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Justicia económica global
Updated: 3 hours 47 min ago

Guaridas Fiscales

Sat, 22/04/2017 - 09:00

Carolina Batista – ATTAC Canarias

En el Foro Social Mundial de Dakar, en el año 2011, Attac Canarias presentaba una iniciativa para instaurar un Día Mundial o Internacional para la supresión de los Paraísos Fiscales. El conjunto de territoriales de ATTAC adoptó la propuesta como suya a nivel global y, a partir de ese momento, la organización ha estado trabajando para que la reclamación de Justicia fiscal y el pago de impuestos se introdujese, de forma prioritaria, entre las demandas de la sociedad. Gracias a nuestra presencia en 40 países, hemos conseguido que esta petición de suprimir los Paraísos Fiscales fuera una llamada internacional, un grito global de la sociedad para acabar con la evasión y elusión de impuestos.

Por ese motivo, la Semana del 1 al 7 de abril tuvo lugar una Semana de Acción Global para acabar con los Paraísos Fiscales promovida por ATTAC y la Plataforma por la Justicia Fiscal Global. Además, fue apoyada por numerosos colectivos y organizaciones a nivel local, estatal y mundial. Se considera el 3 de abril la fecha más destacada porque conmemora el día en que se difundieron los Papeles de Panamá. Estos documentos destaparon los nombres de muchas personas participantes de la trama.

¿Qué es una Guarida / Paraíso Fiscal?

Todo aquel lugar -constituido por un territorio cualquiera: isla, país, ciudad…- con regímenes jurídicos opacos y reglamentaciones fiscales muy laxas, cuyos gobiernos ofrecen exenciones y beneficios tributarios a quienes decidan domiciliarse allí. Basta solo con tener una dirección postal para establecer la residencia de individuos o sociedades para la elusión y evasión fiscal. Por explicarlo claramente, Paraíso Fiscal es la guarida donde estas personas esconden su dinero, como piratas ocultando su cofre del tesoro, libre de impuestos.

Hay una enorme lista de ellos en el mundo y aunque gran parte de la población lo desconozca, también existen en “nuestra civilizada Europa”. Por citar algunos ejemplos: Gibraltar, isla de Man, City de Londres, Austria, Suiza, Luxemburgo, Irlanda.

En todos estos sitios se blanquea y elude el pago de impuestos. Y es que ha quedado muy patente que corrupción, criminalidad y paraísos fiscales están estrechamente unidos (aquí se depositan los beneficios de la venta ilegal de drogas, armamentos y prostitución, tráfico de órganos, menores, etc.) La parte más siniestra. Los submundos o cloacas de este planeta.

¿Quiénes realizan estas prácticas?

Los ricos y las multinacionales. Están involucradas las grandes fortunas y las monarquías. Entre las grandes empresas figuran: Google, Amazon, Microsoft, McDonald´s, Apple (por citar algunas). En España, la mayoría de las empresas del IBEX35. Se calcula que estas últimas poseen más de 890 filiales en Paraísos Fiscales.

Por aportar un dato, en Irlanda, las entidades bancarias europeas tributan a un tipo efectivo del 6%. Tres bancos -Barclays, RBS y Crédit Agricole- pagan un 2%.

En definitiva, viviendo “a cuerpo de rey”. Nunca mejor empleada la expresión. A costa de evitar la correspondiente aportación según beneficios.

¿Cómo actúan los gobiernos?

Permitiéndolo. Como salta a la vista, legislando a su favor, porque las personas que ocupan los cargos del gobierno también son parte de la trama si, con sus acciones, permiten que esto suceda. Por otro lado, los Tratados de Libre Comercio bi- o multi- laterales son facilitadores de la trama corrupta (TTIP, CETA)

Indigna e irrita la doble vara de medir, aplicada por este acuerdo entre instituciones que nos gobiernan y estos bandidos. Sin ir más lejos, la única acción contra la evasión y elusión de impuestos en España, la tomó el señor de Guindos, a través de la Ley de Amnistía Fiscal. Con esta Ley, ¿buscaban acabar con el problema? Solo se hizo para favorecer el lavado de dinero negro de sus amigos.

Cuando cualquiera, trabajadores o gerentes de pequeñas empresas comete un error fiscal, por minúsculo que sea, se nos acribilla con recargos sobre la deuda, recibimos un sinfín de cartas amenazantes, las cuales ejercen como tortura psicológica, hasta que no paguemos lo que debemos. Sin embargo, estas personas, con nombres y apellidos, pues no son “entes abstractos de poder” evaden y eluden el pago de impuestos con base a sus enormes beneficios, privándonos de una vida digna. Todavía vemos al ex-ministro señor Soria, a Pujol, las hermanas del Rey, disfrutando plenamente, a pesar de conocerse sus malas prácticas.

Utilizan empresas-pantalla, sociedades, filiales, multitud de estrategias y trucos, aprovechando vacíos legales y asesorados por gabinetes de “expertos”, asesores financieros y abogados. Sin escrúpulos.

¿Cómo repercute la práctica de evadir / eludir impuestos en estos Refugios Fiscales?

A nivel global, significa un aumento de las desigualdades entre ricos y pobres. Por eso siempre se menciona a ese 1% de la población que ostenta más de la mitad de la riqueza del planeta.

Todo ello se traduce en más precariedad laboral -salarios más bajos, largas jornadas de trabajo, contratos precarios- menos servicios públicos, limitación del acceso a los recursos más básicos para satisfacer necesidades elementales, como vivienda, agua, electricidad o comida.

Cuantos menos ingresos tengan los estados a través del cobro progresivo de impuestos, según beneficios y patrimonio, menos servicios públicos habrá para el conjunto de la población. Eso significa: menos escuelas y hospitales, escasa contratación de docentes, personal sanitario (enfermeros, médicos), disminución de las ayudas sociales para el cuidado de personas con discapacidad y mayores. También, supone falta de espacios públicos comunitarios, culturales, de reunión vecinal, deportivos. Mayores filtros para conceder becas y ayudas a la juventud. Abandono de edificios, calles, barrios enteros, parques, jardines, centros deportivos. Falta de subvenciones al transporte público, mejoras de vías y carreteras. Olvido de los bienes patrimoniales. En definitiva, menos presupuesto destinado al beneficio común social.

Por si fuera poco, el colmo de la crueldad consiste en que los gobiernos acepten, de forma sumisa y servil, la privatización de los recursos básicos -por ejemplo, el agua- el suelo público y servicios como la Sanidad y la Educación. Se trata de una red de aceptación de la trama, de favores, con normativas “a la carta”. Unas acciones están relacionadas con las otras. No se puede hablar de evasión de impuestos, o de Guaridas Fiscales, sin tener en cuenta la manera en que todo lo descrito está estrechamente interrelacionado.

Jornada Puertas Abiertas del Café D´Espacio - ATTAC Canarias

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Francia ante la encrucijada

Sat, 22/04/2017 - 07:00

Alejandro Nadal – Consejo Científico de ATTAC España

La elección presidencial en Francia este domingo es una competencia incierta en la que algunas sorpresas podrían presentarse. El resultado final podría ser decisivo para el futuro de la Unión Europea. Cuatro candidatos importantes se disputan el pasaje al Palacio del Eliseo en París. Pero los punteros son Emanuel Macron, candidato centrista que se autocalifica de independiente y Marine Le Pen, la representante de la extrema derecha. Los otros dos son François Fillon, el candidato conservador que ha caído en desgracia por su nepotismo cuando fue primer ministro, y Jean-Luc Mélenchon, el candidato de una izquierda que se anuncia insumisa.

En relación con la Unión Europea (UE), existe una línea divisoria fundamental entre Macron y Fillon, de un lado, y Mélenchon y Le Pen, del otro. Los primeros mantienen una posición claramente favorable a la UE y en favor de permanecer en la esfera del euro, mientras que los segundos prevén organizar un referendo sobre la permanencia en la UE e incluso sobre la pertenencia a la unión monetaria. Claro, la diferencia entre Le Pen (Frente Nacional) y Mélenchon (Francia Insumisa) es enorme. La primera combina posiciones racistas con un nacionalismo a ultranza, mientras que el segundo busca fortalecer la tradición generosa inspirada en lo mejor de la república francesa y su historia.

El escenario que los sondeos anuncian como más probable es el paso a la segunda vuelta de Emanuel Macron y Marine le Pen. Ambos tienen alrededor de 22 o 23 por ciento de las intenciones de voto al día de hoy. De materializarse ese escenario, los sondeos señalan a Macron como triunfador en la segunda vuelta con más de 60 por ciento de los votos.

El programa de Macron es parecido al de Fillon y tiene por objetivo recuperar la rentabilidad que el capitalismo francés ha perdido a lo largo de las dos últimas décadas. Para lograrlo su paquete de medidas se asemeja a la combinación de keynesianismo y neoliberalismo que introdujo en Japón el primer ministro Shinzo Abe en 2012. El primer paso para alcanzar ese objetivo consiste en reducir la carga impositiva que hoy pagan las empresas, pasando de 33 a 25 por ciento. Esta reforma fiscal se acompañaría en el esquema de Macron de una reforma laboral en la que las empresas podrían negociar aumentos en la jornada de trabajo, lo que significa eliminar por la vía de los hechos la semana de 35 horas de trabajo que hoy está vigente en Francia.

Pero las sorpresas no se descartan pues los sondeos de las últimas semanas registran un ascenso importante para Mélenchon. Éste podría derrotar a alguno de los dos punteros, Macron o a Le Pen, para pasar a la segunda vuelta. Se piensa que de enfrentarse al racismo xenófobo de Le Pen, Mélenchon pasaría a ser triunfador, pero eso depende de una buena parte del electorado conservador que bien podría inclinarse por el estandarte del Frente nacional.

De los cuatro candidatos punteros, el único que ofrece una alternativa que puede calificarse de izquierda es Mélenchon. Su estilo contrasta con el de los candidatos tradicionales de la izquierda institucional. Su retórica fuerte le permite sentirse cómodo frente a un auditorio de miles de personas (como lo demuestran sus recientes concentraciones en Marsella o Toulouse). Además, su conocimiento de los detalles técnicos en cuestiones económicas le convierten en un contrincante temible en eventos más cerrados, como lo revelan muchos debates en emisiones de televisión. El programa de Mélenchon incluye una convocatoria para una asamblea constituyente y una nueva constitución en la que se daría por terminada lo que él llama la monarquía presidencialista. También se acompaña de un referendo sobre la permanencia en la Unión Europea, así como una serie de medidas en materia de política económica para generar empleos mejor remunerados y duraderos. En materia energética el programa de esta izquierda contempla el abandono del proyecto nuclear francés y un fuerte impulso para el desarrollo de las energías renovables, incluyendo su integración industrial para la producción de plantas eólicas y solares.

El legado económico de la gestión de Hollande no es nada halagüeño. Al presidente saliente le gusta afirmar que el crecimiento ha sido constante, pero la única constante es la mediocridad de ese desempeño (el año pasado se alcanzó la tasa de crecimiento más alta de su mandato: 1.1 por ciento). Ese crecimiento está impulsado por el consumo, no por la inversión y el desempleo se mantiene tenaz en 10 por ciento (24 por ciento para jóvenes). La generación de empleo se apoya en la precariedad: el 86 por ciento de los empleos nuevos son temporales y la gran mayoría se apoyan en contratos de un mes. Al mismo tiempo, casi la mitad de los desempleados en Francia tienen más de un año sin una ocupación remunerada, lo que hace más difícil su reinserción económica.

Francia se encuentra en una encrucijada. Hoy el capitalismo francés no está resolviendo los grandes problemas de bienestar social y responsabilidad ambiental.

 

Publicado en La Jornada

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Modelo: sálvese el que pueda

Fri, 21/04/2017 - 09:00

Albino Prada – Comisión JUFFIGLO de ATTAC España

En mi resumen socioeconómico del tercer mes del año se me acumulan más argumentos sobre cómo el deterioro de muchos convive, en España, con el continuo enriquecimiento de unos pocos.

Así, mientras los costes laborales andan estancados, según la central de balances del Banco de España, las empresas habrían triplicado sus beneficios. Para la OCDE este sería un modelo sólido de crecimiento aunque añade, sin despeinarse, que como el empleo no es de calidad, la pobreza no deja de crecer.

Al calor de ese modelo un gran banco contrató a un exministro socialista para facilitar un acuerdo entre el PSOE y el PP en el decreto sobre cláusulas suelo. El exministro había sido negociador económico en los fracasados acuerdos para un gobierno alternativo al PP. Bingo. En un diario digital se nos informó de que al menos 58 ex altos cargos políticos trabajan en la actualidad para empresas del Ibex. Doble bingo.

Otro exministro socialista habría sido denunciado por la Fiscalía Anticorrupción por pufos inmobiliarios. Pufos realizados en una caja rescatada que ahora ya es del mismo banco que contrató al otro exministro. Y todo un exgobernador del Banco de España declaró en la Audiencia Nacional que esa crisis fue un terremoto para el que el sistema no estaba preparado. Triple y cuádruple bingo.

Parece observarse el comienzo de una nueva burbuja inmobiliaria: compra de viviendas de segunda mano para alquiler. Sería resultado de un doble juego especulativo: de los bancos, que no remuneran apenas a los ahorradores, y de estos aprovechando las insalvables dificultades (empleos precarios y temporales) para la compra de vivienda.

Un síntoma combinado del declive de muchos, y del sálvese quien pueda del resto, es que ante el deterioro y esperas en la sanidad pública ya un 20 % de la población (once millones) tiene un seguro médico privado, seguros que no cesan de crecer. Otro buen ejemplo: uno de cada tres másteres se realizan ya en centros privados, doble porcentaje que al comienzo de la crisis.

Los pocos se buscan la vida, pero ¿cómo van los muchos? Veamos. En España tenemos el acceso a la banda ancha de Internet más caro de Europa. Solo nos supera Croacia, en Suecia es cinco veces más barato. Me temo que algunas empresas se están llenando los bolsillos a cuenta de millones de usuarios.

Los consumidores españoles ya pagan más con dinero de plástico que con dinero en metálico retirado en los cajeros. Una tendencia imparable desde el año 2008 de inicio de la crisis. Desde ese año el dinero en efectivo retirado se estancó y el pago con tarjeta (paso previo al endeudamiento) no cesó de aumentar.

Aun con eso, las ventas del comercio minorista crecen al menor ritmo de los últimos treinta meses, y su volumen viene disminuyendo desde mediados del año pasado. Es este un asunto crucial y peliagudo, porque el motor fundamental de nuestro crecimiento en estos últimos dos años justo ha sido el consumo de los hogares.

