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Por un gravamen coordinado de ámbito europeo sobre el patrimonio

La naturaleza de la crisis
La disparidad creciente de la riqueza es un aspecto intrínseco del capitalismo. La riqueza crece más rápido que los ingresos de los trabajadores. Los grandes patrimonios crecen más rápido que los pequeños. En algunos países existen los impuestos sobre el patrimonio. Sin embargo, los tipos impositivos son mucho menores que las tasas de crecimiento de las grandes fortunas. Por lo tanto, existe la necesidad de crear sólidas medidas correctivas de carácter político para lograr una redistribución más justa. Esto resulta aún más pertinente en el caso de la modalidad actual del capitalismo, dirigida por los mercados financieros, ya que en ella la disparidad en la distribución de la prosperidad ha ido creciendo particularmente rápido.
A medida que crece esta polarización de la distribución de la riqueza crece, también lo hace la cantidad de capital que circula en todo el mundo en busca de oportunidades de inversión rentables. Particularmente desde la década de 1970, esta masa ha aumentado de manera espectacular. Estotrajo consigo que se hiciera cada vez más difícil aprovechar este capital de manera rentable en la economía productiva. En la búsqueda de nuevas fuentes de ganancias, los mercados financieros internacionales fueron cobrando una importancia creciente. Esta transición se vio acompañada y favorecida por la tendencia cada vez más acentuada a liberalización y la globalización de los mercados financieros, dando lugar a un dinamismo bastante novedoso que implica la polarización de la distribución de las rentas y los activos.
El predominio creciente de los mercados financieros ha permitido realizar ganancias fabulosas, y también pérdidas, en cuestión de segundos. Así, el sistema se está volviendo cada vez más inestable. Una y otra vez se crean burbujas especulativas que, tarde o temprano, acabarán por estallar.
La eliminación de las regulaciones del sector financiero en la década de 1990 hizo posible que los bancos pudieran obtener beneficios de la venta de préstamos de alto riesgo sin tener que asumir ellos mismos los riesgos. Esto fue posible mediante la conversión de los préstamos de en títulos negociables («titulización») y el uso de los nuevos instrumentos financieros (derivados). La combinación de los préstamos de alto riesgo con la inversión en bienes raíces creó una enorme burbuja inmobiliaria. Esta burbuja estalló cuando los primeros prestatarios dejaron de poder cumplir con sus obligaciones de pago de hipotecas. Los bancos participantes tuvieron que cancelar créditos por importe de billones de dólares. Esto trajo como resultado una crisis bancaria mundial. Dado que la economía productiva y el sector financiero están estrechamente ligados, la crisis económica mundial fue lógicamente el siguiente paso. La crisis económica y las gigantescas y espectaculares medidas orquestadas para salvar a los bancos, a su vez, impusieron una carga tan enorme sobre los presupuestos públicos y privados que la deuda pública se disparó.
Así que la «crisis de la deuda» en Europa no es en absoluto el resultado del derroche del Estado, la burocracia ineficiente, la corrupción o cualquier otra razón que se presente como explicación. La crisis es el resultado de la extrema disparidad de la riqueza existente y de un sistema que intensifica continuamente tales desigualdades.
Las deudas soberanas [del Estado] han aumentado como consecuencia directa de las operaciones de rescate y de la desaceleración económica inducida por esta caótica situación. Por ejemplo, el 15% de la deuda pública española es el resultado de los rescates de los bancos españoles y el préstamo del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) para el sector bancario español. Otro 4% se deriva de la participación española en los préstamos del FEEF a Grecia, Irlanda y Portugal. El déficit en los ingresos del gobierno, provocado por la crisis tuvo en el año 2011, equivale solamente, al 7% de la deuda pública. En otros países, la situación es similar. En Irlanda, la deuda pública era del 24,8% del PIB en 2007, pero como resultado del estallido de una burbuja de bienes raíces y los cuantiosísimos rescates se disparó hasta el 108,2% en 2011. En Grecia, más de dos tercios de los préstamos del rescate están destinados al sector bancario del país y de la UE.
Pero el discurso se ha invertido y ahora ¡se culpa a los gobiernos por el excesivo gasto público! El discurso dominante es que los déficit públicos actuales deben tratarse mediante recortes en el gasto estatal para reequilibrar los presupuestos.

