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Justicia económica global
Actualizado: hace 1 hora 37 mins

Estado español: Perspectivas políticas para otra economía y otra sociedad

Vie, 01/09/2017 - 07:00

Daniel Albarracín CADTM

1. La recuperación de la crisis capitalista.

arton12923La política del gobierno del PP se ha caracterizado, principalmente, por una gestión que, sin abandonar su política de protección a las grandes corporaciones financieras y energéticas, se ha caracterizado por la inacción; por lo que, en un ciclo político convulso en el que una parte significativa de la población ha reaccionado contra las consecuencias de las políticas neoliberales y necesitaba sostenerse electoralmente, no ha acentuado las políticas de ajuste. Para interpretar la coyuntura tenemos que ir más allá de la gestión del gobierno e indagar en la dinámica subyacente.

Tras desplomarse en el periodo recesivo, la rentabilidad efectiva se ha recuperado tímidamente, apoyándose principalmente en el drástico abaratamiento de los costes financieros. Entre tanto, la actividad en la industria, el comercio y la hostelería se reactivaba debido, fundamentalmente, a factores exógenos: bien el tirón de la exportación a los países centrales de bienes industriales auxiliares, o bien el impulso circunstancial, pero fortísimo, del turismo, beneficiándose del carácter de “destino seguro” del territorio ibérico en un contexto de conflictos internacionales creciente.

Que la economía española entrase en 2014 en un ciclo de recuperación temporal creciendo, por encima del 3% y del entorno europeo, le ha venido francamente bien al PP. Las corporaciones españolas se han beneficiado del fuerte ajuste empresarial, salarial y público, que se dio en el periodo de gran recesión, algo que también se ha reflejado en otros países semiperiféricos europeos, dejando más margen a las empresas supervivientes, especialmente de medio y gran tamaño.

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Fuente: Elaboración propia a partir de Contabilidad Nacional Trimestral de España. INE

La recuperación iniciada en 2014 ya superó su momento álgido y el nivel del PIB aún no ha alcanzado el nivel de producción absoluto de 2008. De ahora en adelante sólo cabe esperar un crecimiento débil. Habiéndose dado por razones endógenas, sin modificar el modelo socio-productivo, difícilmente se evitará una nueva recesión en pocos años. Recesión que se podría adelantar si se dan escenarios de crisis bancaria, crecimiento de tipos de interés, encarecimiento del euro o incremento del precio de las materias primas. O, también, de una crisis internacional, política, institucional o diplomática, (pendiente de un hilo por la situación económica china, la política de Trump, los resultados de la negociación del Brexit, las nuevas conmociones políticas en Europa o Rusia, o, quizá bélicas, en Corea del Norte, Oriente Próximo o Venezuela), que se tradujese en una retracción de la dinámica comercial.

Mientras tanto, la cuestión social y el conflicto entre capital y trabajo, muestran de nuevo brotes de conflictividad, si bien fragmentarios y escasamente organizados o con pretensión de movilización general escasamente politizada. A pesar de ello, el avance del capital sobre el mundo del trabajo y sus condiciones laborales está lejos de restaurar las bases para una acumulación vigorosa a niveles suficientes.

Cualquier avance en la rentabilidad del capital supondrá una ofensiva contra las condiciones de vida de las mayorías productivas, y por esta razón cabe esperar un nuevo ciclo de agresiones laborales, sociales y económicas. Quizá este ciclo esté necesitado de relegitimación –que podría basarse en dar respuesta parcial a aspiraciones locales, corporativaso sectoriales, buscando nuevos enemigos internos o exteriores, creando nuevas divisiones sociales- para poder ser aceptado por una parte de las clases populares mediante una “revolución pasiva”.

Por el momento, cabe decir que la presencia de fuerzas políticas de cambio en el Estado español, está sirviendo de dique de contención, aun cuando, es preciso señalarlo, las tareas de organización social y política en el mundo del trabajo han sido muy difusas o inexistentes. Mientras tanto, se han ido expresando y extendiendo nuevos conflictos laborales en sectores precarizados. Resta ahora la tarea de unificarlos, articularlos y darles perspectivas sindical y sociopolítica.

2. Los fundamentos económicos de la metamorfosis capitalista y lo que está en juego 

El capitalismo sigue su largo y tenso tránsito hacia su metamorfosis, en la que las crisis climática, energética y geoestratégica están desempeñando un papel central. Los factores endógenos del sistema también desempeñan un papel nítido, como se reflejan en las dificultades para la recuperación de la tasa de beneficio. El conflicto social y laboral se expresa de manera fragmentaria a nivel internacional y a veces con un carácter sectorial, en defensa de los servicios públicos y derechos sociales, o territorial. A la crisis objetiva se le suma una crisis de subjetividad antagonista que, sin embargo, no impide la formación de sujetos e iniciativas políticas en determinados países con una audiencia de masas cada vez más significativa e influyente.

Si nos centramos en los factores endógenos, en los que sin duda influye la política económica, observamos, también en la economía española, una clara tendencia a la caída de la tasa de rentabilidad empresarial. Sin embargo, la variable que sigue el sector privado es la tasa de beneficio efectiva, que consiste en los resultados económicos obtenidos tras descontar los costes financieros de las operaciones e inversiones realizadas. La inaudita política monetaria expansiva del BCE, y otros bancos centrales, han abaratado los tipos de interés y los costes de financiación, sobre todo para las grandes empresas, permitiendo una recuperación hasta 2017 que, sin embargo, no ha permitido evitar el descenso del tipo de beneficio efectivo, que apenas ha sostenido su nivel en estos últimos años de postcrisis. Ni que decir tiene que el nivel de tipo de beneficio efectivo actual es sencillamente minúsculo para poder reactivar la acumulación a niveles sostenidos.

 Elaboración propia a partir de la Central de Balances del Banco de España.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Central de Balances del Banco de España.

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Fuente: Elaboración propia a partir de la Central de Balances del Banco de España.

