Skip navigation

News from Attac Spain

Syndicate content
Justicia económica global
Updated: 4 hours 24 min ago

Putin y el “pathos anticolonial”

Sun, 16/10/2016 - 12:00

Germán Gorraiz López – ATTAC Navarra-Nafarroa

Putin habría orientado su estrategia hacia el mundo árabe del arco mediterráneo, revitalizando la doctrina del pathos anticolonial, basada en la ayuda a los regímenes nacionalistas árabes en su lucha contra la influencia occidental y que tendrá su plasmación en renovados proyectos de cooperación económica y en una intensa cooperación militar, lo que unido al evidente desapego afectivo del general egipcio al Sisi respecto a los países occidentales, el endemismo recurrente del fracaso de las sucesivas rondas de conversaciones de paz palestino-israelíes y la delicada situación económica en que se encuentra Egipto ( país pobre de iure y subsidiado de facto), provocará un estrechamiento de relaciones ruso-egipcias que supondría un cambio geopolítico total en el complicado puzzle de Oriente Próximo.

El rol geopolítico de Egipto

Egipto siempre ha sido una pieza clave para mantener la hegemonía norteamericana en Oriente Medio y el norte de África pero la inesperada victoria de Mursi en las elecciones egipcias del 2012, trastocó la estrategia geopolítica de EEUU en Oriente Próximo, consistente en la pervivencia endémica en Egipto de gobiernos militares autocráticos pro-occidentales para mantener el tratado de paz de Egipto con Israel, (acuerdo Camp David, 1979), para continuar la lucha contra las milicias yihadistas en el Sinaí y en especial para asegurar el acceso la Marina de EEUU al Canal de Suez, un atajo crucial para el acceso directo a los Emiratos Árabes, Irak y Afganistán.

Morsi nunca controló las palancas del poder en el país y sólo tenía un control nominal sobre el ejército, las fuerzas de seguridad o los servicios de inteligencia del estado, por lo que negoció con Al Sisi la lealtad del Ejército a su persona enrocado en la defensa de su legitimidad presidencial, pero el CSFA ejecutó un golpe de mano virtual contra Morsi al no encajar su proyecto islamista en la estrategia de EEUU en Oriente Próximo. Dicho golpe contaba con el visto bueno de EEUU al haber dejado Mursi de ser un peón útil para la estrategia geopolítica de EEUU en Oriente Próximo, formando parte de la nueva estrategia de EEUU para la zona tras el evidente fracaso del experimento de exportación del otrora régimen islamista moderado y pro-occidental de Erdogan a todos los países que componen el tablero gigante del mundo árabe-mediterráneo.

El desapego afectivo de Sisi respecto a EEUU

El apoyo de la Junta Militar egipcia sería crucial para mantener el tratado de paz de Egipto con Israel, (acuerdo Camp David, 1979), para continuar la lucha contra las milicias yihadistas en el Sinaí y en especial para asegurar el acceso al Canal de Suez , pues Egipto otorgaba a la Marina de EE.UU. paso expedito a través del Canal de Suez para la docena de buques de guerra que atraviesan mensualmente dicho canal. Así, Israel, Arabia Saudí, Qatar y demás aliados árabes de EEUU en el Próximo Oriente (con la excepción de Erdogan), habrían presionado a Obama y a la UE a no condenar el golpe de mano contra Morsi, optando por un régimen autocrático como mal menor ante la amenaza del islamismo surgido de las urnas.

Sin embargo, tras la cruenta represión del ejército egipcio contra los Hermanos Musulmanes, la Administración Obama anunció la cancelación del ejercicio bienal militar conjunto con Egipto como medida de presión al gobierno interino militar para ceñirse al acuerdo del plan de transición democrático así como la posible revisión de la ayuda militar que concede a Egipto, estimada en 1.500 millones de $ anuales, provocando un desapego occidental que será aprovechado por Putin para recuperar la influencia perdida en Egipto. Recordar que según el periódico Al Tharir, el general Sisi tendría “fuertes lazos con funcionarios de Estados Unidos tanto a nivel diplomático como militar, pues estudió en Washington, asistió a varias conferencias militares en la ciudad y participó en ejercicios conjuntos de guerra y operaciones de inteligencia en años recientes”, pero las medidas de presión de la Administración Obama provocaron el desapego afectivo de al-Sisi tras reprochar a Obama que “Ud. abandonó a los egipcios, Ud. le dio la espalda a los egipcios y ellos no lo olvidarán”.

La nueva estrategia de Putin en Oriente Próximo

La nueva geopolítica rusa en Oriente Próximo quedó plasmada en el decidido apoyo al régimen sirio de Al-Assad y a Irán con el objetivo de fijar su posición como colaborador ineludible en la búsqueda de un acuerdo global para todo el Oriente PROME. Así, consciente de que jugaba con ventaja ante la incapacidad de EE UU y sus aliados europeos de marcar la iniciativa en los conflictos de Oriente Medio y Próximo (Egipto, Siria, Palestina e Irán), Putin aprovechó la gran oportunidad que se le presentó de recuperar la influencia internacional que Rusia había perdido en los últimos años mediante la jugada maestra de convencer a Assad para que entregara todo su arsenal de armas químicas y el escaso apoyo internacional recibido por Obama para iniciar su operación militar contra Siria.

Así, la retirada por EEUU del portaaviones USS Nimitz y el destructor USS Graveley del Mediterráneo tras cancelar “in extemis” Obama el ataque contra Siria (Operación Free Syria) fue aprovechado por Putin para reforzar su flota en el Mediterráneo con 18 buques de guerra pues según la agencia Itar Tass, Rusia reforzará su base naval en el puerto sirio de Tartus con el objetivo de resucitar la extinta Flota del Mediterráneo, (disuelta en 1992 tras la extinción de la URSS), cuya columna vertebral estará formada por la Flota del Mar Negro , la del Norte y la del Báltico (con el Varyag como buque insignia) y podría estar operativa en el 2.017, pero la inestabilidad del conflicto sirio, obligaría a Rusia a buscar una nueva alternativa para su base naval en suelo egipcio, (Damietta o Port Said) así como reabrir la base militar de Sidi Barrani operativa hasta el 1.972, algo que nunca consiguió EE.UU. y por lo que fue derrocado Mubarak.

Egipto sería un país lastrado por su excesivo déficit energético y por las elevadas tasas de importación de cereales en una sociedad inmersa en la cultura del subsidio (alrededor del 30 % del presupuesto del país está destinado a subvenciones), por lo que en el nuevo escenario que se dibuja, las necesidades de grano y de tecnología de Egipto podrían ser satisfechas en exclusividad por Rusia. Así, durante el mandato de Mursi, Egipto solicitó la ayuda técnica de Rusia para construir la central nuclear de Dabaa cerca de la costa mediterránea y desarrollar el reactor nuclear experimental de Inshas, a las afueras de El Cairo, así como la tecnología necesaria para explotar las minas de uranio del país, situadas entre el Nilo y la costa del Mar Rojo, puesto que Rusia a través de las empresas Lukoil y Avatec ya tendría una importante presencia en los campos de petróleo y gas egipcio que se verá incrementada tras la visita a Egipto de Putin.
Así, en el supuesto de que el control del Canal de Suez pasara a manos rusas, la geopolítica de EEUU en Oriente Próximo y Medio (Oriente PROME) quedaría totalmente hipotecada y supondría un cambio geopolítico total en el complicado puzzle de Oriente Próximo, pasando Rusia a ser elemento referente y socio estratégico de Egipto y convirtiendo a Egipto en el portaaviones continental de Rusia, (rememorando la política de Jruschov cuando Egipto era el principal socio de la URSS en la región y su Presidente Nasser fue condecorado con la Estrella de Héroe de la Unión Soviética).

Al Sisi, ¿el nuevo Nasser?

Al-Sisi era partidario de restablecer el tradicional status del ejército en la vida socio-política de Egipto y tras ser elegido Presidente de Egipto en el 2014, habría instaurado un régimen presidencialista con claros tintes autocráticos lo que aunado con el creciente desapego de las élites militares egipcias respecto a los países occidentales y la delicada situación económica en que se encuentra Egipto ( país empobrecido de iure y subsidiado de facto), podría hacer que Sisi enarbolara la bandera de un nuevo movimiento panarabista de filiación nasserista. Dicho movimiento extenderá su efecto mimético al resto de países árabes del arco mediterráneo (Túnez, Libia, Siria, Líbano además de Jordania e Irak ) y podría terminar por reeditar la Guerra de los Seis Días en el horizonte del próximo quinquenio, enfrentamiento que será aprovechada por EEUU, Gran Bretaña e Israel para proceder a rediseñar la cartografía del puzzle inconexo formado por dichos países y así lograr unas fronteras estratégicamente ventajosas para Israel (Eretz Israel) siguiendo el plan orquestado hace 60 años de forma conjunta por los gobiernos de Gran Bretaña, Estados Unidos e Israel y que contaría con el respaldo de los principales aliados occidentales (Gran Israel).

Recordar que el Proyecto del Gran Israel (Eretz Israel), sería hijo del atavismo bíblico y bebería de las fuentes de Génesis 15:18, que señala que “ hace 4.000 años, el título de propiedad de toda la tierra existente entre el Río Nilo de Egipto y el Río Eúfrates fue legado al patriarca hebreo Abraham y trasferida posteriormente a sus descendientes”, lo que supondría la restauración de la Declaración Balfour (1.917), que dibujaba un Estado de Israel dotado de una vasta extensión cercana a las 46.000 millas cuadradas y que se extendía desde el Mediterráneo al este del Éufrates abarcando Siria, Líbano, parte noriental de Irak , parte norte de Arabia Saudí, la franja costera del Mar Rojo y la Península del Sinaí en Egipto así como Jordania, que pasaría a denominarse Palesjordán tras ser obligado a acoger a toda la población palestina de las actuales Cisjordania y Gaza forzada a una diáspora masiva (nueva nakba).

Germán Gorraiz es Analista internacional

Categories: Attac Planet

Los retos de las izquierdas

Sun, 16/10/2016 - 08:00

Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España

La coyuntura que vivimos en España es el resultado de una confluencia de circunstancias excepcional que ha dado lugar a una expectativa grande (y me atrevería a decir que inevitable) de cambio político.

Por un lado, es el resultado de una crisis que esta vez ha dejado ver con toda claridad (como quizá no había sucedido nunca antes) la naturaleza corrupta y fraudulenta del capitalismo, lo que ha permitido que las respuestas a los problemas económicos planteados hayan tenido una componente antisistémica inevitable y más potente y nítida que nunca antes (aunque, por eso, también las defensas del sistema han debido reforzarse de modo extraordinario). Eso ha explicado que los movimientos de indignación y la movilización en general hayan sido muy fuertes, extendidos y plurales.

