvil con mayor precisión que cualquier plataforma digital?

A las clásicas preguntas de carácter ético y político sobre los problemas que implica esta falta de privacidad, cabe añadir una reflexión sobre la justicia económica que esta economía de la vigilancia plantea. Si los usuarios somos los que estamos generando la materia prima que luego transforman en mercancía la industria del seguimiento, ¿no deberíamos ser remunerados en función del valor que estamos aportando? El caso del INE es paradigmático: estamos pagando vía impuestos por unos datos que nosotros mismos generamos.

No es fácil responder a esta pregunta, está en juego el derecho fundamental a la privacidad y quizá deberíamos negarnos a que se siguiese desarrollando este mercado de datos. Lo que es seguro es que el actual enfoque basado en la protección de datos de carácter personal resulta insuficiente y urge plantear la privacidad en el contexto de la economía de la vigilancia: es hora de regular el mercado de datos.

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Chile despierta

News from Attac Spain - Sat, 02/11/2019 - 12:52

ctxt.es
Beatriz Silva

La democracia por la que luchamos estaba concebida como un elemento transformador que daría lugar a un sistema económico más justo. La que llegó es una donde el 1% de la población acumula el 25% de la riqueza. No es el billete de metro. Es mucho más

Chile vive desde hace una semana bajo el régimen de toque de queda. El estallido social, que ha derivado en violentas manifestaciones, ha servido de excusa al gobierno de Sebastián Piñera para poner la capital, Santiago, bajo el control de los militares. La población no puede salir a la calle entre las diez de la noche y las siete de la mañana. Desde la época de la dictadura no se vivía una situación parecida.

Soy chilena y nací el 11 de septiembre de 1970. Todos los cumpleaños de mi infancia transcurrieron bajo el toque de queda porque era el arma que tenía el régimen militar para imponer medidas represivas extremas y aplacar las revueltas que volvían coincidiendo con el aniversario del golpe militar. Cuando me enteré que Chile volvía a estar en toque de queda, regresaron los fantasmas de mi infancia en una sola noche. Como en el Cuento de Navidad de Dickens.

El primero en presentarse fue el del día del golpe de Augusto Pinochet. Yo tenía tres años y vivía en una zona donde se hacía la pólvora. Durante toda la noche se escucharon los sonidos de disparos y el estruendo de las metralletas. No había luz, pero el cielo se iluminaba por las bengalas que lanzaban los militares desde el cielo para localizar a las personas que huían amparándose en la oscuridad. Mi madre hizo una trinchera con unos colchones de lana porque había escuchado que la lana detenía las balas. Así pasamos la noche. Entre colchones de lana.

El toque de queda de entonces duró mucho tiempo. No sé que sentirán los habitantes de Santiago y de otras ciudades en estos momentos pero mis recuerdos son de total indefensión. Estar encerrada en casa el día de mi cumpleaños y asomarme a la ventana con mucho sigilo para ver a los militares patrullando las calles, listos para disparar.

En ese ambiente llegaron los años ochenta, cuando comenzó a generarse la enorme inequidad que ha convertido Chile en uno de los países más ricos de la región, pero también en uno de los más desiguales como consecuencia de un modelo económico neoliberal que solo fue posible aplicar con la mano de hierro de la dictadura. El toque de queda siguió imponiéndose cada 11 de septiembre, pero no solo para aplacar las protestas contra la represión y la tortura, sino también porque la población pasaba hambre.

Y aquí llega el segundo fantasma de mi infancia: el de la extrema escasez. La década en que las escuelas de las zonas marginales repartían leche que llegaba de Caritas pero no les alcanzaba para todos los niños y niñas que la necesitaban. Las maestras organizaban turnos. ¿Alguien puede ponerse en el lugar de una profesora que tiene que escoger cada día a cuál de sus alumnos alimenta? ¿Cómo crecieron esos niños y niñas?

Chile había sido siempre un país con muchos recursos naturales, donde faltaban otras cosas, como la salud o la educación, pero no los alimentos. En esa época la gente se veía obligada a comprar las bolsas de té, uno de los alimentos básicos de la dieta chilena, por unidad. Lo mismo sucedía con el pan. La población protestaba por la dictadura pero también porque tenía hambre. Se multiplicaban los cortes de carreteras y los atentados que hacían estallar las torres de alta tensión.

Aparentemente el aumento del billete de metro de 800 a 830 pesos chilenos (en torno a un euro) que está detrás de las actuales protestas parece no justificar la magnitud de los disturbios y los destrozos que muestran las televisiones. Es así, si no se toman en cuenta otros factores. Como que la media de la población vive con menos de 400.000 pesos (500 euros) mensuales y la mitad de los pensionistas recibe menos de 175.000 (217 euros). Esto, en un país donde los precios del supermercado no son diferentes a los de España.

El coste del billete de metro se ha duplicado desde 2007 mientras los sueldos se han mantenido estancados. Algo parecido ha sucedido con la vivienda, cuyo precio ha crecido en un 150%, pero también con otros servicios esenciales como la salud, la educación y las pensiones que fueron privatizadas durante la dictadura. Esto provoca que la mayor parte de la población solo tenga acceso a servicios de calidad si paga por ellos. Los medicamentos tienen cada vez precios más prohibitivos, sube el agua, la luz, y al mismo tiempo la clase política y económica protagoniza escándalos de corrupción millonarios. O evasión de impuestos, como el propio presidente Sebastián Piñera.

Uno de estos personajes, el ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, proveniente de la élite que nunca ha necesitado del transporte público, que estudió en uno de los centros educativos más prohibitivos del mundo, la Universidad de Chicago, heredero de la clase que apoyó y mantuvo viva durante 17 años la dictadura y la represión, le dice a esa clase trabajadora que madrugue más si quiere pagar menos en el metro.

Que cada uno saque sus propias conclusiones. La gente está harta.

El tercer fantasma de mi pasado, el de la violencia policial y militar que viví manifestándome siendo una adolescente durante los últimos años de la dictadura, hoy vuelve a ser parte de la vida de Chile. Las protagonistas son otras jóvenes pero los vehículos que les arrojan agua sucia para dispersarles, los golpes y los abusos en las calles y comisarías son los mismos de entonces. Han crecido en democracia pero en una donde el 1% de la población acumula el 25% de la riqueza generada por el país. Donde la movilidad social es escasa y los hijos de los pobres siguen siendo pobres, y los hijos de los ricos, se hacen más ricos.

Mi generación soñaba con la democracia como un elemento transformador que daría lugar a un sistema económico más justo. La alegría de la que hablaba la canción, que movilizó a millones de personas a votar contra la dictadura en el plebiscito del No, no era esto. Conectaba con el ideal del proyecto de la Unidad Popular que aspiraba a construir una sociedad más justa que solucionara las desigualdades históricas. Hoy siguen estando más vigentes que nunca.

La gente ya no vive en barracas y tiene viviendas con servicios sanitarios pero siguen sin acceder a una vida digna. “No es solo por el alza del transporte público. Es por el robo de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones), es por el agua, la luz, por la impunidad para los ricos. Porque nuestros abuelos se mueren sin salud y con unas pensiones miserables”, decía uno de los mensajes que circulaban por redes sociales la primera noche de protestas bajo el hashtag #ChileDespierta. Lo que sucede en Chile no es por los 30 pesos del billete de metro. Es mucho, mucho más.

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La industria del petróleo estableció la agenda en su propia Cumbre del Clima

News from Attac Spain - Fri, 01/11/2019 - 12:52

elsalto

SHARON KELLY TRADUCCIÓN: EDUARDO PÉREZ

 

A finales de septiembre, la Iniciativa por el Clima del Petróleo y el Gas (OGCI, por sus siglas en inglés), entre cuyos miembros están gigantes del petróleo como ExxonMobil, Shell, Chevron, Saudi Aramco y BP, se reunió con representantes de grandes organizaciones ecologistas.

El pasado septiembre, mientras la activista por el clima Greta Thunberg se dirigía a la Cumbre de Acción por el Clima de Naciones Unidas, líderes invitados de grandes grupos ecologistas pasaron un día escuchando a los líderes de las empresas de combustibles fósiles debatir cómo quieren responder a la crisis climática.

Según la sala en la que estuvieras, habrías escuchado dos mensajes muy diferentes.

 

El discurso, ampliamente difundido, de Thunberg evocó la urgencia de actuar sobre el cambio climático. “Mueren personas. Ecosistemas enteros colapsan”, dijo la joven activista a la Cumbre de la ONU. “Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y lo único de lo que habláis es de dinero y de cuentos de hadas de eterno crecimiento económico”.

Mientras Greta Thunberg se dirigía a la Cumbre de Acción por el Clima de la ONU, líderes de grandes grupos ecologistas escuchaban a CEO de las empresas de combustibles fósiles debatir sobre cómo quieren responder a la crisis climática

A solo unas pocas manzanas, la Iniciativa por el Clima del Petróleo y el Gas (OGCI, por sus siglas en inglés), entre cuyos miembros están gigantes del petróleo como ExxonMobil, Shell, Chevron, Saudi Aramco y BP, se reunía con representantes de grandes organizaciones ecologistas, para conversar sobre posibles y moderadas vías hacia la reducción de la contaminación por gases de efecto invernadero compatibles con la continuidad de sus negocios.

La OGCI había planeado una ajetreada programación para organizaciones como el Fondo de Defensa Medioambiental y la Federación Nacional de Vida Silvestre, según un borrador del evento obtenido por DeSmog.