Se puede afirmar que sólo dos fenómenos podrían facilitarlo: una amplía destrucción de capital, algo que sólo se produjo en los años 30, y que ahora todas los grupos capitalistas procuran evitar induciendo una política de socialización de deudas y pérdidas; o una elevación de la tasa de explotación del mundo del trabajo en profundidad, algo que aún está lejos de alcanzarse a pesar de los avances. Mucho nos tememos que el segundo escenario ya se ha iniciado. Pero no podemos descartar que fenómenos de crisis financiera y bancaria global –no inmediata, pero sí en los próximos años- o de disputa geoestratégica, con una reconfiguración de bloques internacional, desencadenen una lucha intercapitalista con efectos en el primer factor.

Pero por el momento, las clases capitalistas transnacionales siguen su vieja lógica de rivalidad entre hermanos para, al final, ponerse de acuerdo en depositar toda la carga en los y las de abajo.

A este respecto, la inversión, otro de los elementos fundamentales de la economía, es tanto motor de la producción, como elemento que se ve, parcialmente, animado por dicha tasa de beneficio efectivo 1/.

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Fuente: Elaboración propia a partir del Banco de España.

Cabe referirse a que el actual capitalismo tardío financiarizado está sujeto a nuevas contradicciones. Las políticas monetarias expansivas proempresariales y la regulación flexible del sistema bancario moderno han incrementado los niveles de deudahasta niveles desconocidos, estableciendo un nuevo obstáculo para el vigor de la economía capitalista. Lo que en su momento permitió un estímulo a las inversiones y el consumo 2/, dadas las facilidades financieras, desde 2008 representa un lastre patrimonial y una carga para las mismas.

La ampliación de la deuda privada, especialmente de las empresas financieras e industriales, se extendió hasta 2010, su punto más alto. Desde entonces, hemos asistido a un proceso de desendeudamiento privado. Desde mediados de 2010, las ratios de la deuda de las familias y de las empresas españolas sobre el PIB se han reducido. Estas ratios han pasado del 84 al 64 % y del 107 % al 83 % del PIB, respectivamente, hasta diciembre de 2016.

Este proceso de desendeudamiento viene acompañado de un crecimiento de la deuda pública, debido a una política económica, fiscal, de gasto y monetaria, que carga los costes de la crisis a lo público y el grueso de los contribuyentes reales (los y las trabajadoras). Con una deuda pública de apenas el 37 % del PIB en 2007, en 2014 se llega a un 100 %. En 2016, La deuda pública española se encuentra en torno al 99,4 %, si admitimos el cómputo del Banco de España para 2016, fruto, principalmente, del crecimiento económico de la recuperación reciente y la consiguiente moderación relativa del déficit público al 4,5 % del PIB.

A pesar del significativo desendeudamiento, y al igual que en muchas otras economías, la carga de la deuda en la economía española es aún enorme. Del mismo modo que ha hipotecado el impulso de esta recuperación, jugará un papel central en un periodo adverso al acentuar la recesión que está por venir. Y concentrará la tensión política en torno a ella, puesto que las clases dominantes están haciendo todo lo políticamente posible por socializar dicha deuda entre las clases populares, convirtiéndola en pública mediante diferentes operaciones económicas. De entrada a nivel nacional –política fiscal y de gasto- y, a continuación, a escala europea (y lo que podría representar un futuro Fondo Monetario Europeo).

Por último, cabe referirse a que los tipos de interés, nulos en términos nominales y negativos en los reales, se encuentran en mínimos insuperables, y los procesos de adquisición de deuda corporativa suponen el último estadio de dicha conversión de deuda privada en pública, por la vía de la política monetaria, complementando a la fiscal hasta ahora realizada. En un contexto en el que la Reserva Federal cambia la tendencia, con tipos superiores, y con un relativo crecimiento, todo apunta a un escenario de ascenso que, para economías como la española y especialmente sus sectores más endeudados en términos de su patrimonio, constituirían un duro golpe.

La crisis de solvencia del sistema bancario fue uno de los desencadenantes de la Gran Recesión. Desde entonces se han desarrollado fabulosas operaciones de rescate público, fortísimos procesos de quiebra y concentración bancaria o procesos tan importantes que condujeron a una veloz bancarización de la mitad del sistema financiero, entregando, con ayuda pública, las cajas de ahorrosa la gran banca española.

Recientemente hemos visto a escala europea las consecuencias no resueltas de la crisis anterior en Italia o Alemania. En el Estado español, con el caso Banco Popular, se ha conjugado una política de favores a grandes inversores internacionales (Blackrock), de rescate indirecto del Banco Santander, y una derivación de la crisis a pequeños ahorradores y trabajadores bancarios. En términos generales, las políticas para tratar la cuestión bancaria han supuesto un enorme coste social en términos de retrocesos en los servicios públicos y los derechos sociales, aparte de la inestabilidad financiera y la ruina de muchos pequeños ahorradores.

Aunque el periodo de pérdidas se ha dejado atrás y el nivel de solvencia se ha aliviado 3/ para una parte de las entidades de crédito supervivientes, los márgenes de intermediación unitario son reducidos, en un contexto de actividad limitado y con la persistencia de activos tóxicos, lo que hace que en 2016 la rentabilidad sobre fondos propios esté en el 4,3%, inferior en 1,3 puntos al de 2015. De esta manera, puede decirse que un pilar vulnerable de la economía capitalista es su estructura financiera, más aún cuando la mayor parte de las políticas públicas se han puesto al servicio de su estabilización, lo que está dando un carácter de régimen político-estatal energético financiarizado 4/ al poder establecido. Este entramado, aún en formación, se está europeizando, y las élites financieras y políticas de la UE están tratando de ensayar, mediante la Unión Bancaria y la posible configuración de un Fondo Monetario Europeo, un mecanismo de protección privilegiada de la gran banca europea que sentará las bases de las futuras alianzas de la burguesía en el continente.

La crisis ecológica, climática y energética sacudirá las sociedades humanas y sus economías, comenzando por elevar los precios de las materias primas. Sin embargo, aunque se constata la escasez en muchas otras materias, en los últimos tres años se ha observado un cambio fortísimo en la oferta de petróleo, que ha desembocado en una caída e inestabilidad acentuada de los precios del crudo.