Por otra parte, esa crisis económica muy profunda ha coincidido en España con otra también muy grave de la institucionalidad en la que se basó el régimen de la Transición y que ha puesto en cuestión el statu quo en materias tan relevantes como el Estado de las autonomías, la monarquía, los partidos políticos, los pactos entre las oligarquías y nacionalismos centrales y periféricos, o incluso la naturaleza de nuestra relación con el marco europeo, entre otras. El desaprecio y rechazo institucional que ha producido esta segunda crisis (sobre todo por la corrupción generalizada que la acompaña) ha reforzado la indignación generada por la anterior, ha debilitado la capacidad de maniobra y de respuesta de las fuerzas del sistema ante ambas crisis y ha obligado a que la respuesta a la crisis institucional también haya debido tener componentes (al menos discursivos) forzosamente situados fuera del marco hasta ahora habitual (horizonte constituyente, República, planteamientos federalistas de diverso tipo, formas o estilos de la democracia, pertenencia al euro o incluso a Europa…).

Ambas circunstancias o crisis (o, mejor dicho, su coincidencia) son las que han permitido o provocado que la respuesta social y política haya sido, e incluso todavía esté siendo, de una fortaleza también inusual que se ha manifestado en lo que, solo para entendernos, podríamos denominar como el fenómeno “Podemos”. Por primera vez desde el final de la dictadura ha habido un sujeto político nacido de una movilización social específicamente puesta enfrente de la institucionalidad dominante y claramente dispuesta a actuar sin voluntad de ser parte del aparato de dominio social (algo que, en cuanto dejó de ser indisimulado, provocó lógicamente una respuesta también inusualmente contundente por parte del sistema). Por primera vez, tenía presencia política decisiva quien expresamente deseaba hacer y hacía política extramuros del régimen de la Transición y quien, a poco que tirase del hilo de la crisis económica, se encontraría inevitablemente en posiciones antisistema (ni siquiera por voluntad propia sino porque la crisis es sistémica).

Sin embargo, mi opinión es que el impresionante impulso con que se fue manifestando y desarrollando ese proceso de irrupción política no solo de un nuevo sujeto, sino también (y eso era igual de importante) de un nuevo movimiento social, de un nuevo ecosistema de la política, de un nuevo lenguaje y de una nueva “georreferencia” de las alianzas, ha entrado en barrena desde hace algún tiempo. Y me temo que en España también pueda ocurrir que la llamada Gran Recesión termine, desde el punto de vista de la respuesta social, en la Gran Frustración o la Gran Decepción (francamente, me siento ahora incapaz de decidirme por un término o por otro, quizá, porque en el fondo creo que deberían utilizarse los dos). Y no creo que haga falta señalar que la pérdida de casi un millón de votos en las últimas elecciones y la convicción generalizada de que si hubiera unas terceras se perderían aún muchos más, son los síntomas más visibles de ello.

En este contexto, el debate que suelo percibir sobre lo que ha ocurrido y sobre lo que podría ser que ya haya empezado a suceder me parece bastante elemental, por no decir que simplista. Básicamente se centra en discutir si la izquierda debe darle prioridad al trabajo institucional o al de “la calle”, si la batalla electoral es central o no, si hay que ser más o menos “radicales” en el sentido de subrayar o verbalizar con mayor énfasis el carácter antisistema de los proyectos políticos, si éstos deben revestirse de un barniz claramente de izquierdas o si deben presentarse como algo “transversal” y susceptible de ser asumido por sectores sociales tradicionalmente alejados de estos planteamientos o, incluso (como ocurre cuando escribo estas líneas), si el problema es “el tono” más o menos fuerte del discurso de los líderes.

Es posible que esté simplificando la situación, los términos del debate y la naturaleza de los discursos que se hacen (y de hecho me consta que ha habido aportaciones de gran interés sobre todo lo que está pasando). Pero, en cualquier caso, lo que quiero señalar es que me parece que (al menos con carácter general) no se está entrando a plantear y resolver lo que a mi juicio son grandes patologías que vienen afectando desde hace decenios a las izquierdas y que, a mi modo de ver, son las responsables de que sus proyectos políticos o experiencias de gobierno sigan estando abocados o a fracasar o a traicionar.

Como el espacio de esta aportación es muy reducido, me limito a presentar, de la manera más resumida posible y siempre en términos generales (sabiendo que hay excepciones a lo que señalo), las que me parecen más importantes y las que creo que en mayor medida influyen en el desinflamiento de la izquierda a la hora de dar respuesta a una situación de crisis generalizada que en principio era muy favorable para que de ella viniese el impulso y la orientación del cambio.

En primer lugar, me parece que las izquierdas siguen generalmente atadas a un concepto del progreso y la transformación social decimonónico que carece del componente más importante que puede y debe tener cualquier estrategia de cambio social que tenga al ser humano como eje central: el humanismo. Tengo la impresión de que las izquierdas actúan guiadas por una percepción mecanicista de la historia que hace creer que los cambios se producen simplemente operando sobre las grandes piezas o agregados abstractos de la vida social.

La principal consecuencia de ello es que las izquierdas no han aprendido a convivir con los seres humanos en su realidad cotidiana como personas ni a congraciarse con su diversidad. A las izquierdas todavía parece que les cuesta mucho trabajo entender que, aunque es evidente que existen clases y grupos sociales específicos y con características o incluso intereses objetivos comunes, los protagonistas reales de la vida y el cambio social son los seres humanos (ojo, no como individuos sino como seres sociales). De ahí que siga siendo proverbial su incapacidad para afrontar en paz y con eficacia el diálogo con la sociedad, y no solo con la más distante sino con la más próxima, con ella misma. Y de ahí el cainismo tan generalizado y presente.

Las izquierdas siguen generalmente atadas a un concepto del progreso y la transformación social decimonónico que carece del componente más importante que debe tener cualquier estrategia de cambio social: el humanismo

Me temo que las izquierdas siguen sin ser capaces o sin tener deseo de ser amables, de ser humanas, y que carecen de prójimos. Hicieron suyas las banderas de la libertad y la igualdad pero dejaron a un lado la fraternidad. Y así es muy difícil que se hagan querer por quienes no compartan su credo o los postulados de su exclusiva razón (o incluso por quienes los comparten).

En segundo lugar, también tengo la impresión de que las izquierdas siguen teniendo una percepción fragmentada o incluso dicotómica de la realidad y de la acción social y que sus planteamientos carecen del sentido de la complejidad que es imprescindible para reconocer la realidad tal cual es. La supuesta disyuntiva entre lo institucional y la calle, o entre la reforma y la revolución son buenos ejemplos de ellos.

Quizá todo eso tenga mucho que ver con el hecho de que las izquierdas no han sabido crear un espacio de creación intelectual, de pensamiento y reflexión compartidos, de elaboración colectiva, de donde salga combustible cognitivo para la acción social y una especie de lengua franca a la hora de hacerle propuestas a la sociedad. Una de las consecuencias más paralizantes de esta carencia es la baja formación, la escasa cualificación y la poca preparación de quienes deberían ser mediadores o creadores de una nueva realidad y de efectos letales que no creo que sea necesario subrayar.

En tercer lugar, me parece evidente que las izquierdas siguen limitándose generalmente a ofrecer a la sociedad proyectos de futuro que solo se pueden asumir o no como se asumen las creencias religiosas, mediante actos de fe. Las izquierdas no han sabido “anticipar” el futuro que pregonan construyendo ahora experiencias de vida y organización social que de algún modo permitan visualizar el modo de vivir futuro y diferente que ofrecen a los demás.

Y me parece particularmente grave y paralizante que la izquierda más radical haya despreciado e incluso demonizado el reformismo que permite hacer cosas y vivir experiencias, y no solo hablar de ellas, que demuestra a la sociedad que las cosas pueden cambiar y, sobre todo, que permite que las personas se empoderen cuando comprueban que pueden construir otro mundo por sí mismas. Es normal que a la gente le cueste creer que quien es incapaz de transformar una minúscula parte sea capaz de transformar el todo.

En cuarto lugar, las izquierdas todavía llevan sus espaldas el lastre tremendo que supone haber renunciado en su día a hacer suyos los ideales de la democracia y los derechos humanos dejando en otras manos los mejores escudos sociales frente a las crisis y el sufrimiento que provoca el capitalismo

Finalmente, las izquierdas siguen siendo profunda y lamentablemente masculinas y completamente desentendidas del cuidado y del cariño como prácticas básicas de la vida (y, por tanto, de la política).

En suma, creo que, más allá de respuestas coyunturalistas, a la izquierda le hace falta pensar colectivamente antes de actuar, dialogar entre sí y con la sociedad en su conjunto con fraternidad, anticipar el futuro y poner en marcha experiencias de producción, consumo y de relación social novedosas, hacerse femenina y convertir la política en una dimensión más del cuidado, y entender que los cambios sociales no son una operación mecánica sino la obra de seres humanos muy diferentes, con intereses contradictorios y no siempre compatibles. Y ni siquiera así será fácil.

——————

Este texto forma parte del número 4 de los Documentos de Debate del Grupo Ruptura para la transformación social titulado Los retos de la izquierda en el estado español: ¿cómo afrontamos el nuevo ciclo? Su contenido completo puede leerse aquí.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

Ganas de escribir

Categories: Attac Planet

Las actuales convulsiones políticas exigen profundidad en el análisis

Sun, 16/10/2016 - 06:00

Miren Etxezarreta – Público.es

Son innumerables los comentarios de opinión dedicados en los medios de comunicación de este país a los acontecimientos políticos de los últimos meses, en especial después de las segundas elecciones y de las dificultades para nombrar Gobierno. No obstante, la gran mayoría de ellos son reflexiones centradas en lo que sucede en el país, en los acontecimientos del Estado o en sus personajes centrales. En este cúmulo de opiniones me faltan aquellas dedicadas a integrar en las mismas un ámbito más amplio: lo que está sucediendo en el mundo a la luz de la historia reciente. Estamos inmersos en comentarios coyunturales, superficiales, locales, ignorando el impacto que otros hechos de mayor alcance tienen en éstos.

Lo que está sucediendo en el Estado español en estos momentos no es más que la expresión en la superficie de los profundos cambios que se están dando en las sociedades globales desde hace ya bastantes años. Sabemos que el mundo está cambiando intensamente y, sin embargo, cuando tratamos de comprender lo que está sucediendo olvidamos casi por completo la incidencia de estos cambios en la pequeña parte del orbe en la que vivimos. Lo que limita nuestra comprensión del fenómeno, dificulta valorarlo en toda su magnitud y, sobre todo, obstaculiza el proceso de resolver los graves problemas que causa.