El borrador, con fecha 21 de agosto, muestra que el día empezaría con un “desayuno y revisión de la cartera de proyectos”, presentados por el CEO del gigante del petróleo BP, Bob Dudley, y Pratima Rangarajan, CEO de Inversiones Climáticas de la OGCI.

El día de sesiones completo, precedido por un foro sólo para invitados la noche anterior, incluía a CEO de grandes petrolíferas globales hablando junto a Mark Brownstein, vicepresidente senior del Fondo de Defensa Medioambiental (EDF, por sus siglas en inglés); Jason Bordoff, director del Centro sobre Política Energética Global de la Universidad de Columbia; y Collin O’Mara, líder de la “Fundación” (según el borrador) Nacional de Vida Silvestre (O’Mara dirige la Federación Nacional de Vida Silvestre).

Las jornadas fueron criticadas por parte de grupos ecologistas de base. “Así es como funciona el lobby y el lavado verde de la imagen: reuniones privadas, en los márgenes, por la puerta de atrás, asistentes elegidos a dedo”, dijo a The Guardian el grupo ecologista Extinction Rebellion. “Pero es una tontería buscar iniciativas voluntarias lideradas por la industria que den lugar a los cambios necesarios porque dejar de extraer los recursos de la Tierra está manifiestamente en contra de los intereses financieros de las compañías petrolíferas”.

 

CENA CON DÓLARES

Mientras Thunberg hablaba, la programación de la OGCI pedía a los asistentes que estuvieran en una sesión de tres horas copresentada por Dudley, de BP, y destacados representantes de grupos verdes.
El tema de esa conversación: las inversiones hechas por empresas miembros de la OGCI, como parte de su respuesta a un clima cambiante que ya ha empezado a traer un tiempo letal, niveles del mar en aumento y otras catástrofes. 

13 firmas, que en conjunto recibieron apoyo financiero de “más de cien millones de dólares en inversión” de la OGCI, estaban presentes en la cartera de proyectos del foro. Ahí se incluían empresas que ofrecen tecnologías de liberación de metano, planes de captura de carbono, y “tecnologías que incluyen termostatos de aprendizaje automático y velas cilíndricas para barcos”, según el Financial Times.

Esas inversiones son parte del muy comercializado fondo de inversiones de mil millones de dólares de la OGCI, que llama a la captura de carbono “reciclar el dióxido de carbono”. La web de la OGCI dice que la organización representa a empresas que producen el 30% del petróleo y gas del mundo y operan en 130 de los aproximadamente 200 países del mundo.

Para poner en perspectiva el tamaño de su fondo de inversiones, en 2018 las primeras 12 empresas petrolíferas que cotizan en Bolsa informaron sobre unos ingresos combinados de 1,69 billones de dólares, desde los 1,42 billones de 2017 —lo que significa que el fondo de mil millones de dólares no es nada en comparación con los 270.000 millones de dólares de la industria en crecimiento de ingresos por la producción de combustibles fósiles en sólo un año.

La anterior no es una comparación perfecta —la OGCI cuenta en sus filas con muchas empresas petrolíferas nacionales, incluyendo a la Corporación Nacional de Petróleo de China, Pemex, Petrobras y Saudi Aramco, mientras que las doce firmas que informan sobre ingresos son todas compañías que cotizan en bolsa. Además, esos ingresos son cifras de sólo un año mientras que los planes de mil millones de dólares de la OGCI están repartidos en una década, pero muestra una idea aproximada de la escala de la respuesta de “inversión” de la industria del petróleo.

El gran anuncio de la iniciativa en la Cumbre de Acción por el Clima de la ONU: un “Kickstarter” para “doblar la cantidad de emisiones de CO2 almacenadas en todo el mundo para finales de la próxima década”, según E&E News.

 

PISAR LOS FRENOS

Collin O’Mara, de la Federación Nacional de Vida Silvestre, habló en defensa de las inversiones de captura de carbono en el foro, según el Financial Times

“El señor O’Mara dijo que no había manera de alcanzar emisiones netas cero sin la tecnología, a lo cual algunos se oponen por permitir la continuación de la combustión de combustibles fósiles”, informó el Financial Times. “El tiempo para la pureza se acabó”, dijo. “Lo necesitamos todo. Necesitamos cada tecnología”.

Algunos grupos ecologistas han advertido de que en lugar de acelerar la respuesta mundial al cambio climático, los proyectos de captura de carbono pueden de hecho ralentizar las cosas

 

Otros grupos ecologistas, sin embargo, han advertido de que en lugar de acelerar la respuesta mundial al cambio climático, los proyectos de captura de carbono pueden de hecho ralentizar las cosas. En febrero, el Centro para el Derecho Medioambiental Internacional publicó un informe que advertía que continuar los proyectos de captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) podría obstaculizar la acción sobre el clima —en parte porque muchos programas no piden que el carbono “capturado” sea simplemente almacenado indefinidamente, sino que en vez de eso se utilice para producir más combustibles fósiles.

“La mayoría de los proyectos CCS a gran escala usan el carbono capturado para la recuperación optimizada del petróleo o el metano de las capas carboníferas optimizado”, descubrió el informe. “Los que proponen la captura y almacenamiento de carbono estiman que su utilización para la recuperación optimizada del petróleo podría estimular el consumo de un 40% más de carbono y hasta 923 millones de barriles de petróleo adicionales sólo en EEUU para 2040”.

“El CCUS [captura, uso y almacenamiento de carbono] es valioso para la industria de combustibles fósiles de tres formas clave: aumenta la producción de petróleo, proporciona un balón de oxígeno para una industria del carbón en declive, y afianza en mayor medida la economía general de los combustibles fósiles”, seguía el informe. “Incentivar el CCUS en las políticas y confiar en él para la planificación probablemente ralentizará la transición desde las inversiones en combustibles fósiles y debilitará los esfuerzos más amplios para mitigar el cambio climático.

No son grandes noticias —y no sólo desde la perspectiva de la OGCI— dado que todos los escenarios de la ONU para limitar el cambio climático a 1,5 grados de aumento de la temperatura dependen del desarrollo de proyectos de “tecnología de emisiones negativas”. Aunque los escenarios de la ONU que mantienen el calentamiento en 2 grados incluyen opciones que no dependen de la tecnología de emisiones negativas, según un estudio científico de 2018 publicado en Environmental Research Letters, las diferencias entre 1,5 y 2 grados son brutales.

 

ESTABLECER LA AGENDA

El discurso de Thunberg había previsto las dificultades que muchos tendrían para reconocer la escala de la crisis climática.  “No se presentará ninguna solución o plan en línea con estas cifras hoy, porque estos números son demasiado incómodos”, dijo. “Y todavía no sois lo suficientemente maduros para decir las cosas como son”. 

Mark Brownstein, de EDF, había defendido anteriormente su decisión de asistir al evento de la industria del petróleo. “Su reunión de Nueva York, parte de algo llamado la Iniciativa por el Clima del Petróleo y el Gas (OGCI), podría revelar signos importantes sobre cómo de serios son respecto a acelerar el ritmo”, escribió Brownstein en un blog de Forbes el 22 de septiembre, añadiendo que las empresas podrían mostrar que eran serias demostrando la inversión en tecnologías de captura de carbono y recortando las emisiones de metano.

“Haces progresos al hablar con gente con la que no siempre estás de acuerdo así como con gente con la que estás de acuerdo”, dijo Brownstein a The Guardian. “El cambio climático es un desafío global y no nos podemos permitir marginar a nadie”.

Dicho esto, hablar con CEO de empresas petrolíferas y permitirles establecer la agenda son dos cosas diferentes. Y la OGCI había sido atacada previamente por parte de críticos que la acusan de decir una cosa y hacer otra.

“Estas empresas financiaron la primera ciencia climática. Estaban entre los primeros en descubrir que extraer y quemar combustibles fósiles impacta significativamente en la presencia de gases de efecto invernadero en nuestra atmósfera y ha tenido serios impactos ambientales”, añadió Lena Greenberg, de SustainUS. “¿Qué hicieron con este conocimiento? Llevaron a cabo una campaña de desinformación peligrosamente efectiva”.

“La OGCI hace regularmente declaraciones de intenciones en las semanas previas a las conversaciones anuales internacionales sobre el clima de la ONU”, informa DeSmog en un perfil de la organización actualizado por última vez en enero. “Se ha criticado a estos anuncios como ejercicios de greenwashing, con muchas de las mismas empresas a menudo involucradas en obstruir mediante actividades de lobby la toma de acciones sobre el cambio climático”.

En el momento de redactar este artículo, la OGCI no había respondido a la petición de DeSmog para que hiciera comentarios.

 

FINANCIACIÓN DE LA INDUSTRIA, TEMAS DE DEBATE DE LA INDUSTRIA

El Centro sobre Política Energética Global de la Universidad de Columbia (CGEP, por sus siglas en inglés), una de las organizaciones mencionadas en el borrador, había sido atacado previamente por su financiación por parte de la industria de combustibles fósiles. 

Como informó previamente DeSmog, el centro recibió financiación de ExxonMobil en 2014 y 2015, y tiene un historial de vínculos financieros con otros gigantes del petróleo y el gas.

