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Justicia económica global
Actualizado: hace 2 horas 6 mins

El Acuerdo de París: una pantomima histórica

Sáb, 19/12/2015 - 07:00

Tom Kucharz – Ecologistas en Acción

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COP21, manifestación en el Trocadero de París. / JULIEN B.

Debemos estar alarmados con tanta autocomplacencia con el acuerdo “histórico” de París. La imagen es de una mascarada lamentable. Naciones Unidas, jefes de Estado y la mayoría de los medios de comunicación celebran con euforia el Acuerdo de París, pero en realidad es inhumanoengañoso y esquizofrénico.

El Acuerdo de París es inhumano porque consiente la destrucción de los medios de vida de millones de personas en el mundo. Los gobiernos han cruzado todas las líneas rojas marcadas por la ciencia y la sociedad civil organizada. El acuerdo acepta implícitamente un aumento de temperatura global de entre 2,5 ºC y 3,7 ºC.

cambioclimaticook_0Diversos organismos evaluaban el alcance de las promesas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (las llamadas INDC) hechas por los diferentes países antes de la cumbre y afirmaron que con dichos objetivos no se contiene el aumento de temperatura por debajo de 2 ºC a final de siglo respecto a la era preindustrial.

Es una decisión que nos llevará a niveles catastróficos de cambios globales. Los gobiernos no han querido acordar obligaciones de reducción de emisiones más ambiciosos para limitar el calentamiento a 1,5 ºC, lo que equivale a permitir conscientemente la muerte, el desplazamiento y el sufrimiento de millones de personas. Una vez más se han favorecido los intereses y beneficios económicos por encima del cumplimiento de los derechos humanos.

El acuerdo también es inhumano porque festeja las limosnas que se dan al Sur global en función de la financiación de medidas de adaptación al cambio climático con el Fondo Verde para el Clima, mientras impide anclar el derecho a compensación por daños y pérdidas, por ejemplo en el caso del aumento de enfermedades tropicales, los suelos degradados, la pérdida de fuentes de agua o la desaparición de pueblos enteros en zonas costeras afectadas por la mayor incidencia de huracanes e islas inundadas por el aumento del nivel de mar.

El Gobierno de Estados Unidos, con la complicidad de la Unión Europea, ha insertado una demanda sin precedentes: que los países más vulnerables al cambio climáticorenuncien a su derecho legal a demandar a otros países por pérdidas climáticas.

El Acuerdo de París es injusto porque recoge menores obligaciones para los países más enriquecidos e históricamente más responsables del cambio climático, y aumenta la carga para los países más vulnerables y empobrecidos, mientras reduce la seguridad para ellos y da más espacio al sector privado.

El acuerdo es engañoso, ya que pretende ser capaz de detener el cambio climático, mientras que el texto hará todo lo posible para proteger los intereses de las grandes empresas. Es un acuerdo que ha nacido vacío y en el que las promesas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no son de obligatorio cumplimiento.

¿De qué “mecanismos vinculantes” estamos hablando? Los tratados de comercio e inversión como el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP), que los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea negocian con mucha voluntad política sí serían vinculantes y marcarían un modelo de producción y consumodestructivo. Las políticas de comercio e inversión han contribuido significativamente al aumento la extracción de combustibles fósiles y han anulado la legislación ambiental, lo que impide poner en práctica políticas coherentes para frenar el cambio climático.

La COP21: permite seguir quemando energías fósiles

Lo más grave: al Acuerdo de París no menciona ni una sola vez el término combustibles fósiles. Los gobiernos no sólo no han tenido la voluntad política para oponerse a las poderosas industrias de los combustibles fósiles, si no que van de la mano, como señalan diversas investigaciones sobre las puertas giratorias y el lobby empresarial que han hecho caer la balanza en la COP21. Por eso el Acuerdo de París no impulsa una transición energética ni pone fin a los combustibles fósiles, como expresan desafortunadamente algunas valoraciones de ONG como Greenpeace o Avaaz. Por esoes un acuerdo contra la ciencia que dice claramente que hay que dejar dos terceras partes de las reservas probadas de los combustibles fósiles en el subsuelo.

El texto de París nos condena a décadas de inacción y más cambio climático, no tiene el sentimiento de urgencia porque no hay objetivos de reducción de emisiones a corto y medio plazo de aquí hasta 2020 y las primeras revisiones del acuerdo sólo serán en 2023.

Es esquizofrénico que los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea, y las grandes empresas de combustibles fósiles y agroindustriales, que son los principales culpables históricos del cambio climático, ahora se presenten defendiendo un objetivo máximo de 1,5 ºC de aumento de la temperatura global. Se necesita ese objetivo –que, por cierto, no es un objetivo obligatorio–, pero sin falsas soluciones, como los mercados de carbono, la energía nuclear y la geoingeniería que han estado tan presentes en las salas de negociación de París.

El Acuerdo de París habla de “equilibrio’ entre las emisiones antropogénicas y la capacidad de absorber esos gases, no reducciones de emisiones reales y a nivel doméstico, y justifica las tecnologías peligrosas de la industria petrolera, como la captura y almacenamiento de carbono (CCS) y la bioenergía.

Al incluir los suelos agrícolas en el acuerdo se puede provocar nuevos acaparamientos de tierras que se dedicarán a la especulación con los mercados de carbono en vez de producir alimentos sostenibles, lo que agravará la crisis alimentaria.

Frente a la indiferencia, la movilización ciudadana

Con la indiferencia con la que han reaccionado los gobiernos al estado de emergencia climática, se ha demostrado una vez más que la sociedad civil organizada debe hacer cumplir los cambios necesarios desde abajo y no debe esperar nada de sus gobiernos ni del espacio de negociaciones de Naciones Unidas.

Por ello lo más importante acontecido en París han sido los encuentros, actividades y movilizaciones convocadas por la Coalición Clima 21, una coalición compuesta por más de 150 organizaciones de Francia y que ha contado con el apoyo de numerosas redes, plataformas y organizaciones de base de otros países. En paralelo han tenido lugar manifestaciones y protestas en el mundo entero.

El sábado, último día de la cumbre, miles de personas se manifestaron en las calles de París contra el acuerdo criminal de la COP21 a pesar del estado de excepción, las restricciones al derecho de manifestarse y a las libertades (como los arrestos domiciliarios) y la campaña de miedo del Gobierno para desalentar a la gente a protestar.

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Llegada a la Torre Eiffel de la marcha que el 12 de diciembre rompió los cordones policiales dispuestos.

La esperanza de París es el empoderamiento de los cambios impulsados por la ciudadanía frente al calentamiento global, con miles de luchas, como las articuladas contra las industrias de los combustibles fósiles y el fracking, acuerdos comerciales como el TTIP, o la energía nuclear.

Lo más importante acontecido en París han sido los encuentros, actividades y movilizaciones convocadas por la Coalición Clima 21

Parece que las grandes industrias de los combustibles fósiles han ganado las negociaciones de la cumbre de París, pero, lejos de resignarse, los propósitos de la gente que han venido a París a manifestarse y rechazar el Acuerdo de París son: resistencia, alternativas al capitalismo, desinversión de los combustibles fósiles y desobediencia.

Las protestas de París también han puesto una señal muy clara contra la nueva escalada militarista del Gobierno francés y la OTAN. Desde la última asamblea en la Zona de Acción Climática, uno de los espacios de la sociedad civil organizada en París ,donde se congregaron miles de activistas para denunciar las negociaciones oficiales, se ha hecho un llamamiento a la movilización global contra la guerra en Siria y la islamofobia el 13 de febrero 2016.

Publicado en Diagonal

Categorías: Attac Planet

Todos contra el cambio (climático) pero sin el cambio (socioeconómico)

Vie, 18/12/2015 - 13:00

Pedro Costa Morata - cuartopoder

¿La reciente conferencia de París, llamada COP21, sobre el clima? Pues una variación sobre la exaltación del disimulo y la mala voluntad de lo que vienen consistiendo estas conferencias sobre el cambio climático, que ni siquiera en gramática formal traslucen que poco a poco la tragedia se perfila y se acerca, envolviéndonos a todos, pueblos y países. Porque un texto final, necesaria y fatalmente consensuado, que una vez más recomienda pero no obliga (should, que no shall), que remite a supuestos ejercicios reductores de CO2 de buena voluntad para 2020, que expresa preocupaciones literarias y esperanzas miríficas sin aludir a las causas del problema generador del cambio climático (para no acercarse a la necesidad de cuestionarlas), que en consecuencia no contempla el abandono expreso y a término de los combustibles fósiles y que contenta a la gran masa de Estados presentes con promesas de inversiones compensatorias (que, tantas veces anunciadas, se sabe que ni serán tantas ni tan oportunas) no es más que una comedia con centenares de intérpretes falsarios o contentadizos, encantados de representar el papel que les otorga una distribución aleatoria e injusta.

Sería interesante analizar in extenso algo que se ha esparcido y oído en las discusiones y notas de prensa, a modo de objetivo global, que es frenar, antes de alcanzar los 2 grados, el aumento de la temperatura media del planeta, para evolucionar después a parámetros “correspondientes a la era preindustrial”: un desiderátum carente de fundamento a la luz de la experiencia, pero que cuestiona (sin quererlo, haciéndolo así ininteligible) nada menos que la evolución de la economía occidental desde la segunda mitad del siglo XVIII. Demasiado imposible para tan frustrante conciliábulo, y por eso no resulta difícil resumir el cuadro en presencia de frivolidades, desganas y perversidades a modo de decálogo para el desencanto y la indignación.

Lo primero es que los datos (1) sobre el cambio climático, aunque sean objetivos y científicamente incuestionables, no preocupan gran cosa a la clase política mundial. Se trata de un fenómeno que parece más intuido que real, más futuro que próximo; y el afanarse en frenarlo, más erosivo que brillante.

Además, los dirigentes actuales (2) no se sienten responsables de algo que ‘viene del cielo’ y que se dejará sentir en el futuro, y no esperan en absoluto que se les recrimine o, mucho menos, incrimine con el tiempo. Se sienten seguros de una ‘garantizada irresponsabilidad’ y eso no supone estímulo político alguno.

Gran parte de la intelligentsia internacional (3), formada por científicos, tecnólogos y economistas como profesionales más cercanos al problema, está segura de que, con el tiempo, habrá soluciones científico-técnicas oportunas y eficaces en el caso de los primeros, y que las leyes del mercado sabrán regular ese fenómeno amenazador, en el caso de los segundos; con lo que unos y otros colaboran en la feliz irresponsabilidad de los políticos.

No existe, en consecuencia, ni siquiera en una medida mínimamente significativa (4), un general reconocimiento de que es el cambio socioeconómico radical y urgente lo único que puede impedir el cambio climático fatal, aunque esté claro que es a ese modelo, dominador y arrogante, al que se le debe imputar.

Este modelo casi universal (5), que se afirma como vencedor frente a otros, fracasados o residuales, no tiene por costumbre –ni puede, quiere o prevé hacerlo– preocuparse por lo que vaya a suceder a medio o largo plazo: no es su preocupación directa ni su objetivo ordinario.

Por el contrario, el mundo de los negocios (6) se frota las manos de regusto por las ingentes inversiones a la vista, en primer lugar las gigantescas e infinitas obras de infraestructura que serán poco a poco necesarias para hacer frente a un problema que no se pretende solucionar in nuce, sino acudiendo a sus consecuencias más acuciantes y desastrosas.

El deshielo polar en marcha, por ejemplo (7), constituye una gran novedad de indudable interés económico, que en absoluto se considera funesta: nuevas rutas marítimas por el Ártico y el Polo Norte, espacios despejados listos para explotar nuevas riquezas… en los que están interesadas las potencias más contaminantes.

Puede decirse, en definitiva, que gran parte de las desgracias que se anuncian (8) son en general espléndidas novedades para la expansión económica futura, en el entender del mundo de los negocios.

No ha tardado en ponerse a punto el instrumento financiero (9), sagaz y atento a nuevas e ilimitadas oportunidades… que ha empezado a experimentarse en el seguro ante desastres climatológicos del tipo huracanes tropicales y otros, teniendo como clientes –asustados, presionados, inermes– a los propios Estados.

Last but not least, la opinión pública mundial (10) encara este cambio y sus consecuencias con muy variado enfoque. Y todos y cada uno de nosotros, ciudadanos privilegiados de países desarrollados que podemos criticar a nuestros dirigentes por inacción o incompetencia, mantenemos hacia nosotros mismos una amplísima indulgencia recurriendo, por ejemplo, a los combustibles fósiles en mucha mayor medida de lo que nuestras necesidades marcarían; concretamente fortaleciendo nuestro vínculo –por más que insano– al automóvil particular, sabiendo perfectamente que se trata del principal agente del cambio climático.

Añadamos, en esta lista de incapacidades prácticas para impedir el futuro trágico que se cierne sobre el planeta y los humanos, la intransigencia de las potencias emergentes, China e India en primer lugar, que viven una locura desarrollista asumiendo casi con violencia el modelo occidental culpable del drama climático, y se sublevan e indignan cuando en conferencias como la de París se les pide contención y cambio porque ellos, dicen, también tienen derecho al desarrollo que los países occidentales ya alcanzaron (Les asiste la razón de los necios, desde luego, pero pueden, con su negativa, acallar a los que les conminan a hacer lo que antes ellos no hicieron y ni siquiera ahora asumen con decisión). En el terreno de las realidades, está claro que el planeta no puede aguantar este proceso, decidido aunque necrófilo, de dos potencias de descripción estrafalaria y soez, sí, pero que sobre todo muestran la culpa inocultable de haber abandonado sus respectivas tradiciones filosófico-políticas justamente cuando se reconocen las virtudes de las culturas tradicionales para enderezar el destino del planeta y la humanidad.