Publicado en La Voz de Galicia

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La paranoia proteccionista de Donald Trump

Fri, 21/04/2017 - 07:00

Germán Gorraiz López - ATTAC Navarra-Nafarroa

La Cumbre del G20 que se celebró en la localidad china de Hangzhou tuvo como eje central de sus debates la reactivación del comercio mundial pues la economía global estaría amenazada por el riesgo de retorno a escenarios de recesión agravado por la aparición de medidas neo-proteccionistas en los países del Primer Mundo, especialmente tras la reciente firma por Donald Trump de la orden ejecutiva “Buy American, Hire American” (compra americano, contrata americanos) que en la práctica supondrá el finiquito a los Tratados Comerciales Transnacionales.

¿Finiquito a los Tratados Comerciales Transnacionales?

La obsesión paranoica de las multinacionales apátridas o corporaciones transnacionales por maximizar los beneficios, (debido al apetito insaciable de sus accionistas, al exigir incrementos constantes en los dividendos), les habría inducido a endeudarse peligrosamente en aras del gigantismo mediante OPAS hostiles y a la intensificación de la política de deslocalización de empresas a países emergentes en aras de reducir los costes de producción (dado el enorme diferencial en salarios y la ausencia de derechos laborales de los trabajadores). Así, el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México (NAFTA o TLCAN), firmado por el Presidente Clinton en 1964 habría provocado que adultos blancos de más de 45 años sin estudios universitarios y con empleos de bajo valor añadido tras quedar enrolados en las filas del paro, habrían terminado sumido en un círculo explosivo de depresión, alcoholismo, drogadición y suicidio tras ver esfumarse el mirlo del “sueño americano”, lo que habría tenido como efecto colateral la desafección de dichos segmentos de población blanca respecto del establishment tradicional demócrata y republicano, por lo que Trump se propone renegociarlo. Igualmente, la Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) sería la pieza central de Obama en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico para hacer frente a la Unión EuroAsiática que inició su singladura el 1 de enero del 2015 , pero el Presidente electo de EEUU, Donald Trump incluyó en su programa electoral la salida de EEUU de dicha asociación. Finalmente, tenemos el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión entre EEUU y la UE) cuyas negociaciones deberían finalizar para principios del 2017 pues en teoría tan sólo implicaban la eliminación de aranceles, la normativa innecesaria y las barreras burocráticas pero la tardía reafirmación de la soberanía europeísta por parte del eje franco-alemán aunado con el retorno a políticas neo-proteccionistas por parte de Trump, lograrán que la niebla del olvido cubra con su manto el TTIP.

¿Hacia el Neo-proteccionismo?

Por otra parte, el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría entre EEUU-Rusia tras la crisis de Ucrania y la mutua imposición de sanciones entre UE-Japón-EEUU por un lado y Rusia por el otro, marcarían el inicio del ocaso de la economía global y del libre comercio, máxime al haberse demostrado inoperante la Ronda Doha (organismo que tenía como objetivo principal de liberalizar el comercio mundial por medio de una gran negociación entre los 153 países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y haber fracasado en todos sus intentos desde su creación en el 2011. Así, asistiremos al finiquito de los Tratados Comerciales transnacionales (TTIP, NAFTA y TTP) y a la implementación por las economías del Primer Mundo de medidas proteccionistas frente a los países emergentes cuyo paradigma sería el establecimiento por la UE y EEUU de medidas antidumping contra el acero chino con aranceles que oscilarán del 20% europeo al 500% estadounidense y que significarán el retorno al Neo-Proteccionismo económico. Finalmente, tanto la UE como EEUU implementarán la Doctrina del “Fomento del Consumo de Productos nacionales” en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas, subvenciones a la industria agroalimentaria para la Instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados, elevación de los parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes. Ello obligará a China, México, Sudáfrica, Brasil e India a realizar costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial, posterior finiquito a la globalización económica y ulterior regreso a los compartimentos estancos en la economía mundial.

¿Crash bursátil y retorno a escenarios de recesión?

China estaría inmersa en una crisis económica identitaria al tener que implementar una amplia batería de reformas estructurales. Así, entre las fragilidades de su economía se encuentran la todavía limitada integración financiera internacional, su aislamiento y control del aparato estatal en el ámbito interno, así como una asignación de recursos económicos poco eficiente provocada por el paternalismo público y un insuficiente nivel de desarrollo de las redes de distribución, marketing y venta. Los desafíos están centrados en vencer la alta dependencia de China respecto de la demanda de las economías desarrolladas y la incierta capacidad de la demanda privada para tomar el relevo una vez que se agoten los estímulos públicos. Respecto a América Latina y el Caribe, la contracción de la demanda mundial de materias estaría ya provocando el estrangulamiento de sus exportaciones y la depreciación generalizada de sus monedas debido a la fortaleza del dólar, lo que se traducirá en aumentos de los costes de producción, pérdida de competitividad, tasas de inflación desbocadas e incrementos espectaculares de la Deuda Exterior. Así, según la Directora Gerente del FMI, Lagarde, “la fortaleza del dólar junto con la debilidad de los precios de los productos crea riesgos para los balances y financiación de los países deudores en dólares”, de lo que se deduce que las economías de América Latina y Caribe estarán más expuestas a una posible apreciación del dólar y la reversión de los flujos de capital asociados, fenómeno que podría reeditar la “Década perdida de América Latina” (Década de los 80), agravado por un notable incremento de la inestabilidad social, el aumento de las tasas de pobreza y un severo retroceso de las libertades democráticas.

Por otra parte, la entrada en escenarios de recesión de países como Argentina, Venezuela, Brasil, Grecia y países subsaharianos debido al desplome de las commodities y ciertos indicadores macroeconómicos recientes de países como China o EEUU han alertado del riesgo de que el estancamiento económico se adueñe de la economía mundial en el Trienio 2017-2020, Ello, aunado con el drástico repunte del precio del crudo hasta los 60 $/barril debido a los recortes de producción de la OPEP y Rusia y a factores geopolíticos desestabilizadores (Ucrania, Libia, Corea del Norte, Siria e Irak), podría producir un nuevo crash bursátil pues el nivel suelo de las Bolsas mundiales, (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos) en Mercados Bursátiles como Dow Jones, estaría a años luz de los estratosféricos techos actuales que recuerdan a escenarios previos al crack del 29. Así, la inflación acelerará las próximas subida de tipos de interés del dólar en el 2017, haciendo que los inversionistas se distancien de los activos de renta variable y que los bajistas se alcen con el timón de la nave bursátil mundial, derivando en una psicosis vendedora que terminará por desencadenar el estallido de la actual burbuja bursátil. Dicho estallido provocará la consiguiente inanición financiera de las empresas y subsiguiente devaluación de sus monedas para incrementar sus exportaciones y tendrá como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras.

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Bravuconadas y peligros reales

Thu, 20/04/2017 - 09:00

La JornadaEditorial

La confrontación verbal entre los gobiernos de Corea del Norte y Estados Unidos volvió a subir de tono en el curso de ayer. El vicepresidente estadounidense Mike Pence dijo –a unas millas de la línea que separa a ambas Coreas– que la era de la paciencia estratégica se acabó, en alusión a la política tradicional seguida por Washington de tratar de lograr mediante presiones económicas y diplomáticas que Piongyang prosiga el desarrollo y la producción de armas atómicas, y amenazó con que su gobierno tiene puestas todas las opciones sobre la mesa, en referencia a la ejecución de una agresión militar contra el país asiático. La respuesta norcoreana llegó horas después por boca del representante de Piongyang ante la Organización de las Naciones Unidas, Kim In Ryong, quien advirtió que su país está listo para reaccionar a cualquier tipo de guerra que Estados Unidos desee y que tendrá la más dura reacción contra los provocadores.

Para poner en perspectiva el significado de este virulento desencuentro es preciso formular varias consideraciones. La primera de ellas es que para la lógica imperial de la Casa Blanca –independientemente de quién se encuentre en ella– resulta inadmisible y hasta inconcebible que un pequeño y remoto país pueda amenazar el territorio estadounidense con misiles atómicos intercontinentales. La segunda es que la determinación de Piongyang de dotarse con esa clase de armas es una consecuencia no deseada de las propias acciones de Washington en países como Afganistán e Irak. Este último, en particular, fue invadido y arrasado con el argumento falso de que poseía armas de destrucción masiva. Paradójicamente, si el régimen de Saddam Hussein las hubiera tenido, tal vez George W. Bush y sus aliados no se habrían atrevido a lanzar la agresión bélica en su contra. Ésa fue, en todo caso, la conclusión que los gobernantes norcoreanos extrajeron de los múltiples e impunes ataques militares estadounidenses contra países pequeños y débiles.

Otra consideración necesaria es que, si bien la relación entre Corea del Norte y Estados Unidos ha distado mucho de ser distendida desde mediados del siglo pasado, existía entre las partes una suerte de pacto implícito de no agresión, situación que se vio alterada hace unos años con el desarrollo norcoreano de bombas atómicas. En la situación actual, la escalada se explica por las severas dificultades políticas internas en las que se encuentra la administración de Donald Trump, la cual no ha podido avanzar en su ofensiva contra el sistema de seguridad social legado por Barack Obama, en su disparatado empeño de construir un muro en la frontera común con México ni en otros asuntos. En tal circunstancia, el magnate neoyorquino ha buscado recuperar impulso político por un medio tradicional y harto conocido: incitar el patrioterismo estadounidense mediante la creación de frentes de guerra externos. Por eso bombardeó una base aérea del gobierno sirio, por eso ha ordenado el despliegue de copiosas fuerzas militares alrededor del territorio norcoreano y por eso se ha enzarzado en un duelo de amenazas con Piongyang.

Las bravuconadas, sin embargo, pueden ser una mecha como cualquier otra para desatar una conflagración obligadamente catastrófica, no sólo para Corea del Norte y Estados Unidos, sino también para Corea del Sur y Japón, y una guerra particularmente desastrosa para la humanidad en su conjunto. Cabe esperar que el resto de la comunidad internacional formule una enérgica exigencia a ambos bandos para que dejen de lado el intercambio de amagos y resuelvan sus diferencias por la vía diplomática.

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Para que el futuro sea de nuevo posible

Thu, 20/04/2017 - 07:00

Boaventura de Sousa Santos – Público.es

Cuando observamos el pasado con los ojos del presente, nos encontramos ante cementerios inmensos de futuros abandonados, luchas que abrieron nuevas posibilidades, pero que fueron neutralizadas, silenciadas o desvirtuadas, futuros asesinados al nacer o incluso antes, contingencias que decidieron la opción vencedora, atribuida después al sentido de la historia.

En estos cementerios, los futuros abandonados son también cuerpos sepultados, a menudo cuerpos que apostaron por futuros equivocados o inútiles. Los veneramos o execramos en función de si el futuro que quisieron coincide o no con el que queremos para nosotros. Por eso lloramos a los muertos, pero nunca a los mismos muertos. Para que no se piense que los ejemplos recientes se reducen a terroristas suicidas, mártires para unos, terroristas para otros, en 2014 hubo dos celebraciones del asesinato del archiduque Francisco Fernando y de su esposa, Sofía Chotek, en Sarajevo, y que condujo a la Primera Guerra Mundial.

En un barrio de la ciudad, bosnios croatas y musulmanes rindieron homenaje al monarca y a su esposa, mientras que en otro, serbobosnios hicieron lo propio con Gavrilo Princip, que los asesinó, e incluso le hicieron una estatua.

A principios del siglo XXI, la idea de futuros abandonados parece obsoleta, tanto como la propia idea de futuro. El futuro parece haber estacionado en el presente y estar dispuesto a quedarse aquí indefinidamente. La novedad, la sorpresa, la indeterminación se suceden tan trivialmente que todo lo bueno y lo malo eventualmente reservado para el futuro ocurre hoy.

El futuro se anticipó a sí mismo y cayó en el presente. El vértigo por el paso del tiempo es igual al vértigo por la parálisis del tiempo. La banalización de la innovación va a la par con la banalización de la gloria y del horror. Muchas personas viven esto con indiferencia. Hace mucho que desistieron de hacer acontecer el mundo y se resignan a que el mundo acontezca. Son los cínicos, profesionales del escepticismo.

Hay, sin embargo, dos grupos muy diferentes en tamaño y suerte para los cuales este desistimiento no es una opción.

El primero está constituido por la inmensa mayoría de la población mundial. Desigualdad social exponencial, proliferación de fascismos sociales, hambre, precariedad, desertificación, expulsión de tierras ancestrales codiciadas por empresas multinacionales, guerras irregulares especializadas en matar poblaciones civiles inocentes, etc., todo esto hace que una parte creciente de la población mundial haya dejado de pensar en el futuro para ocuparse de la supervivencia de mañana. Están vivos hoy, pero no saben si lo estarán mañana; tienen comida para alimentar a los hijos hoy, pero no saben si la tendrán mañana; tienen empleo hoy, pero no saben si lo tendrán mañana.

El mañana inmediato es el espejo del futuro en el que al futuro no le gusta mirarse, pues refleja un futuro mediocre, rastrero, banal. Estas inmensas poblaciones piden tan poco al futuro que no están a su altura.

El segundo grupo es tan minoritario como poderoso. Se imagina haciendo acontecer el mundo, definiendo y controlando el futuro indefinida y exclusivamente para que no haya ningún futuro alternativo. Este grupo está constituido por dos fundamentalismos. Son fundamentalismos porque se basan en verdades absolutas, no admiten la disidencia y creen que los fines justifican los medios.

Los dos fundamentalismos son el neoliberalismo, controlado por los mercados financieros, y el Daesh, los yihadistas radicales que se proclaman islámicos. A pesar de ser muy diferentes e incluso antagónicos entre sí, comparten características importantes. Ambos se basan en verdades absolutas que no toleran la disidencia política, ya sea la fe científica en la prioridad de los intereses de los inversores y en la legitimidad de la acumulación infinita de riqueza que ésta permite, ya sea la fe religiosa en la doctrina del califa que promete la liberación de la dominación y humillación occidentales.

Ambos pretenden garantizar el control del acceso a los recursos naturales más valorados. Ambos causan un inmenso sufrimiento injusto con la justificación de que los fines legitiman los medios. Ambos recurren con la misma sofisticación a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para difundir su proselitismo. El radicalismo de ambos es del mismo quilate y el futuro que proclaman es igualmente distópico: un futuro indigno de la humanidad.

¿Será posible un futuro digno entre los dos futuros indignos que acabo de señalar: el minimalismo de mañana y el maximalismo del fundamentalismo?