“Dirigido y fundado por Jason Bordoff, ex director senior del presidente Obama para Energía y Cambio Climático en el Personal del Consejo de Seguridad Nacional, en CGEP también aparecen otros grandes nombres: Carlos Pascual, ex responsable de la Oficina de Recursos Energéticos e Iniciativa Global del Gas de Esquisto de la secretaria de Estado Hillary Clinton; Keith Benes, ex abogado-consejero del Departamento de Estado del Gobierno de Obama; Jim Rogers, ex CEO del gigante del carbón Duke Energy, y muchos otros”, escribió Steve Horn en julio de 2016. Estaba programado que Bordoff hablara en el evento de la OGCI.

“Bordoff y el CGEP son conocidos por impulsar los temas de debate de la industria”, escribió Justin Mikulka en DeSmog en julio de 2018. “Ambos jugaron un papel destacado en el impulso al levantamiento a la prohibición de exportación de crudo estadounidense, usando argumentos que en retrospectiva se han mostrado profundamente erróneos. Aun así, eran consistentes con el mensaje de la industria del petróleo y el gas en ese momento —y en 2015 se levantó la prohibición a la exportación”.

En el exterior, activistas por el clima rodearon parcialmente el edificio donde tenía lugar la reunión de la OGCI, sujetando una pancarta en la que se leía: “ExxonSabía: Hacedles Pagar”. Buscaban centrar la atención no en lo que se estaba diciendo dentro del foro, sino en lo que las empresas miembros de OGCI hacen fuera de la sala de reuniones todos los días.
“Las empresas en OGCI fingen preocuparse por la crisis climática”, dijo Collin Rees, de Oil Change International, “pero están construyendo activamente suficiente infraestructura de combustibles fósiles como para hacer trizas los presupuestos de carbono mundiales y burlarse del Acuerdo de París”.

 

Artículo original: Oil Industry Set Agenda During Climate Summit Meeting with Big Greens en Desmog Traducido por Eduardo Peréz para El Salto
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Deuda corporativa, estímulos fiscales y la próxima recesión

News from Attac Spain - Thu, 31/10/2019 - 22:46
sinpermiso
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ichael Roberts La deuda de las corporaciones en las principales economías ha aumentado desde el final de la Gran Recesión en 2009. Con la desaceleración del crecimiento global y la posibilidad de que una recesión global se repita diez años después de la última, la deuda de las corporaciones pronto será tan onerosa para un número importante de grande de compañías como para desencadenar una ronda de bancarrotas corporativas. A continuación, los bancos tendrán un fuerte aumento de préstamos morosos. Lo que podría llevar a una nueva crisis crediticia, ya que los bancos se niegan a prestarse entre sí.Esa restricción crediticia se produjo brevemente el mes pasado, cuando la Reserva Federal de los Estados Unidos se vio obligada a inyectar más de $ 50 mil millones en el sistema bancario para revertir un aumento muy brusco de las tasas de interés interbancarias, ya que los bancos con exceso de liquidez rechazaron ayudar a los más débiles. La causa de esa contracción monetaria fue un aumento de la oferta de bonos del gobierno a medida que la administración Trump emitió más para cubrir su creciente déficit presupuestario. Algunos bancos no pudieron financiar las compras a las que se comprometieron sin pedir prestado. A medida que las reservas bancarias depositadas en los bancos centrales en EE. UU., Europa y Japón han aumentado, el volumen del mercado monetario interbancario ha disminuido.Como resultado de esta conmoción en los mercados crediticios, la Fed ha regresado al mercado para comprar letras del Tesoro a corto plazo para restablecer la liquidez bancaria. Después de poner fin a la flexibilización cuantitativa (QE, comprar bonos) y comenzar a subir su tasa de interés política el año pasado, la Fed tuvo que dar marcha atrás, reducir las tasas y volver a utilizar la QE. Más de la mitad de los bancos centrales están ahora relajando la presión, la mayor proporción desde las secuelas de la crisis financiera. Durante el tercer trimestre de 2019, el 58% de los bancos centrales redujeron las tasas de interés.

En su último informe de Estabilidad Financiera Global, el FMI expresó su preocupación de que: las corporaciones en ocho economías importantes están asumiendo más deuda, y su capacidad para servirla se está debilitando. Hemos analizado el impacto potencial de una desaceleración económica material, cuya gravedad equivaldría a la mitad de la crisis financiera mundial de 2007-08 y nuestra conclusión es preocupante: la deuda de las empresas que no pueden cubrir los servicios de los intereses con ganancias, lo que llamamos deuda corporativo de riesgo, podría aumentar hastlos $ 19 billones. Eso es casi el 40 por ciento de la deuda corporativa total en las economías que hemos estudiado, que incluyen Estados Unidos, China y algunas economías europeas”.

Y en los mercados emergentes: la deuda externa está aumentando en las economías emergentes y fronterizas a medida que atraen los flujos de capital de las economías avanzadas, donde las tasas de interés son más bajas. La deuda externa media ha aumentado al 160 por ciento de las exportaciones desde el 100 por ciento en 2008 en las economías de mercados emergentes. Un fuerte ajuste de las condiciones financieras y mayores costes de endeudamiento dificultarían el pago de sus deudas”. Tobias Adrian y Fabio Natalucci, dos altos funcionarios del FMI responsables del Informe de Estabilidad Financiera Global, señalan: “Un fuerte y repentino ajuste de las condiciones de financiación podría desenmascarar estas vulnerabilidades y ejercer presión sobre la valoración de los precios de los activos “.

Hace tiempo que he sugerido (años) que la deuda corporativa podría ser el desencadenante financiero de una nueva recesión. Fue así con la deuda del sector inmobiliario (hipotecas de alto riesgo) en 2007-8; ahora podría ser la deuda corporativa (a través de ‘préstamos apalancados’, es decir, de compañías de crédito ya cargadas de deuda).

Parece que el FMI se apunta ahora a esa hipótesis. El ex economista jefe de Goldman Sachs y ahora columnista del FT, Gavyn Davies, también subraya este creciente riesgo. Davies comenta: Argumenté en marzo que este problema aún no era peligroso, pero que probablemente fui demasiado complaciente”. Y lo fue, dice, porque aunque las relaciones de deuda e ingresos de las empresas estadounidenses ya estaban cerca de sus picos históricos, otros aspectos de los balances y los flujos financieros de las empresas estaban en mejor situación. Los márgenes de beneficio todavía eran bastante sólidos, el saldo financiero neto del sector corporativo tenía un superávit cómodo, los ratios entre tasas de interée ingresos eran bajas y las de deuda y bonos eran saludables”. Pero ahora:“En los últimos seis meses, la situación de las finanzas corporativas en los Estados Unidos se ha vuelto más preocupante Al igual que en otras economías importantes, los márgenes de ganancia se han visto sometidos a una creciente presión a la baja, porque los costes salariales de los productores han aumentado más rápidamente que los precios de venta al consumidor”.

Como resultado de la reducción de los márgenes de ganancias y la desaceleración del crecimiento de los ingresos, se estima que las ganancias de las compañías del S&P 500 han caído en los últimos 12 meses, por debajo de su crecimiento del 20 por ciento en 2018. Además, el crecimiento de las ganancias de las grandes compañías del El S&P 500, incluidas las ganancias en el extranjero, ha sido mucho más alto que la cifra para todo el sector empresarial en la economía nacional. Esas cifras muestran que las ganancias en los Estados Unidos han aumentado solo un 6 por ciento en los últimos tres años, en comparación con un aumento del 50 por ciento para el S&P 500. ¡Y las ganancias del sector no financiero son en realidad más bajas que en 2014! Es una recesión de ganancias.

En un artículo anterior a Davies, analicé los resultados de ganancias de las 500 principales compañías por su valor del mercado de valores en los EE. UU., S & P-500. Con casi todos los resultados para el segundo trimestre de 2019 que finaliza en junio, las ganancias totales aumentaron solo un 0.5% y los ingresos por ventas aumentaron solo un 4.7%. Después de tener en cuenta la inflación real, las ganancias reales fueron negativas y los ingresos apenas positivos. Y eso es para las 500 principales empresas. Para las empresas más pequeñas, la situación es aún peor. Las ganancias cayeron más del 10% respecto al año pasado y los ingresos aumentaron solo un 2.2%, o se mantuvieron estables después de descontar la inflación. Excluyendo el sector financiero, las ganancias bajarían un 21%. Un análisis por sectores muestra que el sector minorista obtuvo mejores resultados en la medida que el consumidor estadounidense siguió gastando, junto con el sector financiero. Pero sectores productivos como la tecnología tuvieron una caída del 6,3% en sus ganancias. Y esa es la clave. En el primer semestre de 2019, las ganancias están en territorio negativo en comparación con un aumento del 23% en el primer semestre de 2018. Y el pronóstico para las ganancias del tercer trimestre es una caída adicional del 4.3% interanual.

Davies reconoce que: El deterioro en el crecimiento de las ganancias ha sido acompañado por un comportamiento financiero corporativo más agresivo, mientras que la inversión de capital real para expandir la capacidad productiva se ha reducido. Según el informe de estabilidad del FMI, las recompras de acciones, los dividendos y las actividades de fusión y adquisición, financiadas con préstamos apalancados y bonos de alto rendimiento, han aumentado en 2019. Estas actividades se han extendido a las pequeñas y medianas empresas, que según el FMI son particularmente vulnerable cuando se trata de ganancias”. Exactamente. A medida que cae la rentabilidad (y ahora incluso la masa de ganancias), las compañías han tratado de contrarrestar esto con especulación financiera. Las grandes empresas pueden gracias a sus considerables reservas de efectivo, pero no las empresas más pequeñas que no acumulan tanto efectivo.