Reducir la riqueza en lugar de recortar el bienestar
Paralelamente a este incremento del endeudamiento público, la riqueza privada sigue creciendo en valor, incluso en el contexto de la crisis. En el año 2011, ascendió a 69,5 billones de euros en Europa. Esta riqueza total se puede dividir en activos financieros (44%) y activos materiales (bienes inmuebles y otros activos, 56%). Esta riqueza privada está muy concentrada. Mientras que el 1% más rico de la sociedad europea posee más del 30% de la riqueza total, la mitad más pobre de la sociedad tiene más o menos nada.
Esta concentración se puede observar en todos los países. En algunos países como Alemania, Francia y los Países Bajos, la parte correspondiente del uno por ciento más rico de la población es especialmente elevada. En otros países, como Italia y España, las diferencias no son tan extremas. Pero en todos y cada uno de los países, la participación del 10% más rico es superior al 50%.
Por lo tanto, se puede decir que la acumulación acelerada de activos privados, junto con el aumento asociado de desigualdad en la distribución de la riqueza, es una causa determinante importante de la crisis mundial, y es algo que sigue ocurriendo en plena crisis. Esta es una de las tres razones importantes por las que el peso de la crisis debe asumirse mediante la reducción de las concentraciones extremas de riqueza, y no a través de orgías brutales de recortes de gastos, que es actualmente la política dominante para hacer frente a las demandas de la crisis. La herramienta adecuada para hacerlo es la implementación de un impuesto extraordinario sobre el patrimonio importante que irá seguido por impuestos sobre el patrimonio permanentes.
La segunda razón es que la política de recortes prescrita no hace sino empeorar las cosas. Países como Grecia y Portugal están siendo «economizados» a muerte. Ningún país ha logrado jamás salir de una crisis de la deuda mediante la reducción del gasto. Y tampoco va a funcionar esta vez, ya que los recortes de gastos están provocando una profunda recesión y la intensificación de la crisis. Las economías de Portugal y España se han reducido en un 6,5% desde 2007. La economía griega se ha reducido en más de un 20%. Y las previsiones son aún peores. Esta política para hacer frente a la recesión es una locura y no tiene ninguna posibilidad de éxito en términos de superación de la crisis. Incluso el FMI advierte que los recortes demasiado drásticos podrían resultar contraproducentes. Sin embargo, los gobiernos siguen adelante con sus programas de austeridad. Uno puede preguntarse si la austeridad se está utilizando como un vehículo conveniente no para luchar contra la deuda soberana, sino para continuar con el desmantelamiento neoliberal de los sistemas de seguridad social y asistencia social financiados con fondos públicos.

Y la tercera razón es que es absolutamente inaceptable que los costes de la crisis recaigan sobre todos aquellos que nada tuvieron que ver con su creación. Después de que la especulación con bienes inmensos haya sumido al mundo en una crisis, en Europa, y especialmente en los países del Sur y del Este, se están destruyendo los sistemas de bienestar social, se están vendiendo los bienes públicos por una miseria, y se está desangrando al pueblo, ignorando sus derechos democráticos para conseguirlo. Las consecuencias son el desempleo, la escasez de vivienda, la pobreza, el crimen, la regresión económica, e incluso el hambre. Mientras que los bancos se salvan con billones de euros y la riqueza privada se mantiene intacta, grandes sectores de la población se enfrentan a reducciones drásticas de sus niveles de vida. Las tasas de pobreza están aumentando en toda Europa. En Grecia, Irlanda y España alcanzan alrededor de un 30%. En Grecia, por ejemplo, los ingresos de los hogares disminuyeron casi el 20% tras dos años de políticas de austeridad. Las tasas de paro se están disparando: los jóvenes, en particular en el sur de Europa, carecen de perspectivas de futuro en los mercados de trabajo. En Grecia y en España, casi el 60% de los trabajadores jóvenes están en paro; en Italia y en Portugal el desempleo juvenil se sitúa en torno al 40%. Pero en otros países, como Francia, Irlanda y Polonia, también es cada vez más difícil para los jóvenes incorporarse al mercado laboral.

