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Justicia económica global
Updated: 5 hours 36 min ago

Las migraciones que vienen

Fri, 06/01/2017 - 09:00

Enrique Seijas Saavedra – ATTAC Acordem

migracionesPara cualquier persona medianamente informada, resulta evidente que los países desarrollados no han sabido encontrar una solución aceptable a los problemas que plantean las migraciones forzadas por las contradicciones del capitalismo global y del modelo de desarrollo que ha impuesto.

Hasta ahora, los factores que más han influido en las migraciones masivas, han sido las guerras neocoloniales promovidas por los grandes conglomerados industriales y  financieros y por los intereses geoestratégicos de las grandes potencias, y  la desigual distribución de la riqueza, que está impidiendo atender a las necesidades básicas de un tercio de la población mundial. Si repasamos los conflictos bélicos del siglo XXI, comprobamos que se trata de un fenómeno global. En África nos encontramos con conflictos en Argelia, Libia, Chad, Etiopia, Nigeria, Republica Centro Africana, República Democrática del Congo, Somalia, Sudán, Uganda y Yemen.  En Asia, Siria, Pakistán, Afganistán, Filipinas, Cachemira, Nyammar, Israel y Palestina. En América Latina, Colombia. En Europa, Chechenia, Daguestan, Ingushetia y Ucrania.

Pero las políticas neocoloniales, no solo han generado conflictos armados, sino que también han contribuido a desestructurar las sociedades en las que han intervenido, dando lugar a conflictos civiles y a estados fallidos como Afganistán, Yemen, Libia o Somalia que, al generar violencia e inseguridad en su interior, han forzado la salida de sus territorios de amplias capas de población. Las hambrunas más dramáticas de la historia reciente, han sido las padecidas por Etiopia en 1970, que dejó más de trescientos mil muertos y la de 1980 que dejó más de un millón de muertos, pero aparte de casos tan extremos como estos, la desigual distribución de la riqueza, está detrás de las emigraciones constantes de las poblaciones de África hacia Europa y de las poblaciones de Centro América hacia EEUU y Canadá, migraciones que han desplazado a millones de personas en las últimas décadas.

Todos los países desarrollados del mundo, cuando no han necesitado nueva mano de obra, han implementado políticas antiinmigración, en un intento que el futuro revelará inútil, ya que en ningún caso se ha intentado detener el desarrollo de los factores causantes arriba citados.  Australia y Nueva Zelanda no aceptan la entrada en sus territorios de las poblaciones afectadas por el cambio climático en las islas del Pacífico Sur, EEUU sigue empeñado en ponerle puertas al campo vallando la frontera con México, la Unión Europea utiliza a Turquía como campo de concentración fronterizo para contener la oleada migratoria procedente de Siria y otros países de la zona.

Desde ningún espacio político se está analizando seriamente el fenómeno migratorio y cuál será su desarrollo en el futuro. A este respecto, me parece necesario plantearse la posibilidad de un futuro distópico, en el que gran parte de la población mundial se vea condenada a un nuevo nomadismo.

Dos factores me parecen especialmente importantes: El cambio tecnológico y el cambio climático.

El cambio tecnológico se está produciendo aceleradamente en las empresas dedicadas a la producción de bienes, mediante la automatización, la robotización y la informatización de los procesos fabriles, lo que repercute directamente sobre el número de trabajadores necesarios en la industria. Pero la reducción del trabajo necesario, también se produce en los servicios, como podemos comprobar por la automatización de los call center, de los que han desaparecidos los interlocutores humanos sustituidos por máquinas parlantes, maquinas de vending o dispensadores de billetes de transporte, por ejemplo, a lo que seguirá sin tardar demasiado, la desaparición de las cajeras de supermercados o los empleados de banca entre otros empleos similares.

El cambio tecnológico en el sector industrial, reducirá la ventaja competitiva de aquellos países que basan su desarrollo en el bajo coste de la mano de obra, lo que unido a los precios del transporte y las políticas que, en el futuro, se puedan implementar para reducir la contaminación, va a favorecer la repatriación de la industria hacia los países de origen, en los que se realiza la mayor parte del consumo. Si este cambio se produce, el paro en los países afectados será masivo y, dado su nivel de desarrollo, no podrán implementar políticas para paliar sus efectos, por lo que es lógico suponer que una parte importante de su población se verá obligada a emigrar.

El cambio climático, si las previsiones actuales se cumplen, afectará a grandes zonas del mundo, actuando también como un factor impulsor de los movimientos migratorios.  Actualmente, diez archipiélagos están en riesgo de sumergirse bajo las aguas: Kiribati, Islas Maldivas, Vana tú, Islas Salomón, Samoa, Nauru, Islas Fiyi y las Islas Marshall, con una superficie total de más de 4,8 millones de kilómetros cuadrados y una población total 2,5 millones de habitantes.  Pero, además, el aumento del nivel del mar, ya esta salinizando los deltas de los grandes ríos de Asia, donde viven millones de personas, (Shanghái es un ejemplo, con 23 millones de personas) y amenazando la supervivencia de ciudades como Venecia, en Italia, Barisal (Bangladesh), en el delta del río Ganges o Miami, en EEUU, además de suponer un grave riesgo para otras, como Buenos Aires, Rio, Montevideo, Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, Tokio, Hong Kong o Manila.  El cambio climático, tendrá consecuencias también en grandes zonas de África y Suramérica, donde las olas de calor y las inundaciones catastróficas ya están afectado a la disponibilidad de agua dulce, reduciendo las cosechas y aumentando las superficies desforestadas.

Como consecuencia de todo ello, no es aventurado suponer que las actuales migraciones más o menos coyunturales, se transformaran en un fenómeno permanente, que afectará a la soberanía y a la estructura de los Estados actuales y a las relaciones interculturales, con consecuencias que no son difíciles de prever.  El futuro no está escrito, nada es inevitable, pero en este momento no se aprecian señales de que desde la política y, mucho menos, desde la economía, se estén tomando medidas para corregir el rumbo.

Tendrá que ser desde fuera de las instituciones actuales, desde donde se empiece a elaborar una alternativa que contemple el mundo como un todo y desde donde se ofrezcan formas alternativas de construir lo común, que tengan en cuenta las relaciones de clase y los límites que necesariamente habrá que imponer a la propiedad privada.

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Es oficial: el neoliberalismo existe

Fri, 06/01/2017 - 07:00

Andy Robinson - ctxt

Este puede ser el día en el que los historiadores económicos del futuro coincidan en señalar como el principio del fin de algo que ha provocado sufrimiento y dolor masivos y pingües beneficios mucho menos masivos. Una ideología que ha transformado el mundo como el blitzkrieg que transformó Europa pero cuyo nombre se tenía que evitar en los medios de consumo masivo quizás porque reconocer su existencia era demasiado peligroso para quienes se beneficiaban de ella. Durante años, décadas, los periodistas, incluso los que leíamos a David Harvey en el cuarto de baño de la redacción, jamás podíamos llamarlo por su nombre, a no ser que quisiéramos ser tachados de bolivarianos, o loony lefties, hasta por los socialdemócratas mas entrañables.

Pero hoy es el día de la liberación. Por fin, hasta el Wall Street Journal o el Financial Times pueden hablar claro. Porque el Fondo Monetario Internacional acaba de decir la palabra tabú en un nuevo informe, firmado por Jonathan Ostry, Prakash Loungani y Davide Furceri. Es el volumen 53, número 2, de la sección de Finanzas y desarrollo de la voluminosa obra técnica del FMI. El título del paper: Neoliberalism: oversold? Que viene a significar “El neoliberalismo: ¿una idea vendida con celo excesivo?” Es decir, que ya es oficial. El neoliberalismo existe. O al menos, existió.

Que el FMI —el vendedor más empecinado de esta ideología ahora sobrevendida— utilice la palabra neoliberalismo en un análisis de las tendencias económicas de las últimas décadas es un acontecimiento muy significativo. Es un poco como aquel libro de Paul Preston que causó sensación porque llamó al franquismo, fascismo. Jamás había ocurrido en los textos respetables de las ciencias económicas y menos en los informes de los tecnócratas del FMI.

El nuevo informe empieza con una definición y una historia. Sitúa el inicio del neoliberalismo con aquella farsa del “milagro económico” que Milton Friedman utilizó en 1982 para describir las políticas de Augusto Pinochet tras el sanguinario golpe de Estado chileno de 1973. El neoliberalismo “tiene dos facetas”, explica el FMI: “Por un lado, la desregulación, la privatización y la apertura de mercados incluyendo los mercados financieros”. Y por otro lado, “un papel mucho menor para el Estado, con privatizaciones y restricciones sobre las políticas de gasto fiscal”.

Cabe recordar que para el FMI en los ochenta, noventa y 2000, esto no era una descripción del neoliberalismo sino de la inapelable realidad científica de cómo gestionar una economía. Ahora, el fondo reconoce que se ha “vendido de más”. “Las ventajas de la agenda neoliberal han sido somewhat overplayed”, dicen. Somewhat overplayed (algo exageradas). Será una frase para los libros de texto de las clases de la historia del siglo XX.

No es una rendición total. Los expertos del fondo mantienen una defensa de algunos elementos de la agenda neoliberal, la expansión del comercio mundial, inversiones directas extranjeras… (aunque, las nuevas tendencias políticas, léase Donald Trump, pueden estar a punto de enterrar hasta estos elementos del  neoliberalismo). Insisten en que la privatización ha mejorado la competitividad de las empresas exestatales (aunque otros técnicos del FMI han resaltado el “ilusionismo fiscal” de quienes, como el nuevo Gobierno brasileño, venden activos públicos con el supuesto fin de reducir el déficit fiscal (pan para hoy, hambre para mañana, según la frase de Josep Borrell).

El revisionismo sísmico del FMI se centra más en otros componentes del neoliberalismo: la austeridad fiscal y la apertura financiera. Estas dos políticas —defendidas en su día por Bill y Hillary Clinton, Felipe González y Tony Blair— no han tenido los efectos positivos sobre el crecimiento que se preveía. La tesis de la austeridad expansionaria defendida por Jean-Claude Trichet o Alberto Alesina no cuadra con la experiencia de que “la consolidación fiscal normalmente es seguida de caídas del PIB”. Al mismo tiempo, defiende los controles de capitales para contrarrestar el impacto de entradas y fugas de capitales en un mundo esclavizado por los poderosos mercados financieros globalizados y desregulados por los neoliberales.

Es más, el neoliberalismo ha elevado los niveles de desigualdad hasta un punto en el cual está perjudicando no solo el crecimiento sino el paradigma ya no neoliberal sino liberal a secas. “Necesitamos una perspectiva más matizada de lo que la agenda neoliberal puede lograr”, concluyen. “La agenda neoliberal es una etiqueta utilizada más por sus críticas que por los arquitectos de esas políticas”, añade sin mencionar que el Norman Foster del neoliberalismo era el mismísimo FMI.

La incorporación de la palabra “neoliberal” al vocabulario del mainstream es parte de una tendencia general que viene produciéndose desde la mega crisis de 2008 y 2009. Primero, se rehabilitaron otros términos anteriormente tabú como el keynesianismo, las políticas de redistribución, la desigualdad, la regulación financiera, la reflación, la evasión fiscal (antes este último término solía ser sustituido por estrategias de optimización tributaria global). Pero lo que representa ese informe es una bomba. Es como si Evo Morales de repente llegase a la calle H con la 17 en Washington para dar una conferencia sobre cómo diseñar un programa de ajuste. (Qué triste que la izquierda latinoamericana no podrá celebrar su victoria definitiva contra el FMI).

Al usar el término que había sido propiedad intelectual de New Left Review y Granta, el FMI está reconociendo que esas recetas no son las únicas viables. Y como suele ocurrir cuando un término tabú se convierte en uno aceptable en las conversaciones de gente poderosa y responsable, probablemente significa que la ideología que ha condicionado en mayor o menor medida casi todas las políticas adoptadas desde finales de los años setenta ya está en su última fase. Es como aquel día que anunciaron en Londres que Jimmy Savile, el presentador de Jim’ll fix it y otros programas familiares de la BBC de los años setenta, era pederasta y violador. Sólo se podían usar esas palabras cuando Savile ya estaba bajo tierra.

Por supuesto, el FMI no ha enterrado el paradigma neoliberal del todo y, más allá de las reflexiones de sus economistas, sigue forzando a gobiernos en muchas países a implementar las recetas del neoliberalismo overplayed y oversold. Pero como las enfermedades mentales, a veces reconocer la existencia es el primer paso hacia la curación. El FMI destaca que las políticas de desregulación, privatización, un estado menguante en lo económico (aunque no en lo militar o policial) y la apertura económica en una economía globalizada se han ido extendiendo desde aquellos días cuando los Chicago boys tapaban los oídos para no oír chillar a los que les arrancaban las uñas. “El modelo ha sido emulado en todo el mundo”, destaca junto a un gráfico que muestra la convergencia de todos los países hacia un conjunto de políticas del neoliberalismo oversold. España se destaca en el cuadro como uno de los alumnos estrella.

Licenciado por la London School of Economics en Ciencias Económicas y Sociología y en Periodismo por El País UAM. Fue corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Nueva York y hoy ejerce como enviado especial para este periódico. Su último libro es ‘Off the Road. Miedo, asco y esperanza en América’ (Editorial Ariel, 2016).

 

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La gran crisis de las pensiones privadas

Thu, 05/01/2017 - 09:00

Pere Rusiñol - eldiario.es

La rentabilidad de los fondos de pensiones ha caído en picado.

La rentabilidad de los fondos de pensiones ha caído en picado.

Los lobistas de las pensiones privadas llevan toda una vida augurando la inminente crisis del modelo público. Y ahora que la hucha de las pensiones está bajo mínimos, resulta que lo que amenaza de verdad con estallar son los sistemas privados. Y en todo el mundo.

El modelo público español es de reparto: los trabajadores de hoy pagan las pensiones de los jubilados de hoy. La mayoría de sistemas privados, en cambio, tienen un modelo de capitalización: cada trabajador va poniendo dinero en una hucha propia, que será su futura pensión.

Hace años que los economistas críticos advierten de que los peligros que acechan a los modelos públicos por el envejecimiento de las sociedades afectan igual a los modelos de capitalización, que tienen compromisos de pago inasumibles. El mayor fondo estadounidense —el de los funcionarios de California, Calpers— es un buen ejemplo. Según The Wall Street Journal, el fondo tiene hoy un gran agujero: sólo cuenta con activos para abordar el 68% de los compromisos adquiridos. Y la situación empeorará pronto, puesto que ahora gasta en las pensiones el 20% de lo que ingresa, pero el envejecimiento de sus clientes le obligará a duplicar los pagos en apenas cinco años.

Símbolos en la picota

El primer fondo europeo — el holandés ABP— está en una situación parecida: su agujero es del 10% y va empeorando con rapidez, puesto que hoy sólo el 40% de sus clientes aportan ingresos y el resto cobra pensión. Hace una década que sus pensiones están congeladas y el debate es ya reducirlas.

En Chile —el gran símbolo del modelo privado, impuesto por Augusto Pinochet— la situación es tan mala que el pasado verano hubo  manifestaciones masivas exigiendo cambios. La pensión media apenas supone el 34% del último salario percibido.

Además del envejecimiento, los modelos privados tienen otros dos problemas adicionales: las elevadas comisiones que cobran los gestores bancarios de los planes y que están completamente expuestos a los vaivenes de los mercados financieros: los ahorros de toda una vida pueden esfumarse ante una mala inversión.

La situación provocada por los bajos tipos de interés ha añadido nubarrones: ahora es mucho más difícil conseguir rentabilidades que permitan afrontar el pago de cada vez más pensiones. Las cifras que aporta el  último informe de la OCDE sobre el mercado de pensiones, de julio pasado con datos de 2015, son impresionantes: la rentabilidad neta (tras descontar la inflación) a diez años de los fondos de pensiones se ha desplomado en un santiamén y en todos los países: en Dinamarca ha pasado del 16,6% de 2014 al 0,8% en 2015; en Holanda, del 15,1% al 0,6%, y en varios países los últimos datos agregados son incluso negativos: en Polonia (-6,1%), Turquía (-5,9%) y hasta EE UU (-1,1%).

En España, la rentabilidad ha pasado del 8% al 2%, la sexta peor caída entre los 35 países de la OCDE. Pero según sucesivos estudios de Pablo Fernández, el profesor del IESE que más ha analizado los fondos españoles, las comisiones aquí suelen rondar precisamente el 2%, con lo que se comerían esta exigua rentabilidad. El profesor divulga cada año un informe y el último, con datos de 2015, fue tan deprimente como de costumbre: entre los 322 fondos con más de 15 años de historia, apenas dos lograron una rentabilidad superior a la evolución del Ibex 35, y sólo uno superó la de los bonos del Estado, mientras que hasta 47 tuvieron una rentabilidad promedio negativa.

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El envejecimiento no hace al Estado del bienestar insostenible

Thu, 05/01/2017 - 07:00

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

Este artículo señala como, tanto en el caso de la sanidad como de las pensiones, se está atribuyendo al envejecimiento de la población la imposibilidad de sostener la sanidad y las pensiones públicas. En el artículo se hace referencia a la evidencia que cuestiona dicha tesis.