Finalmente, quizás es el momento de preguntarnos si –vista nuestra contumacia y el irreductible conflicto entre el desarrollo, según el modelo extendido y triunfante universalmente, y la supervivencia– los seres humanos pueden demostrar la capacidad suficiente para resolver este trance, el primero y decisivo que se les presenta como especie; y si esta especie, a sí mismo considerada inteligente, no va a ser finalmente incapaz de interesarse por el futuro, a fuer de irresponsable, demostrando con ello que esa inteligencia no está ‘inteligentemente orientada’, con lo que –como en las demás especies– no es la supervivencia lo que aparece inscrita en su genética ni es, por lo tanto, su característica esencial.

Pedro Costa Morata es ingeniero, sociólogo y periodista.

Categorías: Attac Planet

“Las que limpian los hoteles” del capitalismo turístico canalla

Vie, 18/12/2015 - 09:00

Rafael Borràs Ensenyat – ATTAC Mallorca

hotelsLas multinacionales y las grandes y medianas empresas de la industria turística son especialmente canallas, es decir, según la definición del diccionario de la lengua castellana, son depreciables, malvadas, ruines y de malos procederes. Entre estos procederes malvados está la hipocresía propia del capitalismo que, en el caso turístico, es superlativa. El Código ético mundial para el turismo[1] es, en la práctica,  pura retórica, y, debajo de su aparente amabilidad generadora de empleo y oportunidades para las comunidades locales, se esconden grandes inversiones de origen más que sospechoso y unas geografías de capitalismo propio de la “financiarización” nada amables[2]. Su imagen de “industria sin chimeneas” oculta el grandísimo impacto medioambiental del viaje en sí mismo -sobre todo en trasporte aéreo-[3], la huella ecológica que provoca esta industria sobre las distintas zonas turísticas masificadas del planeta, y la reiterada practica de bordear, cuando no incumplir descaradamente, la legalidad medioambiental[4]. Y, con la excusa de ser un sector económico de fuerte componente estacional en la demanda y en la oferta, de mano de obra poco cualificada, y, de paso, donde ha sido inexistente un factor trabajo con organización “fordista” se justifica que la normalidad laboral del sector sea la temporalidad. Pero la realidad es que, detrás del, pongamos por caso, glamour del turismo de lujo, de la masividad del turismo para lo que queda del “proletariado  industrial” y de las proletarizadas “clases medias” y “medias-bajas”, del turismo cultural o de naturaleza, e, incluso, del de discoteca, borrachera o sexual… se esconde una realidad laboral muy canalla. Los hombres, pero sobre todo las mujeres, que trabajan o han trabajado en la industria hotelera pueden afirmar con conocimiento de causa que: “a la mayoría no nos azotan en nuestros centros de trabajo. No hace falta. La jornada laboral se infiltra en nuestras almas”[5].

Muchos trabajadores y, fundamentalmente, las trabajadoras que limpian los hoteles suscribirían como propia la vivencia de que “Cada día, cuando accedemos a nuestro puesto de trabajo, renunciamos a nuestra soberanía como ciudadanos para someternos al dictado de normas despóticas y arbitrarias. En las empresas aceptamos una subordinación que en cualquier otro lugar, incluida nuestra vida familiar, nos resultaría repugnante”[6]. Pero hay resistencias e, incluso, algunas victorias. Es cierto que el movimiento sindical internacional y local no protagoniza una de sus mejores etapas. Esto es tan cierto cómo lo es que no estamos, ni mucho menos, en presencia del fin de la historia del sindicalismo obrero. La campaña “Make up mywork-place” (Arreglen mi puesto de trabajo), que desde hace algunos meses impulsa la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, de Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA), es un buen ejemplo de esta vitalidad resistencialista del movimiento sindical.

La situación laboral-turística española, por la importancia del sector, no podía faltar en esta campaña internacional que pretende visibilizar y dignificar el trabajo de las camareras de pisos de los hoteles. Pues bien, como un elemento de apoyo a dicha campaña acaba de publicarse un libro titulado “Las que limpian los hoteles. Historias ocultas de precariedad laboral” que, siendo una iniciativa de Alba Sud y UITA, ha contado con la colaboración de CCOO y UGT y de la editorial Icaria.

El libro de Ernest Cañada[7] tiene, al menos, dos grandes aciertos. Por una parte la capacidad de sintetizar una explicación rigurosa de una apuesta empresarial que sólo piensa en cómo maximizar beneficios, aunque sea a expensas de la máxima precarización de la ocupación. Una precarización que el autor define como “un aumento de las condiciones de explotación y vulnerabilidad que sufren las clases trabajadoras”, y añade que “las camareras de pisos son uno de los colectivos laborales que más se ajusta a este patrón”. Esta precariedad laboral provoca, incluso, un fuerte deterioro de las condiciones de salud física y psíquica de las trabajadoras, hasta el punto que casi es imposible que aguanten trabajando, con los ritmos y cargas de trabajo exigidas, hasta la edad normal de jubilación. La precariedad laboral es también la negación de los derechos democráticos en los puestos de trabajo, una realidad que Ernest Cañada define con precisión: “La dificultad de las trabajadoras de organizarse libremente, sin temor a las represalias empresariales, supone un estado de coerción que niega las bases del que puede considerarse un trabajo decente, tal como lo establece la Organización Internacional del Trabajo (OIT)”.

Por otra parte, y en mi opinión, lo más importante del libro es la reivindicación de la centralidad del factor trabajo en la política turística. Cañada pone un ejemplo ilustrativo al escribir que “las reformas que se hacen en las habitaciones normalmente no han sido pensadas para favorecer el trabajo de quien las limpia”. Yo añadiría que, seguro que en algunos lugares turísticos de España habrá hoteles, de nueva construcción o reformados, que hayan introducido alguna modernidad, como, por ejemplo, sistemas de ahorro energético o de agua. Pero dudo que la ‘modernización de la planta hotelera’ haya significado la implantación de mejoras tecnológicas y ergonómicas para facilitar el trabajo a las camareras de pisos. Ernest Cañada tiene, pues, mucha razón cuando escribe: “la cuestión del trabajo no ocupa ni de lejos la centralidad en la discusión política sobre el turismo”.

No obstante el grueso del libro -y lo que lo hace imprescindible- son las entrevistas a 26 camareras de pisos que trabajan en hoteles de significativas zonas turísticas españolas (Playa de Palma en Mallorca; Lloret de Mar, Barcelona y Cambrils en Catalunya; Madrid; Cádiz y Málaga en Andalucía; La Coruña, en Galicia; Cáceres, en Extremadura; y Valencia). Las palabras de estas mujeres son un grito coral de dignidad que hace visible el trabajo oculto en los hoteles. Permitidme que trascriba algunas de estas palabras, elegidas al azar:

“Entramos a las 7 de la mañana y lo primero que hacemos  son las zonas nobles (comedor, bar, salón… vamos, todo lo que pisa el cliente) y luego nos suben arriba. Entonces tenemos 4 o 5 horas para hacer 20 habitaciones, con todas las tonterías que tiene una habitación de 4 estrellas. Normalmente a las 2 tiene que estar todo listo. Y entonces bajamos, comemos, y luego de 2.30 a 3.30 tenemos que contar ropa, hacer pasillos, recoger bajar y dejarlo todo. Es una presión impresionante. Y cada día tenemos 4 o 5 salidas, y esto o hay quien lo aguante”.

“Es que todas llevamos medicamentos. Yo el espidifré para el dolor y otras pastillas para la ansiedad. Por la mañana me levanto y me tomo las pastillitas. Es que el cuerpo te duele, Llega un momento que del movimiento constante te duele todo: brazos, hombros,… Entonces te tomas las pastillas y así es como aguantas”.

“Siempre hemos tenido mucho trabajo, pero con la crisis esta situación se ha agudizado. Cuando empecé hace 19 años teníamos muchísimo trabajo, pero éramos como una gran familia y el trabajo se podía llevar, nos ayudábamos entre compañeras. Ahora ha crecido el número de eventuales y hacen lo que les dicen. Y esto está perjudicando el trabajo de las fijas discontinuas porque se supone que si ellas pueden nosotras también. Entonces cuando nos quejamos, nos dicen que la puerta la tenemos abierta y hay una cola que da la vuelta”.

“Yo estoy con tratamiento médico. Tomo opiáceos para poder aguantar”.

“A mí me han robado la salud, y como a mí a todas mis compañeras”.

“De cobrar sobre los mil euros pasamos a ganar 720, haciendo el mismo trabajo”.

“No sabes cuándo vas a trabajar hasta un día antes, tienes que estar siempre disponible”.

“El primer año que entré estuve contratada por el hotel, pero al año siguiente externalizaron el departamento de pisos, que es el único que tienen externalizado, el resto del hotel es del hotel…”.

“Pues hasta hace poco realmente no hemos sabido qué productos estábamos utilizando. Los botes no llevaban el etiquetado, ni nada…”

El libro incluye algunos testimonios de apoyo a las entrevistadas. Me interesa especialmente hacer referencia a las palabras de un médico con largos años de trabajo en el Centro de Salud de una localidad mallorquina muy turística quien, entre otras muchas cosas, afirma: “Aún no he visto a ninguna camarera de pisos llegar a jubilarse a los 65 años”; “El tratamiento de estas pacientes es muy difícil porque además del sufrimiento puramente físico y orgánico hay un sufrimiento  psicológico. ¿Por qué? Por el estrés…”. Sobre la automedicación tan generalizada entre el colectivo de camareras de piso afirma: “Tomar durante veinte años seguidos ibuprofeno cada mañana para poder ir a trabajar, para aguantar, y luego un alprazolan-el famoso Trankimazin- porque les pega la ansiedad al mediodía, y por la noche algo para poder dormir, porque van estresadas, es un problema serio….  Y en mujeres como estas, que lo toman durante meses o años, como en todas las adicciones, necesitas cada vez mayores dosis. Cuando intentas quitárselos cuesta mucho trabajo…”.

En el discurso turístico neoliberal domínante en España es muy frecuente plantear como una cuestión de vida o muerte del sector turístico las reformas integrales de las zonas turísticas envejecidas, y la ordenación y control de la turistización de las ciudades. Dicho debate me parece bien, pero no deja de ser una indecencia colosal que de este debate se excluya el cómo se garantizan unas condiciones de trabajo dignas, con cero explotación laboral y con unos salarios realmente distributivos de la riqueza genera. En estos términos está planteada, en mi opinión, hoy la lucha de clases en la industria turística. En los hoteles del mundo entero sigue siendo muy cierto aquello que hace ya más de 150 años escribió Karl Marx: “En la relación establecida entre el obrero y el capitalista, el obrero cede en un tiempo determinado su capacidad de trabajo y la cede en el sentido más riguroso de la palabra. Es decir que durante un tiempo determinado su subjetividad, su trabajo ya no le pertenecen. El capitalista se comporta frente a la fuerza de trabajo como el comprador se comporta con relación a cualquier mercancía adquirida, o sea, dispone de una manera absoluta de su valor de uso”.

Gracias Ernest Cañada y gracias Alba Sud por el trabajo que realizáis, y por haber dado voz a las que en la política turística casi nunca la tienen; por haber dado a conocer estas historias de vida de las que en los hoteles no disfrutan de las vacaciones sino que sufren las precariedades laborales y vitales de este capitalismo canalla del siglo XXI. Y gracias sobre todo a “las que limpian los hoteles” por vuestra dignidad y valentía al enseñar esta cara oculta y amarga del bucólico nihilismo turístico.

Notas:

[1] Ver texto íntegro del Código ético mundial para el turismo aquí:

http://dtxtq4w60xqpw.cloudfront.net/sites/all/files/docpdf/gcetbrochureglobalcodees.pdf

[2] Vean Capitalismo y turismo en España. Del “milagro económico” a la “gran crisis”. Ivan Murray Mas. Alba Sud (2015) disponible en: http://www.albasud.org/publ/docs/68.ca.pdf

[3] “A pesar de que dentro de este sector no existen factorías con chimeneas, sí que su actividad tiene un impacto en el medio. ‘Específicamente el turismo, incluyendo sólo el transporte, la hotelería y los servicios, representa un 5% de las emisiones totales de CO2, el principal gas de efecto invernadero, ya que equivale al 60% del efecto invernadero de origen antrópico’, apunta Fernández Miranda. La industria turística, especialmente a través del transporte aéreo, genera otras importantes emisiones de GEI, notablemente de óxidos de nitrógeno (NOx). El nivel real de impacto climático del sector turístico internacional podría alcanzar, con datos de 2005, hasta el 14%, según señala este investigador.” (“Hacer turismo contamina”. De Marta Garijo en Diario.es de 14/11/2015.) Disponible en:

http://www.eldiario.es/economia/turismo-sostenible-busca-menor-impacto_0_451105750.html

[4] Hace pocos días la prensa local de Baleares informaba que la compañía hotelera mallorquina RIU irá a juicio acusada de haber arrasado un bosque para construir un macrohotel en Costa Rica.

