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Syndicate content
Justicia económica global
Updated: 3 hours 33 min ago

¿Se avecina una nueva recesión económica?

11 hours 45 min ago

Germán Gorraiz López – ATTAC Navarra-Nafarroa

Según la OIT, desde que se inició la crisis habría 30 millones de desempleados más en el mundo y para el 2019, el número total de desempleados sería de 213 millones (6% de la población activa) aunado con un déficit de 65.000 millones de dólares en los presupuestos de los países pobres y con cerca de 44 millones de personas viviendo en la absoluta pobreza por lo que las autoridades económicas mundiales debieran impulsar la frágil e incipiente recuperación económica global, promover una capacidad productiva diversificada y garantizar una evolución equilibrada de los ingresos. Sin embargo, el proteccionismo económico implementado por Donald Trump, la inestabilidad financiera de EEUU y la posibilidad de un Brexit traumático podría provocar que la crisis sistémica acabe lastrando la incipiente y frágil recuperación económica mundial y desemboque en escenarios de estancamiento económico secular (secular stangantion), ya que el fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, de lo que sería paradigma el coqueteo de Alemania con la recesión técnica.

¿Hacia la Tercera ola de la Recesión?

La posibilidad real de la tercera ola de la recesión estaría pasando desapercibida para la mayoría de Agencias de Calificación debido a la desconexión con la realidad que les llevaría a justificar la exuberancia irracional de los mercados, con lo que se cumpliría la famosa frase del iconoclasta John Kenneth Galbraiht. ”Hay dos clases de economistas: los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso”. Así, el ”efecto mariposa” trasladado a sistemas complejos como la Bolsa de Valores, tendría como efecto colateral la imposibilidad de detectar con antelación un futuro mediato pues los modelos cuánticos que utilizan serían tan sólo simulaciones basadas en modelos precedentes (Teoría de la Inestabilidad financiera de Minsky), con lo que la inclusión de tan sólo una variable incorrecta o la repentina aparición de una variable imprevista provoca que el margen de error de dichos modelos se amplifique en cada unidad de tiempo simulada hasta exceder incluso el límite estratosférico del cien por cien, dando lugar a un nuevo estallido o crash bursátil. Dicho estallido tendrá como efectos colaterales la consiguiente inanición financiera de las empresas, la subsiguiente devaluación de las monedas de incontables países para incrementar sus exportaciones y como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras.

¿Riesgo de una década de estancamiento en la economía española?

Hasta 2008, la economía española se basó en la conocida “dieta mediterránea”, (cuyos ingredientes principales eran el “boom” urbanístico, la exportación, el turismo y el consumo interno), fórmula que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa (2008), debido al estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento del castillo de naipes de la economía española. De seguir obviando la inversión en inteligencia, España podría convertirse en la próxima década en un país tercermundista a nivel de investigación e innovación, condenado a comprar patentes extranjeras y producir productos de bajo perfil tecnológico que requieran mano de obra de escasa o nula cualificación y fácilmente explotable, pues aunque España sigue compitiendo en gran número de sectores con las economías de referencia al tener costes laborales competitivos, tendría como Talón de Aquiles de sus exportaciones el reto de la calidad de sus productos y el no estar bien posicionada en los mercados emergentes. Por último, en el supuesto de que la Deuda Pública y privada prosigan su vuelo por la estratosfera, que los salarios sigan congelados o con incrementos inferiores al IPC,que el crédito bancario siga sin fluir con normalidad a unos tipos de interés reales a pymes, autónomos y particulares y no se aproveche la dilación en los plazos para reducir el déficit en incrementar la inversión en Obra Pública y reducir el desempleo, la economía española se verá abocada a un peligroso cóctel explosivo,(el DDD), cuyos ingredientes sería una deflación en los precios que impedirá a las empresas conseguir beneficios y a los trabajadores incrementar sus sueldos, una deuda privada imposible de asumir por las empresas y unas tasas de paro endémicas superiores al 15%, lo que podría generar una década de estancamiento en la economía española, rememorando la Década perdida de la economía japonesa.

Analista internacional

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Apoya la iniciativa europea contra los ISDS

Tue, 22/01/2019 - 00:00

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Un nuevo fantasma atormenta Europa

Sat, 19/01/2019 - 16:03

Roberto Savio ALAI, América Latina en movimiento

Roma – A partir de la derrota de Teresa May en el parlamento ha quedado claro que un nuevo fantasma está atormentando Europa. Ya no se trata sólo del fantasma del comunismo que destapó el Manifiesto de Marx en 1848 sino del fantasma del fracaso de la globalización neoliberal, que ha regido sin oposición desde la caída del muro de Berlín hasta la crisis financiera de 2009.

Los gobiernos gastaron en 2008 la asombrosa cifra de 62 billones de dólares para salvar el sistema financiero y casi la misma cantidad en 2009 (ver Britannica book of the year, 2017). Según el estudio publicado por el Banco de Reserva Federal, esto sucedió a un costo de 70.000 dólares por cada estadounidense.

Las instituciones económicas abandonaron con retraso la macroeconomía que estaban utilizando hasta entonces para evaluar el crecimiento del PNB y comenzaron a interesarse en la forma en que se redistribuía el crecimiento. Por ende, el FMI, el Banco Mundial (también debido a la insistencia de los estudios de la sociedad civil, sobre todo los elaborados por Oxfam), llegaron a la conclusión que se estaba gestando un enorme problema de desigualdad.

Por supuesto, si los 117 billones de dólares se hubieran distribuido a la gente, ese dinero habría provocado una notable expansión del consumo, aumentando las manufacturas, los servicios y los fondos para las escuelas, los hospitales, la investigación, etc. Pero los pueblos quedaron totalmente marginados de las prioridades del sistema.

Bajo el gobierno de Renzi en Italia, 20 mil millones de dólares fueron destinados a salvar cuatro bancos, mientras que los subsidios para la juventud italiana podían calcularse ese mismo año en mil millones de dólares en el mejor de los casos.

Por tanto, después de la crisis de 2008-2009 todo se desintegró. En todos los países de Europa (con excepción de Portugal y España, que ahora se ha puesto al día) surgieron partidos populistas de derecha y el sistema político tradicional comenzó a desmoronarse.

Los nuevos partidos resultaban atractivos para los perdedores de la globalización: los obreros cuyas fábricas habían sido trasladadas a donde los costos fueran más bajos para maximizar las utilidades; los pequeños tenderos desplazados por la llegada de los supermercados; los que quedaron redundantes ante las nuevas tecnologías, como la Internet, en el caso de las secretarias; los jubilados cuyas pensiones quedaron congeladas para reducir el déficit nacional (en los últimos 20 años la deuda pública se había duplicado a nivel mundial). Se había abierto una nueva brecha entre quienes disfrutaban de la globalización y los que fueron sus víctimas.

Es evidente que el sistema político estimó que debía rendir cuentas a los ganadores y los presupuestos se inclinaron a su favor. Los centros de población tuvieron prioridad porque ahora vivían en ellos el 63% de los ciudadanos. Los perdedores se concentraban mayormente en el ámbito rural, donde se hicieron muy pocas inversiones de infraestructura. Por el contrario, con el pretexto de la eficiencia, se cortaron muchos servicios: líneas de ferrocarril suspendidas y hospitales, escuelas y bancos cerrados.

La gente se vio obligada a trasladarse con frecuencia varios kilómetros para ir al trabajo y a utilizar un auto para ello. Un aumento modesto de los precios del combustible provocó la rebelión de los chalecos amarillos. No ayudó que de los 40 mil millones que obtiene el gobierno francés de los impuestos a los recursos energéticos, menos de la cuarta parte regresó a favor de la infraestructura del transporte o de los servicios.

Las universidades, los hospitales y otros servicios en los centros de población sufrieron mucho menos, fueron focos de excelencia donde no faltó el transporte público, y una nueva brecha se abrió entre esas poblaciones y las del ámbito rural, entre los que habían cursado estudios y recibido instrucción y los que quedaban alejados y atomizados en el interior.

Surgió una nueva brecha y el pueblo votó en contra del sistema de los partidos tradicionales que los había ignorado. Este mecanismo fue el que elevó a Trump al poder y provocó la victoria del Brexit en el Reino Unido. Esta brecha está provocando la eliminación de los partidos tradicionales y auspiciando el regreso del nacionalismo, la xenofobia y el populismo. No está trayendo de vuelta a la derecha ideológica sino a las derechas e izquierdas viscerales, con escasa ideología…

Todo esto debiera ser obvio…

El sistema está dirigiendo su atención a los perdedores por primera vez, pero ya es demasiado tarde. La izquierda está pagando la drástica ilusión de Tony Blair, quien, considerando que la globalización es inevitable, decidió que sería posible dejarse llevar en la cresta de la ola. Entonces, la izquierda perdió contacto con las víctimas y mantuvo la lucha por los derechos humanos como su principal identidad que la distinguía de la derecha.

Eso fue bueno para las ciudades, donde los gays y los LGBT, las minorías (y las mayorías, como las mujeres) podían congregarse, pero distaba de ser una prioridad para los del interior.

Mientras tanto, las finanzas continuaron creciendo, convirtiéndose en sí mismas en un mundo que ya no estaba vinculado a la industria y los servicios, sino a la especulación financiera. La política pasó a ser subordinada. Los gobiernos rebajaron los impuestos a quienes escondieron la increíble cantidad de 62 billones de dólares en paraísos fiscales, según lo señala Tax Justice Network. Se estima un flujo anual de 600 mil millones de dólares, el doble del costo de los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas.

Además, los Papeles de Panamá, aunque sólo revelaron un pequeño número de propietarios de cuentas, identificaron al menos a 140 políticos importantes de 64 países: el primer ministro de Islandia (que se vio obligado a renunciar), Mauricio Macri de Argentina, el presidente Petro Poroshenko de Ucrania, un grupo de socios cercanos de Vladimir Putin, el padre de David Cameron, el primer ministro de Georgia, y así sucesivamente.

No es de extrañar que los políticos hayan perdido su brillo y que ahora se los considere corruptos, inútiles o ambas cosas.

En el actual orden económico, Emmanuel Macron actuó racionalmente rebajando el impuesto a los ricos para atraer inversiones. Pero ignoró por completo que para aquellos franceses que tienen dificultades para llegar al fin del mes, ésta era una prueba de que estaban siendo totalmente ignorados. Y los sociólogos coinciden en que la verdadera “primavera” de los chalecos amarillos fue su búsqueda de la dignidad.

Es irónico que los partidos británicos, especialmente el Conservador y el Laborista, debieran estar agradecidos por el debate sobre el Brexit. Es obvio que el Reino Unido está cometiendo un suicidio, tanto en términos económicos como estratégicos. Con un Brexit ‘duro’, sin acuerdo alguno con la Unión Europea, podría perder al menos el siete por ciento de su PIB.

Empero, la brecha que permite la victoria del Brexit en todos los pueblos, las ciudades, los sectores económicos y financieros, los académicos, los intelectuales y todas las instituciones, ha confirmado el temor de los habitantes del interior. Pertenecer a la Unión Europea era rentable para las élites, pero no para ellos. Escocia votó en contra porque ahora tiene un programa distinto al de Inglaterra. Y esta brecha no va a cambiar con un nuevo referendo.

El hecho de que Westminsteer, la cuna de la democracia parlamentaria, no sea capaz de alcanzar un compromiso es una prueba fehaciente de que el debate no es político sino un choque de mitologías, como la idea de retornar al antiguo Imperio Británico. Es semejante a la idea de Donald Trump de reabrir minas de carbón. Contemplamos un pasado mítico como si fuera nuestro futuro. Esto es lo que propició la explosión de Vox en España, por parte de quienes creen que la vida en la época de Franco era más fácil y barata, que no había corrupción, que las mujeres se quedaban en su lugar y que España era un país unido, sin los separatistas de Cataluña y el País Vasco. Corresponde a lo que Jair Bolsonari está explotando en Brasil, presentando a la dictadura militar como una etapa en que la violencia era limitada. Nuestro futuro es el pasado…

En consecuencia, esta brecha –una vez que el Reino Unido resuelva de una manera u otra su dilema del Brexit– pasará a ser parte integral de la política normal y provocará, como en otras partes, un declive dramático de los dos principales partidos tradicionales. A menos que, mientras tanto, los partidos populistas, xenófobos y nacionalistas se hagan cargo del gobierno y demuestren que no tienen la respuesta a los problemas que han identificado tan acertadamente.

El fundador y presidente de OtherNews, Roberto Savio, la brújula de OtherNews,  experto en comunicación, comentarista polí­tico, activista por la justicia social y climática y defensor de la gobernanza mundial. En 1964, fundó la agencia de noticias IPS Inter Press Service, del cual fue Director General durante muchos años.

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Periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News .

En español: http://www.other-news.info/noticias/

En inglés: http://www.other-net.info

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Serpientes y escaleras en la historia del capitalismo

Thu, 17/01/2019 - 15:56

Alejandro Nadal - Consejo Científico de ATTAC España

La relación entre las fuerzas de mercado y el poder del Estado es el tema más importante en la evolución del capitalismo. Hoy día cobra más relevancia, debido a la difícil coyuntura por la que atraviesan los países subdesarrollados. En este contexto, la discusión sobre los instrumentos de política económica de que dispone el Estado es de gran importancia.

El punto de arranque de esta reflexión es que ningún país se ha industrializado sin la participación activa del Estado. Es falsa la afirmación de que un repliegue de la política económica sea la vía para alcanzar el desarrollo industrial. Desde Inglaterra, la primera potencia industrial del planeta, hasta los últimos llegados al escenario industrial, como Japón y Corea del Sur, pasando por todos los países europeos, la transformación industrial se llevó a cabo con la intervención activa del Estado. Y ese apoyo se manifestó mediante distintos instrumentos de política económica. El proteccionismo comercial fue sólo una de las diferentes vertientes de la política económica para la industrialización.

Hace unos 15 años el economista coreano Ha-Joon Chang publicó su libro Retirar la escalera sobre política industrial. Su análisis se refería al paquete de políticas que los países desarrollados usaron como escalera para subir al piso de la industrialización y que ahora buscan impedir sea utilizado por los países subdesarrollados. El título en inglés es más certero: Patear la escalera. Es mejor descripción, pues no deja de tener un matiz de violencia lo que los países industrializados hicieron para lograr su objetivo. Esos instrumentos que ahora están prohibidos van más allá del proteccionismo e incluyen subsidios, el poder de compra del Estado, la regulación de la inversión extranjera y los requisitos de desempeño. Otros instrumentos pertenecen al campo de la política tecnológica e incluyen prácticas de asimilación de tecnologías que hoy están vedados por los acuerdos sobre patentes y marcas.

Cuando Chang publicó su libro, se argumentaba en la Organización Mundial de Comercio (OMC) que los instrumentos de política económica a nivel sectorial distorsionaban los flujos de comercio. A las negociaciones de la Ronda Uruguay, que desembocaron en la creación de la OMC, los países subdesarrollados llegaron en posición de debilidad después de la crisis de la deuda de los años 1980. Por eso los países industrializados pudieron imponer la creación de una OMC en 1995, que protegía sus intereses e impedía el surgimiento de nuevos competidores en la escena económica. Y por eso en el seno de la OMC se impide el acceso a instrumentos clave de política económica. No solamente se trataba de política sobre industrialización: la idea de que no hay que perturbar el buen funcionamiento de los mercados abarcaba todos los sectores y por eso se quedó flotando en el ambiente la idea de que el retiro de la escalera se limitaba a políticas sectoriales.

En realidad, la lucha por derribar la escalera para que otros países no la usaran se aplicó también en el plano de la política macroeconómica. El primer episodio de la lucha por retirar la escalera se dio en los debates sobre teoría y política macroeconómica de los años 1970. Fue en esa década que se asestó el primer golpe a la vieja escuela keynesiana, argumentando que la política macroeconómica activa era inútil y hasta dañina. En las décadas siguientes se fue afianzando en la academia la idea de que la mejor política fiscal era la que se orientaba por una postura pasiva. La pasividad de la política fiscal se justificó desde la academia mediante dogmas como el del desplazamiento del sector privado o de la llamada equivalencia ricardiana.