Uno de los argumentos utilizados con mayor frecuencia por aquellos autores que señalan que el Estado del Bienestar no es sostenible es subrayar que el envejecimiento de la población hará crecer el gasto público social (en sanidad, por ejemplo) a niveles insostenibles. A primera vista, parecería lógico asumir que a mayor número de ancianos y a mayor esperanza de vida, mayor será el gasto sanitario público, pues se asume que los ancianos consumen más y más recursos sanitarios, muchos más que los otros grupos etarios. Y de esta lectura de la realidad se concluye que en el futuro será imposible sostener el Estado del Bienestar.

Seguro que usted, lector, habrá escuchado o leído estos argumentos miles de veces. Los datos, sin embargo, reflejan una realidad mucho más compleja que la asumida en este argumento. Veamos los datos y vayamos por partes, centrándonos en aquella parte del argumento que asume que el alargamiento de la esperanza de vida (es decir, del número de años de promedio que una persona vivirá) creará un grave problema económico. Y lo primero que hay que aclarar es que, por regla general, se asume erróneamente que si la esperanza de vida promedio de un país ha subido, por ejemplo, cuatro años, ello quiere decir que los ancianos viven cuatro años más. Ello no es cierto. La esperanza de vida de un país puede haberse alargado cuatro años y, sin embargo, la de los ancianos puede haber aumentado solo un año. Debido a este error, se están exagerando los años extra de vida que los ancianos experimentan hoy.

De nuevo, veamos los datos. Si España tuviera dos ciudadanos, uno, Pepito, que moriría poco después de nacer (edad 0) y otro, la Sra. García, que viviría 80 años, el promedio de la esperanza de vida de España sería (0+80) / 2 = 40. En otro país vecino, con también solo dos ciudadanos, uno, Juanito, que vive hasta los 20 años, y el otro, la Sra. Rodríguez, que vive, como la Sra. García, hasta los 80 años, la esperanza de vida sería (20+80) / 2 = 50 años, es decir, diez años más que en España. Pero ello no quiere decir que la Sra. Rodríguez viva diez años más que la Sra. García, sino que Juanito vive 20 años más que Pepito. Este es un grave error que constantemente se hace, y que explica que se esté exagerando el número de años de más que los ancianos viven. En realidad, lo que ha ocurrido en Europa y en España durante estos últimos cincuenta años ha sido la gran reducción de la mortalidad infantil y de la mortalidad entre los jóvenes.

Por extraño que parezca, mayor número de ancianos no quiere decir mucho más consumo sanitario

El otro gran error que constantemente se hace es asumir que al haber más personas que llegan a ser ancianas (como resultado de que hay mayor supervivencia entre los jóvenes) ello va a determinar que haya un número mayor de ancianos, y con ello un mayor consumo en el sector sanitario, asumiendo que los ancianos consumen más servicios sanitarios que el resto de la población. Pero, de nuevo, se está exagerando este aumento del consumo, pues es incorrecto asumir una relación directa entre más años de vida o más ancianos, por un lado, y un mayor consumo sanitario, por el otro, puesto que tal consumo no depende de la edad, sino del estado de salud de la persona. Y la evidencia existente no muestra que haya un número mucho mayor de enfermedades (o mayor gravedad en las existentes) entre la mayoría de ancianos (personas por encima de los 65 años) que entre los otros grupos de edad. Esta afirmación sorprenderá a muchísimas personas, pues la percepción general es que los ancianos tienen un número mucho mayor de enfermedades que el resto de la población. Lo que en realidad ocurre es que los ancianos de hoy están en mucho mejor estado de salud que los ancianos de generaciones anteriores, y lo que estamos viendo es que, con la edad, se retrasa el momento de mayor consumo sanitario, que suele producirse en el periodo último de la vida, periodo que se ha ido retrasando a medida que la longevidad ha ido aumentando. No es, pues, que haya mucho mayor consumo con el envejecimiento, sino que hay un retraso en el inicio del gran consumo sanitario, y este retraso se incrementa cada vez más debido al mejoramiento de la salud de la población, que permite que se llegue a la tercera edad con una situación mucho más saludable.

Lo que importa, pues, no son los años de vida de más, sino los años de vida saludable sobre el total de vida de la persona. Y este porcentaje ha ido aumentando notablemente a lo largo de los últimos cincuenta años. Este es el dato clave que no es citado por los catastrofistas que dominan el discurso oficial del país.

Las pensiones son también sostenibles

Otra área donde también se exagera el “peligro” que el envejecimiento supone para la sostenibilidad del Estado del Bienestar es en el área de las pensiones. La sostenibilidad de las pensiones, sin embargo, no depende de la estructura demográfica de un país, sino de la voluntad política de dicho país. Los países son cada vez más ricos como consecuencia del incremento de su PIB, y ello en parte debido al crecimiento de la productividad. Es este crecimiento de la productividad lo que explica que hoy el 5% de la población que trabaja en el campo produzca más alimentos que hace 50 años, cuando el porcentaje de trabajadores agrícolas era de casi un 30%. Decir hace 50 años que la gente se moriría de hambre porque el número de trabajadores en el campo iba bajando es tan absurdo como decir que las pensiones no son sostenibles hoy porque el número de trabajadores por pensionista ha ido bajando durante los últimos 50 años. Hoy un trabajador produce muchas más veces los bienes y servicios que la población consume que hace 50 años, y por lo tanto aporta a la riqueza del Estado mucho más que en el pasado.

En aquellos países donde las pensiones se financian a costa de contribuciones del mercado de trabajo, su sostenibilidad depende no de la evolución demográfica (como, de nuevo, los catastrofistas señalan constantemente), sino de la evolución del mercado de trabajo. De ahí que el gran deterioro que ha ocurrido en el mercado de trabajo, como consecuencia de las reformas laborales neoliberales altamente regresivas que se han impuesto en este país, haya tenido como resultado una reducción de ingresos para las pensiones públicas. Y ahí está la raíz del problema. Ahora bien, España no tiene falta de gente joven. En realidad, hoy España la exporta debido a la falta de trabajo. Pero hay otras maneras de financiar las pensiones. Hay países, como Dinamarca, en los que se financian con los impuestos generales del Estado. Y es difícil de sostener que los países no podrán pagar las pensiones. Decía el mal llamado “Comité de Expertos sobre las pensiones” (la mayoría ligado al capital financiero que sueña con meterle mano a las pensiones públicas) nombrado por el Sr. Rajoy que las pensiones no eran sostenibles porque la esperanza de vida había subido diez años desde el inicio del siglo XX, ignorando que el PIB había aumentado nada menos que veinticuatro veces desde entonces. Que las pensiones puedan pagarse o no depende primordialmente de la voluntad política del país. Y las pensiones públicas son los programas de aseguramiento más populares que existen en cualquier país, mucho más que otros programas de aseguramiento, ya sean públicos o privados.

En cuanto a su privatización como medida aconsejable para garantizar su solvencia, me parece un argumento de una enorme frivolidad. El desastre de la privatización de la Seguridad Social chilena, promovida por los economistas neoliberales, como el Sr. Sala i Martín, ha sido la mejor prueba de su gran ineficacia. Pero esto es materia para otro artículo.

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Publicado en Público.es
vnavarro.org

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El caso Lagarde muestra la enorme corrupción de la política profesional

Wed, 04/01/2017 - 09:00

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

La directora del FMI, Christine Lagarde, ha sido hallada culpable de “negligencia” cuando era ministra de economía del gobierno francés con Sarkozy como Presidente. El dictamen es del Tribunal de Justicia de la República de Francia, corte especial para juzgar delitos de políticos y ex-políticos. Sorprendentemente ese tribunal ha dispensado a Lagarde de cumplir pena alguna. A pesar de que el delito reconocido supone cumplir hasta un año de prisión y 15.000 euros de multa. El delito reconocido de negligencia (en realidad es prevaricación) se perpetró en la demanda del empresario Bernard Tapie (amigo de Sarkozy) al Estado francés por la confiscación gubernamental y venta de la marca Adidas. Lagarde aceptó la multimillonaria indemnización de 400 millones de euros a Tapie que dictaminó una comisión de arbitraje y no apeló. Aunque, como consta en el veredicto, los asesores de Lagarde le aconsejaron recurrir. Si lo hubiera hecho, la indemnización probablemente hubiera sido menor.

¿Qué razones adujo ese Tribunal especial para no imponer condena alguna a Lagarde? La “personalidad” y la “reputación internacional” de la juzgada. ¡Increíble! Para completar el despropósito, el FMI comunicó públicamente que renueva totalmente su confianza en Lagarde, a pesar de su condena (sin castigo) en Francia. Algo huele a podrido.

¿Qué sucedería si algunos famosísimos futbolistas (que han defraudado a Hacienda) recurren las sentencias o multas argumentando que también tienen “reputación internacional”? En serio, esa sentencia deja con el culo al aire no ya un doble rasero de la justicia sino la profunda corrupción de la democracia representativa. ¿Alguien duda de que la ley no sea igual para todos? No descubro América, pero es higiénico ser conscientes de esa innegable verdad, así como del lodazal en el que las minorías de poder, las élites, la clase dominante que diría Marx, han convertido el sistema democrático representativo que, desde hace décadas, ya es una plutocracia. El gobierno de los ricos. Trump ha sido elegido tras gastar una fortuna en la campaña electoral. Como tantos presidentes antes que él. Lagarde, Trump, los presidentes de Estados Unidos y muchos jerarcas de otros países tienen en común que todos tienen muchísimo dinero.

Continuando con el caso Lagarde y la postura del FMI, como en economía y política no hay casualidades, conviene recordar que la ONU, en una de sus conferencias para la prevención del crimen, celebrada en El Cairo, denunció que “la penetración de las mafias en la economía ha sido facilitada por los programas de ajuste estructural (léase recortes sociales y rebajas salariales) que los países endeudados se han visto obligados a aceptar para poder recibir préstamos del Fondo Monetario Internacional”. A la postre, la economía mafiosa criminal está íntimamente ligada a la legal a través de la enorme industria del blanqueo de dinero sucio y negro. Según la ONU, la abundante actividad financiera especulativa del crimen organizado ha contribuido innegablemente a la aparición de crisis financieras y económicas en las últimas décadas.

El mecanismo es conocido. FMI, y Banco Mundial, entre otras entidades internacionales, imponen una austeridad implacable a los países en crisis. Las medidas provocan el cierre de empresas, recortes masivos de plantillas y desempleo en aumento. Y crece la economía sumergida, campo abonado para la economía criminal, cuyos beneficios vuelve a blanquear especulando en bolsas, mercados de capitales y banca en la sombra. Hasta la próxima crisis.

El emperramiento capitalista neoliberal se explica por talantes como los retratados por John Huston en el filme Cayo Largo. En un hotel de Florida coinciden un oficial, que regresa de Europa tras la guerra mundial, y Johnny Rocco, gánster deportado que ha vuelto a Estados Unidos clandestinamente. El soldado pregunta de modo retórico, “¿qué quiere Rocco?” Y él mismo se responde: “Quiere más”. Rocco lo confirma: “Eso es, quiero más”. El oficial pregunta de nuevo: “¿Tendrá Rocco bastante alguna vez?” Y es Rocco quien contesta: “Nunca tengo bastante. Nunca”.

Así es el capitalismo. Nunca tiene bastante. Y se pasan por el forro lo que haga falta en aras de sus ganancias, incluida la justicia. Hay que revertir la situación. Y que los y las Lagarde de este tiempo rindan cuentas y reparen.

Xavier Caño es periodista

¡Por razones!

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El caso Lagarde muestra la enorme corrupción de la política profesional

Wed, 04/01/2017 - 09:00

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

La directora del FMI, Christine Lagarde, ha sido hallada culpable de “negligencia” cuando era ministra de economía del gobierno francés con Sarkozy como Presidente. El dictamen es del Tribunal de Justicia de la República de Francia, corte especial para juzgar delitos de políticos y ex-políticos. Sorprendentemente ese tribunal ha dispensado a Lagarde de cumplir pena alguna. A pesar de que el delito reconocido supone cumplir hasta un año de prisión y 15.000 euros de multa. El delito reconocido de negligencia (en realidad es prevaricación) se perpetró en la demanda del empresario Bernard Tapie (amigo de Sarkozy) al Estado francés por la confiscación gubernamental y venta de la marca Adidas. Lagarde aceptó la multimillonaria indemnización de 400 millones de euros a Tapie que dictaminó una comisión de arbitraje y no apeló. Aunque, como consta en el veredicto, los asesores de Lagarde le aconsejaron recurrir. Si lo hubiera hecho, la indemnización probablemente hubiera sido menor.

¿Qué razones adujo ese Tribunal especial para no imponer condena alguna a Lagarde? La “personalidad” y la “reputación internacional” de la juzgada. ¡Increíble! Para completar el despropósito, el FMI comunicó públicamente que renueva totalmente su confianza en Lagarde, a pesar de su condena (sin castigo) en Francia. Algo huele a podrido.

¿Qué sucedería si algunos famosísimos futbolistas (que han defraudado a Hacienda) recurren las sentencias o multas argumentando que también tienen “reputación internacional”? En serio, esa sentencia deja con el culo al aire no ya un doble rasero de la justicia sino la profunda corrupción de la democracia representativa. ¿Alguien duda de que la ley no sea igual para todos? No descubro América, pero es higiénico ser conscientes de esa innegable verdad, así como del lodazal en el que las minorías de poder, las élites, la clase dominante que diría Marx, han convertido el sistema democrático representativo que, desde hace décadas, ya es una plutocracia. El gobierno de los ricos. Trump ha sido elegido tras gastar una fortuna en la campaña electoral. Como tantos presidentes antes que él. Lagarde, Trump, los presidentes de Estados Unidos y muchos jerarcas de otros países tienen en común que todos tienen muchísimo dinero.

Continuando con el caso Lagarde y la postura del FMI, como en economía y política no hay casualidades, conviene recordar que la ONU, en una de sus conferencias para la prevención del crimen, celebrada en El Cairo, denunció que “la penetración de las mafias en la economía ha sido facilitada por los programas de ajuste estructural (léase recortes sociales y rebajas salariales) que los países endeudados se han visto obligados a aceptar para poder recibir préstamos del Fondo Monetario Internacional”. A la postre, la economía mafiosa criminal está íntimamente ligada a la legal a través de la enorme industria del blanqueo de dinero sucio y negro. Según la ONU, la abundante actividad financiera especulativa del crimen organizado ha contribuido innegablemente a la aparición de crisis financieras y económicas en las últimas décadas.

El mecanismo es conocido. FMI, y Banco Mundial, entre otras entidades internacionales, imponen una austeridad implacable a los países en crisis. Las medidas provocan el cierre de empresas, recortes masivos de plantillas y desempleo en aumento. Y crece la economía sumergida, campo abonado para la economía criminal, cuyos beneficios vuelve a blanquear especulando en bolsas, mercados de capitales y banca en la sombra. Hasta la próxima crisis.

El emperramiento capitalista neoliberal se explica por talantes como los retratados por John Huston en el filme Cayo Largo. En un hotel de Florida coinciden un oficial, que regresa de Europa tras la guerra mundial, y Johnny Rocco, gánster deportado que ha vuelto a Estados Unidos clandestinamente. El soldado pregunta de modo retórico, “¿qué quiere Rocco?” Y él mismo se responde: “Quiere más”. Rocco lo confirma: “Eso es, quiero más”. El oficial pregunta de nuevo: “¿Tendrá Rocco bastante alguna vez?” Y es Rocco quien contesta: “Nunca tengo bastante. Nunca”.

Así es el capitalismo. Nunca tiene bastante. Y se pasan por el forro lo que haga falta en aras de sus ganancias, incluida la justicia. Hay que revertir la situación. Y que los y las Lagarde de este tiempo rindan cuentas y reparen.

Xavier Caño es periodista

¡Por razones!

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Empieza la era Trump…

Wed, 04/01/2017 - 07:00

Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC España

255_temporal

Unos días después del acuerdo entre Rusia y Turquía que permitió acabar con la interminable batalla de Alepo, leí en un célebre semanario francés el siguiente comentario: “La permanente crisis de Oriente Medio está lejos de resolverse. Unos piensan que la solución pasa obligatoriamente por Rusia, mientras que otros creen que todo depende de Turquía. Aunque lo que queda claro ahora es que, de nuevo y definitivamente –por lo menos cabe desearlo–, Rusia tiene en sus manos los argumentos decisivos para poner punto final a esa crisis”. ¿Qué tiene de particular este comentario? Pues que se publicó en la revista parisina L’Illustration… el 10 de septiembre de 1853.