Entre mediados de 2014 y enero de 2016 el precio del barril de Brent cayó desde los 112 dólares hasta alcanzar un mínimo de 28 dólares, fruto, principalmente de dos fenómenos: el crecimiento de oferta de petróleo no convencional estadounidense, especialmente mediante fractura hidráulica, multiplicando su extracción por 4 desde 2010, y la caída de la demanda general. A partir de febrero de 2016 se produjo una paulatina recuperación del precio del crudo, que se intensificó con los acuerdos alcanzados por la OPEP y otros países productores para recortar la producción. El barril de Brent llegó a cotizar a 57 dólares a finales de 2016. La prolongación de la producción de petróleo no convencional en Estados Unidos ha presionado de nuevo a la baja sobre los precios y, ya en Agosto de 2017, el barril de Brent vuelve a cotizar en el entorno de los 50 dólares. Ahora bien, se estima que los inventarios a explotar rentablemente mediante fracking tienen los años contados (en torno a 4), algo que políticamente deberemos tener muy en cuenta.

En cualquier caso, un factor decisivo para el curso de la acumulación no es otra que la conformación de la tasa de explotación, que puede aproximarse por la inversa del peso de la remuneración de asalariados en la economía.

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Fuente: Elaboración propia a partir de INE-Contabilidad Nacional Trimestral.

Se ha producido un ajuste salarial que se ha traducido en una caída del peso del fondo de salarios en el PIB, su estabilización tras 2013 responde al aumento del empleo (1,4 millones más entre 2014 y 2017) y caída del paro (17,7 %, favorecido por la población que ha emigrado o que se ha desanimado a encontrar empleo), creado en condiciones desprotegidas (mayor facilidad de despido barato y más de la mitad sin cobertura de convenio) y precarias (26,8 % de temporalidad), con mayores niveles de inestabilidad y altos niveles de empleos a tiempo parcial (16,5 %). La remuneración media por asalariado se ha mantenido en el periodo de recuperación 5/, y sólo ganó unas pocas décimas de poder adquisitivo por la caída de precios de los últimos años en la economía española, algo que no impidió el crecimiento de la pobreza incluso entre las personas empleadas (13,1 % en 2015) y donde persiste una fuerte diferencia salarial en detrimento de las mujeres.

El crecimiento de salarios pactados, entre el 1 y 1,5 % para 2017, van a verse rebasados en 2017 por el IPC (ya en el 1,6 %), que podría situarse en torno al 2 % a final de año. Los sindicatos han mostrado su interés en una mayor recuperación salarial. Está por ver si esta reivindicación se traduce en movilizaciones, que la relativa recuperación podría permitir. Algo que si se realiza con perspectiva política, en el lugar donde más le puede doler, el mundo del trabajo, cuyas reglas son las causantes de un chantaje generalizado a la mayor parte de la población y que la somete a una situación de dominación y explotación, sería imprescindible para doblarle el pulso al poder económico.

Perspectivas políticas para otra economía y otra sociedad

Se abre un ciclo político en el que resulta crucial seguir cuestionando el modo de vida existente, las relaciones de la sociedad con su entorno natural, el cómo disponemos de nuestro tiempo y cómo tomamos nuestras decisiones colectivas. No podemos apelar al miserabilismo, sino interpelar a la reflexión, la autoorganización y la propuesta superadora. No es cierto aquello de que cuanto peor mejor, más bien al contrario. La autoorganización popular resulta más consistente cuando la respuesta dada no es fruto de la desesperación sino del debate y crítica colectivos, y de la perspectiva, experiencia práctica y alternativa que se pueden derivar de ello. Esto es, del noble arte de la política bien entendida. No es cierto que cuanto más recuperación la gente estará más contenta, porque esa recuperación es la de los beneficios y privilegios de unos pocos contra la vida, la bioesfera y el trabajo socialmente útil.

Debemos abordar la cuestión de la centralidad del tablero político entendiendo que este se dibuja en un mapa irregular, donde los polos gravitatorios se separan de su centro. Un mapa que hay que habitar dando respuesta a las aspiraciones políticas emancipatorias y democráticas de la mayoría social, de las clases trabajadoras, abordando las causas de los problemas de las mayorías trabajadoras. Esto es, yendo a la raíz de los mismos, organizando las respuestas alternativas prácticas.

Eso supone cuestionar la arquitectura institucional de la UE; las políticas de austeridad social y rescate permanente del sistema bancario que, combinadas, conducen a una conversión de la deuda privada en pública; implica abordar la cuestión de los sectores estratégicos que debieran reservarse al ámbito público para darles una orientación democrática, social y sostenible ecológicamente; abrir las puertas a la democracia en el espacio del trabajo, para garantizar el derecho a una vida y un empleo digno, estable y mejor pagado, con la reducción y reparto del tiempo de trabajo y el protagonismo de los y las trabajadoras en la producción (y en la reproducción de la vida) como bandera; en un contexto social donde todos los trabajos socialmente útiles se vean reconocidos, extendiendo los servicios públicos, las libertades y derechos sociales de y para todas las personas.

 

1/ La acumulación capitalista, cuyas expresiones e indicadores más claros son la producción y la inversión, se explican tanto por la tasa de beneficio efectivo como por la evolución de la masa de beneficios, tal y como advierte Anwar Shaikh.

2/ El Banco de España estimaba “que el impacto medio anual que ha tenido el descenso de los tipos de interés entre 2008 y 2016 sobre la carga financiera neta ha sido del 1,7% de la renta bruta disponible media de los hogares en este período, del 7,9% del excedente bruto de las empresas no financieras y del 0,4% del PIB en el caso de las AAPP”Ver pág. 40.

http://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesAnuales/InformesAnuales/16/Fich/cap1.pdf.

3/ 12,8 % de ratio de capital ordinario nivel 1, en 2016, según el Banco de España.

4/ El mundo de las finanzas se conjuga y articula con los intereses energéticos e industriales, con intereses cruzados en los consejos de administración, el accionariado y los acreedores. Dado el lugar central de la energía y las materias primas, las corporaciones en estas actividades también tratan de incidir todo lo posible en las políticas públicas.

5/ En el periodo de crisis el peso del fondo de salarios creció, no porque aumentasen los salarios, sino porque se despidió primero a aquellos trabajadores más desprotegidos que coincidían con los salarios más bajos. Aquel efecto estadístico de composición inicial se vio sustituido por un nuevo proceso posterior de sustitución de personas mayores, principalmente con niveles salariales más altos, por personas jóvenes, condiciones más vulnerables, una vez las razones para recurrir al despido barato colectivo se favorecieron con las reformas laborales de 2010 y 2012, del PSOE y PP respectivamente.