Experiencia europea con los gravámenes sobre el patrimonio
En nuestra opinión, existen razones para exigir un impuesto extraordinario sobre el patrimonio como un primer paso. En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, en Europa se dieron experiencias con este concepto.
Por ejemplo, la Constitución alemana permite la imposición de un impuesto sobre el patrimonio si éste está justificado por una carga especial. Debido a la crisis mundial de los mercados financieros y la economía, y de sus efectos sobre los presupuestos públicos, esta carga especial se da actualmente. Alemania (Occidental) ya utilizó un impuesto de estas características después de la Segunda Guerra Mundial. El gobierno lo incluyó en el programa de compensación de cargas «Lastenausgleich» de 1952 con objeto de abordar la desigual distribución de las cargas de guerra. El monto del gravamen fue del 50% sobre los activos (y del 90% sobre los beneficios sobre los préstamos y las hipotecas, debido a la reforma de la moneda), con una duración de treinta años, y generó 52,5 mil millones de marcos alemanes. Los ingresos totales del programa de compensación de cargas, que incluía otras medidas fiscales, alcanzaron unos 140 mil millones de marcos alemanes a finales de 1995.
Otro ejemplo es el de Bélgica. En este país también se aplicó después de la guerra un impuesto para distribuir las cargas de manera más equitativa. Y en un estudio del Ministerio de Hacienda de 1995 se llega a la conclusión de que no existen problemas legales o prácticos para implantarlo de nuevo. Sólo el alto grado de deuda pública (99% del PIB) de Bélgica ya sería una razón suficiente.
Debido a la crisis mundial, una vez más se presenta una ocasión histórica para exigir un impuesto especial sobre el patrimonio. También hoy, existen razones de justicia social para mitigar la monstruosa disparidad de la riqueza resultante de la globalización neoliberal y la crisis mundial.

Líneas generales de un impuesto extraordinario sobre el patrimonio
Al imponer un gravamen sobre el patrimonio, queremos basarlo en todos los activos privados, tanto financieros como materiales. Se debe evaluar los distintos activos netos imponibles (menos las cargas de la deuda) de todas las personas sometidas a la jurisdicción de la ley.

Gravamen para millonarios y multimillonarios
En los últimos 20 años, no sólo se ha producido una redistribución de la riqueza desde los hogares más pobres hacia los más ricos, sino también desde el sector público hacia el sector privado. En Alemania, el patrimonio público expresado en porcentaje del producto interior bruto (PIB) se redujo desde un 52% en 1992 hasta el 6% en 2007. Al mismo tiempo, la proporción de la riqueza privada aumentó hasta representar un 300% del PIB. La cifra actual es de 10,1 billones de euros. La deuda pública aumentó a la par que crecía la riqueza privada. Pero, sin embargo, el monto de la riqueza privada es mucho mayor que la deuda pública que, en el caso de Alemania, asciende a 2,1 billones de euros.
En la mayoría de países europeos esta relación es similar. Y lo mismo sucede en los países del sur de Europa, que son actualmente los más afectados por la crisis. En Italia, el patrimonio privado equivale al 463% del PIB. En España este porcentaje es del 710%, en Portugal, de un 450% y en Grecia del 294%. Y en casi todos los países incluso la parte del uno por ciento de los más ricos es superior al total se la deuda pública.
Nos centramos en este grupo de millonarios y multimillonarios, en particular en el uno por ciento más rico de la población. Ellos son los que se han beneficiado de la maquinaria de redistribución de la mundialización neoliberal.

Graduación progresiva
Pero incluso dentro de este segmento de la población, nos encontramos con que la riqueza de los multimillonarios súper ricos está creciendo todavía más rápidamente que la de los simples millonarios. Por esta razón el gravamen sobre los activos deberá graduarse de manera progresiva. Sin una progresión así, con una tasa impositiva constante, los súper ricos tan sólo tendrían que asumir la carga de los que para ellos es una proporción relativamente pequeña de sus activos totales. Por lo tanto, el objetivo de evitar el incremento excesivo de concentración de la riqueza podría satisfacerse con una graduación que comenzara en una tasa del 20% sobre los activos y llegara hasta el 80% para los súper ricos, teniendo como meta de ingresos globales el 50% de la riqueza del 1% más rico de la sociedad.