O sea, hace ciento sesenta y tres años la crisis de Oriente Medio ya era calificada de “permanente”. Y es probable que lo siga siendo… Aunque un parámetro importante cambia a partir de este 20 de enero: llega un nuevo presidente de Estados Unidos a la Casa Blanca: Donald Trump. ¿Puede esto modificar las cosas en esta turbulenta región? Sin ninguna duda, porque, desde finales de los años 1950, Estados Unidos es la potencia exterior que mayor influencia ejerce en esta área y porque, desde entonces, todos los presidentes estadounidenses, sin excepción, han intervenido en ella. Recordemos que el caos actual en esta zona es, en gran parte, la consecuencia de las intervenciones militares norteamericanas decididas, a partir de 1990, por los presidentes George H. Bush, Bill Clinton y George W. Bush, y por el (más reciente) azorado apoyo a las “primaveras árabes” estimuladas por Barack Obama (y su secretaria de Estado Hillary Clinton).

Aunque globalmente la línea que defendió el candidato republicano durante su campaña electoral fue calificada de “aislacionista”, Donald Trump ha declarado en repetidas ocasiones que la Organización del Estado Islámico (OEI o ISIS por sus siglas en inglés) es el “enemigo principal” de su país y que, por consiguiente, su primera preocupación será destruirlo militarmente. Para alcanzar ese objetivo, Trump está dispuesto a establecer una alianza táctica con Rusia, potencia militarmente presente en la región desde 2015 como aliada principal del Gobierno de Bachar el Asad. Esta decisión de Donald Trump, si se confirma, representaría un espectacular cambio de alianzas que desconcierta a los propios aliados tradicionales de Washington. En particular a Francia, por ejemplo, cuyo Gobierno socialista –por extrañas razones de amistad y negocios con Estados teocráticos ultrarreaccionarios como Arabia Saudí y Qatar– ha hecho del derrocamiento de Bachar el Asad, y por consiguiente de la hostilidad hacia el presidente ruso Vladímir Putin, el alfa y el omega de su política exterior (1).

Donald Trump tiene razón: las dos grandes batallas para derrotar definitivamente a los yihadistas del ISIS –la de Mosul en Irak y la de Raqqa en Siria– aún están por ganar. Y van a ser feroces. Una alianza militar con Rusia es, sin duda, una buena opción. Pero Moscú tiene aliados importantes en esa guerra. El principal de ellos es Irán, que participa directamente en el conflicto con hombres y armamento. E indirectamente pertrechando a las milicias de voluntarios libaneses chiíes del Hezbolá.

El problema para Trump es que también repitió, durante su campaña electoral, que el pacto con Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní, que entró en vigor el 15 de julio de 2015 y al que se habían opuesto duramente los republicanos en el Congreso, era “un desastre”, “el peor acuerdo que se ha negociado”. Y anunció que otra de sus prioridades al llegar a la Casa Banca sería desmantelar ese pacto que garantiza la puesta bajo control del programa nuclear iraní durante más de diez años, a la vez que levanta la mayoría de las sanciones económicas impuestas por la ONU contra Teherán.

Romper ese pacto con Irán no será sencillo, pues se firmó con el resto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, el Reino Unido, Rusia) y Alemania, a los que Washington tendría que enfrentarse. Pero es que, además, como se ha dicho, el aporte de Irán en la batalla contra el ISIS, tanto en Irak como en Siria, resulta fundamental. No es el momento de enemistarse de nuevo con Teherán. Moscú, que ve con buenos ojos el acercamiento de Washington, no aceptará que esto se haga a costa de su alianza estratégica con Teherán.

Uno de los primeros dilemas del presidente Donald Trump consistirá, pues, en resolver esa contradicción. No le resultará fácil. Entre otras cosas porque su propio equipo de halcones, que acaba de nombrar, parece poco flexible en lo que respecta a las relaciones con Irán (2).

Por ejemplo, el general Michael Flynn, su asesor de Seguridad Nacional (lo que Henry Kissinger fue para Ronald Reagan), está obsesionado con Irán. Sus detractores le definen como “islamófobo” porque ha publicado opiniones que muchos consideran abiertamente racistas. Como cuando escribió en su cuenta de Twitter: “El temor a los musulmanes es perfectamente racional”. Flynn participó en las campañas para desmantelar las redes insurgentes en Afganistán y en Irak. Asegura que la militancia islamista es una “amenaza existencial a escala global”. Igual que Trump, sostiene que la Organización del Estado Islámico es la “mayor amenaza” a la que se enfrenta EE.UU. Cuando fue director de la Agencia de Inteligencia para la Defensa (AID), de 2012 a 2014, dirigió la investigación sobre el asalto al consulado estadounidense de Bengasi, en Libia, el 11 de septiembre de 2012, en el que murieron varios “marines” y el embajador norteamericano Christopher Stevens. En aquella ocasión, Michael Flynn insistió en que el objetivo de su agencia, como el de la CIA, era “demostrar el papel de Irán en ese asalto” (3). Aunque jamás haya habido evidencia de que Teherán tuviera cualquier participación en ese ataque. Curiosamente, a pesar de su hostilidad hacia Irán, Michael Flynn está a favor de trabajar de manera más estrecha con Rusia. Incluso, en 2015, el general viajó a Moscú, donde fue fotografiado sentado al lado de Vladímir Putin en una cena de gala para el canal estatal de televisión Russia Today (RT), en el que ha aparecido regularmente como analista. Posteriormente, Flynn admitió que se le pagó por hacer ese viaje y defendió al canal ruso diciendo que no veía “ninguna diferencia entre RT y el canal estadounidense CNN”.

Otro antiiraní convencido es Mike Pompeo, el nuevo director de la CIA, un ex militar graduado de la Academia de West Point y miembro del ultraconservador Tea Party. Tras su formación militar fue destinado a un lugar de extrema tensión durante la Guerra Fría: patrulló el “Telón de Acero” hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. En su carrera como político, Mike Pompeo formó parte del Comité de Inteligencia del Congreso y se destacó en una investigación que puso contra las cuerdas a la candidata demócrata Hillary Clinton por su pretendido papel durante el asalto de Bengasi. Ultraconservador, Pompeo es hostil al cierre de la base de Guantánamo (Cuba) y ha criticado a los líderes musulmanes de Estados Unidos. Es un partidario decidido de dar marcha atrás con respecto al tratado nuclear firmado con Irán, al que califica de “Estado promotor del terrorismo”.

Pero quizás el enemigo más rabioso de Irán, en el entorno de Donald Trump, es el general James Mattis, apodado “Perro Loco”, que estará a cargo del Pentágono (4), o sea, ministro de Defensa. Este general retirado de 66 años demostró su liderazgo militar al mando de un batallón de asalto durante la primera guerra del Golfo en 1991; luego dirigió una fuerza especial en el sur de Afganistán en 2001; después comandó la Primera División de la Infantería de Marina que entró en Bagdad para derrocar a Sadam Hussein en 2003; y, en 2004, lideró la toma de Faluya en Irak, bastión de la insurgencia suní. Hombre culto y lector de los clásicos griegos, es también apodado el “Monje Guerrero”, alusión a que jamás se casó ni tuvo hijos. James Mattis ha repetido infinitas veces que Irán es la “principal amenaza” para la estabilidad de Oriente Medio, por encima de organizaciones terroristas como el ISIS o Al Qaeda: “Considero al ISIS como una excusa para Irán para continuar causando daño. Irán no es un enemigo del ISIS. Teherán tiene mucho que ganar con la agitación que crea el ISIS en la región”.

En materia de geopolítica, como se ve, Donald Trump va a tener que salir pronto de esa contradicción. En el teatro de operaciones de Oriente Próximo, Washington no puede estar –a la vez– a favor de Moscú y contra Teherán. Habrá que clarificar las cosas. Con la esperanza de que se consiga un acuerdo. De lo contrario, hay que temer la entrada en escena del nuevo amo del Pentágono, James Mattis “Perro Loco”, de quien no debemos olvidar su amenaza más famosa, pronunciada durante la invasión de Irak: “Vengo en son de paz. No he traído artillería. Pero, con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me fastidian, los mataré a todos”.

____________________

(1) Aunque, como se sabe, hay elecciones el próximo mes de mayo en Francia, a las cuales el actual presidente socialista François Hollande, muy impopular, ha decidido no volverse a presentar. El candidato conservador con mayores posibilidades de ganar, François Fillon, ha declarado, por su parte, que reorientará la política exterior francesa para normalizar de nuevo las relaciones con Moscú.

(2) Léase Paul Pillar, “Will the Trump Administration Start a War with Iran?”, The National Interest, 7 de diciembre de 2016.

(3) Léase The New York Times, 3 de diciembre de 2016.

(4) James Mattis necesitará que el Congreso le conceda una excepción para esquivar la ley que exige que pasen siete años entre salir del Ejército y acceder a la jefatura del Pentágono.

 

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Empieza la era Trump…

Wed, 04/01/2017 - 07:00

Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC España

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Unos días después del acuerdo entre Rusia y Turquía que permitió acabar con la interminable batalla de Alepo, leí en un célebre semanario francés el siguiente comentario: “La permanente crisis de Oriente Medio está lejos de resolverse. Unos piensan que la solución pasa obligatoriamente por Rusia, mientras que otros creen que todo depende de Turquía. Aunque lo que queda claro ahora es que, de nuevo y definitivamente –por lo menos cabe desearlo–, Rusia tiene en sus manos los argumentos decisivos para poner punto final a esa crisis”. ¿Qué tiene de particular este comentario? Pues que se publicó en la revista parisina L’Illustration… el 10 de septiembre de 1853.

O sea, hace ciento sesenta y tres años la crisis de Oriente Medio ya era calificada de “permanente”. Y es probable que lo siga siendo… Aunque un parámetro importante cambia a partir de este 20 de enero: llega un nuevo presidente de Estados Unidos a la Casa Blanca: Donald Trump. ¿Puede esto modificar las cosas en esta turbulenta región? Sin ninguna duda, porque, desde finales de los años 1950, Estados Unidos es la potencia exterior que mayor influencia ejerce en esta área y porque, desde entonces, todos los presidentes estadounidenses, sin excepción, han intervenido en ella. Recordemos que el caos actual en esta zona es, en gran parte, la consecuencia de las intervenciones militares norteamericanas decididas, a partir de 1990, por los presidentes George H. Bush, Bill Clinton y George W. Bush, y por el (más reciente) azorado apoyo a las “primaveras árabes” estimuladas por Barack Obama (y su secretaria de Estado Hillary Clinton).

Aunque globalmente la línea que defendió el candidato republicano durante su campaña electoral fue calificada de “aislacionista”, Donald Trump ha declarado en repetidas ocasiones que la Organización del Estado Islámico (OEI o ISIS por sus siglas en inglés) es el “enemigo principal” de su país y que, por consiguiente, su primera preocupación será destruirlo militarmente. Para alcanzar ese objetivo, Trump está dispuesto a establecer una alianza táctica con Rusia, potencia militarmente presente en la región desde 2015 como aliada principal del Gobierno de Bachar el Asad. Esta decisión de Donald Trump, si se confirma, representaría un espectacular cambio de alianzas que desconcierta a los propios aliados tradicionales de Washington. En particular a Francia, por ejemplo, cuyo Gobierno socialista –por extrañas razones de amistad y negocios con Estados teocráticos ultrarreaccionarios como Arabia Saudí y Qatar– ha hecho del derrocamiento de Bachar el Asad, y por consiguiente de la hostilidad hacia el presidente ruso Vladímir Putin, el alfa y el omega de su política exterior (1).

Donald Trump tiene razón: las dos grandes batallas para derrotar definitivamente a los yihadistas del ISIS –la de Mosul en Irak y la de Raqqa en Siria– aún están por ganar. Y van a ser feroces. Una alianza militar con Rusia es, sin duda, una buena opción. Pero Moscú tiene aliados importantes en esa guerra. El principal de ellos es Irán, que participa directamente en el conflicto con hombres y armamento. E indirectamente pertrechando a las milicias de voluntarios libaneses chiíes del Hezbolá.

El problema para Trump es que también repitió, durante su campaña electoral, que el pacto con Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní, que entró en vigor el 15 de julio de 2015 y al que se habían opuesto duramente los republicanos en el Congreso, era “un desastre”, “el peor acuerdo que se ha negociado”. Y anunció que otra de sus prioridades al llegar a la Casa Banca sería desmantelar ese pacto que garantiza la puesta bajo control del programa nuclear iraní durante más de diez años, a la vez que levanta la mayoría de las sanciones económicas impuestas por la ONU contra Teherán.

Romper ese pacto con Irán no será sencillo, pues se firmó con el resto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, el Reino Unido, Rusia) y Alemania, a los que Washington tendría que enfrentarse. Pero es que, además, como se ha dicho, el aporte de Irán en la batalla contra el ISIS, tanto en Irak como en Siria, resulta fundamental. No es el momento de enemistarse de nuevo con Teherán. Moscú, que ve con buenos ojos el acercamiento de Washington, no aceptará que esto se haga a costa de su alianza estratégica con Teherán.

Uno de los primeros dilemas del presidente Donald Trump consistirá, pues, en resolver esa contradicción. No le resultará fácil. Entre otras cosas porque su propio equipo de halcones, que acaba de nombrar, parece poco flexible en lo que respecta a las relaciones con Irán (2).

Por ejemplo, el general Michael Flynn, su asesor de Seguridad Nacional (lo que Henry Kissinger fue para Ronald Reagan), está obsesionado con Irán. Sus detractores le definen como “islamófobo” porque ha publicado opiniones que muchos consideran abiertamente racistas. Como cuando escribió en su cuenta de Twitter: “El temor a los musulmanes es perfectamente racional”. Flynn participó en las campañas para desmantelar las redes insurgentes en Afganistán y en Irak. Asegura que la militancia islamista es una “amenaza existencial a escala global”. Igual que Trump, sostiene que la Organización del Estado Islámico es la “mayor amenaza” a la que se enfrenta EE.UU. Cuando fue director de la Agencia de Inteligencia para la Defensa (AID), de 2012 a 2014, dirigió la investigación sobre el asalto al consulado estadounidense de Bengasi, en Libia, el 11 de septiembre de 2012, en el que murieron varios “marines” y el embajador norteamericano Christopher Stevens. En aquella ocasión, Michael Flynn insistió en que el objetivo de su agencia, como el de la CIA, era “demostrar el papel de Irán en ese asalto” (3). Aunque jamás haya habido evidencia de que Teherán tuviera cualquier participación en ese ataque. Curiosamente, a pesar de su hostilidad hacia Irán, Michael Flynn está a favor de trabajar de manera más estrecha con Rusia. Incluso, en 2015, el general viajó a Moscú, donde fue fotografiado sentado al lado de Vladímir Putin en una cena de gala para el canal estatal de televisión Russia Today (RT), en el que ha aparecido regularmente como analista. Posteriormente, Flynn admitió que se le pagó por hacer ese viaje y defendió al canal ruso diciendo que no veía “ninguna diferencia entre RT y el canal estadounidense CNN”.

Otro antiiraní convencido es Mike Pompeo, el nuevo director de la CIA, un ex militar graduado de la Academia de West Point y miembro del ultraconservador Tea Party. Tras su formación militar fue destinado a un lugar de extrema tensión durante la Guerra Fría: patrulló el “Telón de Acero” hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. En su carrera como político, Mike Pompeo formó parte del Comité de Inteligencia del Congreso y se destacó en una investigación que puso contra las cuerdas a la candidata demócrata Hillary Clinton por su pretendido papel durante el asalto de Bengasi. Ultraconservador, Pompeo es hostil al cierre de la base de Guantánamo (Cuba) y ha criticado a los líderes musulmanes de Estados Unidos. Es un partidario decidido de dar marcha atrás con respecto al tratado nuclear firmado con Irán, al que califica de “Estado promotor del terrorismo”.

Pero quizás el enemigo más rabioso de Irán, en el entorno de Donald Trump, es el general James Mattis, apodado “Perro Loco”, que estará a cargo del Pentágono (4), o sea, ministro de Defensa. Este general retirado de 66 años demostró su liderazgo militar al mando de un batallón de asalto durante la primera guerra del Golfo en 1991; luego dirigió una fuerza especial en el sur de Afganistán en 2001; después comandó la Primera División de la Infantería de Marina que entró en Bagdad para derrocar a Sadam Hussein en 2003; y, en 2004, lideró la toma de Faluya en Irak, bastión de la insurgencia suní. Hombre culto y lector de los clásicos griegos, es también apodado el “Monje Guerrero”, alusión a que jamás se casó ni tuvo hijos. James Mattis ha repetido infinitas veces que Irán es la “principal amenaza” para la estabilidad de Oriente Medio, por encima de organizaciones terroristas como el ISIS o Al Qaeda: “Considero al ISIS como una excusa para Irán para continuar causando daño. Irán no es un enemigo del ISIS. Teherán tiene mucho que ganar con la agitación que crea el ISIS en la región”.

En materia de geopolítica, como se ve, Donald Trump va a tener que salir pronto de esa contradicción. En el teatro de operaciones de Oriente Próximo, Washington no puede estar –a la vez– a favor de Moscú y contra Teherán. Habrá que clarificar las cosas. Con la esperanza de que se consiga un acuerdo. De lo contrario, hay que temer la entrada en escena del nuevo amo del Pentágono, James Mattis “Perro Loco”, de quien no debemos olvidar su amenaza más famosa, pronunciada durante la invasión de Irak: “Vengo en son de paz. No he traído artillería. Pero, con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me fastidian, los mataré a todos”.