Pienso que sí, pero la historia de los últimos cien años nos obliga a múltiples cautelas. La situación de la que partimos no es brillante. Comenzamos el siglo XX con dos grandes modelos de transformación progresista de la sociedad: la revolución y el reformismo; y comenzamos el siglo XXI sin ninguno de ellos. Cabe aquí recordar, de nuevo, la Revolución Rusa, ya que ella radicalizó la opción entre los dos modelos y le dio consistencia política práctica. Con la Revolución de Octubre quedó claro para los trabajadores y campesinos (clases populares, diríamos hoy) que había dos vías para alcanzar un futuro mejor, que se avizoraba como poscapitalista, socialista. O la revolución, que implicaba ruptura institucional (no necesariamente violenta) con los mecanismos de la democracia representativa, quiebra de procedimientos legales y constitucionales, cambios bruscos en el régimen de propiedad en el control de la tierra; o el reformismo, que implicaba el respeto por las instituciones democráticas y el avance gradual en las reivindicaciones de los trabajadores a medida que los procesos electorales les fuesen siendo más favorables. El objetivo era el mismo: socialismo.

No trataré aquí las vicisitudes por las que pasó esta opción a lo largo de los últimos cien años. Solamente menciono que luego del fracaso de la revolución alemana (1918-1921), se fue construyendo la idea de que en Europa y en los Estados Unidos de América (el primer mundo), el reformismo sería la vía preferida; al mismo tiempo, en el tercer mundo (el mundo socialista soviético se fue construyendo como el segundo mundo) se optaría por la vía revolucionaria, como sucedió en China en 1949, o por alguna combinación entre las dos vías.

Entretanto, con la subida de Stalin al poder, la Revolución Rusa se transformó en una dictadura sanguinaria que sacrificó a sus mejores hijos en nombre de una verdad absoluta, que era impuesta con la máxima violencia. O sea, la opción revolucionaria se transformó en un fundamentalismo radical que precedió a los que mencioné arriba. A su vez, el tercer mundo, a medida que se iba liberando del colonialismo, comenzó a verificar que el reformismo nunca conduciría al socialismo, sino más bien, cuando mucho, a un capitalismo de rostro humano, como el que iba emergiendo en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

El movimiento de los No Alineados (1955-1961) proclamaba su intención de rechazar tanto el socialismo soviético como el capitalismo occidental.

Por razones que analicé en mi última columna, con la caída del muro de Berlín los dos modelos de transformación social colapsaron. La revolución se transformó en un fundamentalismo desacreditado y caduco que se desmoronó sobre sus propios fundamentos. A su vez, el reformismo democrático fue perdiendo el impulso reformista y, con ello, la densidad democrática.

El reformismo pasó a significar la lucha desesperada para no perder los derechos de las clases populares (educación y salud públicas, seguridad social, infraestructuras y bienes públicos, como el agua) conquistados en el período anterior. El reformismo fue así languideciendo hasta transformarse en un ente escuálido y desfigurado que el fundamentalismo neoliberal reconfiguró por vía de un facelift, convirtiéndolo en el único modelo de democracia de exportación, la democracia liberal transformada en un instrumento del imperialismo, con derecho a intervenir en países enemigos o incivilizados y a destruirlos en nombre de tan codiciado trofeo.

Un trofeo que, cuando es recibido, revela su verdadera identidad: una ruina iluminada a neón, transportada en la carga de los bombarderos militares y financieros (ajuste estructural), estos últimos conducidos por los CEO del Banco Mundial y por el Fondo Monetario Internacional.

En el estado actual de esta jornada, la revolución se convirtió en un fundamentalismo semejante al maximalismo de los fundamentalismos actuales, en tanto que el reformismo se degradó hasta ser el minimalismo de la forma de gobierno cuya precariedad no le permite ver el futuro más allá del mañana inmediato. ¿Habrán causado estos dos fracasos históricos, directa o indirectamente, la opción carcelaria en que vivimos, entre fundamentalismos distópicos y mañanas sin pasado mañana? Más importante que responder a esta cuestión, es crucial saber cómo salir de aquí, la condición para que el futuro sea otra vez posible. Avanzo una hipótesis: si históricamente la revolución y la democracia se opusieron y ambas colapsaron, tal vez la solución resida en reinventarlas de modo que convivan articuladamente. Con otras palabras: democratizar la revolución y revolucionar la democracia. Será el tema de la próxima columna.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Boaventura de Sousa Santos es sociólogo. Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra. Sus últimos libros en español: Si Dios fuese un activista de los derechos humanos (Madrid, Trotta 2014) y, de próxima aparición, con Maria Paula Meneses, Epistemologías del Sur (Madrid, Akal).
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Ecuador: el fin de ciclo que no era

Wed, 19/04/2017 - 09:00

Emir SaderLa Jornada

El triunfo de Lenín Moreno, derrotando, por segunda vez consecutiva, al más grande banquero de Ecuador, Guillermo Lasso, cierra la racha de la derecha latinoamericana y termina con la cháchara de un fin del ciclo de gobiernos progresistas en el continente. El pueblo ecuatoriano, aún bajo un sórdida campaña de los medios para intentar denegrir a Rafael Correa y a su gobierno, supo distinguir que entre los dos caminos –el de la continuidad de las transformaciones realizadas por el gobierno de Alianza País y el retorno neoliberal a manos de un banquero– escogió a Revolución Ciudadana como el mejor camino para el país.

Cuando, en segundas vueltas, quedan claras las opciones entre el modelo neoliberal y alternativas antineoliberales, el pueblo no se equivoca y decide por éstas. La exposición de la masa de realizaciones hechas por Rafael Correa en 10 años de gobierno, en todos los planes, se han comparado con las promesas de la derecha, que así como en Argentina y en Brasil se reducen a crueles restauraciones neoliberales si llegan al gobierno, por elección o por golpe.

Aunque hubiera ganado Lasso no habría nada que se pudiera denominar de fin de ciclo, porque se instauraría también en Ecuador el gobierno de los bancos, del capital financiero, de la especulación financiera, restaurando de nuevo el antineoliberalismo como oposición a la derecha. Se trataría de la restauración neoliberal, como ocurre hoy en Argentina y en Brasil. Lo que importa es que Ecuador seguirá el camino abierto por Rafael Correa, cuando hace 10 años anunció que se terminaba la larga noche del neoliberalismo y se pasaba de un tiempo de cambio a uno de tiempo.

¿Quedan atrás la derrota parlamentaria en Venezuela, la victoria electoral de la derecha en Argentina, el revés de Evo Morales en el referendo en Bolvia y el golpe contra Dilma Rousseff en Brasil? No, no basta la victoria de Lenín Moreno para dar vuelta a la contraofensiva de la derecha latinoamericana. Los factores que han llevado a reveses en otros países se hicieron presentes en Ecuador, pero no fueron suficientes –por un margen estrecho– para derrotar al gobierno progresista.

Hay que hacer el balance de las tendencias que han llevado a que las victorias espectaculares de Rafael Correa en primera vuelta se han transformado en victoria por un margen estrecho. Los balances no son simples. Se mezclan cambios en la coyuntura internacional, cambios en la estrategia de las derechas latinoamericanas, así como errores de los mismos gobiernos. Hacer desde una victoria y desde el gobierno es una ventaja enorme, porque se está en condiciones de corregir los errores y hacer las adecuaciones poniéndolas en práctica.

El mentado fin de ciclo choca con el empuje de los gobiernos de Macri y de Temer, que se han agotado rápidamente, recolocando el enfrentamiento entre neoliberalismo y antineoliberalismo en nuevas condiciones. Ya no se tiene que comparar lo que han hecho los gobiernos progresistas con lo realizado por los gobiernos neoliberales en los años 90, sino la comparación con la misma realidad contemporánea, que permite a los que no se habían dado cuenta entender que las mejorías que han tenido los países fueron decisiones políticas de gobiernos progresistas que una vez sustituidos hacen perder los derechos conquistados.

En Ecuador ha vuelto a quedar claro, en ese caso de forma todavía más cristalina, cómo la alternativa a los gobiernos posneoliberales está a la derecha y no a la izquierda. Más que eso, la ultraizquierda, frente a esa disyuntiva, o desaparece simplemente o, peor, apoya a la derecha, aunque sea al banquero más rico del país. Mejor un banquero que la continuidad de la dictadura, han proclamado sectores del movimiento indígena que habían quedado en el gobierno derechista de Lucio Gutiérrez, aun después de que éste hiciera su viraje pro Estados Unidos. Intelectuales que han firmado documentos de crítica al gobierno de Rafael Correa en plena campaña electoral, favoreciendo a la derecha, pretenden dar lecciones a la izquierda. Candidato de una izquierda supuestamente alternativa a Alianza País, se ha pronunciado, en la recta final, por Lasso.

Ecuador ha puesto un coto al viraje a la derecha en países con gobiernos antineoliberales. El agotamiento prematuro de los gobiernos de Macri y de Temer plantea la posibilidad real de que la izquierda vuelva a dirigir Argentina y Brasil –aquí con la perspectiva concreta del retorno de Lula. Quien quiera que triunfe en las elecciones presidenciales de México, se verá obligado a volcarse hacia Latinoamérica para resistir la ofensiva proteccionista del gobierno de Donald Trump recomponiendo, de manera todavía más amplia, los procesos de integración latinoamericana.

El fin de ciclo no era fin de ciclo. Era el fin de la primera ola del ciclo antineoliberal, que genera ahora las condiciones de un segundo y definitivo ciclo de superación del neoliberalismo en América Latina.

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Dos formas de afrontar una crisis

Wed, 19/04/2017 - 07:00

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

En Portugal, el gobierno de izquierdas, formado por el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Bloco d’Esquerdas, dice adiós a la austeridad. A diferencia de lo que le pasa al PSOE en el Reino de España, el partido socialista portugués no ha olvidado el significado de la palabra ‘socialista’. Y en julio de 2015, el Gobierno portugués de coalición que preside Antonio Costa, descartó nuevas medidas de austeridad en una carta a la Comisión Europea: “No tenemos propuestas ni medidas adicionales de austeridad para 2016 ni para 2017”, dejó claro el ministerio portugués de Finanzas.

Finalmente, en 2016, tras dos presupuestos generales de la coalición de izquierdas, Portugal ha vuelto a crecer y ha rebajado el déficit fiscal al 2,1%, cuatro décimas menos que lo exigido por el implacable Eurogrupo. Pero lo más importante es que los portugueses han recuperado salarios, pensiones y empleo en cifras anteriores al inicio de la traída y llevada crisis. Con estímulos e impulso real a la economía productiva, negada la rigidez presupuestaria exigida por Alemania, Portugal levanta cabeza.

No ocurre lo mismo en el Reino de España que gobierna el partido Popular con la insustancial complicidad de Ciudadanos y los dubitativos movimientos y abstenciones del PSOE. Lo que sucede en Madrid, Valencia, Andalucía y otras comunidades autónomas, por ejemplo, es que la ciudadanía espera mucho más tiempo que hace cuatro años para ser operados en quirófano. Y eso son riesgos. Y también muestra que algo va mal en Valencia, Granada, Málaga, Palma, Barcelona, Burgos, Madrid y otras ciudades, es la formación de largas colas de miles de personas para recibir periódicamente paquetes de alimentos con aceite, arroz, leche, azúcar, pan, pasta, legumbres, zumo… Sin embargo, esas largas colas en grandes ciudades no las veréis nunca en los telediarios de ninguna televisión. Son las colas del hambre. Y del hambre no se habla.

Porque la cruda realidad, por ejemplo, es que la organización solidaria Banco de Alimentos solo en Madrid ha distribuido más de 20 millones de toneladas de comidas para ayudar a unas 200.000 personas. Por tanto cabe concluir que hay hambre en España. Lo remacha un estudio de La Caixa sobre gente pobre en sus programas de ayuda. Según ese informe, 30.000 familias con niños pasan hambre en España y 60.000 menores de edad han pasado o pasan hambre con frecuencia. Comen muy poco durante el día y nunca cenan, al tiempo que más de 700.000 hogares en España no tienen ingreso alguno y sobreviven por solidaridad familiar y ciudadana. Hace siete años esos hogares sin ingresos eran menos de medio millón. Sin olvidar que un 15% de trabajadores, aún con un empleo y salario, son pobres. Pobres de verdad. Lo que incluye hacer cola cada equis tiempo para conseguir un paquete de alimentos para no pasar hambre. Alimentos que no proporcionan el gobierno, sino la solidaridad ciudadana. Da igual que España ratificara en 1976 el Pacto Internacional de Derechos Sociales, que reconoce el derecho de cualquier persona a no pasar hambre y tener la alimentación adecuada en cantidad y calidad. Da igual, porque lo de este gobierno es parloteo y brindis al sol, pero no tomar medidas para asegurar ese derecho y otros contra la pobreza y la desigualdad.

Sin embargo, Mariano Rajoy, presidente del gobierno, pretende que salimos de la crisis. ¿Con estos hechos, con esos datos? Vivir para ver. Tan falaz visión nada tiene que ver con la auténtica recuperación de derechos del pueblo trabajador, que sería en verdad superar la crisis. Como en Portugal. Pero no que se recupere la minoría, élites económicas y financieras, cuyos beneficios e intereses defienden Rajoy, su gobierno y su partido con tanto ardor.

A modo de didáctico ejemplo, ¿cómo explicar que aumenten tanto los turistas en España, y los ingresos por turismo, cuando no crece un ápice el empleo en el sector ni mejoran los salarios de sus trabajadores? Sólo crecen los beneficios de la minoría propietaria del sector turístico. Pero eso no es recuperación. La recuperación es de todos o no hay recuperación. Si no crece el empleo ni aumentan los salarios ni se restauran derechos laborales, estamos otra vez ante una transferencia de rentas del pueblo trabajador a la minoría rica. Y eso en modo alguno es superar la crisis. Eso en buen castellano es saqueo.

Periodista

Twitter: @xcanotamayo

Publicado en CCS, Centro de Colaboraciones Solidarias
¡Por razones!

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La guerra de Trump

Tue, 18/04/2017 - 09:00

Atilio Borón - ALAI,  AMÉRICA LATINA en movimiento 

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Foto: RT.

Acosado por sucesivas derrotas en el Congreso –el rechazo a su proyecto de eliminar el Obamacare– y en la Justicia, por el tema de los vetos a la inmigración de países musulmanes, Donald Trump apeló a un recurso tan viejo como efectivo: iniciar una guerra para construir consenso interno. El magnate neoyorquino estaba urgido de ello: su tasa de aprobación ante la opinión pública había caído del 46 al 38 por ciento en pocas semanas; un sector de los republicanos lo asediaba “por izquierda” por sus pleitos con los otros poderes del estado y sus inquietantes extravagancias políticas y personales; otro hacía lo mismo “por derecha”, con los fanáticos del Tea Party a la cabeza que le exigían más dureza en sus políticas anti-inmigratorias y de recorte del gasto público y, en lo internacional, ninguna concesión a Rusia y a China. Por su parte, los demócratas no cesaban de hostigarlo. En el plano internacional las cosas no pintaban mejor: mal con la Merkel durante su visita a la Casa Blanca, un exasperante subibaja en la relación con Rusia y una inquietante ambigüedad acerca del vínculo entre Estados Unidos y China. Con el ataque a Siria, Trump espera dotar a su administración de la gobernabilidad que le estaba faltando.