En el plano de la política monetaria, el esfuerzo para derribar escaleras llegó al pináculo con la autonomía del banco central. En realidad, los bancos centrales ya habían estado perdiendo importancia en la medida en que se desarrolló el sistema bancario y los bancos comerciales adquirieron el control de la oferta monetaria. Eso llevó a una transformación de la política monetaria, pero ese es otro tema. Aquí lo que queremos subrayar es que la autonomía del banco central privó al poder público de un recurso que le había costado mucho conseguir.

Es cierto que algunos gobiernos abusaron de su facultad para monetizar déficits crónicos, que sólo sirvieron para financiar obras suntuarias y desperdicio. Pero en lugar de establecer controles democráticos sobre el financiamiento del Estado, se procedió a amputarle la facultad de gozar de su propia fuente de recursos financieros y se le arrojó al mercado de capitales como cualquier hijo de vecino. Quitar al Estado el recurso último para financiar una política para el desarrollo fue la culminación de esta historia de patear la escalera. Como en el juego de serpientes y escaleras, el resultado fue un retroceso histórico en la lucha por consolidar la libertad financiera del poder público.

Twitter: @anadaloficial

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¿Será Theresa May la Nueva Dama de Hierro?

Wed, 16/01/2019 - 13:10

Germán Gorraiz López  – ATTAC Navarra-Nafarroa

Por caos (Khaos o “vacío que ocupa un hueco en la nada”) entendemos algo impredecible y que se escapa a la miope visión que únicamente pueden esbozar nuestros ojos ante hechos que se escapan de los parámetros conocidos pues nuestra mente es capaz de secuenciar únicamente fragmentos de la secuencia total del inmenso genoma del caos, con lo que inevitablemente recurrimos al término “efecto mariposa” para intentar explicar la vertiginosa conjunción de fuerzas centrípetas y centrífugas que terminarán por configurar el puzzle inconexo del caos ordenado que se estaría gestando en EEUU y que por efecto mimético se extenderá al resto del mundo.

El citado” efecto mariposa” trasladado a sistemas complejos como la Demoscopia tendría como efecto colateral la imposibilidad de detectar con antelación un futuro mediato pues los modelos cuánticos que utilizan serían tan sólo simulaciones basadas en modelos precedentes, con lo que la inclusión de tan sólo una variable incorrecta o la repentina aparición de una variable imprevista provoca que el margen de error de dichos modelos se amplifique en cada unidad de tiempo simulada hasta exceder incluso el límite estratosférico del cien por cien, de lo que sería paradigma la previsible salida traumática de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit duro).

¿Hacia un Brexit caótico?

El Brexit y el triunfo de Trump escenificaron el finiquito del “escenario teleológico” en el que la finalidad de los procesos creativos eran planeadas por modelos finitos que podían intermodelar o simular varios futuros alternativos y en los que primaba la intención, el propósito y la previsión y su sustitución por el “escenario teleonómico”, marcado por dosis extremas de volatilidad que afectarán de manera especial a la vieja Europa. Así, tras retornar al poder los conservadores liderados por David Cameron y fieles a su política euroescéptica (nula voluntad británica de embarcarse en un proyecto en decadencia en el que la soberanía británica estaría supeditada a los mandatos de Bruselas), incluyeron en su programa electoral del 2.015 la convocatoria de un referéndum sobre la salida de la UE para el 2016, con lo que Cameron tranquilizó a las bases más radicales de su partido al tiempo que arrebató la bandera al partido en alza de los euro-escépticos( UKIP) en la creencia de un cómodo triunfo y de la continuación de Reino Unido en la Unión Europea en condiciones similares a Suiza. Sin embargo, la irrupción de fuerzas centrífugas lideradas por el ex-alcalde de Londres, Boris Johnson consiguió la victoria inesperada de los partidarios del Brexit que consideran que “el Reino Unido no necesita de Europa ya que podría convertirse en la Singapur de Occidente desde su atalaya financiera de la City londinense” al tiempo que metrópolis del comercio de Ultramar al pilotar la nave capitana de una renacida Commonwealt, siguiendo la filosofía de Winston Churchill : “Estamos en Europa, pero no en ella”.

¿Será Theresa May la Nueva Dama de Hierro?

Europa estaría sufriendo una aguda crisis identitaria agravada por el triunfo del Brexit y por el “proceso de balcanización europeo” diseñado por EEUU para mediante selectivos atentados terroristas, la crisis de los refugiados y el despertar del anhelo independentista de las Naciones europeas sin Estado, provocar la aparición de fuerzas centrífugas que aceleren la desmembración de la actual Unión Europea y que tendría como paradigma la posible salida desordenada de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit duro).Así, dada la intransigencia de las partes en conflicto (UE y Gran Bretaña) no sería descartable una salida traumática de la Unión Europea (Brexit duro) que contará con las bendiciones del ala euroescéptica del Partido Conservador amén del Partido Unionista del Ulster (UUP), lo que significará la condena al ostracismo del Partido Laborista de Jeremy Corbyn y el reforzamiento de la figura de Theresa May (Nueva Dama de Hierro). May implementará una dura política económica de corte neoliberal que incluirá la nacionalización de los principales servicios básicos y que contará con la oposición frontal de los sindicatos de clase británicos (Trade Union Congress-TUC) que no dudarán en paralizar el país mediante la declaración de huelgas salvajes. Asimismo, May desempolvará el concepto de Imperio Británico al reforzar el Eje anglosajón (EEUU, Gran Bretaña, Australia, Canadá y Nueva Zelanda) así como el renacimiento de la Commonwealt, no siendo descartable la celebración de un nuevo referéndum en Escocia que podría concluir con la salida de Escocia de la Gran Bretaña y su ingreso en la Unión Europea, la cronificación de la violencia en el Ulster, el cierre de la verja del Peñón y la reedición del Conflicto de las Malvinas.

Analista internacional

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La inauguración del pasado

Tue, 15/01/2019 - 07:00

Boaventura de Sousa Santos - ALAI, América Latina en movimiento

Los comienzos de año son propicios para los augurios que anuncian un tiempo nuevo, tanto en el plano individual como en el colectivo. De vez en cuando, estos augurios se traducen en actos concretos de transformación social que rompen de manera dramática con el statu quo. Entre muchos otros, destaco tres actos inaugurales que ocurrieron en 1 de enero y tuvieron un impacto trascendente en el mundo moderno.

El 1 de enero de 1804, los esclavos de Haití declararon la independencia de la que en ese momento era una de las colonias más rentables de Francia, responsable de la producción de cerca del 40 % del azúcar entonces consumido en el mundo. De la única revuelta de esclavos exitosa nacía la primera nación negra independiente del mundo, el primer país independiente de América Latina. Con la independencia de Haití el movimiento por la abolición de la esclavitud ganó un nuevo y decisivo ímpetu y su impacto en el pensamiento político europeo fue importante, especialmente en la filosofía política de Hegel. Sin embargo, como se trataba de una nación negra y de exesclavos, la importancia de este hecho fue negada por la historia eurocéntrica de las grandes revoluciones modernas. Los haitianos pagaron un precio altísimo por la osadía: fueron asfixiados por una deuda injusta, solo liquidada en 1947. Haití fue el primer país en conocer las consecuencias fatales de la austeridad impuesta por el capital financiero global del que aún hoy es víctima.

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista era depuesto en La Habana. Nació la Revolución cubana encabezada por Fidel Castro. A escasos kilómetros del país capitalista más poderoso del mundo emergía un gobierno revolucionario que se proponía llevar a cabo un proyecto de país en las antípodas del big brother del norte, un proyecto socialista muy consciente de su novedad y especificidad históricas, inicialmente tan distante del capitalismo norteamericano como del comunismo soviético. Tal y como Lenin cuarenta años antes, los revolucionarios cubanos tenían la conciencia de que el pleno éxito de la revolución dependía de la capacidad del impulso revolucionario para extenderse a otros países. En el caso de Cuba, los países latinoamericanos eran los más cercanos

Poco tiempo después de la revolución, Fidel Castro envió al joven revolucionario francés, Regis Debray, a varios países del continente para conocer la forma en la que se estaba recibiendo la revolución cubana. El informe elaborado por Debray es un documento de extraordinaria relevancia para los tiempos de hoy. Muestra que los partidos de izquierda latinoamericanos seguían muy divididos respecto de lo que había pasado en Cuba y que los partidos comunistas, en especial, mantenían una enorme distancia e incluso sospecha con relación al “populismo” de Fidel. Por el contrario, las fuerzas de derecha del continente, bien conscientes del peligro que representaba la Revolución cubana, estaban organizando el contraataque; fortalecían los aparatos militares e intentaban promover políticas sociales compensatorias con el apoyo activo de Estados Unidos. En marzo de 1961, John Kennedy anunciaba un plan de cooperación con América Latina, a realizarse en diez años (Alianza para el Progreso), cuya retórica pretendía neutralizar la atracción que la Revolución cubana estaba generando entre las clases populares del continente: “Vamos a transformar de nuevo el continente americano en un crisol de ideas y esfuerzos revolucionarios, como tributo al poder de la energía creadora de los hombres libres, y como ejemplo al mundo, de que la libertad y el progreso marchan tomados de la mano”.

La expansión de la Revolución cubana no fue como se preveía y sacrificó, en el proceso, a uno de sus más brillantes líderes: el Che Guevara. Pero la solidaridad internacional de Cuba con las causas de los oprimidos todavía no ha sido contada. Desde el papel que tuvo en la consolidación de la independencia de Angola, la independencia de Namibia y el fin del apartheid en Sudáfrica, hasta los miles de médicos cubanos esparcidos por las regiones más remotas del mundo (más recientemente en Brasil), donde nunca hasta entonces habían llegado los cuidados médicos. Sesenta años después, Cuba continúa afirmándose en un contexto internacional hostil, orgullosa de algunos de los mejores indicadores sociales del mundo (salud, educación, esperanza de vida, mortalidad infantil), pero ha fracasado hasta ahora en la acomodación estable del disenso y la implantación de un sistema democrático de nuevo tipo. En el plano económico se atreve, una vez más, a lo que parece imposible: consolidar un modelo de desarrollo que combine la desestatalización de la economía con el no agravamiento de la desigualdad social.

El 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inició una insurrección en el estado de Chiapas, en el sudeste de México, por vía de un levantamiento armado que ocupó varios municipios de la región. La lucha de los pueblos indígenas mexicanos contra la opresión, el abandono y la humillación irrumpía sorprendentemente en los noticieros nacionales e internacionales, justo el día en el que el Gobierno de México celebraba la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) con Estados Unidos y Canadá, con la proclamada ilusión de haberse juntado así al club de los países desarrollados. Durante un breve período de doce días hubo varios enfrentamientos entre la guerrilla indígena y el ejército mexicano, al fin de los cuales los zapatistas renunciaron a la lucha armada e iniciaron un vasto e innovador proceso de lucha política, tanto a nivel nacional como internacional. Desde entonces, la narrativa política y las prácticas del EZLN se constituyeron en una referencia ineludible en el imaginario de las luchas sociales en América Latina y de los jóvenes progresistas en otras partes del mundo. El portavoz del EZLN, el Subcomandante Marcos, él mismo no indígena, se afirmó rápidamente como un activista-intelectual de nuevo tipo, con un discurso que combinaba las aspiraciones revolucionarias de la Revolución cubana, entretanto descoloridas, con un lenguaje libertario y de radicalización de los derechos humanos, una narrativa de izquierda extrainstitucional que sustituía la obsesión por la toma del poder para la transformación del mundo en un mundo libertario, justo y plural “donde quepan muchos mundos”.

Uno de los aspectos más innovadores de los zapatistas fue el carácter territorial y performativo de sus iniciativas políticas, la apuesta por transformar los municipios zapatistas de la Selva Lacandona en ejemplos prácticos de lo que hoy podía prefigurar las sociedades emancipadoras del futuro. Veinte y cinco años después, el EZLN enfrenta el desafío de concitar un amplio apoyo para su política de distanciamiento y suspensión con relación al nuevo presidente de México, Andrés Manual López Obrador, electo por una amplia mayoría del pueblo mexicano con una propuesta que pretende inaugurar una política de centroizquierda sin precedentes en el México posrevolucionario de 1910.

Estos tres acontecimientos buscaron inaugurar nuevos futuros a partir de rupturas drásticas con el pasado. De diferentes formas, apuntaban hacia un futuro emancipador, más libre de opresión y de injusticia. Cualquiera que sea hoy nuestra evaluación con el beneficio de la posterioridad del presente, no cabe duda de que tales levantamientos alimentaron las aspiraciones liberadoras de las poblaciones empobrecidas y vulnerables, víctimas de la opresión y la discriminación. ¿Había lugar para un acontecimiento de este tipo el 1 de enero de este año? Supongo que no, dada la ola reaccionaria que atraviesa el mundo. Más bien, hubo una amplia posibilidad para momentos inaugurales de sentido contrario, reinauguraciones de un pasado que se creía superado.

El acontecimiento más característico de este tipo fue la posesión de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. Su llegada al poder significa el retroceso en términos de civilización a un pasado anterior a la Revolución francesa de 1789, al mundo político e ideológico que se oponía ferozmente a los tres principios estrella de la revolución: igualdad, libertad y fraternidad. De la revolución triunfante nacieron tres familias políticas que pasaron a dominar el ideario de la modernidad: los conservadores, los liberales y los socialistas. Divergían en el ritmo y el contenido de los cambios, pero ninguno de ellos ponía en duda los principios fundadores de la nueva política. A todos ellos se oponían los reaccionarios, que no aceptaban tales principios y querían resucitar la sociedad prerrevolucionaria, jerárquica, elitista y desigual por mandato de Dios o de la naturaleza. Eran totalmente hostiles a la idea de democracia, que consideraban un régimen peligroso y subversivo. Dada la cartografía política posrevolucionaria que ubicó espacialmente las tres familias democráticas en izquierda, centro y derecha, los reaccionarios fueron relegados a los márgenes más remotos del mapa político, donde solo crecen las hierbas dañinas: la extrema derecha. Pese a su deslegitimación, la extrema derecha nunca desapareció totalmente porque los imperativos del capitalismo, del colonialismo y del heteropatriarcado, sea directamente, sea a través de cualquier religión a su servicio, recurrieron a la extrema derecha siempre que la vigencia de los tres principios se reveló como un estorbo peligroso. Ese recurso no siempre fue fácil, porque las diferentes familias políticas democráticas se opusieron con éxito a la extrema derecha. Cuando esta oposición no tuvo éxito, la propia democracia se puso en cuestión, acorralada contra la pared de la alternativa entre ser totalmente eliminada o desfigurada hasta el punto de ser irreconocible. Bolsonaro, un neofascista confeso, admirador de la dictadura y defensor de la eliminación física de los disidentes políticos, representa, por ahora, la segunda opción.

Boaventura de Sousa Santos

Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.

Artículo enviado a Other News por el autor. Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

https://www.alainet.org/

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Euro y soberanía

Mon, 14/01/2019 - 07:00

Carlos Sánchez Mato – ATTAC Madrid 

¿Qué podemos esperar de la Unión Europea (UE)? ¿Puede reformarse para que lleve una política de colaboración entre los distintos pueblos de Europa? No, de la misma manera que no podemos reformar cada Estado capitalista que la integra para que actúe en ese mismo sentido. La UE es una prolongación de esos estados, fue construida a la medida de las necesidades del capitalismo, y esa realidad se ha ido haciendo más fuerte en las últimas décadas. La experiencia de Grecia ha sido aleccionadora: no van a permitir que ningún país se salga del guion.

Toda la estructura legal de la UE, empezando por el Banco Central Europeo (BCE), pasando por la Comisión Europea, el Consejo de Europa y terminando por el Parlamento Europeo, está hecha a la medida de las necesidades del capitalismo. Igual que la estructura de los Estados miembros está hecha a la medida, en lo fundamental, de las necesidades de sus respetivos capitalismos.

Si en Estados Unidos se está intensificando la explotación de la clase trabajadora, en Europa también se agudizará ese proceso. En China, el proletariado lleva años protagonizando luchas que le ha permitido mejorar sus condiciones laborales, pero éstas siguen siendo de una explotación más intensa que la que sufrimos en Europa. El mercado laboral mundial de mano de obra tiende a igualar a la baja las condiciones laborales.