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(1) Aunque, como se sabe, hay elecciones el próximo mes de mayo en Francia, a las cuales el actual presidente socialista François Hollande, muy impopular, ha decidido no volverse a presentar. El candidato conservador con mayores posibilidades de ganar, François Fillon, ha declarado, por su parte, que reorientará la política exterior francesa para normalizar de nuevo las relaciones con Moscú.

(2) Léase Paul Pillar, “Will the Trump Administration Start a War with Iran?”, The National Interest, 7 de diciembre de 2016.

(3) Léase The New York Times, 3 de diciembre de 2016.

(4) James Mattis necesitará que el Congreso le conceda una excepción para esquivar la ley que exige que pasen siete años entre salir del Ejército y acceder a la jefatura del Pentágono.

 

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La dictadura invisible del Siglo XXI

Tue, 03/01/2017 - 09:02

Germán Gorraiz López – ATTAC Navarra-Nafarroa

El actual sistema dominante o establishment utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas.

La manipulación de las masas

Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de pioneros en el estudio de la psicología de masas, escribió en su libro Propaganda (1.928), “La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importantes en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar”. Asimismo, fundamenta el sustento de todos los sistemas de gobierno en la “manipulación de la opinión pública”, al afirmar que “los Gobiernos, ya sean monárquicos, constitucionales, democráticos o comunistas, dependen de la aquiescencia de la opinión pública para llevar a buen puerto sus esfuerzos y, de hecho, el Gobierno sólo es Gobierno en virtud de esa aquiescencia pública”.

En otro de sus libros, “Cristalizando la opinión pública”, desentraña los mecanismos cerebrales del grupo y la influencia de la propaganda como método para unificar su pensamiento. Así,según sus palabras “la mente del grupo no piensa, en el sentido estricto de la palabra. En lugar de pensamientos tiene impulsos, hábitos y emociones. A la hora de decidir su primer impulso es normalmente seguir el ejemplo de un líder en quien confía. Este es uno de los principios más firmemente establecidos por la psicología de masas”, por lo que la propaganda del establishment será dirigida no al sujeto individual sino al Grupo en el que la personalidad del individuo unidimensional se diluye y queda envuelta en retazos de falsas expectativas creadas y anhelos comunes que lo sustenta.

La manipulación mediática

El estadounidense Harold Lasswell (uno de los pioneros de la “mass comunicación research”), estudió después de la Primera Guerra Mundial las técnicas de propaganda e identificó una forma de manipular a las masas ( teoría de “la aguja hipodérmica o bala mágica”), teoría plasmada en su libro “Técnicas de propaganda en la guerra mundial (1.927) y basada en “inyectar en la población una idea concreta con ayuda de los medios de comunicación de masas para dirigir la opinión pública en beneficio propio y que permite conseguir la adhesión de los individuos a su ideario político sin tener que recurrir a la violencia”. A ello, contribuye el encefalograma plano de la conciencia crítica de la sociedad actual favorecida por una práctica periodística peligrosamente mediatizada por la ausencia de la exégesis u objetividad en los artículos de opinión y el finiquito del código deontológico periodístico que tendría su plasmación en la implementación de la autocensura y en la sumisión “nolis volis” a la línea editorial de su medio de comunicación (fruto del endemismo atávico de la servidumbre a los poderes fácticos del status quo) y que habrían convertido al periodista en mera correa de transmisión de los postulados del establishment o sistema dominante.

Hacia el Individuo Multidimensional

El sociólogo y filósofo alemán Herbert Marcuse, en su libro “El hombre Unidimensional (1.964), explica que “la función básica de los medios es desarrollar pseudonecesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política”, sistemas políticos que serán caldo de cultivo del virus patógeno conocido como “autos-kratos” o autocracia. La autocracia sería una forma de Gobierno ejercida por una sola persona con un poder absoluto e ilimitado, especie de parásito endógeno de otros sistemas de gobierno (incluida la llamada democracia formal), que partiendo de la crisálida de una propuesta partidista elegida mediante elecciones libres, llegado al poder se metamorfosea en líder Presidencialista con claros tintes totalitarios (inflexible, centralista y autoritario), lo que confirma el aforismo de Lord Acton “El Poder tiende a corromper y el Poder absoluto, corrompe absolutamente”. Sin embargo, gracias a la interactividad que proporcionan las redes sociales de Internet (el llamado Quinto Poder que enlaza y ayuda a la formación de las identidades modernas), se estaría rompiendo el endémico aislamiento y pasividad del individuo sumiso y acrítico de las sociedades consumistas occidentales (Hombre unidimensional). Así, estaría ya surgiendo un nuevo individuo reafirmado en una sólida conciencia crítica, sustentado en valores caídos en desuso pero presentes en nuestro código atávico como la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes y dispuesto a quebrantar las normas y las leyes impuestas por el sistema dominante, Individuo Multidimensional generador de un tsunami popular de denuncia del actual déficit democrático, social y de valores e instaurador del caos constructivo que terminará por diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica (consumismo compulsivo).

 

Analista internacional

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Ecuador: Expertos de la ONU condenan medidas represivas contra organizaciones de derechos humanos

Tue, 03/01/2017 - 07:01
http://www.cinu.mx/
Centro de información de la Naciones Unidas
Ecuador: Expertos de la ONU condenan medidas represivas contra organizaciones de derechos humanos

ONU-DH.JPG(30 de diciembre de 2016).- Un grupo de expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas criticaron las medidas represivas del Gobierno del Ecuador para asfixiar a la sociedad civil, tras la emisión de una orden de cierre de una ONG que apoya los derechos ambientales e indígenas.

El 18 de diciembre, Acción Ecológica pidió una Comisión de Paz y Verdad para explorar los atentados contra los derechos indígenas y ambientales. Dos días después, el Ministerio de Medio Ambiente inició el proceso de disolución, dándole al grupo 24 horas para responder y diez días para presentar pruebas de defensa.

La medida contra Acción Ecológica se produce en medio de un conflicto con los indígenas shuar que tratan de detener las actividades mineras en lo que consideran sus tierras. El grupo de defensa, que apoyó vocalmente a los manifestantes indígenas, es el último de una serie de organizaciones afectadas por el gobierno.

El grupo de expertos independientes exhortó a las autoridades ecuatorianas a revocar la decisión y reformar la legislación que está utilizando para disolver a los grupos.

Los expertos de la ONU ya han criticado al gobierno por disolver grupos como Pachamama y la Unión Nacional de Educadores, e intentar también cerrar la ONG Fundamedios en los últimos tres años.

“Parece que el gobierno de Ecuador está disolviendo sistemáticamente las organizaciones cuando se vuelven demasiado vocales o desafían a la ortodoxia oficial”, indicaron. “Esta estrategia de asfixiar la sociedad civil se ha implementado a través de dos decretos – 16 y 739 – que otorgan a las autoridades poderes para disolver unilateralmente cualquier tipo de organización”.

Los expertos advirtieron que “las consecuencias directas son el silenciamiento progresivo de cualquier grupo que desafía u ofrece ideas alternativas a las del gobierno y, por lo tanto, reduce la visibilidad de la situación de las personas vulnerables y marginadas”, señalaron.

“Es irónico que el mismo gobierno de Ecuador que encabeza el esfuerzo internacional positivo para hacer que las empresas rindan cuentas a través de un tratado vinculante, esté reduciendo el espacio para que los grupos locales le pidan que rinda cuentas”, añadieron los expertos.

“Esta última medida infringe una vez más los estándares internacionales de derechos humanos, incluyendo el ejercicio legítimo de la libertad de asociación”, dijeron los expertos. “Muestra un desprecio sistemático por los reiterados llamamientos de la comunidad internacional para poner fin a las medidas represivas contra los grupos de derechos humanos”.

“Disolver grupos es el tipo más severo de restricción a la libertad de asociación,” recalcaron.

Los expertos pidieron al gobierno que garantice que todos los miembros de grupos, en particular los que defienden los derechos humanos, puedan ejercer plenamente sus derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica, incluyendo su capacidad de criticar las políticas y prácticas gubernamentales.

Los Relatores Especiales de la ONU renovaron una oferta de asistencia técnica al Gobierno Ecuatoriano para reformar la legislación restrictiva vigente.

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El gasto público debe elevarse todo lo que necesite la economía

Mon, 02/01/2017 - 09:00

Eduardo Garzón - Consejo Científico de ATTAC España

Toda compraventa envuelve necesariamente a dos partes: la vendedora y la compradora. La compradora gasta y la vendedora ingresa. El gasto del comprador es siempre necesariamente igual al ingreso del vendedor; no puede ser de otra forma. Si yo le compro al frutero una manzana por valor de 1 euro, yo estaré gastando 1 euro y el frutero estará ingresando 1 euro. Lo que una parte gasta lo ingresa la otra, porque el dinero no desaparece en la transacción.

De ahí que haya dos formas fundamentales para calcular el Producto Interior Bruto (PIB) –indicador que mide la renta de un país–: la que se centra en los gastos y la que se centra en los ingresos. Si uno suma todos los gastos que se producen en un país durante un tiempo, obtendrá exactamente la misma cantidad que si sumase todos los ingresos que se producen en el mismo país durante el mismo periodo de tiempo. Por eso el PIB es igual a la suma de todos los gastos, que es a su vez igual a la suma de todos los ingresos.

PIB = Gastos = Ingresos

Cuanto más se gaste (y por lo tanto se ingrese), mayor será el PIB. Esto es un aspecto básico de la macroeconomía que desgraciadamente la inmensa mayoría de las personas parece desconocer (¡especialmente las que proponen reducir el gasto público!).

Cada economía es como un recipiente cuyo volumen viene determinado por la cantidad máxima de productos que la propia economía es capaz de producir y vender. Así, el recipiente de Estados Unidos sería muchísimo más voluminoso que el de Haití, por ejemplo. Cada uno de los recipientes se llena con líquido (gasto) proveniente de tres fuentes distintas: el sector extranjero, el sector privado (familias y empresas) y el sector público. La inyección de los tres líquidos en el recipiente puede ocupar todo su volumen, pero puede también no hacerlo e incluso sobrepasarlo. Si ocupa todo su volumen, la economía estaría a pleno rendimiento, es decir, todo ese gasto estaría comprando todos los productos que se pueden producir y poner a la venta; se estaría registrando el PIB máximo. Si la inyección de los tres líquidos es insuficiente para ocupar todo el volumen, la economía quedaría infrautilizada porque no se estarían comprando todos los productos que se pueden producir y poner a la venta; se estaría registrando un PIB inferior al que podría registrarse. Y si la inyección de los tres líquidos sobrepasa el volumen, la economía empezaría a registrar tensiones inflacionistas (los vendedores aumentarían los precios para sacarle el partido a los productos que venden frente a tanta demanda).

En la ilustración quedan representadas las tres situaciones.

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Evidentemente, el espacio que ocupe un líquido no lo va a poder ocupar otro (no se puede comprar dos veces el mismo producto en el mismo momento), pero sí pueden ocupar los espacios que queden vacíos (comprar otros productos que no hayan sido vendidos). Pero los tres tipos de gasto presentan características muy distintas entre sí.

El gasto proveniente del exterior es el más estable y menos controlable de los tres. Al fin y al cabo, depende fundamentalmente de lo que cada país pueda ofrecer a otros países: si se ofrecen muchas cosas atractivas, el gasto del exterior será elevado, y al contrario. No suele cambiar mucho de un año a otro. En cambio, el gasto de las familias y empresas del país en cuestión depende de la situación económica: si hay buenas expectativas, este gasto será elevado porque las empresas invertirán y las familias consumirán sin miedo. Lo contrario ocurre cuando las expectativas son malas: las empresas invierten menos (o desinvierten) y las familias consumen menos. Por último, el gasto del sector público se establece a través de decisiones políticas, ergo es claramente controlable.

La cuestión es simple. Las economías necesitan que haya gastos para que se produzcan ingresos. El nivel máximo de ingresos (y de PIB) que puede registrar una economía viene fijado por la cantidad de bienes y servicios que la economía es capaz de producir y poner a la venta. Si el gasto proveniente del exterior y el gasto que realizan las familias y empresas nacionales es insuficiente para que se pueda vender todo y por lo tanto para alcanzar ese nivel máximo, entonces lo ideal es que el sector público gaste todo lo que sea necesario para llegar al PIB máximo que permite la economía. Por eso en épocas de boom económico y en países que reciben mucho dinero del exterior (como Alemania) el gasto del sector público apenas es necesario (el resultado es que el déficit público suele ser minoritario o inexistente), mientras que en épocas de recesión económica o estancamiento y en países que no reciben mucho dinero del exterior (como España) el gasto del sector público es absolutamente necesario (el resultado es que el déficit público suele ser elevado).

No debemos medir la idoneidad del gasto del sector público por su tamaño (no debemos fijarnos en si se gasta mucho o poco); debemos hacerlo fijándonos en la cantidad de gasto que se necesita para alcanzar el PIB máximo que puede registrar una economía. En unas ocasiones será necesario elevarlo mucho, y en otras no. Pero la clave está en entender que el gasto del sector público es una herramienta para poder incrementar al máximo los ingresos de la ciudadanía y por lo tanto el PIB de la economía.

 

Saque de Esquina

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La guerra nuclear en 140 caracteres

Mon, 02/01/2017 - 07:00

Alejandro Nadal – Consejo Científico de ATTAC España

Uno de los peores lugares para desencadenar una nueva carrera armamentista debe ser sin duda Twitter. Pero no para Donald Trump. Y para demostrarlo el 23 de diciembre lanzó un mensaje claro: Estados Unidos, señaló, deben fortalecer y expandir su capacidad atómica hasta que el mundo por fin despierte a la realidad de las armas nucleares.

Por si quedaban dudas, al día siguiente Trump volvió a twittear: ¡Que comience una nueva carrera armamentista! Pareciera que ya no habría lugar a dudas: junto a otras extravagantes promesas de su campaña el presidente electo ahora quiere añadir una nueva etapa en la carrera de armamentos nucleares.

Para tener cierta perspectiva hay que recordar que este año el presidente Barack Obama sentó las bases de un gigantesco programa de modernización del enorme arsenal estratégico de Estados Unidos.

Dicho plan incluye un gasto superior a 348 mil millones de dólares para modernizar y actualizar misiles, bombarderos, cargas nucleares, submarinos, sistemas de monitoreo e identificación de blancos, así como la infraestructura de control y comando del Pentágono. A eso hay que añadir planes para fortalecer el subsistema de investigación y desarrollo tecnológico de todos los componentes de las fuerzas armadas. Algunos analistas independientes calculan que el costo de tales proyectos podría superar el billón (castellano) de dólares.

Estados Unidos mantienen hoy un arsenal de aproximadamente mil 750 cabezas nucleares desplegadas en misiles balísticos intercontinentales lanzados desde sus bases en tierra (ICBM), en cohetes lanzados desde submarinos (SLBM) y en bombarderos estratégicos. A este número hay que agregar 180 cargas tácticas localizadas en bases en Europa. En la categoría de misiles ICBM se encuentran 441 Minuteman III, con un alcance de 6 mil kilómetros, colocados en silos subterráneos. Estos misiles pueden ser disparados en menos de cinco minutos después de recibir una orden presidencial.

Por su parte, los misiles SLBM desplegados en submarinos (de propulsión nuclear) suman 288 y todos están dotados de hasta ocho cargas independientes. Estos submarinos tienen la capacidad de permanecer ocultos durante largos periodos de tiempo y desde esa perspectiva constituyen el componente disuasivo por excelencia en caso de lo que algunos analistas llaman un intercambio nuclear.

El llamado de Trump suena ridículo si se considera el hecho de que los arsenales de Estados Unidos han atravesado múltiples programas de modernización desde los peores años de la guerra fría. De hecho, los acuerdos de control y reducción de armamentos que fueron negociados con la antigua Unión Soviética sirvieron para adelgazar el abultado inventario de cargas nucleares, misiles y bombarderos, al eliminar los elementos obsoletos y vulnerables, y abriendo espacio para los más modernos y letales. Un resultado fue el incremento en la precisión de los nuevos cohetes, lo que hizo posible reducir el tamaño de las cargas nucleares individuales. Todo esto llevó a una reducción en los arsenales nucleares y a una impresión de que el peligro estaba disminuyendo.

Es decir, el desplante de Trump (y de Obama) es absurdo desde otro punto de vista. Si hacemos una lista de los países que más invierten en armamentos resulta que el gasto militar de Estados Unidos es mayor al acumulado de las siguientes 10 naciones en dicha escala. Para el estado en el que se encuentra hoy día la economía estadounidense resulta claro que un dispendio improductivo de este calibre representa un oneroso fardo lleno de implicaciones negativas. Ni la economía será más competitiva, ni se generarán empleos productivos. Y si alguien piensa en los posibles beneficios tecnológicos que este dispendio podría traer aparejados, hay que recordar que las innovaciones que generaron los misiles y sus sistemas de navegación ya no se van a repetir.