Asignación libre de impuestos, duración y fecha efectiva
Para conseguir que sólo los muy ricos se vean sometidos a este gravamen, y que las pequeñas y medianas empresas (PYME) no tengan dificultad financieras, se debe permitir una asignación libre de impuestos de un millón de de euros para los activos privados y de dos millones de euros para los activos operativos.
Para evitar problemas de liquidez a las PYME y nuevas turbulencias en los mercados financieros, en aquellos casos que sea necesario, se concederán períodos de pago de diez años.
La fecha válida para contabilizar la tasa riqueza debe ser una fecha pasada. De esta manera, se pueden prevenir las "distorsiones" causadas por posibles transferencias de capital con el fin de evadir dicha evaluación.

Un gravamen coordinado de ámbito europeo sobre el patrimonio
La crisis es un problema (común) europeo y no de sus países miembros. Por lo tanto, no se puede resolver con los planes que se refieren sólo a los países por separado. Así que el impuesto sobre el patrimonio, tal como aquí se presenta, se debería imponer de manera coordinada en el mayor número posible de países europeos.
If it were imposed in the whole of Europe, the revenue would be around 7.5 trillion euros. If the levy gets coupled with efficient measures against tax havens, the revenue could be even higher.: the public debt of the same area is around 10.5 trillion euros. So the levy is a concept which is able to provide a comprehensive solution to the current burdens.
Si se impusiera en toda Europa, los ingresos rondarían los 7,5 billones de euros. Si el impuesto fuera acompañado de medidas eficaces contra los paraísos fiscales, dichos ingresos podrían ser aún mayores. Sólo para dar al lector una idea: la deuda pública para la misma zona es de alrededor de 10,5  billones de euros. Así que el impuesto es un concepto capaz de ofrecer una solución global a las cargas actuales.
Si no fuera posible ponerlo en práctica en todos los países europeos, proponemos que se coordine su puesta en práctica en tantos países como sea posible.

Utilicemos la tasa para superar la crisis y posibilitar el gasto público
Lo que se haga con los ingresos es una cuestión de toma de decisiones democráticas. En general, es necesario generar los medios para superar la crisis, para financiar el gasto público (por ejemplo, inversión en educación, seguridad social, inversión pública, transformación ecológica) y para reducir el poder de los mercados financieros, reduciendo el capital circulante mediante su redistribución hacia la esfera pública.

Paquete de medidas fiscales para crear mecanismos permanentes de redistribución
Somos conscientes de que los problemas sistémicos del capitalismo impulsado por los mercados financieros no se resolverán mediante un gravamen extraordinario sobre los activos. Este impuesto regulador es una mera corrección parcial de la aceleración de la distribución desigual de la riqueza. Pero sí produce un efecto real de redistribución y los ingresos derivados del mismo pueden hacer una contribución significativa a lograr una solución más justa para la crisis.
No obstante, además de este impuesto extraordinario, necesitamos mecanismos de redistribución descendente que contrarresten de manera permanente la tendencia a la redistribución ascendente del sistema. Por este motivo proponemos que la tasa vaya seguida de un paquete de reforma fiscal.
Este paquete fiscal debe incluir, por ejemplo, un impuesto sobre el patrimonio. Algunos países, como Francia y Noruega, incluso ahora, recaudan cada año impuestos sobre el patrimonio. El modelo noruego es un buen ejemplo de cómo esto podría funcionar. Noruega tiene un impuesto anual sobre el patrimonio personal desde 1890. El tipo impositivo en 2012 es del 1,1%. El patrimonio imponible se calcula actualmente de tal manera que sólo el 20% de la población noruega está sujeta a dicho impuesto. Y el 90% de los ingresos totales provienen del 10% de la población. Las estadísticas públicas muestran que este impuesto es, en realidad, la única base para poder hacer pagar impuestos a los cien ciudadanos más ricos de Noruega. Sin este gravamen, los impuestos a los que estaría sujetos serían prácticamente cero. El impuesto sobre el patrimonio proporciona actualmente unos ingresos anuales de 15 mil millones de coronas (2 mil millones de euros), que es aproximadamente el 1,5% del total del presupuesto estatal.
Otras medidas del paquete fiscal deben incluir mayores tipos impositivos sobre las rentas del tramo superior, una armonización de los impuestos de sociedades en la UE, un impuesto sobre todos los tipos de transacciones financieras y una lucha encarnizada contra los paraísos fiscales.