Davies llega a la conclusión que defendí hace algún tiempo. Aisladas de otros shocks económicos, es poco probable que tales debilidades financieras de las empresas desencadenen una recesión, pero ciertamente podrían exacerbar los efectos de otros shocks contractivos. Esto es lo que sucedió en 2008, cuando un choque de tamaño mediano en el mercado de hipotecas de alto riesgo causó una enorme caída en la actividad económica. El impacto de las disputas comerciales en la confianza empresarial, que se ha estado derrumbando en los últimos meses, es la amenaza actual más obvia”.

Al mismo tiempo que Davies llegó a esta conclusión, el economista jefe para Estados Unidos del banco Societe Generale, Stephen Gallagher, argumentó que las recesiones estadounidenses suelen ir precedidas de una erosión en los márgenes de ganancias corporativas o ganancias por dólar de ingresos. Los costos generalmente aumentan cerca del final del ciclo, mientras que las ventas se estabilizan. Hay un ciclo de ganancias, algo que mis lectores conocen bien. El ciclo actual del margen de beneficio (la línea azul en el gráfico siguiente) está llegando al punto de recesión. El gráfico muestra la tendencia histórica de los márgenes de beneficio en varias etapas del ciclo económico, así como los márgenes en este ciclo.

Gallagher señala que los márgenes de ganancias de EEUU se han reducido desde 2016. “La erosión en los márgenes es la clave de la dinámica del ciclo económico”, dice Gallagher. Si Estados Unidos entra en una recesión en 2020, es muy probable que la historia lo considere como una recesiópor guerra comercial. Pero las tensiones comerciales son solo el catalizador, no la causa principal, dice. “Con un telón de fondo de expectativas débiles de ganancias, la incertidumbre comercial plantea serios desafíos a la planificación empresarial”, argumenta Gallagher. “En un entorno de márgenes de beneficio mucho más fuertes, la misma incertidumbre comercial probablemente representaría un factor menos disuasorio”.

Como historiador económico y autor de Crashed, Adam Tooze tuiteó : “ ¿Qué pasaría si orientásemos nuestro análisis del ciclo económico hacia lo que presumiblemente es el impulsor básico de la actividad comercial, es decir, las ganancias de las empresas, en lugar de factores intermedios que pueden o no afectar seriamente esas ganancias, por ejemplo los aranceles?” Exactamente. Un colapso financiero o una guerra comercial no conducen a una recesión económica, a menos que ya existan problemas serios con la rentabilidad del capital.

No son solo Gavyn Davies y el FMI los que se están dando cuenta del riesgo financiero y de la deuda. En un discurso pronunciado el 25 de septiembre, el gobernador de la Fed, Lael Brainard, dijo que “la adopción de riesgos financieros por parte de las empresas estadounidenses en forma de distribución de beneficios y fusiones y adquisiciones ha aumentado, en contraste con unos gastos de capital moderados”. Los aumentos repentinos de riesgos financieros generalmente preceden a las recesiones económicas. A medida que se acumulan las pérdidas comerciales y aumentan la morosidad y los incumplimientos, los bancos están menos dispuestos, o no pueden, prestar. Esta dinámica se retro-alimenta”. Por lo tanto, la Fed debe actuar con una nueva tanda de flexibilización monetaria:”La Fed decidirá si activa su amortiguador de capital anticíclico en noviembre. Este mecanismo permite a la Fed exigir a los bancos más grandes de la nación que aumenten las reservas de capital en el momento en que surjan tensiones económicas”.

En Japón, es la misma historia. El presidente del Banco de Japón, Kuroda, pidió una combinación de medidas para impulsar el crecimiento económico. Volvió a lo que solía llamarse las tres flechas de Abenomics: flexibilización monetaria, gasto fiscal flexible y reformas estructurales para aumentar el potencial de crecimiento a largo plazo del país. Kuroda todavía cree que los bancos centrales pueden salvarnos de la recesión, si bien los gobiernos también deberían ayudar con medidas de estímulo fiscal. Estamos equipados con kits de herramientas no convencionales, por lo que no es necesario ser demasiado pesimista sobre la efectividad de la política monetaria. Kuroda insinuó una mayor flexibilización a principios de este mes.

Pero, como he defendido en detalle anteriormente, la flexibilización de la política monetaria no ha logrado restaurar las tasas de crecimiento anteriores a 2007 y ahora no puede detener la recesión que se avecina. De hecho, las tasas de interés a nivel mundial están en mínimos históricos, e incluso negativos en muchas economías importantes y, sin embargo, la economía mundial sigue desacelerando.

En la reciente reunión del FMI y el Banco Mundial, el ex gobernador del Banco de Inglaterra durante la Gran Recesión, Mervyn King, calculó que “la economía mundial está andando sonámbula hacia una nueva crisis financiera porque la economía convencional y las instituciones oficiales todavía no han cambiado sus ideas complacientes erróneas de antes de la última crisis.   Al apegarnos a la nueva ortodoxia de la política monetaria y pretender que hemos conseguido que el sistema bancario sea seguro, estamos caminando sonámbulos hacia esa crisis”. King continua: “la resistencia al nuevo pensamiento significa que crece la amenaza de una repetición del caos del período 2008-09”. Esto es notable por parte de King, quien antes de 2007 había comentado lo bien que iba la economía mundial: “una buena década”, la llamó. Él también estaba atrapado entonces en el ‘viejo pensamiento’.

Haciéndose eco de mi propio punto de vista de lo que llamo la Larga Depresión, King dice ahora que la economía mundial estaba atrapada en una ‘trampa de bajo crecimiento’ y que la recuperación de la depresión de 2008-09 fue más débil que después de la Gran Depresión. “Tras la Gran Inflación, la Gran Estabilidad y la Gran Recesión, hemos entrado en el Gran Estancamiento”. King apoya la posición expresada regularmente por el ex Secretario del Tesoro keynesiano, Larry Summers, sobre el concepto de estancamiento secular, un período permanente de bajo crecimiento en el qué tasas de interés muy bajas son inútiles.

Si la política monetaria ahora es inútil a pesar de las vanas esperanzas de Powell en la Reserva Federal o Kuroda en el Banco de Japón, ¿qué se debe hacer? King afirma que el problema es “un patrón distorsionado de demanda y producción“, es decir, una inversión excesiva en China y Alemania y una inversión insuficiente en otros lugares. Tiene que haber un cambio global del ahorro y la inversión. Pero aparte de la pregunta obvia de cómo podría lograrse tal cambio sin la cooperación internacional, el problema no es un “desequilibrio global”. Ha habido desequilibrio durante décadas. Los Estados Unidos, el Reino Unido, etc., han tenido déficits en cuenta corriente regularmente, mientras que Alemania, Japón y China han tenido superávit. Y sin embargo, ha tenido lugar crecimiento económico. La causa de las crisis regulares y recurrentes se puede encontrar en los argumentos de Gavyn Davies, no en los de Mervyn King.

En todas partes, ya sea entre economistas convencionales o instituciones oficiales, el clamor ahora es el ‘estímulo fiscal’. Por ejemplo, Laurence Boone y Marco Buti, economistas de la OCDE, exigen aquí y ahora: la búsqueda de una combinación de políticas más equilibrada . “Si bien se reconoce en general que la política monetaria se enfrenta a restricciones cada vez mayores, la política fiscal y las reformas estructurales deben desempeñar un papel más importante. En particular, la política fiscal podría ser más favorable, especialmente en la zona euro. Emprender el tipo correcto de inversión pública ahora, en infraestructura, educación o para mitigar el cambio climático, estimularía nuestras economías y contribuiría a hacerlas más fuertes y más sostenibles”.

Tal como Keynes afirmó que sería necesario en la Gran Depresión de la década de 1930,  ahora, cuando la Larga Depresión entra en su décimo año, la respuesta es un mayor gasto público, recortes de impuestos y déficit presupuestarios (y no se preocupen más por el aumento de la deuda pública).  Pero así como el estímulo fiscal no funcionó en la década de 1930 (en su lugar, se necesitó una guerra mundial y que los gobiernos tomaran el control del ahorro y la inversión), tampoco funcionará esta vez. Y eso asumiendo que los políticos lo intenten incluso.

El estímulo fiscal y la “gestión de la economía” por los gobiernos son la piedra de toque del pensamiento keynesiano y poskeynesiano, incluida la llamada Teoría Monetaria Moderna (MMT). La única diferencia real entre el estímulo keynesiano y la MMT es que esta último cree que se puede hacer sin emitir bonos para financiarlo: basta ‘imprimir dinero’.

Lo verdaderamente chocante es que incluso algunos marxistas consideran que el estímulo fiscal y más gasto público es todo lo que necesitamos para evitar una nueva recesión. La cuestión de la caída de la rentabilidad y de las ganancias subrayada por Gavyn Davies aparentemente no es relevante en absoluto. La rentabilidad del capital no juega un papel clave para ellos en este sistema capitalista de producción por lucro. Pero las ganancias provienen de la inversión, no viceversa. Así que, todo lo que tenemos que hacer es impulsar la inversión.