Eso no significa que se deba renunciar a luchar por derechos y reformas en la UE. Sería tan absurdo como hacerlo dentro de un Estado nacional. Se pueden conseguir conquistas si la izquierda es capaz de movilizar a escala europea (en derechos laborales, sociales, democráticos…). Y se deben de promover, igual que se hace en cada Estado: un salario mínimo digno, reducir la jornada laboral sin disminución salarial, sanidad pública universal… El problema es alimentar las ilusiones de que es posible resolver los problemas de fondo que sufre la clase trabajadora en el seno de la UE, o en el seno de nuestros Estados.

Estamos obligados a dar una alternativa de sociedad, y a hacerlo en el plano europeo, e internacional. Regresar al redil del estado nacional, del que tampoco nunca se salió del todo, no resolverá nada. Una alternativa de izquierdas, mínimamente consecuente, confrontará contra la UE y contra los Estados nacionales, que defienden unos intereses de clase muy concretos: los de la burguesía.

El debate sobre el Euro

¿La solución está en salir del Euro? No es la forma de plantear la cuestión. Tanto seguir en el Euro como salir, será un desastre para la clase trabajadora si la izquierda, si el movimiento obrero, no es capaz de recuperarse y levantar una alternativa.

Un gobierno de izquierdas que pretendiera resolver los problemas sociales tendría que proclamar leyes que garantizaran el empleo, ingresos dignos a todas las personas, alimento, vivienda, acceso a la energía y a la movilidad, sanidad, educación… e, indisolublemente unido a ellas, la nacionalización de los sectores estratégicos, para tener un control efectivo de la economía real. Un programa que chocará desde el primer día con las grandes empresas que mandan en la economía y los Estados, y con las instituciones de la UE, empezando por las principales potencias capitalistas que la integran, Alemania y Francia. Es decir, que chocará con el capitalismo.

Por supuesto que será necesario tomar las riendas de la moneda, pero sería un error garrafal pensar que tener una moneda y un Banco Central propios supone tener el control ¡Ya lo tuvimos! La clave está en tener el dominio real de las fuerzas productivas: la capacidad de alimentar, alojar, mover, suministrar energía, curar, enseñar, construir… Y, además, haría falta un monopolio público del comercio exterior. Y eso es incompatible con que una minoría mantenga el control de la economía. Solo a partir del cambio de las relaciones de propiedad sería posible lograr un control efectivo de la moneda que, sin duda, es muy importante.

Podemos descartar que volver a la moneda nacional, bajo condiciones capitalistas, resuelva los problemas de la clase trabajadora. Sembrar esa ilusión sería engañar a la gente y preparar un desastre y se abonaría el terreno para la derecha más reaccionaria. Nuestra ruptura con la UE sólo tiene sentido como consecuencia de aplicar una política de transformación social. No serviría de nada un planteamiento del tipo: “primero salimos del Euro, luego luchamos para cambiar la sociedad”. Va todo unido: aplicamos una política socialista, y llamamos a construir una nueva Europa. Esa es la única salida, eso nos prepara para afrontar las represalias de la UE y nuestra expulsión del Euro. Por el contrario, las ideas nacionalistas nos llevarían a un callejón sin salida.

Es más, un gobierno de izquierdas tiene que plantear un llamamiento al conjunto de la clase trabajadora y de los pueblos del continente a construir una nueva Europa, socialista y democrática, basada en la cooperación y no en la competencia y la explotación. La economía actual es una realidad internacional, y no es posible una “desconexión” indefinida. Un gobierno de izquierdas afrontaría una situación muy difícil, que sólo podría tener éxito si el conjunto de la clase trabajadora es capaz de tomar las riendas de la economía de forma efectiva, y si el ejemplo se extiende por el resto del planeta, empezando por la propia Europa.

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Blanco y en botella

Sun, 13/01/2019 - 17:00

Carlos Martínez - Consejo Científico de ATTAC España

Vivimos tiempos revueltos para la política, para el bienestar y el futuro nuestro y de nuestros hijos. Todo lo que estamos viviendo tiene dos explicaciones:

1. La crisis de política de España se manifiesta de muchas formas como el descredito de la monarquía; el franquismo que sigue mandando; el lío de Cataluña que el gobierno de Rajoy y las políticas del PP hacen más grande y complicado echando leña al fuego y mintiendo; el descredito de los jueces incapaces de defender la libertad de expresión y de manifestación así como de proteger a las víctimas de la violencia machista y de demasiadas violencias. Descredito de las instituciones por claudicar ante los poderes económicos no elegidos nunca en las urnas; descredito de la política que también han financiado y apoyado los poderosos en su beneficio, que no el de las personas normales, para que nadie les moleste a ellos como corruptores. Corrupción del Estado, de la cabeza a los pies.

2. La crisis capitalista de 2008 se está “superando” aplicando sin piedad y de forma criminal a base de despidos, rebajas de sueldos, contratos basura, obligando al personal a hacerse autónomo o a no cobrar las horas extraordinarias. Recortes laborales, sociales y democráticos.

Las clases trabajadoras son empobrecidas y dejadas sin ilusión por un futuro mejor para sus hijas e hijos. Los bancos y multinacionales cada vez son más poderosos y ganan más millones,  con la sumisión de los partidos de derechas y de una falsa izquierda, que no acaba con la reforma laboral y permiten que suban alquileres y vivienda. A lo que sumamos el machismo criminal impune y que nuestras hijas o amigas tengan miedo otra vez a salir solas de noche o sus novios o maridos las puedan agredir.

Todo esto ha provocado el incremento mundial de la extrema derecha, el autoritarismo y el fascismo en todo el mundo. En Europa gracias a los recortes que la Unión Europea ha impuesto sin piedad sube la derecha racista y nacionalista más cercana al fascismo. Para controlar a los pueblos los capitalistas necesitan romper las izquierdas y controlar “las democracias liberales” sacando a pasear a la extrema derecha.

Quienes nos han robado no son los pobres que vienen en patera huyendo del hambre. Nos han robado los bancos y los ricos que no quieren pagar impuestos para mejorar la sanidad, la educación o las pensiones y encima hacen creer que exigiendo menos impuestos, nos los van a rebajar a nosotras y nosotros, las personas trabajadoras. Es una mentira. Solo lo hacen en interés de ellos y sus herencias millonarias.

Por tanto, los llamamientos a la tranquilidad y a ser buenos demócratas, no van a frenar nuestro malestar. Nadie va a salir a defender en las calles la Europa de los recortes y los bancos. Nadie va a defender la injusticia. Pero las personas pueden ser engañadas por fuerzas reaccionarias y fascistas con mensajes populistas. El engaño de la extrema derecha es criticar el sistema para luego aplicar con mano de hierro las políticas de los poderosos, los ricos y si no veamos los ejemplos de Polonia o de Hungría. Salvar a España, pero eso sí a la España de las grandes fortunas, los grandes propietarios de tierras, solares y casas. Los poderes financieros y bancarios.

En conclusión, decimos que no es momento de arrugarse ante la extrema derecha y menos de hacerles el juego. PP, Vox, Ciudadanos son las tres patas del mismo banco.El rey no va a solucionar nada que no sea en beneficio de sus intereses y de los poderes fácticos, además no puede gobernar. Denunciando que apoyar la monarquía divide a las fuerzas de progreso y por tanto beneficia a las derechas. Que hace falta un programa de recuperación de la democracia. Que solo la democracia garantiza los avances y justicia, pero para que la democracia sea verdadera, hace falta que las cosas cambien mucho y podamos elegir qué forma de gobierno queremos.

Basta ya de salarios y pensiones de miseria. Basta ya de alquileres e hipotecas abusivas. Basta ya de recortes en sanidad y repagos. Basta ya de rebajas de impuestos a los ricos, las grandes empresas y no cobrar impuestos a los bancos. La reforma laboral y la ley mordaza abolidas ya. Basta de consentir el terrorismo contra las mujeres.

Por todo esto mucha gente no vota o considera que todos son iguales. Por qué no hay unas políticas diferentes de unos y de otros en el fondo. Porqué la extrema derecha nos engaña diciendo que la culpa es de los inmigrantes, cuando la culpa es de quienes quieren seguir ganando más a nuestra costa y no quieren pagar impuestos, quitándonos médicas, médicos y maestras. Poniendo nuestras jubilaciones en peligro o dejándolas en la miseria. Cuando hablan los y las políticas no les entendemos.

La izquierda socialista es repartir, no conformar. Es apoyar a la gente obrera, no a los ricos herederos, los bancos o a los tramposos.

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Hechiceros en el sector bancario

Fri, 11/01/2019 - 07:01

Alejandro Nadal - Consejo Científico de ATTAC España

En el año 180 de la era presente, el retórico Luciano de Samósata escribió un relato que cautivó a sus seguidores. Su historia cuenta cómo Éucrates pudo apropiarse en secreto de la fórmula mágica que utilizaba un afamado mago egipcio. El conjuro le permitía dar vida a objetos inanimados y ponerlos a su servicio.Con la fórmula mágica hizo que una escoba fuera a recoger agua, pero concluida esa tarea la escoba siguió trayendo más agua. Al no poder detenerla, Éucrates, desesperado, la partió con un hacha, sólo para descubrir que las dos mitades cobraban vida y continuaban su trabajo hasta que la casa del mago se inundó. Sólo el regreso del hechicero irritado permitió detener la marcha inexorable de las escobas.La potencia de la moraleja llamó la atención de Goethe, quien en 1798 la desarrolló en su poema Die Zauberlehrling, el aprendiz de brujo. El mensaje es de cautela: no se deben desatar fuerzas que no pueden ser controladas.

La historia revela que el mensaje ha sido raramente escuchado. Un ejemplo lo encontramos en el mundo financiero.El dogma neoliberal afirma la necesidad de eliminar regulaciones y liberar el potencial innovador en el sector financiero para generar innovaciones, mejores productos y mejor servicio. Hace unas cuatro décadas comenzó a ser aplicada esa fórmula, y hoy los resultados están a la vista.

La desregulación en el sector financiero de la economía mundial ha guiado a gobiernos y organismos internacionales desde hace más de cuatro décadas. Las instituciones que impulsaron esta corriente van desde el Fondo Monetario Internacional hasta el Banco de Pagos Internacionales (BPI) en Basilea, Suiza. Desde la academia, los economistas neoliberales también transmitieron el mensaje de que la desregulación mejoraría la eficiencia y promovería el crecimiento.

Para alcanzar el objetivo de estabilidad del sistema bancario se fomentó una cultura de desregulación que promoviera la innovación. Y como las escobas de Éucrates, las innovaciones no tardaron en multiplicarse. Ingeniería financiera, técnicas de bursatilización, derivados y otros productos exóticos proliferaron para que, en teoría, los riesgos fueran cada vez más manejables, mientras se hacía cada vez más frágil la estructura del sistema bancario.

La política sobre estabilidad del sistema bancario descansa en los acuerdos del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB) del BPI. En 1988 entró en vigor el primero de esos acuerdos, llamado Basilea I, con requisitos de capitalización para garantizar que los bancos privados pudieran absorber pérdidas sin comprometer el sistema bancario. Ese acuerdo introdujo la evaluación del capital con el método de activos ponderados por riesgo, con el fin de contar con una medida más rigurosa de la fortaleza o debilidad de un banco. La regla establecida fue que el capital mínimo de un banco debe ser de 8 por ciento del total de los activos ponderados por riesgo, y en los años que siguieron ese porcentaje aumentó hasta 12 por ciento en los bancos de los países de la OCDE. Pero ese incremento se debió más a la eliminación de muchos activos riesgosos de las hojas de balance de los bancos a través de operaciones de titulización: disminuyó el capital necesario para cumplir con el requisito de Basilea I, pero los riesgos no se redujeron. La innovación financiera vino al rescate de los bancos y les permitió seguir apostando en el casino de alto riesgo.

Basilea II buscó corregir algunos defectos de Basilea I. El nuevo acuerdo estaba comenzando a ser implementado, cuando estalló la crisis de 2007-2008. La ironía es que Basilea II reafirma la autonomía de los bancos en la evaluación de sus riesgos y reafirma la confianza en el uso de fórmulas de autorregulación basadas en un enfoque microprudencial. Hoy, Basilea III busca disciplinar la autoregulación e incorpora nuevos requisitos sobre apalancamiento. Pero este último acuerdo sigue afirmando el principio fundamental de permitir los métodos basados en modelos internos (de los bancos) para la evaluación de riesgos.

La desregulación del sector permitió la gestación de innovaciones, como la ingeniería sobre la titularización de todo tipo de instrumentos y la creación de derivados exóticos para explotar nuevos mercados en búsqueda de mayor rentabilidad. Estas innovaciones en el sector bancario-financiero hacían creer que el riesgo era más manejable, pero debilitaron las condiciones de estabilidad sistémica. Cada banco desarrolló su modelo interno para reducir sus requerimientos de capital, al tiempo que mostraban que se estaba reduciendo el riesgo: la microeficiencia desembocó en un macroproblema.

En una transición histórica, el crecimiento desorbitado del sector financiero y bancario a escala mundial ha transformado estructuras capitalistas en plataformas para la especulación. Creyendo promover la eficiencia, la desregulación fomentó la inestabilidad. Algún día el hechicero regresará a casa para disciplinar a los aprendices con una megacrisis que pondrá fin a la pesadilla de la desregulación financiera.

Twitter: @anadaloficial

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La enorme discriminación contra las personas mayores en España

Thu, 10/01/2019 - 07:00

Vicenç NavarroConsejo Científico de ATTAC España

Existe en España una discriminación muy acentuada contra las personas ancianas que, como ocurre en la mayoría de discriminaciones en este país, apenas es reconocida como tal por la mayoría de la población que la practica. En realidad, esta mayoría ni siquiera es consciente de ello, pues es un fenómeno tan generalizado que la gente ni se da cuenta de ello. Sin embargo, la discriminación es enorme, y afecta muy negativamente a las personas discriminadas, en este caso las mayores. Se oculta bajo una aparente cordialidad y amabilidad, tal y como ocurre también con la discriminación contra las mujeres, que frecuentemente intenta ser ocultada bajo la supuesta “caballerosidad” que el hombre mantiene frente a la mujer (a la cual discrimina). Esta supuesta amabilidad hacia los ancianos aparece cuando se les llama “abuelos”, un término que aparenta ser cariñoso pero que no lo es, pues la mayoría de ancianos están satisfechos y les agrada que así les llamen sus nietos pero no necesariamente otras personas a las que ni siquiera conocen, y las encuestas así lo muestran.

Cómo aparece esta discriminación

Esta caracterización de las personas mayores como “abuelos” va acompañada de una visión de ellos como personas con menos habilidades y que están en un proceso de declive físico, intelectual y emocional hasta que se mueren, proceso que algunos economistas han llegado incluso a proponer que se acelere. Es bien conocida la frase de un Ministro de Economía de Japón, que indicó que el deber patriótico de los viejos es que se mueran cuando les corresponda” (es decir, lo más pronto posible). Muchos economistas neoliberales piensan lo mismo, aunque no lo dicen tan claro. Utilizan narrativas un pelín más sofisticadas, como por ejemplo que el alargamiento de los años que los ancianos viven está creando un enorme problema a la economía del país”. Seguro que el lector ha leído frases semejantes en los principales medios de comunicación (ver la excelente exposición de la Dra. Paloma Navas de la Johns Hopkins University, Previniendo el envejecimiento imaginario en TEDx Madrid).

En centros académicos esta discriminación es más sutil, y aparece en el argumento de que la sociedad gasta demasiado en los ancianos, y muy poco en los jóvenes, siendo el supuesto “elevado gasto en los primeros” la causa de que se gaste tan poco en los segundos. Y sistemáticamente se subraya que las pensiones de vejez, por ejemplo, son excesivamente generosas” en España, lo cual está causando la insostenibilidad de la Seguridad Social del país”. Frecuentemente se indica también que en España las pensiones son “las más generosas del mundo”. La lista de gurús economistas neoliberales que gozan de gran visibilidad mediática en España y que han hecho tales declaraciones es enorme. La única diferencia entre ellos es que algunos dicen “del mundo” y otros un pelín más modestos dicen “de Europa”. Pero todos –los unos y los otros- coinciden en que, además de la excesiva generosidad de las pensiones, el problema de España es que hay demasiados ancianos, siendo uno de los países del mundo (según  algunos) o de Europa (según otros) “que tiene más viejos”.

Los datos (que raramente verán, oirán o leerán en los mayores medios de comunicación) muestran la gran falsedad de cada uno de estos argumentos

Veamos los datos.