 

Daniel Albarracín es sociólogo y economista. Es miembro del Consejo Asesor de viento sur

Categorías: Attac Planet

¿Están los países del ALBA en manos de Rusia y China?

Jue, 31/08/2017 - 07:00

Germán Gorraiz López – ATTAC Navarra-Nafarroa

Las relaciones de Rusia con los países del ALBA vendrán marcadas por el pragmático económico y los acuerdos bilaterales para la venta de productos militares y el traspaso de tecnología a los países sudamericanos, de lo que sería paradigma la creación de un centro de tecnología nuclear en Bolivia. Además, Rusia estaría negociando instalar sus bases militares con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Seychelles y Singapur con el objetivo inequívoco de ampliar el radio militar ruso, pues según el analista Lajos Szaszdi ”la apertura de la bases en el exterior es necesaria para la disuasión estratégica de Rusia, la inteligencia, así como para verificar los acuerdos del desarme y también determinar qué planes hay de parte del Pentágono en caso de operaciones o intervenciones en el extranjero”.(1)

¿Nueva Crisis de los Misiles en Cuba?

Moscú es actualmente el noveno socio comercial de la Habana y como prólogo a la visita de Putin a la Isla, la Duma rusa habría ratificado la condonación de la deuda de Cuba con la URSS estimada en 35.200 millones $ y el resto (3.520 millones) será abonado por Cuba en diez años y reinvertido por Rusia en la economía cubana. Putin se reunió con Raúl y Fidel Castro para abordar temas concernientes a la cooperación técnico-militar entre Moscú y La Habana y tratar asimismo temas como la cooperación energética, transporte, aviación, espacio y salud además de firmar varios acuerdos.

Respecto al acercamiento de EEUU a Cuba, Donald Trump habría adoptado como leit motiv de su Presidencia eliminar todo vestigio del legado obamaniano. Así, tras el intento de finiquitar el Obamacare, el anuncio de revisión del Tratado NAFTA y la retirada de EEUU del Acuerdo de París contra el Cambio Climático,( medidas cosméticas fruto de la paranoia personal de Trump que no verán su plasmación en la legislacion estadounidense por la rotunda oposición de amplios sectores de la sociedad civil y de la división de la clase política republicana), el siguiente paso será intentar deshacer los avances diplomáticos y comerciales alcanzados con Cuba bajo el mandato de Barack Obama.

Los cambios propuestos por la administración Trump tienen como intención aumentar las regulaciones y la supervisión para dificultar a las empresas estadounidenses rubricar acuerdos con Cuba así como para que los estadounidenses continúen viajando al país y serían fruto de la extenuante presión de los destacados representantes cubano-americanos Marco Rubio y Mario Díaz-Balart, ambos republicanos. Según un estudio realizado por Engage Cuba , la nueva política “le costaría 6.600 millones de dólares a la economía estadounidense y afectaría a 12.295 empleos durante el primer mandato de Trump” (2).

Finalmente, la renovación automática por parte de EEUU por un año más del embargo comercial a la isla podría suponer para Cuba pérdidas estimadas en cerca de 70.000 millones de $ por lo que la miopía geopolítica de la Administración Trump podría provocar la firma de un nuevo tratado de colaboración militar de Cuba con la Rusia (rememorando el Pacto Secreto firmado en 1.960 en Moscú entre Raúl Castro Y Jruschov) que incluiría la instalación de una base de Radares en la abandonada base militar de Lourdes para escuchar cómodamente los susurros de Washington amén de misiles Iskander, pudiendo reeditarse la Crisis de los Misiles (octubre 1962).

¿Podrá evitar Nicaragua la asfixia económica?

La nueva estrategia de EEUU sería estrechar lazos comerciales y militares con los países de Petrocaribe ante el peligro de contagio mimético de los ideales revolucionarios chavistas al depender en exclusiva de la venezolana Petrocaribe para su abastecimiento energético, empezando por el presidente dominicano Danilo Medina. Por su parte, China habría asumido el reto de construir un nuevo canal en Nicaragua (Gran Canal Interoceánico) similar al canal del istmo de Kra que tiene proyectado entre Tailandia y Birmania para sortear el estrecho de Malaca, convertido “de facto” en una vía marítima saturada y afectada por ataques de piratas e inauguró en el 2010 el gasoducto que une a China con Turkmenistán y que rodea a Rusia para evitar su total rusodependencia energética al tiempo que diversifica sus compras, por lo EEUU procederá a desestabilizar el gobierno de Daniel Ortega dentro de su estrategia geopolítica global de secar las fuentes energéticas chinas.

Finalmente, la instalación el pasado abril de una estación satelital rusa en Managua (laguna de Nejapa) para “controlar el narcotráfico y estudiar los fenómenos naturales” habría provocado el nerviosismo del Pentágono que acusa a Rusia de “estar usando Nicaragua para crear una esfera de espionaje militar” mediante el Sistema Global de Navegación por Satélites (Glonass), el equivalente al GPS de EEUU.(3). En consecuencia, la Administración Trump recurrirá a la doctrina kentiana, “expuesta por Sherman Kent en su libro “Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana” (1949). Los fines de estos tipos de guerra fueron descritos por este autor de la siguiente manera: “en estas guerras no convencionales se trata de hacer dos cosas: debilitar la voluntad y la capacidad de resistencia del enemigo y fortalecer la propia voluntad y capacidad para vencer” y más adelante añade que los instrumentos de la guerra económica “consisten en la zanahoria y el garrote”: “el bloqueo, la congelación de fondos,el ‘boicot’, el embargo y la lista negra por un lado; los subsidios, los empréstitos, los tratados bilaterales, el trueque y los convenios comerciales por otro”

Así, hemos asistido a la aprobación por el Congreso y el Senado de EE.UU del proyecto de ley conocido como Nica Act (Nicaraguan Investment Conditionality Act of 2017) (4), que siguiendo la estrategia kentiana busca congelar los préstamos internacionales de instituciones satélites de EEUU (Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo), a Nicaragua con el objetivo confeso de provocar su inanición financiera , quedando Putin y China como únicos garantes de evitar su asfixia económica.