Los frutos de su iniciativa no tardaron en aparecer. En el flanco interno, el chauvinismo y el belicismo de la sociedad y la cultura política norteamericanas le granjearon el inmediato apoyo de republicanos y demócratas por igual. Quien antes aparecía como un peligroso neofascista o un incompetente populista emergió de los escombros de la base aérea de Al Shayrat como un sabio estadista que “hizo lo que debía hacer”. Tanto la impresentable Hillary Clinton como el anodino John Kerry no ahorraron elogios al patriotismo y la determinación con que Trump enfrentó la inverosímil amenaza del régimen sirio, a quien se le acusó, contra toda la evidencia, de haber utilizado el gas sarín que días atrás produjo la muerte de al menos ochenta personas en un ataque perpetrado en la ciudad de Jan Sheijun.

Mentiras. Fuentes independientes señalan que esa macabra operación no pudo ser causada por Damasco sino por los “rebeldes” amparados y protegidos por Occidente, las tiranías petroleras del Golfo y el gobierno fascista de Israel. El área en donde se produjo la masacre estaba bajo el control del Al-Nusra, rama de Al Qaida que Naciones Unidas y EEUU habían calificado como terrorista. En el 2013 el gobierno sirio firmó su adhesión a la Convención para la Prohibición de Armas Químicas (OPAC) y tres años más tarde el país fue declarado territorio libre de armas químicas. Así reza el informe que esa organización elevó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Claro está que una parte de ese arsenal pudo haber sido capturado y escondido por Al-Nusra, facilitada esta maniobra por la debacle en que estaba sumida Siria a causa de la guerra. Pero al bombardear la base aérea de Al Shayrat Washington destruyó al equipo y el arsenal militar que presuntamente podría haber probado que fue el ejército sirio quien cometió el crimen con el gas sarín.

¿Por qué destruir la evidencia que eventualmente podría culpabilizar (o inocentizar) a Al-Assad, se preguntaba la vocera de la cancillería rusa? Destruir pruebas es un delito, o por lo menos una actitud sospechosa, sobre todo si se atiende a la inevitable pregunta que hace Günter Meyer, director del Centro de Investigaciones del Mundo Árabe, con sede en Maguncia, Alemania, y que reproduce un cable de la Agencia Deutsche Welle. En cualquier película policial -asegura Meyer- cuando se investiga un crimen los detectives se preguntan quién gana y quien pierde con lo ocurrido. En este caso la pregunta tiene una clara respuesta: “De semejante ataque con gas letal solo pueden beneficiarse los grupos opositores armados” y (agrego por mi parte) sus aliados en Occidente, a la vez que sólo puede perjudicarse el gobierno sirio. Entonces, ¿por qué cometería semejante crimen? ¿Puede Al-Assad ser tan estúpido? No parece, porque de haberlo sido ya habría sido derrocado hace años.

Todas estas consideraciones fueron soslayadas por Trump. Y en esto el outsider demostró no serlo tanto porque siguió al pie de la letra el guión al cual se ajustaron los presidentes que le precedieron, desde Bush padre a Barack Obama, pasando por Bill Clinton y Bush hijo: atacar, invadir, ocupar naciones usando como pretexto un torrente de mentiras y difamaciones –eufemísticamente llamadas “posverdad” por los infames manipuladores de la opinión pública mundial- que persiguen justificar lo injustificable. Todos conocemos la historia de las “armas de destrucción masiva” que supuestamente tenía en su poder Saddam Hussein y que jamás se hallaron, ni antes de la destrucción del régimen ni después. Pero la tragedia igual fue consumada a partir del 2003 porque la mentira se había arraigado en la sociedad americana. Todos sabían, además, que el único país de la región que las poseía era Israel, pero como es el gendarme regional del imperio eso es una nimiedad que se oculta cuidadosamente ante los ojos de la opinión pública y que intencionadamente marginan de sus análisis los más sesudos especialistas.

Con el ataque del viernes pasado Washington violó, por enésima vez, la Carta de las Naciones Unidas, demostrando más allá de toda duda que el presunto “orden mundial” no es tal sino un brutal e inmoral “desorden mundial” en donde rige la máxima bárbara del derecho del más fuerte. Pero no sólo eso: Trump también violó la Carta de la OEA, que en su Capítulo 2, inciso 9, dice textualmente que “los Estados americanos condenan la guerra de agresión: la victoria no da derechos”. Sería bueno que el Secretario General de esa siniestra organización, Luis Almagro, tan preocupado por aplicar la Carta Democrática a la República Bolivariana de Venezuela tomara nota de esto y denunciara a Washington, con el mismo ardor con que enjuicia a Caracas, por su agresión a Siria.

Ante la gravedad de la situación, es obvio que Rusia no permanecerá de brazos cruzados: tiene en Siria una vital base naval en Tartus que le abre las puertas del Mediterráneo (y de ahí al Atlántico Norte) a su flota del Mar Negro anclada en Sebastopol y también una base aérea en Latakia. China e Irán también tienen intereses en juego en Siria y una Rusia cercada por tierra -con la OTAN estacionada a lo largo de toda su frontera occidental con lo que algunos observadores consideran como el mayor despliegue de fuerzas y equipos de toda su historia- y por mar si llegara a producirse la caída de Al-Assad. En tal caso Moscú no tendría sino dos alternativas: aceptar mansamente su sumisión a los dictados de Estados Unidos, cosa que obviamente no está en el ADN de Vladimir Putin y que por lo tanto jamás hará; o activar su poderoso dispositivo militar y aplicar represalias selectivas intensificando su campaña en contra del ISIS creado y protegido por Washington e, inclusive, adoptando una postura más activa en caso de una nueva agresión norteamericana. Cuesta pensar de otro modo cuando se ataca a un país como Siria que, junto a Rusia, había logrado grandes éxitos en controlar a la horda de fanáticos que sembró el terror en Siria y otras partes de Oriente Medio.

El inesperado giro de Trump (que en su campaña había divulgado nada menos que 45 tuits diciendo que “atacar a Siria era una mala idea porque podría precipitar el estallido de la Tercera Guerra Mundial”) debe poner en guardia a todos los pueblos y gobiernos del planeta porque con el ataque a Siria el mundo camina sobre el filo de una navaja. Esta actitud de vigilancia y preparación para la lucha debe ser impulsada en Nuestra América, especialmente cuando se analizan las muy recientes declaraciones del Jefe del Comando Sur, Kurt Tidd, ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos. En esa ocasión textualmente habló de “una creciente crisis humanitaria en Venezuela que eventualmente podría obligarnos a una respuesta regional.” Los latinoamericanos y caribeños sabemos lo que esas palabras significan y estaremos preparados para desbaratar esos planes.

Suenan los tambores de guerra en la Casa Blanca y no sería de extrañar que aparte de continuar con sus operaciones bélicas en Siria hubiera en Washington quienes crean que llegó el momento de ajustar cuentas con Corea del Norte y Venezuela, dos espinas que hace mucho tiempo Tío Sam tiene clavadas en su garganta. Cuando comienzan su periplo descendente los imperios potencian su barbarie y tratan de retrasar lo inevitable apelando a cualquier recurso, entre ellos, inventando guerras. No sería de extrañar entonces que ante este cuadro de situación, cuando son los propios estrategas imperiales los que se desvelan por tratar de detener su declinación, Trump intentara “normalizar” el mapa sociopolítico latinoamericano y del sudeste asiático recurriendo al lenguaje de los misiles. Si lo hiciera se llevaría una sorpresa enorme.

Dr. Atilio A. Boron, Investigador Superior del Conicet; Investigador del IEALC, Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.  Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.

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El desastre europeo

Tue, 18/04/2017 - 07:00

Fernando Luengo – sinpermiso

“La Europa de dos o más velocidades”. Consigna de moda en la siempre opaca y confusa jerga empleada en los documentos comunitarios. Aunque la expresión no es nueva en la gramática de la Unión Europea (UE) –ha justificado, por ejemplo, la decisión de crear la Unión Económica y Monetaria (UEM)-, ha cobrado una renovada actualidad. Designa uno de los cinco escenarios contemplados en el Libro Blanco sobre el futuro de Europa; concretamente el tercero, denominado “Los que desean hacer más, hacen más”. La idea es, básicamente, la siguiente. Para sacar de su letargo el denominado “proyecto comunitario”, hay que permitir -favorecer, incluso- que aquellos países dispuestos a avanzar en el proceso de integración económica e institucional den pasos en esa dirección.

Los defensores de esta estrategia sostienen que actuando de esta manera se conseguirían, cuando menos, dos objetivos. Por un lado, se despejarían incertidumbres en cuanto al futuro de la UE y de la UEM, pues los países de la primera velocidad, apostarían claramente por “Más Europa”; por otro lado, quedaría desbrozado el camino de aquellos que ahora no quieren o no pueden asumir ese plus europeo. Todo ello abriría las puertas a una Europa potente y renovada capaz de enfrentar los desafíos de la crisis y zanjaría las dudas acerca de la propia viabilidad del referido proyecto comunitario.

Como tantas veces ocurre con el discurso dominante –y tantas veces pasa desapercibido, como si formara parte del sentido común- el lenguaje desliza un diagnóstico y plantea una alternativa, todo ello disfrazado de racionalidad indiscutible. Utilizaré una metáfora estrechamente relacionada con las diferentes velocidades con las que se quiere avanzar en el proceso de integración comunitaria. Poner el énfasis en la velocidad significa omitir o ignorar que buena parte de los problemas de dimensión europea –con su inevitable reflejo en las dinámicas estatales- están relacionados con las características de los vehículos, los que los conducen, la posición de los que viajan en su interior y la carretera por la que circulan.

En efecto, una primera cuestión en la que resulta obligado reparar es el muy desigual perfil estructural de las economías europeas (los coches). Algunas, con un potencial competitivo que las convierte en ganadoras indiscutibles de la dinámica integradora, dominada cada vez más por la lógica del mercado, que se ha impuesto sin paliativos sobre la lógica redistributiva de las instituciones. Otras, considerablemente más débiles, ocupan el cinturón periférico de Europa y están especializadas en productos de menos valor añadido y contenido tecnológico; estas se encuentran en inferioridad de condiciones a la hora de beneficiarse del mercado único y de la unión monetaria. Asimismo, hay que tener en cuenta –y el discurso oficial pasa de puntillas sobre este asunto- que la gestión de la crisis impulsada desde Bruselas y aplicada por gobiernos –bien conservadores, bien socialistas- han hecho todavía más pronunciadas esas disparidades estructurales.

Desde que el neoliberalismo –las ideas y los intereses que lo encarnan- impera en Europa, a partir de los años ochenta del pasado siglo, las elites económicas, en connivencia con la clase política, han marcado el rumbo de las políticas públicas (los que conducen el coche). Más aún, los espacios propios de la política han sido paulatinamente ocupados por las grandes corporaciones y los grupos de presión que las representan, poniéndolos a su servicio. En este sentido, más que una disminución del papel del Estado, hemos asistido a la captura del mismo por parte de los poderosos; las puertas giratorias simbolizan la disolución de lo público en lo privado. La máxima y última expresión de la “corporatización” del proyecto europeo han sido las políticas llevadas a cabo durante los años de crisis; políticas que, sin disimulo, han fortalecido la posición de las oligarquías, tanto en lo económico como en lo político.

Los estados de bienestar –la propia legitimidad de la construcción europea- residía en conseguir niveles crecientes de cohesión social (también en avanzar en la convergencia productiva y territorial). El crecimiento económico debía facilitar la consecución de esos objetivos. Lo cierto, sin embargo, es que en los años de auge las desigualdades han aumentado, poniendo en cuestión la capacidad y la voluntad redistributiva de las instituciones y el supuesto nexo automático existente entre crecimiento y equidad.

La irrupción de la crisis y la gestión oligárquica que se ha hecho de la misma han situado en cotas históricas la fractura social (la desigual posición de los que viajan en el coche). Los trabajadores, los grupos vulnerables y las clases medias –de las economías periféricas, sobre todo, pero también de las del Norte, donde la erosión social es asimismo manifiesta- han soportado los costes de la crisis. En paralelo, se ha abierto camino un capitalismo de naturaleza esencialmente extractiva, en un contexto de moderado e insuficiente crecimiento y de debilitamiento y pérdida de legitimidad de aquellas instituciones cuyo cometido es promover políticas de igualdad y asegurar una redistribución de la renta y la riqueza.

Aunque el crack financiero evidenció los límites, las contradicciones y los efectos devastadores de la economía basada en la deuda y de las teorías económicas que las sustentaban, las políticas implementadas para gestionar y superar la crisis –la represión salarial, los ajustes presupuestarios, la desregulación del mercado de trabajo, los rescates bancarios, las privatizaciones- han seguido el relato y la hoja de ruta del pensamiento dominante (la carretera).

Esas políticas –aunque, como he señalado, han proporcionado recursos y poder a las elites- han prolongado y agravado la crisis, sin que, finalmente, hayan conseguido una recuperación suficiente y sostenible de la actividad económica; son responsables de la generalización del empleo precario y del aumento del desempleo y la desigualdad, llevando las cuentas públicas a una situación de mayor fragilidad; también forma parte del pasivo de estas políticas la merma de potencial productivo y tecnológico de las economías, principalmente de las periféricas.

En clave europea, las medidas exigidas desde la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) han agravado las asimetrías productivas y comerciales entre el norte y el sur, han impuesto un federalismo tecnocrático y autoritario –disciplina fiscal y unión bancaria-, han favorecido las tendencias desintegradoras –cuyo máximo exponente hasta ahora ha sido el Brexit-, el auge de la extrema derecha y los nacionalismos xenófobos, y han sido manifiestamente incapaces de abordar, respetando los derechos humanos y aplicando un principio de solidaridad, el drama de los refugiados y los flujos migratorios.

La complejidad de la problemática someramente apuntada en las consideraciones anteriores en absoluto se resuelve con la consigna de permitir o favorecer una Europa de varias velocidades. Supone, en lo fundamental, más de lo mismo en lo que concierne al núcleo duro de las políticas económicas aplicadas hasta el momento, introduciendo en el engranaje institucional de la UEM algunas reformas, sesgadas y claramente insuficientes, para intentar preservar la zona euro, especialmente los intereses de lo que más se benefician de la misma, y un aumento del gasto militar. Por lo demás, en el Libro Blanco se plantean un conjunto de líneas de actuación, genéricas e imprecisas, en torno a las que, llegado el momento de su concreción, posiblemente ni siquiera se alcanzaría el consenso entre los llamados a formar parte del grupo de países de la primera velocidad.