  1. La sociedad española no es ni la más envejecida de Europa ni del mundo.

En realidad, según Eurostat, la agencia de datos de la UE, el porcentaje de la población anciana (personas con más de 65 años de edad) es prácticamente la misma en España (19%) que el promedio de los países de la UE-15 (19,03%) y ligeramente inferior a la de la UE-28 (19,4%). No es cierto, por lo tanto, que España sea uno de los países con “más viejos” o “más abuelos”.

  1. El gasto en pensiones es más bajo en España que en el promedio de la UE-15 y la UE-28.

Y aun cuando el nivel de riqueza de España es mayor que el promedio de la UE-28, la renta de personas mayores de 65 años (medida en paridad de poder adquisitivo, es decir, ajustada a fin de que tengan la misma capacidad de compra, PPS) es más baja (17.792) que el promedio de la UE-28 (18.153). También el gasto en pensiones públicas para la vejez como porcentaje del PIB (que según el pensamiento económico neoliberal dominante en los mayores medios de comunicación del país, es de los más altos del mundo o de Europa) es más bajo (8%) que el promedio de la UE-15 (9,5%). Si además consideramos el total de las prestaciones públicas destinadas a la vejez (además de las pensiones) las rentas totales de los ancianos  de este país alcanzan solo el 63% de la media de la UE-15. No es cierto, por lo tanto, que las ayudas públicas a las personas mayores o que el gasto público en pensiones “sea de los más altos ni del mundo ni de Europa”.

  1. La pensión media es más baja que el promedio de la UE-15 o de la UE-28.

No es tampoco cierta la acusación que constantemente se hace por parte de economistas e instituciones neoliberales de que el pensionista español es el que recibe las pensiones más altas del mundo o de Europa, señalando que recibe como promedio el 82% del salario anterior a su jubilación. Solo aquellos trabajadores que comenzaron a trabajar a los 20 años, y cotizando a la Seguridad Social de una manera ininterrumpida y completa desde entonces, recibe esta cantidad en concepto de pensión de jubilación, lo cual representa un porcentaje menor de todos los jubilados (porcentaje que incluso está decreciendo debido al retraso de la juventud en su incorporación al mercado de trabajo, y la gran extensión de la precariedad entre los trabajadores). En realidad, el porcentaje que la pensión representa sobre el salario (consecuencia de las reformas del gobierno Rajoy en 2013) será un 48% según el informe The 2015 Aging Report de la Comisión Europea. Pero lo que tampoco se cita cuando se habla de la elevada tasa de reemplazo del salario por parte de la pensión es que los salarios son muy bajos en España. De ahí que el indicador más importante para medir la generosidad de un sistema de pensiones sea medir la cantidad de dinero público que el pensionista recibe. Y ahí podemos ver que esta cantidad (las pensiones púbicas) están entre las más bajas de la UE-15. En España, dos millones de personas reciben entre 600 y 646 euros al mes (unas cifras inferiores al salario mínimo interprofesional) y 4,5 millones menos de 1.000 euros al mes (véase el libro de Vicenç Navarro y Juan Torres, Lo que debes saber para que no te roben la pensión, publicado en 2013; y el artículo de Vicenç Navarro Las falsedades sobre la supuesta generosidad de las pensiones, publicado en PÚBLICO, 2 de febrero de 2017).

  1. La integración de los ancianos a la sociedad en España es menor y su aislamiento y soledad son mayores que en la mayoría de países de la UE.

Hay muchos indicadores que lo demuestran. La cultura y los medios de comunicación están orientados casi exclusivamente a la juventud y a la gente de mediana edad. La gran mayoría de personas que presentan las noticias o la previsión del tiempo, los programas y series de televisión, así como las tertulias, son personas jóvenes. Y si son mujeres, tienen que mostrar pecho y aparecer sexis, reflejando la cultura machista de los medios (y de la sociedad). Casi nunca aparecen personas de edad avanzada, por ejemplo, en los programas de noticias, en la presentación del tiempo o en las tertulias. Los ancianos son prácticamente invisibles en los medios, tanto como presentadores como sujetos de noticias (con la excepción del tema de las pensiones, que se presenta, por lo general, como el gran problema causado por el enorme número de viejos).

Esta falta de visibilidad y participación viene acompañada de una falta de integración en la sociedad, una de las más limitadas de la UE-15. Según Eurostat, en España, un 83% de la población entre 15 y 75 años ha utilizado Internet durante los últimos tres meses (año 2016). En otros países su utilización es casi universal (Dinamarca, 96%; Suecia, Finlandia, Holanda, 93%). En cambio, en el grupo etario de 65 a 75 años, solo el 47% de los hombres y el 40% de las mujeres lo ha utilizado en España. La digitalización de la sociedad está teniendo un impacto devastador en el aislamiento de los ancianos, pues excluye a aquellos que no fueron introducidos a esta revolución. La soledad -resultado de su discriminación- es uno de los mayores problemas que las personas ancianas se encuentran a medida que avanza su edad.

Las pensiones en España no son un derecho (como lo son en otros países), sino una obligación

Este aislamiento es incentivado por una ley, paradójicamente aprobada por el gobierno socialista presidido por Zapatero, que le prohíbe al pensionista que continúe trabajando, imponiéndole el Estado uno de los regímenes de jubilación más regresivos que existe hoy en Europa. La jubilación en España es una obligación más que un derecho, cuando debería ser (como lo es en muchos países) al revés: más un derecho que una obligación. Conozco bien –resultado de un largo exilio- el mundo universitario de varios países (Suecia, Reino Unido y EE.UU.) y, como resultado de tal experiencia he concluido que el régimen de jubilación español es enormemente discriminatorio para los profesores universitarios. En EE.UU., por ejemplo, está prohibido jubilar a una persona obligatoriamente, y el profesorado, siempre y cuando reúna los criterios de productividad marcados por la institución, tiene el derecho de jubilarse cuando crea conveniente y necesario. En España tiene que ser a los 65 años, pasando de una gran actividad a ninguna en un solo día (el de su jubilación), lo cual afecta muy negativamente el estado emocional y psicológico del jubilado. Naturalmente que el mérito o demérito de la jubilación depende del trabajo que la persona realice antes de jubilarse. Para amplios sectores profesionales, cuyo trabajo es más intelectual que manual, este es una fuente de estímulo y placer, y que perciben la jubilación de una manera distinta a la de una persona cuyo trabajo no es necesariamente placentero o estimulante, que ve la jubilación como parte de su liberación. Tratar a los dos tipos de personas bajo el mismo criterio es profundamente injusto y debería cambiarse. No es justo, por ejemplo, que el personal de limpieza de la universidad, cuyo trabajo ofrece una posibilidad de gozo y creatividad muy limitada, se le obligue a trabajar dos años más (pasando su edad de jubilación de ser 65 a 67 años) para pagar la pensión de un catedrático que vivirá, como promedio, siete años más que la persona que trabaja en la limpieza de la universidad. Sería más lógico y razonable que el personal de limpieza no tuviera que jubilarse más tarde, como se ha hecho, facilitándole a la vez al catedrático que trabaje más si así lo desea, para contribuir en mayor grado a la Seguridad Social.

Hay que repetir, por lo tanto, que la jubilación es un derecho y no una obligación. El hecho de que no se esté ni siquiera considerando un cambio es un indicador más de la falta de atención que se da a los problemas que se presentan a las personas mayores, tales como la jubilación, por interpretarse como cosa de viejos. Lo único de lo que se habla es que “no se puede pagar” y que “el sistema es insostenible”.

Les garantizo, sin embargo, que es más que sostenible. El gasto público social en España, que incluye los servicios públicos (como sanidad, educación, vivienda social, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, servicios sociales, entre otros) y las transferencias públicas (como las pensiones), es de los más bajos de la UE-15. Una cantidad muy por debajo (unos 80.000 millones de euros menos) de lo que se debería gastarse España por el nivel de riqueza que tiene. El enorme poder que las fuerzas conservadoras (las derechas) han tenido en España durante su historia (y que conservan hasta hoy día) explica el enorme retraso social, del cual los grupos más afectados son también los grupos con menor poder y más vulnerables como los ancianos, los infantes, las mujeres y los trabajadores. Así es España (incluyendo Catalunya que, por cierto, es de las CCAA con mayor retraso social, habiendo estado gobernada por estas fuerzas conservadoras durante la gran mayoría de su historia contemporánea). Así de claro.

Vicenç Navarro ha sido Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona. Actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España).

Ha sido también profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore, EEUU) donde ha impartido docencia durante 48 años. Dirige el Programa en Políticas Públicas y Sociales patrocinado conjuntamente por la Universidad Pompeu Fabra y The Johns Hopkins University. Dirige también el Observatorio Social de España.

Es uno de los investigadores españoles más citados en la literatura científica internacional en ciencias sociales

http://www.vnavarro.org/

Público.es

Vicenç Navarro
Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pomepu Fabra

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Bolsonaro: catástrofe global

Wed, 09/01/2019 - 07:00

Editorial de La Jornada ( México )

Cualquier caracterización del nuevo presidente de Brasil resulta imprecisa, o llanamente eufemística, si se omite el adjetivo fascista. Su abierta admiración por los regímenes militares, su absoluto desprecio por la verdad o la evidencia científica, su uso de proclamas y símbolos religiosos en agresiva sustitución de los derechos humanos y las formas institucionales, su táctica de generar consenso en torno a su figura mediante la exacerbación del odio y la xenofobia, así como otros efectivos e inescrupulosos métodos de manipulación de las masas de los que echa mano, hacen de Jair Messias Bolsonaro la encarnación contemporánea del flagelo que en la primera mitad del siglo pasado llevó a la mayor catástrofe humana de la historia.

En su toma de posesión, efectuada ayer en Brasilia en medio de la aclamación popular a la vez que de un dispositivo de seguridad de dimensiones nunca antes vistas, el mandatario ultraderechista refrendó su compromiso con el desmantelamiento del Estado social, con la cruzada medieval –bajo la especie de un rescate de los valores familiares– en contra de las mujeres y de todas las manifestaciones de diversidad sexual, y con la imposición de un dogma ultraconservador que califica cualquier disidencia como sumisión ideológica.

Además de la amenaza que supone para millones de brasileños elementos del programa de Bolsonaro tales como la derogación casi completa de los derechos laborales, este ex capitán del Ejército podría convertirse en uno de los mayores peligros para el planeta entero al compartir con el mandatario estadunidense, Donald Trump, el escepticismo ante el fenómeno del cambio climático, al que tacha, a semejanza de su homólogo estadunidense, de una invención de las izquierdas. En momentos en que la comunidad internacional cobra plena consciencia de los riesgos del calentamiento global, la voluntad de Bolsonaro por abrir a la minería y a la agroindustria la mayor reserva forestal y de biodiversidad del planeta podría dar al traste con la esperanza de evitar un daño trágico e irreversible al equilibrio ecológico.

Acaso lo más preocupante del nuevo gobierno brasileño es la altísima legitimidad social con la que asume el mando de la mayor economía de la región: no sólo Bolsonaro se impuso con 55 por ciento de los votos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en octubre pasado, sino que las encuestas recientes muestran que 75 por ciento de los ciudadanos respaldan sus propuestas y mensajes. Si a este respaldo popular se suma el dominio sobre el Poder Legislativo y la complicidad anunciada del Judicial, todo indica que la voluntad autoritaria de los gobernantes se conjugará con la ausencia casi total de resistencias o contrapesos.

En suma, la llegada de Bolsonaro y el grupo que lo acompaña al Palacio de Planalto supone una catástrofe en todos los ámbitos para el propio Brasil, para el conjunto de las naciones latinoamericanas, y de manera muy probable para el planeta entero. Sólo cabe esperar que el pueblo brasileño encuentre el camino de vuelta a la cordura y pueda afrontar la embestida neoliberal con la menor cantidad de daños posible.

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Neoliberalismo: la historia

Tue, 08/01/2019 - 07:00

Alejandro Nadal – Consejo Científico de ATTAC España

Hacer historia es hacer crítica. Si un fenómeno social no tiene orígenes, si no tiene génesis, entonces es candidato a pensarse como algo que siempre ha estado ahí, desde los orígenes del tiempo, y lo que no tiene principio tampoco tendrá acabamiento. La conclusión es inmediata: ese fenómeno social sería algo natural y, por tanto, algo que no se cuestiona. Ese fenómeno social no acepta una crítica en el sentido analítico: no tiene inicio, y eso impide pensar sus determinaciones históricas.

Esto es algo que Marx entendió con claridad. Una de sus grandes contribuciones al pensamiento social fue su crítica de la economía política clásica. Hoy la teoría económica dominante insiste en hacer creer a todos que las fuerzas que llevaron al neoliberalismo siempre han estado presentes, desde los albores de la civilización. Llevando al extremo su narrativa absurda, casi desde que el homo sapiens emergió de la sabana africana ya llevaba en su bagaje la propensión natural para el trueque y su tendencia a establecer mercados. Siendo inherente al ser humano la predisposición a vivir en sociedades de mercado, es una tarea absurda criticar esa tendencia y, peor aún, erigir obstáculos a su desenvolvimiento. Por eso la teoría económica que elogia el neoliberalismo es alérgica a la política económica y a cualquier institución social que implique regulaciones económicas.

La historia que tradicionalmente se escucha sobre los orígenes del neoliberalismo es que al final de la era dorada del capitalismo (1945-1975), el sistema entró en crisis. Inflación y estancamiento en Estados Unidos condujeron a un replanteamiento de las relaciones entre mercados y gobierno. En esta narrativa se dice que el régimen keynesiano, que estuvo en pie durante esos años, tuvo que ser remplazado por otro en el que el mercado sin reglamentaciones pudiera guiar las decisiones económicas a niveles micro y macroeconómico. El marco de referencia keynesiano había mantenido la idea de que la intervención de la política macroeconómica podía y debía corregir la inestabilidad del capitalismo y mantener niveles adecuados de la demanda agregada para afianzar las economías capitalistas. Pero la historia es que el estancamiento y la inflación mostraron los límites del régimen keynesiano y obligaron a rectificar el camino. Esa versión de la historia del neoliberalismo es simplista y errónea.

Para comenzar, el término estancamiento para denotar lo que sucedía con la economía de Estados Unidos debe ser reconsiderado. Aquella década fue atravesada por dos recesiones cortas, pero en los demás años el promedio de crecimiento fue de 5 por ciento anual, lo que contrasta con la tasa de expansión de la economía de Estados Unidos en el periodo 1982-2017, que fue en promedio de 2.8 por ciento anual. Y la inflación en los años 1970, que algunos analistas describen como hiperinflación, fue en promedio de 7.25 por ciento para toda la década, nivel superior al de los decenios anteriores y posteriores, pero nada que se pueda calificar de hiperinflación.

La historia que a veces se cuenta también incluye un ingrediente de conspiración cuando se hace referencia a las reuniones de la Sociedad de Mont Pèlerin y sus encuentros animados por Hayek y otros que impulsaban el proyecto de remplazar a los gobiernos por la acción privada mediante el libre mercado. Esta parte de la historia tradicionalmente es presentada por analistas que desconocen la evolución de la teoría económica. En especial, ignoran que Hayek había dejado atrás sus proyectos de teoría económica desde que Sraffa había hecho pedazos su análisis sobre tasas propias de interés en los años 1930. Desde entonces, Hayek se dedicó a escribir una obra panfletaria sin contenido económico.

La implantación del neoliberalismo implicó un cambio radical en la política macroeconómica. Pero eso también se acompañó de una profunda transformación de la teoría económica. Primero la crítica del monetarismo a las posiciones de los keynesianos y después la ofensiva final de la escuela de expectativas racionales terminaron por colocar a la defensiva a los economistas que habían apoyado las recetas keynesianas. Los economistas que ahora abrazaban las teorías sobre el libre mercado fueron recompensados con todo tipo de canonjías y prebendas. Sus publicaciones recibieron premios y distinciones que permitían a los receptores vestirse con ropaje de prestigio científico. La política económica del libre mercado tuvo como hermanito gemelo la percepción de que los economistas neoliberales tenían la verdad científica de su lado.

Esa certidumbre científica fue construida sobre la idea de que las sociedades humanas poseen una tendencia natural a regir sus destinos mediante el libre mercado. La historia y la evolución de la teoría económica revelan que esa creencia es absolutamente falsa.