Vladimir Putin no quiere dejar solo a su compañero de juegos y anunció a los pocos días del tuit de Trump que si Estados Unidos quiere iniciar una nueva carrera de armamentos, Rusia estaría más que dispuesta a responder al desafío. De hecho, el plan de Moscú consiste en remplazar todo el arsenal nuclear viejo heredado de la guerra fría por componentes modernos a lo largo de los próximos 10 años. Dicho sea de paso, Inglaterra, Francia, China, India, Pakistán e Israel siguen la misma trayectoria de modernizar sus arsenales nucleares.

Para el resto del mundo, el panorama es sombrío. Es cierto que el número de armas nucleares se redujo desde su punto máximo en lo más álgido de la guerra fría. Pero queda mucho por hacer para realmente eliminar el riesgo de la aniquilación nuclear. La lentitud con la que ha procedido la reducción de armamentos nucleares es una señal de alarma a la que hay que agregar el sensible deterioro del régimen de no proliferación.

Se calcula que una guerra nuclear tendría una duración de media hora. Pero el mundo de la posguerra sufriría miles de años. Eso no cabe en 140 caracteres.

Twitter: @anadaloficial

Publicado en La Jornada

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El aislamiento de EU

Sun, 01/01/2017 - 09:00

Noam Chomsky - La Jornada

El 23 de diciembre de 2016, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó por unanimidad la resolución 2334, con la abstención de Estados Unidos. La resolución reafirmó que la política y prácticas de Israel al establecer asentamientos en territorios palestinos y otros territorios árabes ocupados desde 1967 no tiene validez legal y constituye una seria obstrucción para lograr una paz amplia, justa y duradera en Medio Oriente (y) llama una vez más a Israel, como potencia ocupante, a regirse escrupulosamente por la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, rescindir sus medidas previas y desistir de llevar a cabo cualquier acción que resulte en un cambio del estatus legal y la naturaleza geográfica y que afecte materialmente la composición demográfica de los territorios árabes ocupados desde 1967, incluida Jerusalén y, en particular, a no transferir partes de su propia población civil a los territorios árabes ocupados.

Reafirmado. Un asunto de cierta importancia.

Es importante reconocer que la 2334 no es nada nuevo. La cita anterior es de la resolución 446 del Consejo, del 12 de marzo de 1979, reiterada en esencia en la resolución 2334. La 446 fue aprobada 12-0 con la abstención de Estados Unidos, al que se unieron Reino Unido y Noruega. Las diferencias primordiales son que ahora Estados Unidos está solo contra el mundo entero, y que es un mundo diferente. Las violaciones israelíes a las órdenes del Consejo de Seguridad, y al derecho internacional, son ahora mucho más extremas que en 1979 y suscitan mucha mayor condena en gran parte del mundo. Por tanto, hay que tomar más en serio los contenidos de las resoluciones 446-2334. De ahí la intensa reacción a la 2334, tanto en cobertura como en comentario y, en Israel y Estados Unidos, en considerable histeria. Esas son impactantes indicaciones del creciente aislamiento de Estados Unidos en la escena mundial. Esto es, con Obama. Con Trump, es probable que el aislamiento se incremente, y de hecho así ha sido incluso antes de que asuma el poder.

El paso más significativo de Trump en promover el aislamiento estadounidense se dio el 8 de noviembre, cuando obtuvo dos victorias. La menor fue en su país, donde ganó el voto electoral. La mayor fue en Marrakech, Marruecos, donde unas 200 naciones se reunían para tratar de poner algún contenido real en los acuerdos de París de diciembre de 2015 con respecto al cambio climático, los cuales quedaron como promesas más que como el tratado que se pretendía, porque el Congreso republicano no aceptaría compromisos vinculantes.

Al llegar los votos electorales el 8 de noviembre, la conferencia de Marrakech se desvió de su programa sustantivo hacia la cuestión de si podría haber alguna acción significativa para enfrentar la severa amenaza de catástrofe ambiental ahora que el país más poderoso de la Tierra está levantándose de la mesa. Esa fue, sin duda, la mayor victoria de Trump el 8 de noviembre, de verdadera trascendencia. También definió el aislamiento de Estados Unidos respecto de los más severos problemas humanos jamás enfrentados en la historia del planeta. El mundo puso sus esperanzas de liderazgo en China, ahora que el Líder del Mundo Libre ha declarado que no sólo se retirará del esfuerzo sino, con la elección de Trump, aplicará medidas de fuerza para acelerar la carrera hacia el desastre.

Un asombroso espectáculo, que pasó virtualmente sin comentario.

El hecho de que Estados Unidos esté solo ahora en su rechazo al consenso internacional se reafirmó en la declaración 2334, en la que perdió incluso a la Gran Bretaña de Theresa May.

La razón por la que Obama optó por la abstención en vez del veto es una pregunta abierta: no tenemos evidencia directa. Pero hay algunas suposiciones plausibles. Hubo algunas reacciones de sorpresa (y escarnio) después del veto de Obama en febrero de 2011 a una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a adoptar una política oficial en Estados Unidos, y tal vez sintió que sería demasiado repetirlo si quería salvar algo de su maltrecho legado entre sectores de la población que tienen cierto interés por el derecho internacional y los derechos humanos. También vale la pena recordar que entre los demócratas liberales, si no en el Congreso, y en particular entre los jóvenes, la opinión acerca de Israel-Palestina ha virado hacia la crítica a las políticas israelíes en años recientes, tanto que el núcleo del apoyo a esas políticas se ha desplazado a la extrema derecha, incluida la base evangélica del Partido Republicano. Tal vez esos factores influyeron.

La abstención de 2016 causó furor en Israel y en el Congreso estadunidense, tanto entre republicanos como en prominentes demócratas, incluso con propuestas de retirar fondos a la ONU en represalia por el crimen del mundo. El primer ministro israelí Netanyahu denunció a Obama por sus acciones deshonestas contra Israel. Su oficina acusó a Obama de coludirse tras bambalinas con esa conjura del Consejo de Seguridad, y presentó partículas de evidencia que apenas se elevan al nivel del humor enfermo. Un alto funcionario israelí añadió que la abstención reveló el verdadero rostro del gobierno de Obama y que ahora entendemos con qué hemos estado tratando en los ocho años pasados.

La realidad es muy diferente. Obama de hecho ha roto todos los récords de apoyo a Israel, tanto diplomático como económico. La realidad es descrita con exactitud por el especialista del Financial Times en Medio Oriente, David Gardner: “Los tratos personales de Obama con Netanyahu tal vez fueron ponzoñosos con frecuencia, pero ha sido el más pro israelí de los presidentes: el más pródigo con la ayuda militar y el más confiable en el ejercicio del voto estadunidense en el Consejo de Seguridad… La elección de Donald Trump hasta ahora ha traído poco más que espumarajos de tuits sobre éste y otros embrollos geopolíticos. Pero los augurios son ominosos. Un gobierno irredento en Israel, inclinado hacia la ultraderecha, se ve unido ahora por un gobierno nacional populista en Washington que transpira islamofobia”.

En un comentario interesante y revelador, Netanyahu denunció la conjura del mundo como prueba de la parcialidad del viejo mundo contra Israel, frase reminiscente de la distinción que hacía Donald Rumsfeld entre la vieja y la nueva Europa en 2003.

Se recordará que los estados de la vieja Europa eran los chicos malos, los principales estados europeos, que se atrevieron a respetar la opinión de la abrumadora mayoría de sus pobladores y por tanto se negaron a secundar a Estados Unidos en el crimen del siglo, la invasión de Irak. Los estados de la nueva Europa eran los chicos buenos, que desoyeron a una mayoría aún más grande y obedecieron al amo. El más honorable de los chicos buenos fue José María Aznar, de España, quien rechazó una oposición virtualmente unánime en su país a la guerra y fue recompensado con una invitación a estar al lado de Bush y Blair en el anuncio de la invasión.

Este despliegue bastante revelador de desprecio absoluto por la democracia, junto con otros al mismo tiempo, pasó virtualmente inadvertido. Es comprensible, porque la tarea en ese tiempo era ensalzar a Washington por su apasionada dedicación a la democracia, como quedó ilustrado por la promoción de la democracia en Irak, que de pronto se volvió la línea del partido después de que la única pregunta (¿renunciará Saddam Hussein a sus armas de destrucción masiva?) recibió la respuesta incorrecta.

Netanyahu está adoptando la misma postura en gran medida. El viejo mundo que se ha alineado contra Israel es todo el Consejo de Seguridad de la ONU; más específicamente, cualquiera en el mundo que tenga algún compromiso duradero con el derecho internacional y los derechos humanos. Por fortuna para la ultraderecha israelí, eso excluye al Congreso estadunidense y –de manera muy abierta– al presidente electo y sus asociados.

El gobierno israelí está, desde luego, al tanto de estos hechos. Por tanto, busca cambiar su base de apoyo a estados autoritarios como Singapur, China y la India nacionalista derechista hindú de Modi, que ahora se convierte en un aliado muy natural, con su viraje hacia el ultranacionalismo, las políticas reaccionarias internas y el odio al islam. Las razones de que Israel mire en esa dirección en busca de apoyo son esbozadas por Mark Heller, investigador principal asociado en la Institución de Estudios de Seguridad Nacional de Israel. A largo plazo, explica, hay problemas para Israel en sus relaciones con Europa occidental y con Estados Unidos, mientras, en contraste, los importantes países asiáticos no parecen indicar mucho interés por cómo Israel se lleva con los palestinos, los árabes o cualquier otra nación. En síntesis, China, India, Singapur y otros aliados favorecidos se ven menos influidos por las preocupaciones liberales y humanas que representan crecientes amenazas para Israel.

Las tendencias que se desarrollan en el orden mundial merecen alguna atención. Como se indicó, Estados Unidos está aún más aislado que en años recientes, cuando encuestas dirigidas por este país –que no se informan aquí, pero son sin duda conocidas por Washington– revelaron que la opinión mundial lo considera la mayor amenaza, con mucho, a la paz mundial, con ninguno siguiéndolo siquiera de cerca. Con Obama, el país está ahora solo en su abstención sobre los asentamientos ilegales israelíes, contra un Consejo de Seguridad unánime. Con Trump y sus seguidores de ambos partidos en el Congreso, la nación estará aún más aislada en el mundo en apoyo a los crímenes israelíes.

Desde el 8 de noviembre, Estados Unidos está aislado en el aspecto mucho más crucial del calentamiento global. Si Trump cumple su promesa de salir del acuerdo de Irán, es probable que los otros participantes persistan, con lo que Estados Unidos quedará aún más aislado de Europa. También está mucho más aislado de su patio trasero latinoamericano que en el pasado, y lo estará todavía más si Trump retrocede de los vacilantes pasos de Obama hacia la normalización de relaciones con Cuba, emprendidos para prevenir la probabilidad de que su país quedara excluido de organizaciones hemisféricas a causa de su continuo ataque a Cuba, en aislamiento internacional.

En gran medida ocurre lo mismo en Asia, porque incluso aliados cercanos estadunidenses (aparte de Japón), como Reino Unido, recurren al Banco de Desarrollo de Infraestructura de Asia, con sede en China, y a la Sociedad Económica Regional Ampliada, también basada en China, y en este caso con Japón incluido. La Organización de Cooperación de Shanghai incorpora los estados de Asia central, Siberia con su riqueza de recursos, India, Pakistán y pronto probablemente Irán y tal vez Turquía. Esta asociación ha rechazado la solicitud de Estados Unidos de sumarse como observador y en cambio le exigió que retire todas sus bases militares de la región.

Inmediatamente después de la elección de Trump, presenciamos el interesante espectáculo de la canciller alemana Angela Merkel asumiendo el liderazgo en leer la cartilla a Washington sobre valores liberales y derechos humanos. Entre tanto, desde el 8 de noviembre, el mundo mira hacia China por liderazgo para salvar al planeta de la catástrofe ambiental, en tanto Estados Unidos, una vez más en espléndido aislamiento, se dedica a socavar esos esfuerzos.

Por supuesto, el aislamiento estadunidense no es completo. Como quedó de manifiesto en la reacción a la victoria electoral de Trump, Estados Unidos cuenta con el apoyo entusiasta de la ultraderecha xenofóbica en Europa, incluidos sus elementos neofascistas. Y el retorno de la ultraderecha en partes de América Latina ofrece a Washington oportunidades de alianzas allí también. Y, desde luego, conserva su alianza cercana con las dictaduras del Golfo y con Israel, que también se separa de sectores más liberales y democráticos de Europa y se vincula con regímenes autoritarios a los que no les importan las violaciones israelíes del derecho internacional y sus duros ataques a los derechos humanos elementales.

El cuadro que se perfila sugiere el surgimiento de un Nuevo Orden Mundial, muy diferente de los retratos usuales dentro del sistema doctrinal.

 

Publicado con permiso de Chomsky ZCommunications

Traducción: Jorge Anaya

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Este año 2016 hemos crecido como campaña y además… ¡Destapamos el CETA! ;)

Sun, 01/01/2017 - 07:00

NoalTTIP, CETA, TISA

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ENERO

350 organizaciones ya forman parte de la campaña | más info

FEBRERO

La mayor Asociación de Jueces en Alemania se opone al ISDS | más info

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MARZO

280 municipios se declaran libres de TTIP/CETA

8 Parlamentos regionales votan en contra del TTIP/CETA | más info

ABRIL

Nace la Alianza Europea de municipios sin TTIP, CETA y TiSA | más info

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MAYO

Greenpeace filtra documentos secretos del TTIP y los medios rompen su silencio sobre los tratados | más info

JUNIO

Accedemos a las más de 1.500 páginas del CETA

¿creíais que el TTIP era peligroso?

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JULIO

¡4 millones de firmas recogidas en la Iniciativa Ciudadana Europea!

AGOSTO

También descansamos… ;) #VeranoLibredeTTIPyCETA

y entre el descanso… nos preparamos para el ¡Otoño en Resistencia!

SEPTIEMBRE

350.000 personas salen a las calles en Alemania contra el CETA | más info

OCTUBRE

75.000 personas salimos en el Estado Español contra el CETA | más info

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La región de Valonia destapa los peligros del CETA ante el Consejo de la UE

NOVIEMBRE

Se presenta una PNL contra el CETA en el Congreso de los Diputados

DICIEMBRE

119 MEPs se comprometen a votar NO al CETA y 7.828 personas piden a sus MEPs que voten NO al CETA a través del CETA Check!

¡2017 es un año clave para el futuro que queremos!

keep calmEn febrero el Parlamento Europeo votará sobre el CETA.

En el caso de aprobarse, los parlamentos regionales y nacionales tendrán que ratificar el acuerdo este año.

¡Este es el año de las personas y del planeta, y no de las grandes corporaciones!

De momento apuntaros en la agenda la próxima movilización: 21 de enero día europeo contra el CETA.

Nos vemos en las redes, y en las calles ;)

 

 

 

¿Nos ayudas a seguir sumando fuerzas?

Únete a la campaña No al TTIP, síguenos en las redes, haz que se nos escuche!

 

    
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La extrema derecha es hija de la globalización

Sat, 31/12/2016 - 09:00

Alberto Garzón – Consejo Científico de ATTAC España

Pensemos la globalización como si fuera un juego. Cada jugador comienza con una determinada dotación de recursos y termina con otra distinta, y por lo tanto durante la partida puede haber ganadores y perdedores. Nos vamos a concentrar en tres jugadores. Por un lado está el jugador llamado «trabajador urbano chino», que comienza con 5 euros. A otro jugador le llamaremos «superrico mundial» y comenzará el juego con  100 euros. Y al tercer jugador le llamaremos «clases populares occidentales», y comenzará con 10 euros. Al cabo de veinte años finaliza el juego y se hace recuento. Ahora el «trabajador urbano chino» tiene 9 euros, lo que no está nada mal porque es un 80% más de lo que tenía de partida. Sin embargo, el «superrico» ha ganado mucho más y tiene ahora 165 euros, pero eso significa «sólo» un crecimiento del 65% sobre sus recursos iniciales. Finalmente, el jugador «clase media occidental» tiene ahora 10 euros, esto es, lo mismo que al comienzo.

Los datos de este juego no han sido inventados sino que forman parte del último trabajo de Branko Milanovic, especialista en desigualdad económica e investigador principal de ese área en las Naciones Unidas y el Banco Mundial. En efecto, lo que este trabajo proporciona es información empírica a favor de una hipótesis con la que trabajábamos desde hace décadas. A saber, que la globalización ha producido ganadores y perdedores que se distribuyen a lo largo del mundo del siguiente modo.

Por un lado, aunque los superricos son una minoría (el 5% más rico) pero son los que más se han beneficiado en términos absolutos del proceso (de cada 100 dólares de nuevos ingresos entre 1988 y 2008 se han llevado 44). Los superricos están fundamentalmente en Estados Unidos, pero también en Europa Occidental, Japón y Oceanía. Milanovic los llama plutócratas globales. En el gráfico de más abajo ocupan el punto «C».