Tomemos un artículo reciente de John Weeks, un veterano economista de izquierdas (¿marxista?) que escribió un artículo brillante en la década de 1980 ( John Weeks sobre el subconsumo) que mostraba que la teoría de las crisis marxista no tenía nada que ver con la falta de demanda efectiva causada por el bajo consumo de los trabajadores. Weeks es ahora el coordinador del Progressive Economy Forum, un grupo de expertos de izquierda. Ahora escribe: “Las economías de mercado requieren una gestión de políticas: (como) nos enseñó Keynes”. Como se ve en la Edad de Oro de la década de 1960, cuando los responsables de las políticas económicas siguieron a Keynes e intervinieron con medidas fiscales para gestionar la economía, hubo un alto nivel económico de crecimiento sin crisis. Pero cuando los gobiernos neoliberales abandonaron las políticas keynesianas, surgió la crisis.

Weeks ahora argumenta que las economías capitalistas sufren periódicamente una inestabilidad extrema, siendo el ejemplo más reciente la Gran Crisis Financiera de finales de la década de 2000. Estos momentos de inestabilidad extrema, recesiones y depresiones, son el resultado … de “fallos” de la demanda privada; específicamente, la volatilidad de la inversión privada y, en menor medida, la demanda de exportación ”. Weeks señala correctamente que es la volatilidad de la inversión lo que causa auges y caídas, no el consumo privado. Pero, ¿qué causa los cambios en la inversión? Weeks ofrece una respuesta keynesiana directa: La inestabilidad resulta porque las inversiones se realizan anticipando las condiciones económicas futuras, que son inciertas. ”Por lo tanto, es la incertidumbre sobre el futuro, una causa subjetiva, y nada tiene que ver con la imagen objetiva de la rentabilidad real de la inversión.

Si Weeks (y los keynesianos) tienen razón, entonces, de hecho, el gasto público (puedeservir  para compensar la inestabilidad inherente de la demanda privada. Esta es la esencia de la política fiscal anticíclica”: el gobierno central aumenta su gasto cuando la demanda privada disminuye,  y aumenta los impuestos cuando los gastos privados crean presiones inflacionarias excesivas. Durante 1950-1970 ese fue el consenso político, y coincidió con la “edad de oro del capitalismo“.

Pero está equivocado. Primero, la edad de oro no llegó a su fin porque se abandonaran las políticas keynesianas; por el contrario, las políticas keynesianas fueron abandonadas porque la Edad de Oro llegó a su fin. Y eso se debió a que la rentabilidad del capital se hundió seriamente desde finales de los años sesenta hasta principios de los ochenta en todas las principales economías capitalistas. Como resultado, la inversión fue volátil y las economías sufrieron varias crisis. Lejos de que la gestión de la demanda keynesiana detuviera estos cambios cíclicos, incluso en las décadas de 1950 y 1960, en realidad los exacerbaron. Al menos esa era la opinión del principal economista keynesiano británico de la década de 1960, Christopher Dow, quien resumió en su monumental historia del período: “Las principales fluctuaciones en la tasa de crecimiento de la demanda y la producción en los años posteriores a 1952 fueron, por lo tanto, principalmente debidas a la política del gobierno. Este no fue el efecto deseado; en cada fase, debe suponerse, la política fue más lejos de lo previsto, como a su vez la corrección de esos efectos. En lo que respecta a las condiciones internas, la política presupuestaria y monetaria no lograron estabilizar y, por el contrario, debe considerarse que fueron desestabilizadoras sin duda alguna (JCR Dow, The Management of the British Economy, 1964).

En segundo lugar, la inversión no precede a las ganancias, sino viceversa en una economía capitalista. No es la falta de demanda privada lo que causa una crisis; pero una crisis es solo eso: una falta de demanda efectiva. Pero esta crisis de “realización”, para usar el término de Marx, es el resultado de la crisis de rentabilidad. Ahí es donde debería comenzar un análisis correcto sobre las causas de las crisis, como ahora sugieren Davies y Tooze. Yo y otros hemos presentado la explicación teórica (marxista) y pruebas empíricas de esta conexión causal. Los keynesianos pueden negarlo, pero parece que incluso los economistas convencionales como Gavyn Davies se han dado cuenta de esta conexión causal. Si esto es correcto, los intentos de evitar una nueva depresión utilizando políticas fiscales no frenarán o revertirán la caída de las ganancias e inversiones corporativas y, por lo tanto. no evitarán una nueva depresión.

Ya existe una recesión manufacturera global. La economía alemana en su conjunto está en recesión virtual, según su propio banco central, el Bundesbank. China está creciendo a su ritmo más lento en casi 30 años. Los detonantes para una depresión mundial se multiplican. Tenemos disturbios y protestas contra los recortes de austeridad en varias ‘economías emergentes’ a medida que la desaceleración global afecta a las exportaciones y los ingresos: en el Líbano, en Ecuador, en Chile, en el empobrecido Haití. Al mismo tiempo, las economías emergentes más grandes están en crisis (Argentina, Turquía) o estancadas (Brasil, México, Sudáfrica).

Incluso en los Estados Unidos, la principal economía capitalista avanzada con mejores resultados,  el crecimiento se está desacelerando, mientras que la inversión y las ganancias están cayendo. Y en este contexto, una de las principales empresas de Estados Unidos está en serios problemas. La parada técnica del 737 Max jet después de dos accidentes trágicos ha disminuido silenciosamente el crecimiento de EEUU, ha reducido la productividad y ha reducido las ganancias de varias compañías estadounidenses. Boeing no es una compañía ordinaria. Es el mayor exportador industrial de Estados Unidos y un empleador privado muy grande. Sus productos cuestan cientos de millones de dólares y requieren miles de proveedores. No es de extrañar que la parada técnica del avión de mayor venta de Boeing tenga efectos en toda la economía. Los economistas redujeron el crecimiento de Boeing en alrededor de 0.25 puntos porcentuales en el segundo trimestre, mientras que el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca estimó que el daño fue aún mayor: los problemas de Boeing redujeron el PIB de marzo a junio en 0.4 puntos porcentuales.

La política monetaria y fiscal será inútil a la hora de detener el tsunami económico que se avecina.

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(Argentina) Del 1° Encuentro Nacional de Mujeres al 34

News from Attac Spain - Wed, 30/10/2019 - 10:08

Analizando la deuda externa

 Ester Kandel
cadtm

 

Como participante del ENM, realizado en 1986, tengo vivo el recuerdo de la preocupación por la deuda externa, especialmente por las conse-cuencias sociales que vivíamos, sobre todo, las mujeres.

En el taller Aislamiento y Comunicación, como coordinadora del mismo, analizamos las diversas causas, hicimos referencia a las políticas, sociales históricas, económicas y culturales. Profundizando en las limitaciones externas, una de las principales son las condiciones de país dependiente. Concretamente se hizo referencia a la deuda externa, cuya renegociación es un refuerzo de esta dependencia a costa de la falta de trabajo y alimentación de un sector de la población. Asimismo se expresó la negativa del gobierno al pedido de subsidio de pan, leche y carne, evidenciando que se privilegian las exportaciones por sobre las necesidades del consumo interno.

El tema de la deuda externa, en particular, se desarrolló en dos talleres: La mujer, la deuda externa y la solidaridad continental [1] y Solidaridad latinoamericana y deuda externa [2] .

Los dos talleres tienen puntos de coincidencia sobre la caracterización del país y en la elaboración de propuestas y las consecuencias en las mujeres, “agravándose su situación de discriminación en todos los órdenes”:

La deuda externa es una de las formas de la dependencia. En la hora actual el imperialismo impone en nuestros países, la doctrina de la seguridad nacional, que lleva a sus aliados nativos a la implementación del terrorismo de Estado, (…) Esta represión ejercida fundamentalmente contra la clase trabajadora posibilitó la imposición de un plan económico que tuvo como objetivo la destrucción del aparato productivo, dando origen a esta deuda ilegítima e inmoral que indudablemente es impagable, aun si se aplican los dictados del F.M.I., como se ve en la práctica.

Entre las propuestas de los talleres, figura:
• Una moratoria e investigación paralela de la deuda externa, enjuiciando a los culpables de la misma.
• La formación de una Comisión Parlamentaria que investigue la deuda externa a fin de que el país rechace la deuda ilegítima.

Hambre, desocupación y empobrecimiento

Después de 34 años la situación ha empeorada y es oportuno recordar que en el marco del cuestionamiento del proceso productivo, se convocó a una “Conferencia Internacional” en la Ciudad de Buenos Aires entre el 3 y 5 de junio del 2015, como un desafío para instalar una posición política alternativa, con el espíritu de recuperar la brega del patriota Alejandro Olmos y al mismo tiempo reivindicar los procesos de investigación existentes en nuestra historia reciente, exigiendo que se investigue la deuda, y mientras tanto, suspender los pagos. Hace 15 años falleció Alejandro Olmos, quien denunció a la Dictadura y, especialmente, a las autoridadeseconómicas y monetarias de entonces sobre la responsabilidad del fraude de la deuda. Gracias a la iniciativa política y judicial de Olmos, en Junio del 2000, la justicia formuló un fallo denunciando 477 casos de fraude.

La 1ª Conferencia Internacional sobre Deuda, Bienes Comunes y Dominación. Resistencias y Alternativas Hacia el Buen Vivir.concluyó que existen una diversidad de resistencias: a la sojización, al modelo agrario, a la fumigación, a la mega-minería a cielo abierto o al fracking y el uso generalizado de tóxicos que contaminan el ambiente y a los pueblos, contra la industrialización de ensamble, contra el cáncer del endeudamiento eterno, los tratados de liberalización comercial y financieros y contra la mercantilización de la vida cotidiana.