Venezuela en la encrucijada

Rusia y Venezuela esperan potenciar el comercio bilateral y constituir un nuevo esquema de unión dentro de la alianza estratégica, utilizando monedas nacionales en las transacciones comerciales entre ambos países para luego utilizarlas como fuente de acumulación de reservas y así adquirir preeminencia frente al dólar en las operaciones financieras internacionales, dentro de la ofensiva de Putin para acabar con el papel del dólar como patrón monetario mundial (5) tras la imposición por parte de EE.UU. de nuevas sanciones contra Rusia. Venezuela habría realizado en los últimos años compras de material militar ruso por un montante de 11.000 millones $ que incluirían 24 cazas de combate Su-30 , helicópteros y sistemas de defensa antiaérea y habría recibido préstamos por valor de 5.000 millones $ de la rusa Rosneft a cambio de envíos de crudo y combustible, siendo en la actualidad deudor de unos 1.000 millones $ que serán condonados por Putin, no siendo descartable la instalación de una megabase naval y logística en Venezuela.

Por su parte, el holding ruso Gazprom junto con la compañía estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y la francesa Total E&P habrían firmado un acuerdo para el proyecto de exploración de gas en el bloque Azero en el sur-oriente boliviano que significará una inversión de 4.500 millones de dólares. Sin embargo, el acuerdo chino-venezolano por el que la empresa petro-química estatal china Sinopec invertirá 14.000 millones de dólares para lograr una producción diaria de petróleo en 200.000 barriles diarios de crudo en la Faja Petrolífera del Orinoco, (considerado el yacimiento petrolero más abundante del mundo), serían un misil en la línea de flotación de la geopolítica global de EEUU (cuyo objetivo inequívoco sería secar las fuentes energéticas de China), por lo que no sería descartable un intento de golpe de mano de la CIA contra Maduro si los cancilleres de EEUU y Rusia, Tillerson y Lavrov alcanzan un acuerdo global que incluiría a Ucrania, Siria y Venezuela y que dibujaría las zonas de influencia geopolítica mundial, quedando Venezuela como víctima colateral de la Guerra Fría 2.0.

Categorías: Attac Planet

Nacionalización de las compañías eléctricas: No es una consigna, es una necesidad

Mié, 30/08/2017 - 07:00

Carlos Martínez – Consejo Científico de ATTAC España

La desigualdad que impera en el estado español, no tiene tan solo una motivación salarial, por más que el salario de las y los trabajadores lleve años depreciándose en favor de las patronales y las multinacionales que los explotan –no digamos si encima trabajan eventuales en la hostelería- en el precariado así como con la ausencia de subsidios de desempleo de más de dos millones de personas. Siendo todos estos factores muy importantes que incrementan la desigualdad, capitales diría yo, he incluyo en estos factores de desigualdad, el salario de las pensiones, pues son eso, debido a su generación mediante el trabajo y los años cotizados por los y las pensionistas-trabajadoras. Otro factor de la desigualdad son las cargas que de forma obligatoria las clases populares deben soportar quieran o no y de las que son esclavas.

Los copagos sanitarios, estarían dentro de esa obligatoriedad hacía las personas humildes. Otra es el precio de la energía eléctrica, la luz. Las gentes –todas- no pueden calentarse, conservar los alimentos, alumbrarse o refrigerarse aunque sea mediante ventiladores baratos, si no tienen luz. Si no les cortan la luz. Si no pagan el recibo de la compañía eléctrica de turno. En el Reino de España cinco compañías, comercializan el 90% de la electricidad y constituyen un oligopolio (Yo diría un monopolio perfecto, pues el oligopolio dicta las normas y controla el mercado en exclusiva a efectos prácticos). Además UNESA su patronal, es en realidad un lobby político con un inmenso poder político, valga la redundancia, que controla al gobierno del PP y tiene importantes tentáculos en otros partidos.

Pero veamos, como se produce esto. Desde 1997 (y no niego que antes no hubieran ya abusos de las eléctricas privadas) la Unión Europea, insta a España a liberalizar y desregular precios. La UE una vez más trabajando en favor del capital privado, el mercado y favoreciendo la desregulación.Nunca en favor de las personas. Pues bien desde 1997 el problema aparece y el Gobierno de turno deja de regular e incluso negociar con representaciones sociales y de consumidores los precios. Ya solo cuentan las empresas privadas del sector.

Saltando un poco en el tiempo, el ex ministro Soria y el secretario de estado de energía Alejandro Nadal con el impulso político de Aznar y de Rajoy, se convierten en los grandes valedores del negocio-timo-robo de los precios y de la especulación eléctrica.

Las políticas Soria-Rajoy nos han convertido en base a operaciones matemáticas tan complicadas como favorecedoras del interés privado no en consumidores, no, sino en deudores. Se idea un asunto llamado “déficit tarifario” con diversas excusas, como la de la moratoria nuclear al objeto de que en el recibo que se sube a capricho mediante unas subastas, tenga una justificación. Subastas de la luz que es un servicio público, en el que participan las eléctricas siempre. Que provocan las extrañas subidas de las que el personal jamás se entera. Solo cuando paga, y como el recibo de la electricidad hay pagarlo si o si, pues las clases trabajadoras, el pueblo humilde y las personas pobres pagan y sufren. Pero si no pagan las consecuencias son terribles. Las empresas trafican con la necesidad imperiosa y el Gobierno de forma corrupta cubre y justifica al oligopolio eléctrico.

Estamos ante un inmenso caso de corrupción de la legitimidad. Puede ser legal, pero ni es legítimo, ni democrático, ni humano. Es la pura dictadura de los mercados, en este caso del mercado eléctrico.