Después del periodo de paz, sólo relativo, tras la II Guerra Mundial (1945-1975), ya desde fines de los sesenta, el mundo estaba siendo atravesado por acontecimientos de gran envergadura: en una primera etapa, la guerra fría, la guerra de Vietnam, los movimientos sociales del 68-69 sobre todo en Francia e Italia que supuso ya un gran cuestionamiento de las formas tradicionales de expresión política, la acusada crisis de los setenta, cuya percepción ha podido ser relegada por la mucha mayor crisis de los 2007, pero que marcó el comienzo de las dificultades económicas de una nueva era, el surgimiento, con fuerza de los primeros países emergentes en el sureste asiático. Junto al hundimiento del keynesianismo y la enérgica recuperación del neoliberalismo que venía ya preparándose con Milton Freedman desde los cincuenta, pero tuvo su confirmación pública con los programas neoliberales de Pinochet y Videla en los setenta, los nuevos macroeconomistas estadounidenses de la misma época, la abierta conversión de la UE al neoliberalismo siguiendo las pautas de Estados Unidos…

La etapa más reciente es todavía más dinámica: China convertida en un sistema económico-social incalificable pero muy próximo al capitalismo, una serie de potentes países emergentes –los BRICS- que alteran la división del trabajo en el mundo, aumentan la producción y presentan importantes elementos de competencia y sobreproducción para las grandes empresas globales, la aparición y el uso pujante y generalizado de internet, avances tecnológicos de impacto en muy diversas industrias, el temor a la escasez de materias primas. La tecnología que se transmite con facilidad, de modo que los trabajadores de todo el mundo pueden realizar las mismas tareas y se ven obligados a competir entre sí. La concentración creciente del capital y la revolución financiera de amplísimo alcance, la financiarización, que han facilitado la penetrante adopción del neoliberalismo, dando lugar a la aceptación sin límites de los criterios capitalistas en todo el mundo, a lo que hemos llamado globalización. Los grandes capitales compiten con fiereza y las monedas se convierten en instrumentos principales de esta competencia. Para culminar –por ahora- en la tremenda crisis de 2007, en algunos países adobada por vigorosos procesos de corrupción de las clases dirigentes… Nos encontramos en un mundo donde la concentración de los capitales ha conducido a poderosísimos agentes que controlan enormes parcelas de la economía global y donde la categoría país tiene cada vez menor poder analítico y político. Y me dejo muchos más aspectos en el tintero. Por una parte, el capitalismo global extremadamente dinámico, sometido a grandes turbulencias y problemas económicos, si bien, al mismo tiempo, ha logrado convertirse en el sistema económico y social indiscutible en el mundo entero.

Estas convulsiones no se manifiestan solo en el Estado español – la triste suerte y los desastres asociados a las primaveras árabes, los graves movimientos hacia la extrema derecha de varios países europeos, la renovación e intensificación de los nacionalismos e independentismos, el Brexit británico, la potenciación primero y el debilitamiento actual del ‘socialismo del siglo XXI’ en varios países latinoamericanos, las sacudidas del gobierno en Brasil y los menos conocidas por nosotros pero no menos significativos movimientos en Asia y Africa, los movimientos migratorios …

Las sociedades, en todo el mundo, están experimentando sacudidas profundas, movimientos de gran intensidad y alcance, como afectadas por grandes terremotos que alteran toda su estructura productiva, social y política, produciendo conflictos que dan lugar a grandes incertidumbres y turbulencias.

Todo ello se expresa en la superficie de las sociedades en diversas formas en los distintos países. Su dinámica no es más que la apariencia visible de los enormes movimientos en las capas tectónicas (que parecen) subterráneas que realmente los causan.

Frente a ello la organización social y política continúa anclada en los moldes del siglo XX. Es verdad que en muchos países, el capitalismo ha expandido la democracia parlamentaria, consciente de que funciona mejor con ella, pero con la misma filosofía, estructura y organización que a finales del siglo XIX, o todavía menos reivindicativa que entonces. Las instituciones políticas y sociales (no sólo partidos políticos y sindicatos) han modificado, quizá, algunos elementos secundarios, pero esencialmente sus planteamientos continúan siendo los mismos que al consolidarse la revolución industrial; el mejor ejemplo de ello son las dificultades de la UE para avanzar en la aproximación política de sus países miembros.

Hay una contradicción profunda entre la dinámica social y económica y la organización y actuación política. Se quieren enfrentar las situaciones nuevas en odres viejos. De aquí la potente desafección de las poblaciones por la política, que no reside sólo en la mejor o peor actuación de las instituciones políticas específicas de algunos territorios, puesto que se encuentra en todo el globo y señala con claridad a la honda diferencia que existe entre la dinámica económica y social actual de carácter mundial y la organización y actuación política que corresponde a épocas pasadas. De aquí la búsqueda en la práctica de nuevas fórmulas como los movimientos de las plazas, las campañas internacionales, la poderosa rehabilitación de los movimientos separatistas, la intensificación nacionalista, la tendencia a buscar refugio en la extrema derecha, junto al esfuerzo por mantener fórmulas anteriores de los partidos y otras instituciones tradicionales.

Muy escasa ha sido la mención de estos elementos en los análisis de nuestras crisis. Se buscan las razones en los elementos de siempre –ideologías, incapacidad, corrupción, rivalidad, confusión- y las soluciones también –más participación a las bases, primarias, mejor comunicación, rejuvenecimiento-, elementos todos que, por supuesto inciden coyunturalmente en las situaciones que vivimos, pero que no parecen percibir que el mundo ha cambiado y está cambiando permanentemente de tal forma que es necesario analizarlo con ojos más profundos para descubrir las fuertes transformaciones sistémicas que se muestran a través de las alteraciones en la superficie. Quedarse en estos elementos coyunturales no favorece la percepción de lo que realmente sucede sino que contribuye a desviar la verdadera naturaleza del problema. Asistimos a un agrio divorcio entre la necesidad de enfrentar las turbulencias reales de un sistema con grandes fallas y los mecanismos que este utiliza para tratarlos.

Parece como si no se quisiera percibir que es el sistema capitalista y sus contradicciones lo que está en la raíz de estos problemas, a pesar de su aparente solidez. El capitalismo global tiene cada vez menos capacidad de proporcionar la satisfacción de las necesidades y deseos de sus sociedades. Sus problemas, la dura competencia entre sus gigantescos agentes y el poder que acumulan, la necesidad de explotar cada vez más a las poblaciones para poder reproducirse como tales gigantes, la utilización de herramientas y conocimientos cada vez más sofisticadas, está llevando al desencanto, cuando no a la desesperación a importantes segmentos de la ciudadanía que a menudo acusan a los agentes políticos de sus problemas, sin percibir que estos son sólo agentes secundarios, voluntarios y cooperativos y por lo tanto responsables, eso sí, de no avanzar hacia las soluciones necesarias. Es una necesidad de cambio del sistema económico y social mucho más que de remozar las organizaciones de partidos e instituciones políticas.

Nos encontramos con un sistema social en el que los poderosos tienen cada día más poder y han ido conformando los sistemas institucionales de acuerdo con sus intereses, mientras que las ciudadanías han sido deliberadamente conducidas a la confusión -‘la crisis (que no se pregunta de dónde y por qué surge) tiene la culpa’-, y se encuentran inermes para incidir en sus sociedades y sus vidas. Desilusionadas y confusas acusan a la actuación política de sus males en lugar de enfocar la magnitud del problema sistémico, y van abandonando cuando no rechazando la participación política institucionalizada.

¿Qué se puede hacer en esta situación? Por supuesto que no me arrogaré la capacidad de saberlo. Pero sí sé que mientras no consideremos los problemas en toda su magnitud y no detectemos sus raíces, estaremos cada día más lejos de aproximarnos a una situación mejor.

Necesitamos profundizar más y más en nuestros análisis, hasta aproximarnos a las causas profundas de las situaciones, y necesitamos enfrentarnos a este mundo tan global y rápidamente cambiante, donde hay agentes poderosísimos que mueven los hilos de su dinámica. Con el objetivo renovado de transformar el sistema, tenemos que explorar nuevas e inéditas maneras de organizarnos y actuar. No es tanto un problema de mayor o menor habilidad de los partidos parlamentarios, sino la necesidad de plantearse radicalmente el tipo de política necesaria para un mundo muy inestable e injusto, cuyos poderes dominantes no están dispuestos a cambiar en lo esencial – el capitalismo no ha abandonado en un ápice sus objetivos permanentes- y que va muy por delante en sus estrategias de cambio.

Los intentos de cambio político que inicialmente parecieron aportar frescas e ilusionantes formulas novedosas, en una parte importante de las nuevas iniciativas no han logrado salir del sistema tradicional de filosofía y organización —quizá nunca se plantearon transformarlo— y, por lo tanto, no están aportando las formas nuevas imprescindibles para que la ciudadanía se sienta responsable de su propia suerte y capaz de actuar para ello. Hay mucho por inventar genuinamente nuevo en el universo político. Sólo si conseguimos transcender el análisis en términos de simples elementos coyunturales para explorar los elementos estructurales del sistema y su dinámica, podremos avanzar, con dificultades pero con tenacidad y sin prisas, hacia propuestas alternativas que permitirán desarrollar otra genuina forma de hacer política como ciudadanía que pretendemos ser agentes decisorios de nuestras sociedades y nuestras vidas.

Doctora en economía y economista crítica

Categories: Attac Planet

El asalto de las multinacionales al planeta, la democracia y los bienes comunes

Sat, 15/10/2016 - 13:21

Enrique Javier Díez Gutiérreznuevatribuna.es

15 DE OCTUBRE | MANIFESTACIONES EN TODO EL ESTADO

Una consecuencia derivada del TTIP, CETA y TiSA, complementaba el economista Eduardo Garzón, es el aumento exponencial de las privatizaciones de los servicios públicos, como la educación, la sanidad y los servicios sociales.

2016101017242378895

El sábado 15 de octubre se desarrollan manifestaciones en todo el Estado, convocadas por organizaciones y movimientos sociales, campesinos, vecinales, sindicales y políticos, para denunciar el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos (TTIP) que se prolonga ahora en el CETA y el TiSA, con el lema “Las personas y el planeta no somos mercancía”.

Entramos así en este otoño de resistencia, que se convoca desde los movimientos sociales y altermundistas exigiendo la suspensión del TTIP (entre multinacionales de la Unión Europea y de EEUU) y del CETA (entre multinacionales de la UE y de Canadá, caballo de Troya del TTIP), la nueva hornada de los tratados mal llamados de “libre” comercio e inversiones, que imponen los intereses económicos de las multinacionales en detrimento de los derechos de las personas. Para promover una sociedad igualitaria y respetuosa de los derechos de las personas y el medio ambiente es imprescindible replantear el sistema de comercio global que, a día de hoy, únicamente favorece la concentración del poder en manos de unas pocas multinacionales. El otoño en resistencia global llama a la movilización popular por el fin de la impunidad de las multinacionales y en pos de una acción colectiva para defender alternativas sociales como única vía para recuperar soberanía, democracia y derechos.

2016101017242311884

Organizamos recientemente un Curso de Verano de Derechos Humanos en la Universidad de León, que se celebró el último fin de semana de septiembre, titulado “TTIP: El Asalto de las Multinacionales a la Democracia”, donde expertos y expertas internacionales y nacionales, como Susan George desde Francia, Eduardo Garzón, Adoración Guamán desde Luxemburgo, Arcadi Oliveres o Maria José Rodríguez Rejas desde México, analizaron las consecuencias de este tipo de tratados para nuestra sociedad, nuestra democracia y nuestro planeta explicando que las organizaciones sociales se oponen a este acuerdo porque vulnera derechos laborales, sociales o medioambientales y sólo beneficia a las grandes empresas.