Europa necesitaba y necesita, con urgencia, una acción política, solidaria y cooperativa, orientada hacia la convergencia productiva y territorial, la equidad social y la igualdad de género, la transición a una economía sostenible, la auditoría y reestructuración de la deuda pública, la gestión del problema de los refugiados, la persecución del fraude y de los paraísos fiscales, la creación de una hacienda comunitaria basada en el principio de progresividad, el aumento sustancial del presupuesto comunitario y la reforma en profundidad de la industria financiera. ¿Por qué no se ha recorrido ese camino? ¿Por qué razón las políticas aplicadas han ido justamente en la dirección contraria? La respuesta es clara. No ha existido voluntad política…ausencia de voluntad que aparece de nuevo en la propuesta de una Europa de varias velocidades. En caso de avanzar en esa dirección, Europa, lejos de superar la esclerosis actual, daría un paso más, acaso decisivo e irreversible, hacia la desintegración.

Fernando Luengo profesor de economía aplicada en la Universidad Complutense de Madrid. Forma parte del Círculo 3E (Economía, Ecología, Energía) de Podemos y de la candidatura Podemos Ganar Madrid.
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Muy urgente: Naciones Unidas o el caos

Mon, 17/04/2017 - 09:00

Federico Mayor Zaragoza – Comité de Apoyo de ATTAC España

En páginas sucesivas de la prensa del 11 de abril de 2017 se lee:

1.- Los “G5″ del Sur de Europa escurriendo el bulto, considerando “comprensible” el bombardeo de Estados Unidos en Siria. De ellos, cuatro PIGS… que en lugar de reivindicar, ceden, una vez más.

2.- Los G7 que “buscan posturas comunes” frente a Rusia en relación a Siria… en lugar de, por fin, poner este tema, como todos los que tienen que ver con cuestiones de esta naturaleza y complejidades -por quienes son los contendientes, por quienes son “los guardianes del orden internacional”, que alcanza situaciones de auténtico delirio al haber encomendado a Arabia Saudita el conflicto en Yemen…- en manos de las Naciones Unidas apoyándolas para que sean lo que su nombre indica: naciones del mundo unidas para un multilateralismo eficiente, dotándolas de los medios personales, técnicos, de defensa y financieros adecuados.

3.- Y, en la misma serie de noticias, figura a continuación que el auténtico y enmascarado epílogo: el G2, el “mano a mano” de los Estados Unidos y China, repartiéndose los grandes papeles mientras los acólitos de Occidente no consultados ven “aceptable” lo que los mandamases deciden.

Sólo un gran clamor popular de “Nosotros, los pueblos…”, como tan lúcidamente se inicia la Carta de las Naciones Unidas, podría restablecer la cordura y la esperanza. Hoy “los pueblos” ya tienen voz.

No pueden permanecer callados, espectadores impasibles acosados por el inmenso poder mediático que reduce a los ciudadanos a exclusivos fanáticos seguidores de un club de balompié… El tiempo del silencio ha concluido: si “los pueblos” no toman hoy en sus manos las riendas del destino común, mañana puede ser tarde

Publicado por Federico Mayor Zaragoza

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La crisis de los expertos

Mon, 17/04/2017 - 07:00

El auge de los populismos coge a los economistas desprevenidos

Andy Robinson - Rebelión

“Coinciden los expertos económicos”. Es una de las frases predilectas de los periodistas que escribimos artículos como este. Y, últimamente, los expertos coinciden en algo un poco inquietante. Al menos para ellos: nadie les hace caso.

Ocurrió con el brexit cuando el 52% de los votantes británicos optaron por salir de la UE pese a que sólo 1 de cada 22 economistas entrevistados en un sondeo del dominical The Observer apoyó la salida. Asimismo, el programa de Donald Trump fue calificado por la mayoría de los economistas como peligrosamente proteccionista y económicamente analfabeto. Pero Trump ya está instalado en la Casa Blanca.

Los expertos pierden su influencia y el establishment económico y político advierte sobre una ola alarmante de populismo. Pero, para los jóvenes autores del nuevo libro Econocracy: el peligro de dejar a los expertos (Manchester University Press, 2017), el problema estriba en la desconexión radical entre una ciudadanía, que ni tan siquiera entiende el lenguaje elemental de la economía, y una tecnocracia formada en facultades que sólo enseñan un esotérico pensamiento único. En concreto, las teorías de la escuela neoclásica, un modelo económico que, pese a estar escondido en una densa niebla de ecuaciones algébricas, es tan ideológico como cualquier otro.

Para Joe Earle, Cahal Moran y Zach Ward-Perkins, todos activistas de un nuevo movimiento estudiantil, que cuenta ya con grupos en 14 universidades británicas y unas cuantas en Europa, la crisis de los expertos hasta puede ser motivo de celebración. “Se está dando un contragolpe a los expertos debido al fracaso de una forma muy centralizada de entender lo que son las ciencias económicas y la economía”, dice Moran, de 26 años, que cursa un posgrado en ciencias económicas en la Universidad de Manchester. Este innovador y atrevido movimiento estudiantil, que nació en el 2012 con la creación del grupo Post crash economics en Manchester –casualmente, la cuna del capitalismo industrial–, se ha extendido por las diversas universidades británicas y en el resto de Europa.

Son rebeldes pero cuentan con el apoyo moral de economistas de prestigio como Andy Haldane, el economista jefe del Banco de Inglaterra; Ha Joon Chang de Cambridge; Robert Skidelsky, el biógrafo de John Maynard Keynes; Ann Pettifor, autora de La producción del dinero; el lingüista Noam Chomsky y Martin Wolf, gurú macroeconómico del Financial Times. Los estudiantes, ya incorporados a la campaña Rethinking economics, (replanteando las ciencias económicas) reivindican la pluralidad en la enseñanza de la disciplina, mediante la incorporación al currículo de una amplia gama de teorías heterodoxas y ortodoxas, desde la austriaca a la keynesiana, feminista a ecológica, actualmente excluidas.

Abogan también por la democratización de la economía mediante programas populares de alfabetización económica. Según encuestas que el grupo de Manchester realizó en colaboración con la firma de sondeos Yougov, la mayoría de la población británica no entiende conceptos básicos de la economía como el PIB o la inflación. “Mediante programas de educación, hace falta formar ciudadanos economistas” –sostienen– dotados de suficientes conocimientos como para cumplir con el consejo de la famosa economista keynesiana de la Universidad de Cambridge, Joan Robinson: “Conviene estudiar ciencias económicas para evitar que los economistas te engañen”.

En España, ya existen iniciativas de este tipo. En la Universidad de Barcelona se ha creado un grupo de estudiantes que exigen mayor pluralidad en la enseñanza. Asimismo hay diversas iniciativas de formación ciudadana en las ciencias económicas. “No deberíamos dejar esto en manos de expertos que utilizan una jerga precisamente para ahuyentar a la gente”, dice Ricardo Záldivar, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid que participa en una serie de programas de formación económica popular.

Al cuestionar el papel de los expertos, no se debería caer en la trampa de menospreciar los conocimientos en sí, advierte Moran. “Este es un mundo complejo y haca falta la pericia pero no hay un solo punto de vista económico”, recuerda. A fin de cuentas, hasta los técnicos del propio Fondo Monetario Internacional (FMI) quedaron perplejos al ver como sus advertencias contra un exceso de austeridad en Europa fueron rechazadas por una opinión publica en varios países, entre ellos el Reino Unido y España, convencida de que la deuda pública era el principal peligro.

Los expertos en economía –incluso los que pretenden “popularizar” las ciencias económicas como Steven Levitt, autor de éxitos de ventas como Freakonomics, suelen presentarse como mentes privilegiadas que entienden las leyes inmutables de una economía que funciona de forma independiente de la política. En realidad, explican, la idea de una economía como un “concepto abstracto regido por leyes técnicas es un invento bastante reciente”. Los economistas de principios del siglo XX se quejaron de que los políticos no les hicieran caso. “Cuando los economistas hablamos, nos tienen menos respeto de lo que merecemos,” se lamentó Irving Fisher en 1902.

En todas las elecciones generales celebradas entre 1900 y el final de la Segunda Guerra Mundial la palabra “economía” sólo apareció dos veces en el programa electoral del partido ganador. La situación ahora –o al menos, hasta la irrupción de los populismos– es la inversa. En el último manifiesto de David Cameron la economía se mencionó más de 60 veces. Por eso, es lógico pensar, según los estudiantes, que los economistas neoclásicos tienen tanto poder en estos momentos porque sus recomendaciones convienen a los poderes políticos, empresariales y bancarios.

Ahora bien, la influencia de los expertos no sería tan grave si existiera una pluralidad de ideas en las facultades donde se forman. Pero “los expertos del futuro sólo aprenden una sola perspectiva (la neoclásica) como si no hubiera otras”, advierten los estudiantes. En los exámenes de fin de carrera, el 76% de las preguntas no exige pensamiento crítico o independiente, según sus investigaciones en las universidades británicas. En la emblemática London School Economics, cantera de un ejército de “expertos” globales, unos cuantos de ellos en España, hay aún menos incentivos para pensar críticamente.

Las “ciencias económicas son un método de adoctrinamiento”, sentencian. Tras empezar sus carreras universitarias justo después del colapso del sistema financiero en el 2008, los estudiantes de Manchester confiaban en que en algún momento sus profesores les hablarían de las causas y las consecuencias de la crisis. Pero “a mitad de la carrera nos dimos cuenta de que nuestra espera era en balde”.

Las consecuencias de la brecha entre una tecnocracia versada unicamente en la economía neoclásica y una masa de gente que no entiende nada acaba de ponerse de manifiesto de forma explosiva. Más que un rechazo a Europa en sí, “el brexit es una reacción contra el gobierno de tecnócratas y la econocracia”, asegura Joe Earle, otro de los autores. “Pone de manifiesto la distanciamiento entre élites normalmente metropolitanas, dueños del lenguaje de las ciencias económicas, y el resto del país que se siente excluido y busca otro lenguaje, el del nacionalismo y soberanía”.

El brexit no sólo revela el fracaso de los expertos, sino también de sus conceptos e indicadores. Por ejemplo , el uso insistente de medidas estadísticas nacionales. Londres y el sudeste, las únicas regiones inglesas que votaron a favor de la UE, también son las únicas cuyo PIB per cápita es mayor ahora que antes de la crisis financiera. En el resto del país, se sigue por debajo del nivel del 2007. “Si no vives en Londres ¿por qué te va a interesar lo que los expertos dicen del crecimiento del PIB?” se pregunta Cahal. Y en eso estamos.

Fuente: La Vanguardia

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Más allá de la república: el republicanismo

Sun, 16/04/2017 - 09:04

Cive Pérez – ATTAC Madrid

República es la organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento, para un periodo determinado. En principio, la república parece la forma de Estado más natural, justa y participativa, más actual y sin hipotecas dinásticas ni religiosas. No obstante, no todos los Estados que ostentan el nombre de república son democráticos. Algunos, caso de las repúblicas islámicas, adoptan este nombre para indicar que no son monarquías, pero la máxima autoridad no es elegida por el pueblo, sino nombrada por consejos de notables, a menudo oligárquicos e incluso familiares.

Los Estados Unidos de América del Norte se constituyeron como la primera república de la historia moderna, pero su organización política no impide que, en la práctica, sean las oligarquías las que detenten el poder. La experiencia demuestra que las repúblicas liberales no aseguran que las leyes tengan como guía la promoción y preservación de los tres componentes que debieran presidir toda comunidad cívica decente: la libertad, la igualdad y la fraternidad.

El republicanismo es una doctrina política emergente que enfatiza la noción de que la soberanía de un cuerpo político, formado por ciudadanos libres, corresponde, por encima de todo, al imperio de la ley. Y que la ley sólo es legítima si garantiza la libertad, la igualdad y la fraternidad. El republicanismo va más allá de la simple defensa de las formas republicanas en el gobierno del Estado y es, según explica Ramón Soriano en Democracia vergonzante y ciudadanos de perfil: “una concepción insurgente frente al liberalismo y al comunitarismo, comportando un rearme de la sociedad civil como colectivo de ciudadanos activos sensibilizados y preocupados por los asuntos públicos. [...] El ciudadano liberal se defiende y autoprotege. El ciudadano comunitarista se integra en una comunidad cuyos valores comparte. El ciudadano republicano participa en la sociedad que construye activamente, desplegando una virtud cívica”.

En la concepción republicana de la libertad, la ausencia de opresión y dominación desempeña una función crucial. La libertad entendida como no-dominación es la gran diferencia de esta filosofía política respecto a cualquier variante de liberalismo.

Antoni Doménech señala: “Para el republicanismo, y particularmente para el democrático, el mal supremo es la dominación por otro, y dominación —douleia, potestas, o como quiera que se le haya llamado— se opone directamente a libertad —eleuthería, libertas— en el siguiente preciso sentido: quien domina a otro tiene capacidad, tiene potencial para interferir arbitrariamente en sus decisiones; que haga un uso mayor o menor de esa capacidad —que sea un amo más o menos riguroso, que sea benevolente o cruel— no quita en nada a su dominación. Esencial para la dominación es que el dominado esté ‘a la discreción de otro’…”.

El trabajo por cuenta ajena, es decir, el empleo, se desarrolla en un marco de juego que permite una perfecta situación de dominio y, por tanto, una indeseable situación para los defensores de la libertad. Debería sorprender que el discurso liberal, que arremete implacable contra la menor injerencia en la autonomía del individuo, pase por alto la evidente dominación que ejerce un empleador sobre un empleado sobre el que tiene plena disposición de tiempo y actividad durante el horario laboral. Tan pronto se entra en el taller o en la oficina, el ciudadano pierde hasta los derechos democráticos formales. Si quiere votar, podrá hacerlo en su tiempo libre; en domingo, que es el día en que se convocan comicios para elegir representantes parlamentarios, pero en el lugar de trabajo las decisiones no están sujetas a ningún tipo de debate. El empleado debe hacer lo que se mande, sin protestar. Una objeción a una orden puede suponerle el despido.

Bajo una dictadura, nadie se sorprende por las arbitrariedades cometidas por las autoridades que ostentan el poder, pues la injusticia forma parte de la vida cotidiana. De una manera similar, en lo que se refiere al trabajo, las clases dominantes se las han arreglado para que la desigual relación que existe entre patrones y trabajadores no sea cuestionada, sea cual sea la circunstancia histórica. Pues, si el patrón es el propietario de los medios de producción, la patronal es la propietaria del empleo global en un país. Si no existe un freno legal, es la patronal la que ostenta el poder de decidir cuando, cómo, dónde y en qué condiciones se proporciona o se niega empleo a cada individuo. Luego hay una clara situación de dominio. La no-dominación, por el contrario, es la posición de que disfruta una persona cuando vive en presencia de otras personas y, en virtud de un diseño social, ninguna de ellas la domina. Como señala Philip Pettit, un teórico del republicanismo: “si un estado republicano está comprometido con el progreso de la causa de la libertad como no-dominación entre sus ciudadanos, no puede por menos que adoptar una política que promueva la independencia socioeconómica”.