En el 2015, decíamos, están afectados los derechos sociales de la mayoría del pueblo, en salud, trabajo y educación. Las mujeres ven más restringida su participación en el mercado laboral, pues al no tener trabajo registrado o sólo acceder con contratos temporales, no cuentan con infraestructura pública suficiente para albergar a la primera infancia, Continúa la discriminación en la selección de personal de las mujeres con hijos/as. Nos encontramos frecuentemente con este problema: “escondí el embarazo para que no me echen, porque estaba sola y no tenía a quien pedirle ayuda”, confía Pilar. Hoy la mujer es telefonista en un “sanatorio privado” (…) También están afectados los embarazos por efectos de los agroquímicos, produciendo abortos. La violencia obstétrica es frecuentes en muchos servicios hospitalarios, especialmente, cuando las mujeres concurren por efectos de los abortos clandestinos. Precariedad significa inestabilidad e inseguridad, como efecto de la lógica de la ganancia del capital.

Hoy, la situación es más grave que en el 2015 y, es por eso que nos preocupa y nos ocupa, tratando de buscar propuestas para enfrentar esta deuda que nos llevó al Hambre, desocupación y empobrecimiento.

María Elena Saludas, integrante de la Comisión para la Abolición de las Deudas ilegítimas, (CADTM),y de la Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana, (ATTAC), pone el foco en el papel del FMI:

De lo hasta ahora desembolsado por el FMI, 45.000 millones, gran parte se usó para financiar la fuga de capitales. Aquí, yahay un elemento que nos permite categorizar a la deuda como ilegitima. Peroademás, otro elemento es que el FMI está en contravención con el artículo sexto de su propio convenio constitutivo, que le prohíbe prestar a los países miembros para atender corridas cambiarias. (Tramas, octubre, 2019).

En cuanto a las propuestas recuerda lo realizado en Ecuador al destacar cómo fue el proceso de renegociación de la deuda en dicho país:

La auditoría de la Deuda, podemos decir que es una herramienta para tomar medidas unilaterales contra las Deudas Públicas ilegítimas, como ocurrió en Ecuador con la constitución de la Comisión de Auditoria Integral del Crédito Publico (CAIC – 2017) por parte del gobierno de Rafael Correa. Esta es una historia en verdad de éxito ya que se suspendió, a partir de la investigación de esta comisión, el pago de una parte de la deuda comercial por tres mil millones de dólares que se pudieron aplicar a Salud, Educación y demás políticas sociales.

Reiteramos que los logros legislativos y beneficios que obtuvimos las mujeres, en mu-chos órdenes, no cambiaron las condiciones de vida de la mayoría de la población, al contrario las empeoraron. Por eso debemos ser parte de un colectivo que denuncia, lucha y se organiza para cambiar un sistema de relaciones injustas, como es el orden capitalista.

Bibliografía

- Barrera, Analé y Lucas Castiglioni, Un mundo de deudas. Escenarios posibles y alternativas para el caso argentino, Revista Tramas, Bahía Blanca, 15 de octubre de 2019.
- Encuentro Nacional de Mujeres, 23, 24, 25 de Mayo/86, Centro Cultural San Martín, Buenos Aires, Edición de la Comisión Organizadora.
- Kandel, Ester,Una propuesta para el Encuentro Nacional de Mujeres- No pago de la deuda externa ilegítima – pagar la deuda con las mujeres, niñas/os y jubilados/as – ACTA, 6 de agosto de 2015 / RIMA – 7 de agosto de 2015 – CADTM – Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo -8 de agosto de 2015

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El IBEX 35 reparte para quedarse con la mejor parte

News from Attac Spain - Tue, 29/10/2019 - 23:02

 Según el informe de Oxfam Intermón, “a pesar de la recuperación de los beneficios de muchas de las grandes empresas, éstas siguen sin aumentar los salarios y aportan en impuestos aún mucho menos de lo que pagaban antes de la crisis”.

Dani Domínguez
la marea

La recesión económica iniciada en 2008 puso en jaque la economía de millones de familias que vieron cómo sus vidas se tambaleaban. La compañías pusieron en marcha despidos colectivos de manera generalizada, los bancos ejecutaban desahucios dejando a 400.000 familias en la calle entre 2008 y 2016, bajaban los salarios mientras el coste de la vida no paraba de encarecerse… Y todavía hoy, las heridas de una crisis que afectó de manera desigual siguen abiertas. Un nuevo informe de Oxfam Intermón cartografía así algunas de sus claves: “los salarios en nuestro país siguen sin crecer y las empresas apenas aportan en impuestos la mitad de lo que lo hacían antes de la crisis”.

En su investigación ‘Quien parte y reparte. La huella en la desigualdad de las empresas del IBEX 35’, la ONG realiza un análisis de los datos relativos a salarios, empleo y pago de impuestos, una información que desde este año las compañías están obligadas a facilitar, aunque según denuncia Oxfam, lo hacen “de manera muy desigual y, en general, de manera poco consistente”. A pesar de esta opacidad, las conclusiones de la organización son claras: “las empresas del IBEX 35 propician el aumento de las diferencias, al priorizar atender el interés de los miembros de los estratos más favorecidos, sus accionistas, en detrimento de la gran mayoría, formada por las personas que trabajan en estas empresas, sus proveedores y consumidores, y la sociedad en general”.

Más para los que más tienen, menos para el resto. La lógica capitalista extremada por su corriente neoliberal. Según publicaba eldiario.es hace unos días, el sueldo de los consejeros y las consejeras de las empresas del IBEX 35 batieron un nuevo récord durante 2018, situándose el salario medio en 700.000 euros brutos anuales, un 2,7% más que el año anterior. Desde 2014, el sueldo medio por consejero ha crecido más de un 100%. El grueso de la plantilla de las compañías, sin embargo, no se han beneficiado de estas mejoras, más bien lo contrario, reduciéndose su salario un 1,2% en 2018. «La brecha salarial aumenta, y la distancia media entre el sueldo más alto y el salario medio de cada empresa ya es de 123 veces”, señala Oxfam en su informe. Una brecha que se agrava en el caso de las mujeres, que ganan un 15% menos de media que sus compañeros varones. Banco Santander, Mapfre y Viscofan se colocan en las primeras posiciones de este ranking de la brecha salarial con un 31%, 28% y 26%, respectivamente.

Esta situación se produce en un contexto de aumento de los beneficios de estas grandes empresas. Siguiendo con los datos aportados por la ONG, desde 2015 el resultado de explotación de las empresas del IBEX 35 ha crecido un 65%, “pero ese fuerte crecimiento de los resultados no ha derivado en mejoras salariales ya que, en el mismo período, los sueldos de estas empresas se contrajeron un 0,5%”. Los accionistas, por su parte, sí han disfrutado de los buenos tiempos: “recibieron en forma de dividendos 3 de cada 4 euros de los beneficios obtenidos por las empresas del IBEX 35 en los últimos cinco años”.

Oxfam pone nombres a estos agentes que están reproduciendo la desigualdad: las que más: Arcelor Mittal, IAG Iberia y Mapfre, “ya que presentan un mayor número de ámbitos con resultados que apuntan a una distribución más desigual”. Acerinox, por su parte, es la compañía que “aparenta propiciar un reparto más equilibrado”. Si nos atenemos a los ámbitos de acción de las empresas, el sector financiero y el de la industria y la construcción “destacan sobre todo por sus enormes diferencias salariales y por la numerosa presencia que mantienen en paraísos fiscales”.

Los sueldos más bajos los encontramos en Inditex (20.865 euros), CIE Automotive (21.482 euros) y Meliá Hotels (21.669 euros). En el lado contrario se encuentran Merlin Properties e Inmobiliaria Colonial, con sueldos de 164.281 euros y 102.542 euros, respectivamente. Sin embargo, como señalan desde Oxfam, “ambas empresas son ‘especies raras’ dentro del grupo del IBEX 35, ya que ninguna de las dos supera los 200 trabajadores y ambas son SOCIMIs, una fórmula jurídica muy específica de empresas cotizadas del negocio inmobiliario dedicadas promover el mercado de alquiler”.

“Ventajas fiscales”

En el informe ‘Quien parte y reparte. La huella en la desigualdad de las empresas del IBEX 35’, la organización también denuncia la falta de transparencia en materia fiscal de las 35 empresas del principal índice bursátil español. Uno de las grandes escollos a la hora de conocer esta información se debe a la “amplia presencia que siguen manteniendo en paraísos fiscales”, contando en el último año con hasta 805 filiales en estos territorios de baja o nula tributación: “Aunque las empresas están disminuyendo el número de filiales que mantienen en estos territorios, lo hacen a un ritmo insuficiente, apenas un 6% de reducción en el último año. A ese ritmo, tardarían hasta 15 años en liquidar su presencia en paraísos fiscales”, señalan desde Oxfam Intermón.

Solo cinco empresas –Aena, Bankia, ENCE, Inmobiliaria Colonial y Merlin Properties– no tienen ninguna filial en paraísos fiscales. Otras cinco cuentan con el dudoso honor de tener más de 50 empresas en estos territorios: Banco Santander (207), ACS (102), Repsol (70), Ferrovial (65) y Arcelor Mittal (55). Como viene siendo habitual, Delaware es el lugar preferido por estas empresas, donde las 35 empresas del IBEX tienen hasta 352 filiales. Le siguen Holanda (119 filiales), Irlanda (75) y Luxemburgo (56).