Explicaban cómo los documentos filtrados por Greenpeace (los principales textos de la negociación permanecen ocultos a la ciudadanía, existiendo una cláusula para no permitir su publicación en 30 años) confirman una devaluación de las normativas europeas en materia de protección de salud pública, consumo y medio ambiente. Quieren que caigan leyes y políticas que aún protegen los derechos e intereses de las mayorías sociales en Europa y Norteamérica.

Pero igualmente grave es la pérdida de empleos que puede suponer el TTIP. Recientes estudios auguran hasta 600.000 empleos surpimidos. La propia Comisión Europea, cuyo discurso gira en torno a la creación de empleo, reconoce que diversos sectores tendrían pérdidas de empleo. Como comentaba la profesora Rodríguez Rejas, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, un tratado similar, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, EEUU y Canadá, donde se preveía la creación masiva de puestos de trabajo, conllevó una pérdida neta de un millón de empleos.

2016101017242273052

Una consecuencia derivada de estos tratados comerciales, complementaba el economista Eduardo Garzón, es el aumento exponencial de las privatizaciones de los servicios públicos, como la educación, la sanidad, los servicios sociales, etc., bien directamente o de forma desagregada (ambulancias, comedores, gestión hospitalaria y educativa, etc.). Esto supone la implantación del lucro en los servicios públicos y el progresivo deterioro de los sistemas públicos de protección financiados públicamente, al considerarlos una “competencia desleal” con el sector lucrativo privado.

La equiparación de las normativas con las norteamericanas derivaría además en una rebaja de los estándares sociales y ambientales, profundizaba la presidenta del Transnational Institute de Ámsterdam, Susan George, al tomar como referente la legislación más laxa de cada zona, como han solicitado las grandes empresas. En la UE, avanzaba, rige un principio de precaución en el uso de sustancias químicas o pesticidas peligrosas, mientras que la legislación norteamericana da prioridad a la comercialización de los productos, de manera que sólo se retiran si se demuestra a posteriori que son dañinos. Lo mismo pasa con los transgénicos, la carne hormonada (aceptada en EE.UU.) o piensos fabricados con harinas de origen animal. Dado que EEUU tiene, por lo general, peores estándares ambientales (EEUU da prioridad al libre comercio sobre la protección del clima, dada la presión de la industria petrolera) y laborales que la UE, habría una pérdida de derechos sociales, laborales y ambientales cada vez mayor a favor de los intereses de las multinacionales.

Lo que nos mostró la profesora de Derecho del Trabajo, Adoración Guamán, es que se incluye un capítulo de protección de las inversiones, con el que las multinacionales extranjeras pueden denunciar legalmente a los Estados en tribunales internacionales privados, que dan prioridad a la salvaguarda de los inversionistas, por encima de las legislación social, laboral o ambiental del país, algo que ya ha ocurrido con otros tratados comerciales. Un ejemplo sería la privatización del agua en Estonia a una multinacional holandesa que demandó al Estado por querer impedir que subiera las tarifas del agua y la imposibilidad de revertir privatizaciones.

2016101017242346199

En definitiva, para todos los expertos y analistas, estos tratados sitúan los beneficios económicos por encima de la vida, la salud, los derechos sociales y laborales y el medio ambiente. La meta parece clara: eliminar las barreras sólo para la acumulación de beneficios de las multinacionales ya dominantes.

Las experiencias de Tratados de Libre Comercio anteriores han demostrado que las consecuencias han sido las contrarias a las prometidas: incremento de la desigualdad, aumento de los beneficios de las elites acomodadas, estancamiento de los salarios, crecimiento del desempleo, dumping social, declive de la protección social y destrucción de los derechos de las organizaciones de trabajadores y de su capacidad de negociación colectiva.

No podemos vaciar a la sociedad de derechos y a las instituciones democráticas de capacidad de decisión para cedérselo a las multinacionales, pedía el economista Arcadi Oliveres. Nunca antes ha existido una oposición a la política comercial y de inversión de la UE como con este tratado. Más de 1.800 gobiernos municipales y regionales, pymes y figuras de la cultura integran un movimiento contra los tratados como TTIP, CETA y TiSA con un impacto político cada vez mayor.

Nos vemos, pues, el sábado 15 en las calles defendiendo la democracia, los bienes comunes y el planeta en unos tiempos en que una economía criminal ha demostrado hasta dónde puede llegar en el saqueo y el atropello a la voluntad popular. Allí estaremos construyendo una “geopolítica de las resistencias” frente a la configuración de un gobierno económico mundial sustraído a cualquier control democrático y regido por el afán de saqueo de nuestros bienes comunes y de nuestros derechos.

Por Enrique Javier Díez Gutiérrez y Víctor Álvarez Terrón. Universidad de León y UNED

Categories: Attac Planet

¿Deben los robots y la Inteligencia Artificial cotizar a la Seguridad Social? (I)

Sat, 15/10/2016 - 12:00

Rodrigo del Olmo – El Periscopi

Las diversas modalidades adoptadas por los Estados de Bienestar, en términos generales, hacen especial énfasis en programas que proveen a los ciudadanos de unos mínimos estándares de vida y promueven la redistribución de las rentas para, entre otras cosas, reducir las brechas de desigualdad y atenuar los efectos adversos de la estratificación social.  Pueden incluir ayudas temporales a familias necesitadas; prestaciones por desempleo, y otras transferencias, directas o indirectas, de renta como sistemas sanitarios y educativos, de provisión pública y universal; beneficios privados percibidos por los trabajadores; beneficencia impartida por organizaciones sin ánimo de lucro, o subsidios gubernamentales. En otros casos, adoptan la forma de sistemas de salud en los que el trabajador paga una parte del coste de su atención sanitaria mientras que el resto es cubierto por su empleador. En cualquier caso, el mantenimiento del aparato del Estado de Bienestar está fuertemente vinculado al éxito de las políticas de pleno empleo. Cuantas más personas estén trabajando y cotizando con una base cuanto más elevada mejor, más recursos podrán dedicarse a su sostenimiento.

Así, como resume McMaster, el Estado de Bienestar de tipo Keynesiano, surgió tras la Segunda Guerra Mundial como soporte del sistema de producción fordista y su ampliación y reproducción, permitiendo la expansión del consumo de masas a través de la gestión keynesiana de la demanda. Pudo conseguirse, principalmente, gracias a la extensión del derecho a la educación, la sanidad y a las coberturas de los sistemas de seguridad social, como los iniciados en el Reino Unido bajo los auspicios de las reformas promovidas por Beveridge. En contradicción con la tendencia general del análisis económico, el modelo keynesiano no es contemplado como un sustituto del mercado sino como un elemento fundamental que opera dentro del sistema capitalista (McMaster 2008). Su viabilidad depende de la estabilidad del peso en la renta del factor trabajo como componente fundamental, con amplias implicaciones en el tejido productivo, la desigualdad y la dinámica macroeconómica general. Sin embargo, desde principios de 1980, su peso global no ha hecho sino disminuir en la mayoría de países y sectores. Su declive puede ser explicado por la bajada relativa del precio de los bienes de inversión. La mejora en la eficiencia en los sectores productivos intensivos en capital, atribuibles a los distintos avances en las tecnologías de la información y la computación, inducen a las empresas a cambiar trabajo por capital provocando la disminución de la importancia del primero, en beneficio del segundo, como componente de la renta. Podemos simplificar la actividad productiva a través de un modelo en el que solo se consideran dos tipos de bienes finales: bienes de consumo y bienes de inversión. Las diferencias tecnológicas en la producción de los bienes causan cambios en el precio de los bienes de inversión en relación a los bienes de consumo y afecta al precio al que los hogares alquilan capital a las empresas y venden a ellas sus horas de trabajo. El precio relativo más bajo de los bienes de inversión explica, aproximadamente, la mitad de la disminución observada en la participación del trabajo en la renta agregada, incluso teniendo en cuenta otros mecanismos que influyen en la participación de estos factores tales como el incremento de los beneficios o el cambio en las habilidades y capacidades de la fuerza de trabajo (Karabarbounis and Brent 2013).

En relación a la disminución del peso del factor trabajo como componente de la renta, Wierzbicki, define un nuevo estrato, subclase o, incluso, clase social llamada precariado. Esta ha surgido debido a la concatenación de varios factores. El primero de ellos ha sido el lema neoliberal del mercado de trabajo elástico, que, realmente, ha venido a significar severas limitaciones en el papel de los sindicatos junto con cambios en las legislaciones laborales favorables a los propietarios del capital, de forma que pueden elegir, de forma asimétrica y arbitraria, las condiciones laborales con las que contratan. El segundo factor ha sido la posibilidad de minimizar los costes del trabajo con las herramientas proporcionadas por la revolución informática: ordenadores, robots, sistemas expertos, IA, etc. El tercer factor que ha favorecido el crecimiento del precariado ha sido la globalización, que ha significado la transferencia a gran escala de la producción industrial desde los países más ricos a los más pobres con unos costes laborales más bajos. Finalmente, el cuarto factor característico del precariado es la tendencia universal a la mejora de la educación, ya que el término precariado, denota personas bien formadas y preparadas para trabajar y desempeñar diversos roles sociales, pero que no pueden encontrar un empleo duradero debido a un mercado de trabajo despiadado a la hora de minimizar sus costes a corto plazo y con fuerte tendencia hacia los empleos hiperflexibles, inestables y precarios (Wierzbicki, 2016).

Continuará

Categories: Attac Planet

El mundo va hacia la derecha, pero también hacia la izquierda

Sat, 15/10/2016 - 08:00

Emir SaderALAI, América Latina en Movimiento

Como los medios dan gran difusión a las olas de derecha y, especialmente, de extrema derecha, proyectan una imagen de que el mundo va hacia la derecha. Lo cual tiene elementos de verdad, pero está lejos de dar cuenta de todas las tendencias, complejas, del mundo contemporáneo.

El gran viraje a la derecha se ha producido hace algunas décadas, con el fin del campo socialista y la hegemonía neoliberal en el mundo. La fuerza de este modelo lo ha hecho cooptar a partidos socialdemócratas por todo el mundo y fuerzas nacionalistas, como fue el caso en México y Argentina. La proyección de EEUU como única súper potencia mundial expresó esos cambios de forma global.

Más recientemente, otros fenómenos parecen apuntar a un nuevo ciclo de fortalecimiento de la derecha. La crisis migratoria que llegó a Europa ha expandido la extrema derecha, llegando hasta Escandinavia, mientras se consolidaba en Francia, se desarrollaba en Alemania y en otros países. La votación del Brexit y la candidatura de Donald Trump en EEUU, así como el cambio de gobierno en países como Argentina y Brasil, es tomado como ejemplos de una nueva ola derechista en el mundo.

