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Justicia económica global
Updated: 4 hours 3 min ago

El nuevo mundo que tarda en aparecer

Mon, 28/11/2016 - 15:32

Gustave Massiah - VIENTO SUR

La situación parece desesperanzadora. La ofensiva de las derechas y las extremas derechas ocupa el espacio y los espíritus. Se desarrolla en los medios de comunicación y trata de expresar la derechización de las sociedades. Pero no es nada de eso y nada está jugado. Las sociedades resisten y las contradicciones están en marcha; son ellas las que determinan el futuro.

Para comprender la situación partamos de la cita de Antonio Gramsci: “El viejo mundo muere, el nuevo mundo tarda en aparecer y en este claroscuro surgen los monstruos/1

En este contexto, la estrategia de los movimientos sociales que quieran llevar adelante un proyecto emancipatorio debe articular la respuesta a la urgencia y la construcción de un proyecto alternativo de futuro. Deben al mismo tiempo luchar contra los monstruos e inscribirse en la construcción de un nuevo mundo.

El viejo mundo se muere

Los choques financieros de 2008 confirman la hipótesis del agotamiento del neoliberalismo. El calentamiento climático, la disminución de la biodiversidad y las contaminaciones globales, confirman el agotamiento del productivismo. Se avanzan hipótesis sobre un agotamiento del capitalismo como modo hegemónico de producción. Damos por supuesto que lo que sucedería al capitalismo no sería forzosamente un modo justo y equitativo; la historia no está escrita y no es lineal.

En el Foro Social Mundial de Belém, en 2009, tuvo lugar una convergencia de movimientos: el movimiento de las mujeres, los movimientos campesinos, los movimientos ecologistas y los movimientos de los pueblos amazónicos han expresado fuertemente un nuevo punto de vista. Han afirmado que, si se trata de redefinir las relaciones entre la especie humana y la naturaleza, no se trata solamente de una crisis del neoliberalismo o del capitalismo, se trata de una crisis de civilización, la que desde hace cinco siglos ha puesto adelante la modernidad occidental y ha conducido a algunas de las formas de la ciencia contemporánea.

La situación está marcada por la permanencia de las contradicciones. La crisis estructural articula cinco contradicciones principales: económicas y sociales, con las desigualdades sociales y las discriminaciones; ecológicas con la destrucción de los ecosistemas, la limitación de la biodiversidad, el cambio climático y la puesta en peligro del ecosistema planetario; geopolíticas con las guerras descentralizadas y el auge de nuevas potencias; ideológicas con la interpelación de la democracia, los presiones xenófobas y racistas; políticas con la corrupción nacida de la fusión de lo político y lo financiero que alimenta la desconfianza en relación con lo político y abole su autonomía. La derecha y la extrema derecha han llevado una batalla por la hegemonía cultural, desde finales de los años 1970, contra los derechos fundamentales y particularmente contra la igualdad, contra la solidaridad, por las ideologías securitarias, por la descalificación amplificada desde 1989 (año de la caída del Muro de Berlín, ndt) de los proyectos progresistas. Han llevado ofensivas sobre el trabajo por la precarización generalizada; contra el Estado social, por la mercantilización y la privatización y la corrupción generalizada de las clases políticas; sobre la subordinación de lo numérico a la lógica de la financiarización.

Los nuevos monstruos

A partir de 2011, los movimientos casi insurreccionales de ocupación de las plazas atestiguan la respuesta de los pueblos a la dominación de la oligarquía. A partir de 2013, la arrogancia neoliberal retoma la delantera y confirma las tendencias que han emergido desde finales de los años 1970. Se reafirman las políticas dominantes, de austeridad y de ajuste estructural. La desestabilización, las guerras, las represiones violentas y la instrumentalización del terrorismo se imponen en todas las regiones. Las corrientes ideológicas más reaccionarias y los populismos de extrema derecha son cada vez más activos. Adoptan formas específicas como el noeconservadurismo libertario en los Estados Unidos, las extremas derechas y las diversas formas de nacional-socialismo en Europa, el extremismo yihadista armado, las dictaduras y las monarquías petroleras, el hinduismo extremo, etc. Pero, a medio plazo, nada está jugado.

Hay que preguntarse sobre estos monstruos y las razones de su emergencia. Se apoyan sobre los miedos alrededor de dos vectores principales y complementarios: la xenofobia y el odio a los extranjeros: los racismos bajo sus diferentes formas. Hay que señalar una ofensiva particular que toma las formas de la islamofobia; después de la caída del Muro de Berlín, el “islam” ha sido instituido como el enemigo principal en el “choque de civilizaciones”.

Esta situación resulta de una ofensiva llevada con constancia desde hace cuarenta años, por las derechas extremas, para conquistar la hegemonía cultural. Se ha centrado especialmente sobre dos valores. Contra la igualdad en primer lugar, afirmando que las desigualdades son naturales. Por las ideologías securitarias, que consideran que solo la represión y las libertades pueden garantizar la seguridad.

El endurecimiento de las contradicciones y de las tensiones sociales explica el surgimiento de las formas extremas de afrontamiento. El endurecimiento empieza por el de la lucha de clases y se extiende a todas las relaciones sociales. El multimillonario Warren Buffet declaraba tranquilamente que “algunos dudan de la existencia de una lucha de clases; por supuesto que hay una lucha de clases y es mi clase quien la está ganando”. La financiarización ha profundizado las desigualdades y la casta de los muy ricos se ha restringido. Las llamadas clases medias se han hinchado, pero la precarización afecta y pone en riesgo a una parte de las mismas.

La voluntad de acumulación de riquezas y de poderes es insaciable. Frente a esa desmesura, se asiste a un refugio en la vuelta de lo religioso, confiando en que conseguirá suavizar los extravíos insoportables. La confianza en la regulación estatal está fuertemente cuestionada. La clase financiera ha conseguido subordinar a los Estados. Y el proyecto de socialismo de Estado ha naufragado en las nomenclaturas y en las nuevas oligarquías. La situación es inestable. ¿Cómo creer que puede durar indefinidamente un mundo en el que 62 personas, 53 hombres y 9 mujeres, poseen tanto como otras3,5 mil millones? La voluntad de imponer la reproducción de la situación y el miedo de las revueltas se traduce en el auge de la violencia, la represión y las guerras.

Pero también hay otro motivo para esta situación, que es el miedo de la aparición de un nuevo mundo. Los nuevos monstruos saben que su mundo está en cuestión; para salvaguardar sus posiciones y sus privilegios, instrumentalizan el miedo al futuro, el temor de las convulsiones sociales de las sociedades que va a marcar el futuro.

El nuevo mundo que tarda en aparecer

¿Cuál es este nuevo mundo que tarda en aparecer? Un nuevo mundo que puede dar miedo a los privilegiados y que los movimientos sociales dudan en percibir.

La propuesta es estar atento a las revoluciones en marcha. Hay varias revoluciones en marcha, pero están inacabadas. Y sus salidas son inciertas. Nada permite afirmar que no serán aplastadas, desviadas o recuperadas. Por tanto, convulsionan al mundo; son también portadoras de esperanzas y marcan ya el porvenir y el presente. Son revoluciones de amplio período y cuyos efectos se inscriben en varias generaciones.

Para ilustrar esta idea, partamos de cinco revoluciones en marcha y que son, recordémoslo, inacabadas. Se trata de la revolución de los derechos de las mujeres; de la revolución de los derechos de los pueblos; de la revolución ecológica; de la revolución numérica; de la revolución del poblamiento del planeta.

La revolución de los derechos de las mujeres es la más impresionante. Ella cuestiona relaciones milenarias. Las luchas por los derechos de las mujeres han avanzado enormemente durante los últimos cuarenta años. Se mide progresivamente las convulsiones que suscitan. Esta revolución se encuentra inacabada y arrastra resistencias de una gran violencia. Se puede medir por la violencia de las reacciones de ciertos Estados contra toda idea de la liberación de las mujeres y por la resistencia en todas las sociedades al cuestionamiento del patriarcado. La revolución de los derechos de las mujeres ya ha suscitado un gran cambio en la estrategia de los movimientos; es la negativa a subordinar a otras luchas la lucha contra la opresión de las mujeres. Su negativa a considerar su reivindicación como una contradicción secundaria ha sido retomada por todos los movimientos y traduce el reconocimiento de la diversidad de los movimientos sociales y ciudadanos.

También es significativa la revolución de los derechos de los pueblos. Está inacabada y enfrentada a las tentativas de reconfiguración de las relaciones imperialistas. La segunda fase de la descolonización ha comenzado. La primera fase, la de la independencia de los Estados ha encontrado sus límites. La segunda fase es la de la liberación de los pueblos. Ella desemboca sobre nuevas cuestiones, con los derechos de los pueblos que adoptan diferentes nombres: indígenas, primeros, autóctonos. Renuevan la cuestión de las identidades con la irrupción de identidades múltiples como han sido calificadas por el poeta EdouardGlissand. Interpela sobre la relación entre las libertades individuales y las libertades colectivas.

La revolución ecológica está en sus inicios. Desde ya convulsiona la comprensión de las transformaciones y el sentido del cambio. Ella introduce la noción del tiempo finito y la noción de los límites en relación con el crecimiento ilimitado. Pone en cuestión todas las concepciones del desarrollo, de la producción y del consumo. Reimpone la discusión sobre la relación entre la especie humana y la naturaleza. Interpela sobre los límites del ecosistema planetario. La revolución ecológica es una revolución filosófica que trastorna las certidumbres más consolidadas.

La revolución de lo numérico es una parte de una nueva revolución científica y técnica, combinada especialmente con la de las biotecnologías. Abre nuevas contradicciones sobre las formas de producción, de trabajo y de reproducción. Impacta a la cultura, empezando a convulsionar a terrenos tan vitales como los del lenguaje y la escritura. Por el momento, la financiarización ha logrado instrumentalizar las convulsiones de lo numérico, pero las contradicciones permanecen abiertas y son profundas.

La revolución del poblamiento del planeta está en gestación. Todas las grandes convulsiones históricas han tenido consecuencias sobre el poblamiento del planeta. Entenderlo permite evitar calificar a las cuestiones de las migraciones y de los refugiados como crisis migratorias que se podrían aislar y que acabarían por reabsorberse. Los cambios en el poblamiento del planeta prolongan las rupturas precedentes. La de la urbanización y de la armadura urbana mundial con la multiplicación de los barrios precarios. El cambio climático no solo va a acentuar las migraciones medioambientales. La elevación del nivel del mar podría alcanzar hasta un metro desde ahora hasta el final de siglo. Según las Naciones Unidas, el 60% de las 400 áreas urbanas de más de un millón de habitantes en 2011 -o sea 900 millones de personas aproximadamente-, estarían expuestas a un elevado riesgo natural. La escolarización de las sociedades modifica los flujos migratorios. Los diplomados que salen permanecen en contacto con su generación a través de internet. Los otros alimentan al grupo de los parados diplomados, nueva alianza entre los hijos de las capas populares y los hijos de las capas medias. Los movimientos sociales intentan articular las luchas por el derecho a seguir viviendo y trabajando en el país. Verifican que las ganas de permanecer son indisociables del derecho a salir. La noción misma de identidades se encuentra interpelada por la evolución de los territorios y por el mestizaje de las culturas.

El necesario pensamiento estratégico

Los movimientos sociales y ciudadanos deben adoptar su estrategia a la nueva situación. Todo pensamiento estratégico se construye sobre la articulación entre la urgencia y la construcción de un proyecto alternativo. La urgencia es la resistencia a los nuevos monstruos. Pero para resistir es necesario un proyecto alternativo.

El proyecto alternativo empieza a perfilarse. Desde 2009, en el Foro Social Mundial de Belém al que se ha hecho anteriormente mención, la propuesta que se presenta es la de una transición ecológica, social, democrática y geopolítica. Esta propuesta combina la toma de conciencia de las grandes contradicciones y la intuición de las grandes revoluciones inacabadas en marcha.

Hay que insistir sobre la idea de transición que es frecuentemente –mal- presentada como una propuesta de temporización. La propuesta de transición no se opone a la idea de revolución, está en ruptura con una de las concepciones de la revolución, la de la gran tarde; inscribe la revolución en el tiempo largo y discontinuo. Subraya que en el mundo actual emergen nuevas relaciones sociales, como han emergido las relaciones sociales capitalistas, de forma contradictoria e inacabada, en el mundo feudal. Esta concepción da un nuevo sentido a las prácticas alternativas que se buscan y que permiten, también en este caso de forma inacabada, precisar y preparar un proyecto alternativo.

Una de las dificultades de este período concierne a esta articulación entre la resistencia y el proyecto alternativo. La lucha de clases es, sin duda, el elemento determinante de la resistencia y de la transformación. Pero es necesario redefinir la naturaleza de las clases sociales, de su relación y de las luchas de clases. En la concepción dominante de los movimientos sociales, la revolución social debía preceder y caracterizar a las otras revoluciones y liberaciones. La importancia de las otras cinco revoluciones en marcha interpela a la revolución social y el atraso de la revolución social interpela a su vez a las otras revoluciones.

No es necesario volver a la urgencia de la resistencia contra los monstruos. A la vez que señalar la importancia y la necesidad de un proyecto alternativo. No es secundario comprender como el miedo all nuevo mundo actúa sobre la aparición de los monstruos. Cojamos el ejemplo de un elector de Trump, de clase media, blanco, en el Estados Unidos profundo; cuando mira alrededor suyo ve que los indios siguen ahí, que los negros ya no soportan el racismo, que los latinos son cada vez más numerosos y a veces mayoritarios y que las mujeres no se dejan manejar. ¡Acaba por ver que su América profunda va a dejar de existir y está dispuesto a coger sus fusiles para tirar!