Después de la crisis financiera mundial de 2008, rescribir la historia del neoliberalismo y su legado se ha convertido en una necesidad urgente.

 

Alejandro Nadal Economista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso
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Se debería haber empezado por la cultura…

Mon, 07/01/2019 - 07:00

Bernard Cassen, fundador y presidente honorario de ATTAC

A finales del próximo mes de mayo tendrán lugar las elecciones europeas en veintisiete Estados miembros de la Unión Europea (UE), según las modalidades específicas de cada uno de ellos. Es la yuxtaposición de esas veintisiete representaciones nacionales salidas de las urnas la que constituirá el Parlamento Europeo.

La composición de esta asamblea dará lugar a dos lecturas distintas: la primera, nacional, será la medida, país por país, de las relaciones de fuerzas políticas del momento; la segunda, europea, determinará el perímetro de las coaliciones entre grupos parlamentarios establecido al día siguiente del escrutinio, especialmente para la elección de los presidentes del Parlamento y de la Comisión. Estas dos instituciones, a las que hay que sumar el Banco Central Europeo (BCE) y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), encarnan la dimensión federal de la construcción comunitaria, estando representada la dimensión intergubernamental por el Consejo.

El principal problema que plantea esta arquitectura es la extrema debilidad de su base popular, que contrasta con la amplitud de los poderes de sus componentes. Es cierto, por naturaleza, en el caso del BCE y del TJUE, respaldados por su independencia estatutaria. Sucede lo mismo, ciertamente en menor grado, en el caso de la Comisión Europea, cuyos miembros también son nombrados por los Gobiernos, pero puede ser objeto de una moción de censura por parte de los eurodiputados: algo que nunca se ha producido.

El Parlamento, que sí se elige por sufragio universal, pretende ser el depositario de una soberanía europea que trascendería las fronteras nacionales en el seno de la UE. No obstante, las condiciones de su elección en veintisiete escrutinios diferentes, el creciente número de abstencionistas y, sobre todo, la ausencia de derecho de iniciativa legislativa –monopolizado por la Comisión– hacen que esta ambición sea totalmente irreal. En lugar de hacer como si existiera un verdadero espacio público europeo común del cual se sentirían partícipes los ciudadanos del Viejo Continente, hay que construirlo coordinándolo con los espacios públicos nacionales. Se trata de un objetivo que no prejuzga en absoluto las instituciones ni el contenido de las políticas europeas. Podrían apropiárselo tanto los europeístas más convencidos como los partidarios de la salida de la UE y del euro. En efecto, a todos les interesa que Europa, con independencia de su configuración global –la UE es solo una de sus posibilidades–, sea una zona de paz y de buena vecindad.

A este respecto, hay que restaurar, en todos los ámbitos, las relaciones bilaterales que permiten intercambios bastante más fructíferos que aquellos que se pueden tener en reuniones en las que participan ciudadanos de 10 o 12 países. Incluso aunque pueda parecer paradójico, no hay nada más europeo que un debate entre letones e italianos o entre irlandeses y griegos. En una UE con 27 miembros, existen 702 combinaciones de diálogos bilaterales. Son muchos ladrillos potenciales para edificar una “casa común” de geometría variable y, por ello, mucho más sólida y duradera que unas instituciones rígidas cuya principal función es hacer del culto al mercado la religión de Estado de la UE. Si hay culto, debe ser a la diversidad y, en particular, a la diversidad cultural en el sentido amplio del término. Al imaginar –porque se trata de pura imaginación– que Jean Monnet hubiera declarado realmente que “si la construcción europea tuviera que rehacerse, comenzaría por la cultura”, habría enunciado entonces lo que debería ser una evidencia: la cultura es la base de cualquier proyecto político europeo.

Bernard Cassen, Fundador de ATTAC y director general de Le Monde diplomatique

© Le Monde diplomatique en español

Fuente: https://blogs.publico.es/dominiopublico/27492/se-deberia-haber-empezado-por-la-cultura/

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Los rumbos de la política en Nuestramérica

Sat, 05/01/2019 - 07:00

 Julio C. Gambina – Consejo Científico de ATTAC España

México y Brasil tienen nuevos gobiernos y animan el debate del rumbo de la región, con Cuba cumpliendo 60 años de revolución contra el orden capitalista. ¿Cambios reformistas, reaccionarios o revolucionarios para la región?

Venezuela y Nicaragua están en el centro de la ofensiva de la OEA, es decir, de EEUU y los gobiernos afines del continente, los que predican el libre comercio, aun contra la diatriba discursiva proteccionista desde Washington.

Bolivia encara un tiempo electoral en donde se discute el proceso de cambio inaugurado en 2006.
Gobiernos de derecha y  “pro mercado” se afianzan en varios de los países en la región, incluso algunos de los que protagonizaron la oleada reformista.

Nuestramérica está convulsionada y en debate, no solo por sus procesos nacionales y/o regionales, que involucra el proceso de integración o de desintegración, sino por lo acontece en el mundo, especialmente con Donald Trump en el gobierno de EEUU y su política “nacionalista” con tasas de interés en alza.
Una política exterior estadounidense que en lógica imperial se extiende sobre todo el continente y por ende recela de la presencia de China, de creciente peso comercial, económico, y financiero en la región.

El marco de los debates sobre el rumbo ocurren en momentos de crecimiento pobre de la economía mundial, con desaceleración de la evolución económica regional, afectando derechos económicos sociales ganados con luchas históricas de los pueblos.
Lo que está en juego es la cotidianeidad y la satisfacción de las amplias necesidades de la sociedad y por eso nos interesa discutir hacia dónde vamos en la construcción del orden económico y social.

Tal como señalábamos al comienzo nos interrogamos si es este un tiempo de reformas como supone el nuevo gobierno mexicano; de contra reformas sugeridas con la asunción del gobierno brasileño; o de confirmación de perspectivas que emanan de los 60 años de revolución en Cuba.

¿Hacia dónde va Nuestramérica?

El cambio de siglo, del XX al XXI, estimuló el debate y nuevos procesos emergieron discutiendo la tradición conservadora por décadas, especialmente el consenso neoliberal desde los 80 del siglo pasado.
La novedad era el horizonte socialista que amplió la solitaria experiencia anticapitalista y por el socialismo expresada por Cuba desde 1959/61.

En el lenguaje político apareció el horizonte del socialismo del siglo XXI en Venezuela, o el socialismo comunitario en Bolivia; junto a caracterizaciones constitucionales por el Vivir Bien o el Buen Vivir, en Bolivia y Ecuador respectivamente.

También emergieron propuestas de distribución del ingreso compatibles con procesos de integración novedosa, que incluyeron propuestas inconclusas de una Nueva Arquitectura Financiera, e incluso mecanismos de cooperación para renovados proyectos productivos y de desarrollo en ámbitos que esperan mejor oportunidad para su concreción, especialmente en materia alimentaria o energética.

Nuestramérica apareció como una identidad que recuperaba una perspectiva emancipadora por más de doscientos años y con capacidad para interactuar con la tradición ancestral de los pueblos originarios.

Por eso destacamos la experiencia  que incluyó la emergencia de nuevos sujetos que visibilizaron la complejidad de la lucha social, política y cultural de nuestro tiempo.
Destaca en ese sentido  el movimiento originario, indígena y campesino, de larga trayectoria en la confrontación civilizatoria, especialmente en los países andinos, ampliando la territorialidad de la lucha indígena y constituyéndose en fenómeno visible de carácter continental y global desde el proceso de cambio político boliviano desde 2006.
En ese orden surge a la consideración social la lucha de las mujeres y el movimiento feminista en sus diversas corrientes y acepciones, con reivindicaciones por la igualdad de género y en contra de toda discriminación sexual. El movimiento adquirió una dimensión cultural que atravesó a toda la sociedad gestando un salto en la socialización de una reivindicación que aparecía de minoría y particular para transformarse en social y general.

Del mismo modo adquiere relevancia la lucha ambiental y en defensa de los bienes comunes, contra el modelo productivo y de desarrollo que afecta y depreda a la Naturaleza y la condición de la vida sobre el planeta, e involucra las consideraciones sobre el hábitat, la urbanización y la colonización y subordinación al capitalismo y al consumismo de la vida cotidiana, en el campo y la ciudad.

La complejidad de la lucha social, política, económica y cultural diversificó la tradición de la confrontación de clases, de la contradicción entre el capital y el trabajo, para adquirir desde allí otras y articuladas dimensiones que desafiaron el orden vigente, componiendo una nueva singularidad al conflicto social y la lucha de clases.

Mirando el panorama actual, la revolución continúa siendo un sueño eterno, parafraseando a Andrés Rivera, el escritor que recuperaba las expectativas a comienzos del Siglo XIX, en Haití o Sudamérica,  y que nosotros proyectamos en los procesos vividos en 1959 en Cuba, en 1979 en Nicaragua, y con matices y especificidades en tiempos recientes en todo el continente.
Un sueño que se funde con diversas expectativas por reformas sociales, las que alimentan un debate de época sobre reforma y revolución, e incluso de contra reforma, y nos convoca a resolver el interrogante sobre el presente y el futuro del rumbo en la región latinoamericana y caribeña.

¿Es posible la lucha por la igualdad bajo el capitalismo?

Más allá de la revolución o las revoluciones, el Siglo XXI generó expectativas de distribución del ingreso y satisfacción de necesidades de los sectores más vulnerables.

Desde la CEPAL se fundamentaron indicadores socioeconómicos que daban cuenta de una mejora en la distribución del ingreso, pero no necesariamente de la riqueza. La ilusión de la reforma del capitalismo ganó espacio en la política y anima nuevas y renovadas ilusiones para repetir la experiencia, más allá del accionar reaccionario de los sectores hegemónicos y dominantes.

La política social masiva apareció en escena y morigeró los efectos más nocivos de la concentración de ingresos y riqueza. Se trató de una política social masiva que trascendió procesos nacionales del “giro a la izquierda” y que se generalizaron más allá de la orientación de derecha o de izquierda de los gobiernos.
Es más, en plena ofensiva actual de las derechas, la masividad de la política social no mengua, sino que se amplía en la perspectiva de contener el conflicto social.

Bajo esas condiciones de articulación de una perspectiva de reforma y revolución, los tiempos de revancha y contra reforma no se hicieron esperar y la hegemonía política conservadora y tradicional disputó el consenso de la sociedad.

Lo hizo con golpes blandos, apoyados por Parlamentos o sistemas judiciales, o electoralmente por la vía de la manipulación mediática.
Para esto se empleó a los tradicionales medios de comunicación, monopólicos, privados o públicos, junto a nuevas redes sociales emergentes, permeadas por una religiosidad e ideología individualista del “sálvese quien pueda”, funcional a la lógica de la dominación capitalista, con eje en la seguridad personal.

El orden capitalista busca así la normalidad de su funcionamiento, es decir, de la ganancia y la acumulación, alejando la realidad de cualquier perspectiva revolucionaria o reformista.

Ya no acude a la tradición del golpe cívico militar; sino a novedosos mecanismos asentados en la manipulación del consenso social, incluso falseando la realidad.

Lo que pretendemos discutir es el orden democrático y económico en curso y en su conjunto, lo que supone analizar el horizonte de confrontación por la igualdad, junto a la libertad de elegir y gobernar.
No alcanza con la lucha por la igualdad, la distribución del ingreso y la riqueza, si al mismo tiempo no se cuestiona el orden político y cultural bajo sus formas democráticas realmente existentes, lo que implica superar el carácter electivo de la democracia para abordar mecanismos de protagonismo de la comunidad en la toma de decisiones.

En Nuestramérica hubo un tiempo en donde las contradicciones aparecían entre dictaduras o democracias constitucionales, pero que ahora, tras la fachada de gobiernos constitucionales que estabilizan el orden capitalista, se requiere discutir una estrategia integral de la economía y la política, de la igualdad y la libertad para resolver las demandas de una mayoría empobrecida y explotada.

Derechos económicos y políticos para un futuro de liberación

Se necesita un horizonte de discusión sobre los contenidos de la emancipación, al mismo tiempo que se debaten las formas de la participación política de la sociedad.

La soberanía alimentaria, energética o financiera demanda la soberanía en las formas decisorias sobre la cotidianeidad. La comunidad necesita expresar los rumbos de los contenidos y formas para resolver necesidades insatisfechas.

No es solo economía o política, sino economía y política; modelo productivo y de desarrollo, de formas de convivencia de la sociedad en nuestro tiempo, en una búsqueda de superación del debate coyuntural. Por eso no alcanza con la discusión contenida en procesos electorales limitados al campo de lo posible que recreen momentos anteriores de la construcción social.
En rigor, los cambios provienen de nuevas prácticas desplegadas en el movimiento de la sociedad, que pueden modificar la conciencia colectiva y así, desde la hegemonía cultural intentar institucionalizar nuevas modalidades en la producción, la distribución, el cambio y el consumo, bajo modalidades de protagonismo y participación ampliada en la toma de decisiones sobre el orden político, económico, social y cultural.
Pretendemos señalar que no habrá distribución del ingreso y menos de la riqueza, o nuevo orden económico, si no se modifica en simultáneo la política, o sea, el ejercicio de la soberanía del pueblo.

Buenos Aires, 2 de enero de 2019

Publicado por

Doctor en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario y de la FCEJYS de la Universidad Nacional de San Luis, Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP, e Integrante del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO (2006-2012). Integra la Presidencia de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA desde 2016. Director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA, IEF-CTA Autónoma. Miembro del Consejo Académico de ATTAC-Argentina y dirige el Centro de Estudios Formación de la Federación Judicial Argentina.
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Abajo las caretas

Thu, 03/01/2019 - 07:00

Carlos Martínez – Consejo Científico de ATTAC España

La operación a tres bandas que la derecha está impulsando bajo la batuta de Aznar y en clara conexión con los centros de pensamiento conservadores de los EE.UU, en la clave del “trupismo” y un presunto nacionalismo, no es sino en realidad una operación internacional al objeto de beneficiar a los grandes sectores del capitalismo especulativo y la guerra comercial mundial contra China. No estamos sino ante una campaña internacional política de sectores que desean dominar un mundo en crisis capitalista cada vez más continuada y que necesita para recuperase controlar a las personas, rebajar los costes sociales y derechos laborales y de esta forma obtener más beneficios.

Capitalismo cruel del siglo XXI que no necesita de artificios democráticos, ni ya del Pacto Social. Un capitalismo de plataformas digitales que no necesita empleados sino de “colaboradores” sin derechos. Todo beneficio. Que además ha conseguido un cambio cultural e idiotizado a amplias capas y sectores de su mundo. Crea el desorden, la inseguridad, la maldad y luego llegarán los salvadores, ellos. Hitler hablaba del partido obrero y de la justicia social y luego se descubrió que no era sino un ariete de las grandes familias capitalistas al objeto de mediante el odio y la guerra multiplicar sus beneficios y frenar a la clase obrera y sus movimientos reivindicativos al igual que Mussolini que acabó creando una corte aristocrática de reparto de intereses y privilegios para las grandes familias ricas. Todo era mentira. Pero las derechas moderadas no se opusieron al avance del fascismo, pues lo necesitaban. Las clases medias empobrecidas fueron su principal ejército.

No es ahora la situación que vivimos, pero se pueden extraer muchas enseñanzas.

Ahora bien, la primera de todas es que tras el Pacto Social de los años 60 y 70 del siglo XX en Europa y la bonanza económica creada gracias a muchas otras pobrezas en el mundo, ahora reventado todo y con crisis de crecimiento y de “competitividad” en el capitalismo occidental, las políticas de austeridad implementadas por una Unión Europea puramente mercantil y vendida exclusivamente a los intereses de multinacionales y banca privada al objeto de pagar su crisis, la desesperanza y desilusión generada tan solo permite avanzar a los mensajes de miedo y de búsqueda de enemigos más pobres todavía al objeto de no perder nuestras migajas de nuevos ricos. La UE que existe no tiene absolutamente nada que ver con la unión europea socialista que propugnara Rodolfo LLopis, el secretario general del PSOE defenestrado por Felipe González por ser republicano y marxista o los estados socialistas europeos que defiende Jeremy Corbyn. Nada que ver, pues no es un proyecto socialista democrático, ni siquiera democrático sino de mercado y en defensa de los mercados.