No obstante, estas no son las únicas “ventajas” a las que pueden recurrir estas grandes compañías y que serían impensables para pequeñas y medianas empresas. Entre su amplio catálogo de gangas se encuentran “los créditos fiscales, otorgados en muchos casos por adquirir empresas en pérdidas, y que permiten a las empresas que los detentan deducirse importes en su futura factura fiscal”. Según Oxfam, estos créditos ascienden a 66.142 millones de euros, más de dos veces y medio el importe que recauda el Impuesto de Sociedades, que en 2018 recaudó 24.838 millones de euros. A España, el desvío de los beneficios empresariales hacia paraísos fiscales, con el objetivo de pagar menos tributos, le supone una pérdida del equivalente al 13% de su recaudación en el impuesto empresarial, es decir, 3.229 millones de euros..

Como en otros epígrafes, la información proporcionada por las empresas es desigual. Así, 10 empresas  –Enagás, ENCE, Inmobiliaria Colonial, Mediaset, Merlin Properties, Siemens Gamesa, Técnicas Reunidas y Viscofan– no aportan datos sobre las cantidades que han pagado en impuesto de sociedades, mientras que tres de ellas –Banco Santander, BBVA y Cellnex– proporcionan incluso más información de la que pide la ley.

Las recomendaciones de Oxfam

La organización utiliza la última parte del informe para dirigirse al futuro Gobierno y a las empresas para hacerles algunas recomendaciones sobre materia fiscal, laboral e igualdad. Al Ejecutivo le pide una actualización de la lista negra española de paraísos fiscales para que sea más “objetiva y ambiciosa” y una revisión “exhaustiva y rigurosa” de todos los incentivos y deducciones fiscales a los que pueden acogerse las grandes empresas, con el objetivo de que estas “paguen un tipo efectivo sobre sus beneficios empresariales que se acerque al tipo nominal”. Solicitan también la creación de un impuesto a “los servicios digitales de grandes empresas tecnológicas” y a “las transacciones financieras”.

En materia de salarios y derechos laborales piden la subida del Salario Mínimo Interprofesional hasta los 1.000 euros en 2020 y acabar con la brecha salarial de género, además de “reforzar el poder de negociación de las personas trabajadoras”, priorizando los convenios sectoriales, y “promover cambios legislativos encaminados a reducir la precariedad laboral”.

Por su parte, a las compañías les piden que “elaboren y firmen un manifiesto en el que, de forma pública, se comprometan a llevar a cabo unas prácticas empresariales encaminadas a disminuir la desigualdad”, además de eliminar su presencia en paraísos fiscales y poner en marcha medidas que permitan que los beneficios de la compañía sirvan para mejorar las condiciones de los y las trabajadoras, entre otras.

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Zozobra en el FMI

News from Attac Spain - Mon, 28/10/2019 - 10:59
Para el Fondo, la solución al estancamiento de la economía es recuperar la globalización comercial. Confunde, sin embargo, el multilateralismo keynesiano de Bretton Woods con la agenda neoliberal ANDY ROBINSON
ctxt <p>Kristalina Georgieva durante una rueda de prensa tras la reunión de la asamblea del FMI.</p>

Kristalina Georgieva durante una rueda de prensa tras la reunión de la asamblea del FMI.

JOSHUA ROBERTS

WASHINGTON | 22 DE OCTUBRE DE 2019

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La preocupación se palpaba en la asamblea del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que terminó este domingo en Washington ante lo que algunos economistas consideran un gradual estancamiento de la economía mundial –ya se suma China a la desaceleración; su crecimiento ha bajado del 9% al 6% en los últimos cinco años y no hay indicios de que Pekín pueda frenar la ralentización–.

Además, con tipos de interés cero o negativos y niveles record de endeudamiento (la deuda privada y pública iguala ya al 221% del PIB mundial), se agotan las herramientas monetarias y fiscales para prevenir una recesión y, tal vez, una segunda crisis financiera. Crece también la zozobra por las consecuencias políticas de esta impotencia macroeconómica.

Mervyn King, el exgobernador del Banco de Inglaterra se sumó a las alertas sobre el futuro en un lúgubre discurso pronunciado en el cierre de la asamblea. “El mundo se ha puesto al revés; ya es un lugar turbulento”, dijo. “La economía está atrapada en una trampa de bajo crecimiento (…)  estamos caminando dormidos hacia una crisis financiera”, anunció ante un público de hombres trajeados con cara de póquer. King insiste en los temores acerca de un estancamiento estructural provocado por una falta de demanda en la economía mundial que Larry Summers, el exsecretario del Tesoro de Bill Clinton y asesor económico de Barack Obama, viene resaltando desde hace dos o tres años. King acaba de escribir, junto con John Kay, el libro Radical uncertainty, un concepto de John Maynard  Keynes que plantea que los modelos de previsión son de uso muy limitado en un mundo complejo e imprevisible.

Esta inquietud coincide con una preocupación, también palpable en la cumbre del FMI y el G20, respecto a la turbulencia política, manifestada en el auge de partidos que el FMI suele calificar como populistas e inward looking (nacionalista tal vez sería la traducción más amena) y rebeliones nacionalistas como el brexit. Se han comentado también las manifestaciones violentas y los disturbios que se producen en diversas ciudades desde Santiago de Chile y Quito a París y Barcelona, algunas de las cuales han sido la respuesta a las políticas del FMI.

Aunque cada disturbio en las calles de ciudades de países ricos y pobres tiene raíces distintas, todo puede estar relacionado en un mundo inseguro y traumatizado por una tóxica frustración social.

Es lo que ha dejado entrever Nadia Calviño, la ministra de Economía de España, esta semana durante su visita a Washington. Destacó en una rueda de prensa al final de la asamblea las “interesantes similitudes entre los diferentes tumultos violentos en la calle en contextos políticos y económicos absolutamente heterogéneos”.  Calviño ya había comentado en un discurso pronunciado en el Atlantic Council en Washington el viernes que “las escenas de violencia en Barcelona me recuerdan a las protestas de los ‘chalecos amarillos’ en París. Denotan una rabia y una tensión subyacentes que no son propias de una sola zona del mundo”.

 Incluso en Hong Kong, el blanco de algunos ataques de los manifestantes eran los bancos chinos y la percepción de que existe una élite china (cada vez más enriquecida) que controla de forma férrea un Estado cada día más autoritario. King destacó los disturbios en Hong Kong como ejemplo del “estado precario del mundo”.

SERÍA ABSURDO PENSAR QUE LA RADICALIZACIÓN DEL NACIONALISMO CATALÁN, ESCOCÉS E INGLÉS NO TIENE NADA QUE VER CON LA RABIA DESATADA POR LA RESOLUCIÓN INJUSTA DE LA CRISIS DEL 2008

La rebelión en las calles se manifiesta de mil formas, muchas de ellas equivocadas. Pero sería absurdo pensar que la radicalización del nacionalismo catalán, escocés e inglés (manifestado en el brexit) no tiene nada que ver con la rabia desatada por la resolución injusta de la crisis del 2008-2012 y la recesión. King recordó en su discurso que la factura para el contribuyente de los rescates bancarios en 37 países tras la crisis fue de 3,5 billones de dólares. “No nos debe sorprender que estos rescates fueran extremadamente impopulares”, dijo. Esto contribuye a una cultura política cada vez menos tolerante. En el caso del Reino Unido “puedes estar a favor o en contra del brexit pero lo que es un peligro para nuestra democracia es la falta de tolerancia en ambos bandos”, dijo King, que apoya el brexit.

Tal vez pasa lo mismo en España. Calviño destacó los elogios a la economía española que siempre se repiten en las asambleas del FMI  donde España se exhibe como el alumno estrella de la devaluación interna (léase salarios descendientes) desde hace cinco o seis años. Pero ella sabe –más que los economistas del equipo europeo del FMI– que rebasar la media de crecimiento del PIB en la raquítica zona euro no bastará para garantizar la paz social. La desigualdad por renta y por territorio se dispara en España, el campo se vacía y la convergencia de las regiones con la media europea ya se ha convertido en divergencia. De modo que la ministra acertaba al decir en Washington: “El  crecimiento económico por sí solo no es un buen indicador del bienestar social”.

Asimismo, la nueva directora gerente del fondo, Kristalina Georgieva, alertó sobre la probabilidad de que el estancamiento del comercio mundial y la recesión manufacturera que afecta a países como Alemania y Corea del Sur incidan pronto en el consumo. “Hay una cadena de costes y consecuencias que conecta las tensiones comerciales, la inversión, y la erosión de puestos de trabajo”, dijo al cierre de la asamblea. Tras provocar la crisis manufacturera, “la próxima ficha en caer será el consumo”, afirmó. Georgieva advirtió de que el comercio mundial en estos momentos “está más o menos paralizado”. El FMI prevé este año el crecimiento más bajo desde la crisis financiera.

Por si las imágenes de Barcelona no bastaran para confirmar la tesis de King de que estamos en un “mundo al revés” inestable y peligroso, llegaron las imágenes de la violencia callejera contra las políticas apoyadas por el FMI en América Latina, en Santiago de Chile, ya sumadas a las de Ecuador y Argentina. Todo esto ha complicado el rediseño de la imagen del fondo y la recuperada agenda neoliberal en la región. Al inicio de la asamblea la economista jefa del fondo Gota Gopinath tuvo que expresar públicamente su  tristeza “por los heridos y los muertos en Ecuador”.

“América Latina está ardiendo”, me comentó Richard Kozul-Wright, economista de la UNCTAD que propone un new deal verde para reactivar la economía mundial, igualar la renta y combatir el cambio climático. No solo en América Latina.