[5]“Capitalismo canalla. Una historia personal del capitalismo a través de la literatura” César Rendueles.  eix Barral (2015).

[6]“Capitalismo canalla. Una historia personal del capitalismo a través de la literatura” César Rendueles.  Seix Barral (2015)

[7] Ernest Cañada es investigador especializado en turismo responsable. Actualmente es coordinador del centro de investigación y comunicación Alba Sud y colaborador de la Red-UITA.

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Breve contracatálogo de derechos humanos

Vie, 18/12/2015 - 07:00

En el Día de los Derechos Humanos, bueno es oponerse a su apropiación por parte de las prácticas imperialistas, y apostar por una imaginativa reinvención que los ensanche.

Antoni Aguiló - eldiario.es

En una época de graves desigualdades económicas y sociales, de predominio de las estructuras oligárquicas del poder, de fanatismos que exaltan la violencia, los derechos humanos parecen haberse convertido en un eslogan vacío de contenido. En este contexto, dice César Baldi, se hacen urgentes nuevos ejercicios de imaginación jurídica. Ejercicios críticos con la retórica humanitaria que asocia los derechos humanos al imperialismo, a la guerra, a la supremacía blanca, etc., que despierten las conciencias adormecidas y que frente al pesimismo del “No hay alternativa” neoliberal afirmen la esperanza del “Sí se puede”. Ejercicios creativos de apertura a la infinita diversidad de lo humano, a la igualdad de género, al ecologismo, a la democracia radical y, en definitiva, a los retos que plantea el mundo en las primeras décadas del siglo XXI.

La imaginación puede funcionar como catalizador de energías liberadoras. No se trata de una facultad mental anclada en lo ilusorio. Es fuerza creadora, potencia magmática capaz de hacer saltar los cerrojos del pensamiento y vislumbrar indicios de otros mundos posibles. Dice de ella Castoriadis: “Es creación incesante y esencialmente indeterminada de figuras, formas, imágenes. Lo que llamamos ‘realidad’ y ‘racionalidad’ son obras suyas”.

¿Acaso hay creación humana consciente que no haya pasado antes por la imaginación? ¿Hasta qué punto la crisis de las formas de emancipación que padece Europa esconde una alarmante falta de imaginación social y política? ¿No será que en momentos de crisis, como dijo Einstein, “la imaginación es más importante que el conocimiento, porque el conocimiento es limitado, mientras la imaginación engloba el mundo entero, estimulando el progreso”?

Los derechos también son un asunto de la imaginación. Hay que reinventar los derechos humanos para que abracen lo imaginado, lo soñado. La imaginación nos brinda la posibilidad de alumbrar creaciones jurídicas capaces de expandir simbólicamente el horizonte de los derechos humanos, llevándolo más allá de sus límites para reivindicar derechos marginados o ausentes del discurso oficial. Son derechos a contracorriente porque, frente a una realidad que se presenta como inevitable, impulsan la transgresión de regularidades establecidas a través de la crítica, la rebeldía, la esperanza y el sentido de posibilidad. Entre ellos pueden mencionarse los siguientes:

El derecho a soñar. Dice Ernst Bloch que el ser humano es un hábil tejedor de “sueños diurnos” que anticipan un futuro mejor. Los sueños diurnos cumplen una función exploratoria e inconformista. Reclamar el derecho a soñar del que habla Eduardo Galeano es imprescindible en un sistema que pretende convertirnos en zombis hipnotizados. El capitalismo nos priva de nuestro tiempo, explota nuestro cuerpo y compra nuestra energía a cambio de un salario. Pero no le basta. Quiere la falta interesada de sueños. Por ello fuerza a los individuos a utilizar la imaginación como medio de evasión y les inculca que para sobrevivir deben usarla en beneficio propio, haciendo que se vuelvan cada vez más individualistas y competitivos. Lo dijo Shakespeare hace varios siglos y conviene no olvidarlo: “Estamos hechos de la misma materia que nuestros sueños”. No podemos permitir que nuestros sueños (de pan, de justicia, de solidaridad, etc.) se conviertan en un catálogo de frustraciones y miedos funcionales al capitalismo. En una cabeza llena de miedos, los sueños se tornan pesadillas. Como dice la canción de Els Catarres: “La fuerza de los sueños es el arma de los rebeldes”.

El derecho a la existencia. En su célebre discurso “Sobre las subsistencias” (1792), Robespierre defiende el “derecho a la existencia” como el primero de los “derechos imprescriptibles”. Republicanos como él creían que quienes no tenían garantizado este derecho por carecer de propiedad no eran libres en la sociedad civil, pues se encontraban en una posición de dependencia que los convertía en propiedad de otro. El derecho a la existencia apunta a la necesidad de garantizar públicamente una base material y social que permita a las personas ser dueñas de sí mismas, proporcionándoles recursos mínimos de subsistencia en forma de trabajo u otros derechos sociales. En esta dirección apunta la propuesta de una renta básica universal que, integrada en un programa más amplio de combate al capitalismo, posee una dimensión emancipadora.

El derecho a la pereza. No consiste en un elogio gratuito de la indolencia, sino en un envite contra lo que Paul Lafargue, en su manifiesto de 1883, califica de “extraña locura”: “Esa locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda del trabajo, que llega hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de su prole”. Lo que subyace es una dura crítica al capitalismo de la época (salarios ínfimos, jornadas extenuantes, explotación de mano de obra infantil, etc.) y la reivindicación del tiempo libre para la clase obrera. Más allá de esta posición, también se cuestionan los cimientos de la glorificada cultura del trabajo, que en palabras de Marx concibe al ser humano como una “simple máquina para producir riqueza ajena”, y en la cual la pereza se considera un vicio execrable: “Los deseos del perezoso le matan, porque sus manos rechazan el trabajo”, se afirma en Proverbios (21, 25).

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) reconoce el derecho al descanso y al tiempo libre (art. 24), por lo que las actuales luchas se encaminan hacia conquistas como la reducción de la jornada laboral, el adelanto progresivo de la edad de jubilación o el aumento del periodo de vacaciones. Pero en un contexto donde el capitalismo, el productivismo y los valores del mercado son hegemónicos, el derecho a la pereza no es una aspiración plenamente realizable. Sin embargo, contiene un potencial crítico que sacude una cultura que identifica pereza con improductividad y permite luchar por un mundo más allá del trabajo donde el ocio, como dice André Gorz, no es una calamidad, sino una noble conquista de la humanidad.

El derecho a la paz. La paz no es la mera ausencia de guerra ni un estado de paradisíaca armonía social. Es un proceso frágil e incierto, imperfecto, como explica Francisco Muñoz, que transforma violencias en formas de convivencia democrática.

Se avecinan tiempos duros en los que construir alternativas de paz frente a la lógica bélica y al régimen policial que se está implantando en Europa. Tras los atentados en París, el presidente Hollande declaró que el ataque fue un “acto de guerra” cometido por un ejército terrorista. Al igual que Bush en 2001, Hollande señaló su determinación de luchar contra el terrorismo utilizando una retórica belicista (“Nuestra lucha será implacable”, “Francia está en guerra”) que anticipa la respuesta que vendrá. Si los ataques son presentados ante la opinión pública como un acto de guerra, la respuesta militar pasa a ser la opción por defecto y el estado de emergencia deja de ser una violación de la Constitución para convertirse en refuerzo y complemento de la misma. Las consecuencias son de sobra conocidas: vidas arrasadas, “daños colaterales”, negocio armamentístico, neocolonialismo, islamofobia, medidas preventivas, militarización de la policía, restricción de derechos, etc. Parafraseando a Tácito, crearán un desierto y lo llamarán paz.

El derecho a la democracia. Democracia es la palabra más humillada, abusada y empobrecida de todas las palabras políticas. Palabra, por cierto, no consagrada en el artículo 21 de la DUDH, que remite al derecho de toda persona a “participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos”. Pero reconocer la participación popular como derecho humano no implica avanzar necesariamente hacia formas de democracia real que superen las prácticas de representación y participación toleradas por el capitalismo, que sean la expresión de un poder instituyente desde abajo y, sobre todo, el resultado de un aprendizaje continuado que, como señala Boaventura de Sousa, transforma relaciones de poder en relaciones de autoridad compartida.

Para generar un horizonte común de expectativas y posibilidades, hay que plantear como sueño colectivo estas y otras aspiraciones emancipadoras eludidas por la política institucionalizada. Gandhi escribió: “A diario se ven cosas con las que nunca se habría soñado, lo imposible se hace cada vez más posible”. Tal vez tenía razón y lo que hoy es un ejercicio de imaginación mañana sea una realidad en la teoría y la práctica de los derechos humanos.

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Lo que no se sabe sobre el Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE

Jue, 17/12/2015 - 13:00

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

Este artículo presenta una dimensión del ​Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE que ha pasado desapercibida y que puede tener unos resultados y consecuencias muy negativos para el bienestar y calidad de vida de las clases populares, debilitando ​los derechos laborales, ambientales y de defensa del consumidor.

En varios artículos anteriores he alertado del peligro que supone el nuevo Tratado mal llamado de Libre Comercio entre EEUU y la Unión Europea (UE) para los derechos laborales, derechos civiles y derechos del consumidor a los dos lados del Atlántico Norte, que se verán negativamente afectados por tal tratado (“¿Qué se intenta con los tratados mal llamados de libre comercio?”, Público, 23.07.15; “Las consecuencias negativas de los anteriores tratados de libre comercio”, Público, 15.06.15; “La farsa de los tratados de libre comercio”, Público, 21.05.15). Como subrayé en tales artículos, el objetivo de este tratado no es facilitar el comercio entre EEUU y los países de la UE (objetivo con el cual no tengo ninguna reserva), sino eliminar lo que el tratado define como “barreras para el comercio y para la inversión”, que es el término utilizado para referirse a las normas de protección del trabajador, del consumidor y del ambiente que los países han desarrollado en respuesta a las demandas populares. Y esta eliminación tendría lugar mediante el establecimiento de un tribunal supranacional (que no sería elegido y cuya composición sería principalmente de “expertos” en comercio próximos a las grandes empresas transnacionales) que tendría la autoridad para forzar a un país a que desmantelara tales protecciones al considerarlas “barreras al comercio y a la inversión”.

Parece que la gran protesta que ha habido sobre este elemento del Tratado ha hecho que se esté ahora discutiendo entre los bastidores del poder (en los comités secretos donde se está preparando tal tratado) cómo diluir esta protesta popular haciendo cambios en la naturaleza de dicho tribunal. No me fío, y el secreto que domina el proceso, con una enorme opacidad y falta de transparencia, explica la falta de credibilidad de tales comités. De ahí que sea vital que la oposición a este tratado continúe, pues estas negociaciones son claramente antidemocráticas (no hay otra manera de definirlas), ya que ni el Parlamento Europeo ni los parlamentos nacionales están siendo invitados ni consultados en estas negociaciones.

Una dimensión del tratado desconocida

Pero existe otra dimensión del TTIP que casi ha pasado desapercibida y que puede causar tanto daño como el Tribunal Internacional. Me refiero a los comités llamados Consejos de Cooperación Reguladora (Regulatory Cooperation Council) que se constituirán de manera bilateral entre EEUU y los países miembros de la UE (o entre estos mismos), y que tendrán como objetivo analizar los obstáculos al comercio y a la inversión. Tales consejos estarán compuestos por “expertos en comercio”, pero no por expertos en temas laborales, ambientales o de defensa del consumidor. Las funciones de estos consejos se están definiendo, pero no tienen buena pinta. ¿Quién proveerá la información? ¿Quién la evaluará? ¿Qué poder normativo tendrán? ¿Qué poder sancionador?

Ya hay algo en la narrativa que es alarmante. Todo el lenguaje es económico y se habla de aplicar medidas utilizando criterios de evaluación de intervenciones tales como el coste-beneficio, que es el código que se utiliza en econometría para aplicar primordialmente criterios economicistas para evaluar una intervención. Desde este punto de vista, parecería que el único criterio para evaluar cualquier intervención o eliminación de protección laboral, ambiental o de defensa del consumidor sería la rentabilidad de dicha intervención. Esta ideología, presentada como ciencias económicas, es enormemente peligrosa y nos ha llevado al desastre actual del austericidio. Es el pensamiento (mejor dicho, dogma) neoliberal aplicado al comercio internacional.

De ahí la urgente necesidad de que la población se movilice y exija cambios tanto en la composición como en las funciones de dichos consejos, subrayando que el tema prioritario del criterio de evaluación sea el bienestar y la calidad de vida de las poblaciones sujetas a tal tratado, exigiendo además que haya expertos laborales y ambientales, entre otros, sensibles a las necesidades de los trabajadores y usuarios, en lugar de tomar siempre como criterio la rentabilidad para el empresario de tal comercio o inversión. E, incluso más importante, subrayar que tales consejos deben estar bajo la responsabilidad política de los representantes de la población, una responsabilidad que en el clima neoliberal mercantil dominante en las instituciones que están preparando este tratado ni se considera. La arrogancia del poder llega hasta el punto de que propuestas de una enorme insensibilidad social y de claro perjuicio a las clases populares se presentan como las únicas lógicas y razonables según el criterio de las “ciencias económicas”.