Dado que sin independencia socioeconómica las posibilidades de disfrutar de la libertad como no dominación se ven menguadas, para buena parte de la ciudadanía la instauración de un ingreso garantizado supondría una autonomía personal mucho mayor que la actual. En este sentido, la propuesta de la Renta Básica de Ciudadanía ofrece bastantes puntos de encuentro con el republicanismo y su teoría normativa de la libertad,  abriendo una puerta en esos callejones sin salida a los que conduce en la vida real de las personas la concepción liberal negativa de la libertad.

La defensa de la RBC desde una perspectiva republicana coincide en esencia con la posición que, ya en 1955, sostenía Erich Fromm: “El campo de la libertad personal se ampliaría enormemente con esta ley [del ingreso garantizado; una persona que es económicamente dependiente (de un padre, de un esposo, de un jefe) ya no se vería obligada a someterse a la extorsión del hambre; las personas talentosas que deseen prepararse para una vida diferente podrán hacer esto, siempre que deseen realizar el sacrificio de vivir en la pobreza durante algún tiempo. Los modernos estados benefactores ‘casi’ han aceptado este principio, pero no en la realidad. La burocracia aún ‘administra’ a la gente, aún la domina y la humilla; pero el ingreso garantizado no requeriría ninguna prueba de necesidad por parte de una persona para obtener un techo sencillo y un mínimo de alimentos. Por esto no se necesitaría una burocracia (con su inherente desperdicio y sus violaciones a la dignidad humana) para administrar un programa de seguridad social. El ingreso anual garantizado aseguraría una libertad y una independencia reales”.

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Hay distintas clases sociales entre las mujeres y, por lo tanto, diferentes feminismos

Sun, 16/04/2017 - 07:03

Vicenç Navarro - Consejo Científico de ATTAC España

Este artículo se refiere a las diferencias por clase social que existen entre las mujeres y sus implicaciones en el desarrollo de políticas públicas relevantes para las mujeres (y para los hombres).

Entre los hombres, la manera de expresar su machismo (la manera de oprimir a la mujer) depende, en gran parte, de la clase social del que lo manifiesta. Naturalmente que hay puntos y comportamientos comunes, pero siempre, o casi siempre, la clase social del hombre define muy marcadamente cómo se expresa tal machismo. No es, pues, de extrañar que lo mismo ocurra entre las mujeres (en un comportamiento precisamente opuesto al machismo). La bienvenida concienciación de las mujeres, como colectivo social, de la necesidad de conseguir los mismos derechos que los hombres, también viene marcada de una manera muy palpable por la clase social a la que la mujer pertenece o representa. De ahí la pluralidad de movimientos feministas.

Quedó ello claro hace varios días en un hecho que adquiría gran visibilidad mediática en EEUU, y que ocurrió en la Harvard University, el centro académico con más recursos, más rico y más poderoso de EEUU. Tal universidad tiene 37.000 millones en endowment (es decir, en propiedad sobre la cual generar ingresos). Las matrículas de los estudiantes son una parte muy minúscula de sus ingresos y, con tal propiedad, se ha convertido en uno de los centros de fondos de inversión más importantes del país. El hecho que sea un centro educativo es una actividad más que le da nombre, pero la mayoría de sus fondos se obtienen a través de las inversiones de su endowment. La riqueza de recursos es, pues, su característica principal. Dicha universidad es también donde parte de la élite de EE.UU. se educa, se socializa y configura su manera de pensar mediante los valores que tal universidad promueve. En EE.UU., es conocido que la cultura de tal centro es predominantemente conservadora y liberal (“liberal” en el sentido europeo de la palabra, pues la palabra “liberal” en EE.UU. quiere decir socialdemócrata o socialista, de los cuales hay muy pocos en Harvard. Por cierto, el hecho que los corresponsables de los medios de información españoles parezcan no darse cuenta de esta diferencia en la utilización del término “liberal”, crea una confusión enorme en la audiencia de tales rotativos).

El conservadurismo de Harvard aparece en todas sus dimensiones, incluyendo en su escasa sensibilidad hacia las poblaciones vulnerables y discriminadas, como afroamericanos, latinos y mujeres. Ahora bien, en 1977 tomaron la decisión de intentar parecer más modernos y se abrieron lentamente a afroamericanos (procedentes, sin embargo, de escuelas privadas de élite, como fue el caso del estudiante Obama, que llegó a ser presidente del país), más tarde a latinos y, últimamente, a mujeres. Harvard quiere parecer moderna y feminista.

Ahora bien, su conservadurismo y liberalismo estructural permanece y es marcado, apareciendo cuando uno menos se lo espera, como ocurrió recientemente cuando el que había sido ministro de Hacienda de la Administración Clinton, el señor Larry Summers fue nombrado, por el Executive Board de tal universidad, presidente de la Universidad. En una entrevista, dicho señor Summers dijo que el hecho de que no hubiera más mujeres que fueran catedráticas en disciplinas científicas como física o química, se debía –según él- a razones biológicas, es decir, que las mujeres no eran hábiles para tales ciencias.

El feminismo de la clase de renta alta y mediana-alta

El escándalo que tales declaraciones crearon fue mayúsculo, de manera que el Executive Board de la Universidad rápidamente indicó que nombraría a una mujer como Presidenta, lo cual, por fin ocurrió. Se nombró como Presidenta a la Dra. Drew Faust, que era, además de ser mujer, una conocida feminista entre la comunidad científica que había animado a las mujeres (de su clase social, de renta alta y mediana-alta) a aspirar a lugares de alto poder institucional, rompiendo así con el monopolio del hombre en las estructuras de poder. Tal nombramiento fue celebrado prácticamente por la mayoría de las asociaciones feministas de EE.UU.

El feminismo popular

Ahora bien, hubo algunas mujeres de Harvard que no lo han celebrado. No eran ni profesoras, ni estudiantes, sino trabajadoras. Eran las mujeres de limpieza de la Universidad de Harvard (concretamente del hotel que tiene Harvard en su terreno, de siete pisos y cuarenta habitaciones, gestionado por la compañía Hilton Hotels & Resorts). Este hotel es uno de los más exitosos de Boston (los cuales, todos ellos, dependen primordialmente de la clientela provista por sus vinculados al mundo académico de tal ciudad). Tal hotel el año pasado consiguió uno de los mayores beneficios en el sector hotelero de la ciudad. Pero, a pesar de tal riqueza, las mujeres de la limpieza del hotel (la gran mayoría de ellas latinas) se encontraban entre las peor pagadas del sector, con mayor número de habitaciones a limpiar por día y mayor número de accidentes.

Durante más de tres años tales mujeres han estado intentando sindicalizarse, pues, de conseguirlo, podrían defenderse colectivamente y negociar sus salarios, beneficios sociales y condiciones de trabajo. Harvard, incluyendo su presidenta feminista, se ha opuesto durante muchos años. Y a pesar de las peticiones de las trabajadoras, muchas feministas de gran renombre en EE.UU., figuras del establishment político-mediático del país, ignoraron estas peticiones. En un interesante artículo en la revista The Nation, Sarah Lemand y Rebecca Rojas han detallado la enorme y heroica lucha de estas trabajadoras para conseguir que Harvard aceptara que pudieran sindicalizarse. Y las trabajadoras de limpieza descubrieron que hay tantos feminismos como clases sociales existen en EEUU. Y que las feministas del establishment político-académico-mediático estadounidense, no representaban los intereses de la mayoría de las mujeres que no pertenecen a tales clases pudientes y adineradas. El conflicto entre estas dos clases (las clases de renta alta y mediana-alta, por un lado, y la clase trabajadora, por el otro) apareció también en la definición de sus intereses. La realidad es que la integración de las primeras en las estructuras de poder era y es irrelevante para la mujer de las clases populares.

Y ello apareció también claramente en las últimas elecciones a la Presidencia de aquel país. El hecho de que la candidata a la presidencia del Partido Demócrata intentara movilizar a las mujeres presentándose como la candidata feminista es un ejemplo de ello. La gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora no le votaron; apoyaron a Trump que, junto con el candidato socialista, apeló al voto de clase, incluyendo un discurso y unos temas de clara aceptación y atractivo para las clases populares. Clase social, después de todo, continúa siendo una variable clave para entender lo que pasa a nuestro alrededor, no solo en el mundo del hombre, sino también en el mundo de la mujer.

Las consecuencias de la debilidad del feminismo popular

Y esto ocurre también en España. La evidencia científica existente muestra claramente que, en España, aquellos servicios del Estado del bienestar que están menos desarrollados son precisamente los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia –mal llamadas guarderías en nuestro país- y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia. El déficit en el desarrollo de tales servicios en este país es enorme.

Y en España cuando decimos “familia” queremos decir mujer. Es la mujer la que lleva la mayor carga de responsabilidades familiares. El contraste de los países del sur de Europa (donde las derechas han sido históricamente muy fuertes) con el norte (donde las izquierdas han sido históricamente muy fuertes) es abrumador. En Suecia, por ejemplo, el número de horas semanales dedicadas a las tareas familiares por parte de la mujer es de 26. El hombre, 22. En España, la proporción es de 42 versus 8.

Ahí radica el escasísimo desarrollo de los servicios de ayuda a las familias en el sur de Europa, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más de enfermedades debidas al estrés que el hombre. Y la mujer más afectada es la de clase trabajadora que no tiene servicios privados como la de clase pudiente (la sirvienta), que puede ayudarla. De ahí que la mayoría de encuestas muestren que, además de mejor condiciones de trabajo y mejores salarios, las demandas más comunes por parte de las mujeres de las clases populares son las dirigidas a conseguir estos servicios. Es urgente que los partidos políticos que están enraizados en las clases populares y que se consideren al servicio de dichas clases protagonicen y lideren la universalización de tales servicios en España. España (incluyendo Catalunya) necesita mayor concienciación de las necesidades de las mujeres pertenecientes a las clases populares. La evidencia de ello es abrumadora. Así de claro.

Publicado en Público.es
vnavarro.org

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¿Cuánto tardará Putin en sacrificar a su peón Al Asad?

Sat, 15/04/2017 - 09:00

Germán Gorraiz López – ATTAC Navarra-Nafarroa

La Doctrina Carter inspirada por Brzezinski (1980), tenía como objetivo la implementación en Oriente Próximo y Medio del llamado “caos constructivo”, concepto que se basaría en la máxima atribuida al emperador romano Julio César “divide et impera”, para lograr la instauración de un campo de inestabilidad y violencia en la zona (balcanización) y originar un caos que se extendería desde Líbano, Palestina y Siria a Iraq y desde Irán y Afganistán hasta Pakistán y Anatolia (Asia Menor). Oriente Medio y Próximo presentan un paralelismo sorprendente con los Balcanes y la Europa centro-oriental de los años que provocó la Primera Guerra Mundial, tras la que los vencedores procedieron a rediseñar las inestables fronteras de dicha zona dibujando unas fronteras virtuales que provocaron un extenso periodo de agitación, de violencia y de conflictos en la zona como consecuencia de los conflictos étnicos derivadas de unas fronteras artificiales amén del choque de intereses económicos de las principales potencias europeas en la zona. Así, el ex-presidente de Egipto, Hosni Mubarak, (derrocado por su negativa a la instalación de bases norteamericanas en suelo egipcio), reveló en una entrevista al diario egipcio El-Fagr la existencia del presunto plan para dividir a toda la región de Medio Oriente, consistente en la instauración del citado “caos constructivo” mediante la sucesiva destrucción de los regímenes autocráticos de Irak, Libia, Sudán, Siria e Irán y reservando para Jordania el rol de “nueva patria del pueblo palestino”, para lo cual EEUU e Israel se habrían servido de los grupos takfiríes.

Takfir wal-Hijra, (Anatema y Exilio), es un movimiento sectario ultrarradical islamista de orientación sunní, surgido en Egipto en 1969 e inspirado por Sukri Mustafa. La doctrina takfir (luchador de la yihad), promulga la reducción de un musulmán por otro musulmán a la categoría de infiel, o peor aún, de apóstata, de traidor a su religión y por lo tanto resignado al castigo capital. EEUU e Israel se habrían servido de dichos grupúsculos salafíes takfiríes (especie de hidra cuya cabeza primigenia sería Al Qaeda), para mediante sus acciones terroristas destruir la imagen pacífica del Islam e impedir el enaltecimiento político del mundo musulmán, por lo que el presidente de la Asamblea Consultiva Islámica de Irán, Ali Lariyani ha acusado a los grupos terroristas y al wahabismo de crear una “catástrofe” para el mundo musulmán” y ha asegurado que los wahabíes saudíes incitan a los takfiríes (que considera infieles a quienes no siguen sus enseñanzas) a enfrentarse contra los chiíes y otras sectas musulmanas. Dicha proceso de balcanización de la zona tendría su plasmación en países como Irak , devenido en Estado fallido y desangrado por la reavivación de la guerra civil chií-suní y la aparición del EI, en la endémica división palestina entre las facciones de Hamás y la OLP; en la anarquía reinante en Libia con el wahhabísmo salafista instaurado en Trípoli mientras grupos takfiríes (satélites de Al-Qaeda) dominan tribalmente el interior de Libia y en la aplicación de la yihad suní contra el régimen laico de Al Assad y sus aliados chiíes, Irán y Hezbolá que por efecto mimético habría convertido ya al Líbano en un país dividido y presto para ser fagocitado por Israel.

Rusia, EEUU y el avispero sirio

Tras el encuentro bilateral dentro de la Cumbre del G-8 que se desarrolló en Lough Erne (Irlanda del Norte), Putin y Obama escenificaron ante las cámaras la ceremonia del desencuentro debido al conflicto sirio, pues Putin bloqueó hasta el final de la Cumbre el acuerdo del G- 8 sobre una salida negociada al avispero sirio y anunció la continuación de la ayuda militar, logística y de asesoramiento al régimen de Bachir el Asad, “ el único representante legítimo de Siria”, según sus palabras. Por su parte, EUU estableció como condición que “ Asad no puede jugar ningún papel en el futuro de su país y tiene que abandonar la presidencia”, algo a lo que se opuso frontalmente Rusia, consciente de que jugaba con ventaja en este pulso diplomático con Obama ante la incapacidad de EE UU y sus aliados europeos de marcar la iniciativa en un nuevo conflicto en Oriente Próximo, por lo que aprovechó la gran oportunidad que se le presentaba. Así, la jugada maestra de Putin convenciendo a Assad para que entregara todo su arsenal de armas químicas, el escaso apoyo internacional recibido por Obama para iniciar su operación militar contra Siria y el decidido apoyo militar ruso a Asad con la instalación del sistema de misiles S-300 y S-400 (capaces de derribar objetivos en el espacio aéreo y marítimo israelí) aunado con la entrega a Siria de 12 cazas MiG-29M/M2 consiguió que la capacidad militar del Ejército oficial sirio dejara pocos resquicios a las fuerzas opositoras al régimen baasista, (de lo que sería paradigma la brillante reconquista de Alepo), pero la miopía geopolítica de Al-Assad le habría llevado a pensar que sería posible una victoria militar olvidando que la nueva geopolítica rusa en Oriente Próximo pasaría por un decidido apoyo al régimen sirio de Al-Assad para asegurar su presencia en un área vital para el control del Mediterráneo Oriental. Así, según la agencia Itar Tass, Rusia reforzará su base naval en el puerto sirio de Tartus con el objetivo de resucitar la extinta Flota del Mediterráneo, (disuelta en 1992 tras la extinción de la URSS) y cuya columna vertebral estará formada por la Flota del Mar Negro, la del Norte y la del Báltico y se verá complementada según el diario Al-Quds Al-Arabi con la futura base militar de Jableh en el noroeste de Siria, mucho más sofisticada que la anterior.