De hecho, las sociedades resisten más de lo que se piensa a la derechización de las elites y de los medios de comunicación. Se puede verificar. En Hungría, el referéndum contra los extranjeros no ha podido ser validado, ya que, a pesar de las presiones, solo el 37% de los-as húngaros-as han ido a votar en esa consulta. En Polonia, las manifestaciones masivas han hecho retroceder a los que querían prohibir cualquier aborto. En Francia, dos tercios de los-as franceses-as se han opuesto a la abrogación de las leyes de matrimonio para todos. Un sondeo en cinco países europeos muestra que, según los países, del 77% al 87% de los encuestados son favorables a la regularización de los sin papeles que dispongan de un contrato de trabajo. Un sondeo de Amnistía Internacional en 27 países ha mostrado que, a pesar de los discursos anti-refugiados, en 20 de los 27 países, más del 75% de los encuestados está a favor de la acogida de los refugiados.

Cuando pueden expresarse, las sociedades son más abiertas y más tolerantes de lo que quieren hacer creer las corrientes de extrema derecha y los medios de comunicación que les sirven de correa de transmisión. Pero esta resistencia no se muestra, no se traduce en la adhesión a un proyecto progresista, manifestando así la ausencia de un proyecto alternativo creíble. Es menos “la derecha” que triunfa que “la izquierda” se desmorona.

Así pues es necesario que resistamos, en lo inmediato, paso a paso y aceptar comprometerse en el tiempo largo. Esta resistencia pasa por la alianza con todas las y todos los -y ellos-ellas son numerosos/as-, que la igualdad es mejor que las desigualdades, que las libertades individuales y colectivas deben ser ensanchadas al máximo, que las discriminaciones conducen al desastre, que la dominación conduce a la guerra, que es necesario salvaguardar el planeta. Esa batalla sobre los valores pasa por el cuestionamiento de la hegemonía cultural del neoliberalismo, del capitalismo y del autoritarismo. Podemos demostrar que resistir es crear. Por cada una de las revoluciones inacabadas, a través de las movilizaciones y las prácticas alternativas, podemos luchar para evitar que sean instrumentalizadas y sirvan para reforzar el poder de una élite, antigua o nueva.

Los años que vienen serán sin duda muy difíciles y las condiciones serán muy duras. Pero, a escala de una generación, nada está jugado, todo es posible.

Gustave Massiah es una personalidad de referencia internacional en el espacio altermundista

Notas:

1/ Cuadernos de la Cárcel, Tomo 3, ERA, 1984, (pdf) disponible en http://www.mediafire.com/view/cukxs78er9y3neb/Cuadernos_de_la_cárcel_(Tomo_III)

https://blogs.mediapart.fr/jean-pierre-anselme/blog/071116/le-nouveau-monde-qui-tarde-apparaitre

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Nota sobre la lucha de clases

Mon, 28/11/2016 - 15:31

Jorge Alemán – cuartopoder

Algunos  marxistas, cuando apelan a la lucha de clases, pretenden dar a entender que con esto se nombra la posición más “radical”, la “más de izquierda”. Sin embargo, ¿no merece el término en cuestión  ser vuelto a indagar? ¿No sería conveniente volverlo a indagar desde la perspectiva de nuestra contemporaneidad? Sería especialmente relevante plantearse estas cuestiones a partir de cómo se gestan los verdaderos antagonismos en lo social. En cualquier caso, este interrogante demanda una aclaración de entrada: nuestro punto de partida es que primero está siempre el antagonismo, de un modo estructural y constitutivo y luego lo social, que se organiza alrededor del mismo. No existe una sociedad que primero haya sido armónica, neutral o con algún conflicto que otro o alguna anomalía a resolver. Por el contrario, a raíz de cómo el discurso estructura lo social, este siempre lo hace a partir de una negatividad o brecha antagónica que no se puede cancelar dialécticamente.

En el capitalismo, uno de los antagonismos más importantes es el formulado por Marx, el que se gesta entre el Capital y la renta de trabajo. Sin duda, la plusvalía sigue siendo el aspecto fundamental del Capitalismo, pero  su apropiación ya no sólo se circunscribe a la forma Capital-Trabajo. Existen millones de seres  humanos que no trabajarán nunca, desempleados estructurales, trabajadores en negro, nuevos esclavos, trabajadores nómadas, clandestinos, etc. En todos los casos, es un hecho que la apropiación de plusvalía, por distintas vías, se realiza como tal. ¿Se puede unificar todo este campo bajo el concepto de lucha de clases? Como si el término en sí mismo poseyese la cualidad metafísica no sólo de totalizar elementos absolutamente heterogéneos, como los antes mencionados, sino que también pudiese animarlos y ponerlos en marcha en una determinada dirección de la historia que fuera a llevar el capitalismo a su fin.

¿Puede un verdadero materialista seguir pensando de este modo? Sólo se explica si se quiere a toda costa, se lo reconozca o no, mantener el espejismo moderno del progreso en la historia. Para ello, es necesario dotar a la llamada lucha de clases de un poder que nunca se confirma, salvo cuando un antagonismo sea habitado por la “parte que no tiene parte” en la vida institucional o social y logre alcanzar la forma de una organización colectiva. No obstante, en este caso, la lucha de clases no es más que la designación simbólica y secundaria de un antagonismo constituyente de lo social. En cambio, dar por constituida de entrada a la lucha de clases y otorgarle una dinámica inmanente y sin mediación política alguna, que va a ser  capaz de desconfigurar al Capitalismo en su funcionamiento hiperconectado y homogéneo, es un error teórico y político.

Por esto, es muy importante, para cualquier intento de renovación del marxismo o del materialismo emancipador, establecer que no existe una relación “necesaria” entre la explotación (incluyendo los diferentes modos de extracción de plusvalía) y la emergencia de un sujeto histórico, que dirija la salida del capitalismo. No es que no exista actualmente, es que nunca existió en la realidad un proceso semejante. Un materialismo emancipador debería admitir que no existe una relación de complementariedad entre la explotación que la forma mercancía siempre impone y los seres humanos sometidos a la misma.

La lucha de clases en su versión esencialista ha contribuido a consolidar ese fantasma de complementariedad y reciprocidad que asegura que entre los explotadores y los explotados existe una relación “dialéctica” que en algún momento quedará superada. La relación entre el Capital y “las existencias sexuadas, mortales y hablantes” no existe, en el sentido en que sólo cumple  la  función de reproducir ilimitadamente el Uno del Capital.

Sólo construyendo un suplemento  político que desconecte las relaciones distribuidas por el mercado, puede surgir el deseo de no seguir siendo explotado y darle una inscripción simbólica a ese Deseo. En  suma, no basta con ser explotado, hay que poder desear dejar de serlo y esto no viene garantizado por ningún automatismo histórico. Ese deseo no surge de ninguna dinámica interna al capitalismo, ni de ninguna  relación dialéctica de la lucha de clases. Surge del sujeto, porque él mismo, desde su primera inscripción simbólica, está constituido de un modo antagónico. Ese sujeto que surge siempre fracturado y en falta, porque lo constituye un lenguaje que, sin embargo, nunca lo nombra del todo.

Es en este “uno por uno” del sujeto irreductible a cualquier determinación que lo pretenda agotar en una definición concluyente, donde puede surgir la voluntad colectiva de querer otra cosa que lo que el poder del Capital  propone para su vida.

Jorge Alemán Lavigne es un psicoanalista y escritor de origen argentino. En 1976 se exilió en España
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El Fidel que conocí

Sun, 27/11/2016 - 13:00

Ignacio Ramonet - Consejo Científico de ATTAC España

fidel_y_ramonetFidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos – Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka – que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

En aquella época, en más de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América Latina, independientes en teoría desde hacía siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorías, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.

Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra mundial (Nehru, Nasser, Tito, Jrushov, Olaf Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayasamín, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).

Bajo su dirección, su pequeño país (100 000 km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.

En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.

Desde hace más de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial -reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli- que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio “Martí” y TV “Martí”, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la guerra fría.

Por otra parte, varias organizaciones terroristas – Alpha 66 y Omega 7 – hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que más víctimas ha tenido (unos 3 500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.

Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.” Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los líderes vivos de la Revolución.

Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.

Su diplomacia sigue siendo una de las más activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las fuerzas armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopia y de Angola. Su intervención en este último país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la Republica de África del Sur, lo cual aceleró de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.

La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América Latina y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regímenes inspirados por el modelo cubano.

La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, más justa, más sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.

Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90 años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera línea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.

En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro – le guste o no a sus detractores – tiene un lugar reservado.

Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro “Fidel Castro. Biografía a dos voces” (o “Cien horas con Fidel”), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos. Tanto por Cuba (Santiago, Holguín, La Habana) como por el extranjero (Ecuador). En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largo. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del día, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruía luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.

Descubrí así un Fidel íntimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra más alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje-soldado.

Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el día. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas “reuniones importantes”…Dormía sólo cuatro horas, más, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del día.

Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes – todos jóvenes y brillantes de unos 30 años – estaban, al final del día, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.

Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas… No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor – el que constituían sus asistentes y ayudantes – librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.

Una vez definido un proyecto. Ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de sí. “La intendencia seguirá” decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.

Su capacidad retórica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos. Sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha. Que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.

La gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes. El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro. Alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.

En ningún momento, a lo largo de más de cien horas de conversaciones, Fidel puso un límite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio.

Ignacio Ramonet es Director de “Le Monde diplomatique en español”, autor de Cien horas con Fidel

Publicado en ALAI, América Latina en movimiento

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Reflexiones sobre la globalización

Sun, 27/11/2016 - 09:00

Carlos Berzosa – Consejo Científico de ATTAC España

El término globalización se comienza a utilizar recientemente en los años 80 del siglo pasado para reflejar los procesos económicos que se estaban iniciando en esa década. De hecho, la Real Academia Española lo define tardíamente en una de las últimas ediciones del diccionario. También se usa, a veces como sinónimo en otras ocasiones -matizando la diferencia-, el  vocablo mundialización. El que su uso tenga pocos años no quiere decir que la globalización no existiera con anterioridad. Es lo que ponen de manifiesto algunos historiadores y economistas que lo emplean para referirse a periodos históricos anteriores.

De modo que en esta línea se encuentra el libro de Harold James titulado El fin de la globalización: Lecciones de la Gran Depresión(Turner, 2003) para referirse a un periodo histórico de gran expansión de la internacionalización del capital y del comercio que comienza a finales del siglo XIX y finaliza en 1929. Con ello niega la novedad del fenómeno globalizador. Otro historiador Jeffrey G. Willianson analiza este fenómeno en el libro El desarrollo económico mundial en perspectiva histórica. Cinco siglos de revoluciones industriales globalización y desigualdad (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2012). Por su parte, un economista como Aldo Ferrer tiene dos libros con títulos muy significativos De Cristóbal Colón a Internet: América Latina y la globalización (Fondo de Cultura Económica, 2000) e Historia de la Globalización I y II (Fondo de Cultura Económica, 1996, 2000).

De acuerdo con James, la globalización no es un fenómeno novedoso, pues se ha dado en otros momentos de la historia. Tampoco es un fenómeno irreversible debido a que determinados periodos de creciente internacionalización tuvieron su final. Lo que resulta evidente, de todos modos, es que en la periodización que se debe hacer cada fase de la globalización tiene particularidades propias que las diferencia. Por ello, resulta apropiado el significado que se da a la globalización para referirse a un periodo que se inicia en la década de los ochenta del siglo XX, sin que esto suponga no tener en cuenta la importancia del comercio internacional, sobre todo desde finales del siglo XV y la exportación de capital desde el último tercio del siglo XIX. La globalización actual no es nueva, pero a su vez es diferente.

Los rasgos que caracterizan a esta última globalización es el movimiento del capital, fundamentalmente financiero, en menor medida el del comercio, mientras se restringe el de la fuerza de trabajo. Los protagonistas principales son las grandes corporaciones multinacionales, cuya expansión se sustenta en el modelo neoliberal que favorece una tendencia que ya analizó Marx como la creciente concentración e internacionalización del capital. Este proceso con escasa regulación supone el dominio de los grandes intereses económicos y financieros sobre los derechos de ciudadanía. Los oligopolios dominan la economía mundial.

La hegemonía del capital financiero ha llevado consigo crecientes procesos especulativos, turbulencias monetarias, crecientes burbujas, que han tenido consecuencias negativas para muchos países y que han afectado a la economía global. Desde entonces se ha asistido a una mayor desigualdad, resultado de ir imponiendo progresivamente la liberalización de los mercados, acabando con sistemas fiscales progresivos y con recortes de los derechos sociales. Se amplía la brecha salarial y entre las rentas y la riqueza.

Como respuesta surgieron movimientos sociales que criticaron a la globalización como causante de muchos males que se están dando desde hace varias décadas, que dejan muchos damnificados por el camino. Se ha reivindicado la implantación de la tasa Tobin para frenar al capital especulativo, una mayor regulación para los bancos, las empresas y el comercio, a la vez que se denuncia a los paraísos fiscales, el deterioro del medio ambiente, la desigualdad de género y el trabajo infantil. La crítica a esta globalización también se ha llevado a cabo por académicos que han realizado estudios solventes. Los hechos han ido dando la razón, tanto a los movimientos sociales como a los analistas críticos con la globalización, como ha sido sobre todo la Gran Recesión que se desencadena a partir de 2007.

Lo que en definitiva se plantea, con los matices que se quiera, es un mundo más justo y un desarrollo más igualitario y sostenible. Estas posiciones no suponen ir contra el progreso o introducir retrocesos en la economía mundial, como los defensores del libre mercado quieren hacer creer. Se está contra una forma de crecimiento económico que se encuentra lejos de generar un verdadero progreso. La apuesta es por un desarrollo humano. Se comprenderá que esto no tiene nada que ver con las propuestas de Trump y de la ultraderecha y que, sin embargo, algunos quieren manipular y meter todo en el mismo saco. La manipulación y la ignorancia es lo que predomina en estas afirmaciones. Lo peor de todo es que no solo hacen esta equiparación algunos políticos y medios de comunicación, sino también colegas universitarios. La ignorancia parece que triunfa sobre el conocimiento hasta en los templos del saber.