Publicado en Público.es
vnavarro.org

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Génesis de la nueva Europa

Jue, 17/12/2015 - 09:00

Germán Gorráiz López – ATTAC Navarra-Nafarroa

Europa atraviesa un período muy convulso pues la crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial) y el colapso económico que se está haciendo visible en los países periféricos y emergentes, previsiblemente acabará generando la desmembración de la actual Unión Europea y el retorno a escenarios ya olvidados de compartimentos estancos y proteccionismo económico.

Origen de la crisis

Factores exógenos: La política suicida de las principales entidades bancarias mundiales en la concesión de créditos e hipotecas de alto riesgo aparece como detonante de la crisis de las subprime de EEUU, seguida de la aparición de los activos tóxicos, un goteo incesante de insolvencias bancarias, una severa contracción de los préstamos bancarios y una alarmante falta de liquidez monetaria y de confianza en las instituciones financieras, lo que ha originado la desestabilización económica global y la entrada en recesión de las principales potencias económicas mundiales, dibujándose un escenario a cinco años en el que se podría regresar al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica.

Factores endógenos: Estallido de la burbuja inmobiliaria que ha provocado el hundimiento del castillo de naipes económicos de los países PIIGS (despectiva abreviatura anglosajona que englobaría a España, Portugal, Italia, Irlanda y Grecia). La economía de dichos países se ha basado en el último decenio en la conocida “dieta mediterránea” cuyos ingredientes principales eran el “boom” urbanístico, el turismo y el consumo interno y que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa (2008).

¿Salida de los países PIGS de la Eurozona?

Las reformas estructurales y fiscales que ha impuesto la Troika a países como Irlanda, Grecia, Portugal, España, Italia, Chipre, Malta y Eslovenia para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias son principios genéricos que se han traducido en sucesivas subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes salariales y máxima flexibilidad en el mercado laboral aunado con una sensible pérdida de jirones del primigenio Carta Social Europea (CSE) o Carta de Turín de 1.961.

En el caso griego, la troika que comprenden la UE, el FMI y el BCE llevan tiempo presionando a Grecia con un riguroso programa de privatizaciones debido a su desorbitante Deuda Pública (de 320.000 millones de euros) y ha obligado a todos los partidos políticos a aprobar suicidas medidas de austeridad que han provocado la pérdida de más de 1 millón de puestos de trabajo y el ascenso imparable de formaciones como Syriza que propone la quita de 2/3 de la deuda helena el default o suspensión de pagos hasta que se retorne a escenarios de crecimiento económico. Por otra parte, las reformas estructurales y fiscales para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias (rebajar el IVA situado en la actualidad en el 23%,) son principios genéricos que se traducirán en subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes salariales y flexibilidad en el mercado laboral. Los expertos de la llamada “troika” habrían concluido, según un documento secreto publicado por la web italiana Linkiesta que “Atenas no sólo no podrá hacer frente a sus obligaciones financieras, sino que, además, sufrirá una “fuerte devaluación interna”, una significativa caída de precios y de salarios en los próximos años”. Así,según Efecom, se prevé que la deuda pública del país heleno ascenderá hasta el 200 % del producto interior bruto (PIB) en el 2015, existiendo el temor de que podría pasar del default (incumplir sus pagos) a la quiebra y es que, a pesar de que Grecia trata desesperadamente de evitar el impago de su deuda,” cada vez más empresas europeas y estadounidenses se preparan para lo que antes era impensable”, según The New York Times.

Caso de producirse finalmente la salida de Grecia de la Eurozona por la presión alemana, asistiríamos a escenarios de devaluación de su moneda (dracma); alta inflación, galopante tasa de paro y deuda desbocada, radicalización de los otrora aburguesados y sumisos sindicatos de clase, (Confederación General Griega del Trabajo GSEE), ruptura del diálogo social con la patronal, frecuentes estallidos de conflictividad laboral, auge de partidos como el Partido Comunista Griego (KKE) y la aparición mediática de los grupos antiglobalización que utilizando tácticas de guerrilla urbana pondrán en jaque a las fuerzas de seguridad. Ante esta situación y sin el paraguas protector de la UE, no sería descartable la reedición del golpe de los Coroneles (1967), (que sería un episodio local dentro de un nuevo escenario de Guerra Fría entre EEUU y Rusia) y que contaría con el apoyo encubierto de EEUU dentro de su objetivo de anular los esfuerzos de Rusia para fagocitar países europeos. Así, según el diario turco Daily Hürryet que cita al alemán Bild,“la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, ha advertido que puede haber un golpe militar en Grecia por la creciente ola de malestar social ante los draconianos planes de austeridad impuestos por el gobierno”.

¿Finiquito a la Unión Europea

La exclusión de Grecia de la Eurozona supondría el finiquito de la Eurozona pues el resto de países periféricos (Portugal, España, Irlanda, Malta y Chipre), seguirá inexorablemente el movimiento centrífugo de Grecia y deberán retornar a sus monedas nacionales, sufrir la subsiguiente depreciación de las mismas, la regresión a niveles de renta propias de la década de los 70 e inicio del éxodo al medio rural de una población urbana afectada por la asfixia económica, embargo de viviendas e ingreso en las listas del paro, con la consiguiente revitalización de extensas zonas rurales y rejuvenecimiento de su población. Así, en la cadena Fox News, Peter Morici, economista y profesor de la Universidad de Maryland, dijo que “la necesidad de una unión fiscal en la zona euro y de que el BCE adopte un papel similar al llevado a cabo por la Reserva Federal de EEUU, no llegarán a tiempo para salvar a España” y consideró la posibilidad de que “nuestro país simplemente abandone el euro para poder así imprimir su propio dinero y resolver sus problemas como lo hizo Estados Unidos a raíz de la crisis financiera”.

Por otra parte, el severo retroceso de las exportaciones debido la contracción del consumo interno de la UE por la recesión económica, (los intercambios comerciales entre los Estados miembros de la UE alcanzan el 60% del volumen total de su comercio) y la severa contracción del comercio mundial debido a la crisis de los países emergentes y al estancamiento económico de China, tendrá especial influencia en países tradicionalmente exportadores como Finlandia. Así, Finlandia habría pasado de la utopía del Estado de Bienestar a la entrada en recesión, lastrada por el hundimiento de Nokia y de la industria papelera, los dos motores del milagro económico finlandés por lo que se plantea seriamente abandonar el euro y en el 2016 realizará una consulta para abandonar la Eurozona, no siendo descartable que tras su salida proceda a la constitución de una Federación Escandinava integrada por Dinamarca, Noruega, Suecia ,Finlandia y Países Bálticos.

Asimismo, merece especial atención el caso del Reino Unido en el que convergen una mayor exposición a los activos tóxicos (hipotecas subprime), a los activos inmobiliarios y una libra revalorizada que ha estancado sus exportaciones, por lo que se verá obligado a realizar sucesivas bajadas de tipos de interés, implementar medidas cuantitativas (Quantitative Easing) para incrementar la base monetaria así como severos recorte en las partidas de Bienestar Social. Además, tras el logro de la mayoría absoluta por David Cameron, los conservadores (fieles a su política euroescéptica y la nula voluntad británica de embarcarse en un proyecto en decadencia en el que la soberanía británica estaría supeditada a los mandatos de Bruselas), realizarán un referéndum sobre la salida de la UE para el 2017. Cameron tranquilizó a las bases más radicales de su partido al tiempo que arrebató la bandera al partido en alza de los euro-escépticos( UKIP) que consideran que el Reino Unido no necesita de Europa ya que podría convertirse en la Singapur de Occidente desde su atalaya financiera de la City londinense al tiempo que metrópolis del comercio de Ultramar al pilotar la nave capitana de una renacida Commonwealt, siguiendo la filosofía de Winston Churchill : “Estamos en Europa, pero no en ella”.

Por último, el resto de países no integrados en dicha órbita (países del centro y este de Europa, integrantes de la llamada Europa emergente, incluida Turquía),sufrirán con especial crudeza los efectos de la tormenta económica al no contar con el paraguas protector del euro y se verán obligados a depreciar sucesivamente sus monedas, aumentar espectacularmente su Deudas externa y sufrir alarmantes problemas de liquidez. Asimismo, deberán retornar a economías autárquicas tras sufrir masivas migraciones interiores, al descartar la CE la modificación de las reglas para la adopción del euro en la Unión Europea y así poder acelerar la adhesión de los Estados miembros del centro y este de Europa y deberán proceder a la reapertura de abandonadas minas de carbón y obsoletas centrales nucleares para evitar depender energéticamente de una Rusia que conjugando hábilmente el chantaje energético y la desestabilización de gobiernos vecinos “non gratos” irá fagocitando a la mayoría de estos países abandonados a su suerte por la Unión Europea en aras de asegurarse el abastecimiento energético de gas y petróleo rusos.

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No hay tregua a la guerra de precios y el petróleo cae a su nivel más bajo en 7 años

Jue, 17/12/2015 - 07:00

 Marco Antonio Moreno – Consejo Científico de ATTAC España

La masacre en el mercado del petróleo aún no ha terminado: el Brent y el WTI continúan en picada y han alcanzado su valor más bajo de los últimos siete años. La decisión de la OPEP del pasado viernes de aumentar la producción de crudo desde los 30 millones de barriles diarios a 31,5 millones de barriles al día sorprendió a todo el mundo y aceleró la guerra de precios. El cártel petrolero está muerto. Desde 1982 la OPEP había establecido las metas de producción y en 2011 fijó el techo de la producción en 30 millones de barriles al día. La decisión de producir más en momentos en que el crudo se cotiza en su valor más bajo desde 2009 no hará más que seguir hundiendo el precio.

En solo 16 meses el precio del petróleo se ha derrumbado desde los 110 dólares el barril a poco más de 40 dólares, llevando a la industria petrolera a una verdadera guerra de precios. El lunes el precio de referencia del WTI rompió la marca de los 38 dólares el barril, un valor que pone en serios apuros a la industria petrolera de Estados Unidos. Sólo en Texas, según New York Times se han perdido 50 mil puestos de trabajo. A nivel global se estima que este año han perdido sus empleos más de 250 mil trabajadores.

La guerra del petróleo ha creado un exceso de oferta que continuará con toda su fuerza pese al cierre de cientos de plataformas. Los perforadores de esquisto han recortado muy poco el bombeo y la producción en el Golfo de México sigue aumentando. De acuerdo a los últimos datos disponibles la producción en Estados Unidos ha llegado a los 9,3 millones de barriles diarios, apenas un 3 por ciento menos de su pico en abril. Este potencial puede incluso aumentar el próximo año dado que los productores tienen contratos con fondos de cobertura que pagan un precio más alto al valor de mercado. Sin embargo, hasta esta linea de precios ve retroceder sus fronteras.

Los precios de los contratos a largo plazo también se han desplomado y el barril de WTI para entrega en diciembre de 2022, que antes del viernes se cotizaba sobre los 60 dólares, se hundió a menos de esa cifra poniendo en apuros la cobertura financiera. Al parecer no hay esperanza de una pronta recuperación y el temido anuncio de Goldman Sachs de que el petróleo puede llegar a los 20 dólares el barril se hace cada día más posible.

La insólita decisión de la OPEP

Dentro de variedad de factores detrás de esta caída de los precios está el aumento de la producción de la industria petrolera de Estados unidos por la vía del fracking, la incoporación del crudo iraquí y la desaceleración china. Tradicionalmente la OPEP producía el 40% de la oferta petrolera mundial, pero desde hace 18 meses la producción de Estados Unidos aumentó prodigiosamente y arrebató cuotas de mercado. También creó la sobreoferta que ha hundido los precios.

Este sorpresivo aumento de la oferta se produce en momentos de fuerte contracción de la demanda mundial. Por eso resulta insólita la decisión de la OPEP de no recortar la producción para apuntalar los precios. Países de la OPEP como Irán, Argelia, Venezuela y Ecuador estaban por recortar la producción pero sus esperanzas se desvanecieron el viernes cuando la OPEP anunció una medida en la dirección opuesta y elevó la producción a niveles récord.

La estrategia comandada por Arabia Saudita busca sacar del mercado a la industria petrolera via esquisto de Estados Unidos. Sin embargo en esta guerra no habrá ganadores dado que nadie quiere ceder cuota de mercado y todos optan por producir más en un temerario momento de turbulencias financieras. La sobreoferta de petróleo barato resulta buena para la industria química donde el petroleo es una materia prima clave, y para los consumidores. Pero los grandes perdedores son los países productores, muchos de los cuales no pueden permitirse un barril de petróleo por debajo de los 40 dólares. Venezuela, cuyo presupuesto depende en gran medida de los ingresos del petróleo, tienen grave problemas financieros y esto significó la primera derrota para el chavismo en los últimos 17 años en la elecciones parlamentarias del domingo pasado.

Pero otro perdedor clave es el clima. La disponibilidad barata de petróleo y otros combustibles fósiles como el carbón y el gas puede inhibir el desarrollo y el uso de energías alternativas en todo el mundo. La falta de innovación y de inversión en fuentes de energía renovables está dando como resultado un peligroso aumento en las emisiones de CO2 que podría llevar a una catástrofe climática de dimensiones desconocidas. Esto es lo que discute en la cumbre de París sobre el cambio climático COP21. Los actuales precios del petróleo amenazan con dar al calentamiento global una aceleración irreversible. Es el lado oculto y más nocivo que envuelve esta auténtica guerra de precios.