Sin embargo, tras la inanidad de la Administración Obama, la Cuarta Rama del Gobierno de EEUU (verdadero poder en la sombra que controla ya la Administración Trump), volvió a recurrir al holograma del ataque con armas químicas por parte del Ejército sirio para perpetrar un ataque mediático contra la base aérea siria de Al-Shairat, ataque que en realidad sería un aviso a Rusia, Siria e Irán de que deberán contar con EEUU en la búsqueda de un acuerdo internacional que se plasmaría en la Conferencia de Ginebra II sobre Siria (que será aplazada “sine die” por EEUU hasta que se equilibre la situación militar y que se englobaría en un escenario de solución global a los contenciosos existentes en Oriente Medio (Siria, Palestina, Irak e Irán). Las premisas de la Administración Trump serían la defenestración de Al Asad y la posterior partición de Siria en tres partes. Así tendremos la Siria alawita, protectorado ruso que abarcaría desde la costa mediterránea hasta Alepo, el Kurdistán sirio tutelado por EEUU y la zona sunita del sur sirio que se englobaría en el nuevo Sunistán sirio-iraquí, lo que unido a la división de Irak consagraría el triunfo de los esfuerzos de Israel para la balcanización de Siria e Irak, quedando tan solo el régimen teocrático chíita del Líder Supremo Ayatolah Jamenei como única zona todavía impermeable a la estrategia balcanizadora de Brzezinski.

De todo lo anterior se deduce que Al Assad sería un obstáculo para el diseño de la nueva cartografía del Oriente Próximo, por lo que no es descartable que Putin y Trump lleguen a un acuerdo que implique sacrificarlo en aras de lograr la pacificación del avispero sirio (previo desalojo de las tropas del ISIS que extenderán sus tentáculos hacia el Magreb). Sin embargo, Siria, Libia e Irak serían tan sólo el cebo del Pentágono para atraer tanto a Rusia como a China y provocar un gran conflicto regional que marcará el devenir de la zona en los próximos años y que será un nuevo episodio local que se enmarcaría en el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría EEUU-Rusia. Dicha Guerra involucrará a ambas superpotencias (EEUU y Rusia) contando como colabores necesarios a las potencias regionales (Israel, Siria, Egipto, Jordania, Arabia Saudí e Irán), abarcando el espacio geográfico que se extiende desde el arco mediterráneo (Libia , Siria y Líbano) hasta Yemen y Somalia y teniendo a Irak como epicentro (rememorando la Guerra de Vietnam con Lindon B. Johnson (1963-1.969) y cuyo desenlace podría tener como efectos colaterales el diseño de una nueva cartografía favorable a los intereses geopolíticos de EEUU, Gran Bretaña e Israel con la implementación del Gran Israel (“Eretz Israel”).

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¿Qué hacemos con los llamados paraísos fiscales?

Sat, 15/04/2017 - 07:00

Juan GimenoEconomistas Sin Fronteras

El PP rechaza penalizar en la nueva Ley de Contratos a empresas vinculadas a paraísos fiscales

Jornada en el Congreso contra los Paraísos fiscales

El lunes 3 de abril, siguiendo la iniciativa del Foro Social Mundial, se celebró el día mundial contra los paraísos fiscales. La plataforma por la Justicia Fiscal[1]  celebró en el Congreso de los Diputados un encuentro con representantes de los grupos parlamentarios en el que planteamos la reflexión sobre la pregunta que da título a este artículo.

En estos tiempos de neolenguaje y posverdad, cada vez más orwelianos, un primer apunte ha de referirse al propio término de Paraísos Fiscales. Porque el lenguaje no es neutral y elegir una forma de denominar algo es ya una opción respecto al mensaje que se quiere enviar.

¿Qué es un “paraíso”? Una definición es la de “lugar en que llegan las almas de los justos y donde gozan de felicidad completa”. Es difícil conseguir algo más atractivo. Solo llegan los mejores y obtienes la felicidad absoluta. Pero resulta difícil aceptar que quienes utilizan los llamados paraísos fiscales sean precisamente los “justos”. Y no nos resignamos a que se presenten esos territorios como lugares deseables.

Tampoco es neutral la definición de paraíso fiscal que encontramos en el diccionario de la RAE: “País o territorio donde la ausencia o parvedad de impuestos y controles financieros aplicables a los extranjeros residentes constituye un eficaz incentivo para atraer capitales del exterior”. Simplemente, una feliz herramienta de política económica. Visto así, por ejemplo, la bomba atómica se definirá como eficaz incentivo para finalizar una guerra.

En inglés se utiliza la expresión Tax Haven (refugio o guarida). Quizás alguien tradujo confundiendo Haven con Heaven (cielo) y nos ha quedado esa perversión.

Sin duda, describe mucho mejor el fenómeno la expresión Guarida (fiscal), escondrijo en el que se refugian una o varias personas buscadas por realizar actividades delictivas (que conllevan habitualmente la defraudación fiscal).

Porque las guaridas fiscales son, en realidad, guaridas de delincuentes: sin ningún sentido económico real, ocultan y sirven de puente para el blanqueo de capitales de actividades como la corrupción, el crimen organizado, las mafias, el terrorismo, el tráfico de armas, el tráfico de drogas… En general, todo tipo de actividades contrarias a los derechos humanos y al bien común.

Como, es cierto, todas los delitos descritos eluden impuestos y blanquean en las guaridas, el adjetivo “fiscal” es apropiado. Pero parece como si se utilizara para suavizar el delito. Si habláramos de guaridas de terroristas, de mafiosos y traficantes, las opiniones públicas pedirían indignadas una acción dura contra ellas. Pero lo de fiscal suena a delito menor, más suave.

No es fácil de entender esta (falta de) conciencia ciudadana. La evasión y el fraude fiscal disminuyen gravemente la recaudación pública, dificultando obtener los ingresos necesarios para financiar la inversión en servicios públicos y sociales esenciales. Además, agrava la injusticia del sistema y vicia la competencia leal al favorecer a las grandes empresas.

¿No somos conscientes de que los recursos públicos son la garantía de los derechos ciudadanos, de derechos humanos básicos? Sin ellos, sufre la educación, la salud, la seguridad, la productividad, la libertad y la propia democracia.

¿No somos conscientes de que la inversión en derechos sociales reduce gastos? Está demostrado que la pobreza incrementa los riesgos de enfermedades y de abandono escolar; que la menor inversión en salud acaba provocando mayor gasto curativo; que la elevada desigualdad reduce el crecimiento y genera inestabilidad social.

Provocar pobreza, dañar la salud, empobrecer el capital humano… son delitos de lesa humanidad: acto inhumano que cause intencionalmente grandes sufrimientos o atente gravemente contra la integridad física o la salud mental o física cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque.

La evasión fiscal es un delito gravísimo

Las guaridas han existido siempre. La impunidad es lo que les permite sobrevivir y crecer. La globalización financiera ha multiplicado los importes y la opacidad, con muchas entidades financieras actuando como inductores y facilitadores de tales prácticas delictivas.

No actuar decididamente contra las guaridas fiscales supone un grave delito de complicidad con los que se dice combatir.

Es cierto que diferentes actores internacionales (G7, G20, OCDE, UE) están, dicen, tomando medidas para obligar a un mayor control sobre la utilización de las guaridas fiscales por parte de grandes empresas y fortunas para eludir o evadir impuestos. Pero… con retraso, timidez y sin afectar a territorios afectos a su propia soberanía.

En todo caso, la cooperación internacional es imprescindible.

No es cierto que no se pueda hacer nada. Hay muchas propuestas perfectamente viables. Estas son algunas de ellas:

  • — Revisar la definición de paraísos fiscales y elaborar un nuevo listado efectivo de territorios. Aunque no tengan ámbito nacional.
  • — Puesta en marcha de un régimen fiscal multilateral que evite la competencia de estímulos fiscales entre Estados y que aborde la transparencia fiscal internacional, el intercambio automático de información y la lucha contra el fraude. Al menos dentro de la UE.
  • — Implantar el Impuesto a las transacciones financieras que penalice los flujos especulativos, especialmente los que se negocian desde estos refugios opacos.
  • — Obligar a las empresas y corporaciones a publicar sus inversiones, beneficios e impuestos pagados país por país.
  • — Registro público obligatorio de titulares reales y últimos de las empresas.
  • — Prohibición de sociedades ficticias y acciones al portador.
  • — Colaboración obligada de las grandes entidades de Banca Privada (titulares que operan en guaridas fiscales).
  • — Ligar acuerdos de libre comercio con convenios de intercambio de información.
  • — Penalizaciones a las empresas con fondos o filiales en esos territorios:
    • — en la obtención de contratos y concursos
    • — en beneficios fiscales
    • — en los movimientos con guaridas fiscales

Cabe destacar en esta dirección el movimiento por los Municipios libres de paraísos fiscales.

  • — Reforzar y priorizar la inspección.
  • — Proteger a los denunciantes y filtradores.
  • — Penas mayores que las actuales, y sin reducciones, a quienes utilicen las guaridas fiscales.
  • — Exigencia de responsabilidades a asesores e intermediarios financieros.
  • — Plazo ampliado para prescripción de delitos.
  • — …

Es imprescindible apuntar hacia la completa erradicación de las guaridas fiscales… a medio plazo. A corto plazo es imperativo acometer medidas que penalicen y desincentiven la utilización de estos territorios. Medidas enmarcadas en la lucha contra la evasión y el fraude, que son las lacras que es preciso extirpar.

No es un objetivo imposible. Depende de la voluntad política y de la capacidad de presión.

El castigo social y electoral ha de ser la medida más eficaz para conseguir superar la tibieza de las políticas aplicadas. Por ello, es necesario educar y sensibilizar a la ciudadanía en la gravedad de los delitos fiscales así como en la gravedad de los comportamientos cómplices, aunque solo sea por omisión.

Erradicar las guaridas fiscales es un primer paso. Y es responsabilidad colectiva: de los líderes políticos y los gobiernos, de los medios de comunicación y de los educadores, de los votantes y ciudadanos…

También de todas las organizaciones sociales que trabajamos por un mundo mejor y más justo.

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión del autor

[1] La plataforma por la Justicia Fiscal, es una alianza de organizaciones ciudadanas, sindicatos, movimientos sociales, ONG y otros actores de la sociedad civil, movilizadas para corregir las desigualdades del sistema impositivo y exigir medidas reales contra el perjuicio social de la evasión y la elusión fiscal y acabar con los llamados Paraísos Fiscales.

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión del autor

Publicado en eldiario.es

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Trumpxit, Brexit: el soberanismo neoliberal

Fri, 14/04/2017 - 09:00

Albert Recio Andreu - Consejo Científico de ATTAC España

I

Estados Unidos y Reino Unido (sus gobiernos de derechas) acaban de realizar un verdadero ejercicio de soberanía nacional. El primero, decretando el abandono unilateral de los compromisos de reducción de emisiones y las normas de cesión de datos entre empresas. El segundo, pidiendo oficialmente la salida de la Unión Europea. Se trata, en ambos casos, de decisiones que tienen un impacto evidente —y fundamentalmente negativo— para el funcionamiento de la economía mundial y, sobre todo, para el bienestar de millones de personas.

Si lo hacen es porque tienen poder en la esfera nacional y confían que los costes, al menos a corto plazo, recaerán sobre el resto del planeta. Porque —y esto es lo que me parece más relevante— confían en que, más allá del ruido mediático y algunas críticas mordaces (especialmente de políticos europeos), gran parte de las sanciones quedarán en poca cosa. En el caso de Estados Unidos esto parece obvio; las reglas que se salta no afectan al núcleo de las regulaciones económicas, ni existe mecanismo formal delimitado para castigarle por sus maldades. En el caso británico la cosa es más compleja, y seguramente el papel fundamental lo tendrá la City y su red de aliados en el sistema financiero internacional, que pueden actuar como lobby para que al final el Brexit se acabe convirtiendo en un acuerdo de libre comercio que deja fuera del control europeo cuestiones clave para la derecha británica (al fin y al cabo, Reino Unido ya gozaba de prerrogativas específicas en el seno de la UE, y había eludido la integración en el euro para proteger a su macrocéfalo sector financiero).

Es un ejercicio de soberanía sólo al alcance de naciones poderosas en el contexto internacional. Otra cosa es que sus decisiones pueden generar efectos imprevistos por sus autores y les puedan estallar en los morros. Pero, en todo caso, las posibilidades de implementar decisiones unilaterales están directamente correlacionadas con el poder de cada país en la esfera mundial.

II

La cuestión crucial es, a mí entender, la autonomía de los tratados económicos respecto a los aspectos sociales y ambientales de la propia actividad económica. El fundamento de este desacople, o la ideología que lo sustenta, se encuentra en la teoría clásica del comercio internacional que establece que la producción mundial se maximiza si se establece plena libertad de comercio entre territorios y cada país se especializa en aquella actividad en la que es, en términos relativos, más eficiente. Es cierto que la teoría se ha refinado y se pueden encontrar muchas versiones críticas, pero el sustrato de ideas de la vieja teoría sigue conformando las convicciones de la mayoría de economistas relevantes (los críticos hace años que han sido condenados al ostracismo o, como mucho, a jugar en una liga académica paralela).

El modelo de base funciona con supuestos realmente increíbles, como el de la competencia perfecta o la idea de que la especialización nacional está asociada a la existencia de dotaciones diferentes de factores productivos. Lo primero es simplemente una entelequia. Como mucho, un recurso heurístico para el trabajo teórico, que a pesar de su inadecuación para entender las economías reales sigue gozando de un enorme prestigio en la profesión. Sorprende, por ejemplo, que autores como Stiglitz —tras realizar críticas detalladas de aspectos concretos del funcionamiento de los mercados reales— acabe introduciendo coletillas en favor de restablecer la competencia perfecta. Lo segundo — que la especialización nacional está asociada a la existencia de dotaciones diferentes de factores productivos— podía justificarse en los albores del capitalismo, pero no en una era en la que la movilidad de personas y capitales permite alterar con relativa facilidad las “dotaciones” de los diferentes territorios.

