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Plataforma del movimiento internacional ATTAC

Movimiento internacional para el control democrático de los mercados financieros y de sus instituciones Adoptado por la reunión internacional de París los días 11 y 12 de diciembre de 1998 

La mundialización financiera agrava la inseguridad económica y las desigualdades sociales. Menoscaba las opiniones de los pueblos, de las instituciones democráticas y de los Estados soberanos encargados de defender el interés general. Los sustituye por lógicas estrictamente especulativas, que únicamente expresa los intereses de las empresas transnacionales y de los mercados financieros.

Los ciudadanos y sus representantes ven cómo se les discute el poder de decidir su propio destino en nombre de una transformación del mundo presentada como una ley natural. Esto genera una sentimiento tal de impotencia que favorece el avance de partidos antidemocráticos.

Es urgente detener este proceso, creando nuevos instrumentos de regulación y de control a nivel nacional, europeo e internacional. La experiencia ha demostrado de sobras que los gobiernos no lo harán si no se les presiona. Para responder al doble desafío de la regresión social y de laa desesperanza política es necesario un impulso enérgico, cívico y militante.

La libertad total de circulación de capitales, los paraísos fiscales y el crecimiento accelerado del volumen de transacciones especulativas, arrastran a los Estados a una enloquecida carrera para ganarse los favores de los grandes inversores. Más de 100.000 millones de dólares van y vienen cada día a través de los mercados financieros, a la búsqueda de una ganancia instantánea, sin ninguna relación con la producción ni con la comercialización de bienes y servicios. Un proceso tal tiene como consecuencia el crecimiento permanente de las rentas del capital en detrimento de las del trabajo, la generalización de la precariedad y la extensión de la pobreza.

Las consecuencias sociales de esta evolución son aún más graves en los países dependientes, azotados de pleno por la crisis financiera y sometidos al dictado de los planes de ajuste del FMI. El pago de las deudas públicas obliga a los gobiernos a reducir al mínimo los presupuestos de servicios sociales y condena las sociedades al subdesarrollo. Las tasas de interés, mucho más elevadas que en los países del Norte, contribuyen a destruir las empresas nacionales y se desarrollan privatizaciones y desnacionalizaciones salvajes para encontrar los recursos exigidos por los inversores

En todas partes se cuestionan las conquistas sociales. Cuando existe un sistema de jubilación, se invita a los trabajadores a cambiarlo por fondos de pensiones, lo cual conduce a someter un poco más sus propias empresas al beneficio inmediato como único imperativo, a extender la zona de influencia de la esfera financiera y a persuadir a los ciudadanos de la obsolescencia de las relaciones solidarias entre naciones, pueblos y generaciones. La desreglamentación afecta al conjunto del mercado de trabajo, y tiene como consecuencias el aumento de la precariedad y del paro y el desmantelamiento de los sistemas de protección social.

Con el pretexto del desarrollo económico y del empleo, los grandes países no han renunciado a firmar un ACUERDO MULTILATERAL SOBRE LAS INVERSIONES (AMI) que daría todos los derechos a los inversores e impondría todos los deberes a los Estados. Ante la presión de la opinión pública y de la movilización militante, han tenido que abandonar su proyecto de negociar este acuerdo en el marco de la OCDE, pero la discusión deberá proseguir en el marco de la Organización Mundial del Comercio. Al mismo tiempo los USA, y también la Comisión europea, prosiguen su cruzada librecambista impulsando la creación de nuevas zonas desreguladas a nivel continental o intercontinental (Proyecto de la Asociación Económica Transcontinental, PET, entre Europa y Norteamérica)

Todavía se puede poner freno a la mayor parte de los engranajes de esta máquina de desigualdades, tanto entre Norte y Sur como en el mismo corazón de los países desarrollados. Demasiado a menudo se alimenta el argumento de la fatalidad gracias a la censura de la información sobre las alternativas. Es así como las instituciones financieras internacionales y los grandes medios de comunicación (cuyos propietarios son a menudo los beneficiarios de la mundialización) han cubierto de silencio la propuesta del economista americano James TOBIN, premio Nobel de economía, de gravar con un impuesto las transacciones especulativas en el mercado de divisas. Incluso con un gravamen particularmente bajo del 0,1%, el impuesto Tobin proporcionaría cerca de 100.000 millones de dólares al año. Esta suma, recaudada esencialmente en los países industrializados en los que se encuentran las grandes plazas financieras, podría utilizarse para las acciones de lucha contra las desigualdades, para la promoción de la educación y de la salud pública en los países pobres, para la seguridad alimentaria y el desarrollo duradero. Un dispositivo semejante se inscribe en una perspectiva claramemte antiespeculativa. Alimentaría lógicas de resistencia, volvería a dar márgenes de maniobra a los ciudadanos y a los Estados y, sobre todo, significaría que la política vuelve a predominar.

Con este fin, los firmantes se proponen participar o cooperar con el movimiento internacional ATTAC para debatir juntos, producir y difundir información, y actuar en común, tanto en sus países respectivos como a nivel continental e intercontinental. Estas acciones comunes tienen como objeto:

- poner trabas a la especulación internacional ;
- sancionar a los paraísos fiscales ;
- impedir la generalización de los fondos de pensiones ;
- promover la transparencia de las inversiones en los países dependientes ;
- establecer un marco legal para las operaciones bancarias y financieras, con objeto de no penalizar a los consumidores, — más aún— a los consumidores y a los ciudadanos (los asalariados de las instituciones bancarias pueden jugar un papel importante en el control de estas operaciones) ;
- apoyar la reivindicación de la anulación general de la deuda pública de los países dependientes y el uso de los recursos así liberados a favor de las poblaciones y del desarrollo duradero, lo que muchos llaman el pago de la "deuda social y ecológica".

De una manera general, se trata de:

-   reconquistar los espacios perdidos por la democracia en beneficio del campo financiero ;
-   oponerse a todo nuevo abandono de soberanía de los Estados en nombre del pretendido "derecho" de los inversores y de los mercaderes ;
-   crear un espacio democrático a nivel mundial ;

Se trata simplemente de reapropiarnos, todos unidos, del porvenir de nuestro mundo.