@mapsinger

El Blog Salmón

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Entender el fenómeno Marine Le Pen

Mié, 16/12/2015 - 13:00

François Ralle Andreolictxt

A veces cuesta en España comprender lo que pasa al norte de los Pirineos. Sobre todo, cuando un partido de extrema derecha logra el 30% de los votos en las elecciones. Francia es (con razón) un país de referencia en el mundo de las ideas, de los valores progresistas y universales. Pero el tosco filtro de las miradas cruzadas es con frecuencia engañoso o, mejor dicho, reductor, basta con leer lo que se escribe en París sobre España.

Francia es el país de la gran Revolución y de Rousseau y Jaurès, pero también de la contrarrevolución, del affaire Dreyfus, de Vichy, de sanguinarias guerras coloniales. En Francia nació la Ilustración y la anti-Ilustración, como Drumont y su exitoso La Francia judía o el pseudocientífico Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, desde 1853. Si la teoría del historiador Zeev Sternhel según la cual Francia es la cuna de los fascismos a finales del siglo XIX es cuestionable, está claro que en el hexágono resurge cíclicamente una fuerte corriente ultrarreaccionaria, que llega hasta el siglo XX: movimiento paramilitar de los Cruz de Fuego, que en 1939 contaba con más de un millón de adeptos, éxito del poujadismo, en el que veló sus primeras armas Jean-Marie Le Pen, terrorismo de la OAS y Frente Nacional. No puede, por ello, sorprender la facilidad con la que el matrimonio entre personas del mismo sexo se ha aceptado en España, un país muy católico con una jerarquía eclesiástica caracterizada por su arcaísmo, mientras que en Francia ha provocado una importante oleada de manifestaciones retrógradas. Éstas, por su magnitud, han logrado que el Gobierno de François Hollande diera marcha atrás en numerosas leyes como la PMA (procréation médicalement assistée), que regula la ayuda médica a la procreación. Existe una vieja dialéctica entre partidarios del derecho de suelo, base de la nación universal francesa, y las fuerzas reaccionarias del repliegue y la identidad que toman nuevas formas y (aún) no han desaparecido.

El fenómeno del Frente Nacional se inscribe en parte en esta línea histórica. Desde su fundación, en 1972, reúne a los identitarios ultras y a antiguos combatientes de la guerra de Argelia. Pero este pequeño partido marginal intentó dotarse desde su fundación de una especie de respetabilidad y eligió como hombre de consenso a un notable, buen orador y exdiputado, mucho más moderado que los cabezas rapadas y monárquicos que forman el grueso de sus tropas. Puede sorprender, pero Jean-Marie Le Pen ya tenía entonces una estrategia para conquistar y seducir a la derecha tradicional francesa. Desde el primer éxito electoral en 1986, favorecido por el cambio de escrutinio de François Mitterrand con el que calculaba reducir la dimensión de una derrota anunciada, hasta el impresionante éxito de las últimas regionales se ha andado un largo camino. Dos candidatos superan el 40%, Marine Le Pen en el Norte y su sobrina Marion Maréchal Le Pen, en la Provenza, y, en el resto del país, otros 4 candidatos del FN han sido los más votados.

Sin embargo, no hay que sucumbir al pánico. Hay que resistir sin alimentar la espiral del miedo con la que ha jugado y juega el actual Gobierno y que constituye, en definitiva, uno de los motores del FN, presentado por el bipartidismo francés como la única fuerza outsider. En un momento de crisis y de decepción generalizada de la política tradicional y sus renuncias, el discurso del miedo se muestra eficaz. A fuerza de gritar ‘que viene el lobo’ hemos engendrado al lobo. El modo en que se gestionó la fase posterior a los atentados es, en este sentido, revelador: prolongación del estado de emergencia, justificación de detenciones extrajudiciales, anuncio de la retirada de la nacionalidad francesa a los que tienen doble nacionalidad. Son las medidas que llevan exigiendo desde hace años la derecha sarkozista y el FN. No cabe duda de que la hiperreacción del Gobierno Hollande, incluso desde el punto de vista militar, ha segado la hierba bajo los pies del FN y de Sarkozy. También ha permitido que el resultado para el PS en las elecciones regionales sea menos malo de lo que podía haber sido. Pero se inscribe en una peligrosa tendencia a la banalización de las temáticas de exaltación de la seguridad del FN que puso en marcha Sarkozy en la campaña de 2007, cuando llegó a eclipsar a Le Pen, y a la que siguió la “estrategia Buisson” –denominada así por su consejero, Patrick Buisson,  procedente de las filas del FN– cuyo objetivo era desbordar al FN apropiándose de sus temáticas. Con el tiempo se puede ver que, en realidad, esta estrategia ha permitido sobre todo romper los reflejos y escrúpulos republicanos de parte del electorado, al facilitar la porosidad entre derecha y derecha-ultra, porque los electores prefieren, en última instancia, el original a la copia. Los comentarios de Manuel Valls sobre los romaníes, o la utilización por François Hollande del término lepenista “francés de pura cepa” en contra de la cultura republicana ayudan a esta gran confusión y a la pérdida de posiciones, aunque intangibles, en la estructura de pensamiento republicano.

Sin embargo, numerosos intelectuales han alertado sobre los fenómenos que explican el ascenso del Frente Nacional. El geógrafo Hervé Le Bras, cuyos estudios cartográficos del voto FN han roto muchos estereotipos, se asombra de que los Gobiernos en el poder, especialmente el de Hollande, nunca hayan prestado oídos a los numerosos investigadores sobre este tema. Y, a pesar de que sus estudios son fundamentales, raramente se ve en los platós de televisión a los intelectuales especializados en esta formación. Los medios de comunicación dominantes han dado importancia a la nauseabunda (y mala) literatura empecinada con el declive de Francia de personajes como Eric Zemmour (Le suicide Français) que apoyan y alimentan sutilmente los fantasmas islamófobos del FN y la idea de que hay franceses menos franceses que otros, “enemigos internos”. En este sentido, el sociólogo André Deze acusa a los medios de comunicación dominantes de ser los principales responsables de la desdemonización y normalización del FN ante la opinión pública francesa. En su opinión, en el partido de los Le Pen pocas cosas han cambiado a no ser la estrategia de comunicación y, sobre todo, el hecho de estar continuamente presentes en los platós de televisión. Sorprende que haya periodistas  que tengan aún el valor de enfrentarse y desenmascarar al FN como David Cohen en France Inter que invitó a la candidata del FN a abandonar el plató. Porque a lo que estamos hoy acostumbrados es a la omnipresencia del FN en la televisión y a conversaciones cordiales, o a que se compare a Le Pen padre, excitado y radical, con su hija, moderada y calmada, hasta llegar a justificar la política de moderación y la estrategia de desdemonización que Marine Le Pen ha establecido desde 2011. Florian Philippot,  vicepresidente del FN y enarqué (licenciado por la prestigiosa escuela de Administración pública ENA), acude frecuentemente a los platós para dar una imagen de partido solvente y abierto. Incluso hemos visto la aparición de amables artículos sobre Marine Le Pen en la prensa para adolescentes como el número de abril de 2015 de la revista L’Actu.

Se esperaba de los periodistas un trabajo en profundidad que desenmascarara la verdad del programa y las intenciones del FN, que se opone al aumento del salario mínimo, a la gratuidad de la IVG (interrupción voluntaria del embarazo en sus siglas en francés), que es partidario de que los poseedores de nacionalidad francesa tengan preferencia a la hora de las prestaciones sociales y los servicios públicos.

Así, para Alexandre Deze (Le nouveau Front National en question) el FN ha cambiado poco, incluso tras la expulsión de su fundador Jean-Marie. Basta para darle la razón consultar el mapa de las “impertinencias” antisemitas o xenófobas de los candidatos del FN a las elecciones locales desde comienzos de 2015 que ha elaborado el Huffington post. Esa es la realidad del partido, de sus militantes. Asimismo, la gestión de las alcaldías regidas por el FN ha mostrado a unos alcaldes que inmediatamente se han subido los salarios o han quitado las subvenciones a los comedores públicos. El FN critica a la “oligarquía política” pero sus cargos electos son los primeros en acumular mandatos locales y nacionales, y nada de ello aparece en el maelström mediático, fascinado por los sondeos y el ascenso de ese clan Le Pen que ha crecido en el confortable castillo de Montretout, lejos de la “gente normal y corriente” que dice representar.

A pesar de ello, el Frente Nacional ha logrado, a diferencia de las fuerzas a la izquierda del PS, capitalizar el heterogéneo descontento que hoy existe en Francia. Ha sabido evolucionar para comunicar con diferentes registros, imantando así el conjunto de frustraciones e insatisfacciones de una sociedad en crisis. Podemos, pues, hablar de estrategias de varias entradas: por un lado, una vitrina pulcra de dirigentes que han dejado atrás los gritos y chistes repugnantes de Le Pen padre y, por otro, una constelación de páginas web y de grupos en las redes sociales alimentados por ejércitos de militantes que se permiten comentarios más libres o abiertamente xenófobos. La estrategia demagógica del FN funciona y progresa.

Sin embargo, si se relee a los pensadores que apoyan al FN desde hace década — Emmanuel Todt, Hervé Le Bras, la socióloga Nonna Mayer, y tantos otros– se comprueba que su éxito se alimenta principalmente de la crisis económica y democrática en la que está inmersa la sociedad francesa. El apasionante libro de Hervé Le Bras Le pari du FN desmenuza metódicamente la geografía y los territorios en los que el voto FN se instala o progresa. Rompe, así, numerosos mitos, como el del trasvase de electores del Partido Comunista hacia el FN, o la relación directa de presencia de inmigrantes y voto FN. “El miedo al otro” que cultivan los Le Pen se desarrolla en los espacios periurbanos o rurales  y no donde se vive en contacto con la diversidad del “melting-pot” francés. A grandes rasgos, de este estudio, que merece mayor atención, se extraen dos enseñanzas fundamentales. El FN obtiene mejores resultados en los espacios en los que se manifiestan las desigualdades sociales más fuertes, lo mismo ocurre en las regiones y espacios adormecidos. Donde los horizontes están bloqueados, donde el ascensor social no funciona es donde se opta por una apuesta desesperada por las soluciones fáciles del FN y donde se adopta su lógica simplista, que opone a determinados franceses con el resto.

Evidentemente, la fuerte ruptura entre la clase política de la 5ª República y la ciudadanía ayuda también a estimular el voto al FN. No olvidemos que un francés de cada dos no ha ido a votar y que los votos del FN solo representan, en definitiva, al 13% de los franceses inscritos. En primer lugar, está el siniestro balance del paso de la derecha al poder en 2002-2012, que ha erosionado el modelo social francés y debilitado los puntos de referencia de toda una sociedad. Esta sociedad, enfrentada a los profundos efectos de la crisis y a la degradación de viejos problemas (integración de la diversidad cultural, periferias urbanas convertidas en guetos), se ha desorientado aún más cuando el Gobierno supuestamente de “cambio” y de “progreso” que prometía François Hollande lo único que ha hecho es declinar el oxidado programa de la Gran Coalición europea PPE/PSE: austeridad, seguridad, reformas liberales…

Como explicábamos recientemente en un artículo, la gente pedía que se llenara un vacío y Marine Le Pen lo ha entendido.

Traducción: María Cordón.

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El privilegio exorbitante

Mié, 16/12/2015 - 09:00

Alfredo Apilánez – ALAI, América Latina en Movimiento

El dólar es nuestra moneda, pero es su problema

John Connally, Secretario del Tesoro de Estados Unidos, 1971

Apenas amanece y sale la luz, todos esperan sólo dinero, dinero

Sebastian Brant, ‘La nave de los necios’

Con el capital a interés se perfecciona este fetiche automático, el valor que se valoriza a sí mismo, el dinero que alumbra dinero, sin que bajo esta forma se trasluzcan las cicatrices de su origen. La relación social adquiere aquí su acabada mistificación, como la relación de una cosa (dinero, mercancía) consigo misma

Carlos Marx

“El día en que la historia financiera del mundo cambió para siempre”. La categórica sentencia de Alejandro Nadal describe la convulsión acaecida el 15 de agosto de 1971 en Camp David, una idílica área recreativa a las afueras de Washington utilizada como residencia de verano y lugar de recogimiento por los “líderes del mundo libre”. Cerca de medio siglo después, muchos de los rasgos del capitalismo financiarizado, neoliberal y furibundamente imperialista de nuestros días podrían remontarse a aquel parteaguas. Una reducida task force, convocada de urgencia a la mansión presidencial, debate sobre la manera idónea de estabilizar las maltrechas finanzas imperiales. Negros nubarrones se ciernen sobre la otrora indisputable hegemonía estadounidense. El tío Sam atraviesa la primera crisis importante después de los “treinta gloriosos” años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Los efectos conjugados del agotamiento del “milagro” económico de posguerra, la inminente crisis del modelo productivo fordista -basado en el petróleo barato y en la preeminencia industrial de las multinacionales de Estados Unidos- y la colosal factura que suponía la empantanada aventura imperialista en Vietnam dislocaron el sistema monetario internacional creado en Bretton Woods en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Este ligaba férreamente el dólar y el oro –el montante de dólares de cualquier país podía, en teoría, canjearse por el precioso metal de las cámaras acorazadas de la Reserva Federal de Estados Unidos a razón de 35 dólares la onza- actuando de mecanismo estabilizador del comercio internacional y de dique de contención ante los crecientes abusos monetarios del país emisor: si no hay oro no hay dólares. Así que cuando el desaforado crecimiento del complejo militar-industrial –propulsado a toda máquina por la criminal intervención en el sudeste asiático- y el surgimiento de poderosos rivales económicos al otro lado del océano erosionaron la pujanza de la locomotora imperial obligando a activar la temida “impresora de billetes” sin respaldo metálico, todo el sistema amenazó derrumbe inminente. Los déficits crecientes vaciaban aceleradamente las reservas de oro de Fort Knox en paralelo a la aguda pérdida de competitividad de la gripada fábrica del mundo ante las emergentes máquinas exportadoras alemana y japonesa: los viejos enemigos “mojando la oreja” del hegemon.