Catedrático de Economía Aplicada. Universidad Complutense de Madrid

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Reducir gases de efecto invernadero, única solución contra cambio climático

Sun, 27/11/2016 - 07:00

Jaime Fernández - CCS, Centro de Colaboraciones Solidarias

El cambio climático no es una entelequia ni una predicción de futuro, sino que ya estamos inmersos en él. Ya hemos subido un grado de temperatura desde la era preindustrial y se plantea como una prioridad de la mayor parte de los países del mundo que no suba mucho más de aquí a final de siglo. La profesora del Imperial College de Londres, Joanna D. Haigh, ha asegurado que la única solución al incremento de la temperatura pasa por poner una fecha para reducir la emisión de los gases de efecto invernadero.

Los datos observables a los que se puede acudir para conocer la evolución del clima de nuestro planeta se remontan a 1850. Desde esa fecha la temperatura ha ido subiendo “no de una manera suave, como se podría esperar de un sistema complejo como es el clima”, sino de manera exponencial.

Ese dato sería suficiente para saber que vivimos en pleno cambio climático, pero también hay otros como el aumento del nivel de los mares debido al deshielo continental, la temperatura de los océanos, el deshielo en los veranos árticos o la reducción en la precipitación de nieve en el hemisferio norte.

Los escépticos pueden considerar que estos cambios se deben a factores naturales como pueden ser el Sol y los aerosoles volcánicos, pero, de acuerdo con Haigh, cuando se introducen esos valores en una simulación computacional el clima que se obtiene no se corresponde con el observado. Para que coincida con el calentamiento global del planeta hace falta incluir variables provocados por los humanos como los gases de efecto invernadero, los aerosoles industriales y el uso del suelo.

A la hora de crear esos modelos informáticos utilizan una serie de leyes físicas como la segunda Ley de Newton, la de la conservación de la masa, la primera Ley de la Termodinámica de conservación de la energía y la ley del gas ideal, afirmó la investigadora británica.

De ahí se derivan una serie de ecuaciones y datos que se traspasan a una rejilla en 3D de la región sobre la que se quiere hacer una predicción meteorológica. El sistema climático es tan complejo que actualmente sólo se pueden hacer predicciones exactas a 10 días, ¿cómo es posible saber lo que va a pasar de aquí a varias décadas o varios cientos de años? Haigh explica que esos modelos climáticos predicen valores típicos estacionales por regiones y no sobre lo que va a ocurrir un día concreto, pero sí lo que va a ocurrir en un momento histórico dado y con unas condiciones concretas.
El aumento de la temperatura global puede situarse de aquí a final de siglo entre 1º o 4º más de lo actual. Dependerá de la acumulación de CO2 en la atmósfera. Si el escenario es el peor, de aquí a 2100 la situación puede ser dramática, con unos 2.000 millones de personas con problemas para acceder a agua potable, unos 10.000 millones de humanos expuestos a olas de calor anuales y con una pérdida del 50% de las plantas actuales.

Haigh lo expresa así: “no podemos seguir como hasta ahora sin hervir”. Existen ideas y proyectos, quizás de ciencia ficción, para compensar lo que emitimos a la atmósfera, como la creación de nubes, el secuestro de CO2 o incluso pantallas flotantes que hagan rebotar la radiación, pero de acuerdo con Haigh “la única solución viable es reducir la emisión de los gases de efecto invernadero”.

Un primer paso para conseguirlo fue el acuerdo internacional de París en diciembre de 2015, en la XXI Conferencia del Clima de la ONU (COP21). Allí prácticamente todos los países del mundo, y muchas grandes empresas, se comprometieron a que el clima no suba más allá de 1,5º. Lo ratificaron de momento 77 países de los 197 firmantes. Ahora debería salir una fecha a partir de la cual se dejara de emitir de manera radical CO2 a la atmósfera, ya que el hecho de dejar de hacerlo no va a suponer un descenso drástico de la temperatura, sino que hacen falta “700 años para que ese gas se vaya mitigando”.

Según Haigh lo que hace falta es la voluntad de los Estados para lograrlo, “pero esa voluntad estatal depende de la voluntad de los ciudadanos”. Ella confía en que las empresas y los ingenieros entiendan que de la lucha contra el cambio climático puede surgir una oportunidad de negocio en el desarrollo de energías más limpias, o de tecnología que limpie lo contaminado e incluso en técnicas que mejoren la salud de las personas expuestas a mayor contaminación. Esta ha sido la primera conferencia de este curso académico del ciclo Hablemos de Física, organizado por la Facultad de Físicas, de la Universidad Complutense de Madrid.

 

Tribuna Complutense

Twitter: @TribunaComplu

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El PP no gobierna en ninguno de los ayuntamientos con mayor inversión social

Sat, 26/11/2016 - 13:00

Eduardo Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC España

La Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales ha publicado recientemente los resultados de un análisis detallado de los presupuestos que los Ayuntamientos de más de 20.000 habitantes dedican a ‘Servicios Sociales y Promoción Social’. Para ello ha utilizado datos del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas y los ha cotejado con los propios datos que ofrece cada una de las corporaciones locales.

Los resultados son los siguientes: sólo 12 ayuntamientos de los 350 analizados destacan por su elevado presupuesto en inversión social, estableciendo como requisitos para destacar que el gasto por habitante fuese superior a los 100€ en el año 2015, que esa cantidad no se hubiese reducido en los presupuestos de 2016, y que representase más del 10% del presupuesto total. Entre estos 12 ayuntamientos no hay ninguno que esté gobernado por el Partido Popular, hay dos gobernados por los llamados “gobiernos del cambio”, 8 del PSOE, 1 de CDC y otro de CIU. De entre todos ellos, sobresale el Ayuntamiento de Baza que mantiene un presupuesto superior a los 165 euros por habitante (la media de todos los ayuntamientos analizados es de 78,91 euros) y también el Ayuntamiento de Madrid al presentar un incremento de la inversión social del 43,2% entre 2015 y 2016 (mientras que ningún otro lo hace a un ritmo superior al 16%) lo que acaba situándole en segundo lugar con una inversión de 144,36 euros por habitante.

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En el extremo inferior del ranking se han situado aquellos ayuntamientos que invirtieron menos de 36,09 euros por habitante (60% de la mediana de presupuestos de todos los ayuntamientos analizados) en el año 2015, alcanzando esta vez el número de 37 corporaciones. Entre estos 37 ayuntamientos el Partido Popular gobernaba y elaboró los presupuestos de 28 de ellos (el 76%), el PSOE lo hizo en 3 de ellos, CIU en 2, BNG en otros dos, el PA en uno y Los Verdes en otro. Los ayuntamientos que más sobresalieron por su reducida inversión social fueron Leganés (14,91 euros por habitante), Los Barrios (16,99) y Galapagar (19,08).

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Artículo publicado originalmente en eldiario.es el 22 de noviembre de 2016 

Saque de Esquina

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La OIT alerta: habrá una generación sin futuro si no se crean 400 millones de empleos

Sat, 26/11/2016 - 09:00

OITEL BOLETÍN

Actualmente hay 200 millones de desempleados en el mundo, de los cuales 71,5 millones son jóvenes menores de 25 años que buscan empleo y no lo encuentran. Además, cada año entran en el mercado de trabajo en todo el mundo 40 millones de jóvenes. Este es el panorama desolador del empleo mundial a ojos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El director de la OIT para España, Joaquín Nieto, advierte, ante esta situación, que si no se crean entre 400 y 500 millones de empleo en los próximos 12-15 años, “nos encontraremos con una generación perdida” teniendo en cuenta que ahora mismo son los jóvenes “los que capitanean el ejército de la pobreza”. Nieto se ha pronunciado así durante su intervención en el I Congreso Anual de la Asociación de Directivos de Relaciones Laborales (AdiReLab) celebrado esta mañana en la sede de la Fundación Telefónica.

Pero el paro juvenil -que en España se sitúa en torno al 41% según la EPA- no es el único reto al que se enfrenta el mundo en los próximos años, ya que hay otros factores como la demografía o el cambio climático que también determinarán el futuro del trabajo. Otro elemento clave será el del incremento de la desigualdad, lo que conllevará más inmigración. Al respecto, Nieto explicó que “hoy ya hay 255 millones de inmigrantes en el mundo, la mayoría por razones de trabajo” pero también hay 62 millones de refugiados que huyen de la violencia y que “el primer problema con el que se encuentran es que no encuentran empleo”. Y esta tendencia irá a más por fenómenos medioambientales.

En este sentido, el representante de la OIT en España recordó que en la Cumbre de París los países se comprometieron a que en las próximas décadas el 80% de los recursos fósiles permanezca en tierra, sin explotarse, lo que modificará todo el sistema de producción mundial: significa el abandono del petróleo, del gas y del carbón, sobre los que se ha edificado el mundo que conocemos, para comenzar a utilizar energías alternativas. Esta evolución -señala Nieto- conllevará la desaparición de muchos sectores y la pérdida de millones de empleos, por lo que se debe establecer una transición justa hasta la consolidación de nuevos sectores que crearán nuevos empleos.

La OIT ha abierto un periodo de debate mundial sobre el futuro del trabajo que se extenderá hasta 2019, año en el que la organización celebrará su centenario. Para ello, 130 países están organizando en el ámbito nacional debates tripartitos (gobierno, patronales y sindicatos) sobre la situación del empleo y el futuro hacia el que debe caminar.

En definitiva, Nieto concluye que el objetivo es avanzar hacia el trabajo decente: derechos laborales, protección social, salario digno, etc. Actualmente, según la OPT, hay un 50% de trabajadores en el mundo que no cuentan con ningún sistema de protección social.

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Trump: finanza, privatización y desastre

Sat, 26/11/2016 - 07:00

John Saxe-Fernández - La Jornada

Como es usual luego de elecciones presidenciales en Estados Unidos, ahora con más incertidumbre de lo usual por la volatilidad de Trump en asuntos nodales, ingresamos a un interregnum, un vacío de poder, entre un Obama cuyo poder se desvenece a diario y un sucesor que asume hasta el 20 de enero de 2017. Uno y otro hacen movidas en el tablero junto a grandes poderes fácticos propensos a correr grandes riesgos: los guerreristas neocon con Mike Pence, hoy vicepresidente electo que tiene a Dick Cheney como modelo, y los especuladores de bancos too big to fail, apostando a los contratos bélico-industriales de la OTAN y de infraestructura, todos jugándole al abismo de otra guerra mundial y/o a otro colapso más grave que la Gran Recesión que estalló con Lehman Brothers, con rescate billonario a favor del 1%.

Ahora el que está estallando es el Deutche Bank (DB), pilar de la reconstrucción alemana, eje de la Unión Europea (UE). Pende de un hilo con deuda (2014) en derivados ¡entre 47 y 75 billones (trillions) de euros equivalente a entre 10 y 20 veces el PIB alemán. El DB es principal prestamista de Trump, el magnate que hace negocios con 150 firmas en 25 países y que apoyó a trabajadores blancos desempleados, precarizados y a la clase media, también agredida por la ofensiva de clase corporativa que se intensifica desde los 80 bajo rubro de neoliberalismo o de la globalización del TLCAN, que homologó salarios a la baja y ganancias privadas al alza. La relación de Trump con el DB coloca a la presidencia de Estados Unidos en potenciales conflictos de interés históricos ya que los reguladores federales de EU plantean ante el Departamento de Justicia una multa al DB de 14 mil millones de dólares, que lo haría colapsar (puede pagar hasta 5 mmdd). Esos reguladores acusan al DB de engañar o malinformar a los inversionistas, entre 2005 y 2007 colocando hipotecas tóxicas empaquetadas, securitizadas.

En el peor escenario el gobierno de la principal economía de Europa procedería a la socialización de riesgos y la privatización de ganancias, trasladando los costos a la ciudadanía europea. De hacerlo la repercusión será grave para la UE, por su fragilidad político-bancaria, empezando por Italia, su tercera economía. En materia de colapso financiero mundial y brega transatlántica, el FMI hace poco anunció que el DB, seguido por HSBC y Swiss Bank, es el banco más peligroso del mundo y agregó que la filial de DB en EU fue uno de los dos bancos grandes –de un total de 33– que falló en las pruebas de fortaleza financiera de la Reserva Federal (Fed) a principios de año. Declaración que desplomó casi 50 por ciento las acciones del banco alemán.

A propósito de disputas trasatlánticas, recuérdese que el FMI, además de internacional, es, junto al Banco Mundial, instrumento de Estado de EU. Funge bajo línea del Tesoro y de la Fed, el banco central, que es un ente semiprivado bajo influjo de otros bancos/casas de inversión too big to fail como Citigroup. Según agencias noticiosas el DB es objeto de una amplia gama de investigaciones criminales en EU y otros países y en fechas recientes varios analistas mencionan semejanzas entre los procesos de deterioro del DB y los registrados en Lehman Brothers.

El programa de infraestructura de Trump es para algo más que generar empleo mediante la inversión de un billón de dólares para la reconstrucción de la inmensa y decaída infraestructura de EU. Querid@s lector@s: (en voz baja): se trata nada menos que de la privatización de carreteras, puentes, redes eléctricas e hidráulicas, hospitales, escuelas, aeropuertos, puertos, ferrocarriles (en servicio de pasajeros EU está a la zaga. Ni un kilómetro de alta velocidad). Por su red pública de 6.4 millones de kilómetros de carreteras circulan cerca de 300 millones de vehículos registrados de pasajeros. De ahí su primer lugar en emisiones acumuladas en la atmósfera de gases con efecto invernadero, responsables del calentamiento global antropogénico (CGA).