Por otro lado, lo que podríamos llamar las «clases medias asiáticas» son las principales ganadoras del juego en términos relativos. Como partían con recursos muy pequeños, las ganancias que han tenido –en torno al 12% del total de los nuevos ingresos absolutos- han supuesto un crecimiento relativo del 80%. Estas personas se sitúan en el centro de la distribución de ingresos de sus países, que es sobre todo China pero también India, Tailandia, Vietnam e Indonesia. Naturalmente «clase media» significa una cosa distinta a lo que significa en Occidente, pero gráficamente podríamos identificarla con las capas urbanas de China. En el gráfico son el punto «A».

Finalmente, a lo que llamamos «clases populares occidentales» son aquellos sectores que son más ricos que los asiáticos que acabamos de describir pero que se encuentran en los estratos más pobres de sus propios países, que son fundamentalmente los de Europa Occidental, Norte América, Oceanía y Japón. Son los que no han ganado nada con la globalización y, de hecho, son sus víctimas porque han sido golpeados por procesos de desindustrialización, el incremento de la competencia económica internacional y un mercado de trabajo global que hace aún menos competitivos a los trabajadores no cualificados. En el gráfico son el punto «B».

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Lo anterior es una foto de la distribución de ingresos a nivel mundial, y como tal tiene sus limitaciones. El trabajo completo de Milanovic proporciona mucha más información útil para entender qué está significando la globalización en términos de desigualdad de ingresos y, en cierto sentido, las transformaciones en la estructura de clase. Lo que me interesa resaltar ahora es que lo apuntado aquí conforma el terreno material en el que se mueve la batalla política, por decirlo así. Esto es, sería imposible entender fenómenos como Donald Trump, Le Pen, el crecimiento de la extrema derecha en el norte de Europa, el 15-M o las movilizaciones sociales en Europa del Sur sin atender a estas transformaciones. Igualmente, sin comprender estos cambios es imposible plantear estrategias políticas correctas o adecuadas para la izquierda.

Lo que estamos diciendo es que las clases populares de Europa son parte de las grandes perdedoras de la globalización y que, por eso mismo, buscan, a veces de forma consciente y otras de forma intuitiva, proyectos políticos de protección ante la expansión de la pobreza, inseguridad, precariedad e incertidumbre.

A finales del año 2014 un estudio del Pew Research Center mostró lo debilitada que estaba la confianza en el libre mercado en Europa del Sur. A la pregunta de si el libre mercado era mejor para la gente, en el mundo occidental respondían afirmativamente el 63% (frente al 30% que respondían negativamente). Pero en España sólo el 45% estaba de acuerdo con la afirmación (el 51% en contra), veintidós puntos menos que en 2007. En Grecia el porcentaje fue del 47% (50% en contra), Italia el 57% (31% en contra), Francia 60% (39% en contra) y en Japón el 47% (51% en contra). Estos datos contrastan con los de los países ganadores de la globalización, como los llamados países emergentes. Por ejemplo, en Vietnam el 95% estaba de acuerdo con que el libre mercado era mejor (frente al 3% que contestaba negativamente), y en China ese porcentaje era del 76% (frente a un 18%). En suma, estos datos abundan en la percepción subjetiva que tienen las poblaciones de diferentes países sobre la globalización. Y es natural, por lo visto más arriba, que los ganadores materiales de la globalización apuesten por más libre mercado mientras que los perdedores materiales de la globalización dejen de confiar en la mano invisible a nivel mundial.

Para la izquierda, esto que acabamos de describir es fundamental. En la teoría marxista del siglo XIX se asumía que bajo el capitalismo se daría un proceso permanente de proletarización, es decir, de conversión de las clases medias en proletariado. Esto provocaría, según las interpretaciones más deterministas, que la inmensa mayoría de la población, ahora convertida en proletaria, viera con claridad su antagonismo con la clase explotadora y, por lo tanto, que se sumara a la revolución socialista. El conocido paso de la clase-en-sí-misma hacia la clase-para-sí-misma. Sin embargo, aquel esquema no encajaba bien en una sociedad en la que iban surgiendo estratos sociales asalariados que no eran proletarios de cuello azul sino «estratos intermedios», o en la que incluso iban emergiendo asalariados y proletarios cada vez mejor remunerados y que se alejaban de las capas más pobres de la sociedad. Si a ello le sumamos un enfoque mundial, en el que los trabajadores pobres de los países ricos son más ricos que los trabajadores ricos de los países más pobres, las cosas se complican. En todo caso no es objeto de este artículo profundizar en esta cuestión particular. Sí, en cambio, preguntarnos por qué en occidente, en donde sí se ha dado cierto proceso de empobrecimiento relativo y absoluto de grandes sectores sociales, la respuesta política tiende a articularse por la extrema-derecha y no por la izquierda.

Si analizamos el proyecto que ofrece la extrema derecha, por ejemplo Le Pen o Trump, encontraremos un patrón común ciertamente general: la promesa de protección material a las víctimas de la globalización y la crisis. Lo singular es que se dirige únicamente a los sectores «nacionales», pues el discurso va acompañado de valores y principios profundamente racistas y nacionalistas, que enfrentan a los pobres en función de su identidad étnica. Y han conseguido calar especialmente en los sectores más empobrecidos y menos cualificados de sus sociedades.

El siguiente gráfico, por ejemplo, refleja el perfil socioeconómico de los votantes de cada partido que se presentó a las elecciones presidenciales francesas de 2002. El eje horizontal describe la actitud económica (más izquierda significa más intervención estatal, más derecha significa más liberalismo) y el eje vertical describe la actitud cultural (más arriba significa mayor tolerancia cultural y más abajo significa menos tolerancia cultural). Como se puede observar, el Frente Nacional (FN) era profundamente hostil al multiculturalismo (que es una característica del ultranacionalismo) pero ambiguo en lo económico. Esto último es algo común a los nuevos partidos de la extrema derecha europea, que no encajan en el tradicional trade off entre Estado y mercado (no son ni liberales ni socialistas) porque defienden una suerte de capitalismo nacional. Esto consiste básicamente en combinar liberalismo paternalista interior y proteccionismo exterior, siempre desde el punto de vista de una población nativa que está siendo atacada desde fuera (de ahí el dominante euroescepticismo). No es cierto, por lo tanto, que la extrema derecha sea neoliberal, y de hecho es habitual encontrar en sus discursos alusiones a la «justicia social», o a lo social en general, siempre referenciadas únicamente para los nacionales.

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Lo que me parece relevante es observar cómo la condición socioeconómica sugiere diferencias notables en ambas actitudes. Por ejemplo, los menos tolerantes son los trabajadores sin cualificación y los agricultores, pero tampoco destacan por su tolerancia los trabajadores cualificados y los autoempleados. Por el contrario, los más tolerantes son los directivos, los profesionales técnicos y los profesionales de la industria sociocultural. Más significativa es aún la actitud según cualificación educativa. Como se puede observar, en la línea discontinua, cuanto mayor cualificación educativa formal más propensión hacia la tolerancia cultural (y liberalismo) y cuanto menos cualificación educativa formal mayor propensión hacia la intolerancia cultural (y proteccionismo). El trabajo y el gráfico es de Simon Bornschier en Kriesi, H. (ed) (2008): West european politics in the age of globalization, y cabe anotar que en los años siguientes a 2002, y especialmente tras el inicio de la crisis de 2008, el Frente Nacional subrayó aún más en su perfil antiliberal y proteccionista. En suma, parece que existe una relación entre la intolerancia cultural y la mayor exposición a la competencia económica internacional, lo que parece razonable: es más fácil ser racista cuando ves tu puesto de trabajo peligrar por culpa de «otro», el «diferente».

Hay que recordar que la globalización tiene entre sus víctimas a los trabajadores con menos cualificación formal, debido entre otras cosas a la fuerte competencia internacional que se ha dado en el mercado laboral mundial y que ha hecho muy poco competitivos a los trabajadores sin cualificación. Dicho de otro modo, el nivel de cualificación formal se ha convertido en una gran división política en las últimas décadas porque es una variable que tiende a determinar si estás en el lado de los perdedores o de los ganadores de la globalización.

En definitiva, lo que planteo aquí es que efectivamente la extrema derecha ha conseguido llegar a las víctimas de la globalización a través de proyectos políticos que implican promesas de protección construidas mediante discursos que llevan a guerras entre pobres (entre los de muy abajo y los de abajo de una sociedad). En política un espacio político no ocupado por un actor será ocupado, tarde o temprano, por otro. Esto es insistir en una obviedad: la extrema derecha ha llegado a las clases populares porque la izquierda anticapitalista no lo ha hecho.

España y Portugal son, en gran medida, excepciones a lo que está sucediendo con la extrema derecha en Europa. Pienso que aquí la izquierda sí ha sido capaz de construir una suerte de cortafuegos a la extrema-derecha, fundamentalmente a través del 15-M y las movilizaciones sociales. Existen otras hipótesis, por supuesto. Hace unos días Íñigo Errejón afirmaba que «donde no hay fuerzas de izquierda capaces de levantar una idea de patria diferente lo capitaliza Le Pen, Orban o el FPO en Austria». Pero esto, sencillamente, no es cierto. Ni el 15-M ni las movilizaciones sociales previas hicieron alusión directa o indirecta al concepto de patria, y no es fácil determinar qué peso ha tenido ese eje discursivo de Podemos en los años siguientes. Sin embargo, parece más probable que los proyectos de denuncia y promesa/esperanza de protección ofrecidos por el 15-M y otras movilizaciones hayan sido mucho más determinantes. Al fin y al cabo, el concepto de patria es complejo porque intuitivamente –que no necesariamente- abunda en la división étnica. Me explico.

El capitalismo siempre ha lanzado a competir a todos contra todos, y esto que ocurre ahora no es una novedad. Los socialistas del siglo XIX lo sabían y por eso entendieron muy bien que una cosa era la clase, entendida como situación objetiva dentro de las relaciones de producción, y otra la formación de clase, que era la forma en la que esas mismas personas se organizaban colectivamente (como sindicatos y partidos). Una de las razones por las que se organizaban colectivamente era porque así se neutralizaba la competición entre ellos mismos. Por decirlo bruscamente, mediante la organización colectiva se construía conciencia de clase. Y el discurso que lo mediaba era un discurso sobre aquello que compartían como colectivo, como clase: su papel antagonista con las clases explotadoras. Así fueron surgiendo los sindicatos y los partidos socialistas del siglo XIX. Por eso también es tan importante la organización en nuestro tiempo, porque sirve para construir un «nosotros» que evite guerras entre pobres. Pero si uno pretende que el «nosotros» sea inclusivo, sumando a inmigrantes, los discursos han de construirse sobre elementos comunes y no sobre diferencias. Y el concepto de «patria» no permite construir con facilidad un «nosotros» que sume a nativos e inmigrantes, porque además de las connotaciones históricas específicas del concepto en nuestro país, los propios inmigrantes ya tienen su patria y probablemente no quieren renunciar a ella. Parece una aventura complicada, y arriesgada en la medida en que fortalece discursos de la diferencia que pueden ser reapropiados por la derecha. Más sensato parece centrar los «discursos que organizan» directamente en la precariedad, el desempleo, lo social en general o incluso en identidades colectivas como «trabajadores», «clases populares» o «pueblos» que son elementos que compartimos nativos e inmigrantes.

Sin embargo, no sería excesivamente optimista y plantearía tanto los riesgos como las oportunidades de esta situación. Por un lado, en España la extrema derecha no existe porque gran parte de su espacio lo ocupa el Partido Popular (que no es una derecha asimilable a la derecha europea cristiana, con una tradición más democrática y menos autoritaria). Y, por otro lado, porque la izquierda aún no ha conseguido llegar al conjunto de las clases populares y, lo más preocupante, a los más afectados por la crisis. Esa es nuestra tarea y, de hecho, el objetivo político que nos hemos marcado en Izquierda Unida. Ser pueblo, estar en el conflicto, canalizar demandas sociales, construir organización inclusiva y defender proyectos ético-políticos serios y factibles.

 

Publicado en eldiario.es

Alberto Garzón

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El desastre del modelo liberal en Sanidad: El caso de EEUU

Sat, 31/12/2016 - 07:00

Vicenç Navarro - Consejo Científico de ATTAC España

En el mundo capitalista desarrollado hay básicamente tres formas de financiar y proveer los servicios médicos a la población a nivel de todo el Estado. Uno, que se conoce como el Servicio Nacional de Salud (National Health Service), donde la mayoría de la financiación es pública y la provisión de los servicios es también pública. El segundo modelo es el Seguro Nacional de Salud (National Health Insurance), donde la financiación es pública (a través de un sistema de aseguramiento público) y la provisión de servicios es privada. Y, finalmente, el tercer sistema es el que es financiado privadamente (que se realiza predominantemente a través de aseguramiento privado, siendo las compañías de seguro privadas las que gestionan el sistema sanitario), y en el que la provisión de servicios es también privada. En este modelo, a diferencia de los dos anteriores, la acumulación de beneficios empresariales de carácter privado juega un papel determinante en la configuración del sistema sanitario.

Este modelo, que ha sido promovido activamente por el capital financiero (la banca y las compañías de seguros), tanto a nivel de cada país como a nivel internacional (con el apoyo activo del Banco Mundial y de la Organización Mundial de la Salud, altamente influenciada por el gobierno federal de EEUU), es el modelo liberal (en terminología económica, neoliberal). Es también este modelo el que está siendo promovido por un gran número de economistas en temas sanitarios (de clara sensibilidad liberal) en España, muchos de ellos próximos a la banca. Este modelo es el que existe en EEUU, y es, a todas luces, el sistema más caro (EEUU es el país que se gasta más en sanidad en el mundo, un 17% del PIB), más impopular (el 64% está insatisfecho con la manera como se financia y organiza el sistema sanitario), más ineficiente (el 40% de histerectomías, el 48% de operaciones de cateterismo cardíaco y bypass, el 28% de angiografías, el 40% de angioplastias y el 12% de intervenciones de cataratas son innecesarias) y más inhumano (el 32% de personas que se están muriendo, es decir, que tienen enfermedades terminales, indican estar preocupadas de cómo ellas o sus familiares pagarán las facturas médicas).

Las causas políticas del dominio del modelo liberal

Como siempre ocurre, detrás de cualquier problema económico (y el sistema sanitario en EEUU es un problema económico enorme) hay una causa política: el enorme poder, no solo económico y financiero, sino también político y mediático, de lo que en EEUU se conoce como la Corporate Class (clase corporativa) (es decir, los propietarios y gestores de las grandes empresas financieras, industriales y de servicios que configuran la vida económica del país). Este poder fue el que presionó para que el sistema de financiación de la sanidad no fuera público (como en la mayoría de países de Europa), sino privado, a base de los pagos de los trabajadores y empleados de una empresa y de sus empleadores a las compañías de seguros privadas que, a su vez, contratan con los proveedores (tales como médicos, hospitales, etc.) la provisión de servicios. Así quedó fijado en la ley Taft-Harley (que el presidente Truman vetó pero que el Congreso –controlado por las derechas- aprobó). El mundo financiero, y muy en particular las compañías de seguros, favoreció esta ley que facilitó e hizo posible su gran expansión. Y el mundo empresarial también la apoyó, pues fijaba que el modo de financiar los servicios sanitarios era a través de los convenios colectivos (firmados por los representantes de los trabajadores y por los empresarios), que definen las aportaciones de trabajadores y empresarios a las compañías de seguro privadas, que son las que gestionan el sistema sanitario. Este sistema garantizaba un control por parte de los empresarios sobre su fuerza de trabajo, debido a que no solo los salarios, sino también la asistencia médica del trabajador y de su familia, dependían de su trabajo. Cuando a un trabajador se le despide (y el despido en EEUU es fácil), este o esta pierde no solo su salario, sino también su atención médica (y la de su familia). Esta medida tiene un impacto disciplinario enorme sobre el mundo del trabajo, lo cual explica que EEUU tenga el menor número de días perdidos por huelgas en el mundo capitalista desarrollado.

En este esquema, el nivel de cobertura de un trabajador depende de la fuerza que el sindicato pueda tener en los altamente descentralizados convenios colectivos. En aquellas empresas donde los sindicatos son fuertes, es probable que sus trabajadores tengan una cobertura de sus necesidades asistenciales sanitarias relativamente buena (aunque nunca comparable a lo que cualquier ciudadano tiene en los sistemas nacionales de salud o en los seguros nacionales de salud). Pero si los sindicatos son débiles o no existen, la cobertura sanitaria es menor o inexistente. De ahí la enorme diversidad en los niveles de cobertura sanitaria en EEUU. Y para complicar todavía más la situación, para aquellos que no trabajan, el aseguramiento privado individual es sumamente caro, y prohibitivo en el caso de que tengan una enfermedad crónica.

¿Qué ha hecho el Obamacare?

El primer intento de reforma apareció en las campañas de Jesse Jackson (al cual tuve el placer de asesorar) en 1984 y en 1988, dirigente del movimiento Arco Iris (Rainbow Coalition, que era la alianza de las fuerzas progresistas, sindicatos, movimientos de derechos civiles, ecologistas y feministas dentro del Partido Demócrata), apoyado por los partidos socialista y comunista. Tal movimiento exigió y consiguió que se estableciera un Seguro Nacional de Salud, semejante al sistema sanitario canadiense, que originalmente había tenido un sistema parecido al existente en EEUU hasta que en los años 60 se cambió en una provincia canadiense (Saskatchewan), gobernada por el Partido Socialista canadiense, prohibiendo el aseguramiento privado, pasando este aseguramiento a ser público.