Georgieva –la economista búlgara de 66 años que asumió el máximo cargo de la poderosa institución multilateral hace tres meses– insistió en  que todo se arreglará si se recupera la agenda de globalización comercial. “Un sistema abierto y transparente de comercio multilateral” es necesario para “impulsar el crecimiento y garantizar la paz”, dijo, evocando en su 75 aniversario el espíritu de Bretton Woods, la cumbre  multilateral de 1944 que, bajo la tutela de Harry Dexter y John Maynard Keynes, sentó las bases para un nuevo orden económico global que, para muchos economistas, fue la clave del crecimiento económico y la paz relativa de la posguerra.

Pero Georgieva confunde el multilateralismo keynesiano de Bretton Woods con la agenda neoliberal instalada desde los años ochenta. “La idea de  Bretton Woods  fue exportar el new deal al resto del mundo; ahora necesitamos un new deal verde global con políticas reflacionistas para impulsar la demanda y nuevas instituciones”, afirma Kozul-Wright. Esto supondría también “proteger las economías nacionales frente a los mercados financieros”. El modelo del Consenso de Washington de liberalización comercial y financiera que Georgieva defiende “generó enormes desigualdades dentro de las economías avanzadas y desequilibrios entre países”, añade Michael Pettis de la Universidad de Pekín. Para Dani Rodrik, de Harvard, “la coexistencia pacífica” entre China y EE.UU. requiere abandonar para siempre y no recuperar el modelo de “hiperglobalización” en boga desde los años ochenta.

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Coca-Cola, Nestlé y Pepsi, entre las cinco empresas que más contaminan el planeta, según Greenpeace

News from Attac Spain - Sun, 27/10/2019 - 10:48

 

  • La ONG elabora una lista de las principales compañías responsables de la producción de millones de toneladas de plásticos desechables
  • Más de 70.000 personas voluntarias de todo el mundo han llevado a cabo limpiezas de playas y ríos y han recolectado casi medio millón de objetos de plástico

infoLibre

 

Las cinco marcas más contaminantes, según Greenpeace.

Las cinco marcas más contaminantes, según Greenpeace.

Greenpeace.

Por segundo año consecutivo, Coca-Cola, Nestlé y Pepsi-Co encabezan la lista de empresas que más contaminan el planeta con sus plásticos, según la organización ecologista Greenpeace.

En el mes de septiembre, más de 70.000 personas voluntarias de todo el mundo han estado realizando limpiezas de playas y ríos, auditando las marcas de los residuos que encontraban para identificar a las 10 empresas responsables de esta crisis a escala global. En total, se han recolectado casi medio millón de objetos de plástico gracias a las 484 limpiezas que se han llevado a cabo en más de 50 países.

Ante esta situación, desde Greenpeace cuestionan la utilidad de la acción individual dentro de un marco en el que las principales responsables de la producción de millones de toneladas de plásticos desechables son las grandes empresas.

De acuerdo con la organización, Coca-Cola, Nestlé y Pepsi-Co ”han intentado hacer un lavado de cara ecológico” ofreciendo falsas soluciones como el reciclaje, que, pese a su importancia, no puede ser la única medida que se adopte. “En sus manos está cambiar la situación de raíz, y para ello tienen que reducir drásticamente su producción de plásticos de un solo uso, que tenemos minutos en nuestras manos y tardan cientos de años en degradarse”, afirman.

El listado de las cinco marcas más contaminantes lo completan Mondelēz, un conglomerado multinacional estadounidense, y Unilever, empresa multinacional británico-neerlandesa.

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Emergencia tributaria internacional

News from Attac Spain - Sat, 26/10/2019 - 09:38

José Antonio Ocampo – Presidente de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT)

eldiario.es

Hong Kong, la ciudad con el alquiler de oficinas más caro del mundo
EFE

Frente a la indignación que existe en el mundo por los bajos o nulos impuestos que pagan algunas de las multinacionales más grandes del mundo, el Grupo de los 20 designó hace unos años a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para que diseñara alternativas orientadas a poner fin a estos abusos. Como respuesta, esta semana la OCDE presentó propuestas para un nuevo sistema tributario internacional que podría imponerse al mundo en las próximas décadas.

El problema es realmente serio. En Estados Unidos, por ejemplo, 60 de las 500 empresas más grandes, incluyendo Amazon, Netflix y General Motors, no pagaron impuestos en 2018, pese a una ganancia conjunta de 79.000 millones de dólares, porque el sistema actual les permite hacerlo, y además, de manera totalmente legal.

 Lo hacen a través de esquemas complejos, desarrollados por ejércitos de abogados, pero el principio es muy simple. Juegan con su red de filiales para declarar los beneficios en las jurisdicciones donde tienen las menores tasas de tributación. De esta manera, asignan pérdidas allí donde los impuestos son relativamente altos, aunque estos países sean aquellos donde la empresa realiza la mayor parte de sus actividades, para declarar las utilidades en jurisdicciones donde los impuestos son más bajos o incluso nulos, aún si la empresa ni siquiera tiene clientes allí.

Como resultado, cada año, los países en desarrollo pierden al menos 100.000 millones de dólares, escondidos por las empresas en paraísos tributarios. A escala mundial, así se desvía el 40% de los beneficios extranjeros de las multinacionales, según los cálculos del economista Gabriel Zucman.

Con la acelerada digitalización de las economías, las cantidades que se desvían han aumentado constantemente, tal como lo han resaltado el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). La acción está en cabeza de la OCDE, que a principios de 2019 comenzó a estructurar propuestas para que las multinacionales dejen de declarar sus beneficios en las filiales de su elección.

Tras décadas de inacción, el proceso de cambio podría ser muy rápido: después de la publicación, hace unos pocos días, de su primera propuesta en este campo, la organización hará una final en 2020. Después de esa fecha, será prácticamente imposible influir en el proceso de reforma.

Por ello hay que levantar la señal de alarma para los países en desarrollo. Ya no pueden decir que no tienen voz en el proceso. La OCDE les ha ofrecido un lugar en la mesa de negociaciones mediante la creación de un grupo llamado el “marco inclusivo“. Con 134 miembros, esta es la arena donde se decidirá el sistema tributario mundial del mañana.

Desafortunadamente, pese a su nombre, no jugamos en igualdad de condiciones en este “marco inclusivo”. Los países ricos tienen más recursos humanos, políticos y financieros para hacer que sus opiniones prevalezcan. Como sedes de las grandes multinacionales, son también más sensibles a sus presiones. De ahí la importancia de propuestas impulsadas por el conjunto de países en desarrollo que participan en las negociaciones.

La propuesta de reforma de la OCDE se basa en dos “pilares”. El primero es establecer claramente dónde se generan las utilidades de las empresas para propósitos tributarios. Para el ICRICT, la comisión de reforma tributaria internacional que presido, la opción optima sería considerar que la multinacional es una empresa única, cuyas utilidades totales deberían ser gravadas en los lugares donde opera según criterios objetivos y no manipulables, como empleo, ventas, recursos naturales utilizados y usuarios digitales.

En este campo, sin embargo, las propuestas de la OCDE no son suficiente ambiciosas ni equitativas, como lo explicamos en nuestro último informe. La parte de las utilidades que se redistribuiría internacionalmente se limitaría a la parte denominada “residual” de los beneficios totales de las multinacionales. Peor aún, este principio solo se aplicaría a multinacionales muy grandes y la asignación de estos beneficios dependería únicamente del volumen de ventas, excluyendo el empleo u otros factores que favorecerían a los países en desarrollo.

El segundo pilar es la introducción de una tasa efectiva mínima de impuesto de renta a las sociedades a nivel mundial. Algunos países en desarrollo parecen ver esto como un peligro: temen que, al abandonar la posibilidad de usar incentivos tributarios, ya no puedan atraer inversión extranjera. La evidencia de que estos incentivos atraen inversión es debatible, de acuerdo con investigaciones del FMI. Aún más importante, si la comunidad internacional se pusiera de acuerdo en un tipo suficientemente elevado (y desde ICRICT estamos a favor de que sea al menos del 25%, la tasa promedio vigente en los países desarrollados), se pondría fin a la carrera a la baja que estamos presenciando, cuyos únicos ganadores son las multinacionales. Esto permitiría, por una parte, eliminar la razón de ser de los paraísos tributarios, pero también garantizar que todos los Estados tengan acceso a recursos esenciales para su desarrollo.

A falta de un consenso internacional, algunos países han optado por encontrar soluciones parciales. Este es el caso de Francia, que gravará el 3% en la facturación de determinados servicios digitales. Otros, como México, están considerando la posibilidad de obligar a plataformas como Uber o Netflix a pagar el IVA sobre los servicios prestados en su territorio. Si bien es una buena iniciativa hacer tributar rentas que ahora se escapan, es imposible compartimentar la economía digital y tomarla como único objetivo de la reforma, ya que cada vez son más las empresas que utilizan las tecnologías digitales como parte de sus actividades comerciales.

Es hora de que los países en desarrollo se movilicen. Aumentar sus recursos fiscales es la única manera de mejorar el acceso a la salud, la educación, la igualdad de género o la lucha contra el cambio climático. Si los jefes de Estado y los ministros de Hacienda de estos países siguen subestimando la importancia de estos debates, pronto se verán obligados a aceptar un nuevo sistema tributario internacional que no les conviene. Los ganadores seguirán siendo los mismos, y entonces será demasiado tarde para protestar.

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