Entonces, ¿cuál es la solución? Desde luego las medidas personales y el ahorro individual son una simpleza que no soluciona el problema y solo sirven para echar la culpa al pueblo acusándolo de despilfarro que es la cantinela para justificar la austeridad impuesta. Las iniciativas de cooperativas de consumidores son importantes e interesantes, pero no llegan a la inmensa mayoría de las clases populares, que cuando más pobres y necesitadas o precarias son, menos se enteran. Las soluciones deben ser colectivas, no individuales ni de incremento de una “competencia” que al final el oligopolio eléctrico acaba cooptando o marginando. La única solución realista es la nacionalización de las eléctricas. Convertir la electricidad en un servicio público y con control democrático, lo cual no quiere decir ineficaz. Para ineficacia la del oligopolio. La privada. Hay comarcas españolas con constantes cortes de luz, comarcas y barrios urbanos enteros donde hace más de treinta años que no se renuevan ni modernizan las infraestructuras eléctricas que sirven a la población. Redes anticuadas e incluso peligrosas. Apagones por cualquier tormentilla y viento racheado de media intensidad. Falta de atención. Mala educación, abuso y vejaciones contra los y las usuarias. Cortes de suministro a personas pobres, ancianas excluidas o familias en el paro que por pura necesidad no pueden hacer frente al recibo (luz o comer). Junto a un robo constante y encubierto a toda la población.

Para un socialista, que el asunto de los servicios públicos y lo público debiera estar meridianamente claro, la nacionalización de quienes cometen fraude constante es una obligación ética y moral. Para cualquier persona honrada y de bien no consentir este expolio ilegitimo es una obligación de primer orden.

Hasta ahora las compañías eléctricas nunca han sido auditadas. Nadie sabe a ciencia cierta de donde sale la deuda y el maldito déficit tarifario. La Unión Europea no puede ser lo que es y que no se si tiene solución (desde luego para un obrero medio de Gales o del norte de Inglaterra, no), pero lo que está claro que su política de imponer privatizaciones es un fracaso para las personas. La UE es un factor muy activo en el incremento de las desigualdades y lo podemos comprobar no solo en este sector económico, sino en otros.

Por eso hemos de reclamar con fuerza por coherencia, por honradez y por inteligencia la nacionalización de la energía eléctrica. En cuanto a los pagos compensatorios que estas compañías reclamen, pues una auditoria seria y veraz y seguro nos deben dinero a todas y todos los ciudadanos y habitantes del estado español.

 

Carlos Martínez es co primer secretario de Alternativa Socialista/Socialistas

Categorías: Attac Planet

¿Hemos salido de la crisis?

Mar, 29/08/2017 - 07:00

Juan Francisco Martín Seco - Consejo Científico de ATTAC España

Dediqué el artículo de la semana pasada a hacerme eco de un mensaje lanzado desde los ángulos más diversos y recogido en la totalidad de los medios, el recuerdo del comienzo de la crisis, allá por agosto de 2007, hace exactamente una década. Pretendí mostrar cómo todos estos discursos transmitían una opinión parcial e incompleta acerca de la gran recesión ignorando su causa última; y al final de mi argumentación dejaba para otro artículo ocuparme de la segunda parte del mensaje, consistente en la tajante aseveración de que la crisis ha llegado a su final en España y en toda Europa. Así lo manifestaba la propia Comisión en una rueda de prensa, en la que tanto el vicepresidente, Valdis Dombrovskis, responsable del euro y del diálogo social, como el comisario Pierre Moscovici, responsable de asuntos económicos y financieros, aseguraban que diez años después del comienzo de la crisis mundial la recuperación de la economía europea se ha consolidado plenamente.

Esta aseveración puede ser cierta en un sentido más bien reduccionista y simple, entendiendo que la crisis se ha superado por el simple hecho de que las tasas de crecimiento en todos los países se sitúen en cifras positivas. De acuerdo con esta interpretación, los datos no dejan lugar a dudas. La semana pasada Eurostat publicó las cifras macroeconómicas correspondientes al segundo trimestre para toda la Unión Europa (UE), según las cuales la Eurozona en su conjunto está creciendo al 2,2% en tasas interanuales. Hasta Francia e Italia, que últimamente se encontraban en una situación más delicada, se apuntan también al crecimiento. Solo Grecia permanece en tasas negativas. Por el contrario, España, con el 3,1%, se sitúa muy por encima de casi todos los países, exceptuando a Polonia, República Checa, Rumanía o Letonia, con tasas por encima del 4%, y que son las que empujan hacia arriba la media.

Pero no todo es el PIB, sobre todo si se le considera puntualmente en un periodo concreto. Malamente se puede afirmar que se ha superado la crisis cuando no se han corregido aquellas variables y hechos que la originaron, comenzando por lo que constituye el cáncer de la Unión Monetaria (UM): la fuerza centrifuga que incrementa poco a poco la divergencia entre sus miembros. Alemania y algunas otras naciones económicamente satélites, sí pueden afirmar que están bastante mejor que cuando se inició la crisis, pero no los países del Sur como Portugal, España, Italia, no digamos Grecia, e incluso Francia.

La aseveración anterior se confirma de manera clara si comparamos el lugar que la renta per cápita de los distintos países ocupaba y ocupa respecto a la media de la de Europa de los 15, en 2007 y en 2016. Alemania pasa de representar el 104,7% al 113,9%; mientras que Italia desciende del 95,6% al 88,7%, España del 92,2% al 84,4% y Grecia se desploma del 82,9% al 62,2%. Estos datos tienen su lógica traducción en las tasas de paro. Alemania desciende del 8,6 al 4,1%, mientras que el desempleo se incrementa en España desde el 8,2% de la población activa al 19,6; en Italia del 6,1% al 11,7 y en Grecia del 8,4 al 23.6%.

En esta década ominosa, no solo es la desigualdad entre los países la que se ha incrementado, sino también las diferencias dentro de los propios Estados. Por ejemplo en España, los salarios -tanto los privados como los públicos- han perdido poder adquisitivo y están muy lejos de encontrarse a los niveles del comienzo de la crisis, de manera que si entonces la pobreza se centraba exclusivamente en los parados o pensionistas, hoy afecta también a muchos de los que disponen de un trabajo. Ha sido el propio presidente del Banco Central Europeo (BCE) el que hace poco manifestó que la recuperación no había llegado a los sueldos. Tampoco las prestaciones y los servicios públicos han retornado a los niveles de hace diez años. No se han corregido muchos de los ajustes aplicados que, lógicamente, han afectado en mayor medida a las rentas bajas.