El de Trump es un diseño que, lejos de crear bienestar y combatir el CGA (es negacionista, dice que es un invento chino), auspicia la automovilización hasta el agotamiento de los minerales y metales que van quedando en la corteza y la quema de combustibles fósiles hacia la irreversibilidad catastrófica del CGA. El suyo sería un mandato cataclísmico bajo el petróleo, gas y carbón, Exxon/Chevron/BP/Shell et al (ver Trumposaurio, Hernández, La Jornada 17/11/16). Nada de transporte público electrificado ni de energías limpias. Su diseño se perfila más para extraer riqueza de lo publico hacia el 0.1%, que a favor de los millones que lo apoyaron y enfrentarán casetas de cobro por doquier para circular y facturas más altas al agua, la electricidad, salud y educación. Peor. Dicen que va por las asociaciones público-privadas. Es la codicia cortoplacista y pequeñez catastrófica del capitaloceno hacia la extinción de la biota global (humanidad incluida).

jsaxef.blogspot.com

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George Soros y la trama anti-Trump

Fri, 25/11/2016 - 13:00

Germán Gorraiz López - ATTAC Navarra-Nafarroa

Wright Mills en su libro “The Power Elite” (1.956), indica que la clave para entender la inquietud norteamericana se encontraría en la sobre-organización de su sociedad. Así, establishment sería “el grupo élite formado por la unión de las sub-élites política, militar, económica, universitaria y mass media de EEUU”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar”, concepto que se apoya en una definición militar de la realidad y que habría transformado la economía en una guerra económica permanente y cuyo paradigma serían los Rockefeller al participar en los lobbys financiero, industria militar y judío y uno de cuyos miembros, David sería el impulsor de Trilateral Comission” (TC) o Trilateral(1973). Donald Trump, candidato en principio totalmente refractario a la disciplina de partido y devenido en la “bestia negra” del establishment acabó finalmente siendo elegido Presidente de EEUU en las Presidenciales de Noviembre y su sorpresivo triunfo marcará junto con el Brexit el finiquito del “escenario teleológico” en el que la finalidad de los procesos creativos eran planeadas por modelos finitos en los que primaba la intención, el propósito y la previsión y su sustitución por el “escenario teleonómico”, marcado por dosis extremas de volatilidad que afectarán de manera especial al Nuevo Orden Geopolítico Mundial.

Nueva Geopolítica Primus Inter Pares (G3)

Con Trump asistiremos al finiquito de la Unipolaridad de Estados Unidos y de su papel de gendarme mundial y su sustitución por la nueva doctrina de la Multipolaridad o Geopolítica Inter-Pares, formado por la Troika, EEUU, China y Rusia (G3), quedando de paso la UE, Japón, India y Brasil como convidados de piedra en el nuevo escenario geopolítico. Así, en una conferencia pronunciada por Trump en la sede de la influyente revista política “The National Interest”, Donald Trump expuso las líneas maestras de su política exterior que podrían sintetizarse en su lema “Estados Unidos lo primero”, lo que de facto supondría el retorno al proteccionismo económico tras cancelar el Tratado de Libre Comercio con Canadá y México (TLCAN) así como el TTIP y la Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de la Administración Obama en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico. Ello sería un misil en la línea de flotación de los intereses geopolíticos del conocido como “Club de las Islas” con activos cercanos a los 10 trillones € y cuya cabeza visible según el espía ruso Daniel Estulin, sería el financiero y experto diseñador de “revoluciones de colores”, George Soros.

Por otra parte, en una entrevista a la cadena estadounidense ABC, el Presidente electo de EEUU, Donald Trump expresó sin ambages la idea de que la “OTAN está obsoleta, no sirve para combatir el terrorismo y cuesta demasiado a EEUU”, por lo que exigió a los países europeos integrantes de la OTAN “ pasar por caja” pues la aportación económica de dichos países europeos sería de un exiguo 2% del PIB nacional, quedando el grueso de la financiación en manos de EEUU (el 70% de cerca del Billón $ del total del presupuesto). Asimismo, Trump denunció la “excesiva cantidad de armamento que circula actualmente en el mundo” lo que supondría la asunción de la Doctrina del Aislacionismo de EEUU en el plano militar y la entronización del G-3 (EEUU, Rusia y China) como “primus inter pares” en la gobernanza mundial. Ello supondría la suspensión del programa nuclear de EEUU con una duración de treinta años y un coste de un Billón $ al igual que la paralización del sistema diseñado para detectar misiles de crucero en territorio estadounidense (JLENS) por lo que sería un misil en la línea de flotación del complejo militar-industrial que tiene perfilado para la etapa post-Obama la recuperación del papel de EEUU como gendarme mundial mediante la quinta fase del despliegue del escudo antimisiles en Europa (Euro DAM) y un incremento extraordinario de las intervenciones militares estadounidenses en el exterior (léase Nueva Guerra en Oriente Medio).

Hasta Eisenhower, la CIA fue únicamente la organización de inteligencia central para el gobierno de los Estados Unidos y estuvo detrás de múltiples tareas de entrenamiento de insurgentes y desestabilización de gobiernos contrarios a las políticas del Pentágono, pero los lobbys militar y financiero (ambos fagocitados por el looby judío) no pudieron resistir a la tentación de crear un gobierno de facto que manipulara los entresijos del poder, derivando en la aparición de un nuevo ente (el complejo militar-industrial, en palabras de Eisenhower), refractaria a la opinión pública y al control del Congreso y Senado de los Estados Unidos). En la actualidad, la Compañía se habría transmutado en el llamado Departamento de Seguridad Nacional ( Homeland Security) y de la hidra-CIA habrían nacido 17 nuevas cabezas en forma de agencias de inteligencia que integrarían la Comunidad de Inteligencia de EEUU ( la Cuarta Rama del Gobierno según Tom Engelhardt) , agentes patógenos de naturaleza totalitaria y devenidos en Estado paralelo, verdadero poder en la sombra fagocitado por el “Club de las Islas” de George Soros y que se habría conjurado contra un Trump partidario de la Geopolítica Primus InterPares o G3.

Dicha trama anti-Trump habría sido diseñada tras la reciente reunión celebrada en Washington en la que participaron cerca de 200 patrocinadores de la campaña electoral de Hillary Clinton encuadrados en la llamada Alianza Democracia (DA), megaorganización fundada por George Soros en el 2.005 y constaría de una primera fase para torpedear el traspaso de poderes Obama-Trump mediante una “revolución patriótica o multicolor” en EEUU. Así, según el portal Zero Hegde, las espontáneas manifestaciones populares anti-Trump habría sido inspiradas por el portal digital MoveOn.org, patrocinado por el ínclito Soros bajo el lema “Levántate y lucha por los ideales estadounidenses” y cuya segunda fase sería truncar la carrera política de Trump , tras lo que el VicePresidente Mike Pence asumiría la Presidencia y retornaría a la senda de las seudodemocracias tuteladas por el verdadero Poder en la sombra de EEUU (Cuarta Rama del Gobierno).

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Frenamos el calentamiento global o vamos el desastre

Fri, 25/11/2016 - 09:00

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

Los últimos cinco años han sido los más calurosos de la historia desde que se registran las temperaturas. La causa, más emisión de gases de efecto invernadero, según informa la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Y la concentración atmosférica de dióxido de carbono ha alcanzado niveles jamás registrados. Mientras las altas temperaturas han hecho subir el nivel de mar, reducido la superficie de hielo y también los glaciares. Además de crecer los episodios climáticos extremos: olas de calor, de frío, ciclones tropicales, inundaciones, sequías y tormentas letales.

En el quinquenio analizado por la OMM el calentamiento del planeta ha batido récords. El nivel del mar fue el mayor desde que se registra ese dato hace más de un siglo, mientras se reduce la capa de hielo boreal sin visos de recuperación. La máxima extensión de hielo se comprobó el 25 de febrero pasado y fue la menor que se haya registrado: algo más de catorce millones y medio de kilómetros cuadrados. El hielo se derrite.

El año 2015 ha sido el más caluroso desde que se registra la temperatura global y la Tierra ya tiene una temperatura global de 1ºC por encima de la media de la época preindustrial. El límite del Acuerdo de París, para no llegar a una situación irreversible, es que el aumento térmico no exceda 2º centígrados en 2050. Y ya estamos cerca.

El informe de la OMM destaca también más fenómenos climáticos extremos: sequías severas en Australia, Brasil, África Oriental y África Meridional. La OMM calcula que en Somalia hubo 258.000 muertes más de las normales por la sequía y que 18 millones de personas precisaron ayuda urgente para sobrevivir. Algunas sequías han ido acompañadas además de violentos incendios forestales en Asia y Pacífico occidental. Y ha habido olas de calor en Australia, China, India, Pakistán y Europa. España sufrió en 2015 la ola de calor más prolongada. Sin olvidar que ha habido también grandes inundaciones, repentinas y destructoras crecidas de ríos y frío extremo, como el sufrido en Europa en febrero de 2012.

¿Aún hay quien niegue que al cambio climático es una amenaza real muy grave?

España será uno de los países más afectados por el aumento de temperaturas y la desertización, además de sufrir fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes. Pero parece que no pasa nada, porque el Gobierno de España que preside de nuevo Rajoy no reacciona ni toma medida alguna para afrontar la amenaza. Es más, su irresponsable omisión ha provocado el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero: 3,2% en 2015 respecto a 2014 y ya son 18% más respecto a 1990. Pero no solo en España. La Conferencia de Cambio Climático-COP22 de Marrakech certifica más récords de temperaturas extremas y más dióxido de carbono en la atmósfera.

El Acuerdo de París contra el cambio climático entró en vigor el 4 de noviembre. Es el marco internacional donde los Estados asumen el compromiso colectivo para frenar el calentamiento global a largo plazo por debajo de los 2ºC. La mala noticia es que el Acuerdo no concreta medidas para lograrlo. Cada Estado decide qué hacer en su territorio. O no. Y el COOP22 de Marrakech no ha concretado ni aprobado medidas para frenar el calentamiento global?

El principal problema para reducir los gases de efecto invernadero es el enorme poder del sector energético de combustibles de origen fósil (carbón, gas y petróleo), emisores de esos gases. Poder que frena los planes de reducción de gases, porque toca sus beneficios. Pero el dilema es diáfano. O se neutraliza al sector de combustibles fósiles y se cambia el modelo energético por otro de energías no contaminantes o la Tierra va al desastre. El problema se ha agravado con la elección del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, negacionista del cambio climático, que piensa retirar a EEUU (el que más contamina con China) de los acuerdos internacionales contra el calentamiento del planeta. Y eso tendría consecuencias muy graves.

Lo cierto es que, según aumenta la temperatura global, las consecuencias son peores para mucha población del planeta. De no frenarse la temperatura global, por ejemplo, las lluvias serán más irregulares y erráticas. Y disminuirá la producción de alimentos. Si aumenta la temperatura global, aumentará el hambre. Y las muertes.

Hay que actuar con energía contra el calentamiento global. Nos va la vida en la Tierra.

Xavier Caño es periodista

¡Por razones!

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La situación escandalosa de Gas Natural Fenosa y su responsabilidad en la creación de pobreza energética

Fri, 25/11/2016 - 07:00

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

Este artículo hace una crítica de la compañía Gas Natural Fenosa, mostrando sus prácticas excesivamente sensibles hacia la necesidad de acumular beneficios a costa de los servicios provistos a la población, que alcanzan niveles deplorables en los servicios a sectores vulnerables de las clases populares del país.

El Sr. Bergoglio, de profesión Pontífice de la Iglesia Católica, dijo en una ocasión reciente, a raíz de una conferencia a empresarios de grandes compañías de localización multinacional, que el objetivo del mundo empresarial debe ser servir a las comunidades donde se ubican y de donde extraen sus beneficios las empresas, y no la mera acumulación de beneficios para beneficio propio. En la manera como el Pontífice lo señaló parecía transmitirse una percepción que, por lo visto, está ampliamente extendida en los círculos próximos al pontífice, de que el mundo de lo que se conoce erróneamente como multinacionales tiene como objetivo más lo segundo que lo primero. El mundo empresarial (y gran parte del conocimiento económico provisto por instituciones académicas próximas y/o financiadas por él) asume que la acumulación de beneficios beneficia no solo a tal mundo, sino a todos los demás. La evidencia existente, sin embargo, no avala este supuesto.

Pero antes de elaborar este punto, tema del artículo, siento la necesidad de aclarar que el hecho de que una empresa opere en varios países no implica que sea propiedad de todos ellos. Por regla general, la dirección y gestión de tales entidades están basadas en un país, con cuyo Estado tienen una relación preferencial e instrumental que configura en gran medida su comportamiento internacional. Son empresas transnacionales, más que multinacionales. Gas Natural Fenosa, por ejemplo, es española (con sede en Catalunya) y obtiene amplios beneficios (8.376 millones de euros durante el periodo 2010-2015) de su actividad no solo en España, sino también de muchos países de Latinoamérica, tales como Chile y Brasil, entre otros. Para entender tal expansión en América Latina hay que comprender su relación con el Estado español, con el cual tiene una complicidad bien definida. En realidad, el Estado español considera que es su deber ayudar a las transnacionales españolas, incluyendo Gas Natural Fenosa, asumiendo (también erróneamente) que los intereses de tales transnacionales coinciden con los intereses de la mayoría de los ciudadanos españoles.

Gas Natural Fenosa recibe ayudas financieras sustanciales del Estado, no solo directas, en forma de pagos y subsidios, sino también indirectas, permitiéndosele que no pague impuestos al Estado mediante el establecimiento de 15 filiales en paraísos fiscales que no tributan en el Estado español. En contra de lo que se asume, el Estado podría limitar significativamente la utilización de paraísos fiscales por parte de Gas Natural y otras compañías, que tienen amplias conexiones con dichos paraísos.