 

El ambiente de la improvisada reunión veraniega en la mansión presidencial es pues sombrío. El establishment financiero de la superpotencia, en un delicado contexto de guerra fría –con el “oso ruso” todavía, aparentemente, en buena forma- e imparable carrera armamentística, avizora los alarmantes signos de declive que los múltiples frentes abiertos anuncian en el horizonte. La reacción de la dirigencia yanqui -en un inveterado gesto de los antiguos imperios cuando sienten que “doblan las campanas” y su tambaleante supremacía corre riesgo de colapso- es fulminante: bajo la intensa presión en la sombra de Mister Friedman (“dejad flotar libremente al dólar”) y sus adláteres de los Chicago boys -vanguardia del más fanático neoliberalismo y asesores del dictador chileno Pinochet- el gabinete de crisis, con el gobernador de la Reserva Federal y sus “amiguetes” de Wall Street en el puesto de mando, decide, en el llamado Nixon Shock, la ruptura unilateral del erosionado statu quo. En el día de autos, en un solemnemente ridículo discurso a la nación –achacando, en un dechado de originalidad que parece que ha sentado escuela, a los nefarios especuladores la responsabilidad última de la decisión- el tramposo del Watergate suspende de un plumazo –atenuando la contundencia de la fullería con un falso compromiso de temporalidad- la convertibilidad entre el dólar y el oro, dinamitando el mecanismo regulador del comercio y las finanzas internacionales. ¡El milagro de los panes y los peces de la multiplicación sin fin del dinero de papel sin respaldo de clase alguna daba comienzo! El flagrante acto de filibusterismo liberaba al billete verde de su sujeción metálica y permitía “honrar” las abultadas obligaciones financieras estadounidenses activando la sobrecalentada impresora de la Reserva Federal en una suerte de “default por devaluación masiva”. En una curiosa inversión del sueño frustrado de los viejos alquimistas, la nueva “piedra filosofal”, transmutada de su áurea materialidad original en vulgares papeles de colores, facultaba milagrosamente al poseedor del alambique a multiplicar su riqueza real empleando billetes sin valor “con la cara de los presidentes”. Como dice Paul Toynbee: “descubrimos que Ciudad Esmeralda no es sino un espejismo, gobernada por un mago, un hombre chiquito, que no sabe controlar sus propios trucos”

 

La sensacional añagaza convirtió el american way of life en una maquinaria parasitaria succionadora de la riqueza mundial, sin trazas del próspero imperio considerado poco tiempo atrás la fábrica del mundo. En palabras del economista ruso Valobog “De esa manera, USA reconoce que, en esencia, está en bancarrota y es un parásito. El país requiere dos veces más de lo que produce. América existe a cuenta de la producción del mundo. Antaño, los salvajes se regocijaban con las bagatelas de colores, entregando a cambio a los colonizadores oro y plata. Hoy, por los papeles de colores de la FED, con alegría, entregamos gas, petróleo, bosques y otros recursos”.

 

El extravagante mecanismo del “reciclaje” de petrodólares es el símbolo paradigmático de este privilegio exorbitante. En 1975 –después de un acuerdo inicial dos años antes con los sátrapas saudíes, a los que se ofrecía a cambio protección militar incondicional- todos los miembros de la OPEP aceptaron, con sordina, vender su petróleo sólo en dólares estadounidenses. La superpotencia se aseguraba financiación cuasi ilimitada de sus déficits gemelos (fiscal y comercial) a través de la canalización de los colosales excedentes de los países exportadores de petróleo hacia el nuevo patrón de las finanzas internacionales: los bonos del tesoro del pedigüeño Tío Sam. Cada nación importadora (en el caso español, nada menos que 34.000 millones de dólares anuales) se vio obligada asimismo a adquirir con fruición a la todopoderosa Reserva Federal sus “papelitos de colores” para financiar la adquisición del “oro negro”. El dinero del petróleo y las materias primas estratégicas del mundo fue obligado pues a fluir a través del grifo controlado por la FED -es importante señalar que no es el gobierno de Estados Unidos quien emite el dólar sino la FED, que se encuentra bajo el control de bancos privados y que presta dinero al gobierno a cambio de jugosos intereses sufragados por los impuestos de los ciudadanos; ¿muy astuto, verdad?-. En palabras de Michael Hudson: “Ante el hecho de que cerca de la mitad de los gastos discrecionales del gobierno de EE.UU. son para operaciones militares – incluyendo el mantenimiento de más de 750 bases militares en el extranjero y operaciones bélicas cada vez más costosas en países de producción y transporte de petróleo – el sistema financiero internacional está organizado de tal manera que financia al Pentágono, junto con las adquisiciones estadounidenses de activos extranjeros de los que se espera que rindan mucho más que los bonos del Tesoro en poder de los disciplinados bancos centrales”.

 

Con la “pistola humeante” de la sempiterna “diplomacia de las cañoneras” asegurando la sumisión de los más renuentes – que el dólar y el Pentágono son la clave de bóveda de la geopolítica imperial lo prueba la última escalada de la “guerra global contra el terror” en Oriente Medio que arranca, precisamente, en el momento en que Sadam Husein cometió la “insolencia” de abandonar la moneda del enemigo en las transacciones petroleras poco antes de que los tanques y los marines desencadenaran una nueva “Tormenta del desierto” para derrocarle- la América de hoy recuerda a un terrible dinosaurio herido pero cada vez más despiadado (ahí están los asesinatos “selectivos” de los asépticos drones para corroborarlo) que, por debajo de su huera retórica de “guardián del mundo libre”, pugna por mantener su demediada hegemonía a través de la bota dura y firme de su descomunal fuerza militar.

 

Las réplicas sísmicas del acto de prestidigitación monetaria pergeñado por los lobbistas de Wall Street fueron fabulosas: los circuitos financieros internacionales se vieron inundados de dólares “basura” (mientras la oferta de dólares-oro creció apenas un 55 por ciento entre 1945 y 1965, para el periodo 1970-2001, ya sin el “rigor externo” del dorado elemento, la expansión de la masa de dólares-papel en circulación fue del ¡2 mil por ciento!) imprescindibles en el comercio de todas las fuentes de energía y materias primas estratégicas. Como dice el economista francés Delhommais: “Estados Unidos jamás habría podido vivir como lo ha hecho, por encima de sus posibilidades, jamás habría podido drenar tres cuartas partes del ahorro y la riqueza mundiales si no hubiera tenido la moneda de referencia en los mercados de capitales, del petróleo, de los metales y del comercio mundial. Si no hubiera tenido ‘ese privilegio desorbitado’ (Giscard d’Estaing, ministro de finanzas de De Gaulle dixit) que le permite endeudarse sin lamentarlo”

 

Con el pinochetista Friedman en el puente de mando, los gurús neoliberales del Consenso de Washington recetaban con sádica delectación la ortodoxia de la austeridad al depauperado prójimo tercermundista a través de los programas de ajuste del FMI –la famosa ‘doctrina del shock’ de Naomi Klein- mientras hacían la vista gorda en el corazón del imperio ante el festín de deuda y exuberancia irracional de las finanzas especulativas que se estaba desarrollando ante sus narices: “todo el espíritu monetarista abrazó una relación de dependencia con el billete verde en un espíritu fetichista y lascivo (sic) que generó tres décadas de desenfreno, consumismo y endeudamiento”. Verbigracia: la deuda pública de la superpotencia era en 1971 de 436 mil millones de dólares. Hoy, esa deuda, sin el más mínimo propósito de ser saldada, rebasa ampliamente los 18 billones de dólares.

 

Así, a partir de los años 80, en pleno ocaso definitivo del capitalismo fordista de posguerra y ante la creciente incapacidad de desatar un nuevo ciclo de acumulación basado en actividades productivas, la nueva estructura del sistema monetario internacional facilitó la masiva creación de “dinero ficticio” y de artificios especulativos que crearon “nichos” de rentabilidad extra para los anémicos capitales. La argamasa de abstrusas “virguerías” de ingeniería financiera paridas por los redivivos alquimistas de Wall Street pugnaba por sostener una expansión artificial de la demanda que sortease la caída de la tasa de ganancia del capital en EE.UU. Esa fue la función real del Nixon Shock: abrir las compuertas a riadas de liquidez que facilitaran el desarrollo de la nueva matriz de la acumulación de capital.

 

Sin embargo, la colosal “superestructura” financiera creada para insuflar respiración asistida al resquebrajado entramado capitalista no podía expandirse con completa independencia de su base; de ahí la creciente frecuencia del estallido de burbujas especulativas que -cual fumarolas que anuncian la erupción del volcán- culminó en la crisis sistémica de 2007, cuya virulencia reconfiguró las placas tectónicas de la geopolítica mundial y dio una vuelta de tuerca a las actuales dinámicas de explotación y barbarie.

 

Mientras tanto, en la opulenta residencia presidencial de Camp David -un paraíso terrenal bautizado como Shangri-la por su primer ocupante (Franklin Delano Roosevelt)- la apacibilidad de los estanques y la solemne quietud de los magnificentes salones no se verán en absoluto perturbadas por los profundos efectos “colaterales” y el enorme daño objetivo que las decisiones tomadas en su interior producen.

 

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2015/10/18/es-la-renta-estupidos-iii/

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Nadie me habló del endeudamiento privado

Mié, 16/12/2015 - 07:00

Juan Francisco Martín Seco – Consejo Científico de ATTAC España

Agradezco a Carlos Sánchez su amable invitación a los debates que el diario digital en el que trabaja organiza periódicamente, en colaboración con el Banco Sabadell. El último versaba sobre liberalismo versus intervencionismo. Mi buen amigo me permitirá que le haga una observación y es que, dadas las características de los participantes en el debate, debería haberse titulado “Liberalismo versus liberalismo”, sin que este título contradiga el hecho de que uno de los intervinientes hubiese sido ministro de Industria con Zapatero.

No obstante, a lo largo de la sesión, según resaltó la prensa, el exministro hizo una confidencia que considero de gran importancia por ser muy clarificadora de la etiología de la crisis y de la encerrona en la que aún se encuentra la economía española, y me atrevo a decir que la europea. Parece ser que en los momentos críticos Zapatero, lamentándose amargamente, lanzaba a sus colaboradores el siguiente reproche: “No me hablasteis del endeudamiento privado”. Y es que efectivamente ahí se encuentra el problema. El fanatismo del neoliberalismo económico en contra del gasto público les indujo a centrarse en anatematizar el déficit y el endeudamiento público, y a olvidarse del endeudamiento privado. En realidad, el peligro no está ni en el público ni en el privado, sino en el endeudamiento exterior, con independencia de que su origen se halle en uno u otro sector.

En aquellas dos tardes con Jordi Sevilla, a Zapatero no le debieron de hablar de la amenaza que constituye para un país tener su economía fuertemente endeudada en el exterior, ni le debieron de enseñar el peligro que representa un fuerte déficit por cuenta corriente en la balanza de pagos. De tal manera que, aun cuando este alcanzaba el 6% del PIB, nivel muy preocupante, ni él ni su vicepresidente económico tuvieron inconveniente alguno en afirmar en 2004 que la herencia económica que recibían del PP era buena. Incluso en 2007, inmediatamente antes de la hecatombe y cuando el desequilibrio exterior alcanzaba ya la terrorífica cifra del 10% del PIB, el Gobierno se mostraba eufórico porque las cuentas públicas arrojaban superávit y el stock de deuda pública solo alcanzaba el 36% del PIB, casi la mitad que Alemania y Francia, y a años luz del de Italia.

En honor de la verdad, la ceguera no fue exclusiva de Zapatero. A Aznar tampoco le debieron de hablar del endeudamiento privado, pues durante sus ocho años de gobierno dicha variable se incrementó sustancialmente sin que hiciese nada para evitarlo, ni se percatase tan siquiera del peligro. Y ¿qué decir de esos señores tan listos y competentes que dirigen los bancos, las empresas y los mercados, tan imprescindibles que gozan de sueldos desorbitados? Tampoco debieron de caer en la cuenta de que el apalancamiento privado es tan peligroso como el público cuando se financia en el extranjero y encima con una moneda que no es la propia o, como en el caso de la Eurozona, cuando, aunque sea la propia, no se controla. Tuvo que estallar la crisis de las hipotecas subprime, con sus graves consecuencias, para que despertasen de su sueño dogmático.

A Felipe González y al resto de mandatarios internacionales que firmaron el Tratado de Maastricht tampoco les habló nadie del peligro del endeudamiento exterior y de cómo este podía provenir también del apalancamiento privado. Tanto en los criterios de convergencia como más tarde en el Pacto de Estabilidad tuvieron en cuenta únicamente el sector público y se olvidaron del privado. Se preocuparon de limitar los desequilibrios en las cuentas públicas, pero se desentendieron de frenar los déficits y superávits en la balanza de pagos, no obstante encontrarse en este punto el talón de Aquiles que podría poner en cuestión todo el proyecto de Unión Monetaria.