Es responsable del auge de la extrema derecha, una izquierda que ha renunciado a serlo. Una izquierda timorata sin ningún sueño que ofrecer. El auge de VOX por ejemplo es también responsabilidad de la políticas de austeridad de la UE al igual que el Frente Nacional francés o la Liga Norte italiana, pero también de las izquierdas institucionales-todas ellas, nuevas o más antiguas- fruto de su acomodo y sus cesiones a los mercados y la falta de pedagogía y de trasmisión de principios, principios que sobre todo y en caso de defenderlos son liberales. El liberalismo nunca ha hecho soñar a los pobres y las doblemente explotadas, además en muchas ocasiones no es liberalismo, sino neoliberalismo. Por tanto las clases populares carentes de las ansias por una sociedad diferente, con reparto de la riqueza y justicia, siempre en libertad y con libertad no van a movilizarse por lo que hay ya, la prueba más palpable son los chalecos amarillos franceses, movilizados en solitario ante la ausencia escandalosa de las izquierdas. Pues la defensa de una sociedad injusta, que no es mejor que otra también injusta, es decir la que vivimos, ustedes perdonen, pero no motiva a nadie harto de ver como los ricos cada vez son más ricos y ellos no llegan ni a la última semana del mes, en el mejor de los casos.

Por eso es imprescindible construir una izquierda socialista, que no liberal. Democrática, eso sí y hacer nuestra la causa democrática, pero con posibilidad de avanzar hacia el socialismo.

Carlos Martínez es politólogo y secretario general del PSlF

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Ciencia y Política ante el cambio climático

Sat, 29/12/2018 - 07:00

Alberto Piris - Comité de Apoyo de ATTAC España

Al encender el ordenador para escribir el texto que ahora está ante los ojos del lector, se abrió en la pantalla una ventanilla que indicaba el número de gramos de CO2 no emitidos a la atmósfera gracias a haberlo mantenido en posición de “hibernar” durante unas horas, en vez de dejarlo encendido.

Ignoro en qué parámetros se basa el cálculo de esa información pero sí sé que es el modo científico de abordar los problemas del cambio climático. Si el resultado no fuese correcto, se cambiarían las fórmulas hasta mejorarlo. Dejando aparte las constantes universales, la ciencia avanza siempre sobre parámetros mejorables.

Aludiendo al modo de abordar el grave problema del cambio climático y sus consecuencias para la humanidad, escribí la semana pasada que esta cuestión se plantea en un terreno “puramente pragmático y evaluable” y que “los intereses políticos tienen poco que decir al respecto, salvo embrollar y obstaculizar las necesarias medidas reparadoras”.

Esto es así porque, en política, el dirigente X puede decir públicamente que Y es golpista y Z fascista, ya que ninguno de ambos términos tiene definición científica y cada cual les da el significado que prefiere. De ese modo, aumentan las audiencias de los medios de comunicación criticando al “golpista Y” o al “fascista Z”, información rápidamente asimilada por el público desinformado, desbocada y distorsionada en las redes sociales y de nefastas consecuencias para cualquier democracia.

En la 24ª sesión de la Cumbre del clima celebrada la pasada semana en Polonia, para desarrollar el llamado “Acuerdo de París” y exponer el informe elaborado por la Ciencia (el grupo de expertos conocido como IPCC) sobre la previsible evolución de la climatología mundial, hemos presenciado el choque entre Política y Ciencia al que arriba aludo.

Los delegados de los casi 200 Estados asistentes a la conferencia no llegaron a ponerse de acuerdo en las drásticas medidas que sería necesario empezar a aplicar ya, según el informe del IPCC, para evitar alcanzar un peligroso punto de no retorno en la temperatura del globo.En los últimos cuatro años se han alcanzado las más altas temperaturas jamás registradas y las emisiones contaminantes siguen aumentado, a pesar de que deberían reducirse a la mitad antes de 2030. Las acciones correctivas deberían multiplicarse por cinco para evitar que el calentamiento rebase 1,5º sobre la referencia inicial, que es la temperatura media en la época preindustrial.

Ahora el calentamiento real es ya de +1º, pero la Organización Meteorológica Mundial advierte de que el calentamiento podría alcanzar de 3º a 5º en 2100, lo que sería la catástrofe total. En ese caso, ya no podría frenarse el progresivo calentamiento aunque se redujeran las emisiones. Se prevén aumentos del nivel del mar entre 0,74 y 1,8 m. “El mar seguirá subiendo durante siglos -anuncia el Centro Oceanográfico de Liverpool- aunque se estabilicen los gases de efecto invernadero. Podríamos experimentar el mayor nivel de los océanos en toda la historia de la civilización humana”.

Si a la pérdida de fértiles territorios litorales se une el previsto crecimiento de la población mundial, que en 2100 podrá superar 11.000 millones de habitantes, la supervivencia de la especie humana estará en grave peligro. Un anticipo de ese futuro se observa hoy en Somalia, donde las sequías han aniquilado el 70% del ganado y provocado la emigración de miles de familias. Sudán y Kenia no le andan muy a la zaga.

Desde los círculos científicos se reprocha que se viene advirtiendo de este peligro desde hace más de 30 años, sin que se haya hecho nada al respecto: “Si entonces se hubieran empezado a tomar pequeñas medidas el problema sería hoy bastante menor”. La Política no se fió de la Ciencia. Y es de temer que cuando empiece a hacerlo sea ya demasiado tarde.

EE.UU. es responsable de un tercio de las emisiones que calientan el globo y Trump ha anunciado que se retira del Acuerdo de Paris. En la cumbre polaca le han apoyado Rusia, Arabia Saudí y Kuwait en su rechazo del informe del IPCC, que exige reducir en un 45% las citadas emisiones antes de 2030.

Por esta razón, y con cierto sarcasmo de matiz científico, el ambientalista estadounidense Bill McKibben escribió en The New Yorker: “En consecuencia, la política particular de un país [EE.UU.] durante medio siglo habrá cambiado la historia geológica de la Tierra”.

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Unión Europea: El fracaso de la Unión Monetaria

Fri, 28/12/2018 - 07:00


“Italia, Francia, España y el euro”
 

Juan Francisco Martín Seco – Consejo Científico de ATTAC España

El premio Nobel Paul Krugman ha sido uno de los economistas más lúcidos a la hora de enjuiciar la Unión Monetaria Europea, uno de sus principales críticos. Ha denunciado la profunda contradicción existente en el hecho de que un grupo de países adopten una única moneda sin aunar al mismo tiempo las finanzas públicas. Ante las graves dificultades en las que hace unos años se vio inmerso el euro -hasta el punto de que parecía imposible su subsistencia-, Krugman planteaba para superar la situación, amén de la actuación totalmente ineludible del BCE en los mercados, dos alternativas: la primera, la implementación de una política expansiva por parte de los países acreedores; la segunda, lo que se ha dado en llamar una devaluación interior en los países deficitarios.

Era obvio que los países con superávit exterior como Alemania no estaban dispuestos a instrumentar una política expansiva ni había nada en los Tratados que los obligase a ello. A su vez, parecía que los ajustes y penalidades a que había de someterse a los países deudores serían difícilmente asumibles por los ciudadanos. Se pronosticaba, por tanto, una vida corta al euro. El mismo Krugman, años después, confesaba haberse equivocado ya que, según decía, había infravalorado la capacidad de sufrimiento y tolerancia de las poblaciones europeas de las naciones deficitarias.

No estoy nada seguro de que Krugman y todos los que pensamos que la Unión Monetaria no tenía futuro estuviésemos equivocados. Las contradicciones permanecen y todo indica que, antes o después, se producirá la ruptura. Es verdad que la actuación del BCE y las deflaciones competitivas adoptadas por los países deudores, especialmente por Grecia, Portugal, España e Irlanda han logrado alejar por ahora los nubarrones que se cernían sobre el euro. Estos cuatro países han conseguido cerrar la desmedida brecha que en 2008 constituían sus déficits por cuenta corriente de la balanza de pagos (15,8%, 12,6%, 9,2% y 6,3% del PIB, respectivamente), causa de su fuerte endeudamiento exterior y por lo tanto origen de su vulnerabilidad económica. Pero, por el contrario, los países acreedores han continuado manteniendo su voluminoso superávit en balanza por cuenta corriente, incluso lo han incrementado, como en el caso de Alemania, que ha pasado del 5,6% del PIB en 2008 al 8% actual. Luego, de alguna forma, la anormalidad permanece.

Por el momento ha desaparecido el peligro, pero ha sido a costa de someter a las clases medias y bajas a sacrificios ingentes, y no existe garantía alguna de que no surjan de nuevo crisis similares a la anterior, ya que no se ha solucionado el verdadero problema: la existencia de una unión monetaria sin integración fiscal. Es muy dudoso que en el caso de aparecer nuevos choques asimétricos las poblaciones estuviesen dispuestas a soportar ajustes equivalentes a los que han sufrido en esta ocasión. Las dificultades serían mayores, en la medida en la que la capacidad de amortiguar los impactos se ha reducido. Por ejemplo, el nivel de endeudamiento de la gran mayoría de países del Sur está muy por encima del que mantenían en 2008.

El caso de Italia y de Francia ha sido diferente al de los cuatro países mencionados al inicio. La resistencia a tolerar los ajustes ha sido mucho mayor y la capacidad de las instituciones europeas para imponerlos, más reducida. En Italia, tras múltiples intentos de reformas en buena medida fracasados, el Gobierno está en manos de dos formaciones políticas que a menudo se han posicionado como euroescépticas y que están dispuestas a retar a la Comisión con su política presupuestaria.

Hollande en Francia tampoco tuvo mucho éxito en implantar las medidas que le exigían desde Bruselas y Frankfurt. Es más, el intento le costó a él la presidencia de la República y al partido socialista francés ser postergado a un puesto marginal en el espacio político. El descontento social fue el que introdujo a Marine Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y, en consecuencia, convirtió a Macron en presidente de la República, al aunar todos los votos contrarios a Agrupación Nacional.

Macron, en un exceso de petulancia y autosuficiencia, creyó que era capaz de conseguir lo que su antecesor no pudo. Su estrategia pasaba por lograr un pacto con Merkel. A cambio de aplicar en Francia las reformas que desde Europa se le venían exigiendo, reclamaba a Alemania y a los países del Norte avances sustanciales en la integración de la Eurozona. Lo cierto es que comenzó a implantar las medidas prometidas, entre ellas una reforma laboral similar a la que Rajoy había aprobado en España. Y, sin embargo, Merkel se limitó a darle buenas palabras sin comprometerse a nada en concreto. De hecho, la totalidad de las reivindicaciones europeas planteadas por Macron están inéditas y así seguirán indefinidamente; por supuesto la creación de un presupuesto común para la Eurozona, pero también parece descartable la creación de un seguro de desempleo europeo o la de un fondo de garantía de depósitos unitario.

Por si había alguna duda, ha quedado despejada en el Consejo Europeo del pasado fin de semana. Toda la reforma a la que parecen estar dispuestos Alemania y el resto de los países del Norte es la modificación casi cosmética del MEDE y un cierto avance de la Unión Bancaria, sin demasiada concreción, ampliando tan solo la capacidad de actuación del Fondo Único de Resolución Bancaria, pero por supuesto, sin que implique mutualización de costes. La Unión Bancaria se ha convertido en una historia interminable. Seis años más tarde de su aprobación solo existe sobre el papel. Los únicos elementos implantados son los relativos a la transferencia de competencias (supervisión, liquidación y resolución) de las autoridades nacionales a Bruselas, pero no ha entrado en funcionamiento ninguno de los componentes que deberían constituir la contrapartida a esa cesión de competencias.

Total, que Macron no ha logrado casi nada de la Unión Europea, pero sí ha aplicado en su país buena parte de las reformas reclamadas. Quizás ahí se encuentre la explicación de la enorme pérdida de popularidad que el presidente de la República ha sufrido y de la revuelta de los chalecos amarillos, que estos últimos días están arrasando toda Francia. Han hecho capitular al Gobierno no solo desdiciéndose y dejando sin valor la tasa anunciada sobre el gasóleo, que fue el fogonazo que prendió la mecha de la contestación, sino también teniendo que hacer concesiones adicionales, tales como la subida del salario mínimo o desgravaciones fiscales y mayores gastos que van a tener, según parece, un coste de 10.000 millones de euros. El déficit puede situarse por encima del 3,5% del PIB, con lo que Francia entraría en la zona de vigilancia por parte de las instituciones europeas.

La realidad está sobrepasando a la Unión Europea. Los tres países mayores y más importantes de la Eurozona, después de Alemania, van a desafiar, de alguna forma, a Bruselas y a alcanzar déficits superiores a los pactados, aun cuando lo oculten, como en el caso de España, con previsiones incorrectas. Pedro Sánchez va a tener suerte, ya que es previsible que la Comisión termine haciendo la vista gorda ante los desajustes de Francia e Italia y, por lo mismo, de España. Como siempre ocurre en Europa, la realidad se disfrazará de tal manera que parecerá que los tres cumplen, aunque en realidad no lo hagan. Y es que por fuerza la política tiene que imponerse a la economía. Los ciudadanos no entienden de teoría económica, solo de su economía, maltratada por las circunstancias creadas por la Unión Monetaria, y las protestas aparecen por todas las latitudes, aunque con pelajes diferentes.

Pero cuando un país no es soberano (como les ocurre a los de la Eurozona), las restricciones económicas existen. Lo de menos es lo que imponga o no imponga la Comisión, lo importante son las condiciones que rodean a cada Estado. Una política económica expansiva por parte de los países acreedores se debe y puede hacerse (el problema es que no quieren). Lo que no es seguro es que sea conveniente y posible para los estados del Sur. Los tres países citados presentan un stock elevado de deuda pública: Francia y España, alrededor del 100% del PIB, e Italia a la cabeza con el 130%. Una variable crucial es el saldo en la balanza por cuenta corriente. Francia mantiene aún un déficit del 3%, con lo que año tras año incrementa su endeudamiento exterior. Tanto Italia como España en estos momentos presentan saldos positivos, pero ¿durante cuánto tiempo podrán mantenerlos con una política expansiva si la economía mundial y más concretamente la europea se desacelera? Por último, los tres países presentan elevadas cifras de desempleo. Francia e Italia alrededor del 10% de la población activa; España a la cabeza con el 15%. El contraste con Alemania donde la tasa de paro se sitúa en el 3,4%, es evidente.

Macron, para desactivar a los chalecos amarillos, ha prometido subir el salario mínimo interprofesional 100 euros mensuales. Pedro Sánchez para contentar a Podemos, el 22%. La subida del salario mínimo en principio no tiene ningún coste sobre el erario público, incluso puede ser que proporcione ingresos adicionales. Es en ese sentido una medida tentadora para un político, ya que el gasto recae sobre los empresarios. Otra cosa es el impacto que la medida pueda tener sobre la economía.

En el caso de España, el FMI se han apresurado a criticarla, juzgando excesivo el incremento que se propone. No hay por qué extrañarse. Estamos acostumbrados a que critiquen toda medida social. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha estimado que su aprobación hará que en el próximo año se creen 40.000 empleos menos. El Banco de España ha revisado por este motivo sus previsiones de creación de empleo para el próximo año. Soy de los que piensan que los informes del banco emisor suelen obedecer más a motivos ideológicos que a criterios técnicos. Sin embargo, en esta ocasión hay algo que dispara las alertas.

En los dos últimos trimestres el incremento de la productividad ha sido nulo. ¿Qué significa? Pues que una parte importante de los puestos de trabajo que se están creando son empleos basura, de muy baja calidad, en actividades de productividad muy reducida, situación que hace descender la productividad media de todos los puestos de trabajo. Los salarios y las condiciones laborales son, en consonancia, infames. Una subida del salario mínimo interprofesional puede hacer o bien que este tipo de empleos se sumerjan o se escondan bajo la fórmula, por ejemplo, de falsos autónomos, con lo que no se habrá conseguido nada excepto que las cotizaciones sociales se reduzcan, o bien que los empresarios prescindan de ellos, reduciendo, tal como afirman el Banco de España y la AIReF, el número de empleos creados en los próximos años. Bien es verdad que habría que preguntarse si estamos en presencia de verdaderos puestos de trabajo, o si se trata más bien de pseudoempleo, es decir, de ocultación del número de parados bajo la fórmula del falso empleo. Ello cuestiona también el modelo de crecimiento económico seguido en nuestro país.