La complicidad de Gas Natural Fenosa con el mundo político

Este maridaje y complicidad se materializan de varias maneras. Una es mediante la incorporación en sus equipos de dirección de personajes políticos de gran peso e influencia, no solo en el Estado español, sino también en América Latina. El caso más conocido es el del Sr. Felipe González, buen conocedor del Estado español y de los Estados de aquel continente, como resultado de su amplia experiencia como presidente del gobierno español durante el periodo 1982-1996. El Sr. González recibió 566.000 euros como consecuencia de su servicio en el Consejo de Administración de Gas Natural, con unos emolumentos de 126.500 euros brutos al año (desde el año 2010 hasta principios de 2015, cuando indicó que abandonaba el consejo de administración de Gas Natural Fenosa como consecuencia de que “se aburría” en el puesto). Otros dirigentes políticos, tanto del PSOE como de otras formaciones políticas, han servido en esta transnacional.

Gas Natural nunca ha tenido pérdidas. Esta situación es común en las veinte compañías más grandes de Catalunya. Esta empresa ha estado entre las que han conseguido mayores beneficios en España, los cuales han ido variando, pero incluso en los momentos de mayor crisis, como en 2012, Gas Natural y las otras 19 compañías consiguieron unos beneficios muy elevados (4.560 millones) que aumentaron incluso más en 2105 (6.686 millones solo con los resultados de 10 de esas 20 empresas). Otras compañías incluyen Abertis, CaixaBank, Banc de Sabadell o Vueling, entre otras, todas ellas basadas en Catalunya, el País Valenciano y las Islas Baleares.

El 35% de los ingresos de Gas Natural Fenosa provienen de la distribución de gas, un 28% de la distribución de la electricidad, un 20% de la generación y comercialización de la electricidad, y un 17% del aprovisionamiento y comercialización de gas. El 55% de dichos ingresos provienen del mercado español y el 45% del extranjero, principalmente en América Latina. El 70% de sus elevados beneficios se distribuyen entre sus accionistas, de los cuales Repsol y CaixaBank (otras transnacionales del IBEX-35) son dos de sus mayores accionistas. Es en la práctica parte de un oligopolio de la distribución de la electricidad y del gas, puesto que Repsol, Endesa, Gas Natural Iberdrola, BP y Cepsa copan el 60% del mercado energético español, teniendo ambos productos unos de los precios más elevados de la Unión Europea de los Quince (UE-15). En el caso de los precios de la electricidad que pagan los hogares, los españoles son los terceros más elevados de la UE-15, con una cantidad de 0,2468 euros por kWh, solo por detrás de Portugal (0,3018 euros) y Alemania (0,2878 euros). En cuanto a los precios del gas natural que pagan los hogares, los españoles también son los terceros más elevados de la UE-15, con una cantidad de 0,0765 euros por kWh, solo por detrás de Portugal (0,1172 euros) y Suecia (0,0876 euros) (datos de Eurostat para el primer semestre de 2016, en paridad de poder de compra). Ello es consecuencia de la excesiva influencia de tal transnacional (y de otras tantas) sobre el Estado.

La situación escandalosa que tiene escasa visibilidad política y mediática

Esta bonanza contrasta con la enorme crisis y retraso social que está sufriendo la población durante la crisis. Mientras los beneficios de Gas Natural Fenosa y otras empresas del IBEX-35 han seguido siendo altos (incluso durante los años de crisis), alcanzando cifras récord, con las consiguientes altas remuneraciones de sus directivos que no se han visto afectadas por la crisis, los salarios han bajado de media un 7,1% desde el año 2009 (y un 10% en Catalunya), y el riesgo de pobreza ha alcanzado un 22% de la población, con un 11% de hogares padeciendo pobreza energética, que quiere decir que son incapaces de satisfacer una cantidad mínima de servicios de la energía para sus necesidades básicas, como por ejemplo mantener la vivienda en unas condiciones de climatización adecuadas para la salud. Este es uno de los porcentajes mayores de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países con semejante nivel de desarrollo al de España). Este elevadísimo porcentaje es probable que sea incluso mayor, pues hay muchas personas, muchas de ellas personas ancianas y personas inmigrantes, que no son conscientes de ello o se avergüenzan de pedir ayuda. Y el coste de esta situación es elevado, pues implica un enorme sufrimiento humano. El caso de la anciana de 81 años de Reus, a la cual Gas Natural Fenosa cortó la luz, causándole indirectamente la muerte, ejemplifica esta situación.

La necesidad de una protesta general

Nos encontramos, pues, en una situación que debería generar una protesta generalizada. Comparen las condiciones de vida de las élites de este país que controlan las empresasa de la electricidad y el gas, que consiguen enormes beneficios (vean sus casas y la opulencia en la que viven) y remuneraciones claramente exageradas (resultado de su excesiva y antidemocrática influencia sobre las instituciones que se autodefinen como representativas), con las viviendas y condiciones de habitabilidad de las personas que padecen pobreza energética. Conociendo el ambiente profundamente conservador del mundo académico y mediático del país, la invitación a que se comparen las viviendas y el bienestar de las élites propietarias y gestoras de las empresas energéticas con las condiciones de los que no pueden pagar las facturas de la luz y el gas, se definirá como “demagógica”, término que se utiliza para ocultar situaciones impactantes que muestran las enormes desigualdades, resultado de enormes injusticias en el país, especialmente agudas en España (y todavía más acentuadas en Catalunya).

La ciudadanía debe ser consciente que este enorme dolor es prevenible mediante cambios en las relaciones de propiedad de tales empresas. No es por casualidad que aquellos países que tienen los sistemas de gestión energética más privatizados sean los que tienen precios más altos, con beneficios también más altos y con gestores más bien remunerados, siendo conocida su insensibilidad hacia las necesidades de las clases populares. Ocurre algo semejante a lo que está pasando con el sector bancario. El hecho de que España tenga un sector energético público tan limitado, y un sector privado tan extenso, es una de las razones principales del escándalo que he documentado en este artículo. Y todo ello, a su vez, es resultado de las enormes limitaciones de la democracia española, en la que el poder real del país lo continúan ejerciendo grupos económicos, financieros y energéticos que, en contra de lo que recomienda y propone el Pontífice, están dando gran prioridad a sus beneficios a costa del bienestar y calidad de vida de las clases populares, que son la mayoría de la población. Se necesita una profunda transformación de las instituciones políticas para que sean en realidad auténticamente representativas y defiendan los intereses de la población. Esto no está ocurriendo hoy en España. Así de claro.

Publicado en Público.es vnavarro.org
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Sobre la moneda de Barcelona: crítica a los hipercríticos

Thu, 24/11/2016 - 09:00

Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España

En España circulan más de 30 monedas diferentes al euro pero solo cuando se anunció que el Ayuntamiento de Barcelona gobernado por Ada Colau tenía previsto impulsar la creación de una en su territorio ha sido cuando se ha generado polémica al respecto.

Lamentablemente, esa polémica (deseable y enriquecedora cuando es rigurosa y franca) ha estado teñida por la animadversión que el fenómeno Podemos produce en muchos analistas y eso ha empobrecido el debate sobre monedas complementarias, que debería ser tan necesario como esclarecedor, entre los economistas más mediáticos.

El primero en atacar fue José Carlos Díez (cuando ni siquiera se sabía qué se pensaba hacer en Barcelona) con un artículo en El País titulado Ley de Gresham, en el que lamentablemente demostraba no saber ni siquiera lo que decía esa ley tan popular en economía. El conocido economista aseguraba que una moneda mala (como en su opinión iba a ser la de Barcelona) sería sin duda desplazada por el euro, porque “siempre la moneda buena es preferida a la mala”. Se equivocaba profundamente Díez en su juicio, primero, porque Gresham se refería a monedas de contenido metálico (lo que no es el caso del euro ni con toda seguridad de ninguna otra nueva moneda) y, segundo, porque lo que dijo en realidad el comerciante y financiero inglés fue lo contrario, es decir, que la moneda mala (por tener menos o peor contenido metálico) es la que circula y desplaza a la buena (que deja de circular para ser utilizada como metal). Además, al atacar al proyecto barcelonés no distinguía los efectos diferentes que tienen los distintos tipos de monedas locales que pueden existir (complementarias, locales, sociales… de crédito mutuo o respaldada por bienes, por ejemplo) y, ni siquiera, la diferente naturaleza de los distintos tipos de medios de pago que hoy día circulan o pueden circular en nuestras economías (dinero legal, dinero de curso forzoso, dinero bancario, criptomonedas, etc.). Y, lo que es peor, mentía Díez cuando decía que tanto Ada Colau en Barcelona como Joan Ribó en Valencia habían propuesto crear una moneda social “para pagar a sus funcionarios” o para “monetizar déficit público” algo que, como veremos enseguida, es imposible que ocurra.

Hace unos días, mi buen amigo (a pesar de las diferencias intelectuales) Daniel Lacalle ha escrito también sobre la propuesta catalana (¿Bienvenido a los “Colaus”? Monedas locales, bomba de relojería) pero creo que incurre en algunos errores graves que me gustaría señalar para contribuir al debate.

El primer error de Daniel Lacalle es que critica el proyecto de crear una moneda local en Barcelona sin saber cuál será su naturaleza, su reglas de funcionamiento y, por tanto, sus efectos. Es decir, critica como si ya existiera lo que todavía no existe.

El segundo error es que, como no tiene delante el modelo de Barcelona, se inventa uno para criticar a las monedas locales en general y, para poder criticarlo más cómodamente, les achaca todas las malas características que cualquier moneda local mínimamente bien diseñada nunca tendría.

El tercer error, por tanto, es que mezcla características de unos tipos de monedas con otros y hace un batiburrillo que no tiene ningún sentido. En el mundo hay una enorme variedad de monedas complementarias, locales, sociales… cada una de ellas con reglas de funcionamiento muy diferentes. Generalizar el análisis, como hace Daniel Lacalle, es un error de principiante.

Se desconoce cuál es el modelo de moneda local que tiene Daniel Lacalle en la cabeza (porque no lo menciona ni describe) pero es fácil comprobar que si Barcelona eligiese un modelo de moneda local idéntico o parecido al de las monedas locales que han tenido éxito en muchas partes del mundo nunca ocurriría lo que dice Lacalle (equivocadamente) que ocurre siempre con las monedas locales. Supongamos, por ejemplo, que Barcelona eligiese el modelo de Bristol. En ese caso, es meridianamente claro que sus críticas carecen de fundamento:

a) La moneda de Barcelona (como la de Bristol) no estaría sujeta al “derretimiento” u “oxidación” que critica Lacalle, creyendo erróneamente que es una característica común a todas las monedas locales. La oxidación significa que con el paso del tiempo la moneda va perdiendo valor (por eso se dice que se “oxida”). A Lacalle le parece que esto es un problema porque está pensando en el dinero como depósito de valor (y en ese caso sí que sería una barbaridad que una moneda se oxidara, es decir, que perdiera valor con el paso del tiempo y que hubiera que gastarla pronto, como ocurre, por cierto con las monedas de curso legal y forzoso, como el euro, cuando hay inflación). Pero lo que ocurre con algunas y no con todas las monedas locales es bien sencillo: lo que se busca con la oxidación es que las monedas no se acumulen porque no se quiere que se conviertan en depósito de valor (para ello ya está la de curso forzoso) sino utilizarlas como un medio de cambio que circule más o más rápido cuando la de curso forzoso no lo hace o circula con menos velocidad de la que es conveniente para promover suficiente actividad económica.  En todo caso, Lacalle se equivoca con esta crítica porque la oxidación solo tiene sentido que se aplique a monedas con entidad material y no con las que funcionan a través de anotaciones contables. Y porque la libra de Bristol, aunque tiene entidad física, no es “derretible” u “oxidable”.

b) La moneda de Barcelona (como la de Bristol) tendría respaldo completo, al 100%, en euros (la de Bristol en libras esterlinas). Es decir, que no se podría crear más cantidad de moneda barcelonesa que la cantidad de euros establecida como respaldo. Por tanto, no es verdad que, en este caso, la moneda fuese “una moneda sin respaldo real”, como anticipa Lacalle.

c) La moneda barcelonesa (como la de Bristol) no sería emitida por el ayuntamiento sino por una asociación de comerciantes o ciudadana de cualquier otra naturaleza. Por tanto, en este caso, tampoco sería cierto, como dice Lacalle, que la pudiera crear el gobierno local a su antojo.

d) El ayuntamiento de Barcelona (como el de Bristol) no podría utilizar la moneda local, como dice Lacalle, “para disfrazar aumentos de gasto y de deuda”. Para aumentar gasto con moneda local en Bristol (e igual pasaría en Barcelona si, como estamos suponiendo, siguiese su modelo) el ayuntamiento debe adquirir previamente moneda local a cambio de libras (o de euros en Barcelona). Otra cosa es que, como consecuencia de que haya más actividad económica gracias a la moneda local (ese y no otro es su objetivo en realidad), aumenten los ingresos del gobierno local y pueda, así, aumentar su gasto pero sin que aumente entonces la deuda.

e) En el caso español, ni el ayuntamiento de Barcelona ni ningún otro podrá pagar forzosamente a sus empleados en una moneda que no sea la reconocida para ello por las leyes laborales y generales. Tampoco podría exigir a nadie que le pagara los impuestos en moneda distinta a la de curso legal y forzoso. Eso sólo podría ocurrir en ambos casos si fuera voluntariamente, lo mismo que sería posible incentivar el uso de la moneda local estableciendo una especie de “bonus” a favor de quien la utilizara para pagar o cobrar del ayuntamiento. Lo mismo que se hace en otros muchos ámbitos sin que nadie se escandalice.