Es más, incluso cuando fracasó el Sistema Monetario Europeo, ensayo de lo que sería más tarde la moneda única, no quisieron aceptar que era en los crecientes desequilibrios entre deudores y acreedores donde se encontraba el auténtico riesgo. A Zapatero, al menos su vicepresidente económico podría haberle advertido del peligro, puesto que había formado parte de un Gobierno que tuvo que devaluar la peseta cuatro veces (la última estando él mismo de ministro de Economía y Hacienda) para restaurar el equilibrio, y que por lo tanto debería haber sido consciente de las trágicas consecuencias que entonces se hubiesen seguido para la economía española de no haber podido depreciar la moneda, lo que acabaría siendo un hecho inexorable en la Unión Monetaria.

Nadie habló del endeudamiento privado, ni nadie antes ni después de firmar Maastricht repasó los escritos de Keynes y sus planteamientos en las negociaciones de Bretton Woods, poniendo el acento en el desequilibrio de las balanzas de pagos y en la necesidad de que los ajustes tuviesen que recaer por igual en los países acreedores y en los deudores. Y eso que entonces no se trataba de constituir una unión monetaria, sino tan solo un sistema de cambios fijos y, por lo tanto, ajustable en momentos de necesidad y sin que los países estuviesen sometidos a un régimen de libre circulación de capitales.

Ni en Maastricht ni en los acuerdos posteriores tuvo nadie la precaución de plantear que la variable a controlar debía ser el saldo por cuenta corriente en la balanza de pagos y que los países con superávits deberían someterse a ajustes al igual que los deficitarios, solo que en sentido contrario. Tan solo ahora, cuando la Eurozona se ve en una trampa de la que no termina de salir, se comienzan a escuchar voces en esa dirección. Hace unos días, la Comisión, en su Informe sobre el crecimiento 2016, avisaba de los enormes desequilibrios que existen entre los diecinueve países que componen la Eurozona y que reflejan las divergencias entre los países acreedores y los deudores.

La Comisión advierte de la amenaza que representa para la Eurozona (y yo diría que también para la economía mundial en su conjunto) una Alemania que camina hacia un superávit por cuenta de renta del 10% del PIB (cifra totalmente exorbitante) y que se niega a practicar la menor corrección. En cuanto a España, señala que, lejos de lo que el Gobierno se empeña en convencernos, los problemas subsisten. El endeudamiento exterior apenas se ha reducido un ápice. La única diferencia es que en una gran parte el endeudamiento privado se ha convertido en público, lo que de cara al futuro origina una vulnerabilidad grande de las finanzas públicas y nos sitúa, al no contar con moneda propia, en manos del BCE. No obstante, el endeudamiento privado continúa siendo elevado como se manifiesta en fenómenos como los de Abengoa o en que nuestros bancos sean los penúltimos en capitalización, detrás de Portugal (en términos de capital fully loaded, el que se exigirá a partir de 2019), según las cifras publicadas recientemente por la Autoridad Bancaria Europea.

Las cifras que arroja la economía española en el tercer trimestre señalan cómo el sector exterior vuelve a flaquear, a pesar del colosal ajuste al que se ha sometido a la población con el objetivo de ganar competitividad. Volvemos a crecer a crédito, con una demanda interna que en buena medida se orienta en forma de importaciones a crear empleo en Alemania, y que será insostenible a corto plazo.

Privado o público, el caso es que ningún país puede endeudarse indefinidamente frente al exterior y que cuando el endeudamiento llega a un cierto nivel, si es en la moneda propia, cabe la corrección mediante la inflación y la depreciación monetaria pero si es en una divisa ajena, la única manera de romper la tela de araña es reestructurando la deuda, es decir, practicando una quita (en definitiva, lo que hacen las empresas mediante el concurso de acreedores). En ambos casos el resultado para los prestamistas es el mismo.

Publicado en República.com

www.martinseco.es

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Elección en Argentina: ¿quién ganó qué?

Mar, 15/12/2015 - 13:00

Immanuel WallersteinLa Jornada

El 22 de noviembre de 2015, Mauricio Macri derrotó a Daniel Scioli en la elección presidencial argentina más o menos con escaso margen, apenas por menos de tres puntos de porcentaje. La mayoría de los analistas le llamaron a esto un triunfo de la derecha sobre la izquierda. Esto no es falso, pero sería demasiado simple. De hecho, la elección reflejó los muy complejos desarrollos que ocurren por toda América Latina en los tiempos que corren. Leer mal lo que está ocurriendo puede conducir a errores políticos importantes en la década venidera.

El relato comienza durante la Segunda Guerra Mundial. El gobierno de Argentina era neutral, pero de hecho simpatizaba con las potencias del Eje. A principios de 1943, entró a escena un movimiento de oposición que vinculaba los movimientos sindicales y los oficiales más jóvenes. Una figura clave fue el coronel Juan Domingo Perón, que se convirtió en secretario del Trabajo del gobierno. Su breve arresto, en 1945, condujo a manifestaciones callejeras y a su liberación ocho días después. Las elecciones de 1946 fueron esencialmente entre Perón, candidato pro-obrero, en favor de un Estado benefactor y anti-imperialista (es decir, anti-estadunidense), y un candidato de derecha, abiertamente apoyado por el embajador de Estados Unidos. Perón ganó e implementó su programa con la asistencia de su carismática segunda mujer, Evita, heroína de los descamisados.

El peronismo no es una política, sino un estilo a veces llamado populismo. De ahí se sigue que, en términos de políticas, hay muchos peronismos –de derecha, de centro y de izquierda. Lo que los une son las figuras míticas. El peronismo más o menos de izquierda de Perón fue llevado a su fin por un golpe militar en 1955. Perón se fue al exilio y se casó con su tercera mujer, Isabel, que era española.

Los militares permitieron elecciones en 1973. Perón retornó y promovió su elección con Isabel como candidata a la vicepresidencia. Murió tras un año en el cargo y le sucedió Isabel, que fue muy impopular. Éste fue un periodo de golpes militares de derecha por toda América Latina –Chile, Brasil, Perú, Uruguay y Argentina. En Argentina a este periodo se le conoce como la guerra sucia, en la que tal vez hubo 30 mil desaparecidos, eliminados brutalmente.

Para 1983, los militares habían agotado su propio respaldo y pareció sabio y seguro retornar a un régimen civil. En 1989 llegó a la presidencia un peronista, Carlos Menem. Impulsó una política de derecha, tanto por su obediencia a los requisitos neoliberales del FMI como por su alineación con las prioridades geopolíticas de Estados Unidos.

En 1998, la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela marcó el principio de la llamada ola rosa. Fue consecuencia no sólo de la consternación popular hacia los serios desplomes en el ingreso ocasionados por la observancia del Consenso de Washington, sino por el inicio del declive del poderío estadunidense en Medio Oriente, a lo cual se le daba una atención prioritaria.

En 2001, un movimiento más o menos anarquista, los piqueteros (que bloqueaban calles negándose a mover) emergieron como importante fuerza política. Su método político era el cacerolazo (golpear las cacerolas y sartenes de metal). Su consigna era ¡Que se vayan todos! Finalmente forzaron al gobierno neoliberal, pero peronista, a renunciar.

Tras disturbios persistentes, las elecciones de 2003 confrontaron al peronista neoliberal Carlos Menem contra el peronista altermundista Néstor Kirchner. La ventaja de Kirchner en las encuestas fue tan grande, que Menem se retiró. Kirchner gobernó por cuatro años y lo sucedió su esposa Cristina, quien fue electa dos veces con grandes márgenes. Argentina estaba gobernada ahora por una subvariante del peronismo llamada kirchnerismo.

Cristina no podía competir de nuevo en 2015 debido a una ley que prohíbe estar más de dos periodos sucesivos en el cargo. Las fuerzas kirchneristas, conocidas como Frente para la Victoria (FPV), pusieron como candidato a Daniel Scioli. Éste, considerado más centrista que Cristina, hizo que el respaldo de ella fuera tibio. Sin embargo, se esperaba que en las primarias del 9 de agosto Scioli ganara fácilmente en la primera ronda. Llegó primero, pero fue forzado a una segunda ronda, en la cual, por estrecho margen, ganó Macri.

La victoria de Macri es parte de una tendencia latinoamericana. Los buenos días de la expansión económica de las economías emergentes habían alcanzado sus límites a lo largo de la economía-mundo y estaban causando apreturas de cinturón por todas partes. Macri prometió una solución económica, una que controlaría la inflación y renovaría el crecimiento económico. No obstante, aseveró que su programa sería moderado en ciertas formas. No reprivatizaría las industrias que Cristina había renacionalizado. Y mantendría algunas de las medidas de un Estado benefactor propias de los regímenes kirchneristas.

No hay ninguna duda de que Macri es un hombre de derecha y que intenta gobernar tan a la derecha como pueda. La cuestión es qué tan lejos puede llegar. Se enfrenta a dos constreñimientos importantes. Uno es mundial; el otro es interno. El constreñimiento de orden mundial es el grado al que ocurrirá un resurgimiento de los buenos tiempos del Sur Global en la década venidera. Si no llegan esos buenos tiempos, Macri tendrá que explicar, en las elecciones de 2019, por qué sus soluciones no resolvieron nada o muy poco para la vasta mayoría del pueblo argentino. En resumen, cargará con la culpa de las continuadas dificultades económicas en lugar de Scioli (y los kirchneristas).

El constreñimiento interno es más sutil. Algunos analistas consideran que Cristina está bastante feliz con la derrota. No sólo porque no le guste él, sino porque si hubiera ganado sería muy probable que habría contendido en 2019. Cristina puede ahora ser la candidata en 2019, la última oportunidad que su edad podría, razonablemente, permitirle.

Mientras escribo esto, Macri no ha mostrado aún su programa preciso. Está en favor de maximizar la apertura de fronteras que permitan un libre flujo de mercancías y capitales. En particular desea terminar con el cepo al dólar –el vínculo de la tasa oficial del peso respecto al dólar estadunidense. Pero no totalmente, al menos no en lo inmediato. Debe balancear el efecto negativo a corto plazo, los vuelos de capital, con el efecto positivo de mediano plazo que él asegura va a ocurrir –una mayor inversión extranjera que en sí misma bajará la tasa de cambio y por tanto la inflación.

Desea participar en los tratados de libre comercio que están en proceso, tanto en el Pacífico como en el Atlántico. Y busca redefinir el papel de la alianza comercial sudamericana del Mercosur.

En los asuntos del mundo desea restaurar relaciones cercanas con Estados Unidos y alejar a Argentina de sus relaciones con Irán. Desea reafirmar el respaldo hacia la Organización de Estados Americanos (OEA), la estructura que incluye a Norte América que casi todos los otros países de América Latina han querido reemplazar por miembros únicamente latinoamericanos y del Caribe. Pero también afirma que su prioridad en política exterior son sus relaciones con Brasil, el mayor socio comercial de su país. Y la presidenta Rousseff dijo que asistirá a la toma de posesión de Macri. Brasil será una restricción para Macri

Finalmente, un asunto de los últimos años ha sido la ley de amnistía que absolvió a los militares de todos sus crímenes cometidos durante la guerra sucia. El régimen de Kirchner ha rechazado la amnistía y estaba juzgando a las pocas figuras importantes que aún siguen vivas. Macri ha dicho que no interferirá con el proceso judicial, para consternación de algunos de los ultras de su bando. ¿Pero no liberará a quienes están siendo procesados por insuficiencia de pruebas?

En resumen, Macri sí representa de hecho un empuje hacia la derecha. Pero no representa el final del kirchnerismo, ni una situación donde la izquierda (de cualquier forma que la definamos en esta situación particular) esté desarmada y sin esperanzas.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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Crisis, ¿para todos?

Mar, 15/12/2015 - 09:00

José Luis Marín - ctxt.es

La desigualdad crece en España a mayor ritmo que en la UE. Cada vez existe mayor distancia entre los salarios de los que tienen más y menos ingresos

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En los últimos meses se ha debatido extensamente sobre el fin de la crisis que ha devastado España en los últimos siete años. Unos insisten en los indicadores macroeconómicos; otros señalan la inestabilidad de la recuperación. Quizás sería interesante insertar en el debate una extensión de la hipótesis: ¿ha afectado a todos por igual?

Analizando los indicadores de pobreza, exclusión o privación material se puede entrever que existen ciertos factores que apuntan a un desigual efecto de la recesión sobre la población. Edad, género, origen o condición laboral son cuestiones determinantes en este sentido.

El índice de Gini mide la desigualdad en función de la concentración de renta que existe en un país. En otras palabras, el indicador calcula hasta qué punto existe equidad en la distribución de los ingresos. En caso de que el valor fuese 0, estaríamos hablando de equidad perfecta; el valor 100 significaría una inequidad perfecta.

Para España, el índice de Gini ha aumentado en los últimos cuatro años 1,2 puntos hasta situarse en el 34,7%. Esto no solo supone que el país presenta una mayor desigualdad que la media de la UE –31% en 2014–, sino que esta ha crecido a mayor velocidad que la del continente.