Lo cual no es errado, pero no puede ser tomado como única expresión de las tendencias actuales, ni tampoco ser agregado a expresiones de derecha sin más. El fenómeno de Trump no es más importante, en perspectiva, que el de Sanders, primer candidato con un discurso anticapitalista que logra un apoyo sorprendente en las primarias demócratas, movilizando a nuevas generaciones como ningún otro lo había logrado. Al Brexit se puede contraponer el surgimiento de Jeremy Corbin, el nuevo líder de izquierda del Partido Laborista inglés. En la misma crisis europea, han surgido, por primera vez, fuerzas con capacidad de disputar la hegemonía a los partidos tradicionales, como Syriza en Grecia y Podemos en España, aun con las dificultades típicas de la austeridad todavía predominante en el continente.

Aun un fenómeno como el Brexit o el apoyo de Trump, son expresiones catalizados por la derecha, del descontento de amplios sectores de la clase obrera de esos países con la globalización, cuya reacción puede volver a los cauces progresistas. Al igual que la extrema derecha ha logrado, en varios países europeos, capitalizar el descontento de sectores populares en contra del euro, pero que puede volverse hacia la izquierda, en caso de que esta salga de la trampa de la política de unidad europea con el eje en la moneda única y la correspondiente política de austeridad.

Los grandes temas de la derecha están desgastados en la opinión pública mundial, sea el modelo neoliberal, siempre derrotado en las elecciones europeas, así como la hegemonía global de EEUU, que ha diseminado las guerras en el mundo. Los discursos con acogida popular son los del Papa Francisco, de Pepe Mujica, de Lula, de Evo Morales, de Trudeau, de Sanders, y no los Ángela Merkel, del FMI, del Banco Mundial.

Aun en América Latina, donde la derecha ha recuperado capacidad de iniciativa, ha tumbado gobiernos, en el caso de Brasil lo ha hecho en contra de inmensas movilizaciones y ha instalado a un gobierno sin ningún respaldo popular, mientras que el único líder político nacional con prestigio es Lula. Mientras que en los países donde sigue gobernando la derecha hace años, como México y Perú, por ejemplo, no hay un gobernante que se mantenga con prestigio más que por uno o dos años al comienzo de su mandato,  y luego se verá cómo sus candidatos serán derrotados en las elecciones siguientes. Mientras que los líderes populares con perdurabilidad en el continente son de izquierda: Pepe Mujica, Rafael Correa, Evo Morales, Lula, Cristina Kirchner.

Lo que hay es un debilitamiento de las alternativas conservadoras, de la derecha tradicional, así como las representadas por los partidos social demócratas en Europa, o el mismo Partido Demócrata en EEUU, surgiendo alternativas a la izquierda, pero también a la derecha. En Escandinavia se ha terminado la hegemonía tradicional de la social democracia, que pierde bases obreras incluso para las emergentes fuerzas de la extrema derecha. En el conjunto de Europa hay una pelea entre las alternativas de extrema derecha y las de las nuevas izquierdas, frente al agotamiento de los bipartidismos tradicionales. En la misma América Latina, la disputa es entre los viejos y fracasados esquemas neoliberales de la derecha y la capacidad de renovación y recuperación de fuerzas de la nueva izquierda, que representa a las fuerzas pos neoliberales. Nadie pronostica un buen futuro para los nuevos intentos neoliberales, permitiendo que la izquierda recupere capacidad de acción, por el enorme respaldo popular, mayoritario, que la lucha en contra del neoliberalismo posee.

 

- Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Categories: Attac Planet

¿Es el euro bueno para la Eurozona (incluyendo España)?

Sat, 15/10/2016 - 06:00

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

Este artículo, a partir de la lectura del último libro de Joseph Stiglitz sobre el euro, cuestiona la viabilidad y sostenibilidad del euro en ausencia de cambios sustanciales tanto en su gobernanza como en su articulación con el desarrollo de otras políticas sociales y fiscales hoy inexistentes en la Eurozona y en la Unión Europea. El artículo también muestra las consecuencias muy negativas que las medidas de austeridad, que han sido impulsadas por el establishment financiero, político y mediático europeo, han tenido para el bienestar de las clases populares.

 

En el discurso dominante de las instituciones de gobernanza de la Unión Europea, tales como el Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Eurogrupo, así como en la gran mayoría de gobiernos de los países de la Eurozona, se asume que el euro ha sido bueno para sus economías, estando mejor con él que sin él. Los testarudos datos, sin embargo, no siempre avalan esta visión. Si miramos la tasa anual de crecimiento económico (durante los 12 meses que terminaron en junio de 2016) de los países de la Unión Europea que tienen el euro como su moneda, podemos ver que la gran mayoría de ellos (13 de 18) crecieron por debajo de un 2%, mientras que la gran mayoría de los países de la UE que no pertenecían al euro tuvieron un crecimiento mucho mayor. Solo 3 de un total de 10 países (incluyendo el Reino Unido) de la UE que no tienen euro tuvieron una tasa de crecimiento económico anual inferior al 2%. Como bien señala Joseph Stiglitz en su libro El Euro. Como la moneda común amenaza el futuro de Europa (2016), no puede desecharse la observación de que la existencia de tal moneda haya sido una de las causas de que el crecimiento económico haya sido, dentro de la UE, menor en la Eurozona que fuera de ella.

¿Es el euro o la manera como este se estableció el responsable del decrecimiento?

Ahora bien, puede también argumentarse, como hace John Weeks en la revista Social Europe (22.09.16), que no es el euro el que es responsable del menor crecimiento económico, sino las normas que se utilizaron para establecerlo, dentro de las cuales, las políticas fiscales han sido las mayores culpables de tal enlentecimiento. La reducción del déficit y la deuda públicos como elemento esencial (supuestamente para tranquilizar a los mercados financieros) de tales políticas (escritas en piedra en la Constitución Española por el socialista Zapatero y el conservador neoliberal Rajoy) ha jugado un papel clave en determinar este enlentecimiento. En realidad, y tal como algunos hemos estado enfatizando (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015), estas políticas de austeridad (se mire como se mire) han sido sumamente negativas tanto para el bienestar de la población como para la recuperación económica de los países que han aplicado tales políticas (que son la mayoría de los países de la UE).

Debería añadirse a esta causa otra igualmente importante que John Weeks no menciona, y es la disminución salarial, que junto con las políticas de austeridad que han recortado el gasto público, han creado un problema gravísimo de falta de demanda doméstica, una de las mayores causas de la Gran Recesión. Es importante señalar que estas políticas de austeridad (que han causado un enorme daño al bienestar de las clases populares de los países de la Eurozona) han tenido un impacto muy menor en conseguir su objetivo de reducir los déficits públicos. En realidad, de los 27 países de la UE, 23 continúan teniendo déficit público, y 6 de ellos por encima del 3% del PIB, lo que contraviene las exigencias del Tratado de Maastricht. De los 420 millones de personas que viven en la UE (si omitimos Alemania), 407 viven en países con déficits públicos. Y los países de la Eurozona tienen, como promedio, déficits públicos mayores que los países que no están en la Eurozona. El mayor crecimiento económico en los países de la no-Eurozona ha permitido reducir el déficit público (al aumentar los ingresos al Estado), lo cual no ha ocurrido en los países de la Eurozona, pues han tenido un bajo crecimiento económico (estimulado por la reducción de la demanda, resultado de las políticas de austeridad y bajada de salarios).

En estos países de la Eurozona se ha establecido así un círculo vicioso en el que los recortes de gasto público y la bajada de los salarios están empeorando la situación, dificultando la reducción del déficit (y de la deuda pública). España ha sido un claro ejemplo de ello. La economía ha permanecido estancada en una recesión muy larga (causada por los recortes y las bajadas salariales), interrumpida ligeramente por factores externos a la intervención del Estado, que son coyunturales y temporales, como la bajada del petróleo y el abaratamiento del euro como resultado de las políticas del BCE de imprimir euros masivamente.

No es cierto que se esté intentando estimular la economía europea

Otra de las falsedades que el establishment europeo está promoviendo es que ya se están estimulando las economías a través del Plan Juncker (presidente de la Comisión Europea), afirmación que se hace (con gran resonancia en los medios) con gran contundencia por parte de los dirigentes de tal establishment. El famoso EU Infrastructure Investment Plan (Plan de Inversiones en Infraestructuras), que se inició en 2014 y está programado hasta el año 2022, es, sin embargo, totalmente insuficiente, tanto en su cantidad como en su composición. De desarrollarse según las cantidades programadas (lo cual ya es en sí incierto, pues los fondos incluyen dinero privado todavía no comprometido), el total significaría un gasto de 30.000 millones de euros, que es una cantidad muy inferior a la que ya se gasta en inversión pública el gobierno alemán (que es de los que invierten menos en infraestructuras en la Eurozona). Como punto de comparación, la candidata Clinton está proponiendo invertir, para una población menor que la UE, más de 270.000 millones de dólares (equivalentes a algo más de 240.000 millones de euros), y el Sr. Trump el doble (ver mi artículo “El Banco Central Europeo cambia algunas de sus propuestas neoliberales sin excusarse por el daño que han causado”, Público, 06.10.16).

No son los países periféricos de la Eurozona (mal llamados PIGS), sino los Estados centrales liderados por Alemania los que merecen ser sancionados

Estamos viendo hoy, una vez más, cómo el establishment europeo está amenazando de sancionar a España por tener un déficit público por encima de lo tolerado. Y ello responde a una política que ya se ha mostrado errónea y profundamente dañina, y que enlentece el crecimiento económico de España. En cambio, no se penaliza a los gobiernos cuyas políticas públicas están dañando el crecimiento económico de todos los demás países de la UE. Me estoy refiriendo al excesivo saldo positivo de la balanza de pagos del gobierno alemán, que tiene un enorme impacto negativo en el crecimiento económico de la UE. Me explico.

El canciller socialdemócrata del gobierno alemán, el Sr. Schröder, estableció como prioridad para su país dar una máxima preferencia al sector exportador (por el cual está ahora trabajando en su vida privada), a costa de limitar y desfavorecer la demanda doméstica, estableciendo las reformas de la Agenda 2010 que redujeron los salarios. Su Ministro de Finanzas, Oskar Lafontaine, se opuso y dejó el Partido Socialdemócrata para establecer el partido La Izquierda, Die Linke. Estas medidas deterioraron el mercado de trabajo alemán y de todos los países de la Eurozona, pues todos ellos tuvieron que competir con Alemania haciendo lo mismo: reduciendo los salarios y la demanda doméstica para prioriza el sector exportador, que hoy rige la Eurozona.

Hay que ser conscientes, pues, de que los excesivos saldos positivos comerciales determinan los saldos negativos de los otros países. De ahí que se considere que, de la misma manera que el Tratado de Maastricht exigía que los déficits públicos no llegaran a ser más del 3% del PIB, se deba establecer que el saldo positivo exterior no pueda ser mayor que el 6%. Pues bien, hay seis países, liderados por Alemania, que tienen un saldo mayor que tal porcentaje, sin que hayan sido penalizados. ¿Por qué? Pues porque el gobierno alemán tiene excesivo poder en la UE. Y quiere penalizar a España, imponiendo medidas (que el gobierno Rajoy aplicará con todo entusiasmo, pues es lo que le gustaría hacer incluso sin que hubiera el euro) que harán un daño enorme a las clases populares de España, a fin, en teoría, de mejorar la competitividad del país, bajando los salarios y el gasto público, tal como ha ocurrido en Alemania a costa del bienestar de sus clases populares. Lo que se requiere en la Eurozona es una alianza de las clases populares de los distintos países frente a la alianza ya existente de las clases dominantes de cada país.