Con independencia del modelo que se elija finalmente, el ayuntamiento de Barcelona (como el de Bristol) nunca podría obligar “a los ciudadanos y comercios a utilizarla asignando unilateralmente los negocios o comercios en los que se puede utilizar” o usarla “para subvencionar políticamente a sectores predefinidos”, como dice Lacalle. Este se equivoca también en este caso porque las monedas locales son complementarias a las de curso legal y forzoso pero nunca las sustituyen forzosamente.

También se equivoca Lacalle cuando dice que este tipo de instrumentos “lo garantiza una corporación local que no tiene legitimidad ni estatal ni europea, ni reconocida por el BCE, ni tampoco –ojo- de sus propios ciudadanos para emitir moneda y menos garantizarla con un valor 1 a 1 equivalente a la moneda de curso legal”. Ya he señalado que la moneda local no tiene por qué emitirla ni garantizarla una corporación local (en Bristol la crea una asociación privada sin ánimo de lucro apoyada por el ayuntamiento y la Bristol Credit Union). Pero esa moneda local sí que puede tener legitimidad legal, claro que sí. Nada hay en Europa que impida que circulen esas monedas: lo hacen legalmente y con éxito en Italia, Francia, Alemania, Reino Unido… Y para nada amenazan a las monedas de curso forzoso con las que corren paralelas. ¿Por qué no entonces en España o en Barcelona?

Y, finalmente, es una pena que se equivoque Lacalle cuando achaca a la izquierda la promoción del “monetarismo inflacionista” y los grandes males financieros (por no hablar de que tenga que recurrir al “argumento Maduro”, en sustitución de otros de peso económico). Solo se engaña quien quiere engañarse y lo cierto y verdad es que las grandes catástrofes monetarias y financieras de la historia no han venido precisamente de mano de las izquierdas sino más bien de los grandes centros de poder privado. Y si hay algo que tratamos de combatir los economistas de izquierdas (y también otros muchos de derechas) es precisamente el modelo de crecimiento impulsado en la deuda que fomentan las grandes corporaciones industriales y financieras y la deuda en sí misma que no es sino el gran negocio de los bancos y la mayor esclavitud que puede caer sobre las personas y los pueblos.

Las monedas locales sirven precisamente para tratar de escapar de esa esclavitud de la deuda que genera el sistema de creación de dinero bancario ex nihilo, desde la nada. Se trata, justamente, de evitar que el negocio bancario de crear deuda constantemente siga ahogando a las economías y, frente a eso, de ayudar a que haya más y mejor actividad económica.

En definitiva, la crítica que se hace a un proyecto que nadie conoce, como el de Barcelona, se basa en crear un monigote de referencia (con todas las características negativas que solo podría tener una moneda local diseñada a propósito para fracasar) y lanzar contra él una artillería que parece muy pesada pero que en realidad no tiene  ningún fundamento científico. Lo que parece mentira es que economistas que defienden el mercado pongan este tipo de pegas a procedimientos que en realidad lo que tratan de conseguir es que el mercado funcione a pesar de los problemas de desigualdad y exclusión que tan a menudo genera.

A estas críticas al proyecto catalán se unió de pasada el subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, quien al parece ha afirmado que algo así es “indeseable” e “imposible. Una opinión completamente extravagante. No se puede entender que una moneda local sea imposible en España cuando hay tantas en otros países ni tampoco que sea indeseable si se diseña correctamente y es capaz, por lo tanto, de producir los efectos benéficos sobre los mercados que produce en otros lugares. También al Banco de España (una de las instituciones, por no decir que la que más se equivoca habitualmente en sus predicciones) le sobra conservadurismo, servidumbres hacia los grandes poderes financieros privados y, sobre todo, anteojeras ideológicas que le nublan la realidad que se encuentra a medio metro de sus ojos.

Es evidente que este tipo de monedas no son la panacea. Ni son “una bomba de relojería”, como dice Lacalle, ni son el bálsamo de Fierabrás, como creen algunos. Son un instrumento más, pero muy a tener en cuenta hoy día porque, si hay algo obvio, es que el mundo de las finanzas está patas arriba y ha creado ya demasiados desastres. Por eso, en lugar de descalificar estas experiencias y propuestas con tan escaso fundamento lo que a mi juicio se debería hacer es leer más a favor y en contra, analizar separadamente la utilidad de instrumentos que en realidad son de muy distinta naturaleza (moneda complementaria al euro a escala nacional, monedas complementarias regionales o locales, monedas sociales, criptomonedas,…) y mantener sobre todo ello un debate transparente y en positivo.

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Sobre la moneda de Barcelona: crítica a los hipercríticos

Thu, 24/11/2016 - 09:00

Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España

En España circulan más de 30 monedas diferentes al euro pero solo cuando se anunció que el Ayuntamiento de Barcelona gobernado por Ada Colau tenía previsto impulsar la creación de una en su territorio ha sido cuando se ha generado polémica al respecto.

Lamentablemente, esa polémica (deseable y enriquecedora cuando es rigurosa y franca) ha estado teñida por la animadversión que el fenómeno Podemos produce en muchos analistas y eso ha empobrecido el debate sobre monedas complementarias, que debería ser tan necesario como esclarecedor, entre los economistas más mediáticos.

El primero en atacar fue José Carlos Díez (cuando ni siquiera se sabía qué se pensaba hacer en Barcelona) con un artículo en El País titulado Ley de Gresham, en el que lamentablemente demostraba no saber ni siquiera lo que decía esa ley tan popular en economía. El conocido economista aseguraba que una moneda mala (como en su opinión iba a ser la de Barcelona) sería sin duda desplazada por el euro, porque “siempre la moneda buena es preferida a la mala”. Se equivocaba profundamente Díez en su juicio, primero, porque Gresham se refería a monedas de contenido metálico (lo que no es el caso del euro ni con toda seguridad de ninguna otra nueva moneda) y, segundo, porque lo que dijo en realidad el comerciante y financiero inglés fue lo contrario, es decir, que la moneda mala (por tener menos o peor contenido metálico) es la que circula y desplaza a la buena (que deja de circular para ser utilizada como metal). Además, al atacar al proyecto barcelonés no distinguía los efectos diferentes que tienen los distintos tipos de monedas locales que pueden existir (complementarias, locales, sociales… de crédito mutuo o respaldada por bienes, por ejemplo) y, ni siquiera, la diferente naturaleza de los distintos tipos de medios de pago que hoy día circulan o pueden circular en nuestras economías (dinero legal, dinero de curso forzoso, dinero bancario, criptomonedas, etc.). Y, lo que es peor, mentía Díez cuando decía que tanto Ada Colau en Barcelona como Joan Ribó en Valencia habían propuesto crear una moneda social “para pagar a sus funcionarios” o para “monetizar déficit público” algo que, como veremos enseguida, es imposible que ocurra.

Hace unos días, mi buen amigo (a pesar de las diferencias intelectuales) Daniel Lacalle ha escrito también sobre la propuesta catalana (¿Bienvenido a los “Colaus”? Monedas locales, bomba de relojería) pero creo que incurre en algunos errores graves que me gustaría señalar para contribuir al debate.

El primer error de Daniel Lacalle es que critica el proyecto de crear una moneda local en Barcelona sin saber cuál será su naturaleza, su reglas de funcionamiento y, por tanto, sus efectos. Es decir, critica como si ya existiera lo que todavía no existe.

El segundo error es que, como no tiene delante el modelo de Barcelona, se inventa uno para criticar a las monedas locales en general y, para poder criticarlo más cómodamente, les achaca todas las malas características que cualquier moneda local mínimamente bien diseñada nunca tendría.

El tercer error, por tanto, es que mezcla características de unos tipos de monedas con otros y hace un batiburrillo que no tiene ningún sentido. En el mundo hay una enorme variedad de monedas complementarias, locales, sociales… cada una de ellas con reglas de funcionamiento muy diferentes. Generalizar el análisis, como hace Daniel Lacalle, es un error de principiante.

Se desconoce cuál es el modelo de moneda local que tiene Daniel Lacalle en la cabeza (porque no lo menciona ni describe) pero es fácil comprobar que si Barcelona eligiese un modelo de moneda local idéntico o parecido al de las monedas locales que han tenido éxito en muchas partes del mundo nunca ocurriría lo que dice Lacalle (equivocadamente) que ocurre siempre con las monedas locales. Supongamos, por ejemplo, que Barcelona eligiese el modelo de Bristol. En ese caso, es meridianamente claro que sus críticas carecen de fundamento:

a) La moneda de Barcelona (como la de Bristol) no estaría sujeta al “derretimiento” u “oxidación” que critica Lacalle, creyendo erróneamente que es una característica común a todas las monedas locales. La oxidación significa que con el paso del tiempo la moneda va perdiendo valor (por eso se dice que se “oxida”). A Lacalle le parece que esto es un problema porque está pensando en el dinero como depósito de valor (y en ese caso sí que sería una barbaridad que una moneda se oxidara, es decir, que perdiera valor con el paso del tiempo y que hubiera que gastarla pronto, como ocurre, por cierto con las monedas de curso legal y forzoso, como el euro, cuando hay inflación). Pero lo que ocurre con algunas y no con todas las monedas locales es bien sencillo: lo que se busca con la oxidación es que las monedas no se acumulen porque no se quiere que se conviertan en depósito de valor (para ello ya está la de curso forzoso) sino utilizarlas como un medio de cambio que circule más o más rápido cuando la de curso forzoso no lo hace o circula con menos velocidad de la que es conveniente para promover suficiente actividad económica.  En todo caso, Lacalle se equivoca con esta crítica porque la oxidación solo tiene sentido que se aplique a monedas con entidad material y no con las que funcionan a través de anotaciones contables. Y porque la libra de Bristol, aunque tiene entidad física, no es “derretible” u “oxidable”.

b) La moneda de Barcelona (como la de Bristol) tendría respaldo completo, al 100%, en euros (la de Bristol en libras esterlinas). Es decir, que no se podría crear más cantidad de moneda barcelonesa que la cantidad de euros establecida como respaldo. Por tanto, no es verdad que, en este caso, la moneda fuese “una moneda sin respaldo real”, como anticipa Lacalle.

c) La moneda barcelonesa (como la de Bristol) no sería emitida por el ayuntamiento sino por una asociación de comerciantes o ciudadana de cualquier otra naturaleza. Por tanto, en este caso, tampoco sería cierto, como dice Lacalle, que la pudiera crear el gobierno local a su antojo.

d) El ayuntamiento de Barcelona (como el de Bristol) no podría utilizar la moneda local, como dice Lacalle, “para disfrazar aumentos de gasto y de deuda”. Para aumentar gasto con moneda local en Bristol (e igual pasaría en Barcelona si, como estamos suponiendo, siguiese su modelo) el ayuntamiento debe adquirir previamente moneda local a cambio de libras (o de euros en Barcelona). Otra cosa es que, como consecuencia de que haya más actividad económica gracias a la moneda local (ese y no otro es su objetivo en realidad), aumenten los ingresos del gobierno local y pueda, así, aumentar su gasto pero sin que aumente entonces la deuda.

e) En el caso español, ni el ayuntamiento de Barcelona ni ningún otro podrá pagar forzosamente a sus empleados en una moneda que no sea la reconocida para ello por las leyes laborales y generales. Tampoco podría exigir a nadie que le pagara los impuestos en moneda distinta a la de curso legal y forzoso. Eso sólo podría ocurrir en ambos casos si fuera voluntariamente, lo mismo que sería posible incentivar el uso de la moneda local estableciendo una especie de “bonus” a favor de quien la utilizara para pagar o cobrar del ayuntamiento. Lo mismo que se hace en otros muchos ámbitos sin que nadie se escandalice.

Con independencia del modelo que se elija finalmente, el ayuntamiento de Barcelona (como el de Bristol) nunca podría obligar “a los ciudadanos y comercios a utilizarla asignando unilateralmente los negocios o comercios en los que se puede utilizar” o usarla “para subvencionar políticamente a sectores predefinidos”, como dice Lacalle. Este se equivoca también en este caso porque las monedas locales son complementarias a las de curso legal y forzoso pero nunca las sustituyen forzosamente.

También se equivoca Lacalle cuando dice que este tipo de instrumentos “lo garantiza una corporación local que no tiene legitimidad ni estatal ni europea, ni reconocida por el BCE, ni tampoco –ojo- de sus propios ciudadanos para emitir moneda y menos garantizarla con un valor 1 a 1 equivalente a la moneda de curso legal”. Ya he señalado que la moneda local no tiene por qué emitirla ni garantizarla una corporación local (en Bristol la crea una asociación privada sin ánimo de lucro apoyada por el ayuntamiento y la Bristol Credit Union). Pero esa moneda local sí que puede tener legitimidad legal, claro que sí. Nada hay en Europa que impida que circulen esas monedas: lo hacen legalmente y con éxito en Italia, Francia, Alemania, Reino Unido… Y para nada amenazan a las monedas de curso forzoso con las que corren paralelas. ¿Por qué no entonces en España o en Barcelona?

Y, finalmente, es una pena que se equivoque Lacalle cuando achaca a la izquierda la promoción del “monetarismo inflacionista” y los grandes males financieros (por no hablar de que tenga que recurrir al “argumento Maduro”, en sustitución de otros de peso económico). Solo se engaña quien quiere engañarse y lo cierto y verdad es que las grandes catástrofes monetarias y financieras de la historia no han venido precisamente de mano de las izquierdas sino más bien de los grandes centros de poder privado. Y si hay algo que tratamos de combatir los economistas de izquierdas (y también otros muchos de derechas) es precisamente el modelo de crecimiento impulsado en la deuda que fomentan las grandes corporaciones industriales y financieras y la deuda en sí misma que no es sino el gran negocio de los bancos y la mayor esclavitud que puede caer sobre las personas y los pueblos.

Las monedas locales sirven precisamente para tratar de escapar de esa esclavitud de la deuda que genera el sistema de creación de dinero bancario ex nihilo, desde la nada. Se trata, justamente, de evitar que el negocio bancario de crear deuda constantemente siga ahogando a las economías y, frente a eso, de ayudar a que haya más y mejor actividad económica.