No se puede afirmar que se ha superado la crisis cuando se mantienen los mismos desequilibrios y contradicciones que la han causado. Es más, algunos factores como el endeudamiento han empeorado. El hecho de que casi todos los países miembros poco a poco se hayan ido situando en tasas de crecimiento positivas se debe, por una parte, a un factor extrínseco a la Unión Monetaria, el descenso del precio del petróleo, y, por otra, a la actuación -aunque tardía- del BCE y a la política por él aplicada de bajos tipos de interés y expansión cuantitativa, política que no puede durar indefinidamente. La pregunta que, quiérase o no, surge es qué puede ocurrir cuando el BCE vaya retirando poco a poco las ayudas instrumentadas.

Hay, además, una razón adicional y de gran importancia para que países como Portugal y España hayan abandonado el espacio de tasas negativas del PIB y es que han corregido el desequilibrio fundamental que los tenía postrados y encerrados en una especie de ratonera, el saldo del sector exterior. En España en 2008 el déficit de la balanza por cuenta corriente se elevaba al 9,6% del PIB, cifra inquietante que, con el consecuente endeudamiento exterior, nos había precipitado a la recesión y nos mantenía atados a ella. La “conditio sine qua non” para el despegue económico consistía en cerrar este desfase entre importaciones y exportaciones. En condiciones normales, la solución pasaba por la depreciación de la moneda, como así de hecho había ocurrido en las otras muchas ocasiones que a lo largo del tiempo el déficit exterior (mucho más reducido que el de 2008) había estrangulado la economía española. Este camino en las circunstancias actuales estaba vedado al pertenecer España a la UM. Las autoridades económicas nacionales e internacionales señalaban una única salida, lo que se ha dado en llamar devaluación interna.

La devaluación interna persigue alcanzar los mismos efectos que la depreciación del tipo de cambio con la diferencia de que lo hace por un camino indirecto mucho más alambicado e injusto. Consiste en conceder todo tipo de ventajas a los empresarios con la finalidad de conseguir que los precios internos se reduzcan con respecto a los precios exteriores. Para ello persigue, por una parte, deprimir los salarios y, por otra, minorar la cargas sociales y fiscales a las empresas. Este fue uno de los motivos por los que algunos estuvimos en contra de la UM desde sus inicios. Preveíamos que en cuanto comenzasen las dificultades, que sin duda iban a surgir, el ajuste recaería sobre los trabajadores, y que la imposibilidad de devaluar la divisa, unida a la libre circulación de capitales, constituiría un arma letal en contra del Estado social y de los derechos laborales.

Tengo que reconocer que cuando Europa y el Gobierno la plantearon, al margen de su valoración social y ética, albergaba muchas dudas de que la devaluación interior consiguiese su objetivo, al menos en la cuantía necesaria. Dado que nos movemos en una economía de mercado -en la que, por supuesto, los precios no pueden ser intervenidos ni limitados los beneficios de los empresarios-, temía que la disminución de los salarios se tradujese en un incremento del excedente empresarial en lugar de trasladarse a los precios. Desde luego, este efecto se ha producido en la realidad, pero el ajuste ha sido tan brutal, y la reducción de la retribución de los trabajadores tan cuantiosa que, a pesar de la modificación de la redistribución de la renta en contra de los trabajadores y a favor de los empresarios, los precios interiores han descendido en la cuantía suficiente para equilibrar el saldo del sector exterior.

Resulta casi increíble que la economía española haya pasado de un déficit en la balanza por cuenta corriente del 9,6 en 2008 a un superávit del 1,9% en 2016. Bien es verdad que en este ajuste han colaborado el descenso del precio del petróleo y los bajos tipos de interés, que han reducido la carga financiera frente al exterior, pero resulta innegable que la devaluación interna y los recortes presupuestarios han ocupado un lugar transcendental en el cierre de la brecha que existía en la balanza de pagos y con ello en la superación de las tasas negativas del PIB y en la creación de empleo. Lo evidente conviene no negarlo.

Esta evidencia deberían tenerla en cuenta tanto el Gobierno como sus críticos. El primero para relativizar los éxitos económicos de los que se ufana, pues este crecimiento económico se esta logrando a base de someter a la sociedad a una cura de caballo, con recortes significativos en el gasto público y una depresión muy elevada en el nivel salarial. Se está pagando un precio muy alto, principalmente por parte de las clases bajas, quebranto que están aún muy lejos de superar; es más, la probabilidad de poder resarcirse en el futuro es muy escasa, ya que precisamente la recuperación económica, ante la imposibilidad de devaluar la moneda, está basada en una política deflacionista. ¿Merece la pena? ¿Podemos afirmar que se ha superado la crisis? Los críticos del Gobierno, pero defensores de la UM, tendrán que tener sumo cuidado en no incurrir en contradicción. Cuando se quejan de que la recuperación económica no ha llegado a todo el mundo deberían preguntarse si bajo las coordenadas en las que se ha construido la moneda única, el crecimiento económico no se fundamenta obligatoriamente en la desigualdad, tanto interterritorial como personal.

La devaluación monetaria distribuye el coste de forma igualitaria, modifica únicamente la relación de precios interiores frente a los exteriores, pero deja intactos los precios relativos (incluyendo los salarios) en el interior. Todos se empobrecen en la misma medida frente al exterior, pero no experimentan ningún cambio relativo en su capacidad económica respecto a los otros agentes internos. La deflación competitiva, por el contrario, resulta totalmente injusta, ya que distribuye el coste de una manera desigual y caótica: afectará exclusivamente a los salarios y a aquellos empresarios, principalmente los pequeños y que carezcan de defensa, mientras que las grandes empresas que actúan en sectores donde la competencia no existe, no solo no asumirán coste alguno sino que incluso verán incrementar sus beneficios. Tampoco todos los salarios se comportarán de la misma manera ni se reducirán en la misma cuantía.

Las dudas acerca de que sea cierta la afirmación de que hemos salido de la crisis surgen además en las incertidumbres y desequilibrios que subsisten para el futuro. Si la casi totalidad de los países del Sur han corregido su déficit exterior, no así Alemania que lejos de reducir su superávit lo ha incrementado (8,5% en 2016), ni Holanda que aunque lo ha minorado algo, continúa manteniéndolo a un nivel muy elevado (7,9% en 2016). Es decir, el ajuste ha recaído exclusivamente sobre los países deudores sin que los acreedores hayan hecho el mínimo esfuerzo para corregir el desequilibrio en el sector exterior, y todo indica que Alemania -que es la protagonista principal- no piensa dar marcha atrás en esta política de cara al futuro, lo que siembra toda clase de nubarrones sobre la Eurozona.