Para ello se requiere un cambio radical de las normas que guían la gobernanza del euro, con el establecimiento de políticas fiscales de sentido opuesto al realizado, y el desarrollo todavía inexistente de la Europa Social. Lo que no puede aceptarse ni tolerarse es la continuación del austericidio actual, que significa el ataque más frontal conocido durante la época democrática al bienestar de las poblaciones en este continente. El euro actual debe cambiarse, tanto en su gobernanza como en su desarrollo, complementándose con una política social y fiscal hoy inexistente a nivel de la Unión Europea y de la Eurozona. Lo que no puede tolerarse es que la situación continúe tal como está. El coste humano y económico para la calidad de vida y el bienestar de las clases populares es excesivo e inaceptable. Así de claro.

Publicado en Público.es vnavarro.org
Categories: Attac Planet

La Ley de la Selva

Fri, 14/10/2016 - 12:00

Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España

Doce adolescentes, de entre 12 y 14 años, propinan una descomunal paliza a una niña de 8, compañera de colegio, según el relato de la agredida y de testigos. Doce adolescentes se habrían dirigido así –probablemente a la voz de uno, dos o tres líderes– a secundar una agresión de extrema crueldad sobre una criatura a la que ya han derribado al suelo. Y la patean y crujen a golpes. Sin que nadie mueva un dedo por ella. Hay que ponerse en la mente de todas y cada una de estas alimañas para hacerse idea de la escena.

La pequeña vuelve a clase. Pasará más de una hora allí sentada. También es necesario situarse en su lugar, su dolor y sentimientos. Cuando la madre la recoge han de ir al hospital. El parte médico refleja múltiples daños: el más grave, desplazamiento del hígado. Parece ser que no es un riñón como se dijo en principio, sino el hígado, órgano esencial para la vida. No añade ni quita grados a la salvajada.

Los datos afirman que se ha producido un sensible incremento de los casos debullying en los colegios, y que muchas víctimas no lo cuentan en casa. Temen, probablemente, mayores represalias. Los agredidos son preferentemente niños que por cualquier circunstancia –peso, procedencia– son diferentes al conjunto. La tribu, insegura, ordena la homogeneidad.

Y ahora, en la ceremonia habitual, toca aumentar o restar importancia al caso, eludir o incrementar responsabilidades, responder al puño de hierro con más mano dura, llenar horas de palabrería de consumo, si es el caso.  Son muchos los casos de hecho.

Los adolescentes son espectadores de violencia en las pantallas, argumentan en descargo. Como siempre. Y a los 12, 13 y 14 años, incluso a los 5 si se apura, se sabe que patear entre doce a un ser humano notablemente menor que cada uno de ellos produce efectos desastrosos. Para eso lo hacen. Sin apenas motivo. Para desahogar el odio y el miedo. Lo que no es atenuante alguno.

Estos 12 bárbaros opositan a maltratar en grupo de mayores y subir sus fechorías a la Red. Javier Gállego, Crudo, se refería a estos asaltos en manada, de los que todos somos responsables. Unos más que otros, sin duda.

No es la violencia que se contempla en las pantallas, ficticia o real, el mayor problema. Es la violencia como sistema, la violencia estructural que se está imponiendo en nuestras vidas. El ver triunfar el matonismo con todas sus trampas y zancadillas. Apoyado. La justicia cuando actúa de parte. El desprecio y perversidad con los débiles, como en los grupos menos evolucionados. Termina dejando una raza de cafres.

Cuántas heridas han causado ya las políticas para la desigualdad y las consecuencias que acarrean. España lidera esa brecha en Europa. Reiteradamente. En particular desde que gobierna el PP. Con alarmantes cifras de pobreza infantil o desprotección social. Cuántas secuelas deja y dejará la pobreza inducida. Cuántos niños, jóvenes, adultos y ancianos apaleados contabilizamos desde todos los flancos de la injusticia. Menos mal que ya se puede pedir un Jet privado como quien llama a un taxi con una APP estupenda.

La ley de la selva empieza a definir nuestro mundo de nuevo, reeditando la historia de la barbarie. El Reino Unido, que aprobó un Brexit entre la ira y el desconocimiento, empieza a pensar –ahora– cómo ponerlo en práctica con temibles sesgos de xenofobia. La raza Brexit se afirma por boca de su presidenta Theresa May cuando muestra cierta comprensión a las agresiones a inmigrantesporque quitan el trabajo a los locales, en pura demagogia de la peor especie. Pensando en elaborar listas hasta de escolares extranjeros, los inmigrantes se convierten en moneda de cambio para la negociación de una salida ventajosa de la UE.

May declara que solo admitirán en el país “a los mejores”. Hitler no lo hubiera dicho mejor. Y es la avanzadilla insolente de lo que está ocurriendo en Europa. La vida de miles de refugiados es ya para muchos, para los dirigentes en la práctica, calderilla.

¿Violencia en las pantallas o en la vida? A poco que descuidemos su protección emocional, nos encontramos con el hígado destrozado por la bilis de ver al partido más corrupto de la reciente historia de España a punto de volver a formar gobierno. Podría estar listo antes de que acabe el mes. Apoyado por un obsceno golpe en las filas del PSOE cuyos extremos dejan con la boca abierta y sapos en el estómago. Y por ese devenir de periodistas y medios cómplices. No llegan a ocultar noticias de intolerables atropellos desde el buen periodismo, sin embargo. La Cátedra de Corrupción que tenía instalada el PP, según El Mundo, se suma con sus cutres “powepoint” a este continuo sinsentido.

No es para espíritus sensibles ver los panegíricos que montan al “hombre tranquilo” designado por Susana Díaz –otra incomprendida, leo– como gestor con mando en plaza. Y produce un absoluto empacho de inmundicia oír a Javier Fernández, tan respetuoso con la corrupción del PP,  nuevas alusiones a la cal viva –ahora arrojada sobre Podemos–, que este PSOE haría mejor en guardar si realmente fuera prudente.

La ley de la selva pero más puerca y rastrera. No se sale inmune de su ponzoñoso follaje.

La pobre niña brutalmente apaleada en un colegio de Mallorca ha de apechugar con sus dolores, sus secuelas, y las que en el carácter deja la atroz injusticia. Ojalá encuentre caminos de salida y crecimiento. Los energúmenos que se ensañaron, presuntamente, con ella enfrentarán su papel en la paliza, liderazgo para el mal, servilismo cómplice y dañino. Guardan dentro serias lesiones en el ser de humanidad. No es una chiquillada.

Faltan los que miran. Los que miran y callan. Los que miran y golpean, con manos y pies o con su silencio.

Publicado en eldiarioes

el Periscopio

Categories: Attac Planet

Globalización: la última fiesta

Fri, 14/10/2016 - 08:00

Alejandro Nadal – Consejo Científico de ATTAC España

La reunión semianual del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en Washington, la semana pasada, podría pasar a la historia como la velada del funeral de la globalización neoliberal. Como en esas ocasiones, los discursos en memoria del difunto se suceden como colecciones de aburridos panegíricos fúnebres. Pero por más conjuros que se pronunciaron sobre los despojos mortales de la globalización neoliberal, el cadáver insepulto no quiso resucitar.

Ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales tuvieron que afrontar una larga serie de indicadores macroeconómicos negativos. No sorprende entonces que las estimaciones sobre crecimiento global que ha realizado el Banco Mundial se sitúen en el rango de 2 por ciento. Proviniendo de alguien tan sesgado en favor de los beneficios que atraería la globalización neoliberal, esos datos constituyen una señal de que las cosas no andan bien en la economía mundial. Otro indicador contundente es que las economías de los llamados mercados emergentes experimentarán tasas de crecimiento de 0.4 por ciento debido al colapso en el precio de las materias primas. O sea, estamos en medio del estancamiento.

Para empezar, la Organización Mundial de Comercio (OMC) reveló que el comercio internacional crecerá este año a la tasa más baja desde 2007. El volumen de comercio apenas crecerá 1.6 por ciento. Ese anuncio hiere también el punto de honor de la OMC porque en abril de este año el pronóstico de crecimiento era de 2.8 por ciento. Y dentro de este panorama desagradable sobresale un dato alarmante: las importaciones de las 20 economías más importantes del mundo como proporción de su producto interno bruto se han reducido durante los últimos cuatro años.

Los esfuerzos por consolidar nuevos acuerdos comerciales para cubrir macroregiones (como la cuenca del Pacífico o el Atlántico norte) se han enfrentado a obstáculos insospechados. En el caso del acuerdo para el Atlántico norte es posible que el freno que impuso Francia hace un mes sea el coup de grâce.

El volumen de inversión extranjera directa (IED) en las economías ricas del planeta (el G-20) apenas alcanzó la suma de 646 mil millones de dólares (mmdd) en 2015. Esa cifra es 40 por ciento inferior al monto más alto registrado antes de la crisis. El riesgo y la incertidumbre siguen siendo determinantes para la IED, pero los flujos de capital de corto plazo (inversiones de cartera) también siguen sufriendo el impacto de un entorno incierto y volátil.

Las menores tasas de crecimiento se traducirán en mayor presión en el mercado laboral y problemas por el lado de los ingresos fiscales. El actual presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kin ha señalado que el crecimiento económico es el motor más importante para reducir la pobreza. Ese enunciado habría que examinarlo con mayor detenimiento, pero una cosa es certera: el mal desempeño de la economía mundial organizada todavía alrededor de la política económica neoliberal no significa nada bueno para la realización de las metas del desarrollo sustentable. Por lo mismo, para el cónclave en Washington la prioridad número uno es promover el crecimiento económico y romper este ciclo depresivo que ya dura demasiado.

¿Cómo proponen los jerarcas de la política económica salir del estancamiento? Una buena síntesis del tipo de propuestas es lo que ofrece Agustín Carsterns, presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional (organismo del FMI) y gobernador del Banco de México. Sus recomendaciones se reducen a tres. Primero, mantener la política monetaria acomodaticia en las economías avanzadas. Segundo, utilizar la política fiscal cuando sea posible. Tercero, seguir avanzando en las reformas estructurales. Pero la política monetaria no ha podido reactivar el crédito por el excesivo endeudamiento. En materia de política fiscal la austeridad ha sido el dogma dominante. Y las reformas estructurales se refieren a seguir por el rumbo de la política neoliberal que dio como resultado la crisis global. Los altos funcionarios del FMI no acaban de entender la naturaleza de la crisis que hoy está hundiendo a la economía mundial en el estancamiento.