En definitiva, la crítica que se hace a un proyecto que nadie conoce, como el de Barcelona, se basa en crear un monigote de referencia (con todas las características negativas que solo podría tener una moneda local diseñada a propósito para fracasar) y lanzar contra él una artillería que parece muy pesada pero que en realidad no tiene  ningún fundamento científico. Lo que parece mentira es que economistas que defienden el mercado pongan este tipo de pegas a procedimientos que en realidad lo que tratan de conseguir es que el mercado funcione a pesar de los problemas de desigualdad y exclusión que tan a menudo genera.

A estas críticas al proyecto catalán se unió de pasada el subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, quien al parece ha afirmado que algo así es “indeseable” e “imposible. Una opinión completamente extravagante. No se puede entender que una moneda local sea imposible en España cuando hay tantas en otros países ni tampoco que sea indeseable si se diseña correctamente y es capaz, por lo tanto, de producir los efectos benéficos sobre los mercados que produce en otros lugares. También al Banco de España (una de las instituciones, por no decir que la que más se equivoca habitualmente en sus predicciones) le sobra conservadurismo, servidumbres hacia los grandes poderes financieros privados y, sobre todo, anteojeras ideológicas que le nublan la realidad que se encuentra a medio metro de sus ojos.

Es evidente que este tipo de monedas no son la panacea. Ni son “una bomba de relojería”, como dice Lacalle, ni son el bálsamo de Fierabrás, como creen algunos. Son un instrumento más, pero muy a tener en cuenta hoy día porque, si hay algo obvio, es que el mundo de las finanzas está patas arriba y ha creado ya demasiados desastres. Por eso, en lugar de descalificar estas experiencias y propuestas con tan escaso fundamento lo que a mi juicio se debería hacer es leer más a favor y en contra, analizar separadamente la utilidad de instrumentos que en realidad son de muy distinta naturaleza (moneda complementaria al euro a escala nacional, monedas complementarias regionales o locales, monedas sociales, criptomonedas,…) y mantener sobre todo ello un debate transparente y en positivo.

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Mister Trump y la economía

Thu, 24/11/2016 - 07:00

Julio Rodríguez López – Consejo Científico de ATTAC España

“Las consecuencias de la presidencia de Donald Trump serán muchas y variadas. Las económicas no serán las menos importantes” “La administración Trump puede revertir la globalización, desestabilizar el sistema financiero, debilitar las finanzas públicas de Estados Unidos y amenazar la confianza en el dólar” (M. Wolf, “The economic consequences of Mr. Trump”, FT, 11.10.2016).

Conforme se aleja el día de la elección presidencial  y se aproxima el de la toma de posesión en el próximo enero, mayor es la sensación de estar ante un auténtico punto de inflexión en la política general en Estados Unidos. Dichas consecuencias no se limitarán a ese país, sino que afectarán a todo el mundo y pueden resultar muy negativas para Europa. El paralelismo con la entrada de Ronald Reagan en el gobierno en enero de 1980  es evidente (“el gobierno no es la solución a los problemas, sino que es el problema”, Reagan dijo entonces). Los cambios de Reagan se han revelado como más que duraderos.

Trump ha puesto de manifiesto su hostilidad hacia los compromisos de Estados Unidos en materia comercial. No habrá Acuerdo Trasatlántico (TTIP)  ni quedará nada en su lugar. El nuevo presidente pretende atacar los problemas de deslocalización empresarial imponiendo pesados aranceles  a los productos procedentes de las empresas deslocalizadas. Esto  puede llevar a  disputas comerciales, sobre todo con China y México. Todo ello redundará en un menor aumento del comercio mundial, lo que afectará de forma negativa al  crecimiento.

Junto al ataque a la globalización, destaca la más que prometida reforma de la ley Dodd-Frank, texto legal  emanado de la crisis de 2007 y que ha pretendido poner orden en el funcionamiento de los bancos. La desregulación consiguiente hará más fácil que se repitan crisis como la de 2007-08. Trump  ha anunciado, en tercer lugar, cambios fiscales que reducirán la presión fiscal, en especial a las rentas más elevadas. Dichos cambios incluirán  una reforma del impuesto de sociedades, que rebajará el tipo impositivo desde el 35% actual hasta el 15%. Se han estimado importantes aumentos de la deuda pública de Estados Unidos  en tales circunstancias (10 billones de dólares en diez años).

Los excesos fiscales se podrían compensar por parte del banco central de Estados Unidos, el Federal Reserve Bank, a cuya presidenta le quedará un año de mandato cuando llegue al poder el nuevo presidente. Trump desconfía de la presidenta de la FED,   Janet Yellen, que será presionada desde  el primer día para que deje el cargo antes del fin de su mandato.

Trump montará su plataforma en torno al proteccionismo, en mantener las prestaciones sociales y en defender un programa de inversiones públicas.

La mayoría republicana en las dos cámaras presionará para lograr amplias reducciones de impuestos, sobre todo en el de sociedades. Además,  buscará desregular todo lo que se ponga por delante y derribar la reforma de la sanidad pública llevada a cabo por Obama, dejando de lado la cuestión del cambio climático. La política fiscal y la política de oferta serán los ejes de la política económica, cambiándose si es necesario las leyes correspondientes para acabar con la independencia de la Reserva Federal. (Gillian Tett, “Reversal of Monetary Rule under President Trump”, FT, 10.11.2016).

Las regiones que producen bienes tangibles  y que pasan por momentos difíciles han apostado por Trump, y no por Clinton. Es evidente que se han hecho muchas cosas mal en materia  de globalización, que se ha ido demasiado lejos y que muchos trabajadores se han quedado en la cuneta..

“América primero” implica promover un  aislacionismo beligerante, esto es, un orden internacional basado en el poder más que en el respeto a leyes y acuerdos (Ph. Stephens, “América can survive Trump. Not so the west”, FT, 10.11.2016).

Como  diría Kavafis, los sabios se preocupan, “escuchan el eco de las cosas que aún no han sucedido”. Hay mucho por suceder, y no necesariamente positivo,  a partir del próximo enero de 2017.

 

Una versión de este  trabajo se ha publicado en la revista semanal “El Siglo de Europa”, de 21 de noviembre de 2016”.

JRL es  vocal del Consejo Superior de Estadística y miembro de Economistas frente a la Crisis

 

julrodlop.blogspot.com.es

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¿Es suficiente un estímulo del 0,5% (52.000 millones) en la Eurozona?

Wed, 23/11/2016 - 13:01

Albino Prada - Comisión JUFFIGLO ATTAC España

A la vista de los riesgos de colapso económico asociados a la llamada austeridad expansiva la Comisión Europea ha propuesto un viraje: aflojar el objetivo de déficit en un 0,5%. Unos 52.000 millones de euros de mayores gastos (por ejemplo en inversiones públicas) que podrían favorecer el crecimiento económico y el empleo. Un mayor gasto sobre todo por parte de las economías que cerrarán este año 2016 con superávit (como Alemania) y que pueden permitírselo.

Hasta aquí todo impecable si llegase a ser cierto. Sobre todo en lo que tiene de corregir una política que está causando un gigantesco sufrimiento social en amplios sectores sociales. Sectores que se inclinan a pensar que la UE y el euro son algo de lo que escapar (como ya sucedió en el Brexit o podría suceder con los ultranacionalismos en Francia o la propia Alemania).

Pero, ¿estamos ante un viraje suficiente? Para valorarlo se me ocurre hacer una comparación con lo que están haciendo en Estados Unidos este año 2016. Una economía que está creciendo más que la de la eurozona y que tiene una tasa de paro de la mitad de lo que anotamos en los diecinueve países que compartimos el euro.

Pues bien si calculamos la diferencia entre en déficit público previsto en ambos espacios económicos (Eurozona y Estados Unidos con datos de Eurostat) para este año 2016 la cifra es de 450.000 millones más en Estados Unidos que en la Eurozona. Lo que quiere decir que el estímulo propuesto por la Comisión Europea de 52.000 millones es apenas de la novena parte de lo que sería necesario para ajustarse a la política expansiva norteamericana.

Aun ajustando el tamaño del impulso al menor tamaño de la economía de la eurozona sería necesario un estímulo de 300.000 millones para igualarnos al que se realiza en los Estados Unidos. Es decir, seis veces más de lo que propone la Comisión.

Hacerlo no solo estaría justificado para homologarnos con la política no austericida de los EE.UU. sino también porque el nivel actual de deuda pública acumulado es inferior en la eurozona (91,6% frente a 108,1% del PIB en Estados Unidos). Sólo sextuplicando el estímulo propuesto por la Comisión podríamos reducir, sobre todo en el sur de la eurozona, unas depresivas tasas de desempleo y de pobreza.

 

Doctor en Economía y ensayista

Publicado en La Voz de Galicia

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Trump y la quiebra del neoliberalismo

Wed, 23/11/2016 - 09:00
Ángel Guerra Cabrera/II – La Jornada

Algunos actos y declaraciones de Trump tras su elección permiten atisbar lo que podría llegar a ser su futuro gobierno. Siempre que se considere el alto grado de incertidumbre e imprevisibilidad que generan este hombre, su conflictivo entorno, los graves trastornos económicos, políticos, sociales y culturales que cruzan a Estados Unidos y la pantanosa y convulsa coyuntura internacional en que le toca actuar.

El magnate parece representar al sector de la élite estadunidense que adversa, por la extrema derecha, la globalización neoliberal porque se da cuenta que conduce a una crisis terminal de la acumulación capitalista. Este sector también está dispuesto a admitir, a diferencia de buena parte del establishment, que Estados Unidos no es ya la única potencia hegemónica en el mundo y debe llegar a acuerdos con Rusia y China en cuanto a un nuevo orden mundial tripolar, o asumir el suicidio de una guerra nuclear.

Esto explicaría las cordiales y sustantivas pláticas telefónicas del presidente electo con sus homólogos ruso y chino, Vladimir Putin y Xi Jinping. La presencia del general Michael Flinn, ex jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa en uno de los cinco cargos más importantes del equipo de transición de Trump, corroboraría la probable reconciliación con Rusia y un eventual arreglo político sobre Siria, puesto que se conoce su criterio de llegar a acuerdos con Putin, aunque también su tendencia a un trato más duro con Irán y a un enfoque más agresivo no sólo sobre la lucha contra el Estado Islámico sino contra el aviesamente llamado islam radical.

La ruptura con la globalización pretende recrear el sueño americano industrializado y consumista, más proteccionista aún y sólo para blancos no latinos, representado por el lema Hacer a América grande de nuevo. Allí sólo tendrían cabida las minorías en situación de apartheid, incluyendo los negros y los latinos, sin derechos políticos y destinados a los trabajos peor remunerados. Pero el proyecto trumpista antiglobalización tendrá una fuerte oposición de los poderosos sectores de Wall Street más beneficiados por la especulación financiera desenfrenada, así como de numerosos legisladores republicanos y demócratas seducidos por el libre comercio y resistidos a admitir que Estados Unidos ya no dispone de la influencia política y económica que tuvo durante el breve periodo de la unipolaridad.

De la misma manera, ya se aprecian los lamentos y planes de resistencia sin futuro de los gobernantes neoliberales de América Latina y la Unión Europea, así como de sus voceros mediáticos y académicos que, formados después de Reagan y Thatcher, se horrorizan de que no se acuerden el Tratado Transpacífico (TPP), el similar con Europa o el TISA, pues no conciben ya otro mundo que la estupidez neoliberal, de la cual han vivido a todo trapo.

El trumpismo instaurará una política, animada y exacerbada fervorosamente por sus seguidores, de asegurar la persistencia de la supremacía blanca y un largo reinado en Estados Unidos de las ideas más reaccionarias de los blancos, anglosajones, protestantes, empobrecidos, ignorantes y cargados de prejuicios raciales, odio y resentimiento.

Por lo pronto, ya el presidente electo declaró que deportará a entre 2 y 3 millones de indocumentados –en su mayoría mexicanos– que tengan conductas criminales y que construirá el prometido muro de 3 mil 100 kilómetros de extensión a lo largo de la frontera común con México, aunque en algunos tramos puede estar formado por vallas. Por su parte, alguien de su equipo afirmó que en ciertas zonas puede ser un muro virtual mediante el uso de drones. También ha dicho que renegociará el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de modo que beneficie a Estados Unidos y que no firmará el TPP.

Trump ha hecho dos nombramientos. El de Reince Priebus como secretario general de la Casa Blanca, hasta ahora jefe del Partido Republicano, y el de Stephen Bannon, que fungirá de principal consejero y estratega presidencial. Ambas designaciones buscan contentar, por un lado, a la élite tradicional republicana con la que Priebus tiene buenas relaciones; es muy cercano a Paul Ryan, reconfirmado líder del partido en la Cámara de Representantes, vital para sacar adelante la agenda legislativa. Por el otro, a la corriente conocida como alt-right, o derecha alternativa, donde abundan los nativistas, supremacistas blancos, xenófobos y racistas, soporte fundamental en la batalla de Trump por la presidencia.

Twitter:@aguerraguerra

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La Cumbre del Clima termina sin consenso

Wed, 23/11/2016 - 07:00

Laura CorcueraDiagonal

Hace calor y no llueve en Marrakech, Marruecos, territorio vulnerable del planeta que debería beneficiarse de más mecanismos de adaptación. Jerga ONU. Estamos a finales de noviembre, huele a humo de moto con cúrcuma, las calles son laberínticas y no hay mapa certero.

Algo parecido pasa con el problema del cambio climático, por el que gobiernos, organismos internacionales y empresas transnacionales han transitado en los últimos diez años desde la negación más cazurra, pasando por acciones efectivas de diagnóstico económico, científico y social, hasta la presentación ambigua de soluciones.