Más tarde, el presidente Clinton (que copió extensamente elementos importantes del programa de Jackson) incorporó tal demanda en su programa (con el cambio sustancial, sobre el programa de Jesse Jackson, de mantener y no sustituir a las compañías de seguros privadas), estableciendo un grupo de trabajo en la Casa Blanca, dirigido por su esposa, Hillary Clinton, en el cual la Rainbow Coalition me pidió que les representara, como científico de su confianza.

La propuesta Clinton, que fue incorporada posteriormente por el candidato, y más tarde presidente, Obama, en su programa, tenía como objetivo intentar reducir el elevadísimo número de estadounidenses que no tenían ninguna cobertura sanitaria (causando más muertes que las producidas por el SIDA). Ahora bien, a pesar de que el título del programa promovido por el presidente Obama se llama Universal Health Care, el hecho es que incluso con el pleno desarrollo de su programa, todavía permanecerían 27 millones de ciudadanos y residentes sin ninguna cobertura, y el doble de este número con cobertura insuficiente. La ley del Obamacare exige que todo ciudadano o residente tenga que tener una póliza de aseguramiento sanitario (de la misma manera que todo propietario de un coche debe tener seguro del coche), sin regular, sin embargo, el precio de la póliza. Y también exige a todos los empresarios que provean aseguramiento privado a sus trabajadores y empleados. Pero el nivel de cobertura obligatorio es muy insuficiente para cubrir las necesidades de la población. El problema mayor es que Obama no se atrevió a enfrentarse con las compañías de seguros (que han financiado gran parte de las campañas de los políticos, incluyendo la del Sr. Obama y la de la Sra. Clinton). Estas adquirirán incluso más poder bajo el mandato del presidente Trump, el cual ha nombrado como Secretary of Health (equivalente a Ministro de Sanidad) a una persona conocida por su oposición a las reformas realizadas por la Administración Obama, empeorando todavía más los problemas creados por la aplicación del modelo liberal en la sanidad de un país, un modelo que los economistas liberales intentan aplicar en España también, promovido por grandes intereses financieros, incluidas compañías de seguros sanitarios privadas que están adquiriendo más y más protagonismo en la sanidad española, expansión facilitada predominantemente por los partidos conservadores de persuasión liberal que han dominado los gobiernos españoles (incluidos los catalanes) en los años de la Gran Recesión.

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Director del JHU-UPF Public Policy Center

Publicado en nuevatribuna
vnavarro.org

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Una Europa blanca, de supremacía masculina, con nazis dentro, sin emigrantes y mucha seguridad

Fri, 30/12/2016 - 07:00

Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España

 “No son muertas son asesinadas” / Foto: Cristina Armunia

Imagen de archivo: “No son muertas son asesinadas” / Foto: Cristina Armunia

Hay días en los que cuesta ordenar los impactos en esta madeja sin sentido. Llevábamos tres mujeres asesinadas en pocas horas por hombres con los que mantuvieron una relación sentimental, cuando cayó la cuarta. Empecemos por aquí y en España.

La más aireada por los medios fue la chica de 25 años acribillada a puñaladas en el portal de su casa de Vigo. Ha sido detenido como presunto autor un compañero de trabajo, de 40, con el que había salido de vez en cuando. Ambos asistieron a una cena navideña de empresa. Hemos tenido que oír que si las 6 de la mañana no eran horas de regresar sola a su casa una mujer y los habituales eximentes de ese calibre.

En Galicia también, en Santiago de Compostela, otra mujer de 30 años, muy conocida y querida en su barrio, recibió una sarta de cuchilladas y palos de su expareja presuntamente. Ambos rumanos destacan, para minimizarlo. No es ni el caso, pero Elena vivía en España desde niña. Falleció a las pocas horas.

La tercera, de 44 y residente de la Pobla de Mafumet, Tarragona, fue asesinada por su marido, según reconoció él mismo ante los Mossos d’Esquadra. Los titulares siguen sus costumbres y relatan cómo 3 mujeres “pierden la vida” apenas tropezadas con hombres del género…  machista y violento.

La cuarta fue “la mujer de” el periodista Alfons Quintá. Se llamaba Victoria Bertrán, según nos ha costado saber. 57 años, doctora en medicina, se había separado de su marido de 73. La madre de la fallecida dijo al escritor Quim Monzó hace 10 años que temía por su hija. Quintá fue un profesional relevante y controvertido. Había montado la delegación del diario El País en Catalunya. Azote de los escándalos en Banca Catalana de Jordi Pujol, acabó dirigiendo precisamente TV3. Hace unos meses escribió unas “sentida” columna en la que fantaseaba con morir de la mano de su amada como ideal. Y el tipo lo cumplió este lunes. Por los indicios recogidos por la policía, se suicidó, tras disparar contra Victoria sin tener en cuenta la opinión de la afectada que ya había puesto tierra de por medio. A este nivel de desquicie hemos llegado.

La mujer, ciudadana de segunda en este mundo en profunda involución. Con machistas que se crecen a diario, marcando tendencia. Como el portavoz de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, volcado en imagen de intimidación, sobre una periodista de La Sexta porque osó preguntar sobre un tuit intolerable. Las críticas al partido se meten por el mismo lugar que los supositorios, había escrito y descrito, ilustrándolo con un gráfico. Girauta sigue en el cargo y como representante de la soberanía popular en el Congreso. Sin que le pase factura ni mediática. La derecha y el machismo parecen tener bula.

Se está produciendo un preocupante aumento de la violencia, la intolerancia y la confusión. El lunes  iba a revelarse como un día especialmente funesto. A primera hora de la tarde era asesinado a tiros el embajador ruso en Turquía. El autor resultó ser un policía que invocaba Alepo y Siria y que fue abatido por las fuerzas de seguridad. Algún desnortado  community manager de medios españoles, Jot Down, frivolizaba con el tema entretanto. A ese nivel estamos llegando también.

Y después el camión que irrumpe en el mercadillo navideño de la céntrica Breitscheidplatz de Berlín, frente a la derruida Iglesia Memorial Kaiser Guillermo. 12 muertos y 48 heridos deja la tragedia. Y una gran desazón. La policía ha indicado que pudo tratarse de un atropello premeditado. Lo hace en la mañana del martes. En los primeros momentos pidió prudencia y evitar los bulos. Y, evidentemente, no se consiguió, no en España.

El Partido Popular lanza a sus primeros espadas para, como es habitual, dar por hecha la autoría islamista. La joven puntal Andrea Levy habla de “choque de civilizaciones” para “imponer su escala de valores con la violencia y el terror”. Es decir, de confirmarse la filiación yihadista del individuo que conducía el camión, se trata de meter en un saco a más de 1.500 millones de personas, distribuidas por varios continentes, que se enfrentarían a los buenos, guardianes de las esencias, como Levy, González Pons, o la ministra de Defensa Dolores De Cospedal que ha aumentado el presupuesto de su departamento un 30%, “para defender a España de regímenes totalitarios y populistas”, según avanzó en su día.

Faltaba un tertuliano con el que me topo en un zapping lanzando frase contundente: “No olvidemos que esto empezó matando un hermano a otro con la quijada de un burro”. Le asombraba que alguien imaginara un arma en algo como un hueso… en la ficción de un libro religioso. Y, eso, en un tiempo, éste, en el que hay palabras que actúan como bombas incendiarias. No debió ser el único, por el enfebrecido tono reinante.

Como siempre, se unen noticias sobre refugiados con el atropello en Berlín, muy probable atentado. La maquinaria juega bien a inducir asociaciones. Con la seguridad: Europa ya no está segura. Cuando el homicida es un ultraderechista, como Anders Behring Breivik en Utoya, Noruega, que mató a 84 personas, o el que asesinó este verano a la diputada laborista Jo Cox, nadie habla de choque de civilizaciones, ni de “integrar” a los nazis. Ni siquiera se les presenta como sujetos a temer cuando su ideología fanática se están metiendo en las arterias de la sociedad. Hoy por hoy es la mayor amenaza que padecemos: el fascismo.

La seguridad. La máxima certeza es que es imposible garantizarla por completo. Y entre vender explosivos en las plazas y poner un policía detrás de cada ciudadano existe un punto medio racional. La tendencia se dirige a seguir levantando barreras cada vez más altas para dotar de “seguridad” a Europa. A esa Europa que distribuye injusticias e insolidaridad. Tanta irracionalidad en beneficio de unos pocos. El terrorismo siempre encuentra resquicios, reflexionen si encerrarse es la única solución, si es la solución.

Van a por un continente blanco, con sus nazis dentro, sin emigrantes, ni pobres, igual que los Estados Unidos de Trump. Con hombres superiores a las mujeres como mandan los cánones “de toda la vida”. Con hombres que matan a las mujeres en España y otros muchos lugares, porque son suyas, no toleran abandonos y hasta gustan de materializar sus fantasías descerrajándoles una escopeta. Con asesinadas de primera, segunda y tercera, incluso. Con la ley del embudo como norma general.

Cuando en Nochebuena o en cualquier momento hayan de enfrentarse a peroratas de loros, acumuladores de tópicos, al yo no soy machista pero, yo no soy racista pero, es que hay culturas que lo llevan en la sangre… háganles pensar, a ver si no se les rompe la cabeza del esfuerzo.

Los días aciagos tienen un antes y un después. Poco por hacer con el previo, salvo aprender de él; pero el mañana depende de nosotros.

Publicado en eldiarioes
El Periscopio

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Nuevo ciclo

Thu, 29/12/2016 - 09:00

León BendeskyLa Jornada

Los datos indican que comienza un nuevo ciclo de expansión de la economía de Estados Unidos. Incluso hay previsiones de que podría llegar a una tasa de crecimiento del orden de 4 por ciento anual con las medidas económicas que propone el presidente electo Donald Trump. Esta es una tasa muy por encima del promedio de 2.5 por ciento de los últimos 10 años.

Si así fuese ese crecimiento tendría, según ha planteado expresamente Trump, un carácter muy distinto al de las décadas anteriores, que desde los años 1980 se caracterizaron por el fuerte impulso de la apertura constante de los mercados: el comercio, las inversiones, en algunos casos el movimiento de personas y la ampliación general de la economía global.

En efecto, lo que se estaría fraguando en la política económica del nuevo gobierno que va a empezar en unas tres semanas es una expansión hacia adentro, es decir, privilegiando la producción y el empleo internos y la restricción de los intercambios de mercancías y el flujo de los capitales con otros países.

En ese esquema se incluirían, asimismo, las previstas limitaciones en materia de inmigración, con lo cual se incidiría también en la conformación del mercado laboral. Y esto en un entorno en el que se ha mermado la capacidad de los sindicatos, en el que se debate el nivel que debe tener el salario mínimo y la nueva estructura de los impuestos. Es difícil predecir la reacción social frente a estos cambios y, en particular, la de los trabajadores con distintos niveles de ingresos. Trump parece apostar por una mayor cantidad de empleo como atractivo de su política de crecimiento.

El entorno global será redefinido por el nuevo gobierno, según se puede apreciar por los nombramientos propuestos en las relevantes áreas de la nueva administración: comercio, finanzas, regulación, trabajo, energía y medio ambiente.

En este esquema la economía estadunidense no va a funcionar expresamente como una locomotora de la producción a escala internacional a partir de la demanda de productos intermedios y finales desde otras partes. Con ello se obligaría a un nuevo acomodo de la actividad productiva, del empleo de la fuerza de trabajo y del financiamiento a escala ya sea nacional o regional.

En el caso de Europa la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ya está provocando ese reacomodo, pero habrán de crearse nuevos arreglos para compensar los cambios en los flujos de mercancías y de capitales y las políticas tributarias y de gasto público, así como del tipo de cambio de Estados Unidos.

China deberá adaptar de un modo mucho más profundo las distorsiones internas en materia de la asignación de los recursos para la producción, la creación de empleos e ingresos de su creciente población, el desarrollo regional, la regulación ambiental y, especialmente, la gestión de la política monetaria y de crédito, así como la fijación del valor del renminbi. La subvaluación de la moneda ha sido una estrategia comercial clave para China y muy cuestionada por Trump. Japón y Corea tienen también una relación estrecha de comercio e inversiones con Estados Unidos y tendrán que ajustarse.

En las semanas anteriores el efecto Trump ha provocado un alza en las expectativas sobre el crecimiento de la economía estadounidense. Esto se ha expresado en el auge del mercado de valores, el incremento de las tasas de interés por la Reserva Federal y una apreciación del dólar con respecto a otras monedas clave en los mercados internacionales, como la libra esterlina, el euro y el yen.

Estos son indicios del nuevo ciclo expansivo, luego de una década de lento crecimiento. Por ahora sigue existiendo una fuerte demanda de dólares por los mayores rendimientos que dan los títulos emitidos en esa moneda y también por un efecto de protección de valor frente a otras monedas. Las distorsiones productivas, financieras y monetarias de este nuevo ciclo van a marcar su carácter en cuanto al nivel posible de expansión de la actividad económica, la asignación de las corrientes de inversión, la distribución regional de crecimiento y su duración.

El ajuste que estas condiciones exigirá a la economía de México será de gran calado y no puede hacerse únicamente en un contexto bilateral con Estados Unidos, donde hay animadversión del nuevo gobierno. Un nuevo orden entre la dinámica interna y las relaciones externas será determinante y exige ser muy bien concebido y operado políticamente. Ahora ya no hay business as usual.

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El capitalismo es desigualdad, y la vida es otra cosa

Thu, 29/12/2016 - 07:04

Gregorio López Sanz – ATTAC Albacete

Hace dos semanas los/as amigos/as de la Asociación de Docentes de Economía en Secundaria de Castilla-La Mancha (ADES-CLM) me invitaron a participar en las jornadas que organizaron en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Albacete, bajo el lema “Jornadas Educativas de Economía, Empleo, Pobreza y Exclusión Social”.

A continuación reproduzco el texto que sirvió de base a mi intervención.

1. Algunas ideas previas

Vivimos en un sistema económico, el capitalista o de mercado, donde la desigualdad crece constantemente, especialmente en las últimas décadas. Esta situación ocurre tanto dentro de los propios países, ricos y pobres, como entre ellos mismos.

A la par, las políticas públicas de carácter redistributivo para hacer frente a la desigualdad, cada vez son más raquíticas. Y ello a pesar de que economistas liberales como Keynes tenían muy claro que dichas políticas redistributivas y de gasto público eran claves para afrontar la inestabilidad cíclica del sistema capitalista por la vía de la demanda agregada.

Respecto al gasto público corriente, Keynes justificaba socialmente las transferencias desde el gobierno a las familias de menor renta por su impacto positivo sobre el consumo y en consecuencia sobre la demanda total.

Las políticas keynesianas caen en desgracia en la década de los 80 del pasado siglo cuando son sustituidas por los principios neoliberales y monetaristas, contrarios a la intervención del Estado en la economía y favorables a la desregulación.

El culmen de este cambio de postura tiene lugar con la aprobación del Tratado de Maastricht en 1992 y más recientemente con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea. A partir de entonces, la estabilidad presupuestaria se convierte en objetivo prioritario, tanto en términos de déficit público (3% PIB), deuda pública viva (60% PIB) e imposibilidad de financiarse a través del recurso a los bancos centrales.

No obstante, desde hace ya varios meses, Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, viene reconociendo el fracaso de las políticas de austeridad encaminadas a conseguir la estabilidad presupuestaria en la Eurozona. La política monetaria lleva varios años con tipos de interés en el entorno del 0%, y la recuperación económica o no se ha producido o es muy débil en los países rescatados de la Eurozona. Tal ha sido el “ataque” de sinceridad del señor Draghi, que ha llegado a afirmar públicamente la necesidad de que los Estados colaboren en la recuperación a través de políticas públicas de gasto o inversión, y lo más radical, glosando las virtudes que tendría un aumento de los salarios para impulsar la recuperación económica.

1.1. Concepciones de la pobreza

En determinados pueblos indígenas africanos, la pobreza o la situación de precariedad de las personas está asociada no tanto a ciertas carencias materiales, sino principalmente a la ausencia de un soporte social en términos de una red familiar o de amistades que ante situaciones de dificultad permiten afrontarlas a través de la ayuda mutua.

1.2. Galbraith y la pobreza de las masas

Comenzamos con la situación de los países empobrecidos. En 1978 John Kenneth Galbraith publicaba La pobreza de las masas. En dicho libro plasmaba su experiencia como embajador de Estados Unidos en la India entre 1961 y 1963, etapa en que el país norteamericano desarrolló un amplio programa de ayuda al desarrollo en la India, especialmente en el sector agrario. En su introducción señalaba:

“No cabe duda de que nuestros motivos eran humanos, al mismo tiempo que sensiblemente egoístas. Pero pronto me persuadí de que nuestros esfuerzos iban desencaminados, y que extendíamos el error a aquéllos hindúes con quienes trabajábamos.
Lo que decidimos que constituían las causas de la pobreza inherente a los hindúes, y contra las que pretendíamos luchar, no se derivaban de algo pensado, sino de la conveniencia. Hablando en líneas generales, sólo existían dos cosas con las que podíamos disminuir las privaciones: a través de la aportación de capital y, en principio, de los conocimientos técnicos productivos. Las causas de la pobreza aparecían, pues, como derivadas de una carencia de capital o de una ausencia de experiencia técnica. El remedio incluía el diagnóstico. Era como, si al poseer la vacuna, identificáramos la viruela. Sólo por accidente, una terapéutica así seleccionada podía propiciar el éxito. Y, por desgracia, no se propició dicho accidente (Galbraith, 1982, 11-12).