Dividir la población por franjas en función del volumen de ingresos también sirve para observar cómo ha aumentado la desigualdad entre los que más tienen y los que menos.

La ratio 20/80 establece una relación entre el 20% de la población que más ingresa y el 20% que menos. Cuanto mayor es el valor, mayor desigualdad existe. Este indicador también se ha disparado en España en los últimos años, pasando de 6,2  puntos en 2010 a 6,8 en 2014.

Si sacamos del indicador a las personas mayores de 65 años, excluyendo el peso de la pensiones de la distribución del ingreso, la desigualdad es aún mayor: 7,5 puntos en 2014 frente a los 5,5 de la Unión Europea de los veintiocho.

Por último, también ha habido un aumento de la brecha que existe entre el 10% de la población con mayor salario medio mensual y el 10% con menor. Si bien no supone un problema que los salarios se revaloricen aumentando los ingresos de la población, la desigualdad se reproduce cuando esto solo ocurre en la franja de mayores ingresos.

Es más, el problema es doble, ya que para el 10% de la población con menores ingresos el salario medio mensual ha descendido 70 euros respecto a 2010.

Artículo publicado en http://ctxt.es/es/20151125/Politica/3129/

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La cultura del humus

Mar, 15/12/2015 - 07:00

Gustavo Duch - Consejo Científico de ATTAC España

secretoDespués de sacar el té del fuego, Pierre se sentó junto a la mesa de la cocina. Al servir las dos tazas humeantes me llamaron la atención sus manos magrebís llenas de surcos donde habían penetrado miles de minúsculas partículas de color negro que generaban en su piel un verdadero grabado japonés. ― Es el fruto de mi pasión ― me dijo anticipándose a mi indiscreción. ― Y si las hueles ― abrió sus manos junto a mi nariz formando con ellas un cáliz― podrás descubrirla. Efectivamente olían como el compost que preparo en el huerto.

Aproveché ese detalle, un tanto cohibido como estaba, para iniciar la conversación que tanto anhelaba.― Pierre, ¿por qué tantos años destacando el papel del humus para la agricultura?

― Supongo ―contestó ―que en tu país también funciona el dicho de que una persona no debe morirse sin antes plantar un árbol y tener un hijo, ¿verdad? Pues bien, está claro que son dos cuestiones fundamentales para que la vida de nuestra especie siga siendo posible en este Planeta que nos acoge. Efectivamente, plantar árboles -tantos como nos sea posible- y evitar la deforestación que provoca el ansia capitalista de los monocultivos de soja, de agrocombustibles o la crianza de ganado a gran escala es fundamental para disponer del oxígeno que necesitamos para respirar. Es importante mantener la conciencia y la tensión en este aspecto pero creo que nos olvidamos de algo aún más relevante. Nuestros cuerpos, también el de los árboles y el resto de seres vivos, los alimentos que tenemos aquí sobre esta mesa, todo es mayoritariamente un conjunto ordenado de millones de moléculas de carbono. Mirándolo con lupa, también: la glucosa que nos permite caminar, las vitaminas que nos dan vitalidad o las proteínas que son nuestros diminutos esqueletos, todo, son compuestos de carbono. Incluso el oxígeno que la fotosíntesis que los vegetales nos regalan, es el proceso de digestión del dióxido de carbono de la atmósfera.

Se detiene un momento su hechicera voz para dar el primer sorbo al té y a continuación me interpela ―¿Has pensado alguna vez que tu mismo no eres más que cadenas de carbono recicladas de anteriores seres vivos? Quizás en tus huesos hay carbono que en su momento fue un olmo o fue un pelícano. Pues así es… la Tierra contiene una cantidad concreta de carbono que no varía a lo largo del tiempo, simplemente, en un ciclo continuo, cambia de una fase a otra. Del aire, a la tierra, al agua, a la materia, al aire, a la tierra… ―y sus manos dibujan en una pizarra ficticia un círculo. ― Entonces, ¿no es cierto que no somos conscientes de la importancia del carbono para nuestra vida? Solo parece que lo tengamos en cuenta cuando revisamos las reservas de petróleo, porque claro, también el petróleo no es más que carbono. Carbono viejo y arrugado de tanto esperar.

―Pues bien ―continúa Pierre en un tono algo más relajado pero sin perder la contundencia que tanto me llamó la atención en sus charlas ―yo creo que es obvio que nuestra civilización está desbaratando radical y peligrosamente el ciclo del carbono. El abuso del uso del petróleo hace que se almacene en la atmósfera más carbono, más CO2, del natural. Yo digo que somos la civilización cocacola, una civilización más carbonizada de lo normal.

―Entonces, nuestra obligación como verdaderos seres de carbono, es devolver el carbono a su lugar apropiado, la tierra, y compensar así este desfase que calentará el planeta. Hemos de devolverle el carbono que nos presta, devolverle todo el que nos sea posible. Por eso, apreciado amigo, por eso hago compost, humus, ― y jugueteando con los ojos igual que juega en este momento con las palabras, concluye― porque soy humano es mi humilde contribución por la humanidad. Mi trabajo de los últimos treinta años ha consistido en difundir y explicar la necesidad de volver a la tierra, de hacer tierra fértil, de trasmitir y apoyar proyectos e iniciativas en esta ‘cultura del humus’. Ojalá veamos en esas pequeñas acciones la gran capacidad de cambio que puede generar, ojalá entendamos que hemos de apoyar una agricutura ‘humanizada’ en lugar de una agricultura ‘industrializada‘.

Se levanta de mesa y con cariño me indica que le siga, que me enseñará ese humus del que estamos hablando. Muy cerca del huerto, frente a tres grandes lineas de acúmulos de materia orgánica en descomposición, hunde su mano en el interior del compost y me señala que está bien caliente, al dente, dice, cual cocinero probando su guiso.

―Elaborar compost, humus, a partir de los restos de nuestras cosechas, de los excrementos de animales, de las sobras de nuestra comida debería de enseñarse en las escuelas igual que enseñan a sumar y restar. En los programas de los partidos políticos debería figurar, en el lugar más destacado, planes para reciclar de esta forma toda la materia orgánica posible.

Como buen maestro que fue en su juventud para dar por finalizada la respuesta a mi pregunta, resume: ―Elaborar humus es esencial para corregir nuestros excesos, nos permitiría combatir con certeza el cambio climático. Pero además, devolviendo materia orgánica a nuestras tierras la hacemos más fértil, más sana, más fuerte frente a plagas, más productiva y desde luego, como nunca debimos olvidar la gente del campo, nos hace más autónomos, nos sitúa al margen -fuera- del modelo criminal de agricultura industrial que la castiga con fertilizantes químicos. Más humus es más soberanía.

Palabre-ando

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Ucrania, bajo la injerencia del FMI, se hunde en la recesión

Lun, 14/12/2015 - 13:03

Jérôme DuvalDiagonal

Parece que no importara que la política del FMI que se disemina por el mundo provoque caos social como en Grecia o en cualquier otro país, puesto que el objetivo es siempre el mismo: reforzar el capital privado a expensas de los bienes y servicios sociales. Y el FMI, cuya sede está en Washington, sigue en Ucrania a pesar de ser una institución tan despreciada por su fuerte implicación en la ola de las desastrosas privatizaciones en Europa del Este, durante la transición postcomunista a comienzos de los 90. Desde el inicio de la crisis, en noviembre de 2008, Ucrania figura entre los primeros países europeos que cayó en la ratonera del FMI, después de Islandia, Georgia y Hungría.

Debido a un poderoso movimiento insurreccional que llevó a la destitución del presidente ucraniano Víktor Yanukóvich, el nuevo Gobierno transitorio, establecido el 27 de febrero de 2014, ofreció al FMI la oportunidad de administrar una severa cura de austeridad al pueblo ucraniano. Sin siquiera esperar a las elecciones, se desarrollaron unas opacas negociaciones con ese Gobierno no elegido, que desembocaron en la adopción de políticas ultraliberales a cambio de un préstamo del FMI.Unas opacas negociaciones desembocaron en la adopción de políticas ultraliberales a cambio de un préstamo del FMI.

Para el actual primer ministro Arseni Iatseniuk, no existiría ninguna alternativa a las órdenes del FMI. Ya en octubre de 2008, cuando era presidente del Parlamento, Iatseniuk declaraba respecto al programa del FMI: “No tenemos otra elección. No es una cuestión política, es una cuestión vital para la actividad del país”. Cinco años y medio más tarde, en marzo de 2014, Arseni Iatseniuk, convertido en primer ministro del Gobierno transitorio, afirmó con respecto a un inminente programa de austeridad del FMI: “El Gobierno aceptará todas las condiciones fijadas por el FMI, porque no tenemos otra elección”.Con el nuevo Gobierno del oligarca y multimillonario Petro Poroshenko, investido presidente de Ucrania en junio de 2014 con la promesa de poner fin a la guerra en tres meses, pocos cambios se pueden esperar, ya que mantiene a Arseni Iatseniuk en las funciones de primer ministro. Ucrania continúa su ruta dentro del monorraíl liberal de las políticas de austeridad dictadas por el FMI. A los ojos del poder establecido y cualquiera que sea el precio a pagar, no hay ninguna otra opción válida. Reinando, por lo tanto, el famoso dogma de Margaret Thatcher, “There is no alternative”.

Sin embargo, todos los indicadores económicos del país, que está bajo el yugo de la institución acreedora, se vuelven rojos. La deuda pública del Estado aumentó más de dos veces en menos de dos años, y pasó de 480.000 de grivnas (UAH) el 31 de diciembre de 2013 a 1.185 millones el 30 de abril de 2015. El producto interior bruto (PIB) sufrió una caída del 6,8% en 2014 (pasó de 180.000 millones de dólares en 2013 a 130.000 millones en 2014).

En 2015, el PIB por habitante alcanzó al de Sudán, cerca de 2.100 dólares. El país vio cómo sus reservas en divisas se hundieron a menos de la mitad (-63%) en 2014 –estaban bajo el umbral de 10.000 millones de dólares por primera vez en diez años– con el fin de mantener la moneda nacional, la grivna, que tuvo una fuerte caída con respecto al dólar, y financiar así ocho meses de campaña contra los rebeldes prorrusos en el este del país –conflicto que ya produjo más de 8.000 muertos en 18 meses–.

Reestructuración de la deuda y sumisión

Después de cinco meses de negociaciones, los principales acreedores privados de Ucrania, reunidos en un comité liderado por el fondo de inversiones Franklin Templeton, obtuvieron un acuerdo con Kiev para reestructurar la deuda. El acuerdo conseguido a fines de agosto de 2015 prevé una disminución del 20% de la deuda pública en manos del sector privado (que alcanza los 18.000 millones de dólares), o sea cerca de 3.600 millones de dólares, y un alargamiento de cuatro años del plazo de reembolso de 11.500 millones de dólares.

Blackstone, responsable en España de especulaciones inmobiliarias y de expulsiones de viviendas por falta de pago, también es bien conocido en Grecia, ya que aconsejaba a acreedores privados en 2012.

Este fondo de inversiones difunde sus consejos a los mismos acreedores privados frente a otros países deudores como Ucrania. Por otro lado, Ucrania, como Grecia hace unos años, está representada por el banco Lazard durante esas negociaciones de la deuda. En otras palabras, Ucrania se encuentra arrinconada entre los mismos actores ávidos de beneficios que hundieron a Grecia en una crisis sin precedentes: por un lado, Lazard que aconsejó –indudablemente muy mal– a Grecia y por el otro, el fondo de inversión Blackstone, que representó tan bien a los acreedores en Grecia. ¿Con los mismos, comenzamos de nuevo?

El secretario del Tesoro estadounidense, Jack Lew, dio la bienvenida al acuerdo que “ayudará a mejorar las finanzas públicas ucranianas y proveer a las autoridades de un margen de maniobra para ejecutar su ambicioso programa de reformas (…) apoyado de todo corazón por Estados Unidos”. No se puede ser más claro en cuanto a la voluntad del FMI y de su accionista mayoritario, Estados Unidos: el alivio de la deuda, ridículo con respecto a los futuros nuevos préstamos, sólo permite proseguir los reembolsos con intereses y la aplicación de medidas capitalistas. Si a los oligarcas les va bien, por el contrario, el pueblo ucraniano no ha conseguido salir de la crisis.

La deuda con Rusia

Por otra parte, Rusia, que rechazó participar en la reestructuración de la deuda privada liderada por Franklin Templeton, exige el pago de 3.000 millones de dólares –que constituye el primer tramo desembolsado en 2013, de un acuerdo de préstamos de 15.000 millones de dólares concedido por Putin al expresidente Yanukóvich) que vencen el 20 de diciembre de 2015. Pero Rusia, que no tiene derecho a veto en el FMI –solamente tiene el 2,39% de derechos de voto en el FMI– no lo tendrá fácil para que se la escuche por sobre esas euro–obligaciones sometidas a la ley británica.

El FMI desea urgentemente modificar sus propias reglas con el fin de poder proseguir con su plan de ayuda a Ucrania aunque ésta no reembolse su deuda con Moscú. En efecto, según sus propios estatutos, la institución no está autorizada a prestar a un país miembro que se encuentre en cesación de pagos de su deuda (default). El FMI controlado desde su creación por Estados Unidos, exige una liberalización desmesurada de Ucrania, incluso si tal cosa se parezca más a un descenso a los infiernos.

Jérôme Duval es miembro del CADTM y de la PACD
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