La creencia en la bondad de la competencia perfecta y el terror por la intromisión que pueden realizar los agentes e instituciones extra-mercantiles (Estado, sindicatos o cualquier otro tipo de organización social) actúa como un cinturón de seguridad que aísla la esfera del intercambio comercial respecto a las políticas sociales y ambientales. O, en todo caso, actúa como gran mecanismo de legitimación de los intereses de los lobbys empresariales interesados en que nada interfiera en sus intereses crematísticos.

Hace años que los movimientos sociales desarrollan una lucha desigual en contra de esta política comercial y en favor de introducir otro tipo de controles a los movimientos económicos internacionales. No sólo en los tratados comerciales, sino en forma de otros muchos mecanismos reguladores. Esto es lo que precisamente tratan de atajar tratados como el TTIP o el CETA: pretenden garantizar la total autonomía de los intereses empresariales en la organización de la actividad económica. Y es evidente que sólo con una regulación a escala planetaria pueden abordarse adecuadamente cuestiones como la del cambio climático, la garantía de derechos sociales universales o la eliminación de los paraísos fiscales.

Pero, aunque no existiera tal regulación universal, se podría al menos esperar que los países afectados por decisiones de otros estados —como ocurre con la decisión de Trump de eliminar los controles de las emisiones— aplicaran medidas comerciales o de otro tipo frente a los países que rompen acuerdos y generan costes sociales al resto. Pero precisamente esto es lo que queda fuera del campo de posibilidades del marco económico actual, y facilita la impunidad de los países poderosos. Estadounidenses (y en menor medida británicos) han practicado un acto de soberanía porque saben que cuentan con una posición de poder y un marco institucional que puede minimizar, al menos a corto plazo, el coste de su acción. Es el tipo de soberanismo que permite un marco general neoliberal, un marco organizado a partir de dos jerarquías de poder, la del gran capital sobre el conjunto de la sociedad y el de las naciones poderosas sobre el resto.

III

En teoría, cualquier estado soberano puede aplicar las medidas que quiera. Esta es la convicción de las gentes de izquierda que claman por romper la Unión Europea. Creo que pierden de vista dos cuestiones básicas. O, al menos, las minimizan. La primera es que la capacidad de soberanía real no es lo mismo que su definición formal. La capacidad real depende de la posición de poder del propio país con respecto al entorno, de su posición, de cómo está configurado este entorno.

Las posibilidades para que un país salga relativamente ileso de una declaración de quiebra (es decir, de impago de la deuda), por ejemplo, dependen crucialmente de su capacidad de supervivencia autónoma frente a los acreedores, y no sólo del mayor arrojo de su gobierno. Y esto vale para cualquier cosa.  Defender la economía nacional es por tanto un ejercicio que debe combinar tanto el fortalecimiento de la propia estructura como un ejercicio de navegación compleja en el contexto de las relaciones internacionales. Sobre todo, cuando lo que se plantea es la posibilidad de autonomía real que pueden tener estados pequeños o medianos para definir su propia política exterior.

La segunda cuestión básica es más importante, a mi entender. Una buena parte de los principales problemas que nos afectan tienen una escala planetaria. Exigen cambios profundos en las regulaciones a nivel internacional y nacional. Dado la desigualdad de poderes a escala internacional, estos cambios serán difíciles de conseguir si no se fuerzan ciertas modificaciones en las naciones más poderosas. Y la única forma de conseguirlo es generando movimientos a escala planetaria que avancen en esta dirección.

No se trata del viejo internacionalismo de respeto a las políticas nacionales de partidos amigos, sino de generar una verdadera red internacional de lucha por cambiar las lógicas y los contenidos de las regulaciones supranacionales. Algo que, de hecho, ya están realizando muchos movimientos sociales, pero que se debe plantear también en el plano de la acción política. Y en este sentido es en el que me parece que el soberanismo democrático corre el peligro de ser más un freno que un acicate al cambio en la correlación de fuerzas a escala planetaria. Al Trumpxit habría que responderle con el boicot, no con el sálvese quien pueda.

mientras tanto

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Paro, empleo, redistribuir riqueza e impuestos

Fri, 14/04/2017 - 07:00

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

Juan no va de vacaciones desde hace tanto que ni recuerda. No puede pagárselas. A menudo se atrasa en pagar el alquiler y podría ser desahuciado, además de que su casa en invierno es una nevera desde hace tiempo. No le alcanza para el gas de calefacción. Además, se alimenta (es un decir) de pasta, arroz y huevos, porque la carne y el pescado sólo son un recuerdo. Hace tiempo vendió el coche por poco dinero chavos porque no podía mantenerlo y ni pensar en comprar un televisor para ver los partidos de fútbol.

Juan es un trabajador pobre. Un asalariado que tiene un empleo con contrato, pero cuyo reducido sueldo no le saca de la pobreza. Ni de lejos. Entre las personas en pobreza y exclusión, que son más de 13 millones en España, están quienes tienen un empleo o cobran una pensión, pero son pobres. Los trabajadores pobres en España son el 15% del total; unos tres millones y medio. Muchos para pretender que se ha superado la crisis. Juan, trabajador pobre, soporta una privación material severa. Pero no es la excepción, porque en la desarrollada Unión Europea, el 24% de la población vive en riesgo de pobreza y exclusión. Y no se rebaja la pobreza porque no se redistribuye la riqueza. Y no se redistribuye porque crece la desigualdad. España es el tercer país de la Unión Europea en desigualdad, tras Rumania y Bulgaria. Lo demuestra que poco más de cuatro millones de personas (10% más rico) se queda con la cuarta parte de riqueza del país. Pero somos más de 46 millones. Eso es desigualdad.

Para combatirla, el medio es una fiscalidad justa, progresiva y suficiente. Un sistema cabal de impuestos donde todos y cada uno paguen en función de lo que ganan y tienen. Pero ocurre al revés: quienes más ganan y atesoran cada vez pagan menos. Pero aún no pagando lo que debieran, recurren a trampas, indecencias y trucos para pagar todavía menos. Eso explica que los veinte mayores bancos de Europa (como Santander y BBVA) desvíen el 26% de sus beneficios a cuentas o depósitos en paraísos fiscales. Lo que les proporciona 25.000 millones de euros… de impuestos no pagados. Así lo expone un informe de Oxfam Intermón y Fair Finance Guide International.

También la banca española tiene filiales y sucursales en paraísos fiscales. De hecho, 24 de las 25 grandes empresas españolas tienen delegación, filial o tratos con paraísos fiscales. Pero no sólo los grandes bancos se pasan por el arco de triunfo la exigible solidaridad fiscal para pagar menos impuestos o no pagar. También quienes no son tan grandes y, sobre todo, las grandes empresas y corporaciones multinacionales. En realidad, 9 de cada 10 mayores empresas globales tienen filiales o delegaciones en paraísos fiscales. Además de capital oculto y beneficios encubiertos de grandes empresas y corporaciones.

En los paraísos fiscales también se esconden 9 billones de dólares de fortunas individuales, protegidos por el implacable secreto bancario que perpetran esos paraísos como dogma de fe. Por cierto, ese dinero oculto de los ricos es más que la suma del PIB de Reino Unido y Alemania. Lo peor es que esa ocultación supone que los Estados dejan de cobrar 190.000 millones de dólares anuales de impuestos como debiera ser. Y eso genera más injusticia, más desigualdad y más pobreza.

Además de evasión de impuestos pura y dura, cada vez hay más elusión fiscal. Aprovechar agujeros y debilidades de leyes tributarias para que quienes más tienen y obtienen paguen menos, asesorados por carísimos contables, ayudados por honorables intermediarios y amorales abogados.

La ecuación es diáfana. Para acabar con la pobreza y los sufrimientos que genera en la gente hay que enfrentarse a la desigualdad. Para acabar con la desigualdad, se necesita una fiscalidad justa, progresiva y suficiente. Y no puede haber fiscalidad justa, progresiva y suficiente sin acabar con los paraísos fiscales. Pero de verdad, no como la OCDE y la Comisión Europea que no se enfrentan a los paraísos en serio ni lo pretenden.

La lucha contra los paraísos fiscales, las empresas-pantalla y los acuerdos de baja tributación entre gobiernos y multinacionales es la lucha contra la desigualdad y la pobreza.

Periodista

Twitter: @xcanotamayo

Publicado en CCS, Centro de Colaboraciones Solidarias

¡Por razones!

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Paro, empleo, redistribuir riqueza e impuestos

Fri, 14/04/2017 - 07:00

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

Juan no va de vacaciones desde hace tanto que ni recuerda. No puede pagárselas. A menudo se atrasa en pagar el alquiler y podría ser desahuciado, además de que su casa en invierno es una nevera desde hace tiempo. No le alcanza para el gas de calefacción. Además, se alimenta (es un decir) de pasta, arroz y huevos, porque la carne y el pescado sólo son un recuerdo. Hace tiempo vendió el coche por poco dinero chavos porque no podía mantenerlo y ni pensar en comprar un televisor para ver los partidos de fútbol.

Juan es un trabajador pobre. Un asalariado que tiene un empleo con contrato, pero cuyo reducido sueldo no le saca de la pobreza. Ni de lejos. Entre las personas en pobreza y exclusión, que son más de 13 millones en España, están quienes tienen un empleo o cobran una pensión, pero son pobres. Los trabajadores pobres en España son el 15% del total; unos tres millones y medio. Muchos para pretender que se ha superado la crisis. Juan, trabajador pobre, soporta una privación material severa. Pero no es la excepción, porque en la desarrollada Unión Europea, el 24% de la población vive en riesgo de pobreza y exclusión. Y no se rebaja la pobreza porque no se redistribuye la riqueza. Y no se redistribuye porque crece la desigualdad. España es el tercer país de la Unión Europea en desigualdad, tras Rumania y Bulgaria. Lo demuestra que poco más de cuatro millones de personas (10% más rico) se queda con la cuarta parte de riqueza del país. Pero somos más de 46 millones. Eso es desigualdad.

Para combatirla, el medio es una fiscalidad justa, progresiva y suficiente. Un sistema cabal de impuestos donde todos y cada uno paguen en función de lo que ganan y tienen. Pero ocurre al revés: quienes más ganan y atesoran cada vez pagan menos. Pero aún no pagando lo que debieran, recurren a trampas, indecencias y trucos para pagar todavía menos. Eso explica que los veinte mayores bancos de Europa (como Santander y BBVA) desvíen el 26% de sus beneficios a cuentas o depósitos en paraísos fiscales. Lo que les proporciona 25.000 millones de euros… de impuestos no pagados. Así lo expone un informe de Oxfam Intermón y Fair Finance Guide International.

También la banca española tiene filiales y sucursales en paraísos fiscales. De hecho, 24 de las 25 grandes empresas españolas tienen delegación, filial o tratos con paraísos fiscales. Pero no sólo los grandes bancos se pasan por el arco de triunfo la exigible solidaridad fiscal para pagar menos impuestos o no pagar. También quienes no son tan grandes y, sobre todo, las grandes empresas y corporaciones multinacionales. En realidad, 9 de cada 10 mayores empresas globales tienen filiales o delegaciones en paraísos fiscales. Además de capital oculto y beneficios encubiertos de grandes empresas y corporaciones.

En los paraísos fiscales también se esconden 9 billones de dólares de fortunas individuales, protegidos por el implacable secreto bancario que perpetran esos paraísos como dogma de fe. Por cierto, ese dinero oculto de los ricos es más que la suma del PIB de Reino Unido y Alemania. Lo peor es que esa ocultación supone que los Estados dejan de cobrar 190.000 millones de dólares anuales de impuestos como debiera ser. Y eso genera más injusticia, más desigualdad y más pobreza.

Además de evasión de impuestos pura y dura, cada vez hay más elusión fiscal. Aprovechar agujeros y debilidades de leyes tributarias para que quienes más tienen y obtienen paguen menos, asesorados por carísimos contables, ayudados por honorables intermediarios y amorales abogados.

La ecuación es diáfana. Para acabar con la pobreza y los sufrimientos que genera en la gente hay que enfrentarse a la desigualdad. Para acabar con la desigualdad, se necesita una fiscalidad justa, progresiva y suficiente. Y no puede haber fiscalidad justa, progresiva y suficiente sin acabar con los paraísos fiscales. Pero de verdad, no como la OCDE y la Comisión Europea que no se enfrentan a los paraísos en serio ni lo pretenden.

La lucha contra los paraísos fiscales, las empresas-pantalla y los acuerdos de baja tributación entre gobiernos y multinacionales es la lucha contra la desigualdad y la pobreza.

Periodista

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El cambiazo presupuestario

Thu, 13/04/2017 - 09:00

Albino Prada – Comisión JUFFIGLO de ATTAC España

A nada que uno repare en las cifras de ingresos públicos previstas por el Gobierno para los Presupuestos de este año 2017 observará que rondan exactamente los 200.000 millones de euros, justo la misma cifra que hace diez años. Esto quiere decir que, como la riqueza producida en España en este ejercicio será superior a la del 2007, los ingresos públicos como parte de la riqueza se han reducido (de un 18,5 a un 17,6 % del PIB). Somos más ricos que hace diez años, pero recaudamos lo mismo.

Siendo este un problema no menor, cuando arrastramos un déficit público crónico y mientras nos afanamos en recortar los gastos públicos básicos, aún más importante me parece el cambiazo presupuestario que queda patente en esas cifras del Gobierno. Pues esos 200.000 millones se recaudan por vías muy diferentes ahora que hace diez años.

Los impuestos indirectos sobre el consumo, que no recaudan con más intensidad de quien es más rico (IVA e impuestos especiales), han pasado de aportar 39 euros de cada cien a contribuir con casi 46. Mientras que los impuestos directos, que recaudan con más intensidad de los más ricos, han caído de casi 60 euros de cada cien a apenas 53.

Más claro, agua: la mayoría aportamos cada vez más en impuestos indirectos, mientras una minoría más rica es la que, sobre todo, se beneficia de la caída de los directos.

La guinda la pone, dentro de estos impuestos directos, el de sociedades. Porque cuando sabemos que los ingresos y beneficios de las empresas españolas vuelven a estar en máximos históricos, también conocemos que estas, que hace diez años aportaban más de 22 euros de cada cien recaudados por Hacienda, ahora solo aportan 12.

Una involución fiscal en toda regla, pues a la perdida convergencia en ingresos sobre el PIB con los países de nuestro entorno se añade una creciente regresividad del modelo fiscal. Una involución que, por un lado, nos impide atajar el déficit público, si no es a costa del deterioro de las prestaciones sociales básicas, y por otro agrava nuestra galopante desigualdad social.

Publicado en La Voz de Galicia

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