Es decir, en las políticas de ayuda al desarrollo se utilizan preferentemente los instrumentos de que dispone el país donante y que más le convienen política y económicamente, sin atender a las verdaderas necesidades de los países receptores.

1.3. Deaton y el escape de la pobreza

Angus Deaton, economista escocés, Premio Nobel de Economía en 2015, señala en su libro El gran escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad (Fondo de Cultura Económica, 2015) que son los mismos los mecanismos que desde la Revolución Industrial han permitido tanto el progreso material como una realidad dual entre los pueblos ricos que han salido adelante y los pobres que se han quedado atrás. Escribe que

“El ‘Gran Escape’ de este libro es la historia de cómo la humanidad escapa de la privación y la muerte prematura, de cómo las personas han conseguido mejorar sus vidas y han mostrado el camino a seguir a las generaciones posteriores (…) Este libro trata de la danza sin fin entre el progreso y la desigualdad, acerca de cómo el progreso crea desigualdad y cómo la desigualdad en ocasiones puede ser útil (al mostrar a otros el camino o proveer incentivos para remontar la brecha) y a veces inútil (cuando quienes lograron escapar protegen sus posiciones destruyendo las rutas de escape que quedan detrás de ellos” (Deaton, 2015, 11-14).

Si son los mismos mecanismos los responsables de la opulencia y la miseria, ¿hay vía para un mundo menos desigual?, ¿puede el fin justificar los medios?, ¿puede basarse la opulencia en la condena a la miseria de buena parte de la población?. Nos encontramos ante el permanente dilema económico entre la eficiencia y la equidad. Aquí conviene recordar las palabras de Arthur Okun (1975) “los derechos y poderes que el dinero no debería comprar deben ser protegidos con regulaciones y sanciones específicas (…) Una sociedad capitalista democrática se esforzará por buscar mejores métodos para trazar los límites entre el dominio de los derechos y el dominio de los dólares”.

Deaton (2015) señala incluso el fracaso de la ayuda externa a los países pobres por entender que colabora a mantener gobiernos corruptos y políticas indeseables. En una línea similar a cuando Jean Ziegler afirmaba hace unos años que “A los países pobres no hay que ayudarles, sino dejar de robarles”.

En lo referente a la ayuda al desarrollo, Angus Deaton (2015, 345) se pregunta desde la posición de los países ricos:

“¿Por qué somos nosotros quienes tenemos que hacer algo? ¿Quién nos dio esa responsabilidad? (…) nosotros frecuentemente tenemos tan pobre comprensión de lo que ellos necesitan o quieren, o de cómo funcionan sus sociedades, que nuestros torpes intentos de ayudar en nuestros términos hacen más daño que bien (…) Cuando nosotros intentamos ayudar las consecuencias negativas no intencionadas están garantizadas. Y cuando fracasamos, insistimos porque nuestros intereses están ahora en juego (en nuestra industria de ayuda, atendida en gran medida por nuestros profesionales, y que genera fama y votos para nuestros políticos), y porque, después de todo, nosotros debemos hacer algo”

Claro que habría que hacer algo. Podemos comenzar por modificar las reglas del juego que ahora condenan a los países empobrecidos a una relación de dependencia y sumisión. Lo demás no va más allá de tranquilizar conciencias.

Incluso en el caso hipotético que los países empobrecidos requiriesen inyecciones de capital externo para salir de su situación de postración, la realidad de los flujos internacionales de capital funciona justo al revés. Según Armando Fernández Steinko (2008), el monto de capitales que cada año abandona los países más empobrecidos en dirección al Norte rico, es enorme. Entre 350.000 y 800.000 millones de dólares, cifra cinco veces más alta que toda la ayuda al desarrollo que fluye en sentido contrario. Así, la pregunta pertinente es, ¿quién ayuda a quién?.

1.4. Desigualdad, capital y trabajo

Thomas Piketty (2015, 266-268) señala que la distribución de la propiedad del capital y de los ingresos resultantes es sistemáticamente mucho más concentrada que la de los ingresos del trabajo:

a) La participación del 10% de las personas que reciben el ingreso del trabajo más elevado suele ser del orden de 25-30% del total de los ingresos del trabajo.
b) La participación del 10% de las personas poseedoras del capital más elevado siempre es superior al 50% del total de los capitales, y a veces sube hasta 90% en ciertas sociedades.
c) La excesiva concentración del capital se explica sobre todo por la importancia de la herencia y de sus efectos acumulativos (por ejemplo, es más fácil ahorrar cuando se heredó una vivienda y no se tiene que pagar una renta en forma de alquiler o hipoteca). Una reflexión al respecto. Si la institución de la herencia permite la acumulación y transmisión de la riqueza y explica una parte importante de la desigualdad, ¿por qué se mantiene?.

1.5. Del proletariado al precariado

En los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno nuevo caracterizado por el hecho de que tener un empleo ya no es garantía para satisfacer dignamente las necesidades básicas.
Guy Standing (2016, 222-224) comenta que

“El proletariado clásico ha tenido siempre una ocupación estable a jornada completa. Ha sido explotado en el lugar de trabajo en el horario laboral (…)
[Al precariado] “La definen tres grandes características. En primer lugar (…) obligados, a aceptar una vida de trabajo inestable como norma (…) el precariado está tan explotado fuera del espacio y del tiempo de trabajo como cuando se encuentra dentro. Eso es completamente nuevo (…) No tienen ocio, trabajan (…) tiene una presión increíble sobre su tiempo (…) La segunda característica (…) no tiene pensiones, no tiene vacaciones pagadas (…) Depende de salarios monetarios que son descendientes y volátiles (…) El tercer aspecto (…) es que tiene relaciones diferentes con el Estado (…) Esta es la primera vez en la historia que una clase social emergente se encuentra en proceso de perder derechos que han sido adquiridos por ciudadanos del pasado”.
Esta última característica es un cambio importante en el devenir histórico de la lucha de clases (Standing, 2016, 226-231):

- Ésta tradicionalmente se acometía desde el proletariado contra la clase capitalista a través de los sindicatos, y su objetivo último era conseguir una mayor porción de la tarta sin cambiar las estructuras.
- Actualmente la lucha se plantea desde el precariado contra el Estado, por entender que éste es el brazo ejecutor de los recortes sociales que tanto han perjudicado a los más desprotegidos. Los instrumentos de dicha lucha son las nuevas formas de organización social (15M, PAH) y política (partidos emergentes). Su objetivo es abolir las estructuras que definen la existencia del precariado.

1.6. ¿Y la Unión Europea, qué?

En el curso 1989-1990 los profesores Tomás Carpi y Jordán Galduf me impartieron la asignatura Política Económica de los Países Subdesarrollados en la Universitat de València. Seguíamos el manual de Michael Todaro (El desarrollo económico del Tercer Mundo) y el ensayo de Raúl Prebisch (Capitalismo periférico). Aprendí que la década de los 80 del pasado siglo fue de retroceso en los ámbitos social y político para buena parte de los países empobrecidos del mundo. De la mano del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se habían aplicado en muchos de estos países políticas de ajuste que los habían atenazado y hundido en el agujero negro de la pobreza y la dependencia. En definitiva, que el capitalismo no es un sistema que introduzca paulatinamente a los diferentes pueblos de la Tierra en las vías de la prosperidad y la democracia. Bien al contrario, cabe hablar de un esquema centro-periferia, de manera que los países empobrecidos y “atrasados” se insertan en él bajo relaciones de dependencia y dominación por parte del gran capital transnacional.

Hace casi un cuarto de siglo, el FMI campaba a sus anchas por los territorios más débiles del planeta, obligándoles a tomar una medicina (las políticas de ajuste) que les condenaba a la postración. Ahora el FMI ha aterrizado en la Unión Europea, y sus hombres y mujeres de negro son los que dictan a los gobiernos las políticas a aplicar, que siguen siendo de ajuste, claro, porque no se les conocen posturas alternativas más allá del pensamiento único neoliberal.

Y de vez en cuando, en nuestra vieja Europa, afloran informes…incluso del propio FMI, que nos hacen caer en la cuenta de que la austeridad mata y propaga el dolor y la angustia de mucha gente, porque no se había tenido en cuenta adecuadamente el efecto multiplicador negativo sobre el nivel de renta asociado a un recorte de los gastos públicos, porque la austeridad y la reducción rápida del déficit público a toda costa impulsa el desempleo y la caída del consumo y la inversión…como si todo ello no se conociera ya a partir de las enseñanzas de Keynes y la Gran Recesión de los años 30.

Lo peor de todo es que aunque por propios y extraños se reconoce el fracaso absoluto de las políticas de la troika en los países periféricos del euro (especialmente los rescatados Grecia, Portugal, Irlanda y España), no se ha cambiado ni un ápice el contenido de dichas políticas más allá de una cicatera ampliación del plazo para que algunos países alcancen el objetivo del 3% de déficit público respecto al PIB.

2. Afrontar la desigualdad desde otros sistemas económicos

El Buen Vivir o Sumak Kawsay

Alberto Acosta conecta el Buen Vivir

“(…) con las experiencias, visiones y propuestas de aquellos pueblos (dentro y fuera del mundo andino y amazónico) empeñados en vivir en armonía entre sí y con la naturaleza (…) El Buen Vivir constituye un paso cualitativo importante al superar el tradicional concepto de desarrollo y sus múltiples sinónimos, e introduce una visión diferente, mucho más rica en contenidos y, por cierto, más compleja (…) Critica el concepto mismo de desarrollo transformado en una entelequia que norma y rige la vida de gran parte de la humanidad, a la que perversamente le es imposible alcanzar ese tan ansiado desarrollo, mientras que quienes se pretende ser desarrollados muestran cada vez más señales de su maldesarrollo (…) Para entender lo que implica el Buen Vivir, que no puede ser simplistamente asociado al ‘bienestar occidental’, hay que empezar por recuperar la cosmovisión de los pueblos y (las) nacionalidades indígenas (…) es imprescindible construir otras formas de vida, que no estén normadas por la acumulación del capital (…) No podemos esperar la llegada de la solución ‘técnica’. Nuestro mundo necesita ser pensado en términos políticos. Y en consecuencia tenemos que actuar impulsando un proceso de transiciones movido por nuevas utopías” (Acosta, 2013, 13-20).

2.2. El posdesarrollo

Serge Latouche cuestiona el desarrollo económico tanto como vía para mejorar el bienestar de las sociedades ricas como para salir de la precariedad en aquéllas sociedades empobrecidas.

“Frente a la mundialización, que no es más que el triunfo planetario del todo-mercado, debemos concebir y promover una sociedad en la que los valores económicos dejarán de ser centrales (o únicos) (…) Debemos renunciar a la loca carrera hacia un consumo cada vez mayor. Esto es requerido no solamente por la necesidad de evitar la destrucción definitiva de las condiciones de vida sobre la tierra, sino también y sobre todo para sacar a la humanidad de la miseria psíquica y moral (…) el progreso, el universalismo, el dominio de la naturaleza, la racionalidad cuantificante. Estos valores sobre los cuales descansa el desarrollo, y muy especialmente el progreso, no se corresponden de ninguna manera con aspiraciones universales profundas. Están ligados a la historia de Occidente, y tienen poco eco en otras sociedades (…) La mayor parte de las sabidurías consideran que el bienestar se realiza con la satisfacción de una cantidad juiciosamente limitada de necesidades (…) Las víctimas del desarrollo tienen tendencia a no ver más remedios para sus desgracias que una agravación del mal. Piensan que la economía es el único medio para resolver la pobreza, cuando es ella mismo quien la engendra” (Latouche, 2009, 12-20).

3. Vuelta a empezar

El capitalismo es competencia. La vida es cooperación.
El capitalismo alienta y protege la desigualdad. La pobreza y la exclusión son sus consecuencias naturales.
Procede organizar la vida de los pueblos y las relaciones entre ellos de acuerdo con principios de respeto y austeridad.
La austeridad y la sencillez voluntaria es una obligación moral de las sociedades y las personas del mundo “hiperdesarrollado” cuando somos conscientes que nuestro estilo de vida es depredador de la Naturaleza y dañino para la mayor parte de los seres humanos.

Referencias:

Acosta, Alberto (2013): El Buen Vivir. Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos, Icaria, Barcelona.

Deaton, Angus (2015): El gran escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad, Fondo de Cultura Económica, Madrid (Publicado originalmente en 2013 por Princeton University Press, con el título The Great Escape. Health, Wealth and the Origins of the Inequality)

Fernández Steinko, Armando (2008): Las pistas falsas del crimen organizado. Finanzas paralelas y orden internacional, Catarata, Madrid.

Galbraith, John Kenneth (1982): La pobreza de las masas, Plaza y Janés, Barcelona (ISBN: 84-01-37127-9) (Publicado originalmente en inglés en 1978 con el título The Nature of Mass Poverty, Harvard University Press, London)

Latouche, Serge (2009): Decrecimiento y posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo, El Viejo Topo, Barcelona (1ª edición en francés de 2003, con el título Décoloniser l’imaginaire).

Okun, Arthur M. (1975): Equality and Efficiency. The Big Tradeoff, The Brookings Institution, Washington, D.C.

Piketty, Thomas (2016): El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid.

Standing, Guy (2016): “¿Una carta de derechos para el precariado del siglo XXI?” en David Casassas (2016): Revertir el guion. Trabajos, derechos y libertad, Catarata, Madrid.

Goyo
Casas Ibáñez, Albacete, Castilla-La Mancha, Spain

 

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¿Estados Unidos contra Chimérica?

Wed, 28/12/2016 - 07:00

Albino Prada – Comisión JUFFIGLO de ATTAC España

El respaldo electoral al nuevo presidente de los Estados Unidos supone, de entrada, un desahogo social -los votos de la ira- para los damnificados por la actual globalización en aquel importante país.

Ya hace veinte años el analista y ensayista J. Rifkin relató cómo se dibujaban dos Américas. Ciudades con alta tecnología que prosperan en el nuevo entramado económico global, mientras otras áreas del mismo estado perdían sus fundiciones y plantas textiles. Estos serían los que defienden un reforzado nacionalismo norteamericano, frente a lo que perciben como rampante dumping fiscal, ambiental y laboral de lo que se ha dado en llamar Chimérica.

Es decir, la particular economía global que a un lado y otro del Pacífico convierte a China, Estados Unidos o México en un área que disuelve las fronteras (sobre todo para capitales y mercancías). Un nuevo orden mundial bajo el dominio de la economía informática (infocapitalismo) de inversores financieros, con regulaciones nacionales que inexorablemente se van igualando a la baja (sobre todo las salariales).

Como ya he escrito en estas páginas, era muy previsible que en estas circunstancias encontrase respaldo un nacionalismo que hizo la fabulosa promesa de regresar a la ciudad de la infancia, a un mundo previo a la Chimérica que han ido tejiendo las empresas multinacionales. Un mundo en el que no hay ya centro, ni debe haber fronteras, ni barreras. Por eso el regreso a la ciudad de la infancia reclamaba un gigantesco muro material entre EE.UU. y México y otro, comercial, entre EE.UU. y China. Estados Unidos contra Chimérica.

Esto es algo que ya habían anticipado en un visionario ensayo (con el título Imperio, editado por Harvard University Press, 2000) M. Hardt y A. Negri pronosticando que algunos sectores de trabajadores en los países hasta ahora dominantes llegarían a creer que sus intereses están vinculados a su identidad nacional. Como defensa ante los males de la globalización, defensa ante un nuevo Imperio global. Por eso respaldaron el nacionalismo de Donald Trump.

Ahora bien, ¿es posible desandar el camino que en las últimas décadas llevó a Estados Unidos hacia Chimérica? Aún más, ¿es posible que los grandes grupos financieros y empresariales (los enigmáticos mercados en Nueva York, París o Londres) que han ido dejando atrás a los Estados nación, a cambio de un Imperio global, acepten el regreso al pasado? ¿Es posible hacerlo en Washington de la mano de J. P. Morgan, Amazon o Exxon Mobil?

Lo dudo mucho. De entrada porque, como dijo Hillary Clinton hablando de Chimérica, según supimos por los papeles de Wikileaks: «¿Cómo negocias con mano dura con tu banquero?». Pero, sobre todo, porque cuando circula en televisión un relato corrosivo sobre la Casa Blanca como es House of Cards, creo que estamos ante un claro síntoma de que el poder que nos gobierna está ya en otros lugares, no en la Casa Blanca.

 

Publicado en La Voz de Galicia

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