En estos mismos días, el presidente del BCE manifestaba su preocupación por que la cotización del euro era excesivamente alta y, además, mostraba una elevada resistencia al descenso. ¿Podría ser de otra forma cuando la primera economía de la Eurozona presenta un superávit de su balanza de pagos por cuenta corriente cercano al 9%? El problema del BCE es que tendría que instrumentar dos políticas monetarias, una para el Norte y otra para el Sur, lo que es radicalmente imposible.

De momento, la economía española ha abandonado el espacio de la recesión y se ha adentrado en tasas positivas del PIB. ¿Pero a qué coste y con qué secuelas? ¿Qué ocurrirá cuando el precio del petróleo se eleve o el BCE cambie de política monetaria y suban los tipos de interés?, ¿qué sucederá si vuelven a presentarse choques asimétricos?, ¿y qué acontecerá si la balanza de pagos comienza a resentirse y retorna de nuevo a cifras negativas? En la actualidad, nuestra capacidad para incrementar el endeudamiento exterior es nula. ¿Deberemos mantener, en consecuencia, una política deflacionista permanentemente? No, la crisis, la verdadera crisis, la que se deriva de la pertenencia a la Unión Monetaria, no se ha superado ni se superará mientras se permanezca en ella.

Republica.com

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La restauración neoliberal tropieza en América Latina

Lun, 28/08/2017 - 07:00

Emir SaderLa Jornada

Parecía todo redondo: los gobiernos populistas serían un breve paréntesis en el continente, en la contramano de las corrientes globales. En la derecha y en la ultraizquierda, el análisis estaba listo: fin de ciclo de los gobiernos antineoliberales.

Problemas graves en Venezuela, derrota electoral en Argentina, revés en Bolivia, golpe en Brasil, entre otros, pronosticaban que la derecha volvería. La anunciada restauración neoliberal ganaba cuerpo en Argentina con el flamante gobierno de Mauricio Macri y en Brasil con el de Michel Temer. La derecha se preparaba para conmemorar victorias en Ecuador, en Chile, en México, en Colombia, a lo mejor incluso en Bolivia, entre otros países del continente. Estados Unidos proclamaba que su periodo de más grande aislamiento en América Latina terminaba.

Los que se incomodaban con los gobiernos que más conquistas habían logrado en el continente, pero que no correspondían a sus equivocadas previsiones, volvían a aparecer, después de haber estado ausentes, sin discurso alguno. Fueron los más contundentes en prever el fin de ciclo de gobiernos que desmienten todo lo que ellos han dicho. Alivianados, podrían volver a sus viejas y siempre desmentidas tesis académicas.

Pero las cosas no han evolucionado como preveían los conservadores. Ni los gobiernos de Macri y de Temer logran cumplir con lo que prometían, ni tampoco en otros países el panorama corresponde a lo que la derecha esperaba.

Los modelos de restauración neoliberal, puestos en práctica en Argentina y en Brasil, ni han retomado el crecimiento económico, ni tampoco han superado la crisis. La recesión se perpetúa y se profundiza en esos países, el desempleo llega a niveles récord, la situación social se degrada, los apoyos de esos gobiernos caen, a punto de que el gobierno de Temer tiene menos de 5 por ciento de apoyo.

Se confirma que la retomada del viejo proyecto, ya aplicado en los 80 y los 90 del siglo pasado en varios países de la región, no tiene ninguna capacidad de dar solución a los problemas de esos países. Al contrario, disminuir las inversiones estatales, los recursos para las políticas sociales, cortar los derechos de los trabajadores, sólo han ahondado la crisis. La restauración neoliberal desemboca en un fracaso.

Por otra parte, la crisis venezolana, frente al agotamiento de los métodos de acción de la oposición y de las amenazas desastrosas de Trump, así como frente a la elección de una Asamblea Constituyente, han generado una situación de crisis para la oposición. Sus manifestaciones han bajado de tono, el desconcierto cunde en sus filas.

En países como México, Colombia, Chile, a su vez, la izquierda tiene perspectivas reales de victoria en las próximas elecciones presidenciales. Andrés Manuel López Obrabor aparece como favorito en las encuestas, al tiempo en que los partidos tradicionales de la derecha, el PRI y el PAN, tiene hasta dificultades de unificarse mínimamente a su interior y lanzar candidatos competitivos.

En Colombia, Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá, disputa en las encuestas el liderazgo con el candidato más cotizado de la derecha, Vargas Peñaloza, mientras el partido de Uribe busca un nombre, en medio de la caída del apoyo del ex presidente, que por primera vez tiene su nivel de rechazo más alto que el de apoyo.

En Chile, cuando la derecha ya se preparaba para conmemorar el retorno de Sebastián Piñera, frente a la incapacidad del gobierno de Bachelet de siquiera tener un candidato propio, el Frente Amplio desarrolla una importante campaña con la candidatura de Beatriz Sánchez, una gran líder del sector de la educación en el país, y se ubica en segundo lugar en las encuestas.

En Ecuador, aun con un resultado apretado, el problema no viene del retorno de la derecha, sino de disensiones dentro del gobierno de Lenín Moreno y de Alianza País. Conflictos que no dejan de preocupar, aún más por el tono que asumen los reproches mutuos. Pero son diferencias dentro de un mismo proceso.

En Bolivia, desecha completamente la farsa de las acusaciones personales en contra de Evo Morales, que se han revelado un completo montaje de la oposición, el MAS se prepara para encarar la forma de poder volver a presentar la candidatura de Evo, sustentado en el apoyo masivo que tiene su gobierno.

Ha pasado el auge de la contraofensiva de la derecha, que pierde aliento y no presenta ninguna propuesta novedosa que pudiera configurar realmente un fin de ciclo, superado por nuevo periodo histórico. Son intentos de volver al viejo modelo neoliberal que, ni en América Latina, ni en ningún otro lado, presenta capacidad de superar la crisis generalizada a que ese mismo modelo ha tirado la gran mayoría de las economías de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Es de las mismas fuerzas que han protagonizado el extraordinario proceso de lucha en contra del neoliberalismo, que pueden surgir nuevas perspectivas para retomar y dar continuidad, en las nuevas condiciones históricas a ese proceso.

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