La crisis de deflación que hoy presenciamos es resultado de poderosas inercias derivadas del súper endeudamiento que mantuvo artificialmente los niveles de crecimiento del decenio anterior a la crisis. Los niveles de endeudamiento a escala macroeconómica son extraordinarios y se sitúan en el orden del 225 por ciento del PIB mundial. Unas dos terceras partes corresponden al sector privado (hipotecas y préstamos corporativos). Es evidente que estamos frente a un círculo vicioso en el que el estancamiento hace difícil que los agentes paguen sus deudas, pero el excesivo endeudamiento conduce a un freno en la demanda y la inversión. Hay que añadir que los episodios de volatilidad estarán agravando esta situación en los próximos años. La crisis deflacionaria se traduce en lo que ya se está comenzando a llamar la Larga Depresión. Habría que organizar una última gran fiesta de despedida de lo que fue la globalización neoliberal.

Twitter: @anadaloficial

Publicado en La Jornada

Categories: Attac Planet

La Teoría Monetaria Moderna contra el fetichismo de la mercancía

Fri, 14/10/2016 - 06:00

Esteban Cruz Hidalgo – ATTAC Extremadura

Tendemos a pensar en el dinero como una mercancía establecida espontáneamente por individuos racionales por poseer unas determinadas propiedades a las cuales debe su valor intrínseco para ser utilizada como equivalente general en el intercambio. Esta es la exposición que se hace en los libros de texto sobre el origen del dinero, una innovación creada para superar el inconveniente del trueque puro reduciendo los costos de transacción, de encontrar exactamente alguien que esté buscando cambiar lo que uno tiene por lo que quiere.

Esta explicación del surgimiento del dinero como un fenómeno de mercado es una de las historias favoritas de los economistas. Es el mito fundacional de nuestro sistema de relaciones económicas pese a no haber pruebas de que alguna vez ocurriera así, sino todo lo contrario. Su pervivencia y atractivo se debe a su instrumentalización, a las importantes implicaciones para los privilegios de la élite gobernante que se desprenden de tal visión del dinero, de los arreglos institucionales que permite mantener tratando el moderno sistema monetario como si funcionásemos con un anacrónico patrón oro en que el dinero opera como un simple lubricador de los mercados y cuyo valor se deriva de su contenido metálico.

La evidencia histórica establece que la misma naturaleza del dinero es un crédito o una relación de deuda, y que su aparición es anterior a la acuñación de moneda por casi 3.000 años y previa a los mercados, siendo su función principal la de unidad de cuenta. Incluso en la época de Adam Smith la circulación de moneda para las compras habituales era escasa y se usaba ampliamente el crédito.

El renacimiento reciente de lo que el economista alemán Georg Friedrich Knapp denominase a principios del siglo XX como chartalismo, impulsado fundamentalmente por el economista Randall Wray y el sociólogo Geoffrey Ingham, provee los cimientos sobre los que se erige la Teoría Monetaria Moderna (en adelante TMM); una corriente postkeynesiana que está adquiriendo una importante visibilidad porque ofrece las herramientas y los argumentos para subvertir la austeridad y el desempleo característico del capitalismo; una lacra cuyos aspectos políticos son esenciales para comprender el rechazo que la TMM sufre, pues modifica por completo las articulaciones de poder de la sociedad en la que vivimos transformando una de las armas fundamentales de la lucha por la distribución como es el mantenimiento de un amplio ejército de reserva de trabajadores.

Este planteamiento sobre la naturaleza y origen del dinero se apoya en investigaciones de numismáticos, arqueólogos y antropólogos, tratando de corregir el mito del trueque tan común en los economistas que permitió a Smith elaborar su visión utópica del capitalismo libre de deuda y violencia, aspectos que son cruciales para entender el desenvolvimiento de mercados impersonales inicialmente basados en el saqueo y la conquista, y el papel del crédito en el desarrollo de la economía capitalista.

El dinero primitivo no se empleaba para comprar ni vender nada en absoluto. En lugar de ello, se empleaba en crear, mantener y reorganizar relaciones entre personas: para concertar matrimonios, establecer la paternidad de hijos, impedir peleas, consolar a los parientes de un funeral, pedir perdón en el caso de los crímenes, negociar tratados, adquirir seguidores, etc.; casi cualquier cosa excepto comerciar con cereales, palas, cerdos o joyas. El dinero surgía así como una unidad de cuenta que indica un patrón abstracto del valor, un valor convencional diseñado por una autoridad pública independiente de las propiedades intrínsecas de las mercancías que se usen.

La TMM insiste en este análisis histórico, cultural y social para postular que el dinero es una unidad de cuenta designada por una autoridad pública, ya se trate de Estados-nación modernos o de los antiguos órganos de gobierno; una institución que surge para la codificación de las obligaciones sociales. Por lo tanto, ofrece una visión diametralmente opuesta a la de la teoría ortodoxa. El dinero funciona, en primer lugar, como una unidad de cuenta abstracta, que luego es utilizada como medio de pago y para la liquidación de deudas. Que sea respaldado por plata, papel, oro o cualquier cosa que sirva como medio de intercambio es solo una manifestación de lo que es esencialmente una unidad de cuenta administrada por el Estado.

El dinero representa una promesa de pago que puede ser creada por todo el mundo. La clave para convertir estas promesas en dinero es que cada vez más personas o instituciones las acepten. Las relaciones sociales presentan una jerarquía de dinero que puede ser vista como una pirámide de varios niveles, donde los niveles simbolizan promesas con diferentes grados de aceptabilidad y en cuya parte superior se encuentra la deuda del gobierno. Las deudas de los hogares y las empresas, que se encuentran en la base de la pirámide, son aceptadas debido a su convertibilidad (al menos potencialmente) en relativamente promesas más aceptables. Estas deudas no son aceptadas en las oficinas del Estado para pagos de impuestos y, por lo tanto, es poco probable que lleguen a ser ampliamente aceptadas como medios de pago, mientras que esta condición es la que respalda a los depósitos bancarios que representan la mayor parte del dinero que circula en la economía. Que todo dinero civilizado sea chartalista no significa necesariamente que solo el Estado cree el dinero, ni mucho menos que controle la oferta monetaria.

La comprensión del dinero como una criatura del Estado desde la TMM conduce lógicamente al armazón operativo conocido como Hacienda funcional, desarrollado por el economista norteamericano Abba Lerner en contraposición de los objetivos presupuestarios que definen lo que erróneamente se denomina Hacienda responsable (que bien podría llamarse Hacienda disfuncional), tomando los presupuestos del Estado como una herramienta para alcanzar el pleno empleo y la estabilidad de precios, objetivos reales que definen lo que debería ser la acción responsable de un gobierno. El objetivo de toda regulación de la actividad económica ha de conseguir que la cuantía del gasto no sea ni demasiado pequeña (lo que produciría desempleo), ni demasiado grande (lo que daría lugar a la inflación).

Un Estado soberano gasta mediante la emisión de sus propias promesas, no se enfrenta a restricciones financieras operativas, si bien puede enfrentarse a restricciones políticas como ocurre hoy. La soberanía monetaria requiere que no se opere bajo las restricciones de tipos de cambio fijos, como la dolarización o las uniones monetarias. Los Estados que emiten su propia moneda no tienen ninguna obligación de tomar prestado o recaudar impuestos para sus gastos. El primer principio de la Hacienda funcional de Lerner es que el Estado debería aumentar los impuestos sólo si los ingresos del público son tan altos que amenazan con provocar inflación. Un segundo principio es que el Estado debe emitir bonos solo si hay presión a la baja sobre las tasas de interés, drenando las reservas excedentes de los bancos para mantener la tasa objetivo del Banco Central.

Sustituir la mal llamada Hacienda responsable por la Hacienda funcional no es sustituir una regla fija por una de libre discreción, tal y como habitualmente reprochan los críticos de la TMM sin fundamento alguno, normalmente por la incomprensión del dinero al haber sucumbido al cuento del trueque de los economistas, quedando hechizados por el fetichismo hacia el oro. El establecimiento de la Hacienda funcional es la sustitución de una regla por otra. En vez de mantener el gasto público en el nivel en que es igual a la recaudación de impuestos, se impone al gobierno la obligación de mantener el gasto en el nivel para el cual la demanda total del sistema no origina ni inflación ni deflación, empleando los recursos reales que están parados, fundamentalmente todo el trabajo disponible, dándoles unos usos elegidos democráticamente.

Desde la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios (APEEP) creemos que el primer paso para hacer políticas progresistas es abandonar el discurso del equilibrio presupuestario y dejar de marear la perdiz en plazos y velocidades de reducción del déficit. Debemos deshacernos de los mitos en torno al dinero y reclamar el poder disponer de soberanía monetaria para tener el espacio fiscal adecuado para operar, entendiendo el déficit como algo ni bueno ni malo, tan solo como una herramienta del tamaño necesario para alcanzar los objetivos que nos proponemos como sociedad. La izquierda necesita aprender de la Teoría Monetaria Moderna.

 

Esteban Cruz Hidalgo es miembro de la Sub Comisión de Soberanía Monetaria de ATTAC España.

Licenciado en Economía y máster en Investigación en Ciencias Sociales y Jurídicas, especialidad Economía, Empresa y Trabajo. Miembro del Instituto de Economía Política y Humana y de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios.

Publicado en Público.es

Categories: Attac Planet

El cíclico devenir de la Historia en Rusia

Thu, 13/10/2016 - 12:00

Germán Gorraiz López - ATTAC Navarra-Nafarroa

El caprichoso y cíclico devenir de la Historia, podría hacer que dos presidentes de Rusia separados en el tiempo por 60 años quedaran hermanados por la recesión económica y el posible regreso a escenarios ya olvidados de Guerra Fría, teniendo como ojo palindrómico a la Península de Crimea (cedida en 1.954 por Jruschov y anexionada por Putin en el 2014). Putin y Jruschov quedarían pues hermanados y pasarían a la Historia como dos iconoclastas que habrían acabado con las herencias del purgador Stalin (histórico discurso de Jruschov en 1956 en el XX Congreso del PCUS denunciando los crímenes y errores de la época de Stalin, el culto a la personalidad y el dogmatismo ideológico) y del cirrótico Yeltsin (demoledora defección de Yeltsin por parte de Putin, acusándole de desmembrar la extinta URSS) y como creadores de nuevos idearios que incluirían la posibilidad de revoluciones por vías pacíficas (desestalinización) y del pragmatismo y el acercamiento a Occidente (oficialismo), aunadas con el objetivo inequívoco de equipararse a EEUU como superpotencia mundial, hija de los ideales expansionistas de Pedro el Grande.