Existe el peligro de que, dado el estancamiento de la productividad, la subida del salario mínimo interprofesional en un porcentaje tan notable y de golpe pudiese producir la subida generalizada del nivel de salarios y de precios, disparándose el diferencial de inflación con el resto de países, lo que no representaría demasiado problema si se pudiese ajustar vía tipo de cambio, pero al estarnos vedado ese recurso, el resultado sería la consiguiente pérdida de competitividad con el impacto negativo sobre el saldo de la balanza de pagos y el endeudamiento exterior, causa de todos nuestros males en la crisis pasada.

La medida en sí misma rebosa justicia y equidad, pero el carecer de moneda propia nos fuerza a ser precavidos, puesto que en esto como en todo el margen de maniobra se estrecha. Por otra parte, habría que plantearse si la solución no debería ir más bien por la creación de un seguro de desempleo con suficiente extensión y profundidad que impidiese por sí mismo estos empleos basura, ya que nadie estaría dispuesto a ocuparlos, pero que al mismo tiempo no dejase en la miseria a los que hoy, a pesar de todo, los prefieren a la alternativa de no tener nada. Claro que ello implicaría incrementar la presión fiscal, cosa que los políticos rehúyen, o bien que la Unión Monetaria lo fuese realmente y que un seguro de desempleo comunitario sirviese de colchón para amortiguar las desigualdades creadas por la propia moneda única.

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Italia, Francia, España y el euro

Thu, 27/12/2018 - 07:00

Juan Francisco Martín Seco - Consejo Científico de ATTAC España

El premio Nobel Paul Krugman ha sido uno de los economistas más lúcidos a la hora de enjuiciar la Unión Monetaria Europea, uno de sus principales críticos. Ha denunciado la profunda contradicción existente en el hecho de que un grupo de países adopten una única moneda sin aunar al mismo tiempo las finanzas públicas. Ante las graves dificultades en las que hace unos años se vio inmerso el euro -hasta el punto de que parecía imposible su subsistencia-, Krugman planteaba para superar la situación, amén de la actuación totalmente ineludible del BCE en los mercados, dos alternativas: la primera, la implementación de una política expansiva por parte de los países acreedores; la segunda, lo que se ha dado en llamar una devaluación interior en los países deficitarios.

Era obvio que los países con superávit exterior como Alemania no estaban dispuestos a instrumentar una política expansiva ni había nada en los Tratados que los obligase a ello. A su vez, parecía que los ajustes y penalidades a que había de someterse a los países deudores serían difícilmente asumibles por los ciudadanos. Se pronosticaba, por tanto, una vida corta al euro. El mismo Krugman, años después, confesaba haberse equivocado ya que, según decía, había infravalorado la capacidad de sufrimiento y tolerancia de las poblaciones europeas de las naciones deficitarias.

No estoy nada seguro de que Krugman y todos los que pensamos que la Unión Monetaria no tenía futuro estuviésemos equivocados. Las contradicciones permanecen y todo indica que, antes o después, se producirá la ruptura. Es verdad que la actuación del BCE y las deflaciones competitivas adoptadas por los países deudores, especialmente por Grecia, Portugal, España e Irlanda han logrado alejar por ahora los nubarrones que se cernían sobre el euro. Estos cuatro países han conseguido cerrar la desmedida brecha que en 2008 constituían sus déficits por cuenta corriente de la balanza de pagos (15,8%, 12,6%, 9,2% y 6,3% del PIB, respectivamente), causa de su fuerte endeudamiento exterior y por lo tanto origen de su vulnerabilidad económica. Pero, por el contrario, los países acreedores han continuado manteniendo su voluminoso superávit en balanza por cuenta corriente, incluso lo han incrementado, como en el caso de Alemania, que ha pasado del 5,6% del PIB en 2008 al 8% actual. Luego, de alguna forma, la anormalidad permanece.

Por el momento ha desaparecido el peligro, pero ha sido a costa de someter a las clases medias y bajas a sacrificios ingentes, y no existe garantía alguna de que no surjan de nuevo crisis similares a la anterior, ya que no se ha solucionado el verdadero problema: la existencia de una unión monetaria sin integración fiscal. Es muy dudoso que en el caso de aparecer nuevos choques asimétricos las poblaciones estuviesen dispuestas a soportar ajustes equivalentes a los que han sufrido en esta ocasión. Las dificultades serían mayores, en la medida en la que la capacidad de amortiguar los impactos se ha reducido. Por ejemplo, el nivel de endeudamiento de la gran mayoría de países del Sur está muy por encima del que mantenían en 2008.

El caso de Italia y de Francia ha sido diferente al de los cuatro países mencionados al inicio. La resistencia a tolerar los ajustes ha sido mucho mayor y la capacidad de las instituciones europeas para imponerlos, más reducida. En Italia, tras múltiples intentos de reformas en buena medida fracasados, el Gobierno está en manos de dos formaciones políticas que a menudo se han posicionado como euroescépticas y que están dispuestas a retar a la Comisión con su política presupuestaria.

Hollande en Francia tampoco tuvo mucho éxito en implantar las medidas que le exigían desde Bruselas y Frankfurt. Es más, el intento le costó a él la presidencia de la República y al partido socialista francés ser postergado a un puesto marginal en el espacio político. El descontento social fue el que introdujo a Marine Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y, en consecuencia, convirtió a Macron en presidente de la República, al aunar todos los votos contrarios a Agrupación Nacional.

Macron, en un exceso de petulancia y autosuficiencia, creyó que era capaz de conseguir lo que su antecesor no pudo. Su estrategia pasaba por lograr un pacto con Merkel. A cambio de aplicar en Francia las reformas que desde Europa se le venían exigiendo, reclamaba a Alemania y a los países del Norte avances sustanciales en la integración de la Eurozona. Lo cierto es que comenzó a implantar las medidas prometidas, entre ellas una reforma laboral similar a la que Rajoy había aprobado en España. Y, sin embargo, Merkel se limitó a darle buenas palabras sin comprometerse a nada en concreto. De hecho, la totalidad de las reivindicaciones europeas planteadas por Macron están inéditas y así seguirán indefinidamente; por supuesto la creación de un presupuesto común para la Eurozona, pero también parece descartable la creación de un seguro de desempleo europeo o la de un fondo de garantía de depósitos unitario.

Por si había alguna duda, ha quedado despejada en el Consejo Europeo del pasado fin de semana. Toda la reforma a la que parecen estar dispuestos Alemania y el resto de los países del Norte es la modificación casi cosmética del MEDE y un cierto avance de la Unión Bancaria, sin demasiada concreción, ampliando tan solo la capacidad de actuación del Fondo Único de Resolución Bancaria, pero por supuesto, sin que implique mutualización de costes. La Unión Bancaria se ha convertido en una historia interminable. Seis años más tarde de su aprobación solo existe sobre el papel. Los únicos elementos implantados son los relativos a la transferencia de competencias (supervisión, liquidación y resolución) de las autoridades nacionales a Bruselas, pero no ha entrado en funcionamiento ninguno de los componentes que deberían constituir la contrapartida a esa cesión de competencias.

Total, que Macron no ha logrado casi nada de la Unión Europea, pero sí ha aplicado en su país buena parte de las reformas reclamadas. Quizás ahí se encuentre la explicación de la enorme pérdida de popularidad que el presidente de la República ha sufrido y de la revuelta de los chalecos amarillos, que estos últimos días están arrasando toda Francia. Han hecho capitular al Gobierno no solo desdiciéndose y dejando sin valor la tasa anunciada sobre el gasóleo, que fue el fogonazo que prendió la mecha de la contestación, sino también teniendo que hacer concesiones adicionales, tales como la subida del salario mínimo o desgravaciones fiscales y mayores gastos que van a tener, según parece, un coste de 10.000 millones de euros. El déficit puede situarse por encima del 3,5% del PIB, con lo que Francia entraría en la zona de vigilancia por parte de las instituciones europeas.

La realidad está sobrepasando a la Unión Europea. Los tres países mayores y más importantes de la Eurozona, después de Alemania, van a desafiar, de alguna forma, a Bruselas y a alcanzar déficits superiores a los pactados, aun cuando lo oculten, como en el caso de España, con previsiones incorrectas. Pedro Sánchez va a tener suerte, ya que es previsible que la Comisión termine haciendo la vista gorda ante los desajustes de Francia e Italia y, por lo mismo, de España. Como siempre ocurre en Europa, la realidad se disfrazará de tal manera que parecerá que los tres cumplen, aunque en realidad no lo hagan. Y es que por fuerza la política tiene que imponerse a la economía. Los ciudadanos no entienden de teoría económica, solo de su economía, maltratada por las circunstancias creadas por la Unión Monetaria, y las protestas aparecen por todas las latitudes, aunque con pelajes diferentes.

Pero cuando un país no es soberano (como les ocurre a los de la Eurozona), las restricciones económicas existen. Lo de menos es lo que imponga o no imponga la Comisión, lo importante son las condiciones que rodean a cada Estado. Una política económica expansiva por parte de los países acreedores se debe y puede hacerse (el problema es que no quieren). Lo que no es seguro es que sea conveniente y posible para los estados del Sur. Los tres países citados presentan un stock elevado de deuda pública: Francia y España, alrededor del 100% del PIB, e Italia a la cabeza con el 130%. Una variable crucial es el saldo en la balanza por cuenta corriente. Francia mantiene aún un déficit del 3%, con lo que año tras año incrementa su endeudamiento exterior. Tanto Italia como España en estos momentos presentan saldos positivos, pero ¿durante cuánto tiempo podrán mantenerlos con una política expansiva si la economía mundial y más concretamente la europea se desacelera? Por último, los tres países presentan elevadas cifras de desempleo. Francia e Italia alrededor del 10% de la población activa; España a la cabeza con el 15%. El contraste con Alemania donde la tasa de paro se sitúa en el 3,4%, es evidente.

Macron, para desactivar a los chalecos amarillos, ha prometido subir el salario mínimo interprofesional 100 euros mensuales. Pedro Sánchez para contentar a Podemos, el 22%. La subida del salario mínimo en principio no tiene ningún coste sobre el erario público, incluso puede ser que proporcione ingresos adicionales. Es en ese sentido una medida tentadora para un político, ya que el gasto recae sobre los empresarios. Otra cosa es el impacto que la medida pueda tener sobre la economía.

En el caso de España, el FMI se han apresurado a criticarla, juzgando excesivo el incremento que se propone. No hay por qué extrañarse. Estamos acostumbrados a que critiquen toda medida social. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha estimado que su aprobación hará que en el próximo año se creen 40.000 empleos menos. El Banco de España ha revisado por este motivo sus previsiones de creación de empleo para el próximo año. Soy de los que piensan que los informes del banco emisor suelen obedecer más a motivos ideológicos que a criterios técnicos. Sin embargo, en esta ocasión hay algo que dispara las alertas.

En los dos últimos trimestres el incremento de la productividad ha sido nulo. ¿Qué significa? Pues que una parte importante de los puestos de trabajo que se están creando son empleos basura, de muy baja calidad, en actividades de productividad muy reducida, situación que hace descender la productividad media de todos los puestos de trabajo. Los salarios y las condiciones laborales son, en consonancia, infames. Una subida del salario mínimo interprofesional puede hacer o bien que este tipo de empleos se sumerjan o se escondan bajo la fórmula, por ejemplo, de falsos autónomos, con lo que no se habrá conseguido nada excepto que las cotizaciones sociales se reduzcan, o bien que los empresarios prescindan de ellos, reduciendo, tal como afirman el Banco de España y la AIReF, el número de empleos creados en los próximos años. Bien es verdad que habría que preguntarse si estamos en presencia de verdaderos puestos de trabajo, o si se trata más bien de pseudoempleo, es decir, de ocultación del número de parados bajo la fórmula del falso empleo. Ello cuestiona también el modelo de crecimiento económico seguido en nuestro país.

Existe el peligro de que, dado el estancamiento de la productividad, la subida del salario mínimo interprofesional en un porcentaje tan notable y de golpe pudiese producir la subida generalizada del nivel de salarios y de precios, disparándose el diferencial de inflación con el resto de países, lo que no representaría demasiado problema si se pudiese ajustar vía tipo de cambio, pero al estarnos vedado ese recurso, el resultado sería la consiguiente pérdida de competitividad con el impacto negativo sobre el saldo de la balanza de pagos y el endeudamiento exterior, causa de todos nuestros males en la crisis pasada.

La medida en sí misma rebosa justicia y equidad, pero el carecer de moneda propia nos fuerza a ser precavidos, puesto que en esto como en todo el margen de maniobra se estrecha. Por otra parte, habría que plantearse si la solución no debería ir más bien por la creación de un seguro de desempleo con suficiente extensión y profundidad que impidiese por sí mismo estos empleos basura, ya que nadie estaría dispuesto a ocuparlos, pero que al mismo tiempo no dejase en la miseria a los que hoy, a pesar de todo, los prefieren a la alternativa de no tener nada. Claro que ello implicaría incrementar la presión fiscal, cosa que los políticos rehúyen, o bien que la Unión Monetaria lo fuese realmente y que un seguro de desempleo comunitario sirviese de colchón para amortiguar las desigualdades creadas por la propia moneda única.

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¿Son conceptos antinómicos Escuela y Sociedad?

Wed, 26/12/2018 - 12:26

Germán Gorraiz López - ATTAC Navarra -Nafarroa

El insuficiente apoyo institucional y ausencia de la necesaria flexibilidad laboral en las empresas para lograr la conciliación de la vida laboral y familiar ha favorecido la proliferación de guarderías infantiles públicas y privadas en las que el niño deberá pasar años decisivos para la formación de su personalidad y afectividad, lo que coadyuvará al desarraigo afectivo de los niños y tendrá implicaciones negativas en su posterior desarrollo psicológico agravado por la falta de tiempo de los progenitores para supervisar su proceso madurativo. A ello se añadiría la inadecuada adquisición de hábitos básicos para la maduración personal del niño o incluso ausencia total de ellos en los casos más extremos:

Citaremos la necesidad de unos horarios reglados; adecuada alimentación; motivación a la lectura; valoración del esfuerzo personal como vehículo de satisfacción y superación individual así como el fomento del ahorro ante el futuro mediato.

Todo ello conlleva la aparición de niños superconsentidos e hiperprotegidos con fácil tendencia a la frustración ante el menor revés o dificultad, aunado con los problemas de concentración e interiorización de los contenidos escolares como consecuencia del uso abusivo de todo tipo de medios audiovisuales en su entorno familiar. En consecuencia, los menores viven en mundos virtuales y sólo se motivan por estímulos audiovisuales, quedando así reducidos los soportes tradicionales de transmisión del saber (comprensión lectora, producción escrita y razonamiento lógico-matemático) a la mera condición de rutina tediosa y monopolio exclusivo de la escuela anquilosada que deberá actualizar sus recursos didácticos para convertirse en un aula virtual.

¿Son conceptos antinómicos Escuela y Sociedad?

Asimismo, hay que adjuntar el adelanto e intensificación de los rasgos típicos de la adolescencia ( pasotismo y rebeldía) fruto de la imagen transmitida por la publicidad y los medios de comunicación que intentan acelerar la llegada de nuevos consumidores y la silenciosa revolución conocida como “Golpe de mano incruento” por parte de los adolescentes, convirtiéndose en muchos de los casos en vulgares déspotas y basando su actuación en la ley del mínimo esfuerzo y máximo provecho refrendado con la obtención de todo tipo de caprichos materiales.

Así, es evidente la asintonía entre los idearios de la escuela y el resto de la sociedad, apareciendo la escuela como apéndice molesto de la sociedad al intentar transmitir valores en desuso, como la necesidad del diálogo y comunicación interpersonal para resolver conflictos y la valoración del esfuerzo personal para lograr metas concretas, utopías que se hacen añicos al contacto con la cruda realidad de la vida diaria. A ello sumaremos la agudización del fenómeno de la inmigración, que conlleva la necesidad de ingentes medios materiales y humanos y el consiguiente aumento de las partidas presupuestarias que no siempre se materializan lo que ha provocado que la enseñanza pública se ha convertido en la mayoría de los casos en guetos de inmigrantes y los centros concertados y privados han quedado como refugio de la excelencia educativa y las clases económicamente solventes, lo cual acelerará la previsible fractura social en un futuro próximo.