Desde este lado del noroeste africano, la plaza Jemaa El Fna muestra que hay otras maneras de mirar el mundo. Sus gentes y cielos agitan culturas diversas y hasta los pájaros se reúnen en círculo. El centro de la ciudad está abarrotado de carteles de la COP22, cuyas instalaciones se han preparado en dos grandes pabellones internacionales a las afueras: la Green Zone –para organismos representantes de la sociedad civil, transnacionales, bancos, técnicos y prensa– y la Blue Zone –para gobiernos, negociadores, delegados, más técnicos y medios–.

Muchas palabras y pocas acciones

Los jefes de gobierno de 195 países se reunían por primera vez bajo el Acuerdo de París, un tratado que ha propiciado una nueva era climática, pero que está liderada por los mismos agentes que causan la degradación planetaria. Por eso en Marrakech todo se resume en un aplazamiento hasta 2018. Lo opuesto de lo que la sociedad esperaba.

Durante dos semanas –una científica y otra política–, delegados, negociadores, técnicos, periodistas y activistas escribieron miles de textos en todas las lenguas del mundo sobre la urgencia de actuar contra el cambio climático en un contexto de serias amenazas ambientales y de un aumento estremecedor de la desigualdad.

Pero este consenso en torno a la urgencia de la acción no se tradujo en compromisos reales. No. Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la COP22, tildaba la conferencia mundial como “la cumbre de la acción”. El presidente francés François Hollande se refería a “la cumbre de las soluciones” y el secretario general de la Naciones Unidas Ban Ki-moon se despedía diciendo que, “si no se actúa ahora, la temperatura subirá casi cuatro grados”.

Lejos de ser una cumbre activa y resolutiva, Marrakech pasa a los anales de la ONU como una cumbre-trámite en la lucha contra el calentamiento global. Para los movimientos ciudadanos ha sido la cumbre de “perder el tiempo” mientras mueren personas, pueblos originarios, islas, llegan huracanes, tsunamis, lluvias torrenciales y accidentes nucleares. Para las empresas ha sido la cumbre de “ganar tiempo” en la búsqueda de nuevos nichos de mercado y nuevas formas de control económico.

Chocaba en los pabellones de la Cumbre la enorme presencia de multinacionales fósiles y de empresas de infraestructuras (cementeras, energéticas, telecomunicaciones, transporte…) cuyo número de delegados y negociadores ha sido muy superior al de las representantes de la sociedad civil. La Climate Action Network, referente en la lucha organizada contra el cambio climático, reparte las acreditaciones de entrada entre las organizaciones, pero la secretaría de la COP las está restringiendo.

La ciudadanía observa impotente la inacción de los gobiernos. Mientras las organizaciones ecologistas siguen denunciando la vulneración de derechos humanos y la negligencia de los países enriquecidos ante los peligros climáticos que afectarán sobre todo a los países empobrecidos.

Los movimientos sociales exigen hablar de resultados, no de parches que sólo ayudan a “alargar un modelo económico basado en los combustibles fósiles, obsoleto y destructivo para el planeta y la inmensa mayoría de sus habitantes”, según Javier Andaluz, responsable del área de Cambio Climático de Ecologistas en Acción.

18 de noviembre: un viernes noche

Después de doce días, pasada la medianoche terminaba el Plenario final de la COP22, pero seguía un rato más la diplomacia subterránea. Brasil, Ecuador y China aplazaban sus rifirrafes sobre el año de rendición de cuentas de los países (China se niega a poner un año), el aumento en 2025 de los 100,000 millones de dólares previstos para el Fondo Verde, y la no concesión de descuentos a países petroleros que paren sus extracciones. Finalmente, la Coalición de Países más afectados (CVF) también suscribía el comunicado. La Cumbre de Marrakech se cerraba por agotamiento y por streaming.

La única buena noticia de la Cumbre ha sido la creación de un fondo para 2050 en el que EE UU, Alemania, Canadá, Francia, Perú, Chile, Costa Rica y 47 países vulnerables (lenguaje ONU) se comprometen a tener 100% energías renovables.

Las élites políticas asumen ya como necesario el cambio estructural de modelo económico-climático. Ante esto y los propios límites del planeta, las grandes empresas intentan reformular sus modelos de negocio. No en vano, 360 multinacionales estadounidenses se han adherido a los compromisos del Acuerdo de París durante la COP22.

En los altos niveles de negociación de la Blue Zone, más allá de la nueva presidencia de EE UU, se hablaba sin tapujos de “descabornización profunda”, como ha informado El Diario.

Por su parte, el comisario europeo de Energía y Cambio Climático, Miguel Ángel Arias Cañete, insistía en la necesidad de mayores esfuerzos. Sin embargo, los compromisos de la UE contradecían sus declaraciones.

Durante la COP22 se filtraba el próximo Paquete Energético de Invierno elaborado por la Comisión Europea, que se presenta oficialmente el 30 de noviembre y seguirá incluyendo subvenciones encubiertas a los combustibles fósiles a través de los mecanismos de capacidad, “algo que ya denunciamos hace un mes en el Parlamento Europeo”, afirma Xabier Benito, eurodiputado de Podemos.

De Europa a España

Las fotos oficiales han quedado resultonas, también para España. Aunque Rajoy no dijera nada relevante a su paso por la Cumbre. Tuvo una agenda más intensa con Mohamed VI a quién (quizás) le explicó los nefastos efectos de su impuesto al sol. Una semana antes, El Confidencial publicaba que el Banco Europeo de Inversión (BEI) iba a dar soporte a una de las mayores infraestructuras de energía solar del mundo en suelo marroquí.

En los últimos días de la COP22 el gobierno español daba un pasito y anunciaba una propuesta de Ley de Cambio Climático, que las organizaciones ecologistas llevan tiempo pidiendo, como recoge 20minutos.

Alianza por el Clima, formada por más de 400 organizaciones ecologistas, dispone de un documento estratégico que podría ser la base de una Ley de Cambio climático española e insta a todas las formaciones políticas a tenerlo en cuenta. Por su lado, Unidos Podemos y Ciudadanos han elaborado sendas hojas de ruta sobre cambio climático.

“Me parece capital que exista una Ley del Cambio Climático y un proceso de negociación de Ley para generar un consenso y participación amplia”, dijo a Diagonal Teresa Ribera, actual directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) de París, copresidenta del panel de Naciones Unidas sobre iniciativas ante el cambio climático y miembro del Foro Económico Mundial.

En España llama la atención la falta de coordinación ministerial del gobierno del PP. Algo que también sucedió en las dos legislaturas de Zapatero (PSOE). Pero estamos en la máquina ONU. No es de recibo que el Ministerio de Medioambiente llegue a la COP22 para responder de manera difusa, sin concretar datos ni planes, y rebotar las preguntas cruciales al Ministerio de Industria, ausente oficialmente.

Las declaraciones de intenciones no son suficientes

A estas alturas de la historia, cabe preguntarse ¿qué habría que hacer para que la prestigiosa o prestidigitadora ONU fuera motor de acciones, además de declaraciones?

La COP22 terminó con la Declaración de Marrakech, un comunicado clásico en la historia de las cumbres. Una herramienta muy utilizada cuando no hay acuerdos ni resoluciones concretas, llena de formalismos del tipo “podría”, “sería deseable”,” aconsejable”, “una opción para”, que pasa de puntillas por “catástrofe climática”.

En la Cumbre alternativa, la Red Internacional de Justicia Climática (Demand Climate Change Network) publicaba la misma noche del 17 de noviembre un manifiesto que, entre otras cosas, exige que el 50% de la financiación se destine a proyectos y estrategias basadas en los ecosistemas y no en nichos de mercado para las empresas occidentales. Este documento también exige la liberación de cientos de activistas ecologistas que hoy están encarcelados por todo el mundo, así como el reconocimiento de asesinatos de líderes y lideresas indígenas que se oponen a proyectos energético-empresariales demoledores con sus territorios y comunidades.

Recetas para la dominación, pautas para la adaptación

Las economías industrializadas son las principales responsables del cambio climático y al mismo tiempo las menos comprometidas en una transformación radical del modelo productivo, industrial y energético.

El Acuerdo de París prevé para el Fondo Verde para el clima un monto de 100.000 millones de dólares anuales (67.000 millones provenientes de fondos públicos pero no puestos sobre la mesa ha sólo 165 millones) que se destinarán a acciones de mitigación (80%) y adaptación (20%) al cambio climático, es decir a que los territorios más afectados puedan adaptatse y seguir viviendo. De nuevo, jerga ONU. En este sentido, el porcentaje debería ser el opuesto: mucho más para adaptación que para mitigación.

De los 3.000 millones de dólares prometidos por EE UU con Obama para este Fondo Verde, hasta ahora sólo se han entregado 500. Un dato “muy, muy desolador”, según declaraciones de Mpanu Mpanu, jefe del grupo Países Menos Desarrollados, a La Marea.

La adaptación es uno de los pilares clave en la lucha contra el cambio climático y su puesta en marcha debería estar mucho más avanzada de lo que está. En este sentido, la inactividad de la COP22 de Marrakech pone en riesgo la supervivencia del Fondo para la Adaptación desarrollado en 2001, en la misma ciudad marroquí.

La pasividad en la adaptación y preferencia por la mitigación –un pan para hoy y hambre para mañana– en el lenguaje ONU y en los hechos tendrá grandes repercusiones sociales, ambientales y económicas en los próximos años, tal y como ya ha demostrado la comunidad científica y, en especial, el IPCC.

Decenas de organizaciones indigenistas provenientes de los países de América Latina y el Caribe, representadas por mujeres principalmente, reclamaban en la Cumbre oficial mayor apoyo y protección a los territorios y comunidades que más sufren las consecuencias del cambio climático. Como organizaciones africanas, ATTAC Maroc y colectivos saharauis incluidas, insisten en poner en el centro de las negociaciones climáticas a la ciudadanía y los derechos humanos.

En la cumbre alternativa, realizada del 14 al 17 de noviembre en la Universidad Caddi Ayyad de Marrakech, se hicieron charlas temáticas y mesas redondas. Un experto en agua tunecino terminaba una conferencia llorando después de contar en público los abusos de países europeos –España es clave– sobre la explotación de gas y petróleo en el Norte del continente africano. Especial éxito tuvo la asamblea de la Alianza Euromediterránea contra el cambio climático, que ha diseñado una hoja de ruta para los próximos meses. Fue recordada con insistencia la urgencia de expulsar definitivamente a las multinacionales fósiles de cumbres como la COP.

Mercado de emisiones y carbono

Casi el 45% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la Unión Europea están cubiertas por el mercado de carbono, con más de 11.000 centrales eléctricas y plantas industriales en territorios de la UE y países asociados, así como parte de la aviación civil.

Los créditos de carbono son un mecanismo de mercado que reparte asignaciones por países. Desde 2013 el gobierno español realiza una asignación de derechos de emisión gratuita para empresas y multinacionales con implantación en España. La primera vez dio 104 millones de toneladas de Co2 en derechos de emisión, una cantidad que se ha reducido cada año, para fomentar la reducción de emisiones y la descarbonización.

El sistema de mercado de carbono es responsabilidad de la UE que controla el mercado de carbono y fija el precio. En España, el Ministerio de Industria es el encargado de repartir los derechos de emisión.

Existen dos tipos de emisiones de gases de efecto invernadero: industriales –energéticas, siderúrgicas, cerámicas, cementeras, refinerías… que suponen el 40% de emisiones totales– y difusos –transporte, agricultura, sector residencial, constructoras maquinaria pesada, construcción de carreteras, y, en general, todo lo que no se puede medir directamente porque no están al final de una tubería ni hay un medidor, y que suponen el 60% de las emisiones totales–.

Decir que España tiene ya cumplidos sus objetivos de reducción de emisiones de GEI para 2020 es verdad. Pero no lo es por el esfuerzo de los distintos gobiernos españoles (Zapatero y Rajoy), si no por un truco contable: la ONU cambió el año de referencia para medir las emisiones (antes 1990, ahora 2005).

Hace once años, España tenía unos índices de emisiones muy elevados, no cumplía con el Tratado de Kioto y desde 2007 había tenido que comprar derechos de emisión de GEI por valor de más de 1.300 millones de euros. Llegó el primer ciclo de la crisis económica (2007-2011), que en España se tradujo (entre otras muchas cuestiones) en un brusco descenso de más del 20% de sus emisiones.

La quema de carbón explica en España su aumento en emisiones de gases de efecto invernadero entre 2014 y 2016, como ha documentado Público. Según la Red Eléctrica de España, el uso del carbón para generar electricidad se disparó un 23,4% en 2015 con respecto a 2014.

El modelo de carbón agoniza y tiene ya fecha de muerte. En el caso español, 2018 será el último año que reciba ayudas públicas. Para datos de 2016, resulta interesante el informe Global Carbon Budget publicado el pasado 14 de noviembre.

El futuro es ahora

“La única manera de frenar el cambio climático es mantener el 80% de los combustibles fósiles bajo tierra y desarrollar lo antes posible una economía baja en carbono que reduzca la desigualdad y contribuya a una sociedad ecologista, feminista y democrática, acorde con los límites planetarios”, afirman en la delegación española de Ecologistas en Acción enviada a la COP22.

La OMS no ha esperado para presentar un estudio que cuantifica en más 12 millones las personas que mueren cada año debido a enfermedades relacionadas con el cambio climático (contaminación del aire, del agua y de la tierra, radiaciones, productos químicos…).

La COP23 tendrá lugar al año que viene en la ciudad alemana de Bonn –sede de la ONU en materia climática– bajo el auspicio de las islas Fiji, territorio vulnerable. Pero, a menos que un acontecimiento extraordinario nos haga reaccionar antes, los compromisos reales no llegarán hasta 2018, en la COP24 de Polonia.

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