Ascenso de Putin

En su primer mandato como Presidente, Putin logró la defenestración de la primitiva clase dominante proveniente de la época de Yeltsin (oligarcas), corrupta camarilla mafiosa equivalente a un miniestado dentro del Estado Ruso (el 36% de las grandes fortunas concentrarían en sus manos el equivalente al 25% del PIB, (de la que serían paradigmas Berezovksy y Jodorkovski, acusados de evasión y fraude contra el Estado y obligados a exiliarse en el extranjero), procediendo a su sustitución por sujetos de probada lealtad a su persona, sin veleidades políticas y con el único afán de lucro rápido. Posteriormente, silenciando las voces y medios de comunicación disidentes mediante el miedo escénico, la asfixia económica, la incoación de arbitrarios expedientes por delitos fiscales y las vías expeditivas, Putin habría conseguido la desaparición de la oposición propia de los países democráticas y la instauración del oficialismo: doctrina política que conjuga las ideas expansionistas del nacionalismo ruso, las bendiciones de la todopoderosa Iglesia Ortodoxa, los impagables servicios del FSB (sucesor del KGB), la exuberante liquidez monetaria conseguida por las empresas energéticas (GAZPROM) y parte del ideario jruschoviano simbolizado en un poder personalista autocrático, al asumir las riendas de la Jefatura del Estado y la Presidencia del Partido.

Del economismo al Pragmatismo económico

En la esfera económica, Putin estableció como prioridad tras su primer nombramiento como Presidente en el año 2000, la Modernización de Infraestructuras de Transporte y Energéticas y el Desarrollo de Nuevas Tecnologías,(aeroespacial; robótica; bio-medicina; bio-combustibles y nano-tecnología) aprovechando la exuberante liquidez proporcionada por los ingresos del petróleo pero tras la fracasada ofensiva de los países BRICS para cambiar de patrón monetario mundial y sustituir el papel del dólar como moneda de referencia , asistiremos a una reforma monetaria consistente en dejar flotar libremente al rublo en los mercados internacionales y así evitar la continuada sangría de divisas del Banco de Rusia en sus esfuerzos por mantener la paridad del rublo , con unas reservas estimadas de 428.600 millones $, (la más baja desde 2010), medidas calcadas del economismo jruscheviano.

Asimismo,siguiendo la doctrina del pragmatismo económico, mantiene acuerdos preferenciales con la UE para asegurarles el suministro de gas y petróleo rusos e incrementar los intercambios comerciales, debido a la dependencia energética europea (21% de las importaciones de petróleo y 40% de gas proceden de Rusia) y a que el 40% del comercio exterior ruso se realiza con la UE, frente a un exiguo 5% con EEUU, aplicando asimismo una política de diversificación de las ventas energéticas. Así, según la agencia Reuters, Rusia y China habrían sellado un estratosférico contrato petrolero que se convierte en uno de los mayores de la historia de la industria energética por el que la empresa rusa Rosneft, (la mayor petrolera del país), suministrará petróleo al gigante asiático durante 25 años por valor de 270.000 millones de dólares (unos 205.000 millones de euros), con la que se sentarían las bases económicas de la futura Unión Euro-Asiática como alternativa económica y militar al proyecto de Obama de crear una Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de EEUU en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico.

El Talón de Aquiles de Putin y Jruschev

Sin embargo, la economía seguirá siendo el Talón de Aquiles de Putin pues la estructura económica rusa controla solo 2,5% de las exportaciones mundiales y adolece de una excesiva dependencia de las exportaciones de gas y petróleo ( el 70 % de los ingresos provienen de estas vías), la devaluación del rublo respecto al dólar ( casi un 50 % desde que comenzara la crisis de Ucrania) , una inflación galopante que podría alcanzar los dos dígitos a finales del actual ejercicio económico y la continuación del Déficit en el 2016 , a lo que habría que añadir la obsoleta planificación estatal herencia de la época jruscheviana, pues el complejo militar, los proyectos espaciales y las subvenciones a la agricultura siguen acaparando la mayoría del presupuesto ruso condenando a la inanición financiera a la industria ligera y la producción de alimentos. Así, según el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres (IISS), Rusia destinó 45.300 millones de dólares para la defensa en 2012 y está previsto que en el 2016 la cifra alcance un monto total cercano a los 60.000 millones $ y respecto a la carrera espacial, Putin anunció que invertirá 52 millones $ con el objetivo de lanzar el primer vuelo tripulado desde la nueva plataforma de lanzamiento de Vostochny (cerca de la costa rusa del Pacífico) en el horizonte del 2.018, establecer una estación permanente en la Luna en el 2029 y llegar a Marte en el 2025.

Por otra parte, según lo anunciado por el Jefe de Gobierno Medvédev en un artículo publicado en el diario económico Védomosti, asistiremos a la implementación de un nuevo modelo económico que implicará una drástica reducción del sector público y la consiguiente merma de las prestaciones sociales . Todo ello conllevará la Agudización de la fractura social al quedar amplias capas de la población obligadas a vivir en umbrales de pobreza y depender de los subsidios sociales ( 30% de la población), debiendo destinar amplias partidas de las reservas para subsanar el rampante Déficit del Plan de Pensiones y acelerar la anunciada Reducción de la Burocracia, quedando así diluidos los efectos benéficos de sus objetivos de impulsar la Vivienda y Sanidad Públicas, Reducción de Impuestos y el Cambio de tendencia Demográfica. La población de Rusia es de 145 millones y adolece de un crecimiento negativo desde 1.991 que se ha traducido en una reducción de 5 millones de personas en la última década.

Respecto al sector primario, a pesar de ser Rusia es uno de los graneros mundiales ( 8% de la producción mundial de trigo), en el 2010 sufrió una sequía sin precedentes que afectó a la parte occidental de Rusia y que provocó que el 20% de sus 10 millones de Has. de sus tierras cultivables quedaran arruinadas, con el que en el supuesto de producirse un desabastecimiento de grano y productos básicos, Putin deberá recurrir a una masiva importación de productos del exterior. Dada la depreciación galopante del rublo respecto al dólar, podríamos asistir a escenarios de inflación de dos dígitos y a una Revolución Naranja que movilizará a la sociedad rusa para protestar contra la carestía de la vida, pudiendo reeditarse los disturbios y protestas sucedidas con Jruschov debido a la carestía de la vida (represión del levantamiento de obreros de Novocherkaask, 1962), escenario que aprovechará Putin para defenestrar a su Primer Ministro Medvédev tras ser acusado “de ineptitud manifiesta y negligencia peligrosa” y asumir un poder cuasi omnímodo al aunar en su persona los cargos de Primer Ministro, Presidente de Rusia y Presidente de su partido (Rusia Unida), sufriendo de paso la “sui generis” democracia rusa un severo recorte de libertades plasmado en el culto a la personalidad del último zar de Rusia, Vladimir Putin.

¿Golpe de mano contra Putin ?

Sin embargo, las reformas para aligerar la Burocracia y sus fracasos en materia económica , podrían hacerlo impopular en el partido y en la Administración, debilitar el otrora poder omnímodo de Putin y permitir que se fraguara una conspiración para apartarlo del poder que estaría alentada por los oligarcas judíos defenestrados por Putin y obligados a exiliarse en el extranjero Berezovksy y Jodorkovski y en la que será acusado de los mismos cargos con los que decapitó a la camarilla oligarca: abuso de poder, corrupción y delitos fiscales, ( reviviendo el golpe de mano contra Jruschov en 1964 y su sutitución por Leoniv Brézhnev tras ser acusado de culto a la personalidad y errores políticos).

Caso de ser finiquitado políticamente, asistiríamos a la reaparición de la Troika para evitar la acumulación de un poder autocrático y al regreso definitivo de la Doctrina Brézhnev (también llamada doctrina de la soberanía limitada), doctrina que instauró que Rusia tiene derecho a intervenir ( incluso militarmente) en asuntos internos de los países de su área de influencia y que conjugando hábilmente la ayuda a minorías étnicas rusas oprimidas, el chantaje energético, la amenaza nuclear disuasoria, la intervención militar quirúrgica, la desestabilización de gobiernos vecinos “non gratos” y el ahogamiento de la oposición política interna intentará situar bajo su órbita a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS y gestar la Nueva Gran Rusia en el horizonte del 2020, fruto del atavismo de Pedro el Grande.

Germán Gorraiz López es Analista internacional

Categories: Attac Planet

Otro mes de economía golfa

Thu, 13/10/2016 - 08:05

Albino Prada – Comisión JUFFIGLO ATTAC España

El Tribunal de Justicia europeo acaba de considerar que la temporalidad de los contratos en la sanidad española es abusiva. Sucede esto al mismo tiempo que una asociación profesional (Batas Blancas) denuncia al Sergas a más de setenta médicos que presuntamente trabajan para la sanidad pública y la privada sin tener autorizada dicha compatibilidad.

Sigue registrándose en Galicia más de una ejecución hipotecaria al día, mientras el stock de vivienda nueva, al ritmo actual, tardará diez años en agotarse. Un 30 % del sector doméstico en España no está afiliado a la Seguridad Social (casi doscientas mil personas).

Han anotado récord los depósitos bancarios (a rendimiento casi cero) debido a la escasa o nula rentabilidad de otras opciones de inversión. El pequeño ahorrador ve así cómo se evaporan sus rendimientos (aunque si se acerca a pedir un préstamo observará que el coste está muy por encima de cero). Pese a ello el Banco Popular-Pastor anuncia que cerrará trescientas oficinas, casi tres mil empleados menos.

Twitter (como Apple y otras firmas) factura la mayor parte de sus ingresos en España desde Irlanda, pero también conocidos artistas utilizan, según la fiscalía anticorrupción, entramados semejantes para no contribuir por sus ingresos. Todo es tan normal que un exministro, que dimitió por aparecer en los papeles de Panamá, estuvo a punto de ser nombrado nuestro representante en el Banco Mundial.

Los más ricos de la comunidad de Madrid dejan de aportar seiscientos millones de euros en el impuesto del Patrimonio. Sucede esto mientras se nos informa que durante la crisis el número de ricos en España (con patrimonios de más de treinta millones) se ha duplicado, y que las retribuciones de los consejeros del IBEX crecieron al 8 % el pasado año. Dos conocidos empresarios (cerveceros, petroleros y constructores), para evitar la cárcel tendrán que pagar noventa millones a Hacienda, por un fraude fiscal continuado entre los años 2003 y 2009.

El Estado, a través del ADIF, tendrá que hacerse cargo de las deudas bancarias de ACS (Florentino Pérez) derivadas de un túnel bajo los Pirineos. Ese mismo Estado solo ha recuperado el cinco por ciento de todos los fondos (más de cincuenta mil millones en deuda pública, ocho mil de ellos en NCG) empleados en el saneamiento de las cajas de ahorros.

Nos enteramos de que Rato contrataba en Bankia a su cuñado por medio millón de euros y que toda su tropa de consejeros utilizaba a mansalva tarjetas black para prestigiar la institución. También que, mientras esto sucedía, el Tribunal Supremo consideró delictivas las indemnizaciones millonarias cobradas por directivos de NCG.

Es así como en los siete primeros meses del año tanto el déficit del Estado como el de la Seguridad Social se sitúan ya por encima del nivel autorizado por Bruselas para el conjunto del año, y en el segundo trimestre la deuda pública bate su propio récord sobre el PIB.

 

Publicado en La Voz de Galicia

Categories: Attac Planet