Todo ello tendría su reflejo en las raquíticas tasas de población escolar (19%) que alcanzan el nivel de Secundaria Pos-obligatoria (Bachillerato y FP de Grado medio) como consecuencia de la aplicación de sucesivas reformas educativas (LOGSE, LOCE, LOE ) que basándose en la falacia de la promoción automática o semiautomática, falta de valoración del esfuerzo personal y pérdida vergonzante de la autoridad del profesor han conseguido tasas de fracaso escolar muy superiores a la media europea (10%), jóvenes que no conseguirán la titulación mínima exigida para la incorporación al mundo laboral y que les llevará a convertirse en mano de obra no cualificada y fácilmente explotable al estar lastrada España por una tasa de paro juvenil cercana al 40%, quedando Euskadi y Navarra (tasas de abandono del 7% y 11% respectivamente) como islas en un océano de naufragios.

Revitalización de la FP

La Formación Profesional siempre ha sido la gran Cenicienta de nuestro obsoleto sistema educativo con una tasa de alumnos inscritos del 34%, muy lejos de la media europea del 48%, por lo que resulta imperioso un Redescubrimiento de la Formación Profesional por parte de la Sociedad y Autoridades Educativas y para lograrlo, deberá contar con las necesarias inversiones en equipamiento y material humano y estar interconexionada con empresas punteras en I+D, para así conseguir profesionales que puedan afrontar los retos de la vertiginosa revolución tecnológica de la sociedad virtual y global en que vivimos.

Asimismo, es vital evitar la proliferación irracional de Universidades públicas y privadas con escasa o nula vinculación con grupos empresariales innovadores que estarían ya sufriendo un descenso acusado de la tasa de población universitaria y que quedarán en la mayoría de los casos reducidas a meras expendedoras de títulos que conducirán al futuro licenciado a contratos seiscieneuristas e interinidad vitalicia, excepción hecha del funcionariado público y las élites universitarias. Por todo ello, es evidente la necesidad urgente de un Pacto educativo a tres bandas: (Asociaciones de Padres, Profesorado y Autoridades Educativas) para consensuar los valores que se deben transmitir y los mínimos educativos que se deben lograr así como establecer el calendario de aplicación de dicho pacto y la cuantificación económica del incremento de la inversión educativa, intentando que en breve plazo de tiempo se logre salir del furgón de cola educativo de Europa.

Analista internacional

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Las enormes carencias y limitaciones de los derechos sociales en la Constitución española

Sun, 23/12/2018 - 07:00

Vicenç Navarro -Consejo Científico de ATTAC España

Estamos viendo estos días una gran movilización del establishment político del país para celebrar la aprobación de la Constitución Española hace cuarenta años, mostrando tal documento como el resultado de un consenso entre los que ganaron lo que en España se conoce como la Guerra Civil y los que la perdieron, dando pie a una época, nunca antes vista en España, de gran desarrollo del bienestar y calidad de vida de la población española. Tal celebración sirve también para continuar promoviendo la visión, que dicho establishment político ha estado afirmando desde el principio del periodo democrático, de que la Transición (que ocurrió a finales de la década de los setenta y principios de los años ochenta del pasado siglo) de un régimen dictatorial establecido por los vencedores del conflicto civil a un sistema democrático (supuestamente homologable al de cualquier otra democracia existente en la Europa Occidental) fue modélica.

Como he escrito extensamente (ver los libros Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país. Anagrama, 2002; y El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias. Anagrama, 2006) tal visión de la Transición “modélica” es una idealización de un proceso que distó mucho de ser ejemplar y modélico. Y una de las evidencias de que no lo fue es que la Constitución Española dista mucho de ser lo que el establishment político está sosteniendo en estos momentos de celebración. En realidad, tanto la Transición como la Constitución son resultado de un proceso desequilibrado, desarrollado en un contexto desigual en el que los herederos de los vencedores tenían un enorme poder institucional, particularmente sobre el Estado, mientras que los herederos de los vencidos tenían muy poco. Más que ser resultado de una “correlación de debilidades” (como lo definió, en su día, mi amigo Manuel Vázquez Montalbán), fue una consecuencia de una correlación de poderes en un contexto desequilibrado. El resultado final de este desequilibrio fue una democracia incompleta que ha producido un bienestar insuficiente, lo cual puede verse en el redactado de la Constitución.

Por favor, no me malinterpreten y me pongan en la categoría de anticonstitucionalista

Quisiera aclarar inmediatamente que sostener esta interpretación de lo que ha ocurrido en este país no quiere decir, en absoluto, que yo no valore positivamente aquella Transición; o que menosprecie la enorme movilización popular que determinó la necesidad de acabar con el régimen dictatorial (entre 1974 y 1978 España vio el mayor número de huelgas políticas en la Europa Occidental); o que no celebre el heroico esfuerzo de las fuerzas políticas y movimientos sociales que protagonizaron la resistencia frente a la dictadura conocida como franquista. Sin esas fuerzas no habría democracia en España. Celebro entonces la existencia de la Constitución que incorporó muchas de las demandas populares que se hicieron por parte de estas fuerzas políticas y movimientos.

Pero la realidad es que la debilidad institucional de las izquierdas (que lideraron las fuerzas democráticas), que acababan de salir de la clandestinidad o de volver del exilio, así como la práctica ausencia de grandes medios de información de izquierdas, determinaron una Transición y una Constitución en la que la clase social, el género y la nacionalidad dominantes quedaron claramente reflejadas en el producto de aquella Constitución y en la democracia que tal documento estableció. El clasismo, el machismo y el nacionalismo uninacional aparecen claramente en las enormes deficiencias que existen en la Constitución. En realidad, hay una relación clara entre cada una de estas deficiencias y limitaciones.

El clasismo (la discriminación por clase social) en la Constitución

Este clasismo ha sido uno de los elementos menos criticados de la Constitución y de la democracia española. El subdesarrollo de los servicios públicos y de las transferencias del Estado del bienestar en España (uno de los menos financiados en la Unión Europea de los Quince -UE-15-, el grupo de países de semejante desarrollo económico de la UE), que continúa cuarenta años después de la aprobación de la “ley de leyes”, se basa en ese desequilibrio en la correlación de fuerzas que se plasmó en la Constitución. ¿Cómo se explica, si no, este subdesarrollo social (que incluye una gran subfinanciación), que aparece en cada uno de los capítulos de tal Estado del Bienestar (sanidad, educación, vivienda social, servicios sociales, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, pensiones, y un largo etcétera)? ¿Cómo se explica, repito, que España tenga unos de los gastos públicos sociales per cápita más bajos en la UE-15, mucho más bajo de lo que le correspondería por su nivel de riqueza (ya antes de la crisis España se gastaba 60.000 millones de euros menos de lo que debería haberse gastado por el nivel de desarrollo que tenía)? Toda la evidencia empírica (vean los libros citados anteriormente) muestra que esta subfinanciación se debe precisamente a este enorme dominio de lo que antes se llamaban las “clases sociales dominantes”. En realidad es precisamente un indicador de tal dominio de clase que en el lenguaje político y mediático del país la categoría analítica de clase social casi nunca aparezca. Es importante señalar que el subdesarrollo social de España se debe no solo a un dominio de clase, sino también de género –del cual se habla más estos días como resultado del surgimiento de un fuerte movimiento feminista–. Es también este dominio de clase (y de género) el que también explica la regresividad de la política fiscal de este país (si España tuviera la misma política fiscal que el promedio de la UE, el Estado español ingresaría alrededor de 80.000 millones de euros más de los que ingresa).

Este clasismo aparece también en la Constitución, no tanto en lo que se dice sino en la manera y en el lugar en el texto donde aparece. Surge, por ejemplo, en la distinción que se da en el título I de la Constitución, que regula los derechos y deberes fundamentales, entre “derechos fundamentales” propiamente dichos y los que se consideran meramente “principios rectores de la política social y económica”. Concretamente en el capítulo 2º, sección 1ª, de dicho título se habla de esos derechos fundamentales, mientras que en el capítulo 3º, donde aparecen los derechos sociales, ya no se habla de “derechos” si no de “principios rectores”. La distinción entre ambos, plasmada en el artículo 53 del mismo título I, significa que lo que se consideran derechos fundamentales en el capítulo 2º son vinculantes para el Estado, una vinculación que no se da en el caso de los derechos sociales recogidos en el capítulo 3º, los cuales solo informarán (es decir, guiarán) las políticas del Estado. En lenguaje llano, una persona no puede invocar estos derechos sociales para llevar a los tribunales al Estado por su no cumplimiento. Estos, pues, pasan a ser meros buenos deseos y meras buenas intenciones.

En base a esta distinción, lo que se plantea en el artículo 40 de “una política orientada al pleno empleo” queda como una esperanza y un deseo, sin ningún poder efectivo de realización (España es uno de los países con mayor desempleo de la UE-15). Un tanto igual sucede en el artículo 43 con el “derecho a la protección de la salud” (España tiene una de las mortalidades diferenciales por clase social más altas de la UE-15, hasta el punto de que el decil superior de renta vive 10 años más que el decil inferior, cuando el promedio de la UE-15 son 7 años más). Lo mismo en el artículo 47 con el “derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada” (España es uno de los países con mayor número de desahucios por ausencia de pago del alquiler). Un tanto igual en el artículo 45, que habla del “derecho a defender y restaurar el medio ambiente” (España es de los países más laxos en la protección de su medio ambiente). Y así un largo etcétera.

Tales supuestos derechos sociales terminan siendo una cáscara vacía. Comparen lo que ocurre con otros artículos de la Constitución, como el de la unidad de la patria o la uninacionalidad del Estado. Cuando se percibe (correcta o incorrectamente) que tal unidad y/o uninacionalidad están amenazadas, el Estado interviene inmediatamente con todo el peso represivo que tiene, que es mucho como resultado de una herencia del Estado anterior (España es uno de los países que tiene mayor número de policías por cada 10.000 habitantes y uno de los porcentajes más bajo de personas adultas trabajando en su Estado del Bienestar).

La situación social ha ido empeorando y cambios constitucionales han contribuido a ello

Tres intervenciones históricas han destacado en la evolución de la España social. Uno fue al inicio del periodo democrático, con una gran expansión del Estado del Bienestar, lo que se tradujo en un gran crecimiento del gasto social (especialmente durante el periodo de gobiernos socialistas). Tal gasto era muy bajo al terminar la dictadura, y el gran déficit social que España tenía en relación con el resto de países que más tarde constituirían la UE-15 se redujo a la mitad durante el periodo de gobierno del PSOE. Esta fue la época dorada del Estado social (cuando fue establecida una pieza clave de tal España social –el Servicio Nacional de Salud–, entre otros cambios).

La segunda intervención fue en el periodo en el que se estableció el euro, lo cual se consiguió a base de reducir el gasto público social (como parte de las medidas establecidas por el Tratado de Maastricht en el año 1993 para reducir el déficit público del 7% del PIB en 1995 al 3% en el año 1998 y más tarde al 0,4% en 2002, el año en el que entró en circulación el euro). La reducción del déficit fue claramente excesiva y se realizó a costa de empobrecer el Estado del Bienestar en España, pues el sector más afectado en esta reducción del déficit –que se logró a costa de reducciones en el gasto, en lugar de con un aumento de los ingresos al Estado– fueron los servicios públicos del Estado del Bienestar. Quiero aclarar que no estoy haciendo ninguna valoración sobre el mérito o desmérito del euro. Este es otro tema. Lo que estoy haciendo es una exposición crítica de la manera como se redujo el déficit del Estado para que el euro pudiera establecerse en España. El euro se estableció a costa de la reducción sobretodo del gasto público social. Y los datos son contundentes. El déficit de gasto público social per cápita entre España y la UE-15 aumentó de una manera muy considerable durante el periodo 1992-2004.

Y la tercera intervención se da con el intento de resolver la Gran Recesión, iniciada en 2007. La aplicación de las políticas de austeridad y de las reformas laborales tuvo un impacto muy negativo en la financiación de los servicios y transferencias del Estado del Bienestar. La evidencia de ello es abrumadora, y está bien documentada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015). Y es en esta etapa que incluso a nivel constitucional se hizo uno de los poquísimos cambios que se han hecho en la Constitución, y que ha tenido como consecuencia vaciar el contenido social de la Constitución. Fue la modificación del artículo 135, en septiembre de 2011, cuando se dio un pacto entre los dos partidos que habían gobernado –en distintos periodos– el Estado español durante la etapa democrática (PSOE y PP), que antepusieron los derechos del capital financiero sobre todo lo demás, incluyendo los escasamente priorizados derechos sociales de la Constitución. Los derechos del capital financiero pasaron a ser prioritarios en la Constitución a costa de debilitar todavía más los derechos sociales (situación que contó con el beneplácito del Tribunal Constitucional, que avaló el procedimiento de reforma de dicho artículo 135). Por otro lado el Tribunal Supremo siempre ha avalado y apoyado a la banca, como demuestran algunas de sus decisiones recientes. Estos casos cuestionan claramente la separación de poderes y la independencia judicial.

Cada una de estas tres intervenciones fue resultado de la correlación de fuerzas, incluyendo la existente entre las distintas clases sociales (y grupos de presión entre ellas) que existen en el país. Ello explica en gran parte las políticas públicas, que se configuran mediante el grado de influencia que estas clases tienen sobre el Estado. Los partidos políticos son instrumentos de tales clases, y así se muestra mediante el análisis de quién se beneficia de la aplicación de cada una de las políticas que diseñan estos partidos. Las variaciones en la cultura económica que se dan en las instituciones del Estado también explican las distintas tonalidades que tales políticas públicas han ido adquiriendo. Hemos visto en España el gran dominio –en realidad, la hegemonía– que el pensamiento neoliberal ha tenido en tales instituciones, responsables del deterioro de la calidad de vida de las clases populares. El hecho de que una gran parte de la juventud en España no vivirá mejor que sus padres es un indicador de ello. El cambio constitucional del artículo 135, reflejo de aquel pensamiento económico neoliberal, ha contribuido a ello.

De ahí que la solución pase por una corrección muy notable del desequilibrio en la correlación de fuerzas existente en el Estado español. Hay que corregir las enormes desigualdades de riqueza, de rentas y de influencia política y mediática en el país, democratizándolo. El problema mayor que tienen el país y su Estado del bienestar no es el demográfico –como constantemente se acentúa en círculos conservadores y liberales–, ni tampoco el tecnológico –el supuesto mundo sin trabajo–, sino el político: la escasa representatividad que tienen las instituciones llamadas representativas. Ello está creando una enorme distancia entre lo que la gente normal y corriente siente y desea, y lo que recibe de sus “representantes”, lo que está provocando una enorme crisis de legitimidad que aparece con mayor intensidad donde el desequilibrio de fuerzas es mayor. A mayor desequilibrio de fuerzas, mayor es la aplicación de las políticas neoliberales que han creado tales desigualdades, perjudicando a las clases populares, y mayor es el cuestionamiento del orden constitucional. El cambio que se requiere es profundo, y la resistencia a él es alta.

Y la población española es consciente de ello. Casi el 70% (69,6%) de la ciudadanía española considera necesario reformar en estos momentos la Constitución de 1978, y de estos, más de la mitad aboga por una reforma “importante” o, incluso, por una reforma “casi total” de la Carta Magna. Lo que se necesita es hacer lo opuesto a lo que se hizo con el artículo 135. Se tendrían que blindar los derechos sociales (135 a la inversa). Pero ello no ocurrirá sin que existan otros cambios constitucionales  que corrijan el enorme desequilibrio de fuerzas que existe en el Estado español y en su Constitución.  La democratización del Estado, todavía hoy muy insuficiente (insuficiencia que ha aumentado en estos últimos años de dominio neoliberal), requiere que las muy necesarias y urgentes reformas constitucionales garanticen un sistema electoral auténticamente representativo, un blindaje de los derechos sociales (tales como la sanidad y salud pública, la educación, la vivienda, la protección social, las escuelas de infancia, los servicios domiciliarios, el trabajo y el ocio, entre otros), una reforma fiscal que eliminara la regresividad, la prohibición de las puertas giratorias, la resolución política y no judicial de los problemas territoriales, y muchos otros elementos clave en esta Constitución reformada. Sin tal democratización de la Constitución y del Estado, el Estado Social continuará, como lo está hoy, subdesarrollado. Así de claro.

Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra

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